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Posts Tagged ‘David López Sandoval’

VERANO DE 2012

Manifiesto 12

 

Aquí tienen algunos textos del número 12 del Manifiesto Azul.

 

NOELIA ILLÁN CONESA

ALGO DE ESTRUENDO

Sí, por qué negarlo.
Buscamos a veces los labios vacíos de amor,
algo que no tenga trascendencia.
Y nos basta, sí, eso nos basta:
el machaque de gusto,
el colarnos entre las piernas de un muchacho
y bebérnoslo por puro pasatiempo.
Y que nos dé igual el “luego”.
Luego, ¿qué? No importa.
Comer por comer, por el puro placer del comer,
casi como un capricho para el cuerpo,
que seas tan puta como el otro que está en tu cama,
o en tu coche,
o en un portal.
Que te duela el alma o la entrepierna,
que no puedas sostenerte más tiempo a cuatro patas
ni tu piel pueda ya rezumar más sudor.
A veces sí, se necesita:
nada de amor y algo de estruendo.

 

 

INMA LUNA

BOCABAJO

Trasnochar con la ternura de Together
y luego darle vueltas a la cama
comiéndome los números más rojos del reloj.
Me inquieto con cuidado para no despertarte,
me respiro los nervios como un caracol,
haciendo y deshaciendo la almohada,
sacando los pies por la azotea,
subiendo con sigilo hasta la lámpara
y cayendo después en el sueño poblado del Lorazepan.
Madrugar.
Caminar por los mismos adoquines de antes
al son del ritmo silencioso de tacones de goma,
como si por allí nunca hubiera pasado,
haciéndome la nueva,
haciéndome la fresca.
Llegar al sitio que me espera
con su eco caliente de papeles y máquinas dormidas.
Enterarme de noticias grandiosas,
informaciones trascendentes
como que hoy mi padre saldrá y verá la calle
por vez primera en lo que va de año
y que ya cuenta chistes
aunque aún no se acuerde de qué ha comido hoy.
Llegar a casa,
que me estés esperando con la puerta entreabierta
y unos besos de viernes bienvenido.
Cortarme el dedo mientras cocino pollo congelado,
que nos sabe a manjar con un vino que raspa
y nos tinta la boca.
Entusiasmarnos con pisos grandes y terrazas
que nunca podríamos pagar.
Tomar cerveza, visitar a mi hermana,
mirar la cartelera, darnos la piel
como si todo fuesen vacaciones
en un país extranjero,
como si todo fuesen tulipanes,
como si fuésemos capaces de cambiar este mundo
aprendiendo a vivir de otra manera.

 

 

ANTONIO PÉREZ ABRIL

HIJO, CUANDO TE LANCES A LA VIDA…

Sé un buen chico los domingos
Y no le hagas ascos a la sopa.
Recibe alguna hostia,
Lávate los dientes y si te aburres
Lee un libro o hazte una paja.
Ten sueño los lunes
Y ansiedad los martes.
Acaricia la prosperidad de las cosas.

Pero no las hagas tuyas todavía.
Baja alguna vez a los infiernos
Y masca bien las brasas que te dejen.

Solidarízate con el dolor:
Compra algún geranio
Y empuja con gracia el carrito por el super.
Vuelve luego a casa y pégate una ducha.
Pero pase lo que pase, no olvides nunca

Atravesar esa puerta y defraudarlos a todos,
Defráudalos tanto como puedas,
Hasta borrar cualquier imagen que tengan de ti
Y tú mismo dudes de tu existencia.

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

BALAÑIANA

Con tono de sarcasmo me preguntan
si intento transformar el mundo con poemas.
Casi nunca respondo o lo hago con metáforas
de feroces Quimeras que es hermoso confrontar
pero que siempre te tragan. Mas yo sé
que cada vez que algún adolescente
se sienta enamorado y elige la poesía
y afila su navaja para hundirla en la coraza
de piedra del Enigma, somos más
contando de este lado, Y sois menos del vuestro,
y aunque bien es verdad que este país no es soleado
ni dispone de ejército ni las aguas son puras,
nuestras palabras no son inocuas. Y pesamos.

 

 

DAVID LÓPEZ SANDOVAL

VINTAGE

A lo mejor resulta que las cosas
envejecen también y que la misma
lealtad a lo que una vez mostraron
les procura esa sensación, que es marca
de la casa, de andar algo perdidas.
Recuerda, por ejemplo, aquellos discos
de Dylan que tu padre te dio, cuántas
veces los escuchaste convencido
de tener un tesoro; y sin embargo
ahora ya no sabes en qué caja
los metiste o, lo que es peor, siquiera
eres capaz de oírlos con agrado.
Mira, si no, estos cuadros de familia,
o incluso las primeras ediciones
de Valle o de Baroja, date cuenta
qué poco dicen hoy a quien se muere
por salir de la jaula de sí mismo.
Y sin embargo, ¿no es esto una excusa?
Porque en realidad, después de todo,
sucede que las cosas van ganando
galones casi tan rápidamente
como tú vas perdiendo facultades,
y que aunque tú no seas ya capaz
de amarlas, ellas tienen confirmada
la eternidad y un día en el amor
que los otros, sin duda, han de otorgarles.
Y eso es una verdad como un templo.
Y otra verdad es, nunca has de olvidarlo,
que ahora, a estas alturas de tu vida,
matarías por ser igual que ellas.

 

 

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ

NUEVA ZELANDA

Arranqué pedazos de mi alma, los cocí e hice ladrillos con ellos. Muchos ladrillos: había material de sobra. Con los ladrillos hice un muro, un muro no: otra cosa, no sé qué, ocupé con ella la plaza de mi pueblo y seguí construyendo para hacer más grande eso, lo que fuese eso. cada vez más y más grande. No sabía qué podía ser, salvo que era grande, podía subirme encima y me subí: seguía mi labor desde allí, no paré hasta ver pequeños los pájaros, la gente, las nubes, los aviones, las azafatas de los aviones me saludaban al pasar, al parecer me había convertido en una celebridad, no, eso no, deliro: pero es que una me enseñó los pechos. Salí del país, del continente, vi la tierra y el mar, se separaban debajo y yo era un Moisés geoestacionario, no por nada, es que los satélites geoestacionarios circulaban como locos a mi alrededor, arremolinándose como moscas en el frío verano de las playas del espacio exterior, la línea de costa del cosmos, pero no había dúplex ni resorts, menos mal, ¿menos mal? la Tierra y el Sol, con mayúsculas, por ejemplo: una vez vi una escena parecida en Superman, pero yo prefería pensar en satélites, todo menos heroico y más mecánico: podía haber sido uno de ellos, pulular como una mosca programada por ahí arriba y emitir zumbidos hacia abajo, burlarme de mis receptores, ronronear en el regazo de sus máquinas, también hacia el sol, a ratos, pero decidí seguir mi camino, seguir con mis ladrillos, no podía parar, ¿por qué iba a hacerlo, si tenía la opción de seguir subiendo incluso hasta ese punto en el que subir o bajar son la misma cosa, dos correas para el mismo perro, los dos pechos de la misma azafata, pechos que brincan a mi paso, que vibran a cámara lenta en mis noches más calientes? A un lado o al otro ya no era más que continuar o dejarlo y dejarlo era de idiotas, así que seguí añadiendo ladrillos, cociendo más y más pedazos de mi alma para hacer ladrillos con ellos, tenía alma para rato, no acababa de sacar pedazos nunca, una suerte de reino de Jauja, maná moral cayendo del cielo de mí mismo, y hablando del cielo: pasé Marte y Júpiter y después Plutón, ese pobre, estúpido ex-planeta. Ahorraré detalles: llegué al fin del universo y vi el rostro de Dios padre. No, no el rostro de Dios. Vi el final. No hay final. Quiero decir que empecé otra vez de cero. ¿Hola? ¿Alguien ahí? En mi pueblo me miran raro, mientras cuezo ladrillos, después de saludar: me queda alma para rato. Empiezo la ascensión aunque esta vez quizás me quedé a esta parte de la órbita geoestacionaria, orbitando aquellos fulgurantes senos que entreví una vez, dedicados para mí, que la azafata guardará esta vez para sí misma, acaso ya en la otra parte del planeta, en las mimas antípodas.
Por lo que tengo una idea: sigo excavando, pero también ahora en la tierra. Construyo un túnel, no, un túnel no. ¿Aparecería en Nueva Zelanda, vería algún día el rostro verdadero de mi alma?
ya fuera de bromas, ¿existe Nueva Zelanda?

 

 

NATXO VIDAL

MILLÁS NO ESCRIBE NADA BUENO

Hacía tiempo ya que me sentía mal. Al principio fueron síntomas sin importancia: dolores de cabeza, tos, molestias en el cuello. Luego empecé a encontrarme peor: me dolían las tripas, vomitaba, me temblaban las piernas y veía el cielo gris todas las tardes. Y los domingos se me caían las cosas de las manos. Después vinieron las pesadillas y el insomnio, las supuraciones, la hipertensión y hasta la halitosis; empecé a perder pelo y las uñas dejaron de crecerme.
Entonces decidí leer a Millás, pensando que me ayudaría. Sabía que él habitaba un mundo donde nada es lo que parece, lleno de fantasmas y de dolores lumbares, de vértebras desencajadas tras el primer sueño, de suegras muertas que se aparecían… No me fue bien y, además, me aficioné al gintonic.
En sus textos hablaba de psicoanalistas y psiquiatras. Ahí debe de estar la solución, pensé. Escribí a su editorial y pregunté cuál era el suyo. Dirección, teléfono y tarifa, dije. Me lo contaron todo.
Fui un miércoles por la mañana. Me recibió una señorita con orejas grandes y desnuda de cintura para abajo, con un cartel colgado de la blusa: no creas siempre lo que tus ojos digan. nada es lo que parece, y más abajo doctora Lucía martín. me acomodé en el diván. vengo de parte de Millás, le dije al otro médico; y luego les conté el problema.
Todo empezó hace unos doce años, dije. Dolores de cabeza, molestias en el cuello. Y así hasta hoy, los nervios, la hipertensión, la caída del cabello, los vómitos o la halitosis. Su problema es que se empeña usted en ver la realidad, me dijo. Cierre los ojos. Imagine que su mujer le quiere. Que su trabajo le hace feliz. Que sus hijas le consideran un buen padre. Imagine que España es una república con políticos capaces, que la justicia cumple, que la vergüenza existe, que la escuela pública es reconocida como se merece, que la iglesia hace lo que debe y que el mundo gira cada día seguro de sí mismo, camino de un futuro mejor. ya lo veo, dije. Entonces conserve esa imagen y no abra los ojos mientras se los sacamos. Entró a la sala la misma señorita que me había recibido (lo supe por el olor) y me arrancó los ojos mientras me susurraba cosas bonitas al oído. Ahora verá sólo lo que quiera, dijo. Se sentirá mejor. La próxima semana le extirparemos los oídos. Y a la otra le prohibiremos la lectura. A partir de entonces, dijo mientras cogía mi dinero, será, sin duda, el hombre más feliz del mundo.
Debí haber escuchado los consejos de mi padre. No leas a Millás, me dijo. No escribe nada bueno.

 

 

ÁLVARO PINTADO GONZÁLEZ

AUTODEFINIDO

1984. The Doors. Izquierda Unida. Eduardo Lago. Confederación General del Trabajo. 1.100 euros al mes. Periodista. Cerveza fría. Soltero. El show de Truman. El Principito. Ateo. No me gustan las etiquetas.

 

VACÍO 2.0

En apenas 10 minutos y después de varios golpes de teclado borró su identidad para siempre. Había decidido eliminar su correo de hotmail, su cuenta en badoo, su perfil de twitter y facebook. Vacío de contenido, vacío de vida 2.0 y de esperanza, aquella mañana se arrojó naturalmente desnudo al mundo. Había decidido retomar su vida. Fue más fácil de lo esperado.

 

OTOÑO DE 2011

Manifiesto 11

 

 

Aquí tienen algunos textos del número 11 del Manifiesto Azul.

 

ANTONIO PÉREZ ABRIL

LETRAS DE CRÉDITO

Ahora sé que la vida tiene ese rumor alborotado
De hojarasca, de lluvia, de acordeones y nostalgias.
Quizás la noche dé sentido a las cortinas,
O un aliento a la nuca más anónima.
Pero yo salgo de clase con los bolsillos vacíos
De aulas verdes e imposibles,
Donde a las cuatro en punto de la tarde
Da comienzo la sutil violación a la palabra,
La búsqueda del ser en su prostitución literaria.
Y siento el cuerpo ligero, como de querer volar
Con estas hojas que ahora se levantan con la brisa
En su danza de cópula y serpientes,
Acariciando el sudor de los cuerpos,
O el deseo de las calles, un deseo de poema,
De poema que empiece por la palabra amor o silencio.
Y así, con el cuerpo manso, como de huir con las hojas,
Voy camino de casa atravesando bares cerrados
Hacia la guarida de llaves en su cuenco,
De abrigos en las perchas y sábanas deshechas
Escondiendo alguna soledad definitiva.
Y antes de doblar la última esquina,
Con los pájaros ya dormidos en sus pupilas de ceniza
Veo levantarse a mi espalda
Unas letras blancas sobre fondo negro,
Unas letras de crédito con la palabra fin
Mientras abro la puerta de casa y desaparezco.

 

 

DAVID LÓPEZ SANDOVAL

LECCIONES DE LA VIDA

Si nescis, oculi sunt in amore duces.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPropercio

No ceses de hablar nunca, joven Cintia.
Y déjame que ahora recupere la presencia del dios.
Y que me eche a reír cuando tú ríes.
Y que adopte esta pose de interés
ante anécdotas que, por edad, ya he superado.

Habla, habla y no te importe adiestrarme en las cosas de este mundo.
Cuanto en ti veo me recuerda lo que he sido;
eso es precisamente lo que buscan los hombres como yo
en cuerpos como el tuyo.

Habla, amor mío, mientras en tus ojos me sumerjo,
y en sus aguas, tan mansas como un músculo en reposo,
hago como que escucho lo que dices
y sobre mí desnuda te imagino
dándome todas tus lecciones de la vida.

 

 

JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ

IMAGINABA UN LAGO

Imaginaba un lago y le faltaba el oxígeno.
Sus familiares subían la escalera a toda prisa y corrían hacia su dormitorio, alertados por sus gritos y por un ruido extraño, inexplicable allí dentro, como de chapoteo.

 

 

DAVID MORENO

VIDA POSTIZA

Se miró al espejo. Se quitó la peluca y los pendientes, limpió su rostro de los restos de maquillaje y guardó raudo y veloz los zapatos de tacón en el armario. Seguidamente cogió una cerveza de la nevera y se sentó en el sofá para poner un partido de fútbol en la televisión. Su mujer estaba a punto de llegar.

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

LA PLAYA DE TODOS LOS DOMINGOS

xxA los niños domingueros se les reconoce, cómo no, por el corte de la camiseta de tirantes que llevan de lunes a sábado. Son los reyes de la playa un rato, de tres y media a cinco y media, pero su reinado no es total ni siquiera en esas dos horas, porque tienen prohibido bañarse debido a los cortes de digestión. Luego vuelven al agua, pero ya están allí esos otros niños, con quienes jamás se mezclan. Empiezan infinitos castillos de arena y no los terminan, porque son las siete y mamá los llama a gritos para que recojan los trastos. Tienen demasiados trastos que deben ser lavados uno a uno. Hay más gritos, después, porque papá no quiere ver ni un grano de arena en esos pies que están a punto de subir al coche. Siempre salen tarde, enfadados, agotados y tristes, y en eso se parecen a sus padres, que finalmente se resignan a largas retenciones en el camino de vuelta.
xxPero no vuelven de vacío. Llevan consigo mucha arena. No en los pies, es cierto. En el culo. Como de contrabando. La verá mamá más tarde en el baño y no podrá creerlo, como todo domingo playero. Hará algún comentario despectivo, pero luego dará sus besos y encenderá el ventilador del techo y cantará una canción que los transportará hacia el sueño.
xxY saben qué. También están las manadas de adolescentes domingueros, que no cargan con sombrilla ni mobiliario plegable, sino apenas una mochila que contendrá: una toalla, un bocadillo de tortilla envuelto en papel de aluminio (de plata), crema solar, un reproductor de mp3 y una botella templada de tinto de verano Sandevid. En el mp3: techno, Estopa, Platero y tú y Lady Gaga. Hay dos chicas a las que los demás no hacen mucho caso, para las que ya es hermoso haber sido invitadas por la pandilla de la pedanía. Una tiene un poco de sobrepeso, la otra apenas rellena el bikini con los pechos, y no saben qué decir. Participan de soslayo en los juegos de pelota y las aguadillas. Miran y sonríen a los machos alfa del grupo, pero no les dirigen la palabra. La chica espigada recibe una aguadilla de uno de ellos, no se sabe cómo. A ciegas, tratando de sacar la cabeza del agua, palpa los músculos de David y se rinde a una extraña sensación de indefensión sexual que la deja excitada y confundida el resto del día. La escena no se repite para ella (para las otras, para las tetonas y descaradas, se repite muchas veces, e incluso el gallito las premia con una erección que es celebrada con risas y deseo). Las chicas impopulares suben las primeras al autobús y el resto del grupo se sienta más atrás, desde donde no se distinguen las conversaciones. Ellas no hablan de nada mientras anochece en el camino de vuelta. Pero también traen arena de contrabando. En el vello púbico, en los pliegues de los labios de la vagina y en el ombligo. Aparecerá después, durante la ducha caliente que las espera en casa, mientras llaman a la puerta del baño para que se den prisa.
xxToda esta arena va un lugar. Pasa por el desagüe de la ducha pero no entra a los conductos sépticos. Es filtrada. Alimenta la Playa de Todos los Domingos, cuyas arenas son míticas por su blancura y su suavidad. Donde los niños no son llamados a recoger los trastos y elevan torres defensivas hasta que se hace de noche. Donde brillantes bicicletas los esperan para ir a jugar después de eso y sus hermosas madres los acogen en el regazo bajo la luz de las estrellas. Donde las adolescentes desmadejadas y prepúberes ayudan a los chicos a encender hogueras, y beben y fuman marihuana y tienen historias que contar y se bañan desnudas a medianoche y abrazan y besan en el agua a muchachos súbitamente desinteresados por el mundo del tuning. Y también los solipsistas del mundo que sólo registran y escriben los pormenores de este paraíso vacacional tienen permitida la entrada, porque trajeron tanta arena en sus inadecuados zapatos, de contrabando, el domingo en el camino de vuelta.

 

 

PEDRO PUJANTE

NOCHE DE ESPEJOS Y AMORES PÓSTUMOS

Se miraron lentamente en la penumbra grisácea del cuarto. La lluvia furiosa golpeaba los cristales. Un frío silencio, un hombre y una mujer poblaban la estancia. El espejo les devolvía la imagen nítida pero improbable de dos amantes que ya lo habían perdido todo. Ella improvisó un guiño, sin palabras y el enjugó su llanto amargo. Era una tácita despedida. El silencio lo decía todo. Pero la casa era aún de ambos. Los finales no ocurren tras el punto y final. Y sin preámbulos a un destino distinto e incierto comprendieron que todo había acabado. El amor había desfallecido. O ellos lo habían matado. Ya daba igual. Abandonaron la estancia. Se distanciaron como nubes de otoño zarandeadas y rotas por la tormenta. La noche cayó como un párpado arrugado y ceniciento. Ella durmió en la cama y él buscó refugio en el exiguo sofá. Pero en la obscura tibieza de la madrugada algo se movió en el espejo. Una sombra se irguió en el tenue cristal. El reflejo de él, aún enamorado e inverso, se desplazó por ese otro mundo de contrarios e imágenes intercambiadas. Buscó el reflejo de ella. Lo encontró. Yacía en el espejo del dormitorio. reflejando aún a su dueña que dormía embriagada en el dolor de las febriles y póstumas jornadas. Mientras, en este lado los amantes destruidos por la rutina dormían. La abrazó sin ruidos. La amó en el murmullo quedo de la noche que se fraguaba detrás del espejo. Pero un leve crujido asistió al silente momento. Ella, la real, despertó y encendió la luz. Contempló horrorizada el espejo. Sin comprender. Sólo desazón o desvarío. No vio su acostumbrado rostro. En el insólito cristal su reflejo postergaba el sueño y la caricia con el reflejo de él. No era posible. Será un sueño intenso. Intentó despertar en vano. No soñaba. Vocalizó un rotundo grito con el nombre del que había amado tanto tiempo. Éste despertó asustado en el solitario sofá. Surgió veloz en el umbral de la alcoba y, junto a ella, contemplo el obsceno reflejo. Los amantes del espejo retozaban ausentes en el reflejo de la cama. Sintió amor o celos de sí mismo. Una angustia inusitada acudió a su garganta. Ella le miró. Sintió deseos o envidia de la otra pareja que moría de pasión en el cóncavo espejo. Juntaron sus tímidas manos. Contemplaban absortos la escena. El miedo cedió lentamente. No se dijeron lo que ambos ya sabían. Y comprendieron que aún los rescoldos de sus vidas exhalaban los vestigios inciertos de otra primavera. Otra primavera. tal vez la última. Pero otra más. Se fueron a la gélida cama y solaparon de nuevo sus cuerpos errabundos y anhelantes a la imagen díscola del reflejo. Recobraron la normalidad. Y se amaron otra vez. Y volvieron a poseer tenues reflejos que imitaban sus suspiros y sus besos de una forma lógica y rotunda. Al alba, otra vez enamorados, temieron que le espejo no fuese fiel a la costumbre.

 

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