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CADA DÍA CONMIGO

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OLVIDO

Siento dolor de mí,
De este olvido
Que llena mi memoria.
Traición al amor que dejara su esencia
En estas hojas secas del aromo.

Cuánta infidelidad
Tan sin querer.

¡Qué endeble el pensamiento del corazón!
Estos tallos secos
Quieren decir algo mío,
Despedida o encuentro.
Lágrimas o risas,
Prisioneras entre las hojas de un libro,
Guardan la emoción de un instante muerto,
Sin que yo me conmueva.

Siento una tristeza fría.

Algo de mí está muerto también.

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HOMBRE ANÓNIMO

Quiso sonreír y no pudo.
Se le habían oxidado los labios.
Menos aún, cantar.
Intentó tararear una canción.
Y se escuchó en un sonido gutural
Desacompasado.
Imposible mirar hacia lo alto.
Rezar no sabía.

La nuca le pesaba como un ladrillo,
Metido a martillazos.
Se sabía hombre de madera y de papel.
Madera carcomida de derribos.
Papeles sucios de envolturas
Que vuelan por las calles.

Creyó que podía resistir
La lluvia y la tormenta.
Cansado de polvo y de caminos,
Arrastraba el yelo de la indiferencia.
De todos ignorado.

Se apoyó en una esquina roída.
Un charco sin reflejos
Lo acogió desplomado.

La noche era oscura, sin cielo
Ni voces compasivas.
Un despojo, una miseria que terminaba.

A sus ojos abiertos, sin mirada,
Se asomaban las estrellas.

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SEMEJANZA

Junto al árbol lejano lleno de pájaros,
A la sombra dorada de sus ramas,
Está cantando un hombre.
Nadie le escucha.

Está cantando y parece que llora,
Nadie se acerca.
Está llorando y parece que canta.

La copla y el llanto se asemejan
Cuando es el corazón quien canta o llora.

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REGRESO

Mírame a los ojos
Por si hallaras aún
El limpio azul que admirabas.

Coge mis manos
Por si conservaran, todavía,
Su cálido, suave, latir.

Quédate a mi lado
Sin palabras y escucha,
El hondo despertar de mi silencio.

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Cegarra Salcedo, María. Poesía completa. Murcia; Editora regional de Murcia, 1987.

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DESVARÍO Y FÓRMULAS

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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA mis compañeros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la ilusionada tarea
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde la enseñanza.

He sido
una sencilla profesora de química.
En una ciudad luminosa del sureste.
Después de las clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados, infinitos horizontes.
Y los torpedos grises de guerras dormidas.

He quemado mis largas horas en la lumbre
de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.

No he descubierto nada.
No tengo ningún premio.
A Congresos no asistí.
Medallas y diplomas
nunca me fueron dados.

Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.
Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,
el manantial jugoso, intenso, apasionado,
—dulce herencia entrañable— que tiene la riqueza
de llenar de poesía tan honda desolación.

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¿Qué idea te hizo mentir
para no examinarte?
¿Qué pensamiento de artistas y cuchillos
te empujó hacia el teléfono y enfermar a mi madre?
Me dieron la noticia falsa y salí enloquecida
por el rayo de voz que me empujaba.
Mi casa estaba en paz, sana mi madre,
pero ya no hubo examen como tú deseabas.

Se levantó la polvareda de la culpa.
Todos te delataban despiadados.
Todos me defendían compasivos.
El delito crecía como río sin orillas,
amargo, desbordado.
Se buscaron castigos.
Salieron reglamentos.
Claustro que se reúne.
Derechos y deberes.
Artículo primero, segundo, tercero…

Tú no volviste a clase.
Yo te recordaba.
Tu ausencia me dolía
como la quemadura de un hierro candente
que dejara una incurable llaga.

Si estas líneas te encuentran, ven a verme
en la calma de ahora donde nada me espera.
Y cuéntame tus cosas…

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Estudiante que dejaste los libros
para ingresar en un «grupo musical».
Un júbilo estallante, luminoso,
te arrebataba feliz y sin descanso
a un mundo dilatado de armonías.
Tirabas decidido, entusiasmado,
los programas, horarios, disciplinas,
la regla de cálculo inservible
para medir músicas, emociones.
Los cuadernos son las ruedas dentadas
triturando silencios, soledades.
Los símbolos químicos convertidos
en notas, compases, melodías.

El viento arrebatado de tu marcha
derribaba la calma, el trazado seguro;
bebiendo sueños, despertando ansias.
Vivías la primera fiel demencia,
la virgen rebeldía de escapar.
Consejos, advertencias,
un futuro apacible.
Todo quedaba en gozoso abandono,
en desprecio humillante.

Te dije adiós con la cabeza vuelta.
No podía mirarte.
Temí que descubrieras que yo te comprendía.

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¿Dónde están los cielos de estos cinco mineros
enterrados en vida?
¿Quién soltó las amarras de la tierra corcada?
El suelo se hizo trizas,
bocas desmesuradamente abiertas,
tragándose a los hombres.
La tierra crece, se revuelve, amontona.
No pueden rescatarles.
Estarán en pie con los ojos abiertos,
pero ciegos,
metida en las pupilas la oscuridad final,
muro de eternidades.
Los brazos extendidos buscando un asidero

¡Qué ahogo tan macizo el ahogo con tierra!
¡Qué dura la asfixia con paredes de polvo!

Imposible estar vivos.
La esperanza es absurda superior a todos los milagros.
Sería mejor dejarlos descansar en parcela de vivos
— camposanto imprevisto —
entre amapolas de sílice y los trigos de sus respiraciones.
Las familias esperan confiadas
deseando limpiarles con besos y algodones.
Entre tantas cosas como no gozaron
¿se han perdido sus cielos también?
Se oye el silencio de Dios
sobre el ruido de las cinco muertes.

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Tengo un ancla sin mar y sin navío
apoyada en una esquina de mi casa.
Es presencia de agua verdeazul,
arenas, lunas, horizontes,
y un doloroso olvido de andaduras.

Con sus puntas —toro agónico—
embiste al aire, sin fondos donde anclar.
Ni barca que le espere.
Ni susurros de olas…

Pero algo detiene, impalpable, invisible.
Algo sujeta su inercia de esqueleto.
Entre paredes blancas
emerge de su atlántida en ahogados silencios,
sosteniendo los sueños de mi casa.

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Necesito arena.
Un poco nada más.
La que cabe en la palma de la mano.
Pero ha de ser limpia, suave, seca.
Sin conocer orillas ni mareas.
Ignorando pisadas y desnudos.
Sin voces ni ruídos.
Que no sepa de peces ni de ahogados.
Ni del rumor de caracolas.
Sin tortura de ramblas.
Blanca y pura arena,
recogida con cuidado.
Sola.

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Busco mi alegría.
No sé si la perdí aquella madrugada
de lágrimas y luto.
O en el dolor de la guerra.
O si se la llevó el niño siempre cansado
que un día ya no estaba.

Será el oscuro silencio quien la guarda.
La soledad profunda quien la esconde.
Acaso el tiempo alevoso, cruel,
que hiere sin que salte la sangre
y deja huellas cada vez más hondas,
donde sólo cabe el desaliento.

Hallarla no es posible.
Quien la roba se oculta.

Soy yo misma y no me encuentro.

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Esta tristeza que llevo tan amiga
y guardo y disimulo calladamente,
me empaña los ojos con firme insistencia
y en mi alma se arropa como en un nido.

Esta tristeza que tanto me acompaña,
no quiero perderla aunque me duela.
Es una tristeza singular y distinta.
Apagada bebida que me conforta.

Alrededor está la primavera, el otoño,
flores, frutos, voces, mares, corazones…
La tristeza sobre todas las cosas,
fiel y constante, sin color ni sonido,
con su extraña belleza me sostiene.

Que no me falte nunca esta tristeza,
tan mí, grande, honda.
Tan de verdad amiga.

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Cegarra Salcedo, María. Poesía completa. Murcia; Editora regional de Murcia, 1987.

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DEJADLO

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Este poema no dice nada.
No encuentro sus palabras.
Es tan pequeño, tan sencillo, tan humilde, tan callado.

No es para vosotros.
Es mío solamente.
Están en él mi padre, mi madre, mi otro hermano.
Es un nudo de sangre caliente y apretado.

—No se sabrá nunca
lo que va por dentro de la sangre,
sus ríos de otra cosa—

Este poema no admite palabras.
No puede leerse.
Es tan hondo.
Dejadlo.

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Cegarra Salcedo, María. Poesía completa. Murcia; Editora regional de Murcia, 1987.

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CRISTALES MÍOS

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xxxxx1

BIOGRAFÍA

El 3 de mayo, día de las cruces de flores, naciste. Y tu
vida fue una pasionaria —flor de cruces— que
subyugaba y conmovía.

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xxxxx5

Tú, madre, siempre tan callada, avara de sufrimientos, ni
suspirar quieres para que no se pierda un átomo de tu
dolor.

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xxxxx8

El horizonte ha venido hacia mí; por esto no puedo
moverme. Estoy circuncidada, oprimida por la limitación.
No existe el espacio. Los pies junto a la tierra, la cabeza
pegada al cielo.

Llevando el mundo dentro y los ojos vacíos se puede
soñar y cantar.

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xxxxx10

Madre, ¿es éste tu rostro? ¿Aquél de luz y de risa y el
perenne cantar en los labios?

No te pareces, madre.

Tienes ahora la cara ensombrecida y llevas el andar
cansino, y si me apoyo en tu hombro no me sostienes, y
si te hablo, lloras amargamente.

No te pareces, madre, no te pareces.

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xxxxx32

¿No me viste saltar el viento y romper la noche?

Iba transparente y fuerte, como una realidad exprimida.

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xxxxx34

REACCIÓN

Todo el día será amanecer, claridad recién despierta, sol
nuevo, voces cansadas. Nadie sabrá de mí, porque
estaré cantando.

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xxxxx38

Ya no hacen falta puertos. Que quiten las banderas de
luz de los faros, y encierren los navíos. El mar ha
estrechado su inmensidad, y sólo queda una angostura
para que pase mi espíritu.

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xxxxx82

RENACER

¡Cuánto tiempo que no oigo tu voz!

Por escucharte, canto. Por saber de tí, he inventado este
falso renacer.

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Cegarra Salcedo, María. Poesía completa. Murcia; Editora regional de Murcia, 1987.

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DE OTOÑOS Y RENUNCIAS

 

NUEVOS OTOÑOS

Ahora sabemos que el verano ha acabado.
El sol aún quema
y las tardes se alargan,
pero sabemos que el verano ha acabado:
gentes con equipajes
disfrazan la vuelta de prisas febriles
y todos maldecimos los meses idos.
Ya hemos salido de una estación a otra,
recoge-relojes, navegantes por un mar de tiempo.
Y maldecimos los meses idos.

No dejamos un sitio, sino un verano:
no perdemos un sitio, sino un milagro:
la libertad fugaz
de horas sin medida.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo entres dócilmente en la noche callada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dylan Thomas)

Que sea el olvido
la última cosa a la que yo me entregue.
Y si fuera posible
que ni siquiera llegara el olvido.
Que lo que guarde inútil,
tenazmente, sea la memoria
de todos los momentos, de las cosas,
los seres que tan cálidamente amé,
y en que he pensado.
Que la memoria vuestra sea
la última cosa que me quede,
y que ella sea para mí
salvación y rescate de la muerte.

 

 

 

 

VOY mirando estas cosas:
voy mirando los libros, aquel vaso, tu ropa,
como si hubiera muerto
o me estuviera yendo,
como si hubieran ya
dejado de ser míos.

Y todo viene a ser memoria de lo hermoso,
memoria de lo amado que tuve
y que no tengo:
horas que ya no viven
y que no sé si han sido.

 

 

 

 

SUPÓN que me repites en un gesto,
que unas palabras tuyas han sido ya mías
y hasta tu pensamiento
se ha vuelto en parte mío.
Y andabas sin saberlo.

Supón que esa señal, o una costumbre
no son sólo un recuerdo, sino algo
que persiste en tus manos y tus ojos,
una presencia mía no perdida.

Supón, en fin —tal vez ya suponiendo demasiado—,
que voy viviendo en ti
como si fuera parte tuya:
tú andando por ahí,
y sin saberlo.

 

 

 

 

RECUERDO DEL FUTURO

xxxxxI

Al descansar pesadamente la cabeza,
sintiéndola caer sobre el sillón,
tuvo una imagen nueva de sí misma:
ella que, seguramente, aún era joven
recordó la vejez y su llegada.
Tuvo miedo de la debilidad,
del abandono; miedo al sueño penoso,
a todas las futuras dependencias,
a la pérdida del cuerpo
que ahora conocía y era el suyo.
Se conmovió entonces por sí misma,
por el posible tiempo apagado venidero.

Después un gesto brusco la arrancó de su imagen,
y se miró, feliz por la ignorancia
de los años futuros,
resuelta a no dejarse arrastrar a ningún abandono,
a aferrarse a la luz de seres y de cosas
y del cuerpo que tuvo.

Resuelta, sobre todo, a hacer continuo
el hilo entre el futuro y estas horas.
Fuerte para los días
en que habrá de tener
completa y desvelada la memoria.

 

 

xxxxxII

Mientras anda con ese aire
que llaman decidido,
mientras llega a la plaza, mientras
se para un poco, se da cuenta
de que han pasado muchas horas,
se mira arrugas que antes no tenía,
empieza a detener el paso.

Le parece que de un momento a otro
se va a tener algo de lástima;
pero no se consiente esa tristeza
ni esperar encontrar torpe
ese cansancio.

Se sonríe pensando que la que tendrá arrugas,
y detendrá su paso, y hablará con voz tenue
seguirá siendo ella;
piensa, mientras sonríe,
que aquella que descansa
no será sino ella,
por fin reconciliada con el tiempo.

 

 

 

 

JANIS JOPLIN EN JUNIO

Tiempo obscuro: la lluvia.
Sólo por fin la lluvia.

A mí antes
no me gustaba la lluvia.

Pero ahora —sol,
tiempo amargo—
ahora,
que todo lo inundara
la lluvia.

 

 

 

 

RENUNCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDefenderé
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla casa de mi padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Aresti)

Y ahora, ya pasados los límites de la casa del padre
—que no he de defender—,
cuando quiero olvidarme de las piedras
que componen la casa de mi padre,
aún me siguen las sombras,
los ecos, las voces familiares:
viven en mí las sombras de los muertos,
la obscuridad de un mundo
que en mí ha ido creciendo,
anclando sus raíces.
Viven en mí las voces de otro tiempo,
el mundo traspasado de la casa del padre,
de la que estoy tan lejos,
de la que ayer he huido:
la casa de mi padre que no he de defender.

 

 

 

Saura, Aurora. Las horas. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1986.

 

DOS POEMAS DE ‘LAS HORAS’

 

AVISO SOBRE LA MESA

He mirado esta pequeña hoja
como quien lee de nuevo
tantas cosas.
Esta letra como si se moviera hacia el pasado,
como recuperar de golpe
sobresaltos,
intensidad, pequeños lazos atando nuestras vidas.
Esta letra de ti como si hablaras,
como si hubieras vuelto hacia otros años,
como si pensáramos juntos
y cogieras mis manos, y con ellas
escribieras de nuevo nuestra historia.

 

 

 

 

CUÁNTOS gestos teníamos para otros.
Cuántos gestos
que otros nos pedían.
Gestos soberbios, tristes, aburridos,
hermosos:
no eran nunca los nuestros.

Hoy nos aventuramos
a preguntar quién somos,
y no tenemos rostro,
ni esperanza, ni grito
que sepamos que es nuestro.

Hoy vamos a volver
a llorar por nosotros,
y no hay llanto ni rostro.
Y no hay un solo gesto
que sepamos
que es nuestro.

 

 

 

Saura, Aurora. Las horas. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1986.

 

SERÁ PRECISO

septiembre 25, 2018 Deja un comentario

 

SERÁ PRECISO

Será preciso
considerar el grito, el golpe seco.
Por qué no, la renuncia, dentro de lo probable.
no por gusto, sencillamente es preciso
reconocer que el margen del poema más bello
presenta insinuaciones cancerosas,
apuntala un viejo edificio ruinoso
o viene a ser un tónico casual y lenitivo.
Será, pues, necesario
adivinar en la hoja manuscrita
el vómito en el césped,
el ingenio ortopédico que permitirá a la venus
desperezarse o contar los días.

 

 

 

Pérez Larumbe, Maite. El nombre que me diste. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1993.

 

¿DÓNDE ANDARÁ LA VIDA?

 

ERA.
xxxEra el júbilo ardiendo en nuestros cuerpos.
La hermosura del mundo como un bálsamo dulce,

xxxxxxxxxxxnombrar con hambre el pan,
nombrar con hambre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlas antiguas palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy los hechos felices.

 

 

 

 

ERA no detenerse
xxxxxxxxxxxxdispuestos a morir por algo grande
como si el mundo fuera un tigre agradecido
xxxxxxxxxxxxhabitado por ninfas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy metáforas.

Pero las cosas,
xxxxxxxxxxxx¡ah, las cosas!,
derrotan cuando crecen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy se estiran.

 

 

 

 

CON pupilas de plástico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdecoraba relojes
y sus dulces minutos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxduplicaban la vida.

Javier me rompía dientes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy me robaba chicas
cuyas bocas debiese yo besar
xxxxxxxxxxxxcon los ojos brillantes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde versos de Neruda.

 

 

 

 

ÉRAMOS jóvenes
xxxxxxxxxxxxxxy estábamos de paso
xxxxxxxxxxxxxxsuccionando bebidas
xxxxxxxxxxxxxxy un aroma feliz de convicciones.

Hermosos como un ídolo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnos dábamos a un rito
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde alcohol
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de macumba.

(Galopaban intensos
xxxxxxxxxxxxxxxxxlos caballos del ansia)

Y entre tanto desorden
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxun principio de angustia
xxxxxxxxnos hacía envejecer
xxxxxxxxxxxxcomo un golpe de ocaso
y nació la ebriedad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxy una melancolía
que pronto llegó a ser una costumbre.

 

 

 

 

ME gustaba la vida como un vicio.

xxxxxxxTodo el verano volaba la alegría
xxxxxxxy las horas pasaban como un cuento.

xxxxxxHablábamos con énfasis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy góticos y núbiles
xxxxxxxnos echábamos novias
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque luego compartíamos
xxxxxxxxxxxxxxbajo una tensión dulce.

xxxxxAhora miro una foto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la que estamos todos
xxxxxxxparados en la risa
xxxxxxxxxxxxxxxxxde aquel once de julio
xxxxxxxxxxxy me digo a mí mismo:

Me gustaba la vida como un vicio.

 

 

 

 

x¡QUÉ pequeña es la vida!

xxNos amábamos tarde
xxxxxxsin saber qué decirnos
xxxxxxxxxxxy con vino en las ropas.

xxVivimos tantas horas
xxxxperdidas tontamente
xxxxxxque sólo nos quedó
xxxxxxxuna triste resaca
xxxxxxxxxxxxxxxxde arte pop
xxxxxxxxxxxxxxxxy carmín

y un pudor que se pierde

xxxxxxxxxxmatemáticamente.

 

 

 

 

Y a medida que vivo
xxxxxxxxxxxxxxxxxla pasión se desgrana
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo pétalo a pétalo

y el tiempo se corrompe
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en los ojos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxmás tristes,
se va vaciando el mundo de ternura

y sin embargo
xxxxxxxxxla vida sigue siendo hermosa y rara,
dejando manchas lacias en el ánimo,
xxxxxxxxxxxxxxofreciendo propósitos extraños
a cambio del dolor con que la pierdo.

 

 

 

 

NO volverán ya nunca
xxxxel manojo blanquísimo de días
xxxxxxxxxxxde minutos radiantes
xxxxxxxxxxxxxxxxy radiantes palabras.

Ante el espejo,
xxxxxxxxxxxxxhoy,
un catorce de octubre
xxxxxxxxixxxxxxxxxxde fin de siglo XX,
xxxxxxxxxxtoman cuerpo las sombras
xxxxxxxxxxxxxxxdel tiempo y el olvido.

 

 

 

 

SOPORTO estoicamente cómo pasa la vida
xxxxxxxxxixxxxxxxxxy comprendo su trampa.

Nada puede volver
xxxxxxxxxixxxxxxxy mientras tanto sufro
xxxxxxxxixxxxxxxxy la culpa me aprieta,
me aprieta hasta que escupo.

Yo soy el dueño de toda esa incoherencia,
de todo este fracaso
xxxxxxxxxxxxxxxxxxque ni siquiera existe.

Vivo,
xxixxsin dirección alguna
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvivo
e ingiero barbitúricos
xxxxxxxxxxxxxxxcontra la insuficiencia
xxxxxxxxxxxxxxxdesnuda de la vida.

 

 

 

 

SE ha acabado el festín
xxxxxxxxxxxxxxxy un pequeño dolor
a pesar de la música
xxxxxxxxxxxxxxxnos unta de epidemia.

Nos ofrece la vida
xxxxxxxxxxxxxxxsu tendencia de perro,
xxxxxxxxxxxxxxxun barato tic tac,
unas virutas de risa y deporte,
xxxxxxxxxxxxxxxnenúfares cerrándose,
xxxxxxxMozart y coches bomba,
un poco más de sueño
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de tabaco.

 

 

 

 

LA vida nos derrota
xxxxxxxxxxxxxxxxxdesaguando la música
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el fuego,

x
su seducción se cumple
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy ya no es nada

x
Ahora vemos el mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen pasiva refleja,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo fruta estallada,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo trenes que salen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesde el fondo de un ojo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo un hilo de sed
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesde el fondo de un ojo.

x
Se impone el predominio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde una mancha borrosa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconforme caen los años,
xxxxxxxesa mancha que nubla
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlo que no pudo ser,
xxxxxxxxxxaquello que se sueña y nadie vive.

 

 

 

Sánchez Robles, Miguel. ¿Dónde andará la vida? Murcia; Editora Regional de Murcia, 1993.

 

ITINERARIO

 

CUBILETES DE MUSEO

En qué cenas sirvieron para jugar a dados,
cuando hacían sus dueños un alto en el camino
de la fiesta perenne, yo no puedo saberlo,
ni aun lo quiero; el misterio del pasado perdure
y el verso ofrezca al alma lo que la historia niega.

Expuestos en la aséptica sala de algún museo,
han perdido el sentido que en su tiempo tuvieran.

Los describe algún crítico de la siguiente forma:
«Respondiendo a la escueta idea que tenemos
de lo clásico ahora,
un corro de esqueletos baila en altorrelieve
alrededor del vaso».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Contrapeso perfecto
en la fiesta nocturna donde, quizá, se usaron
entre risas y mofas!

Podéis imaginar a aquellos comensales
embotados de vino, con sus risas de mosto,
fétidas y patéticas.

¡Cuánta copa escanciada para ahogar el espíritu:
esa conciencia trágica, insaciable, del hombre!
Pero antes se consigue herir con hierro el mar
o el viento que rendir la inquietud de una mente.

Tristes hombres que arrastran su vida se han reunido
en una finca rústica, en el Boscoreale.
Ninguno de ellos piensa en la mañana impúdica,
la que con frescos dedos levanta cobertores
y destruye el letargo con sus alas de frío.
Sin término imaginan la noche, ¡tan propicia
a la desesperanza! La penetran, se enfondan
en la espiral fantástica de la inconmensurable
tiniebla, y en las chácharas groseras se deleitan;
se pierden entre juegos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSuenan los cubiletes
—que aún no son de museo—
en sus manos deformes y grasientas, artríticas.
Y, en el mínimo ámbito del cubilete, muestra
su presencia de muerte el ruedo de esqueletos.
Iguales en la forma post mortem, algún rasgo
distintivo desvela su rango cuando, vivos,
los cubría la carne:una lira, una máscara…
Y una inscripción, punteada a estilete, a su lado,
simula la existencia, a quien ya no la tiene,
por la gracia de un nombre que los hombres recuerdan:
Algo así es la gloria.

Sin duda, entre el clamor de risas y de dichos,
se infiltra algunas veces
la gélida consciencia del sinsentido trágico
en uno de los césares del báquico festejo;
es quizá al recoger el vaso con los dados,
pues, en vez de al instante alzarlo por los aires
en volteo sonoro, se detiene a mirarlo
y va entre las guirnaldas del relieve leyendo
los nombres de los hombres que fueron los espectros.
Junto al nombre de Mosco o Menandro, más amplia
inscripción en la base del vaso así le dice:
«Los grandes escritores, los profundos filósofos,
incluso ellos mueren;
sus lectores, nosotros, sepámoslo y bebamos».

Seguramente entonces la tirada es más rápida,
gesto lleno de rabia que nadie al fin podría
interpretar como acto de desesperación,
pues el instante lúcido en un trago de vino
zozobrará y el césar reflexivo, escapado,
se lanzará de nuevo al juego, a la inconsciencia.

 

 

 

 

ANTON WEBERN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis Antonio de Villena

¿El ángel de la muerte o el ángel del destino?

Acaricias tu obra con manos de nodriza,
mimas su perfección en días que no acaban
sino con un cansancio que los ojos acusan;
ignota, mas no importa —porque tú eres consciente
del poder de convocatoria que le insuflas—.
Un día llegará en que venga la gloria.
Mientras tanto soportas persecución, penuria,
dos guerras, remoquetes de cualquier tipo y tono
porque eres judío, como Schöberg y Mahler,
encerrado en la obsesa búsqueda inexcusable
cada día, cada hora, del perfecto absoluto.
Y cuando en la mañana de ese día esperado,
con su alba de periódicos, que vienen de New York
y London propalando el genio de tu arte,
al salir al jardín de tu casa una bala
cerrada te da muerte; nos preguntamos todos:
¿El ángel de la muerte y el ángel del destino
son uno mismo? Y nadie contesta a la pregunta
desde que el mundo es mundo.

 

 

 

 

EJERCICIOS DE SOLEDAD
xO ARIADNA DEL AMOR

(PRIMER SOLILOQUIO)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ernesto Sánchez-Grey Venegas

«Afrontaré los lechos, ¡tan grandes y tan fríos!,
otra vez solitaria.
El deseo de nuevo hará presa en mi carne
y el hombre más ridículo me podrá poseer.
Me verán, como loca, en mi terraza, abrir
al fresco de la noche veraniega mis gasas,
ansiosa de varón, después de tantos días
de carencia de cuerpo. Todos los centinelas
del palacio del rey saciarán sus instintos
contemplando mis carnes.
Seré la hembra de toda esa grosera legión
de miradas lascivas, en la  lobreguez húmeda
de los puestos de guardia.
Y cada vez que encuentre al amante de un día,
con él también vendrá la inevitable angustia
de volver a afrontar cara a cara el vacío.

El cuerpo para siempre tibio; y esos amantes…
¡migajas de los dioses menos misericordes
que buscan alargar por tiempo indefinido
la absoluta frialdad que conduce a la tumba!
Ya no podré ocuparme en ningún quehacer lento.
Será apresuramiento mi angustioso vivir.
Mi instinto violará de nuevo toda ley
y la culpa, de nuevo, sin amor que me ofrezca
la justificación,
volverá a mantenerme en ansiosa zozobra.
Me morderá la envidia junto a toda pareja.
Dudaré ante el espejo de mi hermosura y me
entregaré de forma desmedida al afeite.
No podré vivir sin la compañía de brujas,
de solitarios mágicos y de ritos a Venus.
Y, aunque sepa distante al traidor de mis sueños,
no empezará el tristor, unido al desengaño,
que la esperanza informe su fantasma
—en conjuración necia con el torpe deseo—
por todas las esquinas de calles y moradas,
para sobresaltarme eternamente en un
inútil aguardar
y porque ni aun los dioses soportan estar solos».

 

 

 

 

EL HOGAR DEL PEREGRINO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ángel Paniagua

¿Por qué, ante estas piedras de los templos
de Grecia, afluye el llanto al rostro una vez más?
¿Por qué de entre estas ruinas aún se nutre
todo mi ser?

¿De dónde nacerá mi orgullo altivo?;
¿de dónde provendrá
que en tan nobles lugares siempre encuentre
mi corazón respuesta a sus conflictos—
él, que vive distinto entre los hombres?

Se ha esfumado el recuerdo,
si es que hubo alguna vez algo que recordar.
Como perfume al sol y al tiempo, se ha perdido.
Y no obstante una mancha en mi espíritu queda,
un suave tornasol en mi alma dormida:
esa seguridad (o quizá terquedad) de pertenencia
a otros tiempos sin nombre
cuando veo sus restos esparcidos,
como hoy veo los restos de los templos de Grecia.

¿Acaso habré olvidado
por esencial necesidad mi origen:
obligado equipaje de ese nuevo camino por la vida?
Todo está en mi interior, al parecer,
como ya estaba Grecia antes de verme en Grecia.
Y sueño que, por tanto, en algún tiempo
por llegar, no sé si todavía muy lejano,
tras la última revuelta del camino,
nacerán nuevamente de mi entraña
el rosal y el geranio primigenios;
que alentará mi paso
un constante saludo de campos de amapolas,
de nuevo en el levante;
que volveré a mi tierra
dejando este brumoso atlántico feroz
del triste exilio.

Pero ¿no estoy aquí porque se anudan
los tiempos de las vidas de los hombres
por sutiles razones ignoradas?
¿No surgen las colmenas, en los huertos
del naranjo feraz,
porque son resonancias doradas y lejanas,
murmullo de los vientos
que aquí envuelven los faros de los cabos atlánticos?

En fin de cuentas, quién sea yo, no sé.
Emerjo en la maraña de causas y de efectos desbordante.
No sé si me hizo Grecia,
si otros mundos antiguos ya me dieron
el aliento que arrastro:
ese que ahora se encrespa y desordena
en ansiosa poesía,
buscando un conocer que nunca logro,
oculto entre las nieblas—
inevitables nieblas del horizonte humano.

¿Cómo darle sentido a este rosario
interminable de hechos ensartados
en un hilo de olvido?
¿Cómo alumbrar la frágil
ambición de saber lo que seamos
con la luz engañosa del recuerdo?
¿Cómo recuperar la plenitud
tras la acción destructora de la muerte?

Mientras creo este ensueño de lenguaje,
cruzo ansioso la vida,
observo entusiasmado
picarse el mar, bajar las gaviotas
chillando junto a mí,
y, sobre todo, aguardo temeroso,
sin saber qué se oculta detrás de tanto olvido.

 

 

 

 

AQUÍ TE AMO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA J., en el recuerdo de Mercedes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en el mío propio.

No sé si te gustaba la poesía
o si era un encuentro fortuito con su mundo
saberte de memoria
que se fatiga inútilmente hambrienta
la vida, en el poema dieciocho de Neruda,
de los veinte poemas de amor y la canción desesperada.

La verdad es que entonces esos versos
ayudaban muy bien a tus anhelos
de revolucionaria en todo,
aunque tu hermoso rostro era ya
una tierra prometida encontrada y perdida.

Incendiaste el armario de tu casa, fue el comienzo.
Con esa gran fogata
contra todos los candados,
contra todos los modos impuestos del vestir,
ascendiste al Olimpo misterioso de los locos
para olvidar el mundo, allí
donde no toca el grito
del último niño que ha muerto en Sarajevo.

Muchas mañanas antes, hace ya tantos años
(¿nos hemos vaciado? ¿quiénes somos ahora?)
subiendo a la Fuensanta, el monte que da sombra a tu ciudad,
me dijiste el poema dieciocho de Neruda
mientras que una gaviota de plata (yo no creo
en la casualidad) se descolgaba entonces
de un cielo tan azul como tu amplia sonrisa.
Ya eras del Movimiento Comunista.
¡Qué extremismo más sensual y alegre el tuyo!

No lo entendieron en tu casa de silencios pautados.
Nada entendieron en tu casa de ti.
No había sido un éxito el matrimonio temprano,
el piso comunitario:
aún quedan octavillas de entonces por los suelos,
amarillearon ya antes de que estallara la vieja Unión Soviética.

Allí sola en la clínica donde a veces te visito,
allí, donde andan días iguales persiguiéndose,
nada sabes del presente,
del neonazismo, de los cabezas rapadas,
del silencio diluido de las libertades,
del eco distante de Nicaragua,
del cetro poderoso de Juan Pablo II,
de una Polonia asombrada por su error insolidario,
del fantasma del muro, que estaba en todos los corazones
y aún está, sin piedras ya que derribar.

Pero no voy a decir que es mejor para ti
ignorarlo todo.
Si estuvieras en este nuestro puerto,
aquí nos amarías.
Nos estarías amando, aun entre estas frías cosas.
Los días que amanecemos y hasta el alma está húmeda,
nos estarías amando. Como en ese poema dieciocho
que sigo recitándote las tardes de visita.
Ese eterno poema.
Un ritual para doblar el tiempo
como un paño, e intentar volver a ser los que un día fuimos,
con la fuerza de entonces, con el cielo de entonces, con los años de entonces,
tan sólo en el recuerdo.

 

 

 

 

LA ISLA O LOS VERSOS DEL MUNDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Durá

xxxxxI

Dicen viejas historias —como indelebles dedos que señalan
a un Destino ignorado—
que existe una antesala para entrar a este mundo;
una antesala, ni siquiera fría como la muerte; una antesala
como son esas épocas del año en que las hojas aún no han verdecido
pero ya no hay escarchas.
Ni mañanas heladas ni mañanas de sol en ese espacio inerte y en espera.
Un mundo antes del mundo para el hombre,
sin ninguna estación del regocijo o la melancolía.

Al espíritu humano, anidado en la sombra,
no le gusta la espera inhabitable, la angustia contenida,
aquel no ser de escalofrío, helado,
la blanca voluntad precipitada en recipiente inocuo.
y desde el descontento del vivir sin vivir,
llama con una mano sin forma
a una puerta sin dimensión
para abrirse a la temporalidad de la vida.
Entonces se proyecta, desde su estado previo,
al incendio del ser, al centro del sentido,
al ansioso habitar bajo la enorme bóveda celeste
de estrellados ensueños;
y se inicia la ronda de la vida.
Bajan uno tras otro, los hombres, a habitar en este mundo.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*
x

Un profesor romano, llamado Fadigatti,
acaba de mirar por vez primera
la deslumbrante juventud de mundo.
Con su aterrado gesto de amor por lo que ve,
decide la ebriedad de su existencia.
Ha caído en la trampa del amor por la vida.

Con sombrero marrón, calada el ala ancha,
baja otro noble rostro decidido:
baja hasta el norte de África,
para olvidar las lenguas que fraguaron
su infeliz juventud,
y volver convertido en André Gide:
castillo personal en el París de siempre,
cuyas murmuraciones ni le importan
ni le afectarán ya.

No tiene nombre y puede ser cualquiera
ese otro personaje que el tiempo y el espacio
hacen nacer en medio de una lucha
de etnias enfrentadas por viejas religiones.
Será un soldado más de cualquier tiempo,
que —demasiado humano—
no llega a comprender el sinsentido
de la palabra honor.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*
x

Caen las almas al mundo, una tras otra,
sobre el roto escalón de lo imprevisto.
Soportan chaparrones —porque han querido hacerse con la vida, entenderla—,
llevan con gusto a cabo la batalla diaria,
se someten al cambio constante de la suerte y de los otros.
Nuevas almas gozosas, obsesionadas o desencantadas,
que vienen a nacer y a crecer fuertes
en la continua ronda del vivir.

Mapplethorpe es fotógrafo
porque todo lo invita al homenaje:
le gustan las rotundas cabezas de los negros
afeitadas al cero,
la tierna contundencia de una mirada niña,
un melón con cuchillo,
las manos de un artista, las hojas de una orquídea,
y el activo silencio del deseo
buscando en las braguetas o en las bragas
el corazón sin límites del mundo.

Hart Crane muestra su fortaleza humana
—el reactivo afirmarse entre muertes pequeñas: la calumnia, el desprecio—
cuando vuelve la espalda a la penuria
del mundo en que creció y que lo persigue,
para encontrar su tregua en la Isla salvaje de los Pinos,
el Caribe encendido que todo lo comprende.

El propio Dostoievski —igual que el conde Mischkin, su otro yo
puede alzarse a la cima de sus límites;
trascender las fronteras del mapa primigenio de la vida y su escollo.
Mirar al otro lado, sorprendido.
Por esa fulgurante, momentánea consciencia,
se entrega a espumarajos y a babeos,
al compulso desplome de la carne. Y no le importa.

Brahms, el músico, llega tarde a todo
—al amor, a la fama y también a las grandes estructuras sinfónicas—,
mas sabe equivocarse lo exacto, justamente
para poner en hora el reloj de sus últimos días, y al final ser feliz.

 

 

 

 

LIEV NIKOLAYEVICH MISCHKIN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Recordó los síntomas que anunciaban los
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxataques de epilepsia tantas veces sufridos.”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dostoiewski)

«¡Me encuentro sobre un monte sin cimientos!
¡No sabía que en esta oscura noche,
redonda como el mundo, humedecida,
donde estoy prisionero,
se podían abrir tantas compuertas,
cruzar sin tregua el viento,
penetrar por la luz
y comprenderlo todo!
Ese todo, al que creo hoy encontrarle
un exacto perfil,
en esta aurora mágica.

»Me duele la cabeza; mi cerebro parece incandescente.
Ya no llueve en la noche. Ya no hay noche.
Los cielos se han abierto. Hace una luz magnífica.
¿Se ha recompuesto o se ha multiplicado
el plenilunio roto
en los mil charcos que dejó la lluvia?
No sé nada de mí ni de mi entorno
cuando al fin lo sé todo. ¿Qué sucede?

»No importará si un momento después
retornan a mi alma
agonía y negrura, y la peilepsia
se muestra convulsión y espumarajo nuevamente.
Pues, por acaso extraño y misterioso,
la enfermedad me ha abierto en un instante
la puerta que conduce a la armonía
del universo, y un instante (al menos un instante)
ha diluido todas las preguntas,
me ha liberado, con su atrocidad,
de esta roma normalidad diaria,
que me ahoga, vergonzosa.

»No me importará luego ya anegarme
en el vómito verde para siempre,
pegado contra el suelo, idiota Mischkin,
solo, humillado, tras tanta grandeza
mirando nuevamente el plenilunio,
pobre, roto en los charcos de la lluvia,
y a merced de la bota del que pase y me insulte.»

 

 

 

 

LA VISITACIÓN DE MISTER HYDE

¿Vas a escandalizarte una vez más,
porque has visto que apunta esa oreja lobuna en tu cabeza,
al mirarte al espejo?
¿Vas a seguir luchando y angustiándote
cada vez que proyecten tu sombra puntiaguda las noches de tu vida?
En ellas, y al amparo de la extraña palmera,
te buscan unos ojos encendidos
de otro animal que quiere devorar tu deseo con el suyo,
desleírte en su enhiesto silencio, que te aguarda.

Cada vez que recorras
el filo de la plata del suburbio; o, aún más lejos,
el calor de la pólvora
en otros campos y en otras ciudades,
¿habrás de censurarte por la mueca feroz de tu persona?

¿Siempre que vuelvas a tu ser primero
(que es un decir, ¡se impone siempre un orden!),
vas a necesitar justificarte?
¿No aceptarás jamás
al demonio que vive con el ángel?

En tanto que te llega la respuesta,
procura inocularte sentimientos de culpa en dosis no letales,
y prosigue escribiendo tus justificaciones
desde tu otra naturaleza, culta,
digna, la que recita a poetas importantes,
la que convoca alumnos y públicos diversos,
la que busca el aplauso.
¡Tu gran naturaleza!
La que tanto te gusta, aunque es notorio
que se alimenta y vive del lobezno.

 

 

 

Pujante, David. Itinerario. Murcia; Editora Regional de Murcia, 2003.

 

LA MEMORIA INVENTADA

septiembre 11, 2017 Deja un comentario

 

LA EDAD DE ORO

Querida mía: hoy
día en que ya somos conscientes
de que el futuro nos ha ganado la partida
de que somos escombros de aquel sueño
que humedecimos juntos
retorna tu sabor como el rastro perdido
de lo que imaginé era el mundo
prendido de tus labios

 

 

 

 

NADA IMPORTANTE

Carolina
xxxxxxxxno sé cómo decirte
ya ves lo complicado del lenguaje
en fin no es importante desearía
jugar una partida de parchís en tu pubis de fresa
regalarte gladiolos en las tardes de otoño
cultivar perejil en tu muela del juicio
comprarte un disco de Joao Gilberto
llenar mi soledad con tu saliva
ya ves nada importante
al fin y al cabo

 

 

 

 

PRIMER ENCUENTRO CON EUROPA

Se parecen tus pechos inevitablemente
a los de aquella revista pornográfica
era danesa creo no sé qué fue de ella
que cayera en mis manos teniendo trece años
y que Félix y yo temerosos
de un posible desliz en que nos fuera hallada
enterramos muy cuidadosamente envuelta en plástico
en un bancal junto a la carretera
para acudir a verla en nuestras bicicletas
y luego masturbarnos clandestinos y tiernos
en cuartos decorados de adolescente aroma

 

 

 

 

EL REINO DEL OLVIDO

Noveno hijo de borrachos
Ramón Reina x borracho también
Construyó su reino en el Olvido
Y así olvidaba cada día el día
Anterior

Compuso un único poema
Y vivió para añadir un verso cada noche
Y olvidarlo

Sus obras competas son por tanto
Bastante reducidas

Se limitan al inicio de tan vasto proyecto

«Ama las diez mil bidas que la Bida te ofrezca. Olvídalas»

 

 

 

 

LA MEMORIA INVENTADA

Lo mejor es creer que el tiempo pasa
Y que nos va cambiando
Pues vivir es creer que se ha vivido
Que hubo días de cierto luminosos
Y que el deambular torpe de que hoy hacemos gala
Disfrazados de viejos marineros de almas errabundas
No es más que la conciencia de la imposible vuelta
Al amor que impulsó nuestras vidas como un río de alegría

Pero y si no es así
Y si el tiempo no pasa
Ni nos cambia
Y todo lo ha inventado la memoria

 

 

 

 

VIVIR SIN COARTADA

Acabará algún día supongo este proceso
Habrá en alguna parte un acta preparada
Un perspicaz relato que aclarará las dudas
Y nos desvelará entre rosas de estaño
En alcobas cerradas al amor y la música
Las auténticas causas x los pequeños misterios
De este crimen perfecto
De esta gran coartada construida con primores de esteta

Quizá entonces será cuando pensemos
Que hubiera sido mejor vivir en el peligro
Mucho mejor echarnos a la calle con nuestra cuerda floja
Y haber bailado en ella sambas y cha-cha-chás
Hasta estrellarnos contra el suelo con la digna arrogancia
De quien amó profundamente el baile

 

 

 

Orrico, Javier. La memoria inventada. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 1983.

 

HASTA QUE SE CONFUNDA LA MEMORIA

septiembre 8, 2017 Deja un comentario

 

TODO LO QUE POSEO

Lóbulo de mi oreja x Incertidumbre
No te voy a ocultar que estoy borracho
Tu rostro en el fondo de este vaso
Tus pezones inmensos en el güisqui
Beber no es el olvido
No es el alcohol la estancia negra
La delicada mano que esconde los despojos
De este tiempo prohibido
El alcohol es un signo
De tu pelo xxxxxxxxxxEs un signo del labio
Que ilumina la noche
Un signo de tu vientre
Como Milán Tan Húmedo
Y estos signos son todo lo que queda
Todas mis posesiones
En el alcohol hundidas
Hundida en ti mi Lengua
En las cálidas olas que tu vagina escupe
Y el mar sólo concede a los atónitos
Ahora es el momento de entrar en los Misterios
De la piel y el idioma x La ocasión
De descubrir las algas latentes tras la Forma
De usar la obscenidad como conocimiento
De lamernos
Cantar

O continuar bebiéndote hasta que se confunda la memoria

 

 

 

 

HUIRÁ LA SOLEDAD POR UNAS HORAS

Señorita estimada:
xxxxxxxxxxxxxxxxxme pide usted un murciélago que no salga de noche
un jabalí que se lave los dientes
y una fe que no tengo
Unos meses atrás le hubiera contestado que cuando algo se acaba es porque algo comienza
que nada se detiene ni el amor
y la luz nos sorprende cuando ya sospechábamos que la desesperanza
como un chicle
se nos había pegado a los zapatos
Le hubiera hablado de sus pechos de usted que nunca he visto
pero que siempre supe tiernos y desolados bajo tanto esplendor
De su delicadeza cuando anda moviendo esas magníficas caderas
cuando mira perdida y deliciosa como una gatita que sólo deseara
tenderse junto al fuego
y olvidar
Pero hoy señorita ni el deseo ni el azar
como necesidades manifiestas
son más que desgastadas canciones de un idioma perdido
ajadas convicciones de una secta de idólatras
que amó la plenitud
Hoy sé que es imposible reconstruir los templos en los que levantamos
oraciones al tiempo venidero
ni siquiera empleando las modernas técnicas siquiátricas
los pinchazos que intentan aislar el corazón del frío
Señorita estimada el desastre consiste en empeñarse
en una vocación de nadador en medio del desierto
y aunque pudiéramos volver
si en la arena creciesen las palmeras y arroyos que el recuerdo no evita
los lugares que en otro tiempo cobijaron la sed
nada nos reconocería
una sombra en los ojos / un extravío / una desazonada indiferencia
delatarían que no permanecemos ni siquiera en nosotros
derrotarían las máscaras
Pero si usted señorita me dejara besarla
si usted me permitiera entregarle mi angustia
si usted se abandonara entre mis brazos
quizá por unas horas la soledad
asustada
respetaría nuestro silencio

 

 

 

 

LO QUE PUDIMOS SER

Querida amiga:
xxxxxxxxxxxxxxaunque yo ya no sea
el que tú conociste
porque la soledad cambia a los hombres
te envío una pepita de melón
y el dolor de saber lo que pudimos ser y que no fuimos
sino tristeza mutua
desamparo escondido bajo un bosque de besos

 

 

 

 

LUZ DE GAS

Carolina tú tenías ojos de gaviota y yo lo sabía
Me esperabas todas las mañanas con una copa de anís
y cacao en los labios
Y yo lo sabía
Disponías tus besos en riguroso orden
como alimento para un viaje del que no se regresa
Y humedecías tus braguitas tus palabras
con olor a batido de cactus
con olor a risas y tacto satisfecho
Y yo lo sabía
Pero nunca supimos cómo encontrarnos
cómo reconocernos en las sombras

 

 

 

 

ÚLTIMO RECURSO

Me desnudo en invierno con la ventana abierta
Quizás alguien descubra que estoy perdido y solo
Y acuda hasta mi lecho a importunar a la tristeza

 

 

 

 

EL ROCK HA MUERTO

Carolina el rock ha muerto x las hermosas
tardes de música y angustia
discutiendo de la revolución que se palpaba
de un mundo que habría de ser nuestro alguna vez
porque nos hermanaba la esperanza y el odio a la ambición
porque nos hermanaba una guitarra y una voz
que clamaban en contra de la guerra
porque a pesar de todo los Beatles habían hecho
Lucy in the sky with diamonds
y King Crimson nacían para dirigir nuestros pasos
para adentrarnos en las Cortes de los Reyes Rosados
entre Hombres Esquizoides del Siglo Veintiuno
aunque existían ya indicios eso es cierto
de que los Estados y la policía no habrían de conformarse
con terrones de azúcar x de que la máquina infernal
estaba a punto de vendernos como producto exótico
como naranjas de una California prometida
como una diversión en fin son jóvenes
ya aprenderán x Y lo aprendimos:
Janis Joplin y Jim Morrison no volverán para amarse
en las calles de Washington
ni llenaremos Siberia de truhanes ansiosos de poder
ni arrojaremos tanques y pistolas a la mar Océana
ni haremos de Madrid un monumento a la monstruosidad
ni Roma será un gran jardín alfombrado con las rojas capas
de los cardenales
ni tomaremos el té en Buckingham Palace escuchando a Grand Funk
mientras la Reina prepara un grandioso plum-cake
de hashis y cerezas

Aunque a veces salgamos a las calles
como fantasmas de ojos atrevidos
a gritar que todavía es posible

 

 

 

 

DATOS PARA SOCIÓLOGO

El bienestar que el hashis me da
es cada día más pasajero x Nada hay
que pueda devolverme
el viejo gozo de vivir x la esperanza
de olores ignorados x ni la sabiduría
del buscador de oro

Carezco
por otra parte de la audacia
necesaria para afrontar los laberintos
de la destrucción plena

como un bailarín artrítico que paseara sus ruinas
bajo capa y sombrero
por los palcos más turbios de la sala

 

 

 

Orrico, Javier. La memoria inventada. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 1983.

 

UNA CANCIÓN EXTRANJERA

Una canción extranjera

 

RAZÓN DE LA IMPOSTURA

Ahora que ya tengo la certeza
de haber pertenecido ‒amado, roto,
ganado, recompuesto y, al final,
perdido siempre‒, puedo reclamarle
a la tierra un lugar donde fingir
que mi vida fue bella, tierna, hermosa,
y que nada me puso nunca al borde
de las acostumbradas deserciones.

Debo fingir si quiero que las horas
me miren con piedad y no voceen
mis pérdidas, publiquen mis caídas
ni se ensañen con los espacios blancos
que empiezan a entreverse en mi mirada,
la nostalgia de viajes que no hice,
los libros sin leer que en los estantes
recelan de entregarme sus secretos.

Ahora debo fingir, no cabe duda,
habitar el silencio de una oscura
terraza, donde sólo mis deseos
no cumplidos y el fuego de las lágrimas
por esas tantas horas imposibles
iluminen mi vida, mientras busco
en todos esos libros la respuesta
al enigma perdido de estos años.

 

 

 

 

NOCTURNO INSANO

Aquí, en esta casa donde todo
parece respirar mientras me ahogo,
donde cada sillón y cada libro
me están robando el aire, aquí termino
de comprender al fin que el orden
de esta atmósfera insana desconoce
mi nombre y mis sentidos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo es mi casa
este pobre habitáculo de rara
orientación, en el que apenas puedo
tener todas mis cosas: no lo siento
como propio y por eso no estoy nunca
sentado aquí, leyendo ante la luna
o ante el sol de la tarde, más que algunos
minutos, una hora, el tiempo justo
para fraguar un plan de huida, el mismo
de ayer y de mañana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos motivos
no importan mucho y siempre tienen poco
de veraces: es fácil ‒cuando sólo
se ha de responder ante la propia
conciencia‒ ir dejando que la ropa
usada se amontone y que la pila
de platos crezca muda cada día.

La desgana, el desorden, la basura
interior, suelen ser también de ayuda
para que la derrota aún me sea
más flagrante si cabe y ya no pueda
fingir que me importaba.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAquí termino
de comprender que el aire que respiro
lo emponzoñé yo mismo con la torpe
decisión de encerrar tras los barrotes
de esta jaula sin fe mi ansia errante.

 

 

 

 

DON JUAN EN EL CEMENTERIO

Así gritó a la noche que no habría
sepulcro sin su sombra,
ni lápida en la cual no se pudiera
‒combinando las letras de otro modo‒
reconocer su nombre.
Gritó tan vivamente que los muertos
temblaron en sus tumbas,
y muchos que le habían conocido,
amado o despreciado,
sufrieron pesadillas o cayeron
de sus lechos al suelo.

Estaba allí, los brazos extendidos
hacia el cielo, borracho, desafiante,
entre aquel mar de cruces,
una más de las pálidas estatuas
bañadas por la luna.
Estaba allí don Juan y maldecía
la estirpe y la memoria de su víctima,
la imagen del creador, del omnisciente
dramaturgo que se atrevía a usarle
como actor de su drama.

Allí estaba don juan retando a duelo
al más allá, invitándole a su mesa,
para poder gritarle una vez más
‒la última‒ que no se arrepentía.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Una canción extranjera. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 2004.

 

BIENVENIDA LA NOCHE

Bienvenida la noche

 

ATARDECER CON WALLACE STEVENS

Mirar por la ventana es sólo uno
de los actos posibles en esta tarde muerta.
Mirar con anodina indiferencia
a los niños que juegan en la plaza,
a sus madres sentadas en los bancos
o fumando de pie, juntando al marido,
todavía ‒las siete‒ con las gafas de sol.

Una sola pobreza es suficiente
para entender las otras. Una sola
canción puede arrancar distintas lágrimas,
dependiendo del grado de tristeza
‒o de conformidad con la tristeza‒
de quien la escucha. Una sola vida
podría contener todas las vidas.

Un poema difícilmente puede
contener sentimientos imposibles
de encontrar en cualquiera, ni agotarlos:
un poema es un gesto que todos han escrito
cuando uno lo copia en el papel,
un fragmento de vida en que el poeta,
hablando de sí mismo, habla de todos.

 

 

 

 

AYER, MAÑANA, HOY MISMO…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTo dot the i’s,
xxxxxxxxxxxxxxxxxCross the t’s and tie everything up
xxxxxxxxxxxxxxxxxIn a loose bundle stamped “not wanted on the voyage”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Ashbery

Me he vuelto selectivo ‒con los libros,
los amigos, incluso en el amor‒.
Y aunque es cierto que a veces cuesta mucho
desprenderse de cosas del pasado
‒recuerdos, prendas viejas, viejas fotos‒,
he empezado a quedarme con lo poco
realmente imprescindible: ayer devuelvo
varios libros que sé a ciencia cierta
que no volveré a abrir. Hoy lleno bolsas
con la ropa que se quedó pequeña
o pasada de moda, para darla
a alguna asociación de ayuda a pobres.
Y mañana, tal vez, incluso diga
el adiós definitivo a quien llenó
tantas horas de afecto, de cordura
y de paciencia.
xxxxxxxxxxxxxxEs ley de vida: sólo
lo poco imprescindible, que no sea
necesario más que un bolso de viaje
para irme tres días a algún sitio
cuando surja o me tiente la aventura
y ahí no cabe el amor, ni nos creemos
el cuento de Penélope.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMejor así:
en casa, cuando vuelva, estará todo
como al irme ‒la ropa por el suelo,
los platos sin fregar, el mismo polvo
de semanas, saldrán a recibirme
sonrientes al entrar‒ y no habrá notas
de llámame al llegar, pégame un toque
y te ayudo a deshacer el equipaje

Todo muy natural, como si nada
hubiera sucedido, como si esos
pocos días no hubiesen transcurrido,
como si hoy fuera aún el viernes cuatro
de enero de hace cuatro o cinco años…

 

 

 

Paniagua, Ángel. Bienvenida la noche. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 2003.

 

SI LA ILUSIÓN PERSISTE

Si la ilusión persiste

 

KAWABATA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Luis Antonio de Villena)

Detrás de Kawabata
Se esconde el ignorado Lao-Tse.
Qué importa si su mano
Abre el gas o se apoya en una vara
De bambú y camina, dejando sus palabras,
Hacia un lugar que sólo por el arte
Puede darnos su esencia:
“Algún lugar del monte, oculto por las nubes”

Asciende, eso importa,
El aire poco a poco se enrarece
‒Paradójica forma de decir
Que se borran los hombres y su mundo de escorias‒,
Y las flores aquellas y su raro perfume
Revuelan el silencio entre la nieve.

Que el último respiro sólo tenga su aroma,
Que en esa bocanada de la muerte
Aliente la pureza que no admite indecisos.
Que resulte fatal, de tan hermosa,
La imagen esa última del mundo deseado,
Sin hombres, ajenada, sin gobiernos,
Y no quede un rescoldo de miseria
Entre la dignidad.

¿Importa al fin si muerte o silencio?
“Tan sólo unas imágenes de hermosura y tristeza.
Es vuestro lo demás.”

 

 

 

 

DEPRECACIÓN

Decid si véis alguno entre mis ojos
Una marca divina, alguna llaga.
Decid si véis mis ojos diferentes
O algún color extraño donde rojos debieran
Ser mis labios. Decid si en mis rodillas
Mancha sangre el dolor y este arrastrarme
Guiadlo hacia algún sitio.

Que sople el viento fuerte
Del lugar donde aguarde la mirada,
Los temidos abrazos, los hermosos
Y los desconocidos,
Para que sepa adónde dirigirme.
Que traiga el viento aromas del cabello
Y el eco pertinaz ya no se pierda,
Que sienta de continuo
Su llamada a lo largo del camino.

Que me hieran las losas,
Pero hieran un cuerpo que se arrastre
Detrás de una esperanza,
Que alcance la colina y que cambien
El nombre, que me borren las letras del deseo
Y en mi frente se posen esos labios
Ansiados, que me besen
Los párpados y sequen mis pupilas,
Que me limpien la sangre, me sorban el veneno,
Y me amen por fin en el silencio.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Si la ilusión persiste. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1990.

 

CHISPAS (101 MICROCUENTOS)

Amor a la lectura

 

XXXV. VARIEDAD

xxCuando se casó en segundas nupcias todos sus amigos pensaron que repetía el mismo tipo de mujer de la que acababa de divorciarse. Sin duda, los mecanismos inconscientes habían actuado de la misma manera que en la primera elección. Pero él lo negaba tajantemente y aducía que su esposa actual no era rubia como la primera.

 

 

 

XLIV. LA MÁSCARA

xxEn el sueño intentó quitarse la máscara. Tiraba, arañaba, rasgaba. Entonces se dio cuenta de que no era una máscara sino su propia cara. Sólo que él no se identificaba con ella.

 

 

 

XLIX. EL SUEÑO

xxEn la madrugada, en su dormitorio, se oyó una voz como de ultratumba:
-¡No despertarás!

xxPero, si alguien se creía que se iba a inquietar por ello estaba equivocado. A él lo que le gustaba era dormir. Una mueca feliz se dibujó en su rostro al oír aquellas palabras.

 

 

 

LIII. RUPTURA

-¡Sinvergüenza! ‒me dijo.

xxEra una gran avance. Mi futuro suegro nunca me había dirigido la palabra hasta ese momento. Pero cuando entró en el salón de su casa y vio a su hija con la falda remangada casi por completo y con los dos pechos al aire, pensó lo peor y me lanzó el insulto antedicho. Yo, la verdad, no sabía lo que hacer ni lo que decir. No se me ocurría ninguna excusa, como que estaba revisándole un hematoma o algo parecido. Entonces dije lo primero que se me vino a la cabeza. Dije: “quiero a su hija y deseo casarme con ella y que sea mía”.

xxYo, en realidad, ni la quería ni la dejaba de querer, pero pensaba que le debía esta reparación aunque, al hacerla, hipotecara mi vida. Mi futura suegra, que entró en ese momento en la estancia, aprovechó la coyuntura y me dijo que contaba con su bendición si era formal y responsable con su hija. Pero, mi futuro suegro seguía sin apearse del burro.
-¿Este formal y responsable? ‒dijo. Éste lo que es es un indeseable.

xxHubiera podido convencerlo; soy bastante persuasivo y la hija no tenía tantos pretendientes. Pero pensé en qué era lo que podía causarle más daño y creí que serían las recriminaciones de la madre y de la hija (no sé por cuánto tiempo) por no haberme cogido la palabra. Se imponía, pues, una ruptura sin paliativos.
-Es usted un hijo de puta que ha truncado mi futuro ‒dije. Y salí orgullosamente de la casa para no volver jamás.

 

 

 

LXVII. NOCHEBUENA

xxEra Nochebuena, y el anciano, solo en su pequeño apartamento, se sentía sobrecogido por sus recuerdos íntimos: sus padres, ya fallecidos, sus hijos, desperdigados por el mundo, sus amores, de los que ya ni se acordaba. Pensaba en la pobreza del mundo, en las enfermedades o la decrepitud de algunos amigos, y se decía que él era un privilegiado. No es que estuviera bien del todo, pero tampoco estaba rematadamente mal. Tenía comida para esa noche y un techo, pero no se le ocurría llevarse nada a la boca, salvo el güisqui doble que se había servido a media tarde. Hubiera podido quedar con algún amigo y compartir su frugal cena con él, pero a todos les puso como pretexto que estaba invitado esa noche. Lo que quería era estar solo. Quería llorar sin que nadie lo viera. Una Mala Noche la tiene cualquiera.

 

 

 

LXXI. LA TEMPESTAD

xxMi amigo Pedro y yo habíamos salido a dar un paseo en barca como hacíamos algunas tardes. Sin darnos cuenta nos fuimos alejando de la costa, aunque en una ocasión mi amigo, que apenas sabía nadar, me rogó que diésemos la vuelta pues el tiempo parecía empeorar. En efecto, el cielo se ensombreció con rapidez, comenzó a llover de pronto con bastante intensidad y las olas fueron aumentando de tamaño. Pronto la ligera barca experimentó los embates de las agresivas olas, fue remontada a la cresta de una de ellas y volcó. Yo pude reaccionar con presteza y conseguí cogerme a la quilla para salvaguardarme del oleaje, pero Pedro cayó varios metros más allá y gritaba pidiéndome ayuda. Nadé hacia él remolcando la barca, alargué el brazo, y cuando creía que iba a darle la mano me desperté.

xxAl salir del sueño me encontraba bañado en sudor recordando las imágenes que acababa de sentir. Cuando me tranquilicé procuré borrarlas de mi mente y la primera reacción fue telefonear a casa de mi amigo. Se puso su madre que me dijo que estaba preocupada porque Pedro le había dicho que iba a dar un paseo en barca conmigo y tenía miedo de la tormenta que había. Supe de inmediato la peligrosa tarea que me esperaba: tenía que volver al sueño, salvar a mi amigo y luego salvarnos los dos de la borrasca. Sin muchos ánimos, me eché de nuevo a dormir.

 

 

 

LXXXIV. EL ASESINO

xxEscribió un cuento policíaco perfectamente estructurado, lógico, como si fuese un puzzle en el que todos los detalles parecían encajar para que el lector dedujese quién era el asesino. Eran, además, sólo tres personajes, de los cuales uno era la víctima, asesinada en la primera página, con lo cual la resolución del caso parecía simple. No obstante, el cuento acababa sin descubrir al culpable y el autor cortaba por lo sano con la fórmula de que el caso no había podido ser resuelto.

xxPero, para mí, estaba claro quién era el asesino: era el autor del cuento. De hecho, el relato, más que un cuento era una confesión que podía inculpar perfectamente al escritor. Para llevarlo ante los tribunales sólo faltaba un requisito: descubrir el cadáver.

 

 

 

XCVI. LA LLAMADA

xxEstaba solo en la casa y echaba de menos algún cariño. Cogió el teléfono y la llamó.
xx-¡Qué alegría oír tu voz! ‒dijo él.
xx-A mí también me alegra oír la tuya. Llevo un día malo, apenas sí he hablado con alguien…
xx-Echo de menos también el roce de tu cuerpo, tus labios, tus pechos…
xx-Todo eso lo tendrías si estuvieras conmigo. Acabo de salir del baño y estoy solamente con bragas y sujetador que, por cierto, tengo que comprarme otro; el que tengo se me ha quedado pequeño y los pechos parecen querer salirse de la tela. Tengo los pezones muy sonrosados y erectos, quizás por efecto de tu llamada.
xx-Hazme el favor de sacarte una teta y acariciarla en mi nombre.
xx-Que me saque ¿qué?
xx-Una teta; aunque yo no pueda verla me la imaginaré.
xx-Bueno, ya la tengo en la mano, pero apenas sí me cabe de lo grande que es ¿qué hago con ella?
xx-Acaríciala suavemente, pellízcala, retuerce un poco los pezones…
xx-Oye, tengo la obligación de decirte que la llamada telefónica es a un euro el minuto. Me supongo que lo sabrás, que lo habrás leído en el anuncio.
xx-Lo sé, sigue, sigue…

 

 

 

CI. LACONISMO

xxCuando se puso a escribir, decidió extenderse dos o tres páginas sobre el tema. Pero sólo escribió el título ‒”cansancio”‒ y confió en que el resto lo sobreentendería el lector inteligente.

 

 

 

Ayala, José Antonio. Chispas (101 microcuentos). Murcia; Editora Regional de Murcia, 2005.

 

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