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Posts Tagged ‘dionisia garcía’

LA MIRADA INSISTENTE

 

xxxxx16

La esperanza no es una fórmula mágica, sino preferir que no se rompa todo.

 

 

xxxxx21

Alcanzar ciertas formas de verdad no está reservado a mentes preclaras, sino a quienes lo intentan con honradez y perseverancia.

 

 

xxxxx33

La muerte, otra verdad que hemos de admitir sin entenderla.

 

 

xxxxx34

Motivo de suicidio: que el mundo fuera, sin más, lo que se ve.

 

 

xxxxx45

No desfallezcamos. El mundo sigue siendo hermoso por la otra cara.

 

 

xxxxx59

Para encontrar el sentido de la vida hay que escarbar.

 

 

xxxxx61

La naturaleza clama si le hacemos preguntas.

 

 

xxxxx65

Hemos venido a poco a este mundo. Esperemos, algún día, saber para qué.

 

 

xxxxx84

De las humanas limitaciones: ¿«Quién me dará alas de paloma, de modo que me levante y despegue de la tierra»? Exclama Petrarca.

 

 

xxxxx89

Admiro a quienes pueden llegar al alto pensamiento, y a la vez son cotidianos.

 

 

xxxxx93

Amemos el silencio, y algo se oirá.

 

 

xxxxx94

La lluvia me parece un milagro, y no quiero que me lo expliquen.

 

 

xxxxx103

La utopía de por vida, sean buenos o malos tiempos.

 

 

xxxxx105

Si fuéramos eternos no habría quien nos aguantase.

 

 

xxxxx129

Pasaban las voces y las he detenido para saber qué dicen. No sé si ha merecido la pena.

 

 

 

García, Dionisia. Voces detenidas. Sevilla; Editorial Renacimiento, 2004.

 

EN TORNO A LA ESCRITURA

 

xxxxx1

Ya lo decía Boileau: antes de escribir aprender a pensar.

 

 

xxxxx3

Todas las palabras pueden contar con un lugar en la escritura, el problema es encontrarlo.

 

 

xxxxx4

Si el poema roza demasiado la anécdota puede convertirse en otra cosa.

 

 

xxxxx7

Los textos de Simone Weil atraen como seda y golpean como piedra.

 

 

xxxxx8

Traducir un poema es cambiarlo de sitio, a veces para mejorar.

 

 

xxxxx20

El poeta que mucho tiene que decir suele expresarlo despacio.

 

 

xxxxx26

Enaltecer en exceso a un poeta que comienza es contribuir a su óbito.

 

 

xxxxx27

Un libro puede ser nuestro yo multiplicado.

 

 

xxxxx28

Poetas que se desprenden de libros, y referencias propias prescindibles para verse más claros, y presentarse ordenados a la posteridad.

 

 

xxxxx35

Obviedad: De no conseguir en la escritura iluminar la realidad, mejor abandonar el intento.

 

 

xxxxx44

Un libro puede ayudar a vivir.

 

 

xxxxx47

A Empédocles se le desconoce en Agrigento, y pretendemos los recién llegados que se nos califique.

 

 

xxxxx51

En un mundo tan acumulado, el poeta tiene que afilar la mirada.

 

 

xxxxx64

Todavía se considera que la novela «da la talla» y no otro género literario. Eso quisieran.

 

 

xxxxx65

Dudosos los poetas que eligen tema, y son fieles a él y a su «oficio» en cada uno de los poemas del libro proyectado.

 

 

xxxxx71

Por más que nos empeñemos, al escribir no salimos de nosotros mismos.

 

 

xxxxx72

Sabe el creador que tiene los días contados, y que sólo el oficio le permitirá sobrevivir.

 

 

xxxxx74

Desear que el que aspire a la fama la alcance y disfrute. Otra posibilidad es conformarse con un lector bueno.

 

 

xxxxx75

Demasiados poetas, y el poema tan solo.

 

 

xxxxx76

Cuando el poeta sale de su casa, llena la mochila de vanidades, ¡y a mucha honra!

 

 

xxxxx77

La obra artística, si consigue serlo, es más libre que las épocas.

 

 

xxxxx79

Sorprenden los escritores que se miran en su propio espejo, y no quieren más.

 

 

xxxxx80

El artista no verdadero suele gritar para que se le oiga. La excelencia de una obra no precisa clamores.

 

 

xxxxx81

El poema difícilmente podrá sustentarse desde la emoción, si ésta no pasa por la reflexión.

 

 

xxxxx87

«Un poeta que no se entiende carece de interés para mí». ¿No sería conveniente la prudencia ante las variables del Arte?

 

 

xxxxx88

Temblorosamente se abre por primera vez un libro propio (experiencia).

 

 

xxxxx91

Escribir es un proceso de averigüación.

 

 

xxxxx93

En la escritura la memoria necesita de la imaginación, entre otras cosas, para llenar los huecos cegados por el tiempo.

 

 

xxxxx96

Si el escritor está de acuerdo con su época, malo.

 

 

xxxxx97

Algunos poetas jóvenes dicen desentenderse de la tradición, y me echo las manos a la cabeza.

 

 

xxxxx98

Novelistas que no tienen reparo en pasarse de páginas.

 

 

xxxxx100

No nos asustemos de lo mucho que se publica; algo quedará.

 

 

xxxxx101

Cuando un poeta pone el dedo en la llaga hasta puede curar.

 

 

xxxxx103

Un escritor que al leerse, satisfecho, se complace, está en peligro.

 

 

xxxxx106

Siempre he apreciado la palabra corta, y múltiple la sugerencia.

 

 

xxxxx107

Páginas excelentes y olvidadas hasta que les llegue el turno, o no.

 

 

xxxxx110

La escritura no perdona: a más libros más riesgo.

 

 

xxxxx111

No hay que ir contra el escritor soberbio; con él lleva la penitencia.

 

 

xxxxx116

El poema es a veces descreído con su autor, sobre todo, si éste titubea.

 

 

xxxxx117

Se acusa a poetas de trabajar a cincel los poemas, acusación vana porque sólo cuentan los resultados.

 

 

xxxxx118

Si el poema no alumbra, mejor dejarlo apagado.

 

 

xxxxx119

En los últimos tiempos algunos poetas jóvenes, y menos jóvenes, se han aplicado, y quieren llegar pronto a cualquier parte.

 

 

xxxxx121

Amar es dar la llave… Escribe Kathleen Raine.

 

 

xxxxx122

La transcripción real de un acontecimiento no se vincula al hecho literario, obviamente.

 

 

xxxxx124

El crítico se quejaba de un autor que siempre estaba a vueltas con el pasado. Me rebelo.

 

 

xxxxx130

El chasquido de una palabra puede anunciar que el discurso se tambalea.

 

 

xxxxx131

Narradores adosados a la cibernética, sin dar tiempo al tiempo de la imaginación.

 

 

 

García, Dionisia. Voces detenidas. Sevilla; Editorial Renacimiento, 2004.

 

AL COMPÁS DEL TIEMPO

 

xxxxx1

Pensar no es creerse cierto sino estar capacitado para perseguir certezas.

 

 

xxxxx2

Los malvados afinan sus herramientas constantemente, no duermen ni sosiegan, se miran en el espejo antes de actuar, y éste no les devuelve la imagen.

 

 

xxxxx3

Un inmortal es el que se sale de la fila.

 

 

xxxxx4

Si la fama no es otra cosa que «ser olvidados un poco después» ¿por qué gastar la vida en un empeño inútil?

 

 

xxxxx5

Seguro que Homero era el muchacho de su barrio que cantaba siempre la misma historia.

 

 

xxxxx6

La guerra debería ser impedimento para seguir hablando de otras cosas.

 

 

xxxxx9

La parquedad es medida que solo molesta al escaso.

 

 

xxxxx10

Más de temer a quienes tienen ideas cojuelas que a los sin ideas.

 

 

xxxxx17

¿Quién recuerda la última noche de juventud?

 

 

xxxxx19

Qué obsesión de estadística, cuando sólo importa que somos uno.

 

 

xxxxx25

El progreso nos beneficia y nos hace pedazos.

 

 

xxxxx27

La palabra puede ser el dardo más feroz, a veces, afecta físicamente, y quienes son maestros, en esa manera de utilizarla, ni lo advierten.

 

 

xxxxx34

«Convivimos» con quienes partieron de este mundo; el olvido nos llevaría a menospreciar parte de nuestra vida, de esa vida que va siendo equipaje.

 

 

xxxxx46

La esclavitud está vigente: servidores y servidos. La sociedad lo impone, y se acepta de buen grado. Para que unos brillen, otros han de encender la candela.

 

 

xxxxx47

El pensamiento reflexivo requiere quietud. Imaginemos a un pensador emitiendo sus postulados mientras danza, corre o se traslada.

 

 

xxxxx49

Asoman ideas a la mente que no llegan a cuajar, de ahí que a veces se funcione a medio gas.

 

 

xxxxx50

El suicida suele hacer bien cuanto antecede al paso decisivo.

 

 

xxxxx53

Los simples sólo perciben el primer plano.

 

 

xxxxx54

De amores múltiples, coincidentes, alguien sale mal parado.

 

 

xxxxx57

Marguérite Yourcenar obliga: para leerla hay que contar con la necesaria lucidez, y un afilado instinto.

 

 

xxxxx59

Las siglas son palabras transeúntes, sin embargo, se graban en el cerebro como signos de primera.

 

 

xxxxx63

Quien se instala en el silencio tiene asegurado el propio beneficio.

 

 

xxxxx64

Vivimos de milagro, y todavía nos parece poco.

 

 

xxxxx65

La vejez, esa dama irrespetuosa que entra sin llamar, invade las estancias, y cada día alerta con novedades insospechadas.

 

 

xxxxx66

Quien guarda demasiadas distancias está bien provisto de inseguridades.

 

 

xxxxx69

Precisa la amistad dosificar los encuentros, de lo contrario, tarde o temprano se tambaleará.

 

 

xxxxx73

La envidia es a veces tan sutil y escondidiza, que el afectado parece que nos quiere.

 

 

xxxxx80

Quienes reciben el día de mal humor son más propensos a cometer villanías.

 

 

xxxxx92

El envidioso, en el mejor de los casos, no celebra el bien ajeno.

 

 

xxxxx96

Confiar en los otros supone gratificación; si no responden, allá ellos.

 

 

xxxxx104

Dar la razón no es dejar de tenerla, sino aceptar las razones del otro y renunciar al turno de exponer las propias. Ejercicio saludable que no viene mal.

 

 

xxxxx109

Mirar a los anteriores no es desandar el camino, sino saber por dónde andamos.

 

 

xxxxx113

Los necios suelen ser osados, y a veces les sale bien.

 

 

xxxxx116

El humano tiende a agruparse; el problema es atinar con quién.

 

 

xxxxx126

Para avanzar, mirar de soslayo el mundo en el que estamos inmersos, y escuchar el propio.

 

 

xxxxx127

Con la melancolía nos llevamos bien; la tristeza nos derrota.

 

 

xxxxx128

Llegar a nuestro interior es tan difícil que podemos dejar este mundo sin haberlo conseguido.

 

 

xxxxx129

El olvido es inherente al ser humano, de lo contrario pereceríamos por acumulación.

 

 

xxxxx131

Cuando queremos rectificar lo andado ya no hay camino; cuando lo había no caíamos en la cuenta.

 

 

xxxxx132

A veces las personas y las cosas precisan de secreto; al desvelar, la intensidad decae, ya sea en el discurso o en la convivencia de cada día.

 

 

xxxxx135

A pesar de las dificultades para conseguirlo, ya sé como soy, pero no piensen ustedes que lo voy a contar.

 

 

xxxxx137

Lo inesperado en el poema, lo inesperado en el amor y en la amistad. El encanto de las cosas que no han sido y llegan sin llamar.

 

 

xxxxx144

En ocasiones, nuestras renuncias son motivo de aprecio, como si se nos estimara por lo que no hacemos.

 

 

xxxxx146

El tiempo no selecciona, su levedad pasa arrasando.

 

 

xxxxx147

Si alguien dice que es feliz lo miro con sospecha.

 

 

xxxxx151

Tan rica es la vida en matices y sugerencias, que hemos de conformarnos con las aproximaciones.

 

 

xxxxx154

Inventemos cómo ser libres. Nunca es tarde.

 

 

xxxxx155

Desde que las cancelas desaparecieron, el horror puede estar detrás de cada puerta.

 

 

xxxxx158

En el acto de adquirir un libro puede observarse si el libro va a ser leído, o sólo se pretende su posesión.

 

 

xxxxx161

La contradicción nos salva de nosotros mismos, de lo contrario seríamos insoportables.

 

 

xxxxx175

No se avergüenza la realeza de las fórmulas reverenciales, ni quien se inclina. El dato está tomado del S. XXI.

 

 

xxxxx176

El hombre quiere perdurar, caiga quien caiga.

 

 

xxxxx177

La lucidez nos capacita para la lucha, lo único fiable.

 

 

xxxxx182

P. R. Picasso devoraba la vida. Su genialidad no se nutría de lo invisible.

 

 

xxxxx185

Auschwitz: una voz mantenida, por si acaso.

 

 

xxxxx188

Sí, sí, somos agua, pero menos claros.

 

 

xxxxx194

Si atendemos a cuanto se emite, la capacidad de discernimiento será casi imposible, y nos meteremos en la boca del lobo.

 

 

xxxxx195

La fuerza de gravedad nos mantiene medio arreglados.

 

 

xxxxx200

Al morir un poeta su voz queda en el aire.

 

 

xxxxx201

La ironía se pone de fiesta si el talento del interlocutor lo merece.

 

 

xxxxx202

Hablar de personas (no siempre para bien) en lugar de elegir pequeños o grandes temas, es costumbre que nos empobrece.

 

 

xxxxx203

Si el padre Brown, de nuestro mal recordado Chesterton, se asomara a la realidad presente, se precipitaría de nuevo a sus páginas, al no poder aclararse entre tanta barbarie.

 

 

xxxxx205

En cualquier situación acompaño al que pierde.

 

 

xxxxx206

Seamos serios: la mujer sigue siendo silenciada en muchas listas.

 

 

xxxxx210

Le huyo a los «pelmazos», sin saber si lo soy.

 

 

xxxxx211

El rostro de los desfavorecidos parece interrogar ¿por qué?

 

 

xxxxx221

Llueva o truene, los desamparados siempre son los mismos.

 

 

xxxxx234

Tras decir adiós a nuestro yo, podemos encontrarnos con gratas sorpresas.

 

 

xxxxx259

Aislados somos menos peligrosos.

 

 

 

García, Dionisia. Voces detenidas. Sevilla; Editorial Renacimiento, 2004.

 

‘NIÑOS’, DE JORGE GUILLÉN

 

Acabo de leerme esa joya que pueden ver en la imagen: ‘Niños’, de Jorge Guillén, una antología realizada por el propio autor, publicada en Begar ediciones en 1983, colección dirigida por Dionisia García y Salvador López Becerra. Antes de esta antología habían publicado ya ‘Dos Fragmentos sobre el amor’, de María Zambrano; ‘Nueve Enunciaciones’, de José Ángel Valente; ‘El Ocio y sus Mitos (I)’, de Juan Gil-Albert; y ‘Selva’, de Julia Castillo; y tenían en preparación ‘Del Diario’, de Carlos Edmundo de Ory y ‘Tratado de Ipsidiades’, de Jaime Siles.
No digan que la colección no era una joya.

 

Aquí tienen una selección de poemas de este ‘Niños’.

 

NIÑO

Claridad de corriente,
Círculos de la rosa,
Enigmas de la nieve:
Aurora y playa en conchas.

Máquina turbulenta,
Alegrías de luna
Con vigor de paciencia:
Sal de la onda bruta.

Instante sin historia,
Tercamente colmado
De mitos entre cosas:
Mar sólo con sus pájaros.

Si rica tanta gracia,
Tan sólo gracia, siempre
Total en la mirada:
Mar, unidad presente.

Poeta de los juegos
Puros sin intervalos,
Divino, sin ingenio:
¡El mar, el mar intacto!

 

 

 

 

EL NIÑO DICE…

¿Qué dice? Ni un balbuceo.
Sólo un susurro en apunte.
Basta que a los labios junte,
Aguzándose en deseo.
Este espíritu que veo
Pendiente de mi respuesta.
Él es quien se manifiesta
Sin palabras, de tal modo
Jovial que lo dice todo
Con una salud en fiesta.

 

 

 

 

NENE

xxxxxxxxNada sabe.
Y toda su torpeza se convierte en un guante

xxxxxxxxQue acaricia,
Mientras por todo el cuerpo circula una sonrisa
xxxxxxxxQue alabanza
Su candor animal como celeste gracia.

xxxxxxxx¿Hay malicia
Cuando el instinto al vuelo con lo más dulce atina?

xxxxxxxx¡Qué mirada
La criatura asesta de súbito! Ya manda.

 

 

 

 

NIÑEZ

Disparada inocencia de albor animal,
Destello de joya en bullicio,
Diamante impaciente que canta.
Pájaro nítido:
Llévanos tú bajo los soles
Que te descubren y dan sus dominios,
Arrebátanos en tus ráfagas
De paraíso,
Elévanos.
A la alegría sin tacha de tu infinito.

 

 

 

 

PLAYA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxx(NIÑOS)

Este sol de la arena
Guía manos de niños,
Las manos que a las conchas
Salven de los peligros.
Conchas bajo la arena
Tienden hacia los niños,
Niños que ya hacia el sol…
Pero el sol rectilíneo
Viene. Los rayos, vastos
Arriba, tan continuos
De masa, deslizándose
Llegan aunque sus visos,
Sin cesar rebotando
De ahincos en ahincos
De ondas, se desbanden.
Aquí, por fin, tendidos
Se rinden a las manos
Más pequeñas. ¡Oh vínculos
Rubios! Y conchas, conchas.
Acorde, cierre, círculo.

 

 

 

 

TRÉBOL

Lloraba una criatura.
Y en el día, tan hermoso,
Brilló la existencia impura.

 

 

 

 

MANERA ACTUAL DE SER NIÑO

Antonio viaja que viaja
Por tierra, por mar, por aire,
Va de un continente a otro
Porque el mundo ya no es grande,
Mira desde su avión
Cordilleras y ciudades
Como si, soñando aún,
Sobre algún mapa trazase
Con el dedo rutas, rumbos.
¿Ser hombre es estar de viaje?

 

 

 

 

TRÉBOL

¿Por qué tanta infancia exquisita?
¿Porque ingenuamente se ignora,
Y a su presencia se limita,
Y todo el niño ocurre ahora?

 

 

 

 

APERTURA DE CURSO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Jacques Deguise

No te equivocas, niño. La fuerza de tus pocos
Meses —robustos meses—
Te empuja hacia una incógnita. ¿No hay cocos
En la noche del cuarto? Mira bien y no ceses
De querer con afán
Descubrir este mundo por la senda
Terrible donde van
Amor y destrucción, el odio, la alegría.
¿No es un lote de Cid aunque nadie lo entienda?
Tu puño dice ya: La vida es mía.

 

 

 

 

EL MÁS PUERIL

¿Quién más pueril que este gato pueril,
Quién sin cesar más niño?
Triscador, caprichoso, zahorí,
¡Cómo saca partido
De cualquier elemento que pueda remover,
Bola, flor o cordel!
Criatura inocente
Creando paraíso,
¿Quién con más absoluto no saber de la muerte?

Juega, mortal sin dios: tu cielo es el olvido.

 

 

 

 

LA NIÑA Y LA MUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(A. G.)

Todo su ser irradia luz de vida,
Una vida animal
Llameante de espíritu,
Espíritu invasor que, de repente,
Descubre la gran sombra.

¿Tan pronto se da cuenta
De verdad aquella alma tan minúscula?
Una obsesión de sombra se interpone
—Revolviéndose hostil—
Entre el mundo y la niña.

Respirando se alumbra el alma nueva,
Que un mundo inmenso para sí reúne,
Sin cesar más inmenso.
Y la niña clarísima respira,
Devora trasparencia, más entiende.

Un árbol. «Seco», dice.
«No tendrá primavera. Moriremos
Tú y yo. Nos moriremos todos. ¡Todos!»
Morir es un escándalo
Para la vida ingenua.

Y esa niñez, que de repente sabe…

 

 

 

 

SOLEDADES

xxxxxxxxxxxxxxx(1958)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxLa Lola…

La niña
Se va muy lejos,
Anita,
Por el aire, sobre la ola
Se va a su puerto,
La niña,
Lejos, muy lejos
Con su gracia tan chica,
Y Europa
Se queda,
xxxxxxxxxse me queda
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsola.

 

 

 

 

PRIMERA NAVIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(A. G. 1959)

Dice nerviosa, la niña:
«¡Santa Claus! No habrá venido».
Expectantes, vamos todos
A descubrir el prodigio,
Y ante ella, que nos precede,
Surge el Árbol, encendido,
Con sus tesoros. ¡Son muchos!
Y la niña queda en vilo,
Gravemente inmóvil bajo
La amenaza de un peligro.
Es imposible afrontar
Sin terror el Paraíso.

 

 

 

 

LAS GAVIOTAS INNUMERABLES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Isabel y Anita

Inmensa entre mar y dunas,
No se veía la playa
Bajo los blancos inmóviles
De tantas aves posadas.
Dos niñas, rubias al sol
Suyo que las alegraba,
De pronto corrieron, no,
Quietas ya: maravilladas
Ante la brusca ascensión
Unánime de las alas.

 

 

 

 

EN ESTOS AÑOS DE TORMENTAS

Niños desnudos por las carreteras
Huyen enloquecidos. Las hogueras
Bajo las bombas arden al servicio
Del hombre occidental: negocio, vicio.
«Ellos mueren. Yo, Jefe, mientras, hablo.»
¿Se destruye también el blanco diablo?

 

 

 

 

ARTE RUPESTRE

De la guerra civil no sabe nada.
Él era entonces niño inocente
Sin odio ni retórica de espada.
Ni heredero ni juez. —¡Adán!— Presente.

 

 

 

Guillén, Jorge. Niños. Málaga; Begar ediciones, 1983.

 

EL PELIGRO Y EL SUEÑO – ELOGIO DE LA PERIFERIA

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La antología “El peligro y el sueño. La escuela poética de Albacete (2000-2016)” se cierra con un epílogo múltiple, firmado por Antonio Lucas, Carmelo Guillén, Luis Bagué Quílez, Pablo García Casado, Carlos Alcorta, Dionisia García o Javier Sánchez Menéndez, entre otros.

Aquí dejo parte de lo que escriben por si aún no han tenido suficientes motivos para hacerse con el libro.

 

UN LLANO VUELTO LLAMA

Antonio Lucas

Sucede en Albacete lo inesperado. Algo que se sabe, pero que hasta ahora se mantenía en el rumor como una extrañeza, casi como un acontecimiento: la poesía española de las últimas promociones tiene allí uno de sus más abundantes caladeros. (…)
Estos poetas, nacidos entre los años 60 y los 80, establecen sus referentes desde una mundanidad que nace del conflicto, pero no exactamente del conflicto de provincia, sino del que busca espacio para los demonios o entusiasmos más allá de la jurisdicción de la casa. Su itinerario es contradictorio, quebrado y certero. No siguen reglas. No están organizados por estética, sino por el azar del territorio compartido. Así que la ciudad es su organismo, pero la política de todos ellos es pegar fuego al colchón y trazar el itinerario de unas poéticas individuales que están más allá de la construcción social de la provincia. (…)
Lo que estas páginas acogen no es exactamente una reunión de poetas, sino un despliegue de poéticas en marcha que se apuntalan y se niegan. Ahí está el don de sus intensidad. La revelación de su fortuna. Esta gente está inventando su paisaje. Las credenciales del origen, a esta hora, no pesan más que el anonimato en internet. Perder la raíz es un error y abrazar el chovinismo un desfase. La literatura es equilibrio y fuga. Descompensación y origen. Lo saben. Su país es la poesía.

 

 

 

 

UNA GENERACIÓN CONTEMPLATIVA

Carmelo Guillén Acosta

Por méritos propios y con el refrendo de importantes galardones nacionales e internacionales, Albacete es hoy día en España la provincia que concentra el numerador diversísimo más distinguido de voces poéticas jóvenes de proyección nacional a la par que un mismo denominador común fácilmente reconocible.
¿Qué la singulariza? Cuando, en general, la lírica española vive de escarceos individuales repetitivos aquí y allá, o bien suena a sus mayores, o bien no suena a nada, en Albacete se escribe una poesía de sello personal, ajena a localismos y, quizás, con el matiz de que es lírica que sabe a verdad, a tiempo interior intensamente vivido. (…)
Sucede de vez en cuando. Como en los místicos castellanos o en el 98, la desnudez total del paisaje albaceteño, lo recóndita que está la ciudad de las grandes capitales, el encanto sobrado de ser una provincia sobria, espiritual, explican la intensidad del verso de estos poetas que, sin enfrentamientos ni descalificaciones, constituyen un fenómeno literario digno de destacar.

 

 

 

 

EL TESORO DEL MAPA

Luis Bagué Quílez

Toda antología que se precie incluye también una cartografía, un mapa elocuente que nos invita a trazar nuestras propias coordenadas y a pisar una tierra insegura, más allá de la confortable equis que señala que “usted está aquí”. En El peligro y el sueño, esta carta topográfica se proyecta sobre un paisaje de aviesa genealogía y mala fama: el erial, imagen de un centro geográfico que padece las estrecheces de la periferia cultural. Sin embargo, el viejo páramo es ahora un llano en llamas, un suelo fecundo del que surge una poesía de alma indómita y vocación explosiva, con un pie en la tradición universal y el otro en un lugar de la Mancha. (…) El peligro y el sueño demuestra que en ciertas reservas protegidas aún corren buenos tiempos para la lírica.
En El peligro y el sueño, García Cerdán sugiere que el “juego de hacer versos” ha dejado de ser un placer solitario para convertirse en un reto público y —a ratos— en una ocupación de alto riesgo. No en vano, los poemas agavillados aquí configuran una precisa geografía física y una rotunda geografía humana. Al final, el tesoro era el mapa.

 

 

 

 

ALBACETE APROXIMACIONES

Pablo García Casado

Lo desconozco por completo. Por tanto, sólo puedo hacer aproximaciones. Desconozco por completo las dinámicas internas de una ciudad de la que sólo puedo decir que me trató muy bien, hablo de los poetas, de las revistas. De todo eso. Pero no sé nada del origen. (…) Estos poetas que hoy ya desarrollan una poética propia, seguro que en su día se aunaron y alimentaron por una búsqueda común de otros timbres, otras voces, otros ámbitos. Así ocurre en las ciudades de fin de siglo, de inicio del siguiente, que han perdido a posta los anclajes, y la poesía surge de la amistad, por alimentación mutua, por contagio, por imitación, por no quedarse en un rincón de la fiesta. Pero esto no es igual a una escuela, o a un timbre manchego, ni nada por el estilo, porque supongo, lo desconozco, que más allá de las afinidades personales, luego cada uno es cada uno, con sus lecturas, con sus fantasmas, con su particular manera de estar solo. Ya sea por escuchar mucho los Sonic Youth o el silbido del viento agreste de Chinchilla. Extrañamiento, y distancia, y deseo de ocupar con la poesía las preguntas. Nada de eso y quizá todo esté en esta muestra a la que estas palabras acompaña. Un grupo de escritores que dieron un sí a favor del lenguaje.

 

 

 

 

SEGUNDA FASE

Carlos Alcorta

A la chita callando, en los últimos años y en una provincia como Albacete —un tanto alejada no sólo de los centros económicos y políticos sino también de los culturales más inquietos, aunque sean dignas de elogio las iniciativas que diferentes sectores han llevado a cabo para mejorar esta situación (algunos de los poetas seleccionados en esta antología han sido sus impulsores)—, ha visto cómo se ha incrementado porcentualmente el número de poetas sobresalientes, muchos de ellos merecedores de los más importantes galardones de nuestro país. (…) El peligro y el sueño es una antología estéticamente plural que carece de voluntad unificadora, más allá del criterio geográfico y eso, en sí mismo, es una virtud, una de las muchas que ostenta. Pero es hora ya de entrar en la segunda fase, en la hora del lector, al que se le ofrece una oportunidad de oro para disfrutar de tan excelente poesía y para hacerse eco por los cuatro puntos cardinales de nuestro mapa poético.

 

 

 

 

SOBRE LA POESÍA ALBACETEÑA ACTUAL

Javier Sánchez Menéndez

La poesía escrita en la actualidad por los autores nacidos o residentes en Albacete, a diferencia de lo que ocurre en otras provincias españolas, entronca en una fiel simbiosis con la lírica española clásica. (…)
El respeto y la lectura hacen que se cree otro punto de grandeza peculiar, algo inusual en otros puntos geográficos de España. La poesía escrita por los autores de Albacete la conocen los autores de Albacete. Muy difícilmente este hecho ocurre en buena parte de nuestra geografía. Esto facilita el intercambio y la cultura se va consolidando.

 

 

 

 

DEL POEMA

Dionisia García

El ser humano con sus capacidades ilimitadas puede arder en su interior, encender la “llama” de lo poético y propiciar nuevas y variadas formas. (…)
Es cierto que en Albacete y sus “afueras”, al amparo de tierras recias, y quizá como reacción sensible al medio, surgieron en épocas anteriores autores de gran relevancia tanto en prosa como en verso, que fueron recogidos en antologías y cuyos impulsores están en la mente de todos. Es justo recordarlos en El peligro y el Sueño.

 

LUNAS DE PAPEL

Luna de tarde

 

 

DIONISIA GARCÍA

PATRIAS

Recuerdo aquel lugar donde por vez primera
me besaron la frente.
El sol y las miradas calentaban mis manos,
y el olor a cereales invadía las plazas.
Es una larga historia de huidas y retornos,
de creer en la tierra pisada en los comienzos.

De pueblo en pueblo fui, de casa en casa.
Me siento de los lugares que habito.
Cada día comienzo mis trabajos.
Vivo, sin más, la lucha
entre paredes blancas, entre libros y enseres.
Sueño, puedo soñar. El porvenir espera
con la prestada luz de otros inviernos.

 

 

 

APUNTE GRIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn memoria
xxxxxxxxxxxxxxxde Irene Guillén

Se irá en su soledad, porque es invierno,
a un paisaje distinto,
a conocer sin límite el tiempo dela espera,
el vuelo detenido de jardines cercados,
sin ventanas azules;
y sí el milagro de la luz
que invadía la casa.
Erguida su figura,
dirá adiós a la estancia,
a su rincón caliente
que gobernó el recuerdo.
Incansable viajera, en ella viven
países y lugares, con personas amadas
que fueron compañía. Todo fue y está siendo
en su memoria clara de imágenes sensibles,
realidad persistente en sus días de ahora.

 

 

 

 

RAQUEL LANSEROS

SOBRE UNA CAMA HELADA

No es invisible el modo
en que ya no te busco,
ni esta manera nueva, sin fe ni mediodía
de llovernos despacio, -como gotas de hielo-,
xxxxde no ceder un palmo en medio del tornado.

El olvido es azul. Nunca termina
xxxxxxxxde convertirse a golpes en él mismo.
Se mide por ausencias y papeles en blanco.

Tras su paso, el silencio
deja detrás de sí un paisaje de ruinas,
una patria deshecha e inmolada
xxxxxxxxxxxxxxxa los grises fantasmas de la pérdida.

El ánimo rojizo de las uvas maduras
se apodera despacio de la tierra.

Te quise. Me quisiste. Nos quisimos.
Qué fácil es decirlo cuando no queda nada,
cuando ya ni siquiera recordamos
xxxxxxxel tacto de los sueños.

Ahora que la memoria se bate en retirada,
-vencida y silenciosa
xxxxxxxcomo un niño sin cromos-,
y lo único tangible frente a  nosotros mismos
xxxxxxxxxxxxxxes lo que ya no existe.

 

 

 

EL VÍNCULO

Es cierto, nos dijeron muchas veces
que la vida es un juego peligroso.
No la vida de pétalos y estambres
que acunó nuestra infancia. Esta otra vida,
la de las colas y los formularios,
la auténtica existencia, nos dijeron.
En aquel tiempo teníamos nosotros
los ojos rebosantes de futuro
y una impresión confusa del amor.

Qué poco sospechábamos entonces
la lección desasida para la libertad
como un pacto sagrado: la invención de uno mismo.
Y no es casualidad que la raíz
xxetimológica del término invención
xxxxsignifique el encuentro. El mismo encuentro
xxxxxxmantenido en la eterna inmensidad del tiempo
xxxxxxxxcontra todo pronóstico. Como hiciera Penélope.

Hoy hemos aprendido que ser libres
significa luchar, imponerse al destino,
intercambiar sin miedo las identidades.
Y quizá recordar
xxxxque los dioses tiranos desoyeron a Ulises.

Los mismos que tampoco nos oirán a nosotros
el día que decidamos olvidarnos.

 

 

 

BOCETO DE SOMBRAS

Hoy ha debido ser viernes en todas partes.
xxxxVarios ángeles han ido resbalando
xxxxxxxxxxa las aceras desde los tejados.
El viernes no es un día, sino un tiempo compuesto,
subjuntivo, futuro, plural, pluscuamperfecto.
Un puesto de aduana en la frontera
xxxxxxxxxxque separa a los vivos de los supervivientes.

Ha debido de ser viernes
xxxxxxxxy tú no estás conmigo.
Sin embargo he sentido que tu ausencia
se ha ido haciendo viscosa al avanzar la tarde,
xxxxxxxxxxcomo un pesado dique contra el tiempo.

Tu alma está en todas partes, sonámbula, celeste,
decidida a vagar ingrávida en mi eje
xxemergiendo de todo, henchida de las cosas,
xxxxretornando a la nada, ese sinónimo
xxxxxxde una noche de viernes y una cama vacía.

 

 

 

 

JOSEFINA SORIA

[cinco poemas inéditos del poemario ‘ESTA ES MI FIESTA Y LLORARÉ SI QUIERO’]

HORA PRIMA

Un mar lleno de peces me navega.
Abro a la vida sus compuertas altas
y en resplandor me anego.
¡Soy yo la que amanece!
¡Contempladme!
Han nacido palabras en mis labios
soñando hacerse verso.
El viento mañanero
músicas va poniendo en mi garganta.
Es temprano.
Ahora mismo
el horizonte estrena una alborada
de primorosas luces.
A esta hora no se hacen reproches.
Las falaces promesas
no han comenzado a oírse todavía
dispuestas van las horas
a dejarse llenar por la hermosura.

 

 

 

ABRIL

Venid conmigo, entrad. Esta es mi casa.
Sobre el húmedo césped abril camina
adensando el aroma de los pinos.
Quizás queráis llegar hasta el almendro
y preguntarle qué soñó esta noche
o volver a la higuera y convidarla
a una taza de té con yerbabuena.
¿Oís esas palomas cuyo zureo escucho?
Parece que trajeran en sus alas
aromas de azahar.
¡Son hermosas las mañanas de abril!
Contemplad como vienen pintando el horizonte.
Con su perfil convoca gorriones
en el viejo tejado.
Este es el momento de encontrar
esa dicha infinita que buscamos.
Antes que alguno se levante
abra la radio
y preso ponga el tiempo en los relojes.

 

 

 

OIGO TU VOZ

Oigo tu voz y llego
al delirante mundo de las rosas.
Deletreo tu nombre
y las jaras se yerguen
con su salvaje aroma
y florece el aloe
sin memoria de acíbar
y azules se perfilan
los genios de la noche.
Te acercas a llamarme
y se llenan los aires de arrebatadas voces.
El espino permite
que emerja su ternura
y su ruda presencia el cierzo guarda.
Tú y yo nos encontramos
y surge la canción definitiva
su tonada llevando hasta los astros.
Para colmar de gozo
los umbrosos caminos de la noche.

 

 

 

VEHEMENCIA

Y luego, un día
llegaron los deseos
a ceñirme las sienes y tus manos,
tus manos cual magnolias
ocuparon mi sangre.
Estelas que marcaron los caminos
con cauces deslumbrantes.
Qué inusitado gozo fue aprenderte.
Nunca me dijo nadie
que tan hermosa fuera
esta entrega total.
Caminar
sin saber dónde llevan los caminos.
Te seguí fascinada a donde dispusiste.
Donde Dios quiere el mundo
enhebrado en su fuego.
Sin tener más noticia.
Y encontrar que ya era
tan hermoso el amor.

 

 

 

ASALTO A MEDIANOCHE

Cual furiosa avalancha
que invadiera mis sueños
se acerca a despertarme
un alud de palabras.
Se apoyan en mi almohada
sugerentes, impúdicas, soberbias.
Se columpian en mis pestañas.
Danzan ante mis ojos,
que apenas pueden mantenerse abiertos.
Se arrojan en tropel hasta mi frente.
Las nombro levemente
desde mi duermevela. Las acaricio
y ellas se apoyan en mis labios
que arden.
Finalmente me levanto
tomo pluma y papel
y las voy anotando en mi cuaderno.
Ya rendida
las cito para mañana
y lo hago apresurada. Antes
de que alguien despierte
abra la puerta y se pregunte
qué nueva orgía
organicé esta noche.

 

 

 

 

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ-NAVARRO

LO REAL Y SU DOBLE

Siempre me ha costado trabajo despertar de los sueños. Pero de un tiempo a esta parte, no sé si por el estrés, el cansancio o las preocupaciones, lo cierto es que me cuesta horrores entrar en el mundo real. la culpa la tienen una serie de sueños no reparadores, sin sentido alguno, que hacen que me levante mucho más cansado de lo que me había acostado, de modo que el cansancio se acumula y los días se me hacen interminables. Lo peor es que muchas veces los sueños son tan reales que, al despertar, se mezclan con la realidad y me duran casi toda la mañana; en alguna ocasión, incluso todo el día.
Casualmente, a principios de año tradujeron al castellano Travesía nocturna, el diario de sueños de Clement Rosset, donde el pensador francés describe una experiencia muy semejante a la mía, y propone un método para paliar el efecto real de los sueños: escribirlos. Una vez escritos, los sueños, aunque se mezclen con la realidad, no van creciendo con ésta, pues uno sabe en todo momento lo que es real y lo que proviene del sueño.
Desde que descubrí esto, he llenado más de cuatro cuadernos con mis vivencias nocturnas. Todas las mañanas paso entre media hora y una hora escribiendo el sueño. Si no lo hago, el sueño comienza a ganar terreno a mi realidad.
Escribo los sueños ara poder controlarlos, para mantenerlos “a raya”, literalmente hablando. Y para que la escritura sea efectiva, he descubierto que es mejor dramatizarlos, relatarlos como si fueran historias. Así logro tomar distancia respecto a lo que pudieran ser mis vivencias personales, y los sueños se van, o al menos dejan de perturbar mi realidad. Además, muchos de ellos los puedo aprovechar para mis relatos. De hecho, este último año, gran parte de los relatos que he ido publicando en revistas provienen, ligeramente modificados, de mi archivo de sueños. Un archivo poblado de pesadillas perturbadoras que apenas puedo soportar, como ese sueño reiterativo en el que comienzo a morder mis manos y por alguna extraña razón que nunca logro encontrar, siento aquello como algo agradable. Me despierto entonces sobresaltado, con los dientes y las mandíbulas doloridas. Y tengo que ir corriendo a escribir antes de que el dolor se me extienda por todo el cuerpo. Si algún día me demoro en la escritura, puedo llegar a morderme realmente.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Hace algo así como una semana tuve un sueño completamente diferente. Fue el primer sueño reparador en mucho tiempo, como si al final, igual que le sucedía a Clement Rosset, me hubiese recuperado.
Soñé que estaba en una estancia indefinida y que mi cuñada, la hermana de mi mujer, vestida de un blanco inmaculado, aparecía de la nada y me abrazaba con fuerza. Yo me sentía reconfortado con aquel abrazo. Luego, los rostros se rozaban y, después, ella me besaba en la boca.
Confieso que siempre me ha atraído mi cuñada. En general siempre me han atraído mis cuñadas. Primero las mujeres de mis hermanos, y luego, las hermanas de mi mujer. Sin embargo, en el sueño, el beso de mi cuñada no tenía nada de sexual. Era un beso que, sin llegar a ser casto, no pertenecía al espectro de las relaciones sexuales, al menos tal y como las entendemos.
Nunca había sentido un beso así en la realidad, ni había leído ni sabido acerca de un beso de tales características, pues, por lo general, los besos tienen que ver con la falta y no con la plenitud. Los besos acrecientan el deseo, y no lo apagan. Pero el beso del sueño era un beso de plenitud, un beso que apaciguaba todo deseo, un beso gozoso, en el que sentí que se paraba el mundo, en el que sentí condensados todos los besos.
Y lo más importante de todo, el beso del sueño tenía un sabor particular. Un sabor tan intenso que me hizo despertar. Un sabor que todavía, mientras escribo esto, puedo paladear. Eso quizá fue lo más inquietante. Que cuando desperté tenía el gusto en la boca. Sentía realmente que ese beso había tenido lugar, que había una porción de realidad en aquel sueño.
Me costó un trabajo enorme levantarme. Estuve saboreando el beso en la cama durante algún tiempo. Mi mujer ya se había marchado al trabajo y pude quedarme allí un buen rato. El problema vino después, cuando decidí -y creo que esa fue la peor decisión que pude tomar- que no iba a escribir. Había sido el primer sueño reparador en mucho tiempo. Había superado las pesadillas. Además, no recordaba una experiencia de tanta paz y plenitud como la que había vivido esa noche. Pensé que si la escribía se perdería para siempre. Y quise permanecer algún tiempo más con el sabor en la boca.
Recuerdo que esa mañana ni siquiera quise desayunar. El sabor del beso me saciaba, y no quería quitarme el gusto de la boca. Luego, al mediodía tuve hambre, aunque pude resistirlo. Y, conforme avanzaba la tarde, comencé a pensar que lo mejor sería volver a casa y acostarme lo más rápido posible para intentar encontrarme de nuevo con mi cuñada en el sueño.
Cuando llegué, mi mujer me estaba esperando para cenar. Pero yo no tenía hambre, ni quería comer. Tampoco quise besarla. Al ver su rostro de preocupación, le dije que había tenido un día muy duro y que me iba a dormir enseguida.
Intenté soñar de nuevo con mi cuñada, pero fue imposible. El sabor del beso aumentaba cada vez más. Cada vez que paladeaba, lo sentía con más fuerza. No era desagradable. Todo lo contrario. Era tremendamente delicioso. Sin embargo, así como en el sueño el beso colmó todo deseo, en la realidad, su sabor en mi boca acrecentaba la necesidad de repetirlo. La plenitud se transformaba en falta, cada vez con más fuerza, con mayor intensidad. Hasta que, a la mañana siguiente, el deseo ganó la partida a la satisfacción y la sensación se volvió insoportable. Tanto, que no dudé en intentar escribir el sueño. pero ya no era posible. El sabor del beso se había hecho tan fuerte en mí que no podía expresarlo con palabras. Ya era demasiado tarde.
Durante el resto de la semana apenas comí ni dormí. El beso me había quitado por completo el hambre. Y tampoco soñé. por las mañanas me levantaba y no recordaba nada de lo que había soñado. Intenté mil veces escribir el sueño… pero ya no podía describir el sabor ni la sensación. Todo estaba poblado de realidad. Había transcurrido demasiado tiempo. El sueño se había apoderado de la realidad.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Mi mujer no hacía más que preguntarme qué me ocurría, por qué no quería comer y, sobre todo, por qué evitaba sus besos. Al final tuve que decirle que había soñado con su hermana, y que el sueño se me había ido de las manos. Le dije también que estaba desesperado. Que ya no aguantaba más, que tenía que saber si ese beso era real o sólo era parte de mi imaginación. Y ella, con su habitual templanza, me dijo que me tranquilizase, que al día siguiente buscaríamos ayuda médica. Y sobre todo que bajo ningún concepto se me ocurriera hacer lo que estaba pensando. Porque ella me conoce bien, y sabía que en ése momento sólo había una idea en mi mente.
El beso me estaba volviendo loco, y tenía que pararlo de alguna manera. Estaba claro que la escritura ya no podía hacerlo. La única solución pasaba por romper la idealización, destrozar la ilusión y caer a lo real: besar a mi cuñada, aunque eso significase poner en peligro mi matrimonio. A esas alturas, mi matrimonio era lo de menos. Después de una semana de delirio, sólo me importaba una cosa, sacar de mi cuerpo aquella sensación. A toda costa.
Ésa misma noche cogí el coche y fui a la casa de mi cuñada, que vivía en un piso de soltera. A las tres de la mañana toqué al timbre. Al verme, se asustó. Pero me invitó a pasar. Yo le conté la situación y le dije que necesitaba besarla. Pero ella se negó. Entonces intenté hacerlo por la fuerza, aunque siempre ella conseguía retirar sus labios. Por fin conseguí besarla, pero de modo muy fugaz, así que no me dio tiempo a saborear el beso. Necesitaba sosiego y calma. Necesitaba saborear su boca. Confrontar sabores. Y eso era imposible de aquel modo. Así que decidí atarla a una silla. Y para que no gritase más, la amenacé con un cuchillo. Incluso tuve que hacerle un pequeño corte en la mejilla para que se tranquilizara. Yo no quería, pero la situación me condujo a eso. Al final, cuando entendió que su vida no me importaba demasiado, accedió a mis peticiones, y logré que me besara con pasión. Probé de todas las maneras. Pero sus besos no recordaban ni de lejos al beso del sueño. Ni siquiera el roce de su rostro. nada era igual. No era ella. No era su sabor lo que yo buscaba. Se había roto la ilusión. Pero eso, lejos de salvarme, fue lo que me condenó. Porque besar a mi cuñada y constatar que no era la mujer del sueño fue como abrir la caja de los truenos, y el beso que llevaba dentro se desencadenó con una violencia tremenda.
Mi cuerpo comenzó a tambalearse de dolor. Y mientras tanto, mi cuñada me miraba con los ojos llenos de lágrimas. Yo le pedí perdón. Pero sabía que había ido demasiado lejos. Si la soltaba, llamaría a la policía. Tampoco me importaba demasiado, así que decidí dejarla allí. Desconecté el teléfono y cerré la puerta con llave. Ya la encontrarían. Todo estaba perdido.
Salí corriendo de la casa y subí al coche. No sabía dónde ir. Pero lo peor era la terrible sensación que se había apoderado de mi cuerpo. Era un dolor tan indescriptible que nunca me acostumbraba a sentirlo. Y se incrementaba cada vez más.
Pasé cerca del malecón, y se me ocurrió, en medio de la desesperación, en probar más besos, los besos más desesperados. Así que subí al coche a una prostituta, y le dije que quería que me besara. Nada más. Fue una experiencia terrible. Luego otra.. y otra más. Creo que esa noche besé a todas las prostitutas callejeras de Murcia. Pero no obtuve respuesta alguna a lo que estaba buscando. El beso cobraba fuerza en mi interior. Era como si me expulsara de mí. Hacía días que no había comido, días que no había dormido, y el beso se había apoderado de toda mi realidad.
No sabía cómo iba a volver a casa después de aquello. Mi cuerpo se entumecía poco a poco. Pero el dolor más terrible lo tenía en la boca. Ya apenas podía saborear. la boca se me había puesto densa, pastosa, como si estuviese mascando algodón. Un algodón húmedo que me envolvía y no me dejaba moverme, como si todos los poros de mi piel se estuviesen saturando. Me ahogaba. Y ya no podía salir a flote.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Estaba claro que nunca encontraría un beso que pudiera frenar aquella metástasis. Entonces, sumido en la desesperación, decidí que lo mejor era el suicidio. Al menos, podría saber cuándo acabaría.
Conseguí llegar a la casa que mis padres me dejaron en la huerta. Todo acabaría allí. Aquel maldito sueño, aquel maldito sabor. Mi padre siempre guardó una escopeta de doble cañón. Esperaba que también hubiese guardado algún cartucho. Gracias a Dios, así lo hizo. Encontré el arma y la munición, me senté en la cama de mis padres y, alargando el brazo todo lo que pude, me metí la escopeta en la boca e intenté disparar. Juro que lo intenté. Cerré los ojos, apreté los dientes junto al cañón. Pero en el último segundo, no tuve valor para hacerlo. Ni siquiera la desesperación me hizo apretar el gatillo.
Fue entonces cuando de impotencia mordí mi mano con tal fuerza que comencé a sangrar. Y fue también en ese momento cuando sentí algo extraño en el sabor de mi sangre. Un gusto metálico que, extrañamente, se aproximaba bastante al del beso del sueño. Saboreé un poco más. Y, en efecto, mi propia sangre era lo más parecido al sabor del beso.
Cuanto más saboreaba, cuanto más fuerte mordía, más cerca estaba del sabor del beso, como si estuviese afinando un instrumento musical, buscando el tono perfecto. Sentía que a medida que me desangraba y me quedaba sin fuerzas me aproximaba más al sabor del beso. Así que mordí y succioné tanto como pude… hasta que, en un momento, perdí el sentido por completo.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Cuando mi mujer me encontró ya casi no tenía sangre en mi cuerpo, y la mano izquierda prácticamente me la había comido entera.
Ahora tengo las manos vendadas, pero aun así el médico me obliga a escribir mis sueños. Para que no me ocurra más lo del beso. Para que en la palabra escrita pueda encontrar un saber… un sabor.

 

 

 

 

MANUEL MOYANO

TIEMPO Y CENIZA

He ahí al gran escritor y a su mujer, él repantigado en su butaca preferida y releyendo Tiempo y ceniza, la novela que publicara hace ya más de veinte años, ella viendo la televisión con el volumen muy bajo para no molestar a su marido, quien humedece la yema de su dedo índice con su propia lengua empapada en whisky para así poder pasar de la página 77 a la 78, donde acaba el tercer capítulo de esa obra que algunos críticos acogieron en su día con tibieza -pobres mentecatos-, pero que otros elevaron de modo inmediato a los altares de la literatura y que calificaron de tumultuosa y sublime: “fiel espejo de nuestra época”, en palabras de R. S.; “magnífico templo verbal”, según la encendida reseña de M. G.; qué importa que Tiempo y ceniza se vendiera poco, piensa el gran escritor, a quien ya empieza a fastidiarle que su mujer lleve varios minutos intentando atraer su atención hacia alguna cosa, la verdad es que le público se alimenta de bazofia, por suerte aún quedan espíritus cultivados que, año tras año, siguen promoviendo su candidatura al Cervantes (recuerda mientras vuelve a decir que no a su esposa con la cabeza) “por haber alcanzado con una sola obra las más altas cimas líricas de nuestra narrativa”, recita para sus adentros el gran escritor quien, finalmente, acaba de ver rebasado el límite de su paciencia y, sin apartar la mirada del libro manoseado que tiene en el regazo, le espeta así a su mujer: “yo no pienso ir, estaría bueno. Habíamos quedado en que esta semana la basura te tocaba bajarla a ti”.

 

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