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LOS DÍAS CORREN COMO CABALLOS SALVAJES POR LAS MONTAÑAS

 

para Jane

225 días bajo la hierba
y sabes más que yo.

hace tiempo que se llevaron tu sangre,
eres un trozo de madera seca en una canasta.

¿es así?

en esta habitación
las horas de amor
aún hacen sombras.

cuando te fuiste
te llevaste casi
todo.

me arrodillo por la noche
ante tigres
que no me van a dejar en paz.

x
lo que eras
no volverá a ser.

los tigres me han encontrado
y no me importa.

 

 

 

 

restos

las cosas están bien ya que aún no estoy muerto
y las ratas se meten dentro de las latas de cerveza,
las bolsas de papel se arrastran como perros pequeños,
y un alemán muerto ha pegado sus fotos a un cuadro
y ella también está muerta
y me costó 14 años conocerla
y si me dieran 14 años más
aún la conocería…
sus fotos pegadas al cristal
no se mueven ni hablan,
pero tengo su voz en una cinta,
y algunas noches me habla,
otra vez ella
se ríe tan auténtica
dice de todo,
aquello que siempre ignoré;
este sentimiento nunca me dejará:
que tuve un amor
y que el amor murió;
una foto y un trozo de cinta
no es mucho, lo he sabido tarde,
pero dame 14 días o 14 años,
mataré a cualquier hombre
que toque o se lleve
lo que queda.

 

 

 

 

el juego de follar

una de las cosas más
terribles
es estar en la cama
noche tras noche
con una mujer a la que ya
no quieres follar.

se vuelven viejas, dejan de ser
guapas — incluso suelen
roncar, pierden
energía.

de modo que, en la cama, a veces te giras
tu pie toca el suyo —
dios, ¡horror!
y la noche está fuera
al otro lado de las cortinas
sellándote completamente
en la
tumba.
y por la mañana vas al
lavabo, cruzas el pasillo, hablas,
dices cosas raras: huevos fritos, motores
en marcha.

pero enfrente
tienes a dos desconocidos
llenándose la boca de tostadas
quemándose la hosca cabeza y las tripas con
café.

en 10 millones de lugares de América
es así —
vidas rancias apuntalando unos
a otros
sin sitio adonde
ir.

te subes al coche
y vas al trabajo
donde tienes a más desconocidos, la mayoría
esposas y maridos de alguien,
y a pesar de la guillotina del trabajo,
flirtean se gastan bromas se pellizcan, y a veces
se las arreglan para echar un polvo por ahí —
no pueden hacerlo en casa —
y después
vuelven a casa
esperando las navidades o el Día del Trabajo o
el domingo o
lo que sea.

 

 

 

 

una última apuesta a dos buenos caballos

fue hace unos 10 años en Hollywood Park —
yo tenía trabajo en una choza, 2 coches, una casa, un perro tan
grande como Nerón borracho,
y ganaba dinero con los caballos, o eso creía,
pero al llegar a la 7ª carrera solo me quedaban 50 dólares
y los aposté a Determina y entonces quise tomarme un café
pero solo tenía diez centavos y el café costaba 15.

fui al cagadero y sentí ganas de tirarme a mí mismo y tirar de la cadena,
me la habían pegado, solo tenía aquel trozo de papel en mi cartera,
y lo habría vendido por 40 dólares
pero sentía vergüenza. bueno, salí y miré la carrera
y Determina ganó.

cogí mi dinero y aparté un billete de diez y aposté el resto a
My Boy Bobby. My Boy Bobby ganó. cogí el dinero y me quedé en
un rincón, separando los billetes de 50, 20, diez y cinco,
y entonces me largué, le hice una señal con mi pulgar hacia arriba
mientras aparcaba,
y cuando entré tiré todo mi dinero al aire.

era una hermosa puta y casi se le salieron los ojos cuando vio
aquello, el perro entró corriendo y cogió un billete de diez y corrió a
la cocina, y yo estaba sirviendo unos tragos y ella dijo, “¡oye, el
chucho lleva uno de diez!”
y yo le dije, “¡qué demonios, déjaselo!” nos bebimos todo.

entonces dije, “humm, creo que voy a coger esos diez”, y entré
y se lo cogí, solo estaba un poco mordido, y aquella noche
en la cama ella me enseñó todos los trucos del país de las maravillas,
y después llovió y escuchamos carmen y bebimos y reímos toda la
noche.

días y noches así no son muy frecuentes.

 

 

 

 

pie de página sobre la construcción de las masas

algunas personas son jóvenes y nada
más y
algunas personas son viejas y nada
más
y algunas personas están en medio y
solo en medio.

y si las moscas llevaran ropa en la
espalda
y todos los edificios ardieran en
un fuego dorado,
si el cielo se agitara como una bailarina
de vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
llorar,
algunas personas serían jóvenes y nada
más y
algunas personas viejas y nada
más,
y el resto sería igual
el resto sería igual.
los pocos que son diferentes
son eliminados rápidamente
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, por otros; por
ellos mismos.

lo único que queda es lo que
ves.

es
duro.

 

 

 

Bukowski, Charles. Los días corren como caballos salvajes por las montañas. Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

REPITIENDO RUMBOS EQUIVOCADOS

 

EN MEMORIA DE UN JOCKEY MUERTO

miraba hacia
abajo
intentando tranquilizar al caballo
cuando se encabritó,
y la parte superior de la verja
se introdujo por debajo del
casco de protección
del jockey
y le partió el cráneo.

yo había apostado por ese caballo,
el nº 9. se lo llevaron de vuelta
a los establos y al jockey
lo trasladaron en
ambulancia.
unos minutos después el locutor
del hipódromo anunció al público
que el jockey había
muerto.
pero la gente siguió
apostando.
lo que sí recuerdo, no obstante,
es que
diez minutos después del
anuncio
vi a un hombre meterse
un perrito caliente entero en
la boca, se vio
la mostaza, el panecillo, la salsa,
la salchicha y todo lo demás entrando,
y luego se cerró la boca sobre
todo ello
y masticó,
parpadeando
engullendo.

seguía con vida
el hombre del perrito caliente
mientras merodeaban las hienas
y la pantalla de resultados
destellaba.

 

 

 

 

REPITE

es un
viejo poema:
aquí sentado
de nuevo
a las 3 de la madrugada
después de haber escrito
unos cuantos,
todos los pitillos
fumados,
las numerosas hojas
por el
suelo,
hasta el
último
vaso
de vino.

ahora mover
el cuerpo
hasta la
cama.

pensando,
qué destino tan llevadero
me ha tocado en suerte,
lo
acepto:

vino y
poemas.

es así
como
los antiguos
poetas
chinos
eran capaces de
reír
y sobrellevar
la muerte y la
vida

por su
propio
bien

y por
el nuestro.

 

 

 

 

SU ÚNICO HIJO

resistir solo tiene
sentido
si sales
ganando
algo
al
final.
pero resistir
sencillamente por
resistir
es el desgraciado
empeño
de millones.

recuerdo
aquella vez
que enterré a mi
amor
y regresaba
después del
funeral con
su único hijo;
en vez de reconocer
el hecho
de la vida adulta
de rechazo y soledad
y la muerte de su madre
solo
hablaba
de la pasta
que
estaba ganando
ahora.

pensaba que
había resistido
pero no
era
así.
en su vida
no le
quedaba
nada
que perder.

era como un
pedazo de
carne
en una
carnicería.

y pensar
que ella
hablaba de
él con cariño
casi
todas las noches
antes
de dormirnos.

 

 

 

 

EL RUMBO EQUIVOCADO

transatlánticos de lujo
que surcan el agua
atestados de indolentes
y ricos
que pasan de un lugar a otro
con los corazones extintos
y las entrañas vacías
cual pavos en Navidad
el inmenso cielo azul en lo alto
desperdiciado
toda esa agua
desperdiciada
todos esos
dedos, cabezas, dedos de los pies, nalgas
ojos, orejas, piernas, pies
dormidos en sus
camarotes de
tarjeta American Express.

es como una tumba flotante
rumbo a ninguna parte.

esos son los muertos flotantes.
sin embargo, los muertos no son feos
aunque los casi muertos desde luego
lo son
sin lugar a dudas
lo son.

¿cuándo ríen?
¿qué piensan del
amor?

¿qué
hacen
en mitad de tanta agua?
¿y adónde quieren
ir?

 

 

 

 

«EXIJO UN POCO DE RESPETO»

lo más raro
después de vivir con una
mujer
varios
años

es que
por
muchos logros
milagrosos
que alcances

no
se
impresiona.

por ejemplo
podrías
dar
un salto
de 20 metros
y

apenas
se daría
cuenta.

pero si
algún otro
se levanta un par
de centímetros
del suelo

esa misma
mujer
aplaudiría
con entusiasmo
como si
fuera algo de lo más
especial.

a veces
en el momento
más amargo
uno se da cuenta de que
por muchos
años que
haya vivido con
la misma
mujer

siempre
ha
vivido
solo.

 

 

 

 

ORDEÑA UNA VACA Y TENDRÁS LECHE

en buena medida he dejado de idolatrar
a estas alturas a otros escritores
pasados o presentes
pero durante mucho tiempo fui
adicto a los escritores.
me parece que leí todos los
libros de D.H.
Lawrence, y aquellas estupendas
fotos:
se veía a D.H.
ordeñando
una vaca.
y estaban
Frieda y A.
Huxley
y todos los
demás.

antes creía
que escribir era algo
mágico que
hacía gente
mágica.
no pensaba que sería
así.
pensaba que sería
natural
sencillo
como
preparar tostadas o
bajar esquiando una
colina.

qué fácil parecía todo
desde lejos,
joder.

 

 

 

 

NADIE ES UNA ISLA

uso servicio de aparcamiento en el hipódromo, solo son
3 pavos más que el aparcamiento preferente.
por lo general llego tarde y
puedo dejar el vehículo ahí a la entrada:
solo hace falta un plan razonable
y sesudo
para seguir atravesando el
fuego.

los aparcacoches me ven todos los días y saben que soy un
cliente habitual, un apostador comprometido y de
confianza.
pero procuro conversar
lo mínimo,
mi único reconocimiento de
su destreza y su prontitud
son los 2 pavos diarios
que le paso al que me trae el coche
cuando me dispongo a marcharme
por lo general
cuando los están
llevando a los cajones
para la última
carrera.

ahora, de un tiempo a esta parte, los chicos
me preguntan
por los extraños cigarrillos en el salpicadero
del coche
y les digo que
son pitillos eral dinesh
de la India
liados y hechos de
hoja de betel.

una tarde
tras un día excelente
en el que había sacado 425 pavos
el aparcacoches me trajo el coche
señaló el salpicadero con un gesto
de cabeza y preguntó: —eh, ¿le importa
si pruebo uno de esos?

—para nada —dije—. y toma, invita
a tus colegas. —y
le pasé un
paquete.

luego tardé unos minutos en abrocharme el
cinturón de seguridad, ponerme las gafas
para conducir, ajustar el retrovisor, encender
la radio.
y cuando miré antes
de irme
había 3 o 4 aparcacoches
sentados en el largo
banco amarillo, cada cual fumando un
eral dinesh.
«¡a ver si os colocáis, cabrones!», les grité
y todos a una
me dijeron adiós con la mano,
entre risas.

doblé a la derecha,
en busca de la salida, y caí en la cuenta de que
hay pequeños momentos más
importantes incluso que apostar a los
caballos.

 

 

 

 

¿EN POS DE QUÉ?

río abajo, las uvas prensadas
el verano ha terminado
de nuevo
y los amantes
de
la mayoría de las cosas ya
no pueden encontrar nada que
amar.

mis 5 orgullosos gatos andan
por la casa
escuchando la lluvia fría
y dura

incluso ahora que el oto ha pasado
otra vez

ahora que Navidades y Años
Nuevos
esas plagas gemelas
me esperan
pacientemente.

mi mujer
duerme en el cuarto
de arriba
su pequeño cuerpo
de niña
anhela el
buen
sueño.

río abajo, las uvas prensadas
esta época es
la
cuchilla
grande y
triste

por favor por favor
por favor
que lo inevitable
tenga

por fin tanto
sentido
y sea tan
hermoso

como
mis
5 orgullosos gatos
que ahora duermen y
ya no escuchan
la
lluvia fría y
dura.

 

 

 

 

EL LATIDO DEL VINO

este es otro poema acerca de las 2 de la madrugada y cómo sigo ante la
máquina escuchando la radio y fumándome un buen
puro.
joder, no sé, a veces me siento igual que Van Gogh o Faulkner o,
pongamos por caso, Stravinski, mientras tomo vino a sorbos y tecleo
y fumo y no hay magia más delicada que esta.
hay críticos que dicen que escribo lo mismo una y otra vez.
bueno, a veces los hago y a veces no, pero cuando lo hago la
razón es que parece lo idóneo, es como hacer el amor y
si supieras lo bien que sienta me perdonarías
porque los dos sabemos lo veleidosa que puede ser la felicidad.
así que me hago el loco y digo otra vez que
son las 2 de la madrugada
y que soy
Cézanne
Chopin
Céline
Chinaski
abarcándolo todo:
los jirones de humo de puro
otro vaso de vino
las chicas hermosas
los criminales y los asesinos
los locos solitarios
los obreros,
esta máquina aquí,
la radio que suena,
lo repetiré todo de nuevo
y lo repetiré por siempre
hasta que lo mágico que me ocurre a mí
te ocurra a ti.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

APOSTADORES TODOS

 

APOSTADORES TODOS

a veces te levantas de la cama por la mañana y piensas,
«no voy a soportarlo», pero te ríes para tus adentros
recordando todas las veces que te has sentido así, y
vas al baño, te adecentas, ves esa cara
en el espejo, ay dios ay dios ay dios, pero te peinas de todos modos,
te pones ropa de calle, das de comer a los gatos, recoges el
periódico de los horrores, lo dejas en la mesita del centro, das un beso
de despedida a tu mujer y luego te pones al volante y sales a la vida en sí,
como millones de personas más te lanzas al ruedo otra vez.

ahora estás en la autopista sorteando el tráfico,
te mueves hacia algo y al mismo tiempo hacia nada mientras enciendes la radio
de un manotazo y suena Mozart, que ya es algo, y de alguna manera
sobrellevarás los días lentos y los días ajetreados, los días
aburridos y los días odiosos y los días excepcionales, todos tan deliciosos
y tan decepcionantes al mismo tiempo porque
somos todos tan parecidos y tan diferentes.

encuentras la salida, cruzas la parte más peligrosa
de la ciudad, te sientes fugazmente de maravilla mientras Mozart se abre
paso hasta tu cerebro y se descuelga por tus huesos y te sale
por los zapatos.

ha sido una pelea dura que merecía la pena librar
mientras todos seguimos adelante
apostando por otro día.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

NECESITAN LO QUE NECESITAN

 

NECESITAN LO QUE NECESITAN

allá, cerca de San Pedro, tenemos
uno de los aviones más grandes
del mundo
que no vuela
plantado junto a
uno de los transatlánticos más grandes
del mundo
que ya no navega
y la gente hace largas colas
en asfixiantes tardes de verano
y paga
para contemplar esos monumentos
sin vida.

enséñales algo
útil y real
como un Cézanne o un Miró
y te
mirarán
extrañados.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

ME MUDO A LA CIUDAD DE SAN PEDRO

 

ME MUDO A LA CIUDAD DE SAN PEDRO

cuando me mudé aquí
los vecinos se mostraron amistosos.
la vieja pareja de al lado
vino a la verja
y ella dijo:
—si podemos hacer algo por
usted, díganoslo. estamos
siempre en casa.
—gracias —les
dije.

la pareja joven hacia el
oeste
no dijo gran cosa.
—nos gusta la discreción —me
dijo el marido.
—eso está bien —le
contesté.

todo estuvo tranquilo durante
un par de semanas.
y cavé el jardín,
planté el maíz
y rábanos.

entonces una noche
mi mujer y yo
tuvimos una mala noche.
bebimos más de la cuenta y
ella declaró
su independencia
y reveló
sus auténticos sentimientos
sobre mí
pero
arremetió demasiado fuerte
o se explicó
mal:
su tono
rezumaba un
odio puro
y amargo.

sea como sea,
me trastocó los procesos
mentales
y acabamos
a las 8.30 de la mañana
un domingo muy soleado
yo desnudo
imbécil por completo
persiguiéndola por el jardín
mientras
tiraba piedras como
loco y gritaba:
«¡MALA PUTA DE LOS COJONES!»
y tal y cual.
después de un rato, claro,
todo se calmó
y las cosas volvieron
a su cauce.

ahora
la vieja pareja de
al lado
habla muy poco
conmigo.
él, seco.
ella, nunca.

pero la pareja joven
hacia el oeste
se muestra
más amigable.

él empezó a pasarse por casa,
llamaba y me dejaba
hogazas de pan recién salido
de su horno.

luego vino
a mi fiesta de Nochevieja con
su mujer.

a medida que pasaban los meses
vino a tomar
un montón de cervezas.

hace poco se presentó
en la puerta con
un par de botellas de
vino y dijo: «me apetece charlar
y beber contigo».

luego llegó su mujer y
se sumó a nosotros
mi parienta y
nos bebimos sus dos botellas.

nunca he repetido del todo
el numerito inicial de
pasearme desnudo por el jardín a las 8.30 de la mañana.

y espero no hacerlo nunca

pero es curioso
lo que les atrae a algunos.

igual lo que
consideramos
correcto a menudo
no es
muy interesante.

a veces incluso yo mismo creo que me gustaría
tener
un vecino
como yo
pero cuando lo
pienso bien
sé que
no podría
soportarlo.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

TRISTEZAS Y ZONAS CERO

 

TRAS FICHAR AL SALIR

lo que mejor recuerdo es salir de aquella fábrica a la
noche
ninguno decíamos gran cosa
nos alegrábamos de largarnos
pero nos hacía falta el trabajo;
al montarnos en los coches viejos
se oía el estrépito de los motores de arranque
los súbitos bramidos y explosiones mientras
los motores hechos polvo se ponían en marcha una vez más:
mientras salíamos con aire cansado
del aparcamiento para
largarnos
dejando a nuestra espalda la fábrica;
cada cual hacia un sitio distinto:
unos con su esposa e hijos;
otros a habitaciones de alquiler vacías o a
pequeños apartamentos abarrotados:
por lo que a mí respecta
nunca sabía si mi mujer estaría o
no
o lo borracha que estaría
si estaba en casa;
pero a cada uno de nosotros
la fábrica nos estaba esperando allí
la tarjeta de registro fichada y pulcramente
colocada en su ranura.
para mí de alguna manera
el mejor momento era
el trayecto de la fábrica a donde vivía
parar en los semáforos
mirar el gentío
en suspenso
entre un lugar donde no quería estar
y un lugar al que no quería ir;
estaba atrapado entre dos vidas desdichadas
pero también lo estaba la mayoría de los demás
no solo en esa fábrica
de esa ciudad
sino en el mundo
entero:
no teníamos la menor oportunidad
y aun así todos nos las apañábamos para seguir adelante y
aguantar.

 

 

 

 

LAS PALABRAS MÁS TRISTES QUE OÍ EN MI VIDA

era cartero suplente
en Correos
y el supervisor
quería joderme
enviándome a las rutas
más difíciles de la ciudad
durante el día
y encargándome luego las
recogidas nocturnas.

entre unas y otras
bebía y peleaba
con mi parienta.

una tarde que entré tan cansado que
apenas podía
andar
me encontré a Ernie
el supervisor adjunto
sentado a la mesa.
era tan chungo como
el supervisor
y levantó la vista y
me vio
encender un pitillo
sonrió compasivo y
dijo: —sé que es
duro… pero para los tíos idiotas
como tú y yo
esta clase de trabajo de
mierda es la única
que está a nuestro alcance.

luego se inclinó hacia delante y
se puso con el
papeleo.

fui hacia el cubículo de mi ruta
pensé en ello
pensé en ello un poco más
dejé la saca del correo
con un suspiro
y
me senté.

 

 

 

 

EL CIERRE DEL BAR INAGOTABLE

la idea de que solo son capaces de
sentir ultraje moral los
que tienen talento y los ricos, los
inteligentes y
los sensibles y los
poderosos
es la mayor tomadura de pelo
que hay.
anoche hicieron una redada en el garito de striptease,
llevaban una orden del Tribunal Supremo en el bolsillo,
contaban con
el respaldo del tribunal más alto del país
y barrieron a las chicas de encima de las barras
como moscas muertas,
como servilletas sucias,
todas esas pobrecillas encantadoras lanzando
gritos de pánico
sus voluptuosos traseros retorcidos por la sorpresa,
se las llevaron de allí
medio vestidas en furgonetas y automóviles
para ficharlas, tomarles las huellas, fotografiarlas y
enchironarlas. qué
desperdicio. qué desperdicio de mercancía
de primera. hablando de indecencia
los polis fueron lo más indecente por allí
esa noche. una pobre chica ya no puede ganarse la vida
honradamente. lo único que hacían era ofrecer un poco de
diversión cachonda a unos tipos solitarios. no puedo por menos de creer
que a esos tipos del Tribunal Supremo
no les importa nada real y
ya no se les
empina.
bueno, chicas, lo solucionaremos, os sacaremos
bajo fianza, ya se nos ocurrirá algo.

el cuerpo humano no es ningún delito,
por lo menos esos cuerpos vuestros
no.

 

 

 

 

NO MIRES NUNCA

ahí está el secreto: no mires.

«nunca miras directamente a la gente», me
decía una novia.
tenía buenas razones, no quería ver lo que en realidad
había allí, me sentía mejor sin esa
realidad.

podría poner cientos de ejemplos de lo que quiero decir
pero voy a describiros unos
pocos:
pongamos por caso, si subía a un avión y veía la cara del
piloto tranquila y distraída
entonces pasaba muchos apuros durante el
vuelo.
o digamos, en una carrera de trotones, si veía los ojos inertes
del que iba a llevar las riendas del caballo que había
elegido
entonces sabía que no tendría que
haber apostado por ese caballo.
o digamos, si casualmente en la tele
veo un primer plano del rostro de la
ganadora de un concurso de belleza
casi siempre me quedo
aterrado.
por último, sé que es terrible decir algo así pero
cuando veo cientos de caras de seres humanos congregadas en un acontecimiento
deportivo me mareo de náuseas e
incredulidad.

por lo visto estoy fuera de lugar entre las multitudes, no
encajo.

estoy mejor a solas observando a mis tres gatos,
para mí
son ejemplos puros de vida
real.

puedo
mirarlos
sin que
me den
miedo.

 

 

 

 

ZONA CERO

hay consenso respecto a que corren tiempos difíciles,
tal vez los tiempos más difíciles:
grandes grupos de personas en ciudades
por todo el mundo
protestan porque preferirían que no los
trataran de puta pena.

pero los que mandan, sean quienes sean,
no escuchan.

se sugiere que, claro, no es
más que un poder que lucha contra otro
y el auténtico poder, claro, está en manos
de los pocos que dirigen las naciones
y tienen la necesidad de proteger todas esas cosas
que les pertenecen.

es concebible que esos pocos dirigentes
escapen
cuando comience la erupción final;
huirán a sus refugios seguros
donde contemplarán la
erupción hasta el final,
y luego tras una espera razonable
volverán
de nuevo y
empezaremos a construir
un nuevo futuro ridículo y
escandalosamente injusto.

cosa que, a mi modo de ver, no es una perspectiva
muy halagüeña
mientras abro una lata de cerveza
una calurosa
noche de julio.

 

 

 

 

EXACTAMENTE ESO

siguen llegando gatos extraviados: ahora tenemos 5
y son listos, espontáneos, ensimismados,
serenos por naturaleza, de una belleza
impresionante.

una de las virtudes de los gatos es
que cuando te sientes mal, muy mal,
si miras a un gato en reposo,
la manera en que se sienta o se tumba y espera,
es una gran lección sobre la perseverancia
y si miras a 5 gatos a la vez es 5
veces mejor.

da igual las exigencias adicionales que hagan
da igual las pesadas bolsas de comida
da igual las docenas de latas de atún
del supermercado: todo eso no es más que combustible para su
asombrosa dignidad y
su afirmación de una existencia
vital
que los humanos solo
podemos envidiar y
admirar desde
lejos.

 

 

 

 

LA PROFESIONAL

allá en San Francisco
un editor me dijo: —Hank, tú traes una
maleta cuando vienes a dar un recital. el caso es que,
cuando viene Diane a dar un recital no lleva más que
un bolsito de viaje, no necesita
más.

bueno, Diane era un bombón, lo único que le hacía falta eran
unas braguitas blancas limpias y la minifalda.
yo no tenía tan buen
aspecto.

dije: —bueno, estoy acostumbrado a ir de vagabundo
por la vida, siempre llevo una
maleta.

—da igual —repuso—, tienes que aprender de
Diane, es una profesional.
había oído hablar de Diane, ya era famosa a los
24, se levantaba y recitaba poemas sobre
derrocar al gobierno y aun así le
concedían ayudas
gubernamentales
todos los años. Pero era preciosa,
sinuosa y la melena rubia le llegaba al culo.
mientras se cimbreaba y aullaba sobre la
Amérika fascista
todos los hombres del público se ponían
cachondos
y algunas mujeres
también.

y entre un recital y otro daba
clases
en una
universidad.

ahora,
ese editor está
muerto y
Diane se ha esfumado.
igual también
murió.

coincidí con ella solo
una vez;
por suerte
para mí
estábamos en el mismo
programa.
me gustaron dos cosas de ella:
1) durante la cena antes del
recital bebió tanto
como yo
2) y el pelo se le metía una y otra
vez en la comida.

—más vale que te lo tomes con calma, Diane, o tendré
que recitar por los
dos.

me miró. —y una mierda —dijo—,
y una mierda vas a recitar por los
dos.

—puedo aullar —dije— y puedo
cimbrearme. ¡me encantaría recitar por ti!

—lo que te encantaría, Chinaski —repuso—,
es echarme
un polvo.

los dos recitamos bien esa noche,
me
parece.
y de eso hace más de dos
décadas
y el gobierno sigue
aquí y yo
también
y
recuerdo a Diane con especial
cariño
aunque no quiso dispensar sus
favores a un hombre que casi le doblaba
la edad.

recuerdo su
bolsito de viaje
su lengua afilada
su sentido del humor
su perseverancia
sus agallas
su energía
¡eso sí que era un
espectáculo!

en realidad no le hacían
falta la minifalda ni
las braguitas blancas
de muda.
no eran necesarias.

la auténtica poesía
era ella.

 

 

 

 

A VECES CUANDO ESTÁS DEPRIMIDO ES POR ALGO

solo hace falta 6 u 8 líderes políticos ineptos
u 8 o 10 escritores, compositores y pintores en plan artistas para
que el curso natural del progreso humano
retroceda
50 años
o más.
lo que igual no te parece mucho
pero es más de la mitad de tu vida
durante la que no vas a poder
oír, ver, leer ni sentir ese
don necesario del gran arte que
de otro modo podrías haber experimentado.
lo que igual no te parece trágico
pero a veces, tal vez, cuando no te sientes muy
bien por
la noche o por la mañana o a
mediodía,
igual lo que sientes que te falta es
lo que debería estar
a tu alcance
pero no está.
y no me refiero a una rubia en
pantys,
hablo de lo que te reconcome las entrañas
incluso cuando la tienes
ahí mismo.

 

 

 

 

LOS CABALLOS NO APUESTAN POR LA GENTE Y YO TAMPOCO…

busco un asiento a solas pero un par de filas
delante de mí hay sentado un viejo calvo con jersey
gris.
tiene una voz que se escucha a 40 metros.
corre el año 1980 y está hablando de un
caballo que ganó una carrera en 1958.
había apostado a ganador.
«¡LAS APUESTAS ESTABAN 1 A UNO! ¡EL CABALLO NO HABÍA CORRIDO NUNCA
MÁS DE 7/8 DE MILLA Y LO HABÍAN PUESTO
EN UNA CARRERA DE UNA MILLA Y 1/8! ¡PUES SE PLANTÓ
EN PRIMER LUGAR Y ASÍ ESTUVO TODA LA CARRERA, LOS OTROS
CABALLOS NI SE LE ACERCARON! ¡VAYA CARRERA FUE!»

el tipo con el que habla vuelve la cabeza y
palidece, de pronto vomita.
me levanto y me alejo, busco otro asiento,
la persona más cercana es una mujer a tres asientos de mí
y ni siquiera tiene un Formulario de Apuestas, está
haciendo un crucigrama.
levanta la cabeza: —eh, ¿una palabra de seis letras
para «fallecido»?
—¿muerto?
—no, eso no encaja.
—¿inerte?
—ah…, sí, eso es. oiga, ¿no lo he
visto en alguna película? ¿no es una estrella de cine?
—no.
—¡sí, era una película de terror, hacía de un hombre
que se caía de un campanario!

me levanto y voy al ascensor
y bajo en busca de un asiento al sol. me siento
y entonces me doy cuenta de que he perdido el programa así que me acerco a uno de los
vendedores y le compro otro programa.

—¿qué, compra otro programa, colega? —me pregunta.

—sí. me recuerdas ¿eh?

—¡sí, claro! ¡le recuerdo!

regreso a toda prisa al ascensor, calándome la gorra
sobre los ojos.
mientras estoy en el ascensor, el tipo a mi lado
lleva un transistor y lo tiene puesto
a todo volumen.

alguien canta por la radio.
es Barry Manilow.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

UN TIPO GRACIOSO

 

UN TIPO GRACIOSO

al señor Geomethel le gustaba dar fiestas los sábados por la tarde
en su casa. siempre nos invitaba. creo que era
mi 3ª o 4ª esposa, siempre quería ir, y me
daba la vara hasta que era más chungo quedarse en casa con ella
que ir allí. así que ese día se salió con la suya, fuimos a Echo
Park, aparcamos en lo alto de la colina, miramos desde allí la casita
gris, la gente en el jardín tan sosa
como los resultados de las carreras de la semana anterior. sin embargo, ella parecía
entusiasmada de verlos. supongo que la tenía muy alejada
de esa clase de tinglados, era una chica de campo, sincera y
sana y con mucho apego a la gente y la diversión. (a mí
me gustaba comer chocolatinas en la cama a solas con ella porque tenía
los ojos castaño oscuro más maravillosos.) bajamos al sendero
donde había mucha gente al sol con el señor
Geomethel junto a la casita gris con un montón de calveros en
el jardín desatendido y todos aferrados a
un impulso extraño, alguna razón misteriosa para estar allí (aunque
cuando les mirabas fijamente a los ojos alcanzabas a ver una
sombra de duda apenas en el fondo de su cerebro.) a mi chica
le caían bien todos, no solo el señor Geomethel sino también Chuck y
Randy, Lila y Patarrota (el perro). ella, mi 3ª o 4ª
esposa, iba de una persona a otra, de este grupo a aquel,
encontrándose temas intensos e interesantes de conversación. yo bebía
lo que podía de aquel vino tan malo. vomité de tapadillo detrás
de un seto cuando ella se desvaneció de pronto, para que fuera en su busca,
volví a vomitar, bebí un poco más, esperé y contesté sí o
no a unas cuantas preguntas que pasaban por allí. luego ella
apareció de nuevo para decirme que el señor Geomethel se la había
llevado a su cuarto para enseñarle sus cuadros, y
se sorprendió, dijo, porque eran muy buenos.

todo hombre, le respondí, probablemente tiene alguna clase de talento
si buscas lo suficiente. el talento del señor G, continué, estribaba probablemente en sus cuadros tan buenos.
por lo visto ella se mosqueó al oírlo, me dio la espalda y se fue
hacia 2 tipos jóvenes apoyados en una verja de madera desvencijada.
al parecer se alegraron de verla.

yo entré a la cocina, abrí un armario y me encontré
una pinta de vodka casi llena. me puse 3/4 partes de vodka y
1/4 parte de agua. vi un Pall Mall en el fregadero y me lo encendí.
sabía que mi 3º o 4º matrimonio se había acabado por
mis celos y mi envidia y muchas otras cosas horribles.
«te falta confianza en ti mismo», solía decirme. yo lo sabía
y me alegraba que ella lo supiera. bebí un poco más,
salí al jardín y cuando ella me miró de soslayo
supo que me había pasado al otro lado y que
no volvería con ella debido a todas esas cosas
tan terribles. me sentí de maravilla, como un ánade
alzando el vuelo de las marismas, con los cazadores
demasiado borrachos en la barca para abatirme y que sus perros
se lanzasen al agua para llevarme hasta ellos.
aun así, se acercó y probó suerte:

«bueno, supongo que quieres irte ahora que empieza la
diversión, ¿verdad?»

quiero irme, dije, pero esta fiesta está tan bien como cualquier otra.
puedo quedarme.

¿por mí?, preguntó.

por nosotros, dije, porque finalmente ya no estaba aburrido
y cuando el señor Geomethel se acercó y me preguntó qué tal
iba todo. le dije que su fiesta me gustaba.
«creía que eras un recluso, ¿no?», dijo.
lo soy, respondí.

ahora a mi esposa nº4 o nº5 no le gustan las fiestas pero,
claro, hay muchos otros problemas.
siguen llegándome invitaciones de tanto en tanto a las fiestas
del señor Geomethel.
las tiro sin odio ni alegría
y mi mujer nº3 o nº4 me llama a veces,
llora,
dice que lo que echa en falta es mi sentido del humor, es tan poco
común, y me pregunto cómo es que no consigo
recordarla riéndose,
salvo con otras personas
o en las fiestas del señor Geomethel.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

LA NOCHE DESQUICIADA DE PASOS

 

UNA SONRISA INOLVIDABLE

teníamos pececitos de colores y daban vueltas sin cesar
en la pecera encima de la mesa cerca de las gruesas cortinas
que cubrían el ventanal y
mi madre, siempre sonriente, empeñada en que todos
fuéramos felices, me decía: «¡sé feliz, Henry!»
y tenía razón: es mejor ser feliz si
puedes,
pero mi padre seguía pegándonos a ella y a mí varias veces a la semana
furioso
en su corpulencia de metro ochenta y cinco porque no podía
entender qué le atacaba desde dentro.

mi madre, pobre pececillo,
quería ser feliz, golpeada dos o tres veces a
la semana, me decía que fuera feliz: «¡Henry, sonríe!
¿por qué no sonríes nunca?»

y entonces sonreía ella, para darme ejemplo, y era la
sonrisa más triste que he visto en mi vida.

un día murieron los peces de colores, los cinco,
quedaron flotando en el agua, de costado, los
ojos todavía abiertos.

y cuando mi padre volvió a casa se los echó al gato
allí mismo en el suelo de la cocina y nos quedamos mirando mientras mi madre
sonreía.

 

 

 

 

UN ACONTECIMIENTO

siempre fue un jockey de primera,
lo he visto cabalgar durante muchos años
muchas tardes en Del Mar, Hollywood Park,
Santa Anita.

a principios de este año
su esposa se suicidó
de una manera terrible

los que lo conocían bien dijeron que
nunca volvería a
montar.

y no montó durante una
temporada.

entonces una tarde
aceptó una montura
y cuando los caballos salieron
a dar la vuelta
inicial
y él apareció
ante el público
comenzaron los
aplausos —unos aplausos
suaves y uniformes—
continuaron durante unos cuantos
minutos
y más de un apostador
sentimental
tuvo que volver la cabeza
para ocultar las
lágrimas.

luego
en esa carrera
llegó a toda velocidad
por la recta final
solo para perder
en el fotocontrol.

lo único que dijo después a los
periodistas fue: «se me hace
raro volver a casa y
no encontrarla
allí».

desde entonces
viene montando
con un estilo y un
abandono que son
increíbles:
se mete por huequecillos
entre los caballos
o se acerca peligrosamente a la
valla.

ahora es
el jockey puntero
y
sigue
ganando.

la gente no veía
montar así en
décadas.

es el tigre al
sol.

es todos y cada uno de nosotros
solo
por siempre
dejando furiosamente de lado
el
dolor.

 

 

 

 

SIGLOS DE MENTIRAS

una amistad escribe desde París
para decirme
que siguen
hablando de aquella vez
que la cagué
en la tele francesa
en horario de máxima audiencia
hace unos años.

a mí ahora todo eso me hace gracia
porque recuerdo muy poco
de aquello
pero me sirve para vender
unos cuantos ejemplares más de mis libros
por allá
a algunos intelectuales
por todas las razones erróneas.

pasó lo mismo con los críticos
que pensaron que era estupendo
que no quisiera ir a ver a
Sartre.

los críticos creían que lo
estaba
haciendo de menos
cuando era solo que
no sabía qué decirle
al viejo
que me parecía un escritor
muy bueno.

parece ser que cuando estás
en racha
cada vez te conceden más mérito
por alcanzar grandes logros que
ni siquiera te planteaste

y poco después envuelve tu obra
un manto adicional de mito
que no hay por qué creer
pero se cree igualmente
y por eso tantos
supuestos genios son en realidad
gilipollas
y tantos gilipollas son
supuestos críticos
literarios.

 

 

 

 

1810-1856

un día Robert Schumann se tiró
al Rin y lo metieron en un psiquiátrico
para el resto de su vida.

su esposa, Clara, retuvo con ferocidad sus composiciones
musicales y
se negó a permitir que las interpretaran.

podríamos pensar que era su mayor protectora y
crítica.

podríamos pensar muchas cosas,
supongo,
pero me alegro se estar escuchando a Robert
en vez de a Clara
esta noche.

 

 

 

 

DE VUELTA A LA AMETRALLADORA

me despierto a eso de mediodía y salgo a recoger el correo
con mi viejo albornoz raído.
el pelo me cae sobre los ojos
voy descalzo
a paso ligero por encima de piedrecillas afiladas
por el sendero
todavía temeroso del dolor tras la barba de cuatro días.

la joven ama de casa de al lado sacude una alfombra
por la ventana y me ve:
«¡hola, Hank!»

¡hostia! es casi como que te disparen en el culo
con un calibre 22.

«hola», contesto
al tiempo que recojo la factura de la Visa, los cupones del Pennysaver,
un aviso de impago del Dept. de Aguas y Electricidad,
una carta de los de la hipoteca
además de una demanda del Departamento de Eliminación de Malas Hierbas
que me da 30 días para limpiar el jardín.

regreso a paso de ratón por las piedrecillas afiladas
pensando, igual más vale que escriba algo esta noche,
por lo visto se me
están echando todos encima.

solo hay una manera de enfrentarse a esos cabrones.

las carreras nocturnas de trotones tendrán que esperar.

 

 

 

 

GÓTICO Y ETC.

me enteré de que dos tipos van a
hacer una tesis sobre Chinaski.
uno es de Louisiana y el otro de
algún sitio del medio oeste.
los dos escriben cartas minuciosas en
papel caro.
parecen jóvenes pero interesados
y contesto sus cartas, aunque
no digo gran cosa.

tengo la sensación de que soy el pardillo
de su circo literario
así que aunque no digo gran cosa
(para no decepcionarlos)
suelto alguna que otra frase rara
como si mi mente no estuviera debidamente
atendida.

hace unos años
otro tipo me envió su tesis.
había páginas y páginas
en las que se me elogiaba mucho:
yo era el Whitman de Los Ángeles
y era Gótico además de ser
un montón de cosas
raras.
me otorgaba el mérito de saber
mucho más de lo que sé
y acababa diciendo
que había escrito algunas piezas con una
perspicacia psicológica sin par.

eso es lo que por fin hacen contigo
después de haber fracasado
durante los primeros 50 años de tu vida
intentando llegar a alguna parte:
quieren otorgarte el mérito de mucho
más de lo que nunca
te propusiste.

los estudiosos quieren que sea misterioso e
importante.

yo quiero que sea fácil.

que es como
es.

 

 

 

 

BRINDO POR ESO

estábamos en LaBrea Ave. y le pregunté:
—¿quieres ver la casa en la que viví durante
15 años cuando era niño?
—claro —dijo ella.
me llegué hasta Longwood Ave. y aparcamos
enfrente.
allí estaba 50 años después
seguía allí
la casa de los horrores
la casa de las mil palizas
la casa de la brutalidad y de la desdicha.
«enséñame dónde estaba tu cuarto»,
me dijo.
cruzamos el jardín
el jardín que yo había segado y regado
750 veces.
enfilamos el sendero de acceso del vecino.
«ahí está», señalé. «esa es la
ventana por la que salía por la noche, y creo
que ese es el mismo arbusto que saltaba.
¡joder, vámonos de aquí!»
volvimos al coche y nos largamos.
no había sido víctima del amor de mi madre ni de
mi padre. y había sido víctima de mucho
más que eso. y la suerte me había
dado la espalda durante mucho tiempo
después de aquello.

—no querías volver a esa casa nunca,
¿verdad? —preguntó.
—ha sido idea mía —dije—. lo siento.
—cariño —repuso—. yo también lo siento.
—se acabó —dije—. parte de ello
se acabó.

cuando llegamos otra vez a mi casa y
abrí la puerta
los ángeles saltaron de las papeleras
y corrieron por la moqueta
parda raída,
la luz y la suerte se reflejaron en las
paredes mientras
ella iba al baño
y yo me ponía cómodo y
abría una botella de Havemeyer
Bernkastel Riesling.

 

 

 

 

MI NOVIA ASEGURA QUE ES TODO MUY FÁCIL

«esa diseña la escenografía de obras de teatro de Broadway y monta pelis
de arte y ensayo. ese toca la guitarra flamenca, es muy
famoso y se ha asegurado las manos por 200
mil dólares.»

«ese fabrica bañeras por encargo y cuando llega
el invierno trabaja en las mejores estaciones de esquí. esa hace unas cestas
preciosas y las vende en mercadillos de arte. tiene
muchísimo talento.»

«ese hace fotografías mientras ella entrevista a
famosos. construyeron su casa en primera línea de playa ellos mismos
con piedras que encontraron por la orilla.»

«ese cultiva hierba en Hawai y la trae a L.A.
escondida en tablas de surf. esa escribe en una famosa
revista pop.»

«esa restaura embarcaciones de recreo y ese
es manager de un grupo de rock y monta todas sus giras.
tienen un hijo listísimo.»

«esa solo trabaja un par de meses al año como
asesora fiscal y ese compra y
vende casas. compra una casa por
500 mil dólares y luego la vende por 600 mil
4 meses después.»

«ese solo hace trabajillos, gana lo suficiente en
3 o 4 días para vaguear un mes o más.
esa hace tallas de madera, es muy buena.»

«su padre murió y ahora dirige la empresa
maderera. antes era gay y
alcohólico. ella es diminuta, la mitad que
él, y al final se casaron.»

«viven en México y Sudamérica.
saben cómo vivir de la tierra.
hacen joyas y las venden no solo a
los turistas sino también a los nativos. ese
no aprendió a hablar inglés. no le hace falta.
se queda ahí sentado y te mira con
esos ojos. ¡ay, dios mío!»

«va a España todos los años y vive
en un castillo. tiene acento británico y
las mujeres se vuelven locas por él.»

dios santo, pienso en todas las fábricas y
almacenes donde trabajé,
los bancos en el parque en los que dormí, las
cárceles en las que estuve ¡y luego tengo que oír todo
eso sobre otros!

¡podría haber hecho tallas de madera o vagueado
en la escuela de bellas artes o viajado a Creta o
curtido pieles en Perú o podría haber
llorado a los pies de viejas ricas o
construido arcos de artesanía para
cazar osos!

es todo muy fácil
lo único que tienes que hacer
es ser
listo y brillante

si no hubiera sido gilipollas
podría haber sido
como ellos:

¡esa gente mágica, mañosa y próspera
que hay por todas partes!

 

 

 

 

PROVOCO UNA CREATIVIDAD EXTRAORDINARIA

esa hacía quemaduras en el sofá con los
cigarrillos
se bebía casi un quinto de whisky para las 2 de la
madrugada
y ponía la radio
a todo volumen
cuando sonaba una sinfonía.
se volvió muy intelectual
y su idea de ser intelectual
era llevarme la contraria en todo
lo que yo decía,
además
no era muy buena en la cama
así que me harté de todo y le dije que se había
acabado.

ahora me llama constantemente.
pone conferencias.
me lee poemas que ha escrito.

hay uno sobre una mosca
incluso una mosca siente dolor,
dice el poema.

hay otro acerca de cómo mató un
escarabajo. no hay leyes contra matar un
escarabajo,
dice el poema.

luego me llama y me dice que ha
enviado un relato a una revista
y que en él
me desenmascara.

¿quieres que te lea el relato?,
pregunta.

no, no te molestes, digo, y
cuelgo.

conozco a otra mujer que escribió un relato largo y
desagradable
acerca de cómo mató una cucaracha con el
pie descalzo.

tendría que presentarlas.

 

 

 

 

LA BROMA CÓSMICA

los hombres y las mujeres al final rompen.
los hombres y las mujeres
abandonan deliberadamente a sus
seres queridos en manicomios
sedados o
electrocutados
hasta morir.

los gatos matan gatos a
las 3 de la madrugada
les arrancan a mordiscos las patas
delanteras y les abren
la garganta
dejando pellejo rígido
y siluetas inmóviles
para cualquier coleccionista de
basura y vida
pretérita.

muchos quieren ser amables
y comprensivos
muchos quieren comportarse de una manera culta
y sagaz
muchos usan la palabra
amor
como si la dijeran
de corazón.

y demasiados la creen
cuando la
oyen.

nuestro propio deseo de
ser buenos
invalida nuestras oportunidades.

tenemos que subir los impuestos
para poder alimentar y
vestir y divertir
a todos los que
están en manicomios
y en otros lugares
que creyeron en el amor
cuando había
tan
poco.

 

 

 

 

BEAUJOLAIS JADOT

los perros de Bélgica se sienten mal
ciertas tardes de invierno
mientras
la marea de las cosas va hacia aquí
o hacia allá.
nada, nadie se salva.

da igual, la tragedia
nos recuerda continuamente la azarosa
casualidad:
grandes aviones de pasajeros se estrellan contra
montañas invisibles;
ancianas se prenden
fuego
fumando pitillos solitarios en
pensiones olvidadas;
continúan guerras pequeñas, y brutales violaciones,
y siempre hay algún asesinato accidental
mientras los perros de Bélgica se sienten mal
ciertas
tardes de invierno:
se ve en sus ojos, se
estremecen y tiemblan, nunca hay un lugar
adonde ir, se supone que tiene que ser
así.

estar aquí sentado,
dando vueltas a todo eso, con
el beaujolais jadot derramado sobre la mesa,
en lo único que puedo pensar
es
en los perros de Bélgica,
y joder, deben de estar sintiéndose
pero que muy mal para metérseme en la cabeza
así.

igual eso no quiere decir nada
en absoluto, eso sería
lo mejor.
enfrente de donde estoy sentado
hay otra habitación
y
dentro de poco entraré y
me tumbaré en la cama
y dormiré sin soñar
y
así escaparé de
esos perros de Bélgica
que me recordarían sin cesar
las vidas
perdidas y desamparadas
de tantos.

 

 

 

Bukowski, Charles. La noche desquiciada de pasos (Trad. Eduardo Iriarte). Madrid; Ed. Visor, 2014.

 

EL ‘AMOR’ DE CHARLES BUKOWSKI

 

CARSON McCULLERS

murió alcoholizada
envuelta en una manta
en una hamaca
en la cubierta de un barco
de vapor de ultramar.

todos sus libros sobre
el terror de la soledad

todos sus libros sobre
la crueldad
del amante sin amor

fueron cuanto quedó
de ella

cuando un turista que paseaba
vio el cadáver

se lo notificó al capitán

y la trasladaron enseguida
a otro lugar
del barco

y todo
continuó
tal y como
ella lo había escrito.

 

 

 

 

UN MAGO MENOS

se van uno a uno y a medida que lo hacen
se acerca mi hora y
no me importa mucho, solo
que no soy muy práctico con
los detalles que conducen a los demás
hasta el punto de fuga.

el sábado pasado
murió uno de los mejores jinetes de carreras
de calesas… el pequeño
Joe O’Brien.
le vi ganar muchas
carreras. se
balanceaba de un modo peculiar,
agitaba las riendas
y se balanceaba hacia adelante
y hacia atrás. se
movía así
en la recta final y
era muy espectacular
y eficaz…

era tan pequeño que no podía
fustigar el caballo con tanta fuerza como
los otros jinetes
así
que se balanceaba y se balanceaba
en el carro
y el caballo sentía la pasión
y el entusiasmo
aquel balanceo rítmico y alocado
se transmitía de hombre a
bestia…
era como si un jugador de dados
suplicase a los dioses,
y los dioses
respondiesen a menudo…

vi a Joe O’Brien ganar
infinidad de carreras reñidas
muchas por los
pelos.
solía elegir un caballo
que los otros jinetes
daban por perdido
y Joe imprimía su toque
mágico
y el animal solía
responder con
bríos renovados.
Joe O’Brien fue el mejor jinete
que he visto jamás
y he visto muchos con el paso
de las décadas.
nadie sabía cuidar ni camelar
a un trotón o a un marcador del paso
como el pequeño Joe.
nadie tenía la misma magia
que Joe.

se van uno a uno
presidentes
basureros
asesinos
actores
carteristas
boxeadores
mercenarios
bailarines
pescadores
médicos
cocineros
como si
tal cosa

pero Joe O’Brien…
será difícil
muy difícil
dar con alguien que esté a la altura
del pequeño Joe

y
en la ceremonia que esta noche
se celebró en su honor
en el hipódromo
(Los Alamitos, 1-10-1984)
cuando los jinetes formaron
un círculo
con los carros
en la meta
tuve que darle la espalda
a la multitud
y subir las escaleras
de las gradas superiores
hasta la pared
para que nadie
me viera
llorar.

 

 

 

 

CONFESIONES

espero la muerte
como un gato
que subirá a la cama
de un salto.

me da tanta pena
mi mujer.

verá un
cuerpo
pálido
rígido.

lo zarandeará una vez,
quizás
otra:

—¡Hank!

Hank no
responderá.

la muerte no me
preocupa, sino dejar
a mi mujer
con este montón
de nada.

pero
quiero que
sepa
que todas las noches
que dormimos
juntos
e incluso las peleas
absurdas
siempre fueron
algo magnífico

y que
ya puedo
decir
esas palabras
que siempre se me
atragantaban:

te
quiero.

 

 

 

Bukowski, Charles. Amor (Trad. Abel Debritto). Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

CANCIÓN DE AMOR

 

………………..canción de amor

te he comido el coño como un melocotón,
me he tragado la pepita,
la pelusa,
atrapado entre tus piernas
te he succionado y mordido y lamido y
tragado,
he sentido cómo te estremecías y retorcías como
si te
ametrallaran
y metí bien la lengua
y salieron los flujos
y me los tragué
poseído
y me tragué todas tus entrañas…
te comí todo el coño
te lo mordí
te lo mordí
y me lo tragué todo
y tú también
estabas fuera de ti
y me aparté y te besé
la barriga
el ombligo
luego descendí hasta el interior de tus piernas blanquecinas
y te besé y mordí y
mordisqueé,
otra vez
sin parar
esos maravillosos pelos del coño
tentándome y tentándome
mientras me aguantaba tanto como podía
y luego me abalancé de nuevo
y chupé y lamí,
tenía tus pelos en el alma
tu coño en el alma
a ti en el alma
en una cama milagrosa
mientras los niños gritaban fuera
yendo en patín
y bicicleta a
las 5 de la tarde
a esa maravillosa hora de
las 5 de la tarde
se escribieron todos los poemas de amor:
mi lengua te entró en el coño y el alma
y allí estaba la colcha azul
y los niños en el callejón
y cantaba y cantaba y cantaba y
cantaba.

 

 

 

Bukowski, Charles. Tormenta para los vivos y los muertos (Trad. Abel Debritto). Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

GATOS, GATOS, GATOS…

septiembre 10, 2017 Deja un comentario

 

mejor que bien

no dejan de llegar gatos callejeros: ya tenemos 5
y son caprichosos, volubles, pre-
sumidos, inteligentes por naturaleza y de una belleza
deslumbrante.

una de las mejores cosas de los gatos es
que cuando estás deprimido de veras
sólo hay que mirarlos mientras se relajan
a su manera;
te enseñan a superar
las dificultades, y
si miras a 5 gatos, te sientes 5
veces mejor.

da igual el sinfín de latas de atún
que hay que ir a comprar: son combustible
para una dignidad pura, ilimitada, una
vitalidad asombrosa e
inagotable,
sobre todo cuando la vida nos
puede: le damos demasiadas
vueltas
a las cosas.

 

 

 

 

luz cálida

solo
esta noche
en casa
solo con
6 gatos
que me dicen
sin
esfuerzo
todo cuanto
hay
que saber.

 

 

 

 

mis gatos

lo sé. lo sé.
son limitados, sus necesidades
y problemas son
distintos.

pero los observo y aprendo de ellos.
me gusta lo poco que saben,
que es
mucho.

se quejan pero nunca
se preocupan.
caminan con una dignidad sorprendente.
duermen con una sencillez de lo más natural que
los humanos no
comprendemos.

sus ojos son más
hermosos que los nuestros.
y duermen hasta 20 horas
al día
sin
vacilación ni
remordimiento.

cuando estoy
abatido
me basta
mirar a mis gatos
para
recuperar
el ánimo.

estudio a estas
criaturas.

son mis
maestros.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

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UN POEMA SOBRE LA NATURALEZA

septiembre 7, 2017 Deja un comentario

 

un poema sobre la naturaleza

tengo dos gatitos que se están haciendo
grandes y
dormimos en la misma cama… el problema es que
madrugan:
por la mañana suelo despertarme mientras me corretean por la
cara.

se pasan el día corriendo, comiendo, durmiendo, cagando y
peleándose
pero a veces descansan y me
miran
con unos ojos
mucho más hermosos que los de cualquier
humano.
son buenos tipos.

cuando bebo y escribo por la noche
están bien cerca
por ejemplo
uno en el respaldo de la silla y el otro allá abajo
mordisqueándome los dedos de los pies.
el interés es mutuo, nos gusta
saber dónde estamos, dónde está
todo.

entonces
se ponen a
corretear por el suelo
por encima de las páginas
mecanografiadas
y las arrugan y las
perforan.

luego
se meten de un salto en la caja de cartas
que recibo
pero no las responden, están
domesticados.

supongo que me inspirarán varios poemas sobre gatos
y este es el
primero.

—Dios mío —dirán—, ¡Chinaski solo escribe sobre
gatos!
—Dios mío —solían decir—, ¡Chinaski solo escribe sobre
putas!

los quejicas seguirán quejándose y comprando mis
libros: les encanta que les
irrite.

este es el último poema de la
noche, apenas
me queda una copa de vino
y los dos gatitos
se me han dormido encima de los pies.
noto su leve peso
su pelaje
su respiración:
a menudo pasan cosas buenas, recuérdalo
mientras las bombas caen lentamente con todo su magnífica
insensatez,
los gatitos
a mis pies
saben más,
son
más,
y este momento estalla
con más esplendor,
y un pasado afortunado
no puede eliminarse
jamás.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

MANX

septiembre 5, 2017 Deja un comentario

 

rabón

constatemos lo evidente:
no hace falta ser
un genio
para saber que
nos equivocamos de nuevo.
cada vez reímos menos,
nos volvemos más cuerdos.
lo único que deseamos
es la ausencia de los demás.
hemos oído la música clásica
demasiadas veces,
y ya hemos leído los libros
que merecen la pena.
volvemos a sospechar,
como al principio,
que somos
raros, deformes,
que no encajamos
en ningún lado…
mientras escribimos esto
oímos un zumbido desagradable
algo se nos mete
en el pelo
y se queda atrapado.
alargamos la mano
y lo liberamos
mientras nos muerde el dedo.
¿qué mierda de bicho
insignificante
es este
a estas horas
de la noche?
ya se ha ido…

al otro lado
de la puerta corredera
de cristal
vemos
un gato rabón blanco
bizco.
la lengua le cuelga
de lado.
descorremos la puerta
y el gato entra a la carrera.
las patas delanteras se impulsan
en un sentido,
las traseras
en el otro.
se nos acerca
con andar raquítico
nos sube por las piernas
el pecho
nos coloca las patas delanteras
como brazos
cerca de los hombros
pega el hocico
a nuestra nariz
y nos mira
como mejor puede;
desconcertados,
le devolvemos la mirada.

qué noche,
viejo amigo,
qué momento,
qué estilo.
los dos aquí
juntos.

recuperamos la sonrisa
de siempre.
de repente, el rabón
pega un salto
y derrapa de lado
por la alfombra
persiguiendo algo
que ninguno de los dos
ve.

 

 

 

 

la historia de un hijoputa bien duro

llegó a casa una noche empapado, en los huesos, apaleado y
aterrorizado.
un gato rabón blanco, bizco y sin cola.
lo acogí y le di de comer y se quedó
me gané su confianza hasta que un amigo lo atropelló
mientras aparcaba
y llevé lo que quedaba de él al veterinario, y dijo, “lo tiene
difícil… dale estas pastillas y espera… la columna está
destrozada, ya se la habían destrozado antes pero se había
enderezado, si sobrevive no volverá a caminar, mira
las radiografías, le han disparado, fíjate bien, los perdigones
siguen ahí… además, tenía cola y alguien
se la cortó…”

me llevé al gato a casa, era un verano caluroso, uno de los
más calurosos en décadas, lo puse en el suelo del
baño, le di agua y las pastillas, no quería comer ni
beber, hundía un dedo en el agua
y le humedecía la boca y le hablaba, no salía
de casa, me pasaba horas y horas en el baño y le hablaba
y le acariciaba y me miraba con esos
ojos bizcos azul claro y al cabo de unos
días se movió por primera vez
se arrastró con las patas delanteras
(las traseras no respondían)
hasta la caja de arena
trepó hasta dentro,
y fue como si las trompetas de la esperanza y la victoria
resonasen en el baño y por toda la ciudad, me
identificaba con aquel gato… lo había pasado mal, no tan
mal como él, pero sí bastante mal…

una mañana se levantó, se mantuvo en pie, se desplomó y
se quedó mirándome.

—lo conseguirás —le dije—, eres un buen tipo…

siguió intentándolo, se levantó y se cayó, por fin
dio varios pasos, parecía un borracho dando tumbos, las
patas de atrás no respondieron y se desplomó de nuevo, descansó,
se levantó…

ya os imagináis el resto: ahora está mejor que nunca, bizco,
casi desdentado, con la gracia intacta, y esa mirada
que nunca lo abandonó…

y a veces me entrevistan y quieren que hable sobre
la vida y la literatura y me emborracho y sostengo en alto al gato
bizco, acribillado, atropellado, sin cola y digo, “mirad, ¡fijaos
en esto!”

pero no lo entienden, me preguntan cosas como, “¿dices
que Céline te ha influido…?”
—no —alzo el gato ante ellos—, me influye lo que pasa,
cosas como esta, como esto, ¡esto!

zarandeo al gato, lo sostengo en alto por las patas delanteras
bajo la luz ahumada y ebria; se queda tan tranquilo, ya sabe lo que hay…

casi todas las entrevistas se acaban en ese momento.
aunque luego me enorgullezco cuando se publican
y ahí estoy yo con el gato y nos fotografían
juntos…

él también sabe que son gilipolleces pero sirven para comprar la comida,
¿no?

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

Categorías:Poesía Etiquetas: , , ,

BUTCH

septiembre 1, 2017 Deja un comentario

 

una operación nefasta

al viejo Butch lo caparon
y las hembras ya no le parecen
gran cosa.

cuando mi vecino Sam se mudó
heredé a Butch, un gato enorme
de 70 años según los cálculos,
viejo,
capado,
pero con todo el gato más
grande y avieso que
se recuerde.

ha estado a punto de arrancarme
la mano
la mano que le da de comer
un par de
veces
pero le he perdonado,
está capado
y se nota
que no le
gusta.

por la noche
lo oigo pelearse y
perseguir a otros gatos por
la maleza.
Butch, toda una vieja
gloria
que sigue luchando
sin tenerlos puestos.

menudo cabrón debió de ser
cuando los tenía bien puestos
de jovencito
y se paseaba sin prisas
por la vida
y lo observo
ahora
y todavía siento el coraje
y el poderío
a pesar de la insignificancia del hombre
a pesar del saber científico
del hombre,
el viejo Butch
se conserva
aguanta

mientras esos
pérfidos ojos amarillos
me miran fijamente
desde su enorme
cabeza
invicta.

 

 

 

 

Butch Van Gogh

poco antes de irme de Hollywood mi gato se peleó
y casi perdió una oreja.
ahora vivimos en otro lugar
y ayer lo llevé al veterinario.
había odontólogos y psicólogos
para animales
y una sala de URGENCIAS
lo operarían
con anestesia
y le darían pastillas y
pomadas.

la broma me costaría
82,50 dólares.

—joder —le dije al veterinario—, tiene diez años,
está capado y me lo encontré en la calle, gatos así los hay
a patadas.

el veterinario trazó varios círculos con el lápiz
en un trozo de papel.

—de acuerdo —dije—, adelante.

el veterinario anotó el nombre del paciente: “Butch Bukowski”.

cuando fui a recogerlo tenía el cráneo vendado
y
parecía como si le hubieran perforado la cabeza.
una asistente lo sacó de la sala 6.

—¿qué le han hecho? —pregunté—. ¿una lobotomía?

ahora se sienta encima de la estufa y me mira fijamente.
Butch Van Gogh Artaud Bukowski.

una vez un amigo me dijo:
“¡todo lo que tocas se va a la mierda, tío!”

tiene razón.
no he dejado de masturbarme desde que cumplí
los once.

 

 

 

 

un lector

mi gato se cagó en los archivos.
se metió dentro de la caja naranja de
Golden State Sunkist
y se cagó en mis poemas
en los originales
que guardo para los archivos universitarios.

ese crítico negro, rechoncho y de una sola oreja
me había dado su veredicto.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

TIGRECITOS POR DOQUIER

 

los zapatos de Sam,
el de la casa de putas,
crujen
y se pasea por todo
el patio
crujiendo y hablando con
los gatos.
pesa 165 kilos,
es un asesino
y habla con los gatos.
se ve con las mujeres del salón
de masajes pero no tiene novia
ni coche
no bebe ni se droga
sus mayores vicios son
mascar puros y
dar de comer a todos los gatos
del vecindario.
algunas gatas se quedan
preñadas
y cada vez hay
más gatos por todas partes
y cuando abro la puerta
se cuelan uno o dos
gatos y a veces se me olvida y
se cagan debajo de la cama
o por la noche oigo ruidos
me despierto
y me levanto de un salto navaja en mano
entro en la cocina con sigilo y
veo a uno de los gatos de Sam, el de la
casa de putas, paseándose por
el fregadero o sentado encima
de la nevera.

Sam regenta la casa de citas
de la esquina
y sus chicas esperan en la
entrada bajo el sol
y los semáforos cambian de color,
del rojo al verde, del rojo al verde
y todos los gatos de Sam
tienen tanto sentido
como los días y las noches.

 

 

 

Bukowski, Charles. Gatos. Madrid; Ed. Visor, 2016.

 

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