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SEIS POEMAS DE ‘LA SECCIÓN RÍTMICA’

septiembre 25, 2019 Deja un comentario

 

CHARLIE PARKER

No vais a ser como yo.
No lo intentéis.
No os lo recomiendo.

No aprendí nada de la heroína.
No aprendí nada del alcohol.
No aprendí nada de las mujeres.
Lo aprendí todo de Lester Young.

Allá donde voy
que no me siga nadie.

Parad el tren: yo me bajo.

 

 

 

 

JOHN COLTRANE

Mirad: aquí ha comenzado la canción.

La canción no avanza, aunque parezca mentira.
No avanza porque nos está esperando, espera
a que nos incorporemos,
a que entendamos.

¿Un minuto? ¿Tres minutos?
Ya no importa en el centro del abismo.

Ahora entro yo, persiguiendo a Dios.
Eso que suena ahora es mi aliento de buscador,
mi aliento de detective
mi aliento de asesino de la razón.
Pero como Dios no escucha sigo tocando.
Una hora, dos horas, veinte horas,
hasta que el saxo se me despega de las manos,
hasta que el saxo se desprende de mis labios,
el aliento se extingue
y me quedo dormido en la melodía.

Sueño que la canción resuelve en el sueño.

A la mañana siguiente vuelvo a comenzar.

Pero sería absurdo continuar donde lo dejamos ayer,
así que me pregunto:
¿dónde estará Dios?
¿En qué escala secreta?
¿En qué nota?
¿En qué sucesión de acordes?

El resto de los músicos me abandona.

Hacedme caso: no encontraréis a Dios en las palabras,
ni en el espacio exterior,
ni en el interior de los átomos.

Yo sigo buscando.
Comienza la canción.

 

 

 

 

ORNETTE COLEMAN

Has pulsado el fondo
y en el fondo no había abismo
sino alegría.

Te habría gustado encontrar desesperación, ruptura.
Incluso la negación del yo.
¡Pero no alegría!
¿Quién podía esperar alegría allá abajo?
¿Quién iba a imaginarlo?
¿A quién se le ocurre?

Si fueras musulmán.
Si fueras budista.
Si fueras siquiera católico.

Pero sin fe en nada,
encontrar la alegría conduce a la perdición.

No volverás al fondo.
Prefieres la superficie.
Te quedarás aquí hasta que termine todo.

Que alguien nos avise.

 

 

 

 

KEITH JARRET (REPRISE)

Comienzan las variaciones:

Hay que llenar las salas y el espacio: lo sabes.

Lo de menos es la música,
La espalda es lo único que importa,
La letra.

No la sintaxis,
acabemos con la sintaxis.

Excesivo en los desarrollos
Libre
Libre como el contrapunto
Libre como las cadenas

Nos duelen los estribillos

Desarrollemos una frase

Alguien sale del concierto
camina a oscuras por el pasillo
pide perdón
se fuma un cigarrillo
lentamente en una esquina
vuelve a entrar
a tientas
pero tú sigues allí

sigues allí

Alguien, un hombre delgado
sale del concierto
camina a oscuras por el pasillo
tanteando
pide perdón
sale de la sala hacia la noche
se fuma un cigarrillo
(puedes imaginarlo)
lentamente en una esquina
sin dejar de escucharte
vuelve a entrar
tarda en encontrar su sitio
a tientas
se frota las manos de frío
pero tú sigues allí

Sigues allí

¿Has escuchado el rumor de la gente,
el roce de las telas,
el murmullo del desierto?

No hagas caso, sigue.
Continúa, no hagas caso.

Alguien entre bastidores comenta
el diluvio universal
Los millones de víctimas
amontonados en las orillas del mundo

Desalojen la sala por los altavoces

Alguien está gritando en la sala,
que se calle.

Sólo soy yo, yo

Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante
Adelante

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxadelante
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAdelante
xxxxxxxAdelante
Adelante
xxxxxxxxxAxxxxxxxxxxxdexxxxxxxxxxxxxlanxxxxxxxxxxxxxxxte
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAdelante
Adelantexxxxxxxxxxxxxxadelante
Adelante
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAdelante
Adelante
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAdelante
Adelante
Axxxxxxxxdxxxxxxxxexxxxxxxxlxxxxxxxxaxxxxxxxxnxxxxxxxtxxxxxxxxe

Sólo eres tú y no queda nadie

Un
Hombre
Sale
Del
Concierto
Se
Fuma
Lentamente
Un cigarrillo
Hasta
Consumirse

x

No tengas miedo:
eras tú.

 

 

 

 

MILES DAVIS

Aquí abajo hay demasiados hijos de puta.
Y demasiados blancos.

“Raphèl maí amèche zabí almi”
He visto la voz del demonio:
se parecía a mí.

El día que me dé por resucitar
vais a cagaros de miedo.
(Búscate el cuello y hallarás la soga).

Podéis ir practicando con mis discos
(pero sólo los de 1967 a 1975).

Os contaré mi secreto:
soy un pésimo trompetista.

No, en serio: mi padre, Nemrod,
domador de caballos,
era dentista.

 

 

 

 

CHARLES MINGUS

Al principio fue el grito.
La jungla se abrió paso (lo que otros llaman paraíso).
Llegó el sexo, y desde el sexo bombeó la sangre
que inundó generaciones sucesivas
de hombres sin alma.
Algunos individuos degeneraron, palidecieron,
construyeron empalizadas afónicas.
El resto siguió con lo suyo, el ritmo,
la tristeza de la intemperie.
Vino el blues a rescatar a las panteras.
Con el verbo se desmoronó todo:
trataron de explicarse.
Si hubierais visto sus labios cerrados,
cómo lloraban,
mientras se establecían prioridades, juzgados
donde construir los barcos
en que desplazarnos.
Alguien inventó el pentagrama y la historia.
Enseguida los ángeles, y yo junto a ellos.

 

 

 

Serrano Larraz, Miguel. La sección rítmica. Zaragoza; Ed. Aqua, 2007.

 

LA HERENCIA INVISIBLE

Sebastián Mondéjar 'La herencia invisible'

 

 

IDEAL DEL DESEO

Nos basta con querer.
Nos sobra con desear.
Lo sabe mi deseo.

Lo sabe, pues lo quiere, mi deseo.

 

 

 

LIBERTAD ACCIDENTAL

Qué simple es todo, sin embargo,
qué simples son las cosas
cuando nadie las dicta.

Lo fortuito, a veces,
nos sume en la aventura.

He salido a la calle con desgana
buscando una farmacia y, de repente,
me he sentido libre,
como un viajero en un país ignoto.

Me he sentido libre -me gusta repetirlo-,
extraño en mi ciudad de madrugada.

La vida se abre paso por sí sola
en la vieja ciudad que nos cobija.
Al fin y al cabo, la ciudad no es nuestra;
más bien nosotros le pertenecemos.

Me ha obligado a salir la enfermedad
para hacerme más libre y redimirme.
El dolor me ha sacado de su alcance
y las calles desiertas me confortan.

¿Qué fueron antes estas calles?
Huellas, rastros, senderos.
Encrucijadas de la vida.

Las calles las generan
nuestros pasos, la vida.

 

 

 

ASOMBRO DE VIVIR

Un lugar para ser, eso buscamos;
un lugar para estar.

Me asombro de estar vivo por las calles de siempre;
me asombro de estar vivo, de ser yo todavía.

Estas calles conocen bien mis pasos.
En ellas soy -y estoy- enteramente.

Me asombro de estar vivo, caminando.
Me asombro de estar vivo una vez más.

 

 

 

CHARLES MINGUS’S SOUND OF LOVE

Corría emocionado por la arena.
El sol resplandecía en los bañistas
que gritaban, jugaban con pelotas
o hacían ejercicios en la playa.

Y, como por encanto,
se abrió ante él un claro y surgió ella,
chapoteando sola
en el agua templada de la orilla.

Llevaba un bañador color naranja
y su brillante pelo negro
rozaba su cintura.

Se miraron sonrientes;
sin pronunciar palabra, se acercaron;
y, olvidados del mundo,
se dejaron llevar por las corrientes
en las que, misteriosamente, el agua
cambiaba de temperatura.

Se rodearon despacio, como aves
en danza ritual para el cortejo.
Se salpicaron agua con los pies.
Se miraron en una silenciosa
unión que parecía interminable.

Pasó una eternidad.

Nadie se percataba del milagro.

Cada segundo estaba consagrado
a llenarse los ojos
y el alma mutuamente,
como si, de algún modo,
ya supieran que nunca
volverían a verse.

Si este instante de amor durara siempre,
seguro que ambos sobrevivirían
a las pruebas más duras de la vida.

 

 

 

EFERVESCENCIA

xxxxII

Llamamos a los niños,
pero no nos escuchan;
nuestra voz nada puede
contra el viento y las olas
que sus cuerpos reciben con abrazos.

Son largas y amplias franjas,
mansas olas gemelas que atraviesan
sus torsos bronceados y fulgentes
y les hacen cosquillas en el alma.

No sólo no nos oyen:
no nos hacen ni caso; nos olvidan.

Las olas, hoy, se apropian de los niños.

Si hay un dios para el mundo,
ese dios es el mar.

¿Qué nos dice su sal efervescente?
¿Qué les canta al oído a nuestros hijos?

 

 

 

RECONCILIACIÓN

Mas la ciudad no oculta
lo que significó cuando cantaba.

Es bueno distanciarnos,
vaciar nuestro lugar con nuestra ausencia,

para volver después, como hijos pródigos,
reconciliados con las discrepancias.

 

 

 

NUESTRA HERENCIA

Nuestra herencia no es nuestra.
Está en nosotros.
No somos herederos.
somos la herencia misma.

 

 

 

Mondéjar, Sebastián. La herencia invisible. Madrid; Ed. Calambur, 2008.

 

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