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CUATRO POEMAS DE ‘CRÍMENES’

septiembre 4, 2018 Deja un comentario

 

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

Debe ser que especialmente hoy se siente triste. Sufre la
xxxhumillación de no tener trabajo y la miseria que le
xxxdeshace el corazón.

Debe ser que tiene treinta años y lleva gafas desde los
xxxnueve y medio, y ha visto siempre el rostro de los ven-
xxxcedores con una inexacta enfermedad.

Sabe que él no será jamás un hombre afortunado, que no
xxxpodrá obtener una casa amueblada, un coche de dos
xxxlitros o una chica estupenda.

Sabe que una pantalla de desesperación lo separa del mun-
xxxdo.

Sin embargo, sueña con una moto negra y un gimnasio y
xxxalguna vez soñó con ser teclista de un grupo musical.

Vive, actualmente, un poco de la venta de kleenex y de coca.
xxxTiene una guitarra de 100.000 pesetas y una minicadena
xxxSony que consiguió por el “Segunda Mano”.

Le gustan mucho las primeras pelis de Almodóvar. Dice que
xxxson como la vida que él conoce.

Tuvo una novia de duro estilo skin pero ella huyó a la cos-
xxxta y pasa de los tíos.

Debe ser que pensando en su vida, hoy, se siente especial-
xxxmente triste y triste.

El caso es que ahora tiene en su cama a una mujer atada
xxxy la está torturando…

Hay momentos en que se va al servicio y se mira al espejo…
xxxSin gafas, le parece que tiene un cierto aire con Antonio
xxxBanderas.

Continuamente se lava las manos para dar de comer pasteles
xxxa la chica…

Continuamente cree que ha cruzado la infancia…

 

 

 

LA LECTURA

En pijama, leyendo una novela,
está la niña que ha matado al padre,
al lado de la cama tiene al muerto
tirado encima de un montón de libros.

Tres horas han pasado de la muerte
y al orificio de la bala asoma
un resplandor de oscura procedencia
que va cobrando forma de demonio.

Ella sigue leyendo, distraída,
comiendo chocolate y avellanas,
algo intuye que pasa extraordinario:
del libro están cayéndose las letras.

Todo el pijama goteando sílabas,
toda la cama llena de sintaxis,
todo el ambiente rojo de palabras,
toda en desorden una lengua, muda.

Y el padre se levanta del vacío,
se sienta al borde de la cama, serio,
se saca del bolsillo una cartilla
y empieza la lección de otro lenguaje.

 

 

 

LA AUTOPSIA

Supe desde aquel día que la muerte era errónea.
Estaba construida con sus artes de magia,
sobre la mesa yerta de acero inoxidable.

Entré en aquella cámara para ver a mi madre
ya finalmente muerta, húmedamente horrible.

Un costurón de sastre torcido y presuroso
cerraba las entrañas
que contuvieron tibios orígenes humanos.

Todo su cuerpo estaba barrenado y vacío,
cuencas, cráneo, pulmones,
el invierno más frío de la guarida humana.

¡Qué fúnebre la luz de aquel piloto rojo
dando esmalte de muerte al bloque conservado!

¡Qué nostalgia en las sienes machacadas con lascas,
allí entre tanto eclipse del mundo tenebroso!

El espanto del tiempo guardaba en la vitrina
los ojos y las vísceras sin olor ni destino.

Yo había visto muertos soberbios y elegantes,
sencillos, maliciosos, valientes o confusos.
Pero nunca un reciente cadáver tan amado
como aquel envoltorio de huera humanidad.

Le tiré de una pierna por ver su efecto triste
y ese tieso fragmento cedió, pegando un brinco,
sin movimiento, cómico.

Entonces, la costumbre de verla levantada
me volvió a la memoria:
xxxme traía un tazón de leche con galletas
xxxtemblándole los dedos, haciendo un ruido cálido.

Incapaz de aguantar viviente imagen amada y prodigiosaa
decidí descifrar el hueco de mi madre.

x
Y removí yo mismo su interior, su pasado,
quedándome en su vientre,
cambiando,
hasta el comienzo.

 

 

 

LA FRONTERA

Lloré amargamente aquella noche y, luego, se produjo en mí
xxxun extrañamiento semejante al vacío de la oscuridad.

Escondida en la compasión, caminé toda la noche para ocultar
xxxla fosforescencia de aquel crimen.

La luna más brillante del invierno acompañó mis pasos por la
xxxcarretera.

La ciudad ardía como una esfera de agujeros y carteles.
xxxLos faros de los coches emitían avisos y disparos.

Crucé la frontera de una tierra transparente y soporté la luci-
xxxdez que atravesaba mi cabeza.

Una tristeza mortal me castigaba el corazón cuando volví al
xxxlugar del crimen. Allí permanecí hasta el amanecer y
xxxconsumí la demencia del arrepentimiento.

x

Yaa estaba destinada a deformar la realidad y a desapa-
xxxrecer del mundo.

 

 

 

Correyero, Isla. Crímenes. Madrid: Ed. Libertarias, 1993.

 

CRÍMENES

Crímenes

 

LOS SOLITARIOS

Sabemos de los corazones solitarios porque tienen la misma conducta de los asesinos.

Son corazones salvajes que no obedecen leyes. Tienen el pérfido don de la mirada y nos contemplan a través de su silencio.

Hay más revelación en sus manos que en su lengua.

Por su actitud inmóvil conocemos la desesperación, acurrucados en la existencia para reconocernos.

Suelen ser hermosos como la oscuridad y pálidos y dulces como los secretos de las niñas.

Es inútil penetrar en su reino: somos espectadores, nada más, de sus actos veloces.

Ellos poseen el corazón y la conciencia, al acecho, para caer sobre nosotros con un gesto en el aire.

 

 

 

ÁNGELES DE LA MUERTE

El pan que como en la oscuridad tiene gotas de sangre.

Yo estuve diez años en un Hospital bebiendo sangre: agua con sangre, café con sangre, hielo con sangre.

Ahora, al atardecer, recuerdo siempre a los enfermos que morían.

Las ventanas del Hospital tenían sangre en los cristales y en el aluminio. A la luz de la luna, las gotas brillaban y eran casi negras.

Yo me pasaba las guardias encorvada sobre mi cuaderno:
xxxAllí me dejé la voz azul que salía de las habitaciones.
xxxAllí me dejé las convulsiones de los que morían mal.
xxxLos pasos débiles de las piernas enfermas.
xxxLa palidez y las lágrimas de los enfermos orgullosos.

Algunas enfermeras entraban en las habitaciones riendo como ángeles, con las sábanas blancas, las sondas, las bateas…

Y salían sudorosas y hostiles, frenéticas de sangre, solitarias, en dirección al bar…

Ahora todos son sombras evaporadas en el pasillo lúgubre donde los amigos íbamos a fumar el último cigarro de la guardia; mientras la limpiadora, con un violento trapo gris, iba recogiendo el brillo de la sangre.

 

 

 

TODOS NOSOTROS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodos nosotros que debutamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la vida con una tara irremediable,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque deseábamos tanto y habíamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxobtenido tan poco, que con tan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbuenas intenciones, tan mal
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacabamos… Todos nosotros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJim Thompson

Todos nosotros.
Los que nacimos rechazando la política y las leyes.
Los orgullosos.
Los que sabíamos que extraían de nuestra percepción la libertad.

Todos nosotros.
Que crecimos en pueblos y en ciudades aún azules.
Que fuimos incalculables niños instintivos y lunáticos.

Todos nosotros.
Viajeros.
Los que atravesamos la oscuridad del sexo y la habitamos.
Los buscadores de belleza.
Los que probamos las exóticas sustancias y vivimos en el cine y en la noche.

Todos nosotros.
Generación, tribu, conjunto de perdedores que imaginamos
que la ruina era el más alto honor.

Todos nosotros.
Los desterrados ahora de aquel grupo.
Los olvidados, los oscuros, los ausentes.
Los abandonados y los destruidos.

Todos nosotros.
Los que ya no soñamos. Los que somos compradores de todo.
Los arrasados por el dinero y por las guerras.

Los que ahora somos impenetrables asesinos blancos.

Los que contemplamos la luna desde el cielo.

 

 

Correyero, Isla. Crímenes. Madrid: Ed. Libertarias, 1993.

 

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