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LAYLA BENÍTEZ-JAMES

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Antes de anoche, en el cierre del ‘Mursiya poética’ de este año, los asistentes tuvimos el lujo de llevarnos un ejemplar de la plaquette que Javier Castro Florez y Cristina Morano le han publicado a Layla Benítez-James.

Además, sabemos que Ediciones felices (editorial que auspicia esta publicación) no acaba con esta plaquette. Estén atentos.

 

Y aquí tienen uno de los poemas:

 

SMOKE

Some mornings I forget, sitting inside myself.
Do I bruise? You can get sunburned, tan?
My skin, tea steeping in the sun, stirred darker,
sharp dust, more bitter, careful freckles.
My mother edited my papers when I was younger,
crossed out mixed and wrote bi-racial neatly above.
You got pretty hair, you mixed? yeah, and
I think of my mother, how she cooked for my
father’s family and filled their house with smoke,
how in the close south she teared, and kept cooking.
There was once a great-grandfather, who would not look,
would not hold me when I was a baby. He is dead now
and so I won’t know him. I know I haven’t said a thing.

 

 

HUMO

Algunas mañanas me olvido, sentada dentro de mí misma.
¿Me oscurezco? ¿Puedes quemarte, broncearte?
Mi piel, té en remojo al sol, revuelta y oscura,
polvo nítido, más amargura, lunares prudentes.
Mi madre corrigió mis ensayos cuando yo era cría,
tachó mulata y escribió birracial cuidadosamente arriba.
Tienes el pelo bonito, ¿eres mulata? Sí, y
pienso en mi madre y en cómo cocinó para la
familia de mi padre y llenó la casa de humo,
cómo lloró en el sofocante sur, y siguió cocinando.
Hubo una vez un bisabuelo, que no me miró,
que no me sostuvo en sus brazos cuando era una niña. Ahora está muerto
por eso no lo conoceré. Pero sé que no he dicho nada.

 

CRISTINA MORANO Y FERNANDEAD EN ‘MURSIYA POÉTICA’

Era difícil equivocarse. El cierre de ayer de ‘Mursiya poética’ era el mejor cierre de los posibles. Cristina Morano comenzando el recital con una selección de poemas inéditos, que después continuara Fernandead con una magnífica versión acústica del ‘Autosuficiencia’ de Parálisis Permanente, que continuación Cristina leyera unos cuantos poemas de su ‘Cambio climático’ (publicado por Bartleby) y que Fernandead siguiera con su explosiva ‘Destruye el mundo’, que Cristina terminase con unos cuantos poemas satíricos y Fernandead cerrase con temas de su ‘La vida te pasa’ más algún inédito fue suficiente para haber estado allí ayer.

Pero es que además hubo una sorpresa para los que asistimos; pero de eso ya les hablaré mañana.

Aquí tienen unas cuantas fotos del evento.

 

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HOY: CRISTINA MORANO Y FERNANDEAD EN EL CIERRE DE ‘MURSIYA POÉTICA’

Mursiya Cris Fer

 

Esta noche concluye el ‘Mursiya poética’ de este año. En esta ocasión el evento correrá a cargo de Cristina Morano y Fernandead.

Les anticipé que el primer recital del ciclo sería una maravilla y así fue. Éste también lo será; háganme caso y no se lo pierdan.

 

CAMBIO CLIMÁTICO

Cambio climático

 

CRIATURAS

xxxxxxxxxxComo tú/ que estás uncida a mí/ desde el abismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPaul Celan

No tenemos cintura sino ijares
y arqueamos el lomo en el esfuerzo;
abiertos en canal seríamos
como estupendos bueyes: nuestra carne
molida en el estudio, en la mañana
sin luz de los obreros.

Cómo decir el cuerpo entonces.

¿Me quieres? Nosotros
no hablamos repitiendo,
y a ninguno nos brindan con la copa
dorada donde el tiempo burbujea.

Ya estábamos cansados al principio,
doblábamos el espinazo juntos
sabiendo que al volver nos esperaban
libros, palabras sin alcance;
y nos estábamos callados
el uno junto al otro entonces:

cachorros de lenguaje,
aún queda por decir esta belleza.

 

 

 

 

UNA CASA LIMPIA

Hay cosas que en la casa
siempre estarán un poco usadas.
Mi casero las cambia cuando viene
para mirar si hemos tirado abajo
su miserable propiedad
pues tiene que llegar a salvo hasta sus nietos.
Pero a mi compañero no le importa
se asea y desayuna o guarda libros
como lo hizo el primer día
cuando vino a pasar un sábado.
Aceptamos la casa como parte
del deseo de estar viviendo juntos
aun cuando presentimos
que estas  habitaciones
no debieran estar amarillentas,
y menos en un sitio tan valioso
como el cuarto de aseo y su bañera,
donde aquel día nos lavamos
uno a otro, agotados del trabajo.
No, no tendría suciedad ahí,
en este sitio de respeto
y aliento entre nosotros.

 

 

 

 

UNA COMIDA RURAL

Mañanas de domingo en el pueblo
con mi abuela lavando el animal
que luego cocinábamos:
me señalaba el músculo,
la flexibilidad del lomo,
y el sitio exacto en las costillas
donde quedaban restos de la pólvora.

Después nos reuníamos
y alrededor de la cazuela
se nos contaba cómo había corrido
delante del fusil, cómo los perros
relumbraban al sol del alba
con el lomo pegado a la pradera
y el hocico en las patas de su víctima,
ya herida pero aún más rápida y más fuerte
que toda la jauría.
xxxxxxxxxxxxxxxxxNo se hablaba
de nada más en la comida
más que del crimen necesario
que nos permitiría otra vez
crecer, no pasar frío en noviembre.
Y toda la celebración tenía
ese respeto triste por los muertos
de quien se reconoce como animal famélico,
herido en otra especie, en otra caza.

 

 

 

 

EL PELO LARGO

Esta noche ha lavado
despacio
su pelo como un indio,
pero llega al amanecer
y huele al humo del tabaco,
como un vaquero de película.
Un día su cabello
será como ese Valle
calizo que también
la muerte y yo nos disputamos.

Me mira comprendiendo
que estoy aún más triste que feliz.
Encuéntrame después de la alegría,
le digo. Y se recoge el pelo
detrás de la cabeza igual que otros
afilan los cuchillos, archivan documentos,
con esa gravedad.

 

 

 

Morano, Cristina. Cambio climático. Madrid; Ed. Bartleby, 2014.

 

P.D. Más pistas sobre Cristina Morano y sobre ‘Cambio climático’, aquíaquí y aquí.

 

DOS POEMAS DE ‘EL RITUAL DE LO HABITUAL’

Carmen

 

05. Sor Juana: miembro de las Hermanas de la Caridad, destinada en el orfanato de Santa Florentina, en Murcia

Ellos lo saben todo.
Excepto a quién llamar
si en medio de una pesadilla
se despiertan por la noche.
Esa culpa.
La niña rubia da miedo:
se ríe como las viejas del burdel,
desdentada a los once años;
y la sudamericana que sale
cantando a la calle
no sé si es más lista
o más tonta que el resto
de los pequeños.

Aquí sólo sonríen los bebés:
los recién llegados,
pero a los dos días
ya saben dónde están:
están en el sitio
donde fueron abandonados;
esa consciencia del no-ser-para-nadie
es lo que se les mete en los ojos,
esa culpa.

Me llaman hermana.
¿Qué simboliza tanto dolor?
¿De qué es arcano el huérfano?
A veces, no lo soporto;
entonces no rezo, no sirve.
Me pongo a pelar patatas
y les hago ración doble.
No engordan nunca.

 

 

 

 

09. Belén: estrella mediática, trabaja en una cadena televisiva española de ámbito nacional

Aun en las masas proletarias,
hay gente que adopta
la cosmovisión burguesa
y actúa en contra, es decir, traiciona
los intereses de su clase.

¿Sabes? tanto trabajo no sirve
ni para echarse una chuleta
el domingo a la boca.
Vamos como los animales:
de la alcoba al fogón rascándonos las manos
hasta que los sabañones sangran.
De canija soñaba con tener una casa
en un sitio mejor y con verde;
ya estaba cansada en el sueño,
así que imagínate ahora.

El visón abriga más que el conejo,
la leche fresca sienta mejor que el café,
y la fruta de temporada
genera pieles traslúcidas.
Cuánto dinero. Cuándo
proletarios del mundo unidos.
¿Sabes? el país se escandaliza
de mi analfabetismo.
El país no ha contabilizado el número
de bibliotecas de las afueras,
el número de jardines botánicos,
el de parques con árboles, el de Museos
de las afueras. Yo sí.
Con esta mano,
con este dedo, corazón.

 

 

 

Morano, Cristina. El ritual de lo habitual. Madrid; Ed. amargord, 2010.

 

TRES POEMAS DE ‘EL ARTE DE AGARRARSE’

Recién levantada

 

LAS CORDILLERAS DE LA NOCHE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx17/07/2005
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAniversario de la muerte
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde Billie Holiday

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTengo que apagar la lámpara para que apa-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrezca, para que se arrastre ante mí, gigan-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtesco reptil, en mitad de la noche,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPorque así surgen sus masas de piedra, y sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbosques proceden de mi alma.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGertrud Kolmar

Voy a hablar de otra forma.

Reescribo una y otra vez los versos,
pero de qué hablarán.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlargo
las manos y las cretas de la oscuridad
me cortan al asirme.
Lady Day cabalga el dragón,
e arqueado lomo de animales
que hemos imaginado
para describir el desastre:
la herida que no sigue una línea razonable,
pues no sangra, ni cura y cicatriza.

Hoy hablaré de otra manera,
termino de escribir un diecisiete
de julio del cincuenta y nueve:
el hígado de Billie Holiday
se colapsa tres veces esta noche.
Los médicos encuentran
inútil la reanimación.
Sólo hay un policía vigilándola,
xxxxxxxpor favor, cogedme la mano
xxxxxxxmientras caigo.

Cuando agarro la oscuridad,
los peñascos me hieren en los dedos,
con los ojos abiertos miro
a través de las sombras,
hacia las cordilleras de la noche.
De sus bosques regresa lo pasado,
las funciones del cuerpo rotas
y esa forma brutal que la desesperanza
impone en las maneras de los solos.

 

 

 

 

LAS CORDILLERAS DE LA NOCHE II o EL ARTE DE AGARRARSE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNuestro desvelo es nuestro bosque
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBlanca Varela

Cuando tiendo los brazos, las crestas de la noche
me hieren en las manos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl arpón
del capitán Ahab fue su asidero,
cuando cruzó la oscuridad
siguiendo una blancura detrás del horizonte,
entrevista, incierta, deslizándose a la sombra.

Noviembre ruge mientras termino este libro,
como un ciego termino de escribir
tanteando la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxY lo que toco
al alargar los brazos es mi esposo
dormido con su larga espalda,
como de galgo blanco
saliendo por encima de las mantas,
encima de los restos del invierno;
cuando se marche
también su claridad será un filo en la sombra,
incierto animal deslizándose
a la sombra, imaginando
para describir el desastre,
los filos de sus crestas me cortan al asirme.
Desconfía, noviembre ruge.
Ya sé lo suficiente
para terminar este libro,
pero de qué hablará.

Escribo encima de mi esposo,
transformando en mi cuerpo las palabras
y lo lanzo contra la noche.

 

 

 

 

DIBUJO DEL MUNDO

Todas las mañanas hay un gato
desde el amanecer recorriendo la casa
paso a paso, invisible a mis oídos,
apurando el borde de los muebles,
oliendo atentamente suelo y ropa.

Mide así su territorio, lo sabe, lo calcula;
su trayectoria es el mundo, o mejor
el mapa dibujado del mundo.

Cuando yo me levanto me lo entrega,
acerca su cabeza a mis rodillas
y me traspasa de su lomo
la propiedad del universo:
la casa apaciguada y puesta en orden
del notario.
xxxxxxxxxxxDespués se da la vuelta
y se alimenta de restos de carne
como un depredador salvaje.

 

 

 

Morano, Cristina. El arte de agarrarse. Córdoba, Ed. La Bella Varsovia, 2010.

 

TRES POEMAS DE ‘LA INSOLENCIA’

Irina 1

 

LA TIERRA SIN PIEDAD

xxxxxIV

El tiempo es oro, dicen,
los minutos que una persona tarda
en enfadarse, yo me los ahorro.

Debo vivir sola.
Eso me pudre más,
podéis creerme, pero debo hacerlo
para que nadie salga herido
y todo el mundo acabe sus carreras,
trabajen, se acomoden
a la amistad de sus parejas.
Este país ha sido disecado
como un mono
para servir de distracción
a los turistas
y yo siquiera guardo algún recuerdo
de un tiempo que pasé corriendo
-sí, esa es la palabra: no luchar, ni follar,
correr, que bien lo he comprendido al cabo-.

Y los restos que va dejando
esta ausencia de compañía
son todos miserables y mediocres;
relucen con el lustre de las cosas sin uso
como la piel brillante de un reptil
muy frío, muy oscuro.

 

 

 

 

LA CIUDAD EN LA QUE VOY A MORIR

Hago mía la ciudad que habito
poniéndola a mis pies con insolencia;
que la pueblen automóviles,
que la inunden la lluvia, los turistas
o los universitarios.

Si alguien pudiera verme ahora,
esperando la noche como cualquier adicto,
contando los trabajos perdidos en un año,
no podría afirmar que lo esperaba,
que tuviera que ver con mi destino
lo perdido o ganado con los años.

Yo tenía un nombre
y una idea de qué hacer
con el tiempo que me correspondiera.
Pero el tiempo ha borrado,
ha erosionado ese nombre,
anulado la idea.

Me siento cerca del río
como si fuera a responderme. En su fondo
se acabarán un día mis trabajos,
en la delgada línea verde
que provee de ratas y mosquitos
a la ciudad en la que voy a morir.

Ni siquiera podría llamar agua
a esa pátina espesa
donde nadan vertidos de las fábricas,
aunque lo haya visto
sobrevolado por los pájaros,
y triplicar su cauce en el año de la tormenta.

Yo sé que un día volverá
a bajar así de nuevo:
saltando por encima de los puentes,
rompiendo las murallas de sus flancos
con una sola sacudida.
Que se lleve mi recuerdo y mis preguntas
ahogándome en la casa
que hoy habito sin sosiego.

Aquí
dejo escrita mi cólera hasta entonces.

 

 

 

 

EL PASATIEMPO DE UN INVIERNO EN PROVINCIAS

xxxxxII

Nadie es bueno ni bello a las seis de la mañana.
Deberían venir a ver
lo que hay aquí.
Deberían madrugar un día de niebla,
venir a esperar el primer tren, autobús, metro
que les llevara a trabajar a una nave metálica,
crujiente.
Deberían encender los tubos de neón,
y sentarse frente a la pared
para escribir miles de cosas sin interés
en una máquina.
Deberían ver a los ancianos sin dentadura postiza,
sin lavarse desde hace meses,
a los analfabetos manchados de tinta,
a los que comemos un bocadillo
en el solar delante de la fábrica,
sin servilletas, ni agua.

No somos agradables,
pero deberían vernos.
Seguro que escribirían grandes frases,
no hierros como éste.

 

 

 

 

 

Morano, Cristina. La insolencia. Madrid; Universidad Popular San Sebastián de los Reyes, 2001.

 

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