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CINE-FÓRUM

 

CINE-FÓRUM

Después de ver
El cartero (y Pablo Neruda)
me haces una gloriosa mamada.
No para agradecerme
el que yo también te escriba,
te piense
y te celebre en mis versos,
sino para evitar,
una vez más,
un discurso emocional,
poético y amoroso
que a ti te fastidia,
te agobia y te harta.
Bendita sea por siempre
la forma que tienes de callarme.

 

 

 

López-Carrillo, Juan. 69/Modelo para amar. Barcelona; DVD ediciones, 2001.

 

LUNES Y 69

 

 

 

 

 

 

 

 

López-Carrillo, Juan. 69/Modelo para amar. Barcelona; DVD ediciones, 2001.

 

HISTORIA DE UNA CAMARERA

 

LA NOCHE DE VERANO

Cómo he cambiado en estos últimos años,
qué feliz soy por haber cambiado tanto,
cómo me gustan todas las grandes ciudades de la tierra,
qué poco me importa que todo muera,
qué poco me importa que agonicen las estrellas,
cómo me acuerdo de quién fui y qué contento estoy
de saber cómo era entonces y de qué manera amé
y viví, cómo me gusta que me besen las mujeres hermosas,
que toquen mi cuerpo con libertad como yo toco el suyo,
cómo me alegro de haber leído a Catulo a los catorce,
a Rubén Darío a los dieciséis, qué bonitas son las playas
en las que dormí de joven, qué dulce era aquella adolescente
que besé por primera vez, todo irá al reino de Dios
y allí gozaré de nuevo, y si no fuese así, qué poco
puede importarme, porque la vida al fin era eso,
la vida era un secreto, una gran alegría, la vida misma era
más de lo que pensamos es la vida, mucho más,
pero había que darse cuenta, había que saberlo muy bien.
Era demasiado grande y lo sigue siendo, demasiado perfecta
es la vida, un dinero incalculable, grandes fincas, grandes
posesiones en América, en Asia, en París, en Roma y en Berlín,
pisos nuevos y pisos viejos en el centro, rehabilitados,
joyas, cuadros, automóviles de museo, caballos,
casas y castillos en todas partes, fortuna tras fortuna
amasadas a lo largo de la historia, duele que la vida sea
tan formidable, duele que la vida sea tan inteligente.
La vida entera es nuestro hospital, la palabra perdida.
Así yo gozo del sueño, de la comida y del viento,
del viaje y de la playa, del árbol, de la navaja
que hundiré en mi corazón, de las calles,
de los mendigos, de las azoteas donde revolotea
la ropa tendida, de los fuegos artificiales
de la fiesta de un pueblo de mala muerte,
de un río que no cubre sino hasta los tobillos
y tienes que luchar con las piedras para poder gozar
del baño, de una furgoneta abandonada en mitad de un camino
con todas las ruedas pinchadas y los cristales rotos,
y dentro de ella me gustaría hacer el amor conmigo mismo.
Adoro mi pasado, adoro lo que fui, sé plenamente lo que fui,
conocimiento de causa tengo de lo que fui y lo adoro,
y adoro lo que seré mañana y me adoraré eternamente,
mientras sea posible que un hombre adore la vida tan adorable.

 

 

 

 

HISTORIA DE UNA CAMARERA

Encima de la cama estoy, sin sueño, está amaneciendo en Cádiz,
se oyen gaviotas trayendo el nuevo día, que yo no sé si viviré,
porque tengo ganas de morir, y llaman a la puerta, y es el servicio
de habitaciones, que me trae un desayuno delicioso: pruebo
un poco de todo, y he salido desnudo a recibir mi bandeja,
y una camarera veinteañera se ha ruborizado, es la playa y el mar,
le he dicho con acento francés, fingiendo ser un turista,
y ella iba tan guapa con su bata azul, y tan limpia y tan mona,
y cómo se le notaba lo bien que había dormido; ven, pasa,
le he dicho, enséñame el color de tus bragas y te daré diez
billetes, sólo quiero saber de qué color son y tal vez si están
ya un poco viejas, cuánto te pagan en el hotel, enséñamelas
y luego te dejaré mi cartera y coges lo que te dé la gana.
Está bueno el café, el cruasán lleva miel y las frutas están
maduras, y ella ha puesto una pierna sobre la silla y se ha subido
la falda y no llevaba bragas, me ha enseñado su culo,
su precioso culo de camarera y se ha reído un buen rato,
y casi me ha apetecido tocarle el culo pero para qué hacerlo,
para qué acariciar una bestia salvaje como ésta que se esconde
bajo la apariencia de una inocente camarera, con ver
el capricho de su ausencia de bragas, su descaro virginal,
su carne dulce y su muslo firme, el vello suave, ordenado, me basta,
y le he dado un cheque de cien billetes porque pensaba
morirme esta mañana, pero la sorpresa de que mi camarera
no llevase bragas, ni rojas ni negras ni blancas, me ha devuelto
el interés por la vida, porque la vida es una inacabable fantasía.
Me despido de ella y le digo lo que el espectro del padre
de Hamlet a su hijo “recuérdame” y pongo voz grave y teatral,
y ella me sonríe de nuevo, y se va contenta con su pequeña fortuna.
Y otra vez vuelvo a ser feliz, y dejo el café con leche y las tostadas
y me pongo ginebra en el vaso del zumo de naranja, y ya hace calor,
y miro el mar desde la terraza de mi habitación, y me afeito
y me ducho, y paseo desnudo por la habitación, y bebo más,
y me pongo un exquisito traje de verano, y salgo a la calle.

 

 

 

 

COSTA DORADA

Me acuerdo de las francesas y alemanas desnudas sobre la arena
de la playa, esos culos duros, de gimnasio, el pelo corto y rubio,
la ingle depilada, el marido cabrón que se baña con un patín alquilado,
las hijas del matrimonio moviendo preciosos senos al aire, y el encargado
del alquiler de los patines empalmado por culpa de la madre y las hijas.
“Estas guarras no pueden tener bastante con un solo hombre,
se dice, así que tú a esperar a que te llamen, y si no llaman
ya me dejaré caer por ahí, marcando el buen paquete que me dio mi santa madre”.

¿Qué tienes contra Dios, contra la vida, contra la felicidad,
contra el cuerpo, contra el placer, contra la belleza?

Ahora me acuerdo del mes de julio, del joven verano que prometía
el tiempo sin armas, el mediodía abierto, la luna concedida.

Los hombres tienen tiempo y pensamiento,
las montañas, los árboles, el mar no tienen nada.

Me acuerdo de la joven pelirroja, acurrucados los dos en una toalla,
en la noche del mar, jodiendo como profesionales en un escenario.
Y luego la piscina del hotel, la ducha, el pollo con patatas fritas.
Un libro de Bernhard sobre la mesilla, el austriaco que odiaba
a Austria, mucho whisky, mucha cerveza helada,
y me acuerdo de un fin de semana en París, jodidamente caro
dijiste en el avión, en julio de hace
diez años, borracho, desnudo en el pasillo del hotel pidiendo
un cruasán recién hecho para la bestia de mi amante,
que estaba duchándose, meándose de risa en el bidé,
y aquí no hay metáfora, sino apunte realista, estendhaliano
o galdosiano, pies con las uñas rojas, el culo sobre la loza,
las piernas bien abiertas, y el agua saliendo.

No me olvido de la obra de Dios sino que la contemplo
desde la tentación y el gozo, desde la promiscuidad y la pesadilla,
desde el instinto y la flor de santidad, desde la violencia, la santa violencia.
Desde la extravagancia que da la edad y el salario mínimo.

Dos jóvenes, en un banco del parque, junto a una playa,
despiden agosto amándose con maneras de época y de película.
Cualquiera podría verlos, y esto regala más barro a su deseo,
cualquiera podría ver el culo del chico, arrastrando
el vaquero con los pies, bien amorrado
entre las piernas de su novia, las tetas pequeñas
de una veinteañera con un tatuaje en un pezón,
la desafiante voluntad con la que joden,
esa voluntad de joder, de morder y de meterla a mala fe,
cuando se tienen veinte años, me enamora a mí también.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

EL NADADOR

 

EL NADADOR

Se acerca un árabe negro en mitad de una terraza frente al mar.
Aún tiene la piel mojada, viene de bañarse y se sienta a mi lado
y me dice en un español envidiable, y en un tono secreto y sonoro:
sabes, no tengo nada, no poseo nada, y podría haberlo tenido todo,
los hombres se distinguen por lo que ambicionan: unos quieren
dinero y poder, otros renombre y méritos, triunfar, el éxito,
otros hombres buscan placeres, otros un trabajo honesto y fundar una familia,
otros ahorrar para cambiarse de coche, otros quieren divorciarse y casarse
con alguna más joven, pero yo, créeme, sólo quiero hablarte a ti,
que tú sepas por mi boca que todo es mentira, que hasta el arte
y la música son mentira, que hasta el aire que respiras es una mentira,
y de eso me he dado cuenta ahora, cuando salía del agua;
he estado toda la mañana en el mar, fíjate cómo tengo las manos
de arrugadas, he nadado hasta muy lejos, y luego he vuelto, me podría
haber quedado allí, pero he vuelto y al salir del mar, cansado,
triste, te he visto en esta terraza y he mirado tus ojos
y me has dado pena porque sé que estás completamente solo,
que duermes solo, comes solo, bebes solo.

¿Qué más viste allá, cuando estabas en mitad del mar, después de haber
nadado toda la mañana?, le pregunto. Y me contesta:
ya te he dicho que podría haberme quedado allí, muerto o vivo,
ahogado o convertido en una ola de sangre, vi que muerto
importo lo mismo que vivo, y vivo lo que muerto,
y en ese instante, me vinieron a los ojos los ojos de mis padres
el día en que nací, y me sentí muy libre, demasiado libre.
Pero si quieres saber lo que me dijo el mar, bien, esto es lo que me dijo:
“Ninguno de entre vosotros fue mejor que otro y todos moriréis.
Todos carecisteis de la mínima grandeza, ni uno sólo
de entre los vuestros fue excepcional, todos valéis lo mismo”.

El árabe negro se levanta de la silla y se marcha. Yo pido una ginebra
con hielo y limón y bebo hasta que llega la noche, casi en ayunas.
Borracho, terriblemente borracho pido la llave de mi habitación
en la recepción de mi hotel, estoy muy mareado, salgo a la terraza
de mi habitación frente al mar —me costaron tarifa doble las vistas al mar—,
y me entran unas dolorosas ganas de joder con tres mujeres juntas:
será que me estoy muriendo en medio del mar, pero, en efecto,
todas las instituciones de la tierra son una enervante mentira,
como el moro negro me dijo, aunque no me revelase lo peor.
Lo peor, sin duda, es que da igual, porque todo el mundo cree
firmemente en la mentira. Puede que los únicos que no creamos
en ella seamos él y yo, él en el agua, seis horas nadando,
como en la película aquella El nadador, de piscina en piscina,
de playa en playa, yo, bebiendo, de hotel en hotel, ginebra tras ginebra,
los dos completamente solos, ¿quién nos iba a querer,
si no creemos en nada, si estamos obsesionados con lo que fuimos,
pensando que en lo que fuimos se esconde la razón de esta falta de fe?
Ojalá no nos quiera nadie, y podamos seguir nadando, porque nadar
es bueno, porque nadar en el mar, en el mes de julio, es muy hermoso.

 

 

 

 

MALLORCA

Yo también estuve en Mallorca y compré la entrada de la Cartuja
de Valldemosa y me fui —gratis— a la tumba de Robert Graves,
que eligió España como quien elige una cubertería para la boda
de unos parientes lejanos.

Chopin y la viciosa de su novia anduvieron por aquí con pijama
de invierno, no se tocaron un pelo, ni soñaron los millones
de turistas que a Mallorca vendrían cien años después.
De haberlo sabido hubieran comprado media isla.

El mar confunde al atardecer, pues me devuelve héroes de la antigüedad,
de mi pasado, y me veo con barbero en un recreo de los Padres Escolapios,
me veo haciéndole el amor a una china, que me pagó un camarada del ayer.
Me veo trabajando de albañil para pagarme los estudios
que, claro está, no me sacaron de pobre.
Me veo con los ojos llorosos cuando supe que Anabel, mi novia
de los quince años, murió en la carretera, estampada contra un camión,
y toda la clase asistió al entierro y ella quedó allí, en su penumbra,
en su mala suerte, en el robo o rapto de su vida. Ya no gozaría
de lo que yo iba a gozar, y el mar de la existencia nos separó para siempre.
Ella quedó muerta, y yo vivo, ella paralizada, yo creciendo como un árbol.
Sus ojos eran como lilas, ella se fue al gran reino de la nieve
enterrada en la tierra, nieve dentro de una tumba que no se deshiela,
y yo me quedé por aquí, por las calles, por las tiendas y los bares.

Alquilé un Ford K con aire acondicionado y me fui a Porto Cristo.
Estuve toda la tarde en el agua, y me hervía la piel, y no podía
calmar ese calor, y salí del agua y bebí ginebra con hielo
y pagué una cuenta de ochenta mil pesetas, estuve bebiendo y comiendo
mejillones de roca y doradas y almejas y langosta,
hasta que se hizo de día, y luego, con arena en los ojos y en los labios,
nadé hasta el horizonte y vi mi piel arder y era el mes de julio,
eterna nube de verano, cómo me gusta que vayas sin bragas,
que te sientes en la mesa del hotel, morena y dichosa, medio desnuda
de cintura para abajo, que comas la ensalada ilustrada
sabiendo que debajo del vestido está lo que a Pedro Salinas tanto entusiasmara
y no supo muy bien cómo llamar sino usando lo de siempre: las metáforas.

Y mañana te vas a Nueva York y me dices que no me olvidarás nunca
y las dos cosas son ciertas, y para eso sirven desde siempre las playas de España.
Vuelves a tu trabajo de azafata en las tiendas de Carolina Herrera de Manhattan.
Nueva York es un sitio con quince millones de rostros, perderás el bronceado,
colgarás el póster de las Cuevas del Drac y esconderás la fotografía
que me hiciste en mitad de la arena, cuando dijiste que la tenía
como el Faro de Alejandría. Yo no tengo dinero para ir a Nueva York,
lo gasté todo en una semana en Mallorca, yo soy un señor de la península,
yo sólo tengo lo justo para mandarte esta postal del cielo, como dijo otro poeta.
Y tú, como todas las Navidades y en señal de memoria,
desde América me mandas un lote completo
(gel, colonia, after shave) de Carolina Herrera for men.
Y no sabes lo bien que me viene y lo mucho que me dura.

 

 

 

 

EL BOSQUE DE LAS HAYAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Valle del Aspe, agosto del 98)

Dios dio a la clase media el buen tiempo y el verano
para que gozasen del baño, del agua y de la luz,
como esperanza y anuncio de un futuro inigualable,
superior al esplendor y el gobierno de los tiranos.
La vida y España siempre estuvieron llenas de tiranos.

Así llegaban los obreros y los empleados a la orilla del mar,
del río o del lago, con sombrillas y hamacas baratas,
con la comida hecha en casa, con la bebida en la nevera
portátil, con las sandalias nuevas, con las flores del gorro
de agua, con el periódico, el cigarro, y el bigote sobre el labio.

No quiero seguir escribiendo poesía. No creo en ella.
Es una dedicación de cobardes, de legisladores menesterosos.
La poesía dejó de servir a la vida para servir a la historia
de la poesía, una vieja tentación de los hombres,
un ridículo aburrimiento, un vaso vacío en la medianoche.
Me paso la vida comprando navajas.

Me miro en el espejo del hotel Bernadette,
voy vestido de blanco, con corbata de seda,
como un comulgante, con el rosario y la cruz
en las manos, telúrico, claro, exaltado y ni siquiera
son las once de la mañana y ya he bebido
con indebida abundancia, mano fastuosa en la botella.

Me miro en el espejo sucio del hotel Sahara Inn,
en Marraquech, la moqueta roja del suelo es casi sangre,
las toallas no quitan el sudor de los cuerpos,
y el agua quema y está contaminada.

El bosque de las hayas está ofendido y me acuerdo del pasado.
En el bosque de las hayas busco frambuesas y arándanos.
Quisiera estar aquí, sobre la tierra, como están las hayas,
los robles, los serbales y los abetos blancos.
Los árboles son como los muertos.

Mi pasado es un río, un molino, una navaja, una caña de pescar.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

ROSARIOS Y NAVAJAS

 

ROSARIOS Y NAVAJAS

Hice un viaje a Lourdes, Francia, en julio del noventa y ocho,
fecha radiante, días de cerveza helada y de amantes pobres
en la carretera de París.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn Lourdes no hay casinos
sino decenas de hoteles para peregrinos que rezan y piden,
como yo,una vida longeva, salud a raudales y un error
de la Virgen que otorgue al pecador irreverente la curación de su alma,
o de su cuerpo, o de ambos a la vez, juntos en platónico matrimonio.

Lourdes es el gran comercio de los templos,
se venden rosarios y navajas, suvenires desdichados,
vírgenes azules, espejos bifrontes que simulan
la encarnación del espíritu con un mal gusto clásico
y con un misticismo de tómbola española,
mantos, oraciones, plegarias, agua bendita y toda la colección
de cuchillos de la famosa marca “La main couronnée”,
y un adhesivo horrible del “Tour de France”.

La mano se corona con un rosario o con una navaja.
Vi muchos curas con sotana, curas jóvenes, atractivos,
y curas africanos, que ya son muy frecuentes: ese cura negro,
con gafas de pasta, ilusionado, con belfos duros
como la mirada martirológica de Cristo,
cura negro al servicio del delirio religioso del invasor blanco.
Los sacerdotes negros siempre han renovado mi fe en Roma.

“Tal vez haya hoy un milagro”, comentaba alguien en español
del Sur de América, tierra milagrera y harapienta.
Y a las siete en punto comenzó el desfile de sillas de ruedas:
canadienses, ingleses, italianos, franceses, polacos, rusos,
todo un mundo rico, lisiado y meditabundo, buscando aquí
la última fuente sin fundamento es el rigor de nuestra raza.

Cené en Mc Donald’s, porque en Lourdes hay Mc Donald’s,
una buena hamburguesa con patatas fritas, y un vaso
de cocacola con hielo, treinta y cinco
francos, comí al lado de monjas, postulantes, novicias y creyentes.
Yo, un hombre solo, una mano en la hamburguesa,
en la otra una patata larga y amarilla, fina y quemada,
un turista absurdo, un tipo que viaja
a los confines morales de este mundo blanco: la mano se corona
con un rosario o con una navaja, tal vez con las dos cosas juntas.

En la habitación de mi hotel, con vistas a ese río de aguas verdosas
con olor a incienso —en Lourdes todo es olor a incienso, a la más despiadada
enfermedad, a romanticismo conservador, a siglo diecinueve,
a las páginas de Chateaubriand, a sacristía con tinieblas doradas,
a pecado y a éxtasis, a faja de monja de la talla más grande,
a sostén de novicia de la tela más áspera,
a sotana sudada, a sandalia de fraile,
a tortilla y merluza hervida,
a camas que, al abrirlas, exhalan olor a muerto,
a todos los muertos, a todos los Santos—,
extiendo sobre la cama húmeda lo que he comprado en esas tiendas
que se parecen tanto a las de la Costa Dorada de España:
un rosario brillante y barato, y una navaja “La main couronnée”,
la que corona la colección, la más vistosa,
la más larga, la más ancha, la más cara,
la que se ha llevado mis últimos doscientos francos.

Dicen que el engañado hace descender todo su infortunio
de un arquetipo repetido y gastado, de un solo rostro;
el rostro de uno mismo, añadiría yo, visto a lo largo del tiempo,
la pesadilla de estar vivo, la feliz pesadilla de la vida muy amada.
Ojalá cuanto me causó pena y sacrificio se convierta en Dios mismo.

Abro el balcón del hotel “Bernadette”,
un balcón blanco, cuyos postigos predicen una canción de despedida,
y me acuerdo de todo lo que he sido y no sé adónde viajaré mañana,
cuando esta noche de agosto iguale mi oración y mi deseo,
porque yo también me extingo, demasiado sé que me extingo,
pero esta voluptuosidad malsana, media, cansada, monástica,
de robar el aire y la santidad de lo que arde y es vida,
y esta ciudad que postula y duerme de rodillas,
y esta esencia maquiavélica del Cristianismo y de los ídolos,
esta liturgia  de navajas y rosarios que morirán conmigo,
y este whisky que bebo maniáticamente mientras el alba crece,
y estas punzadas en el corazón, me dicen que todos mis pecados,
mis malas artes, mi pequeña avaricia y mi contumaz sacrilegio,
el ídolo que hubo en mí y se esfumó como un traidor confeso,
el dolor, mi dolor, mi pena antigua, cansada, distinta,
estos días, estos años, de pueblo en pueblo, solo, soñando,
viejo de sotana raída donde las flores del mundo cuelgan miserablemente,
y a veces no tan miserable sino divina o dichosamente,
estos años viajando por Aragón, con la mirada de Iván el terrible,
todo este tiempo se ha hecho, finalmente, bueno, puro y noble,
o majestuoso y cándido, muy bello, muy frío y muy Ulises
tentado por sirenas de culos grandes y bocas negras;
y con la conciencia de un hombre que ha bebido
demasiado para una velada solitaria, me tumbo sobre las sábanas,
desnudo como una reciencasada en su noche de bodas.
Y es el mes de julio, y aún es el verano más fuerte de mi vida.

 

 

 

 

MACBETH

Esta mañana he embarcado en el Ferry que va a La Gomera
desde Santa Cruz de Tenerife, me he sentado en la terraza
de cubierta y he empezado a beber Campari y a comer olivas rellenas,
y al rato ya estaba completamente ebrio, una escocesa
sucia y pintada, de unos cuarenta años, con un escote duro,
enseñándome sus hermosos pechos negros y hermanos,
se ha sentado a beber conmigo; es una estudiante de español
de la Complutense de Madrid, me ha dicho, y ha sacado la lengua
de su boca para decírmelo, ¿dónde está Escocia?, le he preguntado yo,
¿dónde está tu verga?, me ha contestado ella; hemos pasado
del Campari a la ginebra blanca, y tras un rato le he dicho a la escocesa
en un español inspirado, del que no habrá entendido nada:

Santo es todo cuanto está bajo las aguas,
desde el buque hundido hasta el pendiente de bisutería,
que cayó al mar en un amoroso descuido.

También el libro de mi vida está bajo las aguas,
sostenido por un hechicero de herrumbre,
entre peces y corales, algas y oscuridad.

La escocesa se reía y se ha quitado las bermudas
y se ha quedado con las bragas puestas como si fueran
un biquini, quítate las bragas le he dicho, vámonos de cubierta,
quítatelas, y se las ha quitado, y en un rincón del barco,
en un cuarto pequeño donde había ropa de trabajo y un cubo
sin agua, hemos fornicado como dos borrachos sin escrúpulos,
pero con suerte, que atinan a meterla y menearse con pericia,
después, he cogido sus pendientes y los he tirado al mar,
ella ha cogido mi cartera y me ha dicho eres un hijo de puta,
esos pendientes eran de oro y valen diez vergas como la tuya,
y ha sacado de mi cartera los diez billetes que guardaba para comer
solo en la isla, y tomarme una ginebra en algún garito de la playa.

El reino de Dios está adornado con las joyas de oro
que los mejores hombres llevaron hasta Él,
he fumado mucho esta noche y toso, voy de tasca
en tasca, y ya sólo hay cerveza caliente en los garitos del amanecer,
pareces un cura rebotado o un pringao, me dice alguien que me escucha.

Lejanos y marchitos, los héroes abandonaron el cielo y la tierra,
su lejanía hace que mi vida sea triste, su abandono es mi abandono.
Yo crecí con ellos, niño que espera en un balcón sobre el río, o nadando
en el mar, en vísperas del mar de julio, y les oía venir, y no vinieron.
Les oí hablarme, y no me hablaron, les oí amarme, y me olvidaron.

El mar acepta mi vulgar regalo de unos pendientes de oro
en honor de los siglos que ha permanecido solo,
acepta que yo me acuerde de él un momento.
La vida se quemó, no puedo estar enamorado siempre, no quiero nada.

La noche de las estrellas, la ballena albina,
el siglo diez antes de Cristo, una choza en medio del mundo,
un río, una lengua que no tiene escritura, frutos,
verduras, alguna cabra, una liebre herida, un fuego,
una cueva, una piel de cordero, una lanza de piedra,
el mar como un escudo, como el pecho de todos los pecados,
los dioses miserables, inventados,
el bosque, la nieve, el asado, el mar es el terror,
el gran terror, la cara de los muertos, la muerte,
el dolmen, el granizo, la intuición de que Dios vendrá.

Mandorla negra del océano, cripta con agua salada muy abajo,
la fotografía de una época remota, nada hubo, nada quiere ser en mí,
y el mar se retira y llega la luz del amanecer y yo regreso al hotel en que me hospedo.
El niño desapareció, los héroes cantaron y no fueron oídos, el mar marchó
hacia un gran silencio, y yo bebí, y toda la tarde estuve durmiendo.

Y de todo aquello que acompaña a la vejez, como el honor, el amor,
la delicadeza, la obediencia, las grandes legiones de amigos,
yo no debo esperar nada.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

SIETE POEMAS DE ‘EL CIELO’

septiembre 30, 2019 Deja un comentario

 

AIRE DE TORMENTA

Desde hace diez años duermo de día y también de noche.
He venido a la Costa intentando despertar, me quedé solo en la vida,
mi mujer me abandonó por otra mujer y no lo supe hasta el último día,
me quedé con mi perro Trajano, otro bello durmiente, la herencia que me dejó
mi abuelo Valero la gasté con golfas valencianas, catalanas,
andaluzas, vascas y africanas, y luego empecé con las francesas,
con las chinas, y las peruanas, y me dediqué a viajar como una tormenta,
dejando agua y nubes negras, lluvia y granizo, rompiendo las cosechas
y mojando a los novios que se besaban en el parque o en las afueras.

Vivía aquí y allá, paseaba por ciudades como Roma o París,
solo, rico, lo suficientemente rico, ocioso, disfrutando de mi herencia,
mirando las casas, los bares, los hombres, los restaurantes y las tiendas.
Sin trabajo y con dinero, y hermosas calles de París ante mi vista.
Pecados negros, pecados blancos, callejones, orillas del Sena,
el teatro, el veneno, las copas ya bebidas, la luz de Gabriela,
una amante que tuve, su piso viejo, un exorcismo, un milagro,
la luna arriba, la inmensa tormenta que descargó aquel verano;
Gabriela que hablaba de su padre,un argentino muerto
en Alemania, pisado por un tren, un fantasma que la visitaba,
una licantropía rigurosa, nietzscheana, el horror y el fervor de vivir.

He sido el ser más inocente, el más viajero, el más silencioso,
Retrataba las habitaciones de los hoteles donde dormía,
la cama, el escritorio, la ventana, la alfombra, la ducha,
luego dejé de hacerlo, eran tantas las fotografías que no sabía
dónde guardarlas, quizá en una caja fuerte de la diplomática Suiza.
Pedía la llave 224 de mi habitación y un conserje me atendía
con mucha ceremonia, subía en el ascensor, abría la puerta
y estaba solo, y ponía la tele y me pasaba la noche viendo
un programa de la televisión francesa, profundamente solo,
y luego un telefilme, y luego una película, El turista accidental.
Nadie sabía dónde estaba, nadie ya me conocía.

A veces me enamoraba de alguna mujer apenas entrevista en la mesa
de un restaurante, una mujer con vestido blanco, de unos treinta años,
quizá treinta y cinco, otras veces me refugiaba en los museos de arte,
me quedaba horas enteras delante de lienzos de Delacroix, o iba
a los cementerios donde enterraron a los poetas de la pasada centuria,
siempre solo, siempre deseando estar aún más solo, soñando
una soledad más dura, más grande, y con ella una perfección imposible.
Los hombres fueron ingratos conmigo, y las mujeres imagino que también.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO HOMBRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVuestra Merced escribe se le escriba
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLazarillo

Sentados en una terraza veraniega de Mallorca,
le digo a un amigo, inspirado por una ginebra blanca:
“El hambre de los niños es la única gravedad
de la historia, del estado y de la filosofía.
De los hambrientos son las guillotinas del futuro.
Dios es el ídolo de los pobres”.

No sé por qué pienso estas cosas ni por qué escribo de ellas,
cosas tan poco brillantes, tan de seminarista de aldea
que no ha visto las capitales de Europa donde viven
las novicias jóvenes,
esas que se pintan y salen a bailar por la noche,
esas de labios nuevos, sin estrenar, y carnes duras
porque tienen veinte años y muy mojadas las bragas.

Bebí otra vez de mi ginebra y supe que ya estaba solo,
en Mallorca, en una plaza con iglesia, llena de guiris,
acariciaba mi cartera, mordía mis gafas, acariciaba a Trajano,
y proseguí: “Si tuviéramos vergüenza nos haríamos misioneros
y tú, Trajano, llevarías en tu espléndido lomo un botiquín de la Cruz Roja.
Soy un seminarista ocurrente, un lobo marcado en la oscuridad,
soy un predicador del desierto, que se ha quedado sordo,
un teólogo retirado, un chamán ilustrado,
una celestina beata, un lazarillo tuerto,
una concha de mar ascendida de lo Alto,
un ser encendido que arde solo para él,
una velada con un único invitado,
aburrida, geométrica, lunar,
el hijo de Dios, el último que tuvo.
No dedicaré mi vida al servicio de la verdad.
Nací en julio del sesenta y dos, soy un hijo del verano
de España, un verano con sol y noches de fiesta
para el cuerpo, para la boca, para los pies,
para el culo de la mujer madura, para los muslos
de la mujer pagada donde se quema un tatuaje,
una boca abierta, el verano se muere de hambre.
Mes de julio, España, la sed, la moderna sed de no hacer nada
sino tomar el sol, desnudarse, estar desnudo,
muy empalmado, bebiendo todo el día cerveza y vino.
Mes de julio, España, los ricos, incompetentes y vagos,
los pobres, pobres y tristes”.

 

 

 

 

CAPRICHOS DEL QUE NO DUERME

Por las noches, cuando no puedo dormir de tan feliz que soy,
me levanto de la cama y me pongo a escuchar música y a escribir,
repaso muy vagamente recibos que me llegan del banco,
compruebo la marcha de los relojes de mi casa, mi casa está llena
de relojes, me plancho alguna camisa si estoy inspirado,
contemplo el sueño doméstico del gran Trajano y me ordeno
la mesa del despacho, me abrillanto los zapatos y escribo
con poca fe y me acuerdo de todos mis amigos de la infancia
y pienso en un acantilado frente al mar, y en el mar veo un barco
donde están mis pequeños amigos, navegando como valientes.

Encima de la mesa de mi despacho están las fotos de Kafka,
(a la señora que limpia mi casa le dije que era mi bisabuelo
y le pareció muy guapo y comentó que mis ojos eran los suyos),
un destornillador que compré en una oferta y que ahora empleo
para matar transparentes insectos del buen tiempo que se meten
en mi casa atraídos por la lámpara de mi mesa, una calculadora
Firstline con la que saco las tristes y baratas cuentas de mi vida,
un sello de caucho con mi nombre y dirección, una grapadora
negra con los bordes dorados, muy bonita, las gafas
de mi discreta miopía, las gafas de sol que no deberían
estar aquí, y una agenda con teléfonos y direcciones inútiles.

Y en la gaveta guardo una navaja preciosa, con la que, de vez
en cuando, amenazo, en extravagancia lúdica, al gran Trajano
y éste me reprende con algún ladrido de enfado melodramático.
Por la noche, mientras dura mi vigilia, repaso los rincones
de mi casa, a oscuras, descuelgo el teléfono y oigo la voz
grabada del contestador diciéndome que no tengo mensajes
ni nuevos ni antiguos, temo abrir las puertas de los armarios,
me gusta el contacto frío de los picaportes de las habitaciones
de mi casa, y luego, después de esta ronda noctívaga,
regreso a la cama, me quito las zapatillas, me arreglo con la almohada,
y mientras me duermo rezo un Ave María, un Credo y un Padre Nuestro.
Y aún me queda tiempo de que me resbale una lágrima azul
por las manos cerradas, por el pecho abierto, por la mejilla húmeda.
El verano es la estación en que me enamoré de ti
y conocí lo que la vida entrega, íbamos juntos al río,
España era una dictadura cayéndose sobre nosotros.
Y sólo sé decir, como esos seres obsesionados por algunas palabras
que difícilmente representan los hechos, el verano es la estación
en que me enamoré de ti, y sólo me faltaría añadir “Sabedlo”.
Pero ¿sabedlo?, no es ese sabedlo una señal de presumida retórica,
si nadie supo nunca nada de nosotros, ni nadie sabrá cómo te quise,
porque los amantes como nosotros no dejan rastro, no dejan nada.

 

 

 

 

RECUERDOS DEL QUE NO DUERME

Qué maravillosa estabas aquel amanecer, tumbada en el sofá
de la habitación, desnuda, fumando, leyendo una revista,
con los labios rojos, con la sonrisa de quien tiene una fortuna,
—mucho dinero he heredado de mis tíos suizos, dijiste en la cena.

Una mujer que recorre el mundo, amiga de las playas y del buen tiempo,
toda luz, espantosamente joven, no envejecerás nunca
le dije, bésame aquí, entre las manos, entre los rubíes de los dedos,
así lo haré, le contesté, es enorme esta suite, qué bello está el mar
cuando amanece, me gusta el Sur, aunque de todo me canso,
y lo hicimos un rato más, junto a la ventana, con las manos pegadas
en el alféizar, y yo cogiéndola por detrás, ¿cuántos años tienes?
Te gustaría que dijera dieciocho, pero tengo más de treinta.
Estaba sonando Cabaret en el hilo musical, y ya hacía calor.

Luego, aún desnuda, te miraste en el horrible espejo de la suite
y me dijiste ven acércate, elige una parte de mi cuerpo,
elige lo que quieras, acércame un cigarrillo, llama al servicio
de habitaciones, telefonea al aeropuerto, quiero irme a París.
Es mejor que viajes a Estocolmo, quizá a Helsinki, un lugar frío,
alejado de la impaciencia del verano, ven, elige una parte
de mi cuerpo, elige una parte del mundo, bésame despacio.

Una vez maté a un hombre, podría matarte a ti también.
He deseado que me mate una mujer como tú, ya he vivido
bastante, puedes hacerlo ahora mismo, no me moveré,
de verdad, planéalo mientras me ducho, planea un buen crimen.

Y ella me volvió a besar. Mátame tú, ya he tenido mucho amor,
mátame con tus manos, tampoco he de sacar nada ya de ti,
pero yo podría ser tu esclavo, estás tan hermosa a veces,
ese labio, esa mano, ese gesto tan noble, esa alma dura,
ese silencio, te hacen muy codiciable. Codicias lo que yo
de ti, el secreto de lo que fuimos, con ese secreto hemos amado
esta noche, márchate ya, ojalá no nos volvamos a ver nunca.
Ojalá, así sea, déjame contemplarte una vez más, ya no puedo tocarte,
estoy arruinado, yo podría hacerlo con otro hombre ahora mismo,
¿te das cuenta?, la vida nos dio una naturaleza inagotable,
márchate ya, quiero dormir un buen rato y olvidarte.

Imagínate que sólo estuviéramos tú y yo sobre la tierra,
que el mundo volviera al año mil antes de Cristo,
que no hubiera caminos ni ciudades ni estados ni gobiernos,
sino cuevas y aldeas, casas de cañas junto al río, y una luna
enorme en las noches de verano, piénsalo mientras te duermes.

 

 

 

 

EL ENAMORADO

Toda la noche soñando contigo, me he pasado la noche entera
soñando que te besaba en el patio de una iglesia junto al mar.
Qué enamorado estuve de ti, y no te lo dije nunca.
¿Lo adivinaste? ¿Lo deseaste? ¿Lo suplicaste?
Tenías seis años más que yo, estabas más hecha a la vida,
no te ibas de la cabeza como yo, sino que eras moderada y prudente,
aunque llena de amor por dentro, amor hacia mí,
hacia mí, que era un tipo de lo más perdido, y eso sí
se notaba a la primera, y cómo me acuerdo de tus manos
y de tu sonrisa, todos los amantes se acuerdan de lo mismo,
sólo que yo no me metí nunca en tu cama, un día me la enseñaste,
pero nada más. Y ahora me despierto y he soñado que te besaba,
y son las diez de la mañana de un verano monumental
y ya estoy bebiendo una ginebra, así, en ayunas, y salgo
a la terraza de mi habitación y veo a las turistas tumbarse
sobre la arena, y pienso que tú podrías estar aquí conmigo,
qué enamorado estuve de ti y cómo lo estuviste tú también,
y qué mal hicimos en no habernos revolcado mil veces
por mil camas, o qué bien hicimos, porque, conociéndome,
igual te hubiera pedido en matrimonio y tú hubieras aceptado,
y borracho como estoy todo el día, cuando me hubiera cansado
de joder todas las noches, a lo mejor me daba por darte un puñetazo
o tirarte a un río, o a ti por pegarme un tiro,
o envenenarme o pegármela con otro.
Cómo puedo decir todo esto de ti, que eras un ángel
y lo sigues siendo, y de mí, que te quise con inocencia.
Será mejor que siga bebiendo hasta que te borres de mi memoria,
y esto sí que me hace llorar, y soy un tipo que está llorando
a las diez y media de la mañana, sentado en la terraza de una habitación
para turistas, con una ginebra caliente en la mano —son los restos
de la noche—, llorando porque si te echo de mi memoria,
verdaderamente entonces sí que ya no me quedará nada.

 

 

 

 

EL DESCONOCIDO

En una noche de agosto, en Cadaqués, empecé a beber con un desconocido.
Se hicieron las seis de la mañana, nos fuimos con una botella de ginebra a la playa,
ya hacía ese maldito calor del que no ha dormido, esa vejez del deseo.
El desconocido miraba las luces de las estrellas y divagaba, había una barca
en la arena y le tiraba pequeñas piedras mientras bebía y fumaba.
El desconocido me había acompañado de barra en barra, con muchas ginebras
en el cuerpo, presos los dos del mar y de los barcos del acabamiento físico,
hablando de mujeres y de fútbol, contando chistes y moviendo el pie
en señal de ritmo, cogiendo con la mano un mechero Bic y con la otra la copa.
El desconocido me dijo ya está amaneciendo, ahora refrescará, una vez
tuve un buen trabajo, ganaba bastante dinero y mi madre estaba orgullosa
de mí. Yo era bueno en mi oficio y le dedicaba mi vida entera. Un día mi madre
enfermó, y los médicos me advirtieron que iba a morir, pero de una muerte
larga y lenta, impredecible. Me ausenté de mis obligaciones todo lo que pude para cuidarla,
mis jefes me preguntaban por mi madre casi todos los días, pero me di cuenta
de que no podía faltar a la oficina por más tiempo y busqué una enfermera.
Una noche mi madre empeoró terriblemente, pero a la mañana siguiente
me dijo que estaba mejor y yo me fui a trabajar, y mientras estaba trabajando
en mi despacho, mi madre murió. Yo no la vi morir ni estuve con ella en ese instante.
Llegué a casa y ya estaba muerta. A los seis meses me despidieron del trabajo
porque mi departamento ya no era rentable y yo mucho menos que mi departamento
porque me había vuelto melancólico, intratable, perezoso, alcohólico, violento.
Me dejé la piel y la piel de mi madre por ese curro y luego me mandaron al limbo.

No me vas a dar lástima, le dije. Si no tienes donde dormir, duerme en la playa.
Yo ya te he pagado quince ginebras y seis paquetes de Marlboro, y yo sí
tengo donde dormir, en un hotel de tres estrellas, que no está mal, el chorro de la ducha
es potente y las toallas y las sábanas están mucho más limpias que tu alma.
No obstante, si te sirve de algo, te diré que siento lo de tu madre, y si tuviera
una edición de las poesía de Jorge Manrique te la regalaría ahora mismo,
porque Manrique fue un tipo que perdió a su padre como tú a tu madre,
pero él no tenía un mal curro como tú, y desde luego, bebía mucho menos que tú.
Y Manrique, el poeta y el guerrero, hubiera sabido degollar
a todos esos jefes tuyos que impidieron que le cogieras la mano
a tu madre cuando se fue de este mundo.
Eso es lo que te está matando, que no hayas tenido el valor
de matar a quienes te confundieron y te indujeron a una vida falsa, sin honor.

El desconocido se levanta y arroja al mar una botella vacía de ginebra,
se quita la camisa, se queda desnudo y entra en el agua con gesto decidido,
adiós, me dice, me marcho al fin del mundo, y se cae en mitad de una ola.
Está tan borracho que, al caer, se ha abierto la cabeza contra una roca del fondo.
Cuerpo inerte, la ropa en la orilla mojada por las olas, la cabeza y el pelo lleno de sangre,
la ginebra que se mezcla con la sangre y la sangre con el agua, llamo a la policía
y un médico dice que el desconocido acaba de palmarla, que estaba tan borracho
que el golpe lo ha asfixiado, y le miro a la cara y sí, tiene cara de faltarle el aire.
Me llevan a comisaría y regreso al hotel a las siete de la tarde, cansado, sucio,
con cien declaraciones firmadas, con un cheque de cuarenta billetes extendido
a un joven que ha hecho las veces de mi abogado, harto de cafés y subcomisarios,
me echo en la cama del hotel y me quedo dormido pensando en la madre del desconocido,
en el encuentro de los muertos, de la madre muerta, el hijo muerto, todo muerto,
y mientras los vecinos de mi habitación toman el sol en la terraza
y la orquesta del hotel —un hotel de turistas— empieza a montar el escenario
al lado de la piscina, y yo estoy perdido en este mundo como una bestia
sin corazón, como un capitán de infantería de la Gran Guerra con el pecho
cosido a balazos, con un bigote grande, con cejas negras, ancho de hombros,
un capitán que parecía muerto, pero que de repente sale de la trinchera
y comienza a disparar a todas partes, y resulta imposible que un hombre
que lleva tantas balas dentro pueda seguir empuñando una pistola.

 

 

 

 

LA LUZ

Entraba la luz de la tarde, posándose en las pequeñas botellas
del minibar de la habitación de mi hotel, una luz de montaña
—estábamos en el hotel más caro de los Alpes—, que traía el frío
de finales de agosto. Desde la terraza, ponte un jersey si sales
a la terraza, se podía ver esos pinos enormes, religiosos, fragmentos
de la carne de un dios inocente, ¿por qué no quieres ver a nadie,
cabrón antisocial, te pasas los días aquí metido, bebiendo
y mirando los pinos?, me preguntaste, y yo te lo dije bien claro,
estoy jodidamente muerto, soy sólo un cadáver que viaja
por el mundo, un cabrón de vacaciones eternas, un asaltador
de minibares de hoteles de lujo, un consumidor de minibotellas,
y sólo me importa esta luz, esta luz que ilumina la habitación
porque esta luz es lo más misterioso que he visto nunca,
parece como si en ella cupiese la vida que he vivido
y la que no podré vivir, todo mezclado, claro fantasma.

Tu falda y tus bragas negras estaban en la silla, y tú sentada en el suelo
bebiendo un gintonic, si no me gustases tanto, dijiste, ven aquí,
volvamos a la cama, y empecé a comerme tus brazos,
tus manos, tus uñas bien cortadas, y la luz seguía entrando
y resplandecía en las etiquetas de las pequeñas botellas
del minibar. Eres un guarro, hijodeputa, no me lo hagas así,
eres un guarro, seguías diciendo, pero la luz no se marchaba nunca.
Y ella que hablaba de su vida y de sus ilusiones,
y su ropa interior esparcida por la habitación,
decentemente esparcida, y quejándose
de que, en vez de salir por ahí, nos quedásemos jodiendo
toda la noche, y luego, colmada, diciéndome eso
de erres un guarro, hijodeputa, te he dicho que no me lo vuelvas
a hacer así, toda la noche llamándome, repitiendo lo mismo.

Me quedé dormido un rato, me levanté de la cama, desnudo,
fui al minibar, cogí el último botellín y me lo bebí de un trago,
fui al lavabo y dejé correr el agua hasta que salió fría
y luego bebí, y mojé mi boca y mi lengua mucho tiempo,
tú seguías durmiendo, aún tenía líquidos tuyos por todo mi cuerpo,
saliva tuya y aguas de tu sexo y de tu boca, escociéndome,
y la luz ya se había ido, trayendo una paciente oscuridad.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

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TRES POEMAS DE ALBERTO SANTAMARÍA

 

ANÉCDOTA DEL DESEO

esperamos
demasiado tiempo
su llegada

he fregado los platos
visitado a los vecinos
doblado las camisas

creído que era posible
una forma particular
de estar ante los hechos

pero las cuatro patas
del deseo
se convierten

de golpe
en toscos muebles
de época

no sabría explicarlo
de otra manera
lo siento

quizá explicar
sea el verbo
menos útil

de nuestra lengua

 

 

 

 

EL SISTEMA DEL AMOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA house is not a hotel
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHellacopters

¿Qué te parece escapar de todo límite,
estar a la vez dentro y fuera como el animal que preso huye
hacia su instinto?
Me imagino que en donde tú vives nada es más parecido a la noche
que esta vaga sensación de estar atrapado. El ascensor ofrece
largas visiones del mundo donde parejas, animales, sedantes frases
que rozan el sabor eléctrico de una historia (qué poco importa
saber la verdad) te empujan como el pez que remonta su pasado.
Me has preguntado
si llegaré para la cena, que si llevo vino, que si sabré cuál es el timbre,
pero de allí de donde tú vienes (el futuro, la victoria que trabaja sus símbolos
como círculos hacia ningún horizonte)
estar atrapado significa esto: comportarse como el animal que persigue
el hipnótico aroma del deseo.
¿Qué te parece huir de todo límite? Si me lo preguntases ahora
te diría que es necesario escapar del vientre de las olas, de la arena,
(de todo lo que signifique naturaleza), de la ropa que cuelga bajo la lluvia,
caer
sobre alguna evidencia, tal vez atrapar alguna ciudad dentro y fuera
de la tierra, pero nada más, nada más.
Tal vez no te lo diría. Ahora que ya he probado esta porción de ti
que llamas sofá, calor, luz, no te lo diría. Una palabra tras otra, un golpe
sobre el tiempo exige un cuerpo que lo piense, una mente dispuesta. Una mano.
Me imagino que en donde tú vives
huir es la forma perfecta de la noche. Decirlo ya no es fácil, cariño.
Nadie promete un final
para algo que nunca ha empezado. Así funciona el mundo.
Así de simple.
(No te dejes engañar)

El placer siempre hace lo que puede por sus hijos.

 

 

 

 

EL SISTEMA DEL AMOR
(Lección de filología botánica)

Lo que yo diga no importa nada, nada. ¿Acaso le importa
xxxxxxal aire .el aleteo idiota de un pájaro? Jamás he re-
xxxxxxgado las dos plantas que me regalaste —Monstera
xxxxxxdeliciosa, Platycerium bifurcatum— y sin embargo
xxxxxxcrecen .sin .misterio hacia .lo .alto. Huyen hacia ti
xxxxxxdesde mi casa.
De mi cocina
sale humo
en un idioma
que desconozco.

 

 

 

Santamaría, Alberto. Pequeños círculos. Barcelona, DVD ediciones, 2009.

 

PEQUEÑOS CÍRCULOS

 

LOS CASTRATI HAN VUELTO PARA HACER DE LAS SUYAS

entre tanta niebla
su voz hecha de nylon resuena
como el roce hueco
de las castañuelas

como una boa
como músculos sin más objeto esta tarde
que saciar su bondad negra y aderezada
entre fibrosas ramas de helecho

llegan

(No se trata de placer, Febo. Eso .sería .tan .fácil como des-
tripar un kiwi o plantar con .cuidado .la .oscura .semilla del
aguacate en un vaso de .agua. Pronto .tendrías .resultados.
Se trata de eso-que-está-por-pasar. “La tonalidad básica de
la cultura del rendimiento .no .se .orienta a la obtención del
placer, .sino .al .mantenimiento .de .la .excitación”. Esperar,
eso es).

llegan

(llegan camiones desde Cracovia abarrotados de madera.
xxxxxxSu corteza es ocre como tus ideas)

llegan

los castrati han vuelto
merodean
con su cabello enredado en los gruesos hilos de la niebla

han vuelto

y no preparan nada bueno

 

 

 

 

EL FILÓSOFO TRABAJANDO
(Apuntes para un ensayo sobre la belleza pasajera)

1
Imaginé que la lluvia como imagen nos serviría.
Su forma de llevarse los dedos a la boca, su inocente
silueta entre las uvas del mercado, sus dedos
como púas de un tenedor, rechonchos por la base
y afilados cerca ya de su presa,
imaginé que sería otra buena definición
de la …
déjalo, es inútil dar forma a lo que posee ya
su lenguaje definitivo.

 

 

2
(Aquí deberías añadir
algo
entonces
sobre la belleza. O cómo se derrama
torpe e impaciente sobre la mesilla
un vaso de agua. Perpetua dicha son las cosas bellas).

 

 

3
Sin embargo
parece que va a llover. Caminas
por la habitación de puntillas,
sigilosa, como si con tus pies
diminutos fueses capaz de añadir palabras
a esta búsqueda. (El lenguaje ya no cabe. Hierve el agua en un cazo).
Una camisa
pende sin músculos
del respaldo de una silla de mimbre. Estiras tu brazo.
Sacas del armario
el chubasquero rojo
como si extrajeses de tu cuerpo
un órgano muy delicado.
(Tu palabra vibre entonces como la piel de una campana).
Te sienta tan bien
ese color.

nunca me lo habías dicho.

 

 

 

 

LA PELUCA DE LAS COSAS.
LO IGNORADO

Pero lo ignorado también existe en sus pequeños actos. Se trata
de no volver con las manos vacías, por eso traemos vino
y algo de queso para la cena; miramos el rastrillo
que junto a la puerta tienta nuestros dedos, la barba del cartero
que se espesa casi blanca a la altura de la barbilla; medimos nuestra distancia
hasta el cubo lleno de leche
sobre el que un hongo de humo asciende —niebla
que atrae al alto hocico del invierno—. Nos llevamos el vaso a la boca
que luego volveremos a colocar sobre la mesa
con la marca lechosa del sorbo en su filo. Es algo más
que la aparente variación de un músculo. En los márgenes
siempre hay vida, como ves. ¿Quién guardará entonces nuestro secreto
ahora que hemos perdido los billetes de vuelta?
Nada en este lugar nos es familiar. Ni la luz que exgera
sus límites, ni el timbre metálico del carnicero
que afila sus cuchillos alejado ya de su presa. Nada. (No te preocupes,
estás a salvo,
la ola de secuestros no te afectará a ti que comercias
con pequeñas lagartijas de cobre. Pero ¿quién es toda esta gente
que respira dentro de un enorme signo de interrogación?)

Oye, preguntas mientras descifras el número exacto de tu asiento,
¿sabríamos vivir en una ciudad tan común como esta?

 

 

 

 

LA PELUCA DE LAS COSAS II
(AFTER NIETZSCHE)

Nada en este retrato nos es familiar. Esa camisa, tu abuelo,
la luz, el cenicero cuyo fondo ennegrecido
hace imposible todo acto visionario, son sólo
formas de decir o, mejor, de expulsar
la escasa posibilidad de salir bien parados
de esta fórmula
que llamamos mundo,
belleza en ocasiones, las menos, es cierto.
Si pudieses congelar la imagen
observarías con el zoom preciso
las estrías, la ceniza, las marcas porosas
que el deseo filtra
como una pared húmeda
entre tus cosas.
Pero pedir gratitud
es de idiotas,
igual que pedir que la lluvia
con su espíritu militar
sea selectiva. Será mejor
buscar en otra parte. Tu ciudad es un buen sitio.
La avenida estrecha,
ribeteada por gruesos y elevados plátanos,
árboles tal vez de otro mundo. Es ahí donde vivimos.
Son las ocho.
Estará a punto de cerrar la tienda.
Con un pie empujará la reja metálica
hasta el suelo. Cuenta las monedas que tiene en el bolsillo.
La imagen se deshace, su belleza
oscura es casi nieve
al borde de la carretera.
Sería inútil repetir este gesto
un millón de veces. Nada cruje a nuestro paso. Es la vida.
Volvamos al principio. Sí. Buena idea.
En el frutero brillan
de nuevo
rojas y apiladas
las manzanas.

 

 

 

 

ANÉCDOTA BARROCA

de entre mis manos
te resbalas
como este jarrón
que descubre
delicadamente
en su interior
el vacío

 

 

 

 

ANÉCDOTA DEL LAGO 
(EL DÍA QUE DESPERTÓ JOHNNY CASH)

he logrado al fin
mi propia distancia frente al mundo

como el que traza círculos
sin obligación de hallar
nada perfecto en su trabajo

he llegado
hasta esta casa
junto al lago

llovía
me quedé dormido
junto a la raíz de un árbol

juncias
dientes de león
maleza
al despertar
la ondulación perfecta de sus cuerpos
frente a la brisa
su indiferencia
ante este mundo como un herida
que se desea abierta

me complace

 

 

 

Santamaría, Alberto. Pequeños círculos. Barcelona; DVD ediciones, 2009

 

RENGO WRONGO

 

Durante el tiempo
que dure este poema
te vas a llamar Wrongo.
Yo me llamaba Jorge,
ahora igual que tú
soy Wrongo.

 

 

 

 

Wrongo, el que sospecha
que DECIR SÍ A LA VIDA
CON TODOS SUS ABISMOS
no deja de ser pose grandilocuente
o autoengaño romántico

¡Una tarta de crema contra el rostro de Nietzsche!

Wrongo, el que intuye
que lo que sí tendría mérito
es decir sí a la vida
con todas sus miserias.
En fin, el cojo Wrongo, el rengo Wrongo.

 

 

 

 

La dinámica de acumular poder
y la dinámica de cuidar la vida

mal que le pese a Nietzsche 5.0
o a cualquiera de las versiones anteriores

no son —barrunta Wrongo—
compatibles

 

 

 

 

Reemprender el diálogo —defiende Wrongo—
entre cumbres y valles
entre arado y besana

Armonizar de algún modo
el topo con el águila
el saltamontes con el león marino

Reivindicar que la convivencia es posible
entre pleamar y bajamar
entre selva y cartero
entre cristal y espuma

Equilibrar
aquellas tres nubes casi perfectas
en aquel cielo casi vacío

 

 

 

 

Y no olvidar
aquella sublime declaración de amor
plasmada en un grafiti madrileño
que evocaba el poeta Eugenio Castro:
Te quiero porque tienes los pies planos

 

 

 

 

Wrongo hizo la mili
con el soldado Schweik

aprendió a montar en bicileta
con Alfred Jarry

estudió coctelería y apicultura
con Sócrates el griego

y fue iniciado
en el más salvaje erotismo místico
por Emily Dickinson

Con tal colección de antecedentes
no debería sorprender
que sus capacidades de adaptación social
dejen que desear

 

 

 

 

Ha llegado el momento
—estimaron Fiodor Dostoievski y Gabriel Celaya—
de tirarles una botella a la cabeza

Pero en vez de eso
cogieron la botella
y se sirvieron una copa
dispuestos a urdir una alegría provisional

Con timidez, Wrongo solicitaba que le dejasen sentarse
a aquella mesa grasientamente hospitalaria

 

 

 

 

Wrongo sufría
verdaderas dificultades para tomarse en serio
los paradigmas dominantes

No era afán de protagonismo
ni ganas de joder:
se trataba más bien de una auténtica incapacidad

¿Incapacidad congénita
para el aburrimiento consensual
o síndrome de hiperactividad infantil
no diagnosticado no reconocido no tratado
hasta hoy?

Hypotheses non fingo

Constatemos sólo
su afición por las veredas laterales
el ajoblanco con uvas
y las trochas comidas de zarzal

 

 

 

 

Quienes creen
que en el mundo sólo hay cazadores y presas
contribuyen eficazmente a crear ese mundo abominable
donde sólo hay cazadores y presas

Pero en el mundo, claro, hay mucho más
—se decía Wrongo absorto en la belleza
de los tres pájaros posados un instante
sobre la antena de televisión

 

 

 

 

Si se le pide a Wrongo
una definición de ser humano:

animal que camina al borde del abismo

 

 

 

 

Un adolescente espigado
y deseoso de hacer carrera como DJ
pregunta a Wrongo
qué es la vida.
Vaya pregunta imposible
antes del siglo XX:
ninguna contestación honesta
hubiera bajado de mil páginas.
En cambio ahora
—también en este ámbito hay progreso,
quod erat demonstrandum
frente a quienes querrían arrinconarnos
dentro de su fosca caverna imaginaria—
en cambio ahora
seré breve:

la vida es sencillamente
lo contrario del marketing

 

 

 

 

Wrongo dice:
qué haremos
con las montañas de cenizas tóxicas
de los deseos no realizados
la rebañadura de los envidiosos
y el daño a los inocentes

 

 

 

 

Amigos y amigas
de lo posmoderno:

¿recordáis —interroga Wrongo—
que el introductor de Lyotard por estos pagos
fue aquel joven y brillante intelectual español
llamado Federico
Jiménez Losantos?

 

 

 

 

Tanta pantalla de plasma
—suspira Wrongo— impide ver
lo que uno tiene delante de los ojos.

 

 

 

 

Conocimiento es poder:

y quien se entrega al poder
traiciona al conocimiento.

 

 

 

 

Con diecisiete años
una generosa infusión de datura
lo transportó muy lejos

Conversó con el Diablo en la calle Doctor Esquerdo
recibió una importante confidencia de Rimbaud
llegó a su casa sin pantalones
y durante tres días con sus noches todas las superficies
fueron brillantes enjambres de luciérnagas
trabajando para que la vida psicodélica
desbordase cualquier frontera o límite

Desde entonces sabe
que no hay ningún alucinógeno
más potente que la poesía

 

 

 

 

Wrongo habla con pocas imágenes
porque es harto consciente
del poder titánico de las mismas

Una imagen con la espoleta equivocada
puede matar a un hombre

Una imagen con el temporizador alterado
puede hacer saltar por los aires
toda una ciudad

 

 

 

 

Wrongo aconseja:
si te aburres, no escribas.
Si te diviertes, no escribas.
Aguanta. Y sólo
cuando estés más allá de tedio y diversión
echa mano del lápiz
y anota entonces
sólo una palabra

 

 

 

 

Los novelistas hablan
de la felicidad que supone terminar una novela

Porque ellos y ellas
sí que terminan:
punto final, y ved:
soy el creador de este mundo
responsable como dios
autosuficiente como dios
inalcanzable como dios

En cambio
un poema —o un libro de poemas—
no tiene punto final

Se escribe la última línea
y no se siente una felicidad especial
y desde luego se encuentra uno
en las antípodas de la autosuficiencia

Es alimento
pero da más hambre

Tiene sustancia
pero acerca al vacío

Ni publicado —aunque entonces
se desentiende uno—
está terminado
en ningún sentido significativo

Wrongo lo dice muchas veces
sin la menor coquetería:
sólo acaba de escribir el poema
el encuentro con el lector
con la lectora

Esa forma de escritura
mucho más vacilante y frágil que la novela
no crea mundos como ella:

los celebra
los interroga
los goza
los cuestiona
los atraviesa de parte a parte
como rayo de sol
o entrega urgente
o puntada de hilo

y sólo al incorporar alguien
el poema a su vida
éste puede darse
provisionalmente
por terminado

 

 

 

 

Wrongo escribe frenéticamente cartas
a los jóvenes poetas

“Mi querido señor Wappus
o Rappus
ya no recuerdo bien, pardiez
en mi neuronal estrechez
cómo se llamaba usted:

No piense tanto en lo que quería decir

Oiga en cambio de verdad
lo que realmente ha dicho

y déjese sorprender”

 

 

 

 

A los poetas
que de verdad empuñaron un revólver
—Wrongo piensa en René Char
o en Roque Dalton—
no se les ocurría fantasear
con que la poesía fuese
ningún arma cargada de futuro

 

 

 

 

Wrongo sigue pensando
que Brecht y Juan Ramón
no son antagonistas
sino complementarios

 

 

 

Riechmann, Jorge. Rengo Wrongo. Barcelona; Ed. DVD, 2008.

 

TODAS LAS COSAS PRONUNCIAN NOMBRES / MURO CON INSCRIPCIONES

 

DESAPARECEN las eras
y se construyen chalés adosados
desaparecen los ríos
y se construyen autopistas
desaparecen los hombres y las mujeres
y da miedo mirar oler decir
lo que están construyendo.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxget ready for the future: it is murder
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLeonard Cohen

EN PAÍSES donde no hay televisión
hay escuadrones de la muerte

Donde hay televisión
suele bastar con el fútbol
el body-building
y los programas-concurso

Pero si no basta el fútbol
siempre pueden volver como último recurso
los escuadrones de la muerte

incluso en los países donde hay televisión.

 

 

 

 

EL BIEN ya no es lo que era
el mal ya no es lo que era
la identidad ya no es lo que era
la alteridad ya no es lo que era
la posmodernidad nunca fue lo que era
el sujeto ya no es lo que era
el objeto deja mucho que desear
la ciencia ya no es lo que era
el mito de ninguna manera es lo que era
la verdad ya no es lo que era
y la ficción para qué contarles

el capitalismo
caníbal
sigue siendo
lo que era.

 

 

 

 

SOMOS casi cuarenta millones de seres humanos.
No digo que sobre nadie.
Somos menos de noventa osos pardos.
Digo que faltan muchos.

 

 

 

 

QUIENES ponen
el cartón dentro del contenedor de plástico
y el vidrio lo mezclan con la basura orgánica
sencillamente son incapaces de poner el corazón en el viaje
la verdad en la calle
la mano en la caricia.

 

 

 

 

VIVIR es pasar
de una prisa a una urgencia
de un terror a un naufragio
de un golpe a otro

pero sólo vives
si en medio de ese tránsito
sabes construir un nido.

 

 

 

 

LOS LABIOS
no desgastan el cuerpo:
lo recrean

La luna nace
cada plenilunio

La derrota
no es el final de una lucha
sino el comienzo de otro aprendizaje

Nada de esto lo ignoras

Hace años que vivimos juntos
pero si abres los ojos ahora
sé que veré una luz desconocida

 

 

 

 

UNA VEZ
por encima del tiempo, dice la lengua inglesa
para abrir desde dentro las puertas de la fábula.
Una vez por encima del tiempo
nos encontramos.
De una vez por todas
por encima del tiempo o a su lado
abrir el panal de la luna
beber la leche de la memoria
sosegar la premura del cerezo
fundar una morada.

 

 

 

 

“LA VIDA comienza a novecientos kilómetros por hora”
dice el eslogan de una compañía aérea.
“Damos respuesta a todas tus necesidades”
dice el eslogan de una transnacional de las telecomunicaciones.

Sé que volverse peatón anoréxico
no es una solución muy elegante
e incluso si se piensan las cosas hasta el fondo
no es una solución en absoluto.

Pero hoy once de noviembre de mi rabia
a las dieciocho cincuenta y cinco de mi asco:
quien por acaso sepa de algún otro remedio
capaz de aliviar la náusea
abismal
que me derrumba hacia dentro
que levante la mano.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxOtro poema de la experiencia:
xxxxxxxxxel encontronazo con la realidad sucedió en este caso
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la Embajada de Francia en Madrid

EN la ontología dominante
los seres del mundo se dividen en empresas
y particulares. Yo
no existo

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen los días en que juzgaba a Scilingo

CUÁNTOS fueron
Cuántos fueron
No basta que me digan treinta mil
Yo necesito saber
si 29.998
ó 30.112
Díganme cuántos fueron

 

 

 

 

SUFRIR no sirve de nada
dice el poeta: yo
me lo repito una y otra vez

Sufrir no da derechos
no mejora el corazón ni la cabeza
Sufrir no da derechos

Sufrir es sufrir
es no estar muerto todavía
no da derechos
sufrir es sufrir
todavía.

 

 

 

 

ME GUSTARÍA no saber palabras
como lixiviación
autosoma
disruptor endocrino
actínido
efecto Grenzach

pero una vez las sé
lo que no puedo hacer es vivir
como si no las conociera.

 

 

 

 

HAY demasiada autocomplacencia
demasiado exhibicionismo
demasiada imprecisión
demasiada cobardía.
Hay demasiados gestos
demasiadas reticencias
demasiada iluminación nocturna
demasiada penumbra diurna.
Hay demasiada moral
demasiada grasa
demasiados sustantivos tomados en vano
demasiado convencionalismo anticonvencional.
Hay demasiado esfuerzo
demasiada avaricia
demasiada prisa
demasiado pesimismo autogratificante.
Hay demasiado de mí en estos poemas.
Pero no hay
la suficiente rabia
ni el suficiente amor.
De eso
nunca hay bastante.

 

 

 

 

LA LUCHA
no se decide en las calles
sino en los callejones

de la conciencia

 

 

 

 

NO IMPORTA quién lo dice.
Importa lo dicho
y cómo dialoga con la piel del mundo.
Si la rasga o la cura,
si calor o veneno.

 

 

 

Riechmann, Jorge. Todas las cosas pronuncian nombres. Muro con inscripciones. Barcelona; Ed. DVD, 2000.

 

EL FIN DE SEMANA PERDIDO

diciembre 27, 2017 Deja un comentario

 

MENSAJE A LOS ADOLESCENTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxEsto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.

Niños, probad a hacerlo en casa
y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.
Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.
Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.
Hace siglos que están ocurriendo estas cosas
y nadie ha demostrado
que sean mucho peores que una guerra.
Existe un paraíso tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,
niños, lo estáis cambiando por la serenidad.
¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo
de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo
es un puesto en el mundo;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxahora bien,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxniños,
que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.
Tenéis razón: no es nada divertido.

Por lo demás, sé que no sois felices,
a lo mejor pensabais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,
pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos
y no tenéis derecho
a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

Aprended a ser libres, no esquivéis la mentira;
sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,
xxxxxxxxxxxxniños,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxno creáis
que la vida merece la pena de vivirse
sólo porque lo juren desde siempre los peores cabrones.

 

 

 

 

HABITACIÓN 341

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOncología

La muerte ha estado haciendo su tarea
en este cuerpo: acostados muy juntos,
el olor de los dos invade el cuarto.

Y son signos el timbre, la botella de agua,
el jersey esparcido de la visita, el pomo de la puerta,
de algo impostado, sólo duradero
en esta eternidad real de la agonía.

Decorado casual de cosas prácticas
para una muerte nunca calculada,
como todas las muertes.

(Le recuerdo riendo en una boda,
mucho tiempo antes de esta pasmosa eternidad.
La muerte ya pisaba sobre hojas secas
muy cerca de cualquiera de nosotros.
Pero estaba la música muy alta).

 

 

 

 

CUATRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHaz el amor con todo lo que sabes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJaime Sabines

Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios.
Ya no somos parejas y formamos
un círculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así, la muerte
no me tendrá del todo.

 

 

 

 

INTERVALO DE EVA VAZ

Ha venido a medianoche.
Ha venido a las 5 de la tarde.
Ha venido herida, igual que una página tachada.
Sé que ha venido,
está en las sábanas revueltas,
ha dejado su rastro en los libros y en las tazas,
como el tiempo, que mancha levemente:
hace regalos.

Habrá venido cuando yo no estaba
o me estaba fumando un cigarrillo en otro lugar que no aquí.
Hay un perfume vibrando en el aire,
hay dos o tres prendas diminutas sobre una silla,
sé de seguro que alguien ha andado con mis fotos.

Ahora ya no me encuentro ni en casa ni en la calle y no me importa:
ha venido, ha venido.

Ven, toma posesión. Yo soy La Casa.

 

 

 

Piquero, José Luis. El fin de semana perdido. Barcelona; DVD ediciones, 2009.

 

AUTOPSIA. POESÍA 1989 – 2004

diciembre 26, 2017 Deja un comentario

Esta es para mí una de las joyas de mi pequeña biblioteca.

 

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

FINAL DE UN AMOR

¿Acaso te sorprende haber llegado a esto?
A mí no, lo esperaba
como se espera un desenlace absurdo
tras la angustia creciente de un mal sueño.

Yo era un molde, la sed,
y tú desde el principio te empeñaste
en hacer de mí el hombre que no era.
Me imaginaste puro, incorruptible,
dueño de una paciencia que no tengo,
inocente: lo que jamás he sido.

Nunca quise engañarte, yo bien que te advertía, pero tú
siempre queriendo ver
en mí lo que tú mismo fuiste hace tanto tiempo:
un emblema de dulce adolescencia,
una certeza intacta.

Lo siento; este es el hombre que te ofrezco:
el residuo del tiempo, con los ojos en sombra,
uno que es incapaz
de habitar las estrellas que dibujas.

 

 

 

 

CANCIÓN DE ADOLESCENCIA

xxxxxI

Fue nuestro ese entusiasmo sin pretextos,
la primera mañana sobre el mundo,
las tardes temblorosas junto a un cuerpo intocado,
la noche de los tiempos,
creyéndonos hermosos y triunfantes.

Quisimos ignorar la idea de la muerte,
presintiendo que iríamos a llenarnos de sombras.
Por eso levantamos
un sueño a la medida de nuestros pocos años
y nos dormimos ebrios en brazos de una brisa que era nada.

Por supuesto, pasó la adolescencia,
dejándonos los labios secos y doloridos.
La sucedió un cansancio sin límites; el miedo
disipó la mentira que era nuestro refugio.
El silencio cayó sobre nosotros
y nos quedamos solos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora mira
la ruina en que nos hemos convertido.

 

 

xxxxxII

Quisimos ver estrellas de colores
en cada rostro y en cada mirada.
Para olvidar el frío,
dijimos que era aquella una edad poderosa,
que era dulce y lujoso el abandono
de nuestros miembros en la arena cálida;
un engaño que nos mantuvo vivos.

Hoy habita el silencio entre nosotros.

 

 

 

 

AL DEJAR ATRÁS LA ADOLESCENCIA

Pero ya no vendrá otra primavera.
Seguiremos llevando nuestros nombres
con esta dignidad de perro viejo
y dejando pasar la inalcanzable
belleza sin mirarla.
Nos acostumbraremos al silencio;
ya verás que es muy fácil si no se espera nada
y una sombra muy ancha se dibuja en los labios.

No mires, ya no mires
lo que ha quedado atrás ni te lamentes
del borroso futuro que se te viene encima.

Piensa que siempre habrá
tiempo para la muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMientras tanto
hagamos de estas ruinas un lugar habitable.

 

 

 

 

UNA VIDA MORAL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUna vida moral, es decir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxreflexiva.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCarlos Marzal

El poema está allí donde la vida
requiere reflexión, cuando es preciso
conjurar la memoria, los fantasmas
que son nosotros mismos. En mi caso,

del sujeto civil al personaje
que asoma la nariz en mis poemas
hay poca diferencia. Siendo justos,
se me parece mucho. O él me copia.

Aunque soy el primero en sostener
que el poema es ficción, un artificio
para decir las cosas bellamente.

Y el principio es el mismo: lo ya escrito
por otros antes, nuestra propia imagen
más real en sus páginas. Más cierta.

 

 

 

 

DIPSOMANÍA

El temblor de las manos; la angustiosa
sensación de vacío que contrasta
con la euforia inicial; de pronto, el miedo,
porque la noche deja de parecer eterna
y el resto del sendero nos es bien conocido. Demasiado
tarde para volver atrás; nuestros propósitos
de enmienda han sido débiles
razones hace apenas unas horas.

Desde fuera nos vemos alejarnos.

Ciegos, contra el espejo, al día siguiente,
reconstruir al noche, paso a paso,
para ver si hemos hecho una vez más
algo ya irreparable.

 

 

 

 

LUZ DE ESE MOMENTO

Amanecer sin sol
en el lugar más triste de la tierra.

La bruma te dibuja con perfiles borrosos
mientras pasas sin verme.

Desapareces. Ya
eres como la lluvia. Otro fantasma.

 

 

 

 

APUNTE BIOGRÁFICO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLike dogs to bark at my world
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxStephen Spender

Pero también a mí me partieron la cara
en más de una ocasión. En aquel tiempo
temía —como Spender— a los chicos del barrio,
matones con jerseis de Benasque y playeras
que odiaban a las madres y a los niños con gafas.

El miedo, pienso ahora,
es una presa fácil. No se explica
de otro modo la astucia, aquella maña
que se daban para atraparme siempre,
aunque volviera por otro camino
de la escuela o bajase a comprar pan
a donde era más caro pero estaba más cerca.

Eran hábiles con el cigarrillo,
conocían las zonas donde la quemadura
podía doler más. Algunas veces
les bastaba el insulto desde lejos.
En los días de fiesta eran más peligrosos
porque tenían tiempo de sobra por delante
y el escenario idóneo de una calle aburrida.

Y lo que más lamento ya no son los cuadernos
de dibujo manchados de tinta o los tebeos
que un día me quitaron, sino el otro
expolio de mi infancia ignorante y feliz,
la fe ciega en un orden de las cosas,
la armonía del mundo que, prematuramente,
hicieron mil pedazos en medio de la calle.

Y sobre todo el odio, el rencor insensato
de tantos años hacia los adultos:
Pasaban en silencio, sin mirarnos.
Siempre llegaban tarde a impedir las peleas.

 

 

 

 

PARA EL LIBRO DE AMOR

Pude haber muerto tantas malas noches
en que no estabas tú, no conocerte,
vivir otra existencia irremediable,
más absurda, mientras vivías lejos.

Y encontrar a cualquier otra persona
y amar en el engaño a quien no eras
tú, ignorar la verdad, creer que amaba
lo que en ti estoy amando, lo que es cierto.

O pude ser cobarde, no apostar
la vida y el amor, dejarte ir
para luego olvidarte, y vivir solo
en el hueco invisible de tu ausencia,
y hasta soñar contigo sin saberlo
algunos años más, algunas noches.

 

 

 

 

DEFENSA DE LA FAMILIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo aprendí en el hogar en que se funda
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla dicha más perfecta…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGabriel y Galán

Aquí donde no tienen cabida los maricas
y a cometer los propios errores se prefiere
cometer los errores tranquilos de los padres,
uno es merecedor de este legado:
seguridad y pan,
paz y severidad y algún consejo.

Y, piénsalo, no es poco
si tras esa ventana miras el mundo hostil
en donde los extraños a su vez se amontonan
en cómodas colmenas y contraen
también sólidos vínculos frente a ti y los tuyos.

Un modo complicado
de sentirnos seguros, la familia.

Porque probablemente es cierto todo eso
de que se hará por ti lo que haga falta,
que responder de ti para eso estamos
y que en cualquier momento, porque nunca se sabe.

Y luego están las fotos, los recuerdos,
verano aquí y allá, noches de Reyes,
tantos besos ruidosos en mejillas que lloran,
cumpleaños, juguetes… Y todo agradecible.

No hay duda, te enseñaron
muy bien cómo se juega a la familia:
intereses y afectos, en sutil equilibrio,
delimitan el campo donde mueves las piezas,
y lo que resta al fin es un modelo
y una conciencia, un orden de la dicha.

Así que nunca cortes
un árbol que es más viejo que tú mismo
y haz pronto de tus padres abuelos complacientes.

¿O vas a aventurarte entre vados ajenos
a pecho descubierto, con tu cara
y ademanes —pardillo—, solamente
por no deber a nadie, a ver, qué logros
o cuál identidad que no repita
esa mirada en sepia de cuantos te preceden?

Alguna noche ociosa,
mientras la porcelana duerme el sueño
de las cosas inútiles y adorna
para nadie el jarrón y están los cuadros
contentos de ser manchas en la pared del fondo,

tú te preguntas

de dónde viene esta capacidad
de adaptación y si imitamos tanto
por puro instinto de supervivencia,
si habrá algo esencial que aún ignoramos
sobre nosotros mismo, otra forma
de no ofender a nadie y ser distintos.

Y si en el mundo queda todavía
una maldita cosa que sea gratis.

 

 

 

 

PALABRAS DE CAÍN ADOLESCENTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYavé se complació en Abel y su ofrenda, mientras que
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxle desagradó Caín y la suya. Caín entonces se encoleri-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxzó y su rostro se descompuso. Yavé le dijo: ¿Por qué te
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxencolerizas y te muestras malhumorado?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGen 4, 4-6

Me he pasado la vida malgastando el cariño en personas que nunca me quisieron.
Yo sólo deseaba ser del grupo.

Tratado como un corruptor de sueños,
mantenido a distancia de niños y mascotas, como a quien por extraño no se
xxxxxxxxxxrecibe en casa,
he tenido que oír ya demasiadas veces que soy un impostor.

Tarde para los besos, para estrechar las manos,
tarde para las lágrimas y el arrepentimiento,
tarde para cualquier palabra.
Tarde:
por lo visto yo llego siempre tarde.

Y de noche, en la casa en donde todos duermen,
mientras fumo asomado a la ventana,
o en la mañana sórdida de cafés y cristales empañados, a solas con el mundo,
o en la blancura estéril de una página,
he comprendido —tarde— que es inútil querer ser otra cosa que el fantasma
xxxxxxxxxxembustero que habéis hecho de mí,
un no-muerto cortado a la medida de todo lo que nunca quise ser,
alguien a quien sin duda me parezco, como un hombre a su máscara:
el hipócrita, el sucio y el que no es de fiar,
a un paso del ridículo (el cantante de moda o el bachiller con granos),
a un paso del horror (el buen chico que sale en los sucesos).

Soy el que traicionó tus confidencias.
El que maltrató al tonto de la clase.
El que lo enredó todo cuando los dos amigos disputaban la misma chica idiota.
El que habló mal de ti cuando no estabas y trató de poner en contra tuya
xxxxxxxxxxal grupo.
El que usó del chantaje
sentimental (es fácil entre amigos)
para ahuyentar del grupo a los extraños,
vuestros otros amigos, que eran más ocurrentes, más experimentados y,
xxxxxxxxxxqué pena,
más incautos.
El que juró y juró, “podéis creerme…” y “no sabía…”, y sí
sabía y consiguió que le creyeran.

Soy el que habló al oído de una chica asustada y —aún me acuerdo—
le imaginó un futuro más honorable, una salida digna, “hazlo, mujer”,
y durante un momento era todo posible, matar con una frase, aquel horror…

Mi máscara lo ha dicho, que soy ese:
agazapado, sórdido,
al que puedes tumbar con un buen puñetazo y zumba en torno tuyo,
pero nadie es al fin tan peligroso —piensas— cuando puedes tumbarlo
xxxxxxxxxxcon un buen puñetazo,
y luego es tarde, mira, ya te tengo.
Todos llegamos tarde alguna vez.
¿Y nada más? ¿Acaso os preguntasteis un instante qué oculta la máscara
xxxxxxxxxxde un monstruo?
Me acuerdo de esa infancia interminable,
a caballo en la rama más valiente del árbol de los juegos.
Eso era algo; no
el paraíso exactamente, pero
—ternura pronta, cándido heroísmo y la avidez legítima del cachorro
xxxxxxxxxxintocado—
allí existía el orden. Y es curioso
que a la luz de una infancia ideal los enemigos sean menos enemigos.
También ellos tuvieron ese miedo indefenso que redime.
y una conmovedora propensión al llanto.

¿Sabéis quién soy a solas? El que escucha
canciones tristes.

He soñado a menudo redimir mi egoísmo con un gesto, dar mi vida
a cambio de otra vida,
ser el súbito héroe que muere en el incendio.

Pensad en mí lejano, la cabeza inclinada.
Toda esa gente afuera, tanto frío, las calles se bifurcan y el camino que
xxxxxxxxxxlleva a la casa segura no termina nunca.

Yo he pensado en la muerte y a menudo he ensayado una muerte inofen-
xxxxxxxxxxsiva, de poca sangre y mucho, mucho miedo,
sólo para ahuyentar de mí todo el ridículo y el asco de mí mismo:
cuchilla en las muñecas, quemadura en los brazos para seguir viviendo,
porque al fin el dolor es la consciencia, es el ruido del mundo que a tu
xxxxxxxxxxalrededor chilla y te agita los hombros.

Te aferras a la vida con desesperación y, sin embargo,
eres adolescente: nunca sabes qué hacer ni qué decir, dónde poner las
xxxxxxxxxxmanos y los ojos.
Tu cuerpo ya es grotesco y esas chicas se ríen. No te gusta tu cara.
Estás enamorado. Más allá de las fórmulas, los libros te insinúan una vida
xxxxxxxxxxmás fácil en cualquier otra parte.
Los libros te consuelan en todo lo esencial.

Y tú en tu jaula estéril te revuelves, inútil, sudoroso, como en la noche
xxxxxxxxxxinsomne cuando el calor te ahoga.
Dando palos de ciego. La novia de tu amigo. Matarías con gusto cualquier
xxxxxxxxxxsigno de amor.
Usa de ese poder, usa los libros,
porque luego el perdón de Dios es una fórmula
y tú eres el no-muerto que debe defenderse, el hipócrita, el sucio y el
xxxxxxxxxxcorruptor de sueños.

Dolorosa esta edad en que siempre estás solo
y a tu alrededor nace
la flor limpia de un mundo que nunca es para ti.

 

 

 

Piquero, José Luis. Autopsia Poesía 1989-2004. Barcelona; DVD Ediciones, 2004.

 

EL AVE FÉNIX SOLO CAGA CANELA (Y OTROS POEMAS)

En la contraportada de ‘El Ave Fénix solo caga canela (y otros poemas)’, publicado en 2009 por la añorada Editorial DVD se podía leer la siguiente bio-bibliografía sobre el autor: Ángel Cerviño (Lugo, 1956) es artista visual y comisario de exposiciones. Ha publicado con anterioridad Kamasutra para Hansel Y Gretel (Ediciones Eventuales, Madrid, 2007), y numerosos textos críticos en torno a las nuevas prácticas artísticas y la creciente espectacularización de la industria cultural, en revistas, catálogos y publicaciones de arte contemporáneo. Ha sido miembro del consejo editorial de la revista SINAL (órgano de expresión de la Asociación Galega de Artistas Visuais) y ha participado en diversos proyectos editoriales, entre otros: Entrecruzar – Proxecto edición (CGAC, Santiago de Compostela, 2006), RETAL – Fragmentos de cultura contemporánea (Vigo, 2007 – 2008).

Y sobre el libro en cuestión se leía:

Probablemente uno de los más perdurables logros del psicoanálisis lo constituya el haber establecido en el imaginario colectivo la representación del hombre como ser que se produce a sí mismo a base de metáforas, imágenes portadoras de vida y/o devastación. Ese es también el punto de partida de El ave fénix solo caga canela, una obra que, en palabras del poeta Félix Grande, “mantiene un divertidísimo diálogo con el psicoanálisis, /…/ un humor que, a veces, bajo la originalidad llena de broma se pone estrictamente serio”.
El autor se sitúa ante su obra revestido de un distanciamiento irónico que apenas alcanza para encubrir la abrumadora certeza de que es ahí, en ese territorio infestado de símbolos, donde -en términos de redención o condena- el propio yo se la juega.

 

 

Y aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

xxxxx1
EXORDIO (INVOCACIÓN AL SENTIDO)

No sacias
Dócil fantasma
xxxDulce súcubo
Solícito acudes
A cada conjura
xxxYo te conmino
Lunático con sutura
Si se desangra
xxxEl verso
Negocias impunidad
Dices señuelo
xxxPropicio seas
Señor del canto
Dador del vuelo

 

 

 

 

xxxxx5
ESTADO DE SITIO

Ahora que sestea la ponzoña
Atisbamos:
Lo que no es desazón es canto

 

 

 

 

xxxxx13
DOBLE VIDA

Conjeturas que parecen versos
Y no son más que sondeos o encuestas

Versos que parecen flores decimales
Y no son más que espacio ausente

Flores que parecen escondites para el fuego
Y no son más que un vano cristalizar de enojos

Fuegos que parecen nidos de palabras
Y no son más que agria espuma de la tarde

Palabras que parecen contraseñas
Y no son más que conjeturas o versos

 

 

 

 

xxxxx21
FRANCOTIRADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxI’m just a patsy.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLee Harvey Oswald

xxxxNo apreté el gatillo
xxxxContinué sentado
Observando la escena desde lo alto
xxxxNiños ingrávidos
xxxxAlborotados grupos
Llegaban a la par que la comitiva
xxxxDesde los senderos
xxxxY la grava del parque
Los sujetaban sus padres de la mano
xxxxEmpujando el aire
xxxxSin tocar suelo
Los más traviesos se cogían de las ramas
xxxxElásticas y tiernas
xxxxDe algún arbusto
Para remontar un poco el vuelo ¡cuidado!
xxxxRisas y empujones
xxxxLindas cabriolas
Las madres llevan máscaras transparentes
xxxxMás pequeñas
xxxxQue sus rostros

x
(aquí se interrumpe el manuscrito)

 

 

 

 

xxxxx23
INICIACIÓN A LA VIDA CONTEMPLATIVA

SIÉNTESE a lo hindú (tobillos cruzados) en el bordillo de la acera
Respire aliviado como si hubiera conseguido escapar de un viejo cine
Incendiado por el miedo de los más pequeños a una tragedia muda

SIÉNTESE en el interior de una bañera que rebose agua caliente
Intente contabilizar todos los fantasmas que quizá podría ahorrarse
Evalúe con mucha franqueza la idoneidad del autoerotismo adulto

SIÉNTESE desnudo antes de que anochezca en una cama deshecha
Piense en murciélagos recién nacidos chillando su hambre en lo oscuro
Contenga el gesto de hastío al menos hasta que ella se haya ido al baño

SIÉNTESE con la espalda muy recta en la antesala rosa de un médico
¿Puede verse a los nueve años amasando la arena mojada de la playa?
Demórese un tiempo en el deseo de salir corriendo o de estar ya muerto

SIÉNTESE ante el monitor apagado de su ordenador. Compruebe si
La habitación se replica con nitidez en la pantalla. Las sombras que
A su espalda cruzan el foco de luz de la ventana pueden ser palomas

SIÉNTESE muy despacito en el regazo de su novia treinta años atrás
Moby Dick y mentiritas. ¡Cómo los ritmos a trompicones se quebraron!
Imagíneselo pues «El libro del té» entre lo poco que pudo ser salvado

SIÉNTESE  en el pupitre y cumpla el ritual exculpatorio de esta semana
Sujete al títere por el interior de la garganta. Apriete hasta que diga nube
Abra bajo la mesa la cartera y deje escapar su colección de hipotenusas

SIÉNTESE a ratos en el velatorio de su padre. Esfuércese en recordar
Un haikú con nieve y rama seca. Ahora no puede precisar nada más
Tendrá que levantarse cada poco para abrazar a los que van llegando

 

 

 

 

xxxxx26
DOBLE VIDA #2

Euforia de colibrí
Pataleta de centauro

 

 

 

 

xxxxx28
(OFF THE RECORD)
19 formas de pronunciar amor

A oscuras
ANTE notario
BAJO presión
CABE una fontana
CON prisas
CONTRA natura
DE forma inesperada
DESDE un vehículo en marcha
EN un hostal barato
ENTRE la multitud de un estadio
HACIA ninguna parte caminando
HASTA aburrir al contrario
PARA salir del paso
POR previsión o cálculo
SEGÚN vayan las cosas
SIN quitarse la camisa
SO pena de ser desvalijado
SOBRE la desdicha de otro
TRAS el orgasmo y el llanto

 

 

 

 

xxxxx38
EL AVE FÉNIX SOLO CAGA CANELA

Abstinencia
Actividad (o pasividad)
Acto, pasaje al
Acto fallido
Adolescente, psicopatología del
Afecto
Agresividad
Aislamiento
Alianza
Alienación
Aloerotismo
Alteración del yo
Ambivalencia
Amnesia
Amo, discurso del
Amor
Anal, estadio
Análisis de control
Analista, discurso del
Angustia
Angustia automática
Angustia, neurosis de
Anorexia
Antipsiquiatría
Anulación
Anulación retroactiva
Aparato psíquico
Apoyo
Asociación
Asociación, método de libre
Asociación verbal
Atención
Atención flotante
Autismo
Autoanálisis
Autoerotismo

Beneficio primario
Beneficio secundario
Bisexualidad
Bulimia

Cadena significante
Canibalismo
Carácter
Carácter vincular
Caso límite
Castigo
Castración
Castración, complejo de
Catarsis
Censura
Chiste
Circuito pulsional
Coartado
Cómico
Complacencia
Complejo
Complejo de Edipo
Complejo de Electra
Complejo de inferioridad
Compromiso
Compulsión
Compulsión de repetición
Conciencia
Condensación
Conflicto
Consciente
Constancia, principio de
Construcción
Contenido latente
Contenido manifiesto
Contratransferencia
Control
Conversión, histeria de
Cosa, la
Cuerpo
Culpa
Culpa, sentimiento de
Cumplimiento (o realización) de deseo
Cura, el fin de la

Dador de la mujer
Defensa
Deformación
Delirio
Demanda
Denegación
Depresión
Depresiva (posición)
Derivado del inconsciente
Desamparo
Desarrollo de la angustia
Descarga
Deseo
Desplazamiento
Destino, neurosis de
Deuda
Dibujo
Diferencia de los sexos
Discurso
Disolución del vínculo conyugal
Doble vínculo
Dolor
Duelo

Edipo
Ego
Egoísmo
Elaboración
Elaboración psíquica
Elaboración secundaria
Elección de la neurosis
Elección de objeto narcisista
Ello
Empuje
Enunciado
Envidia
Envidia del pene
Epilepsia
Erógena, zona
Erogeneidad, desplazamiento de la
Eros
Erotismo uretral
Escena originaria
Escena primaria (original o primordial)
Escisión
Escisión del objeto
Escisión del sujeto
Espejo, estadio del
Esquizofrenia
Estadio (oral, anal, fálico, genital)
Estancamiento de la libido
Estructura familiar del inconsciente
Experiencia de satisfacción
Expulsión (extrañeza)

Fálica (mujer o madre)
Falo
Fantasía
Fantasma
Fase anal
Fase fálica
Fase genital
Fase libidinosa
Fase oral
Fenómeno funcional
Fetichismo
Fijación
Filiación
Fin (o meta pulsional)
Fobia
Formación reactiva (o contrasíntoma)
Formación de síntoma
Formación sustitutiva
Frustración
Función materna
Función paterna

Género
Genital, amor
Goce

Herencia
Hipnosis
Hipocondría
Histeria
Histeria de angustia
Histeria de defensa
Histeria de retención
Histeria traumática
Histérica, discurso de la
Hombre de las ratas
Hombre de los lobos
Homosexualidad
Horda primitiva
Huella mnémica
Huida de la enfermedad
Humor

Ideal del yo
Idealización
Identidad de percepción
Identidad sexual
Identificación
Identificación con el agresor
Identificación primaria
Identificación proyectiva
Iglesia
Ilusión
Ilusión grupal
Imagen del cuerpo
Imaginario
Imaginario grupal
Imaginario social
Imago
Imago de los padres acoplados
Incesto
Inconsciente
Incorporación
Independientes
Inhibición
Instancia
Instinto
Intercambio
Interés
Interiorización
Intermediación
Interpretación
Interpretación anagógica
Interpretación de los sueños
Introversión
Introyección
Irma, la inyección de

Juicio de condensación

Lapsus
Latencia, periodo de
Libido
Ligazón
Locura

Malentendido
Malestar
Manía
Masoquismo
Maternalización
Matriarcado
Mecanismos de defensa
Mecanismos de desprendimiento
Melancolía
Metáfora paterna
Metonimia
Mirada
Mito de los orígenes
Moción personal

Narcisismo (primario o secundario)
Necesidad de castigo
Negación
Neurastenia
Neurosis
Neurosis de abandono
Neurosis de angustia
Neurosis de carácter
Neurosis de destino
Neurosis de fracaso
Neurosis de guerra
Neurosis de transferencia
Neurosis narcisista
Neurosis obsesiva
Neurosis traumática
Neutralidad
Niño, psicopatología del
Nombre del padre
Novela familiar

Objeto
Objeto transicional
Obsesión
Odio
Omnipotencia
Oralidad
Organización de la libido
Otro

Pacto denegativo
Pacto inconsciente
Padre (real, imaginario, simbólico)
Pago
Pantalla de sueño
Par antitético
Paradoja en el vínculo de la pareja
Paranoia
Parentesco
Pase
Pasión
Patriarcado
Peligro, señal de
Pene
Pensamiento
Personalidad múltiple
Pertenencia
Perversión
Placer
Placer de órgano
Placer, principio de
Plasticidad de la libido
Plus de gozar
Posición depresiva
Posición paranoide
Preconsciente
Pregenital
Principio de constancia
Principio de inercia
Principio de Nirvana
Principio de placer
Principio de realidad
Privación
Proyección
Prueba de realidad
Psicoanálisis
Psicodrama
Psicología
Psicología de masas
Psiconeurosis de defensa
Psicopatología
Psicosis
Psicosis alucinatoria
Psicosis maníaco-depresiva
Psicosomático
Psicoterapia
Pulsión (de vida y muerte)

Quantum de afecto

Racionalización
Reacción terapéutica negativa
Reactiva, formación
Real
Realidad vincular
Realización simbólica
Recuerdo encubridor
Recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci
Reelaboración
Regresión
Relación de objeto
Renegación (o desmentida)
Reparación
Repetición
Representabilidad, consideración a la
Representación
Representación vincular
Representante de la pulsión
Representante psíquico
Represión
Represión originaria
Reproche
Repudio
Resistencia
Restos diurnos
Retiro
Retoño de lo reprimido

Sadismo
Sadomasoquismo
Seducción
Seducción, escena de la
Seducción, teoría de la
Sentido
Sentimiento de inferioridad
Señal de angustia
Sexuación, fórmulas de la
Sexualidad (femenina, infantil, masculina)
Significante
Simbólico
Simbolismo
Símbolo
Sí-mismo
Siniestro (u ominoso)
Síntoma
Sobredeterminación (o determinación múltiple)
Sobreinterpretación
Sofocación
Subconsciente (o subconsciencia)
Subjetividad
Sublimación
Sueño
Sueño diurno
Sugestión
Suicidio
Sujeto
Suma de excitación
Superyo
Supresión
Susto

Tabú (tótem y tabú)
Tánatos
Telepatía
Teoría cloacal
Terapia catártica
Terapia familiar
Ternura
Topología combinatoria
Topología inducida
Toxicomanías
Trabajo del duelo
Trabajo del sueño
Transexualidad
Transferencia (de una pulsión en lo contrario)
Transmisión
Transicional, objeto
Trauma

Verdad
Vínculo
Viscosidad de la libido

Yo

 

 

 

 

xxxxx69
NOMBRES DE GUERRA

Baluarte narcisista
xxxxxcon poco uso
xxxxxvéndese o se cambia por
Histeria de misión (Neurosis de destino)
xxxxxtratamiento opcional

xxxxxse ofrece
Recuerdo encubridor
xxxxxpara compensar
Retoños de lo reprimido

xxxxxpor cambio de domicilio
xxxxxse regalaría
Imago de los padres acoplados
xxxxxsi pasan a recogerla

 

 

 

Cerviño, Ángel. El Ave Fénix solo caga canela (y otros poemas). Barcelona; DVD Ediciones, 2009.

 

RORSCHARCH, EL ESPECTRO DE SEDA, MOLOCH, EL PRIMER ENCAPUCHADO, EL VIEJO BÚHO, EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS, EL ESCRITOR…

 

RORSCHARCH

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSumerge en el río a aquel que ama el agua.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(William Blake)

Mantengo el equilibrio sobre un cable
hecho de nervios y latidos huecos.

Mi camino os recorre desde dentro
como si fuera un esternón de azufre,

y os hace recordar que merecéis la noche,
su dolor más antiguo,
los reflejos del agua mostrando vuestro rostro
antes de que os someta la inercia de las algas,

merecéis su sabor,
sentir que los cangrejos devoran el cadáver
con los ojos abiertos, colmados de penumbra,
acariciar la espuma con los dedos de arena
y desaparecer
en infinitos pulsos esclavos de la sal,

merecéis su perfume,
el olor de la carne al comprobarse líquida,
sentir lo que es el hielo,
bailar su lenta danza.

Yo soy la exacta sombra de los gritos,
el brazo ensangrentado que os reclama
para enseñaros el envés del viento,
soy todo lo que veis en el espejo,
el párpado de cieno que os revela
y os dota de contorno,
soy la caída libre de la culpa
y mi rostro es el vértigo perpetuo.

Mantengo el equilibrio sobre el mundo,
alguien tiene que hacerlo,
alguien ha de beber el agua de las sombras.

 

 

 

 

EL ESPECTRO DE SEDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxForma es placer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(E.M.R. Stadler)

Soy una mancha rota sobre un vidrio,
mis formas anteriores eran leves
y apenas resistían el granizo
ni los golpes febriles del invierno.

A veces llueve para sólo un cuerpo
y se hace complicado respirar.

Tantas cosas ocurren de improviso
que confundo mi sombra con mis manos,
y acaricio lo oscuro, y no siento
más tacto que la fuga,
más camino que el otro,
lejos de los perfiles de mi máscara
donde nadie dibuje mis palabras
ni las ate a mis gestos como un vaho.

Soy derrumbes de humo entre las ascuas
y necesito las cadenas cálidas
que mantengan erguida mi columna.

Aunque he visto los sexos de los dioses
y me han colmado cada poro abierto,
reconozco que soy una gran mentira:
no me disuelvo, no poseo forma.

 

 

 

 

MOLOCH

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy cuando llega a su fin, sólo nuestros enemigos dejan rosas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Alan Moore)

En un espejo me miré desnudo
y encontré mi latido
ya fuera de las venas
avanzando hacia mí como una sombra.

Quise cerrar los ojos,
pero ya estaba ciego,
y en mis pupilas se enroscaba el virus
de la condena: conocer el tiempo
desde el abismo de un reloj de arena.

De nada me valdría
empañar los cristales
o acariciar el humo con la lengua,
la arena me cubría hasta los hombros.

Entonces estallé una rosa en mi boca
y vi a mis enemigos,
sus viejas máscaras de piel humana
derretidas por lágrimas sinceras.

Al fin —pensé reconfortado—
ellos serán los únicos
el día de mi entierro,
cuando la lluvia arrastre las caretas.

Y salí a la ciudad
a confirmar mi muerte.

 

 

 

 

EL PRIMER ENCAPUCHADO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnieblas regidas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor humos que yo conozco,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen mí enterrados,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvan a borrarme
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Rafael Alberti)

Los restos de mi piel se esconden bajo llagas,
sumideros de sangre donde florece el humo
enhebrando una máscara,
y florece el vacío sobre la veladura,

y ya puedo observar las pupilas más tensas,
las muecas de terror,
el dolor contenido que se desborda de ellos
cuando se sienten débiles;
y sé que en sus plegarias destrenzarán caminos
hacia su propio filo,
porque verán mi ausencia,
mi rostro de vapor.

Han pasado los años
y el humo ya es verdad,
se filtra en las entrañas sin provocar desmayos,
abona campos yermos que ya nadie camina,
se funde con el humo que de las ruinas brota
cuando incluso la tierra ha olvidado sus nombres,
desaparece súbito.

Aunque puede que alguien inhale su perfume
y conozca el placer.

 

 

 

 

METRÓPOLIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe estremece el espejo: la persona, la máscara
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxes ya máscara de nada.
xxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Leopoldo María Panero)

Hace muy poco desperté con agua
entre los dedos, y no quise ver
que era imposible ya cerrar los puños,
—los surcos negros, el muñón desnudo,
estalactitas de la carne vieja
que ansían caer sobre las huellas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvértigo
de comprender que no hay lugar posible
en este mundo que reclamo y tiento.

Otros tiñeron de calor los muros
y destilaron de las sombras turbias
nuevos fantasmas con mi rostro,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmáscaras
encadenándome la piel al aire.

Mientras, la escarcha renacía en velos
sobre los ojos que antes vieron mi obra,
y me dejaba arrinconado y solo
sobre una charca de sudor, sin fuerzas.

 

 

 

 

DÓLAR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa puerta giratoria
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrefleja tu imagen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen el espejo repetido.
xxxxxxxxxixxxxxxxxixxxxxxx(Joaquín Marco)

Mis pasos me llevaron a una sala
pintada de colores reflectantes,
en sus paredes me podía ver
doblando un traje que reía absurdo
como si lo supiera casi todo
de la debilidad del ser humano.

Pero me conocía sólo a mí,
al cansancio de musgo en las pupilas
y a esa muerte temprana que susurran
las miradas abiertas o en reposo.

Y no podía más que contemplarlo,
verme tragar por su silueta,
xxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxser
mi propia ausencia repetida en círculos,
atrapada en la puerta giratoria
de esta fosa de sangre que custodio.

Ahora estoy contigo,
engastado en el rostro del espejo,
en las agujas del reloj suicida.
Soy el nombre que pronuncias
al despertarte otro,
al descubrir el límite del sueño
y su absurda caricia.

 

 

 

 

EL VIEJO BÚHO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpiedra viva, ardiente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la incertidumbre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpalabras que crecen.
xxxxxxxxxxxxxxxxixxxxx(Alfonso Costafreda)

Largas conversaciones
en torno a los escombros,
bebiendo de las copas
forjadas en tiniebla,
para ver más allá
de las grietas del cuerpo.

Ya sabes, compañero,
la memoria es tan frágil
que hay que besar sus bordes
para no derramarse
escaleras abajo;
porque no quedan alas
y el cielo es este techo
que devuelve el aliento.
Así que apura el vaso
y vamos a mirarnos.

 

 

 

 

EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon la muerte diaria confundido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxx(Javier Egea)

Losas calientes para pies descalzos.

La calle se traviste de condena
y cada paso es un reflejo ambiguo
de este cielo con forma de cornisa,
lo veo cada mañana, cada tarde,
cada noche al cerrar esta ventana:
hay polvo en los cristales,
la vida se deshace.

La Historia nace en estas mismas calles
cuando las hojas de papel se elevan
buscando vuestros rostros,
cuando adoptan su forma
y son de sangre desbordada y muda,
porque no mienten los espejos rotos,

porque somos el fondo de la noche
y tenemos las manos de agua blanca.

 

 

 

 

EL BUEN HOMBRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme hacen hombre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmonstruo entre monstruos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dámaso Alonso)

He recogido las cenizas
de mi coraza,
ya puro alambre,
ya pura mancha de silencio;
me he visto hombre,
fiera entre fieras.

No lo soporto.

La lluvia ciega las aceras.
Las voces huecas del abismo
parecen sendas, ambulancias
blancas directas a la nada;
esta ciudad no se derrumba,
caen los cuerpos, no las calles,
no desemboca,
en cada grieta hay una muerte,
una mentira de alquitrán,
una palabra luminosa.

 

 

 

 

EL NÁUFRAGO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa belleza es para maltratarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxx(Javier Corcobado)

Una lenta tensión acoge al miedo
en cada músculo ofrecido al agua,
pues me llama la sangre de la tierra
y su voz reconoce este vacío.

No temáis corazones: ya regreso
a lomos de otro infierno más pequeño,
ya desato los ojos y me entrego
a un rostro de salitre abandonado,
ya vuelvo sobre el pecho de la vida,
con los dientes manchados por plumajes
ensangrentados, navegando en círculos
sobre mi propio aliento como espuma.

Nunca será mi boca como el humo
que destila un cadáver cuando grita,
hoy mi lecho es un rostro de madera
con forma de ataúd,
labios, párpados, voces
que me hablan del dolor en que nacieron,
que me arrastran al fondo de las venas,
donde nuestro reverso nos suplanta.

 

 

 

 

EL ESCRITOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY si miras al abismo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel abismo te devolverá la mirada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Friedrich Nietzsche)

xxxxxI

Si la vida no fuera
lo que su propio rostro nos enseña,
o hubiera que esculpirle la mirada
sobre la piel de su vacío,
cuando se toca la ceguera y sangra
en cada brazo una caricia sucia
y se sabe que el tiempo, más allá
de los pequeños goces, es condena;
entonces no sería necesario
que la materia se tornase verbo.

 

 

xxxxxII

Entre las hojas, el cansancio,
leve murmullo
de agua vertida en el camino,
charcos de vida,
brazos que al alba se abandonan,
besos ya sólidos
entre las sombras de los signos.

Hablo del sueño en la placenta.
Hablo del musgo que no crece.
Hablo y no escribo.

 

 

xxxxxIII

Este vuelo difuso, esta marca de labios,
venga de donde venga, ya no me pertenece,
soy tan sólo una posta donde las bestias húmedas
enhebran su mirada y abandonan el norte
recobrando su forma,
soy la hierba que brota
por un instante al roce de una quijada antigua
en tantas ocasiones hermana de su muerte,

no existo sin el eco,
que mi boca es el quicio de una puerta de arena
acumulada en sombras,
que no soy más que un guante sobre el barro,
que no me pertenezco,
que vengo de otra niebla,
que mi rostro es liturgia de otros dioses.

 

 

 

Quinto, Raúl. La piel del vigilante. Barcelona; DVD ediciones, 2005.

 

DOS POEMAS DE ‘LA PIEL DEL VIGILANTE’ DE RAÚL QUINTO

 

EL INFORMADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodos aguardan gritos. Pero nada se escucha.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxx(Georg Heym)

La verdad, la mentira,
la distancia que cesa al roce de los dedos,
palabras nunca dichas, heridas siempre abiertas
que llueven sin sentido como enjambres de polvo,
mi verdad, su mentira,
el hueco que se agota de contener los ecos,
palabras siempre muertas, heridas nunca plenas.

Persiste la palabra
tras el disfraz, la nada.
Su verdad, mi mentira.

Se puede ver la marca de unos labios, el beso,
se puede ver el poso de un ataúd violado,
los susurros hundidos bajo las hojas ocres,
los muñones de barro, el cáncer de las nubes,
pero la verdad no.

 

 

 

 

EL LECTOR DE COMICS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSiendo muchos los signos en el mundo, muchos los prodigios.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Scardanelli)

Voy pasando las páginas,
observando los trazos,
descifrando los signos;
y no comprendo nada,
puede que la verdad
flote bajo la tinta,
o puede ser un truco
para tenerme aquí,
amarrado al asfalto,
hasta que me convierta
en una sombra más.

Sin embargo la historia
debe acabar un día,
y para entonces puede
que ya me haya olvidado
de mi propia existencia.

Pero tendré los ojos
pintados de colores.
Os veré las entrañas.

 

 

 

Quinto, Raúl. La piel del vigilante. Barcelona; DVD ediciones, 2005.

 

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