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PRESAGIO PARA EL FINAL DEL INVIERNO

 

PRESAGIO

Ha de ser este encuentro
fugaz como un relámpago,
y en todo semejante a la belleza
de las rosas.
xxxxxxxxxxxIntensa
es la dicha que ofrece tu presencia
porque no ha de durar
la gloria de su reino.

De estos días de amor que me consumen
en la hoguera reciente de tus brazos,
quedará el imposible milagro de tu cuerpo
anclado para siempre en mi deseo,
el rumor de los besos ya sin tiempo.

Y la memoria en llamas de tu nombre,
transformada en espinas
y dando fe de cuanto ahora somos.

 

 

 

 

FE

Vendrás, lo sé, por devolver el orden
a mi vida perdida,
y dar luz a mis noches. Llegarás
sin nada, con la entera desnudez
del pájaro que trae
los sueños en su vuelo,
y, como yo, se sabe herido
por el tiempo y los días
que rozaron sus alas.
Y aquí estaré. Ya espero
con la mirada fija en el fijo horizonte,
tras los montes aquellos tan lejanos
que esconden la ventura
de este dulce presagio.

Y aunque, tal vez, sea tarde
para colmar de antiguas emociones
mis manos que ya alcanzan
a ser sombra y otoño,
merecerá la pena tu llegada.

Allí donde creciera la esperanza
hay un jardín, y entre las rosas
invisibles que habitan en sus lindes,
anida, misterioso, el amor ensoñado
que nos vale la vida.

 

 

 

 

HOMO SAPIENS

Aunque abrace la suerte de habitar esta dicha,
y apenas sí me inquieten los designios del cielo,
—sabedor de la sombra que acecha en mis palabras—
no me dejo cegar por la luz del destino,
pues fácil es saber que el fulgor de esta rosa
que hoy anida en mis ojos durará sólo el tiempo
de soñar una vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxY si bien el azar
quiere ahora premiarme con tan gratos favores,
y los astros me brindan la gracia de su lumbre,
desde el mar del olvido el pasado me dice
cuán efímera y frágil es la gloria del mundo.

 

 

 

 

DESPUÉS DE LA TORMENTA

Han pasado los días más amargos,
y hoy por fin es de nuevo aquel que conocimos.

Vuelto en sí ya es capaz
de darse a la costumbre de vivir
al lado de sus libros más amados,
dormir en paz, vencido en brazos del sosiego,
rendirse a su trabajo, y ser el que antes fuera
y siempre trasegaba los afanes
que la vida concede a quien los busca.

Con los amigos habla cordialmente.
Le divierten las chanzas, y a las fiestas asiste.
Flirtea en el amor y en los placeres,
y se interesa, incluso, por los mundos ajenos.

Pero ay de él. No habrá de esperar hasta el próximo
otoño para hundirse
otra vez en el fango y, como ayer,
dejarse seducir por la corriente
de una lluvia imprevista y torrencial.

Quien lo conoce sabe que, en su vida,
las estaciones todas son propicias
para abrazar la sombra y el desastre.

 

 

 

 

EL TIEMPO QUE ME DISTE

El tiempo que me diste es una hondura
en el alma, y es luz
que, sin brillo, deslumbra.
La noche toda cabe
en la sombra que arroja hacia este día,
y aunque sólo es memoria,
acaso nada, acudo
a su fuente con sed y con angustia,
por llevarme a los labios
la humedad olvidada de un río recobrado
que cruzara la vida,
y ahora se confunde
en la oscura quietud de un mar sin fondo
que soy yo cuando pienso
el tiempo que te diera
y que me diste.

 

 

 

 

LAS TRES PARTES

Eres la espalda atroz
o el secreto puñal
que divide mis días en tres partes:
cuando no eras sino ausencia
o presagio, la vida en vano ardía;
tu llegada supuso ignorar el peligro,
y arrojarse a los brazos
de un dios fugaz que fue la hoguera del amor
arrasando los años;
después de ti, la nada
de un mundo calcinado,
o mis labios besando
el filo del puñal
o de la espada.

 

 

 

 

ÚLTIMA VOLUNTAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Dionisia García

Que hoy los dioses consigan eclipsar
el pasado aquí escrito y del que soy,
y que una estrella nueva tan brillante
como los ojos que ayer quise
se cruce en mi camino, y sepa conducirme
a través de los bosques de la vida
por los que siempre vagarán
mis pasos.

xxxxxxxxxxHe aprendido a no pedir
nada, y por eso nada espero
sino perderme en días iguales, y avivar
la llama exigua que preserve el fuego
durable y necesario de mis noches
para seguir viviendo.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe nuevo buscaré
el misterio olvidado de las cosas
en el fulgor de su comienzo,
y ofrecimientos nuevos me darán
otra razón de ser, distinta a ésta
que es vestigio y ceniza de otro tiempo.

Y así, con la secreta certidumbre
de que la vida ofrenda
su heredado cansancio,
en paz me iré de estos recuerdos,
mientras la noche, sigilosa, viene
a mí para llevarme hasta tus brazos,
que preludian la luz de un mismo afán
donde habrá de iniciarse el mismo sueño.

 

 

 

 

EL FINAL DEL INVIERNO

Ahora, fiel a tu deseo,
cuando concluyas estos versos,
abandona la pluma
hasta que un nuevo invierno
te devuelva, en el tedio de sus días,
el afán por soñar
la vida en tus poemas.

Aquí se extingue el tiempo
que te fue concedido
para decir aquello que en tu mundo
ha sido sombra o luz
que habitara el silencio.

Y te preguntas si valió la pena
darte a la poesía,
si servirá de algo publicar
estos versos, a cuántos gustará
esta manera tuya
de transcribir el canto de las cosas.

No muchos ejemplares
alumbrará la imprenta,
y sólo tus amigos y algunos seguidores
de este oficio olvidado,
se acercarán al libro que hoy concluyes.
Así pues, nada temas.
Poco puedes perder en este asunto.

Y puesto que la tarde te reclama
en esta primavera ineludible
que tanto has esperado,
acude a la ciudad,
y entrégate a sus calles bulliciosas
con la alegría propia de tus años,
no sin presagiar antes
que volverás, sin duda,
a este oficio tan grato
que procura el destino,
para buscar alivio en lo que escribas,
y poder expresar, desafiante,
cuanto olvidaste o no supiste
decir en estas páginas.

 

 

 

Aniorte, Ginés. Cuanto quise decir. Sevilla; Editorial Renacimiento, 2004.

 

CUANTO QUISE DECIR

 

DÍAS DE OCTUBRE

No persigas el rastro del amor
ni de las cosas que te hicieran daño.
Que la sombra de aquello que perdiste
se torne oscuridad, y tras ella verdezcas
con la lluvia serena de este otoño.

Olvidar el pasado te conviene.

Si consigues cubrir los nombres con más nombres,
y dejas que la hierba y las palabras
crezcan, al fin, sobre los años,
vendrán los sueños nuevos
a ofrendarte sus alas, sus misterios.

Y porque el tiempo —a ello acostumbrado—
habrá de arrebatarte esto que ahora tienes,
aguarda, indiferente, cuanto la vida ofrezca,
y gana hoy la paz de estos días de octubre
en que nada te turba, y eres joven.

 

 

 

 

LA VENGANZA

Es muy grata la sombra que procura este muro
habitado de yedra, y guarda del calor
en medio del verano. Un mar, reflejo
del deseo que en mí prende su fuego,
sabe de mi inquietud
desde lalejanía
apenas entrevista de sus aguas.

El cielo acecha, cómplice del horror que se intuye,
y revive fulgores de una juventud
ahora verdecida.
Mi corazón también se enciende,
y henchido de rencor,
ensaya su delito.

El lugar es seguro para el crimen.

El viento mueve, lentamente,
las ramas temerosas de los árboles,
y enmascara el silencio.

Hay soledad. Aquí es donde me dijo,
en el inicio de la tarde,
cuando las gentes, ya vencidas,
se entregan al descanso
en esta hora hiriente de la siesta.
Aquí ha de cumplirse,
irrevocable, mi venganza.

Descubrirá, ya tarde,
que no es ella la causa
de mi dulce desvelo.
Que mi cita es con alguien
que también sabe de ella.

Y advertirá el engaño,
no más cruel que su agravio,
cuando llegue muy pornto
quien en verdad yo ansío,
como un prodigio en el exceso
de luz que es este agosto,
y su presencia sea entonces
un puñal que mis ojos
claven al fin, con decidido aplomo,
en el viejo y maldito
corazón de la espera.

 

 

 

 

LOS DESTINOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Chema Mérida

Y entonces, cuando un mar
brotaba de mi pecho,
eran llamas mis ojos,
y el corazón, tan joven,
albergaba razones poderosas;
en aquel tiempo ya lejano
que mostraba, encendido, los destinos,
y prometía a nuestros años
milagros y pasiones,
a dónde, a qué lugar, qué costas
de qué perdido paraíso
habría yo alcanzado,
si me hubiese rendido
a aquella suerte tuya
tan plena de pasiones y de intrigas,
que adivinaba un mundo incierto
al borde siempre del peligro.

¿Me equivoqué, tal vez?
¿O valió más la certitud
de esta otra aventura
que me lleva, puntual y sin asombro,
a contemplar la luz
de todos los veranos?

 

 

 

 

REGRESO

A tu ciudad regreso hoy,
después de tanto tiempo,
como a un cementerio negado por los hombres
que aún guarda los ecos
de la canción que amamos
aquel verano espléndido.

Han pasado los años, y parece
que no quiero de ti sino olvidarte.

Pero sé que no es cierto, y es dulce esta mentira
cuando pienso en tu nombre,
y, en el sueño, me digo
que me basta esta calle,
el verde de sus árboles,
este sol de septiembre declinando en el cielo,
y la emoción fingida de estar solo,
aquí, sentado en la terraza
de un bar que reconozco,
y a tan sólo unos pasos de la casa
donde dicen que vives todavía.

 

 

 

 

PARA COMPLACER A OTROS

Apenas has dormido.

Oyes los pájaros cantar afuera,
e intuyes el trasiego cotidiano
de la ciudad que anuncia tu destino.

Ya debe ser muy tarde,
y tienes que marcharte.

No recuerdas muy bien dónde te encuentras,
ni sabes qué verías si abrieras la ventana.

Ha pasado una noche como tantas, hermosa
y fugaz pero, al fin, te preguntas: ¿qué queda?

Y piensas, con tristeza, si a esto llamas vida,
andar de cama en cama,
mostrándote valiente, aunque morir desees,
sin nadie a quien decir de tu despecho,
de tus sueños callados,
de la dicha que, a veces, adivinas,
y que, en tus brazos, dura lo que dura la noche.

Mas a nadie te quejes si elegiste este modo
de vencer tu infortunio
—designio de la carne que adelanta su suerte—,
pues siempre imaginaste la costumbre
de esta hora infeliz en que una voz
extraña te despierta y te saluda,
para luego decirte que te vayas,
que el trabajo le espera, y que, antes de irte,
si a bien tienes, apuntes su nombre y su teléfono,
por si un día te acuerdas de este raro momento,
y acaso te apetece
sumar otra desdicha.

 

 

 

 

CARPE DIEM

Qué pena que no afrontes la vida de otro modo,
y que en noches como ésta,
cuando la soledad abruma y es difícil
abismarse en el sueño,
no frecuentes los sitios en que el amor aguarda,
y te des a la suerte y a la música
que procuran encuentros imprevistos,
y ofrezcas tu mirada a quien te mire,
y alces tu copa y brindes
con algún dios que acceda a tu deseo.

A tus años, qué esperas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPiensa y dime
si habrás de resignarte a vivir así, sola.

De todos tus amigos nada aprendes,
pues nos damos sin pausa a bacanales
en días cualesquiera que nos busques.

Que no amas la vida es evidente.
Son tus gustos extraños,
y vano es el calor que en ellos duerme.

Y es que debes cambiar,
ordenar tu futuro de otra forma,
emprender ambiciones valerosas,
avenirte a los sueños.

No lo pienses y sal.
xxxxxxxxxxxxxxxxxMira los cuerpos
que, a menudo, se brindan, y no dudes
—inútil actitud que nada fructifica—
en poseer el fuego de sus bocas.

Porque un día, vencida y con tristeza,
comprobarás, ya tarde, que soñar es morir,
cuando evoques la luz
de los ojos sin fondo que hoy esquivas,
y, en el tiempo, te encuentren y te cieguen.

 

 

 

 

DESPUÉS

Oigo en tu cuerpo ese rumor
pausado de las olas,
cuando el mar se abandona
exhausto y sin aliento
en brazos de la noche,
y la húmeda brisa
que, lentos, respiramos,
nos devuelve la entrega simultanea
de lo cuerpos que ardieron
en la hoguera apagada de este lecho.

Y es hermoso mirarte, y con mis ojos,
te pregunto, callado, si me amas.
Y en tu boca que aún guarda
el calor aturdido
de mis besos recientes,
descubro una sonrisa.

Interpreto en tus labios el silencio.

 

 

 

 

EPIGRAMA

Cuando la vida niegue sus prodigios,
y, viejo, ya no puedas brindarte a los placeres
que te colman ahora de su gracia,
piensa que nada ganarás
si al tiempo te abandonas,
y el deseo obstinado consigue atormentarte
con su ira y su fuego.

Pues todo está perdido, acepta,
desde el día que augura y escribe este poema.

Contempla entonces la belleza,
y regala al mejor postor lo que de ti
quede y trasluzca todavía.

 

 

 

 

SIMILITUD

Relee los poemas que hace tiempo
escribiera. Mas hoy le parecen nefastos,
tal vez artificiales,
y exentos de belleza.

Y aunque intuye que nada podrá hacer
por salvar del olvido
la vida y las pasiones
de entonces, piensa que no importa.

Cuando escribió estos versos disfrutó.
Y le basta.
xxxxxxxxxSi ahora los descubre
perdidos para siempre,
entiende que no sólo con aquello que escribe
ocurren estas cosas.

 

 

 

 

SEGÚN CONSEJO DE SABIO

Entretén esta vida con dinero,
y entrégate a los sueños y al amor,
y a los vicios que igualan
al hombre con su mundo.

Desdeña a quien intente adoctrinarte,
y adiéstrate en la lucha
para la guerra que, al final,
declararás al cielo.

Pues si mortal te muestras,
y, a sabiendas, profanas
aquello que, con celo, atesoran tus años,
habrás vivido al menos
transitando el camino de la dicha.

Y que poco te importe
si extravías la dicha en el camino.

 

 

 

 

TUMBA

Nada queda de aquello que ayer fuera.
de lo que soy qué queda
si somos cuanto fuimos.
Mi vida es sólo el sueño
de la luz de mañana.
Y puesto que así es, y nada hay,
y jamás fue la vida
el sueño que soñamos,
hoy escribo estos versos
como quien pone flores
sobre la tumba abierta
que es este poema.

 

 

 

 

MEDIOCRIDAD

Hace tiempo que injurias mi nombre entre la gente,
y hablas de los lugares prohibidos que frecuento,
y de las fiestas que a deshora
confunden noche y día,
en donde abunda el sexo y el alcohol
y algún otro placer que se me antoje.

Y si bien no es calumnia lo que dices
—tal vez esto te anime—,
en vano esperas que me ofenda.

No me importa si piensas que mis gustos
y mis actos resultan depravados,
como no me interesa tu opinión
acerca de mi vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxPues parece juicioso
que abrace lo que ansío.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue de hipócritas es
acallar el deseo y el ardor de los cuerpos
con salmos y plegarias
y falsas convicciones
muy propias de tu estilo.

 

 

 

 

OBRAS COMPLETAS

A tu lado, en la mesa, tienes hoy ese libro
que desde siempre amas, y en el que te descubres
como si tuya fuera la vida que trasluce.

Hay un vaso vidriado
con las flores silvestres
que ayer te trajo Nuria;
una nota sobre algo que olvidar no conviene,
algunos caramelos,
un papel y una pluma.

Y cuando te dispones, confiado, de pronto,
a iniciar un poema, una duda te asalta:
¿escribir el poema o releer el libro?

Y en silencio te ríes porque sabes de sobra
que hacerte la pregunta te convierte en iluso:

rendirte enteramente al libro que te espera,
y disfrutar del mundo que regalan sus páginas.

Por qué perder el tiempo en tus versos efímeros,
si, en los últimos días, acaso pesimista,
a ti mismo te dices que nada de lo tuyo
merece recordarse.

 

 

 

 

LLUVIA

Llueve. En la estancia
en que ahora se encuentra
—un viejo y olvidado
cuarto al que, a veces, se retira,
para encontrar la soledad
que necesita el alma—
hay poca luz pero le basta
para darse a estos versos
que a la manera de quien nada
quiere sino ahuyentar el tedio
que se instala en sus días,
dirán cómo le hiere
la oración de la lluvia,
a pesar de que hoy comenzó junio,
y el verano se intuye.

 

 

 

Aniorte, Ginés. Cuanto quise decir. Sevilla; Editorial Renacimiento, 2004.

 

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