Archivo

Posts Tagged ‘chantal maillard’

DECIR EL HAMBRE – EL NO SABER CARGADO DE COMPASIÓN

diciembre 22, 2020 Deja un comentario

 

SI PREGUNTO a los hombres
qué es aquel cuerpo inmenso
que vibra al otro lado de los bosques,
me contestan: «el mar».
Si te pregunto qué es el mar
me dices:
«un animal de lluvia que sin tregua recorre
la distancia infinita que de sí mismo le separa».
Quieres ponerme a prueba, pretendes confundirme.
Sé que aquel cuerpo inmenso
eres tú
cuando sales del bosque
y arrojas tu saliva sobre el mundo.

 

 

 

 

LLEVO acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra…
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.

 

 

 

 

NO PONDRÁS NOMBRE AL FUEGO

No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón construye en sus tinieblas.
Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.

 

 

 

 

MEJOR NO diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que Ud. también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.

 

 

 

 

ME PEDÍS palabras que consuelan,
palabras que os confirmen
vuestras ansias profundas
y os libren
de angustias permanentes.
Pero yo ya no tengo
palabras de este género.
Aceptad mi silencio: lo mejor
de mí. Huid del soplo que pronuncia,
en mi boca,
la amarga condición de lo humano.
Y, entretanto, dejadme contemplar
el vuelo de la ropa
tendida en las ventanas.

 

 

 

 

Toda tu escritura aparece marcada por la sombra de la pérdida e incluso por un cierto trabajo de duelo. Ahora bien, ¿qué trazas de sentido se inauguran en esos lugares, en su trayectoria hacia un otro espectral? ¿Qué enseña esa herida, si nos es dado aprender algo de ella? ¿Y por qué ese querer-dar refugio a los desamparados a través de la escritura?

Sí. La pérdida. La historia de un ser humano es la historia de sus pérdidas. —Esto es una generalización, no vale sacar frases universales de acontecimientos singulares—. Así que: Mi historia es la historia de mis pérdidas. Eso está mejor. ¿Por qué? Tal vez por la costumbre del desarraigo. Nunca tuve tiempo de acostumbrarme a un lugar, a un contexto social, familiar u otro. Siempre había que cambiar, sustituir. Un entrenamiento para la muerte, en cierto modo. La muerte nunca me pareció algo natural. Al menos para la conciencia, esa enfermedad que nos hace humanos. La conciencia es la portadora de la herida: la capacidad de contemplarse a sí misma sabiendo que ha de morir.
xxxNo creo que el dolor tenga sentido, tampoco que lo procure, salvo por darnos a ver que todos compartimos la misma condición doliente. El com-padecimiento es, hoy en día, lo único que puede conducirnos hacia la comprensión de la inutilidad de los conflictos, de su insensatez. ¿Por qué añadir sufrimiento al que la existencia conlleva de por sí? Dolor, pérdida, muerte son nombres para la fragilidad que nos es consustancial, que se nos manifiesta de infinitas maneras a lo largo de nuestra vida y que nos asemeja a todos. Tal vez haga falta que los sosegados lo recuerden para que los que sufren se sientan amparados.

En En la traza. Pequeña zoología poemática sugieres que lo poemático se debe diferenciar de lo poético e incluso, a la luz de otros escritos tuyos, podríamos arriesgar que lo poemático para ti nace de distintas canteras. Establecida esa línea, ¿qué relación traza tu escritura con respecto a la poesía?

Hay en el poema algo, digamos, insuflado y algo construido. Cuando el hacer «poiético» (la poíesis es construcción, elaboración) obtura y oscurece el soplo, el poema desaparece, se queda en poesía: juego o florilegio. Toda sociedad decadente tiene sus florilegios, juegos en los que se premia el virtuosismo, es decir, la perfección del aprendizaje o, lo que es lo mismo, de lo convenido. El virtuoso es un artista cuyo arte consiste en engordar al en detrimento del nos que el buen poeta ha de cultivar dentro de sí. Sus composiciones son deposiciones del yo.
xxxEl poema es otra cosa. Es un oído atento. A lo otro que hay en lo que se percibe. Lo percibido anterior a su formulación. Para formularlo de nuevo, qué duda cabe, pero con sólo el in-dicio, lo in-decible por decir apenas sugerido. Pasar entre las formas como un animal entre la hierba, quedando tan sólo la fragancia en su pelaje. Una fragancia es un ritmo, un color, una vibración en curso.
xxxPor lo que a mí respecta, aspiro a ser el humilde aprendiz de ese animal. Llegar al poema como quien vuelve de caminar por el monte con la chaqueta mojada, y la pone ante el fuego y humea, y aspira ese humo. ¿Qué palabras serían esas?

En tu escritura, el entrecruzamiento de géneros es notorio. En Husos, por ejemplo, articulas prosa poética, reflexión filosófica e incluso un registro epistolar y autobiográfico. ¿A qué obedece esa apuesta estética? Más en general, ¿cómo se ligan en tu proyecto lo filosófico, lo poético y lo político?

No se trata solamente de una apuesta estética. La estética, si no está al servicio de algo más importante, es inútil. Mi apuesta tiene que ver con la conciencia de que las proposiciones científicas que se aplican al mundo de la experiencia no son sino una universalización de la opinión, y no tienen mayor valor que aquella. Dicho de otra manera, la certeza (episteme) que pretendía Platón no deja de ser opinión (doxa). Por muchos cisnes blancos que se puedan contar, nadie puede decir que no haya en alguna parte algún cisne negro, el cual invalidaría la proposición «todos los cisnes son blancos». (La historia de los cisnes es de Popper, quien quiso definir las proposiciones científicas como aquellas, precisamente, que pudieran «falsarse»: demostrarse que son falsas. De lo contrario, serían metafísicas). Por lo que a mí respecta, pronto me sentí a disgusto con mi formación filosófica cuando, en la prosa ensayística, me veía articulando proposiciones copulativas del tipo «Esto es tal y lo otro cual» sin que nunca apareciese el sujeto que dice ni el lugar desde donde se dice. Lo propio de la universalidad es obviar las circunstancias del decir. Apunté pues tal acontecimiento. Toda escritura (y todo decir) es acontecimiento, y quien escribe también acontece en el tiempo. ¿Por qué no decir ese acontecimiento? ¿Por qué no integrar eso que queda, que quedó siempre en los márgenes del ensayo? (De ahí el título: Husos. Notas al margen; aunque también estaba ya presente en Filosofía en los días críticos). Al convertir la reflexión en «diario», me sentía más a gusto, la devolvía al lugar precario en el que acontece, le procuraba un espacio y un tiempo «real». Pues nada que se escriba o se diga lo hace sin tiempo ni lugar, sin con-texto.
xxxPoner esto de manifiesto era pues, para mí, una cuestión ética. Lo poético, en la prosa, es para mí una cuestión de ritmo. La escritura acontece con un ritmo, una respiración. Ella es la que marca las pautas.
xxxEn cuanto a lo político, el lugar de ciudadanía que tiene la escritura, supongo que tienen que decidirlo los demás en función del servicio que pueda prestarles. Las masas nunca hacen política, la deshacen en todo caso; son los individuos los que la hacen. En la medida en que vayamos trabajándonos cada cual, será más útil a otros lo que hagamos.

Si la mejor poesía deviene interrogación radical ante el mundo (desde la propia existencia hasta el contexto histórico injusto en el que nos movemos), ¿qué caminos sintáctico-estilísticos y opciones estéticas bloquean ese devenir?

Subyace en su pregunta la respuesta: todo aquello, evidentemente, que se opusiera a esa interrogación. La poesía sentenciosa, la vieja retórica, las metáforas trilladas, todo aquello que dé algo por sentado, cerrado, construido, enseñado y entendido de una vez por todas. La repetición es el enemigo del descubrimiento, salvo cuando se repite tanto que se da por olvidado.
xxxY, cómo no, los elogios y aplausos que se le dedica a tales obras huecas, por intereses de todo tipo.

(…)

En la dinámica voraz que gobierna la producción poética presente pareciera que no publicar un libro por año o no ser anto(jo)logado cada tanto (bajo etiquetas como «poesía generacional», «poesía femenina» o algún otro equivalente rentable) se convierte en una carta de defunción, al menos para el público, los críticos, los editores… ¿cómo evalúas estas prácticas poéticas y qué relación se plantea entre éxito editorial, mercadotecnia y poesía?

Nada de lo que hagamos, digamos o pensemos hoy en día queda fuera del sistema de consumo, es un hecho. Si alguien quiere divulgar lo que hace, tiene que pasar por él de alguna manera. Y la sociedad de mercado, lo sabemos todos, trabaja con valores cuantitativos, no cualitativos, esto también es obvio. En esta dinámica, al escritor que no publica un libro por año le pasa lo mismo que al director de cine que no exhibe una película por año: en seguida son otros los que llaman la atención y ocupan los escaparates. Las editoriales, por ello, buscan autores fértiles que les aseguren una continuidad. Para ayudar al sector, las instituciones públicas reservan ayudas y dotan premios que no pueden quedar desiertos y serán publicados en las editoriales que, como cualquier otra empresa, no pueden parar la rueda de producción. Como consecuencia, sale un montón de basura que entorpece la mente y el criterio aún sin formar de muchos jóvenes lectores. Los poemas comparten, en esta feria, la suerte de cualquier otro producto kitsch, aquel cuyo valor se cifra en la apariencia, es decir, en su parecido con un supuesto producto original.

(…)

 

SIDERMITAS & BALBUCEOS

 

De SIDERMITAS

 

Eran una
sola resonancia
de infinitas voces
retumbando en el caos.

Labios vendados / almas
vendadas

y en la boca-túnel
la herida.

 

 

 

 

Un hilo se soltó
allá lejos
y una inquietante disonancia
golpeó el espacio

y era túnelxxxxxxxxxxluego grutaxxxxxxy túnel
otra vezxxxxxxxxiixxxy
penetraste enxxxiixxxaquella oscuridad

 

 

 

 

Mira, ya oscureció, dijo.
Era de madrugada.

Esperaba que el pánico acudiese
pero no. No hubo interrupción.
El músculo seguía latiendo
con un ruido sordo como de piedras
que al caer en la boca —ahora tan estrecha—
del túnel
cegaba la abertura.

 

 

 

 

Eran las bocas sin bocas de los muertos
que enfurecidos aullaban
Eran sus manos sin manos
las que nos abatían
Tan incierto el arraigo xxxxtan roja la pizarra

 

 

 

 

Vendados pies y manos.
Cuerpo como lanzadera.
No nos han preparado para este juego.

 

 

 

 

Éramos diez
o veinte
o ciento veinte —es difícil contar
con la sangre en los ojos—
Les temblaban las manos
al apuntar.

xxxxxxxxxxxNo dictaban las reglas
un dios ni un hombre sabio sino
una simple alambrada.

 

 

 

 

Un día
tan sólo xxxxxxxha durado
la historia de los hombres.

x
Si el amor fuese eterno
si al menos el
x
xxxxxxxxxxx—¿amor?

 

 

 

 

Y he aquí que el mar — animal
bondadoso — hendidura dúctil —
devuelve a las orillas
nuestros cuerpos desnudos.

 

 

 

 

Tenéis el alma herida xxxxxla savia
se os escapa xxxxxxxpor los siete
orific
xxixxios

Haz un nudo en la carne / Haz
un nudo-universo
sobre el miedo.

La brecha abre al núcleo

¡Suéltala, sidermita! Suelta
la cuerda. T
xxxxxxxxxxorna

al oscuro principio
de la llaga.

 

 

 

 

BALBUCEOS

 

EN una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20
de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.

La Historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

 

 

 

 

RECLUIDO en un torreón a las orillas del río Neckar, en los últimos años de su vida, Friedrich Hölderlin, según se cuenta, a cualquier pregunta que se le hiciese, contestaba invariablemente «pallaksch, pallaksch», una expresión con la que se remeda el balbuceo de los niños pequeños. Celan alude a ello en el poema «Tubinga. Enero»: Si viniera, / si viniera un hombre, / si viniera un hombre al mundo, hoy, con / la barba de luz de / los patriarcas: / debería, / si hablara de este / tiempo, / debería / sólo balbucir y balbucir, / siempre-, siempre- / asíasí. («Pallaksch. Pallaksch.») Era un mes de enero cuando los altos mandos de las SS se reunieron en tubinga para decretar el exterminio del pueblo judío. Hay épocas, en efecto, en que la boca de un sabio no podría sino balbucir. Pero

¿y en qué época no? ¿La historia de la humanidad no es acaso toda entera, desde sus inicios, la historia de un crimen? Las naciones europeas no cesan de recordarse mutuamente el holocausto judío, pero ¿fue éste el único? ¿En qué ciudad se decretó el genocidio de Namibia (1904-1908)? ¿En qué mes el de Armenia (1915-1923), el de Ucrania (1929), el de España (1936-1975), el de la Franja de Gaza? ¿Lo recordamos?

Tan sólo en los últimos sesenta años, con implicación directa o indirecta de los gobiernos de Occidente, fueron masacrados

siete millones de vietnamitas
dos millones de camboyanos
dos millones de kurdos
quinientos mil serbios
un millón doscientos mil argelinos
setenta mil haitianos
ochocientos mil tutsis y hutus
doscientos mil guatemaltecos
trescientos mil libaneses
un número aún creciente de palestinos

x
¿los recordamos?

x

Y aunque así fuese, ¿nos sentiríamos concernidos? Cuanta más alta sea la cifra más espectacular será el suceso y, por lo tanto, menos habrá de implicarnos: el dolor siempre acude en singular. Sumamos y redondeamos como para ajustar la tasa de sufrimiento. ¿Puede acaso sumarse el sufrimiento? ¿Será más el dolor de todo un pueblo que el de cada uno de sus miembros? ¿Cómo sufre «un pueblo»? ¿Existe el Pueblo o la Nación independientemente de su gente? Y

cada uno de los seres que padecen ¿no será siempre el mismo, una y otra vez, infinitamente?

Ahora, cuando todo es aquí, irremediablemente aquí y ahora, ante la permisión del horror yo digo:

Si viniera,
si una mujer viniera, ahora,
si una mujer viniera al mundo con
la espiga de luz de
las matriarcas: debería
si hablara de este
tiempo
debería
tan sólo balbucir, balbucir
y así tal vez
tal vez así
asíasí
tal vez

 

 

 

 

SOBRE el puente Mirabeau, Celan se inclina. Contempla las aguas oscuras. Sus remolinos. A finales de abril la noche aún es fría. El metal de la baranda le abrasa las manos. Dice Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje

¿Que lenguaje?

La lengua tiembla al imaginar cómo se sirvieron de ella nuestras naciones para programar el exterminio de las tribus africanas. Qué palabras justificaron durante el segundo Reich las primeras alambradas y los primeros experimentos étnicos con los pueblos nama y herero. Con qué discursos celebraron los belgas la usurpación de los territorios congoleños y la masacre de su gente. Qué silencios encubrieron las mutilaciones, las torturas y vejaciones que infligieron los británicos a kikuyus y masáis y qué argucias emplearon para desplazarlos en masa de Kenia y de Tanzania.

Pallaksch. Pallaksch.

¿Cómo narrar la actual desolación de las costas de Ghana, de Benín, de Liberia, donde el aire dibuja con plomo y mercurio, sobre un mar sin peces, manzanas envenenadas?

¿Cómo contar la matanza de Odioma (2006) en el delta del Níger sumergido bajo el manto hediondo del petróleo holandés?

En 1995 Ken Saro-Wiwa fue ahorcado por alzar la voz en defensa del pueblo ogoni. Desde su celda se le oía cantar.

¿Cuántos cantaron que no se oyeron? ¿Cuántos cantan ahora, en este instante?

x
La lengua inventa expresiones, lugares comunes: «genocidio», «exterminio», «masacre», «desastre» para disimular en el concepto lo que de ella se desborda.

La lengua falsea. La lengua miente.

En el mes de enero del año 2011 Susana Chávez fue asesinada en Ciudad Juárez. Su cuerpo mutilado. Su cabeza introducida en una bolsa de basura. A salvo sus poemas.

En su torreón sobre el río Neckar, Hölderlin balbucea.
Tiene sesenta y tres años y el aliento corto.
Es enero en Tubinga. Hace frío.

Pallaksch, pallaksch—. También la lengua tirita.

 

 

 

 

DIEZ millones.
Un número.
Un número tan sólo
para diez
millones
de casas incendiadas
de cuerpos mutilados
de gritos
silenciados
uno
a
uno
en boca que arde y
no entiende.

1
0

o
0
0

0
0
0

siete
veces
el signo de la nada sobre
diez
millones
de historias
que nunca contará
la lengua de los otros.

Dos palabras.
Cuatro sílabas.

Un globo que soltamos
al final de la fiesta.
La piñata que espera
el golpe de una mano
nunca
inocente.

 

 

 

 

PERO he aquí que diez
millones de tigres
elefantes
y ballenas
de aves
y de lobos de
reptiles
diez millones
por diez
millones de panteras
de seres voladores
animales que duermen
con los ojos abiertos
insectos, musarañas
y grandes paquidermos
diez millones por diez
millones de hormigas,
de abejas y de búfalos,
diez millones de seres
unidos por un fin
en la tregua del hambre
barrieron los humanos
como si fuese arena
y empujándoles hasta
los confines del mundo
devolvieron
al caos
lo que le pertenece.

(Sobrevivió una anciana.
Viste la piel de un perro vagabundo.
Sin luces, balbucea.
No tiene descendencia.)

 

 

 

 

¿QUE qué pasó? Señora, eso aquí nadie lo pregunta.
El diablo se escapó y anduvo por los poblados.
Durante cien días anduvo entre nosotros con
el machete afilado.
No, Señora, aquí nadie pregunta.
Quien no aprende a perdonar
no tendrá paz dentro de sí.

x

xxxxxxxxxxxxxxxx(le respondió a la periodista la
xxxxxxxxxsuperviviente de un genocidio).

 

 

 

 

LA superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta al cielo la llanura: a descubierto.

Habré de perderme a mí ya que en el se aloja todo dolor. Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo, y en el nombre me digo para exorcizar al . Escribo el para que ruede hacia la página, pero se me pega a los dedos y no acierto, no acierto a diluir en la tinta el llanto. A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego

contra lo irremediable me alzo.
Alzo el grito.
Contra lo irremediable.

Vago por el mundo dejando un rastro de gritos. Cada saludo un grito, cada sonrisa un grito. Mi sonrisa oculta el primer grito del mundo, el único, el mismo, aquel que brota en el final, cuando ya nada importa.

Intrusa de mi mundo y del ajeno, no hallo lugar para el descanso.

La fe de los comienzos, no.
El perdón
no.
xxxxxxxxxxxxSólo
xxxxxxxxxxxxel balbuceo.

La salvación
no.
xxxxxxxxxxxxSólo
xxxxxxxxxxxxel balbuceo.

Después del grito
el balbuceo.

Asolada
el balbuceo.

Mis pasos doblándose hacia dentro.
La mente desposeída de estrategias.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSólo
el balbuceo.

Dolor, ni tan siquiera —palabra sin sentido—. No abro las cortinas. Ninguna cortina. La habitación a oscuras. Málaga, Damasco, Delhi, en todas las ciudades la vida me es ajena. Todas las ventanas son la misma ventana. Todas las aceras reciben el mismo cuerpo. La misma soledad cayendo, excesiva. Morir es un exceso. Me ex-

cedo. Balbuceo.

Sigo alimentándome tan sólo para poder decir el exceso.
A contra-vida.
Abajo.

Y a nadie que esté vivo ha de importarle lo que digo.
No es más que un murmullo soterrado, apenas inquietante.

 

 

 

 

EL campo de Kobe, al sudeste de Etiopía.
Los campos saharauis de Tinduf.
Los campos de Saklepeha, en Liberia.
Los campos de Bahai, Ereba, Guerida, Forshana Goz-
Beida y Nigrana, Djabal y Goz Amer, en el Chad.
Los campos de Kibati, Bulenbgo, Buhimba y
Mugunga, en la República congoleña. Los de Mweso y
Masisi.
El campo somalí de Dadaab, al nordeste de Kenia. Los
de Hagadera, Ifo, Dagahale, en su frontera.
El campo de Domeez, en el Kurdistán iraquí.
El campo sirio de Za’atari, en Jordania. El de
Muraiyeb al Fohud y el de Anmar al Hmud.
La Franja de Gaza.

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,
duerme como aquel monje su sueño de
trescientos años oyendo cantar a un pájaro.
Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.

 

 

 

 

A LOS CAMPOS provisionales de Chhattisgarh, de Bhairamgarh, de Gedam, de Bijapur no se llega huyendo de otra gente, sino empujado con violencia por la propia para que no se estorbe o se entorpezca el beneficio de unos cuantos. Desiertos e piedra estéril a cambio de las tierras confiscadas, de los que si se sale será para acabar en otros guetos: zhopadpatti, shanty towns, slums, bustees, poblados de detritus y hojalata que atraviesan las ciudades bordeando las vías de los trenes, zona franca de miseria de la que no se escapa.

Vi una fogata. Y a una niña oscura en brazos de su padre. Ella le sonreía mientras él la miraba. Y las llamas ardían más rojas y más vivas en los ojos del padre que en la propia hoguera. Yo pasaba en un coche.

 

 

 

 

HOCICOS temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. —El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. —Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro para contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.

 

 

 

 

NO nos enseñaron a desconfiar de los buenos.

La tierra yerma se estremece. Bajo su piel el pueblo de las ratas huye en desbandada.

 

 

 

 

NUNCA suficientemente desolados para tocar fondo y arañar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permitidos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el trayecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un grito. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin preguntas, sin temor y sin vergüenza.

 

 

 

 

DESANDAR lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio, un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuerza no estuviese al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que tan sólo exigiese que se respetara su derecho de paso: el camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios sin dañarlos.

Hallar un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se hallase uno.

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

POLVO DE AVISPAS

 

Dex P O L V O X D E X A V I S P A S

Me llamo Desamparo
Duermo de pie como las bestias

 

*

 

Cada mañana
junto a las alpargatas
mi vida

 

*

 

De esta oscuridad a otra oscuridad
un camino de piedras

*

 

Prolongado invierno. La espalda
tan encorvada y lenta.

 

*

 

Ya todo es sombra
Hago hatillo de pérdidas

 

*

 

La mano helada
busca refugio en el bolsillo
El mí a la intemperie

 

*

 

Caminar aventando el miedo
sin apenas pasado entre las alas

 

*

 

Arañas tenebrosas asoman en mis manos
Ayer resplandeció el erial que tengo por dominio

 

*

 

Abejas zumbando en la flores de olivo
¿Quién necesita un mantra?

 

*

 

Viento nocturno
Si lo real es permanencia
nada es real

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

LA HERIDA EN LA LENGUA

 

De A D H E R E N C I A S

 

Lágrimas no. Tan
sólo xxxxa veces xxxxun
sobresalto
proyecta al cuerpo contra el muro
(de una casa por dentro
—o fuera, es lo mismo)

x
Ah, y también la náusea.
Al abrir los ojos
xxxxxxxxxxxxxxcada mañana
la náusea

x
y la marea del miedo
subiendo entre los juncos.

 

 

 

 

Dormir

como
hacia el origen

antes de la escritura
antes de la palabra

cuerpo dichoso si tan sólo
posible fuese nunca
despertar

 

 

 

 

La verdad no xxixxx¡el aire!

Para abrirxxxxiixxxa
xxxxxxxxxxxxxxxxg
xxxxxxxxxxxxxxxxu
xxxxxxxxxxxxxxxxj
xxxxxxxxxxxxxxxxe
xxxxxxxxxxxxxxxxr
xxxxxxxxxxxxxxxxo
xxxxxxxxxxxxxxxxs

por los que introducir
la cabeza xxxxxxxxy mirar

hacia otro lado.

 

 

 

 

Abierta
como una caja de Pandora
la mente. Sus detritus.

x
El oído aséptico, perforado, oblicuo.
La escucha atravesando los múltiples discursos.

x
Y el corazón
xxxxxxxxxxxdesposeído.

 

 

 

 

De L A X A G U J A / M E R O D E O S

 

No somos nunca lo que fuimos.

x
Asistiendo
a lo solo
que va de sí

x
no somos
vamos siendo
aquello que hemos despreciado.

 

 

 

 

Subvertir dice
el territorio del logos. Un
nuevo aprendizaje
del mundo —¿mundo?— de
la realidad —¿?— de
la conciencia —¿?— de
eso —¿?

x
Basta. Dejémoslo así
por ahora.

 

 

 

 

Oídme. xxxxxxxVengo
de inhóspitos parajes.
Territorios que nadie querría
haber hollado.
Para hablar necesito la fuerza
que no tengo.
Son tantos los obstáculos.
Aquel lugar abajo sin cerrar
este de aquí por nuestro siempre
hambrientoxxxxy aquél
xxxxxxxxxxxxxxaún tan otro.

Oídme. xxxxxxxSoy de aquellas
que vagan en los límites.
Quien me escuche sin ansia entenderá.
No somos libres de enseñarle
a nadie
lo que importa.

 

 

 

 

Oídme. xxxxxxxHablo
de cosas muy concretas.

Hace tiempo me atrajo la eufonía
confortante de las palabras xxxxxsu
cadencia y el brillo
impertinente del espíritu —¿espíritu?—
en la cuerda floja de la nada.
Fui de aquéllos.
Fortalecí el ansia de saber porque el yo
se refuerza sabiendo y
quería ser más.
Pero al fin sigue siendo nada
el yo bajo el decir

Os hablo de cosas muy concretas.
Quien habla es lo de menos.

 

 

 

 

De E L X D E S G A R R O

 

Ofuscada xxxxxdis
traída de la acción
rutina

x
araña errática

x
en su afán por
seguir tejiendo

x
acierta

x
justo allí
donde el desgarro.

 

 

 

Maillard, Chantal. La herida en la lengua. Barcelona; Tusquets editores, 2015.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más