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Posts Tagged ‘chamán ediciones’

DE LO TERRIBLE

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TREINTA Y UNO

El humo quiso que pareciéramos semillas.
Quiso que nos sembráramos muy profundo en la tierra.
El humo fue quien nos miró y nos dijo «ahora».
Y fuimos derechos a la tierra. Fuimos a amanecernos a
la tierra. Fuimos a la tierra como .el .que vuelve a casa.
Como el que vuelve y no se reconoce.

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DIECISÉIS

Los xotros, .siempre xlos xotros, serán xlos xotros xlos
que invadan las terribles praderas .de lo cierto, los que
preserven la palabra .allí .donde .asedie .el .tiempo .la
mortaja, los que celebren la vida a pesar de todo.
Y yo aquí, ninguna, pequeña, grisáceo indicio diminuto,
yo los veré pasar, a .los .otros, a los que son, a los que
siguen.

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SIETE

Libar .el .veneno, acercarse xel xveneno xa xlos xlabios,
hacer de este segundo un principio.
Ser única y clara un instante.
Y luego esperar a que alguien venga, y se atreva a lañar
este silencio.

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Martínez Castillo, Ana. De lo terrible. Albacete; Chamán ediciones, 2020.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (127)

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Tuve la suerte de conocer personalmente a Ana Martínez Castillo hace unos meses y ha tenido a bien enviarme parte de su obra poética publicada.
Quiero agradecerle públicamente el detalle que ha tenido y de aquí a nada les contaré, porque en un primer vistazo ya he alucinado con algunas de las cosas que he visto.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XC)

Si escarban un poco en el blog verán que he dedicado más de una entrada a este poeta.
Esto que acaba de llegar a casa, y que contiene la obra publicada de José Antonio Martínez Muñoz, debería estar en cualquier biblioteca que se precie. En nada les cuento. De momento voy a deleitarme yo con su lectura.

 

 

MAÑANA, PRESENTACIÓN DE ‘HASTA QUE NADA QUEDE’ (VOL. 1) EN MURCIA

 

Mañana jueves, a las 7 y media de la tarde, se presenta ‘Hasta que nada quede. Vol. 1’, que contiene la obra publicada del poeta y periodista José Antonio Martínez Muñoz. El acto se llevará a cabo en la librería Colette. LeTRAs y TRAgos, en la calle Cánovas del Castillo de la ciudad de Murcia.
Espero que la librería se quede pequeña, porque esta maravilla que acaba de editar Chamán ediciones, con imagen de portada de Diego Vasallo y prólogo de León Molina, que afirma en él que “Estamos ante un poeta que desde el amor y el conocimiento de la tradición abre la puerta al poema para que se entienda y comunique con su tiempo. Estamos ante el bluesman de la palabra que va dejando fluir su estilo según las épocas, los asuntos que le ocupan, los dardos que todo hombre recibe en su discurrir por la vida y donde va latiendo y asomando de modo muy especial la mirada hacia un mundo que cambia velozmente y con poca frecuencia en la dirección que el poeta hubiera deseado.”; es un volumen que debería estar en cualquier biblioteca que se precie de llamarse así.

El libro, que empieza mañana su gira de presentaciones, se presentará pasado mañana en Cartagena y próximamente en Albacete, Barcelona, Madrid y allá donde lo requieran. Si les pilla a mano, vayan a la presentación y si no háganse con el  libro aquí (harán una de las mejores inversiones posibles que pueden hacer en poesía).

Mañana nos vemos.

 

LABOR DE MELANCOHOLISMO

 

ENCUENTRO

Andaba por las Ramblas calle abajo.

El día era brillante. Había flores,
payasos, vagabundos y quioscos.

Un murmullo denso se me acercaba
paseando hacia el puerto, oliendo el agua.

Yo miraba a un viejo que hacía trucos.
Buscaba una moneda en mi bolsillo
cuando una mano se posó en mi mano.
Antes de volverme oí su voz. Dijo:
«¿Cómo estás? El tiempo no te ha cambiado…»

Pasamos la tarde en un café, juntos.
Reíamos buscando entre el pasado
momentos compartidos ;y el amor.
(Ese encuentro casual fue una memoria.)
Las luces de las tiendas se apagaban…

«…y me ha alegrado mucho haberte visto…»
Lo dijo con sus anchos labios rojos.

Y yo pacté con el silencio (…) Dije
al fin: «Estoy solo…» Y toqué su mano.

Luego, en la cama, escuché: «También yo.»

 

 

 

 

ESPEJISMO

Serían las once de la mañana.
Yo andaba taciturno, pensativo.
Veía las cosas desdibujadas.
El viento se refugiaba en mis ojos.

De súbito apareció un hombre extraño.
Dijo: «Puedo escribir los versos más
tristes esta noche»; y miró hacia el cielo.
Su calva relucía por el sol.

Algo en él me parecía cercano:
«¡Coño! ¡Ya decía yo! ¡Si es Neruda…!»

Por un momento me sentí endiosado
y contemplé boquiabierto el prodigio.

Pablo sonrió y volvió a mirarme.
«Sucede que me canso de ser hombre»,
recitó, mientras su imagen huía
del mundo y volvía a ser invisible.

Volví con las piernas temblando a casa.
Tomé una ducha fría y una tila.
Acaso yo debiera beber menos
por las mañanas. O no salir nunca.

 

 

 

 

VIAJE

Me dijo: «Cuídate, espero tus cartas»,
y se fue caminado hacia el avión.

Ella fue quien me besó porque yo
tenía los latidos en la boca;
no tenía en los labios despedida
alguna antes de la soledad.

Permanecí un rato en el aeropuerto.
A la vuelta ya nadie me esperaba.

 

 

 

 

FANTASÍAS

Ser guapo es una gran desventaja.

Mis amigas —o las que no lo son—
me citan un día; saboreamos
en un restaurante una cena exótica;
fingen ser personas interesantes
con la copa en la mano, con sus bocas
queriendo ser sensuales al hablar.

Cada una de ellas me conduce
a su piso mediante alguna excusa.
Desenvuelven todas sus seducciones…
Qué puedo hacer si agarran mis dos manos
y las posan en sus cuerpos. Qué puedo
hacer si me quitan la ropa y besan
mi rostro con impaciencia, con furia.

Sólo hay una reacción para esas cosas:
eyacular y dejarlas contentas.
Eso habré de hacer en la larga noche
como una simple máquina explotada.
Todas esas mujeres tan hermosas,
elegantes, con físicos perfectos,
pasan a ser vulgares ya en la cama.

¡Estaban tan deseables cenando!
Con un vestido caro, maquilladas,
con el cabello sin desordenar…
Sus gestos eran lentos y excitantes.
Sus ojos reflejaban el deseo
y todo era belleza. Y es que el prólogo
al amor es el verdadero orgasmo.

Pero siempre la armonía se rompe.
Consiguen convertirse en animales
del sexo. Piensan sólo en disfrutar,
en moverse insaciables como locas.
Y entonces todo pasa a ser vulgar.
¿Dónde el romanticismo, la ternura,
se entregan desde el corazón y el alma?

Se aprovechan de mi debilidad,
de mi inocencia. Yo no sé decir
que no; no puedo negarme a un favor
como el que me piden en esas noches.
Sería un grosero si despreciara
la vagina y el culo tan ansiosos,
los pechos firmes y la boca abierta.

Sí, es cierto, a veces quedo aburrido
de la misma historia que se repite
una y otra vez, sin tiempo al descanso.
Yo, en realidad, desearía un camino
espiritual, junto a una mujer
virgen de emoción y sin más condones.

Pero, por ahora, sigo sufriendo.

 

 

 

 

PRIORIDAD

Todos sois importantes menos yo.

Poseéis talento, poseéis sueños;
vivís con tranquilidad el pasado.

Vuestras vidas están llenas de cosas:
tenéis trabajo, cultura, dinero.
Sois jóvenes, elegantes y hermosos.

Todos sois como yo quisiera ser.

Os cambiaría mis ojos, mis manos,
mi casa, mi alma… por vuestros ojos,
por vuestras manos, vuestra casa y alma.

Parece que cada día tengáis
la muerte más lejos; seáis mejores.

En cambio, yo, sólo os tengo a vosotros.

 

 

 

Montesinos Gilbert, Toni. Labor de melancoholismo. Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

LIFE LIE

 

LIFE LIE

¿En qué momento exacto se distingue
esa simple palabra, la justa?
Y, con una sonrisa en los labios,
respondió: Debes marcharte,
mi marido está a punto de llegar.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

EJERCICIOS, MEMORIAS, BELLEZAS

 

EJERCICIOS DE IRREVERENCIA

Y cuando tú dominas todas las condiciones
llueve, aunque debe ser hora de que vayas dejando
esa letra pequeña. ¿Recuerdas? Nos miramos las manos,
nunca fueron los ojos los que dijeron basta.

Es ahora otro tiempo y no estamos de acuerdo.
Será porque el amor, como el tren, regresa de las aguas
y hoy he cogido un taxi, frena la luz y existe este poema
aunque no te conozco y sigues preguntando.

Vendo mi corazón si alguien lo quiere,
está de saldo siempre, y en lote regalo
un pañuelo, tres versos y un horizonte inútil
de pérdidas pulidas y libros por el suelo.

¡Dios, si has de decir algo que sea pronto,
que también nos cansamos los hambrientos!

 

 

 

 

EJERCICIOS DE PERSONALIDAD

Eres inteligente, bastante
diría yo, con esa carita
de no romper un plato,
sonrisa vertical sobre la cama,
y una lágrima siempre
en el momento exacto,
para justificarte.

Y donde dices digo
ahora es azabache,
y donde has dicho tú
fabricas niebla.

Humo, mucho dudar
sin fe de erratas.

 

 

 

 

MEMORY

No olvides la nostalgia,
está junto a la ira,
en el cajón de siempre.

 

 

 

 

HAT

Madre, me debe perdonar porque he pecado.
Compartí con Luzbel algunas horas
y su influencia dejó grandes recuerdos:
una chispa de sal, la grafía sobre el libro
de la vida de dios, las carreras de Ascot
con sombrero de copa sin glamur,
la mancha en el vestido de la vieja alcahueta,
la mentira a los niños a los que nunca
quise. Pero sigo mirando y le ruego,
por favor, perdóneme, lo siento.

Satanás se ha marchado para siempre.
Dejó las camisas planchadas en la cama
y un olor a vergüenza que no logra aliviar
ningún perfume. Levanto las manos
para llamar al aire, pero es tarde,
nadie acoge. Ahora estoy solo.
Un sombrero amarillo adquirido en Berkshire
muere en el césped. Y este dios,
ese dios, aquel dios que me odia
nos partirá la vida, madre.

 

 

 

 

STAND BY

Esperar y ser, crecer y perdonar.
Nunca dejes de ser, naces sin amor.
Respirar, saber, olvidar la nada
y seguir, seguir haciendo algo.
Aquello que sostiene el mundo
no agradará jamás. Sobrevivir.
Saltar, bailar, correr. Ser, dejar
de ser: encontrar silencio y soledad.

La puñetera sombra de la vida.

 

 

 

 

ES TARDÍSIMO

Es tardísimo.
¡Tenemos que dormir más deprisa!
Mañana hay que naufragar.

 

 

 

 

VIDA

Llueve. No funciona el mechero
y el hielo se derrite, hace aguas
la vida y tu amor, como el mar,
me desespera.

Los ojos de los niños en las fotos,
una blusa colgada en el armario
y mal planchada,
el polvo de los muebles y la alergia.

Esto es vivir, lo noto
en su mentira.

 

 

 

 

LUZ

Sobre la mesa el cenicero de cristal,
la servilleta blanca, una copa de vino
medio llena, un paquete de Camel
corto y sin boquilla, unas gafas,
la sombra y el reflejo de la lámpara.

El vicio, la aventura y la luz:
la verdad de mi vida.

 

 

 

 

BALANCE

Hoy he llamado a dios
a cobro revertido.
A los 50 se confrontan
los recuerdos de la vida:
vacilación, inseguridad,
misterio.

Me escondía en el baño,
cubriendo los oídos con las manos,
cuando mi padre maltrataba
a mi madre.
No he sido buen esposo,
pero padre imposible.
C’est la vie!

En las noches de miedo me tapaba
hasta arriba aguardando ese beso
que nunca emancipaba.
En los días de frío recogía bellotas,
patatas o lechugas:
el olor del alcohol me acompañaba.

Una tarde, sentado bajo un árbol,
me enseñaron a ordeñar vacas.
Recordé que el tabaco dudaba
si llorar, sonreír o pedía fumar
de otra boquilla ajena.

Nunca pedí nacer
aunque aquí estamos.

También vivir precisa de epitafio.

 

 

 

 

NADA

Se han marchado los pájaros,
las nubes, el olor a carmín
de aquellos labios,
el humo del cigarro entre los dedos,
la música de Wagner y su oficio.

No queda nada. Ya nada permanece.
El poema, el verso, la palabra,
todo viaja hacia la falsedad.

Hoy vuelves a decir,
como queriendo decir algo:
estamos en el inicio de la nada.

 

 

 

 

CARRUSEL

Vivo con todo lo que sobra de lo ajeno,
de aquella claridad desconcertante,
de la luz miserable en las mañanas,
de los afanes propios, de la música
infeliz de una muñeca
girando para sí,
girando para todos.

Vivo, tan solo vivo.

 

 

 

 

BELLEZA

La realidad no es bella.
La verdad no es bella.
La naturaleza no es bella.

No debe morir lo bello,
debe cambiarse.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

UNA NUBE CON FORMA DE POEMA

diciembre 26, 2018 Deja un comentario

 

UN NUBE CON FORMA DE POEMA

Hay días en los que el aire falta. Intento respirar a ritmo de campanas, pero no me doy cuenta, lo que falta es un poco de ti, un poco más de luz. Pero la luz molesta si entra en línea recta. Suelo bajar persianas o correr las cortinas, creando un ambiente íntimo, un refugio perfecto que permita a las sombras acampar a sus anchas. Los veranos solía encerrarme, desnudamente, evitando que ese rayo dañara los secretos del alma. Ahora soporto un poco más la herencia de la luz y sus conjuros. Pienso en la luz como deseo la verdad. Hay que decir que no y perder la patria, la casa, el mundo. Hay que dejar el corazón y pasar las hojas como pasan las puestas de sol, oscureciéndose un poco.
Una nube con forma de poema ha cubierto al sol temeroso. Es una nube alejandrina. Por arriba es muy blanca y mientras bajas la vista, se va haciendo más gris hasta confundirse en el cielo. Debemos refugiarnos, han cerrado los bares y las farolas tardan más de la cuenta en encenderse. Es una premonición, un desconcierto. La diferencia que existe entre una nube alejandrina y una nube endecasílaba es la misma que existe entre un hombre y un verso.
Soporto el frío con carbón y vino. No molesta la luz. Anochece. Sigue faltando el aire, aunque te tenga cerca. ¿Estás ahí? Debes decir algo, que también nos cansamos los que tenemos hambre.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

VEINTICUATRO

diciembre 21, 2018 Deja un comentario

 

XXIV

Es, ahora que la melodía de un crepúsculo incendiado en tormenta adormece mis sentidos, que la música de Quique González retorna a mis oídos como lo haría el hijo pródigo a la casa familiar (independientemente de las palizas del padre o la eterna melopea de la madre).

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVer llover.

xxxxxxxSí, cegar la curvatura de las pupilas en el naufragio celeste de un temporal,  y comprender que has de regalarte, de alguna manera, el sentido del oído con músicas de aguacero, melodías de desagüe, armonías de naufragio. Escucho, una y otra vez, la voz de Quique González, recordándome que los olvidados fueron obligados a crecer desinformados.
xxxxxxxTarareábamos, hace ya años, esa canción del bardo madrileño, entre amigos, iguales, compañeros que compartíamos, además del gusto por la música, la dolorosa nostalgia de haber vivido de cerca la cruda realidad que relata su letra. Habíamos crecido en barrios periféricos. Habíamos sufrido la violencia del robo, el asalto, la paliza, la borrachera, el polvo a destiempo debajo del puente bajo el que hace años que no gritaba ningún río… cosas así: súbitas, veloces, sucias y urbanas: como las que relata la canción que hoy me susurra una y otra vez el citado músico. Porque habla en ella de yonquis, del pinchazo feroz/veloz, de la adicción/devoción eterna, de la muerte súbita y la redención inasequible. Así fue: eran nuestros amigos, o simplemente conocidos del barrio: amables, simpáticos, un pelín canallas, sí, pero buena gente. Hasta que arreció la tormenta de las drogas duras, la desastrosa cena de gala de la heroína, en la que muchos, tantos, demasiados, servirían de banquete a un tropel de torpes comensales que jamás fueron invitados. Cerca, siempre, estaban sus padres, sin más tiempo libre que el que los diversos empleos por obra y gracia de los cuales aparecía en la mesa del domingo el pan fragante les podían permitir. También los viandantes asustadizos que, con el ánimo de llegar un poco antes que el día anterior al hogar, decidían atravesar las calles de nuestro barrio, las vecinas de mandil cansado y chismorreo exacto como el gatillo de los cowboys de sobremesa, las chicas que inauguraban adolescencia jugando a pretender quemarse, teatralmente, en la hoguera de los despropósitos… y así, en el último extremo: los hermanos menores, los que sin comprender asistíamos al sacrificio entre aterrados y maravillados, con pupilas desmanteladas y abortos de exclamación ensuciándonos la garganta. Sabíamos que había que cuidarse mucho, al jugar en el terraplén, de las jeringas oxidadas, el óxido ensangrentado, la sangre coagulada y el coágulo de miedo que parecía haberse instalado en la mirada perdida de aquel yonqui al que todos conocíamos, con quien habíamos jugado fútbol repetidas veces en el descampado, de quien habíamos temido un bofetón pandillero e intempestivo… algo canalla pero buena gente, ya digo.
xxxxxxxY es algo de esto lo que narra Quique González en 73, esa canción que hoy acompaña con sus rabiosos acordes de niebla este aguacero cochabambino que amenaza inundar la terracita de mi recién estrenado hogar, como amenaza la citada melodía anegar el balcón de mis recuerdos. Así fue entonces. Así es hoy, de nuevo, me temo. Ayer por desinformación, hoy por necesidad de esquivar los abismos cotidianos, las calles de Madrid se oscurecen en algunas esquinas en que la jeringa y el hambre copulan a escondidas de los viandantes.
xxxxxxxPero ahora vivo en Cochabamba. Vivo Cochabamba. Y aquí la única heroína conocida es la madre que amamanta a sus retoños entre montones de desperdicio. O la niña que baila al son de músicas ancestrales para obtener la simpatía del paseante y, de paso, un puñado de lustrosas monedas o un caramelo usado. Hay otras drogas en Bolivia, además de la denostada cocaína, que aquí tan sólo sirve de laburo a un puñado de campesinos y de inocuo vicio a un menos grupo de ídem. Eso no es droga, salvo cuando cruza la frontera, a base de química y dólar, para apaciguar a los occidentales que la esperan al filo de una madrugada sin fin, al calor de los cuerpos sudorosos que se contonean al ritmo de la eterna juventud en cualquier discoteca de metrópoli que celebra la fiesta mentirosa del fin de semana. Aquí, ya digo, pensando en Quique González, en su canción 73, en los conocidos a quienes devoró la heroína en aquellos aciagos años 80, deduzco que la única droga de tal calibre es la clefa con que mutilan sus pulmones, su pobreza, su latido y su juventud tantos y tantos chavales que no, no tienen la edad de mi hermano, más bien la que debería tener el hijo que aún no decidió nacerme. Ignoro la composición de ese industrial pegamento de saldo que aspiran una y otra vez tantos niños que hacen de la calle hogar y de sus esquinas cementerio.
xxxxxxxNo vine aquí a hacer sociología de andar por casa. No pretendo desentrañar causas ni motivos. Sólo afirmo que la droga —como el cáncer o las fiestas de fin de curso— es universal, y los féretros en que viajan los cuerpos de quienes a ella toman por esposa en las lunas de hiel del abandono no son tallados por quienes la producen, siquiera por quienes la venden. Tal vez, quizás, quién sabe, sólo por quienes ignoran su todopoderosa capacidad para lograr que este mundo no alcance de inmediato la sobrepoblación y prefieren pasear su indolencia en el automóvil de lujo de la relevancia social. Puedo verlos aquí como los veía allá: pasean el carrito en que ronronean sus hijos gemelos, sorteando charcos y compradores de última hora, y apartan la mirada cuando amenaza encontrarse de frente con la de ese chiquillo que podía ser, mañana, en un par de años, cualquiera de los que ellos mismos han engendrado, en caso de fallecimiento de ambos progenitores o caída en desgracia laboral o abandono de puesto de trabajo o inminente pobreza o alcoholismo provocado por el recién descubierto fraude de una vida desechada o simplemente, en un pasado no muy remoto, en caso de haber nacido ellos al albur de la luna llena sin más techo que el aullido de dos perros que copulan al ritmo de un viento imprevisto, y en tal caso: niño, a la calle pues, ganate unos pesos, trae de comer a casa, ni modo, aunque tengas que esnifar clefa para soportar el frío, la necesidad, el hambre, la macana, la joda infecta de una niñez que nunca tendrás y un juego del que jamás llegarás siquiera a conocer las normas… todo igual, ya ven, quizás algo peor aquí, en el Planeta Sur, donde la edad de los adictos es sensiblemente inferior. hablo de niños de 6 años, o… menos.

xxxxxxx…y no, yo no nací en el 73, pero casi… podría tener la edad de mi hermano… o la de mi hijo…

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

TRES POEMAS DE ‘TAMBIÉN VIVIR PRECISA DE EPITAFIO’

diciembre 10, 2018 Deja un comentario

 

LOS PROS DE LA VIDA

Todo lo que uno sabe está siempre
en un estado de provisionalidad,
pero no es relativo,
es susceptible de una mayor profundización,
y eso sí que es relativo.

 

 

 

 

DIALÉCTICA

Dicen que no hay belleza
y la realidad sonríe para gloria del arte.

 

 

 

 

SENTADO EN UNA SILLA ME DAN NOTICIA DE LA MUERTE DE EZRA POUND

No partió silencioso por los canales súbitos
o por aquel puente prisión de los viajeros.
Recostó su mirada y deseó salvarse como cada día
y no pudo, su firmeza era inútil.

Detrás de él viajaban la música y el arte
y ardían los madrigales como ritos
mientras aquella tarde hacía frío en su alma,
en sus viejas colinas.

Partió la incandescencia hacia el ocaso
y gozamos, porque el hombre no olvida
tu pasión, tu fe segura en el lenguaje,
tu nacimiento, tu vivir, tu atardecer sombreado
en mi melancolía.

Hoy me han dado noticia de tu muerte
y he comprendido que vives, el temblor
de las piernas me reduce en la silla
que sostiene recuerdos.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

CATORCE

 

XIV

La dentellada del frío, como presagio de la fiebre y la enfermedad. Han descendido las temperaturas
sin darse cuenta de que yo no estaba preparado para romper este idilio que mantenía, desde que llegué a Cochabamba, con lo primaveral. La meteorología es así. Poco, o nada, le importan los pequeños desastres cotidianos de quienes nos sometemos, gustosos y sumisos, a sus dictaduras de termómetro y viento.
xxxxxxxY es que ya dejamos atrás, hace tiempo, la soberbia adolescente de la manga corta y el pecho descubierto. Ahora uno se abriga antes de salir de casa, incluso en días de sol pertinaz y nube ausente. Ya he aprendido que el sol de invierno es fraudulento, como ese beso al aire que ni roza la mejilla ni lo desea. Lo aprendí de los ancianos que poblaban mi vida cuando joven. Aprendí a descubrir mi propio reflejo en la certeza del tiempo y derrota de sus pupilas. Mi padre ya me lo advertía, no hace mucho: cuídate de las corrientes de aire, los pies fríos y el sol de invierno. Y, a pesar de todo, aún me veo sorprendido por el montaraz designio de una temperatura caprichosa. Y me resfrío, o al menos me recorren escalofríos gripales cuando menos me lo espero.
xxxxxxxPero ahora no, no me conviene enfermar. No puedo, en estos momentos, arriesgarme a implantar en casa la fraudulenta democracia de las bacterias.
xxxxxxxElla descansa en su ajetreo de mutaciones inexplicables, en la cama. La ciencia, que todo lo explica, aún no da razón al terremoto interior de la mujer embarazada. Bueno, sí, da explicaciones pero a uno, que es de letras, se le escapan o no las entiende. Ella tampoco comprende. Ella sólo se duele, sabiendo que su cuerpo moldea cavernas de pulpa en que pueda descansar su letargo de años por venir el niño que está por nacer. Y yo debería evitar la enfermedad, por no contagiarla, por no expandirla, cual bomba de racimo, bajo el techado yihadista del hogar en calma.
xxxxxxxAsí que me preparo un ron con limón. Como cuando adolescente, a la ribera del invierno, bajábamos hasta el parque desangelado para consumir alcohol, y nos animábamos unos a otros a beber más aprisa para combatir el frío. Estábamos equivocados. Es un argumento científico que, esta vez sí, comprendo: el alcohol provoca una sensación de calidez al inicio de su ingesta, producto de la dilatación de los vasos sanguíneos, que incita la huida hacia delante de la sangre (entiéndase, por hacia delante, hacia la superficie epidérmica). Pero, al poco tiempo, el cuerpo sufre, en su termostato interno, una brusca bajada de temperatura que puede acarrear dramáticas consecuencias: pensad en los numerosos indigentes que, enhebrados al sueño fatídico del alcohol para mejor desenmarañar la epopeya de sus decepciones, fallecen de frío… cada noche. La ingesta de alcohol, qué le vamos a hacer, porta todo un ramillete de tópicos y excusas con que decorar el jardín en que naufragan quienes, sin control ni límite, lo consumen. Y elijo yo, ahora, la excusa de la falsa calidez que provoca el ron con limón (por la vitamina C… la del limón, me digo).
xxxxxxxLa casa permanece joven, como las momias fosilizadas que no se han descubierto, aún, en los hielos de la Antártida. Y yo pretendo evadir su gélida juventud con otra copa de ron. Al menos así permaneceré más tiempo lejos de la cama, ahuyentando el acceso de tos que podría invadir su sistema inmunitario… y hacerla sufrir. Quiero que duerma. Que descanse, libre de las trampas de la pesadilla. Deseo que descanse. Que encuentre, bajo la primavera monocroma del edredón, ese pedazo de calma que merece la orografía rosa de su vientre. Así que, mejor, doy santa sepultura a esta botella de ron que me permitirá evadir el ansia por acomodarme en la matriz templada y crujiente de su respiración verde y oro, igual que lo hace el niño en la alcoba escarlata de su vientre.

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

HOTEL VÍA LÁCTEA

 

HOTEL VÍA LÁCTEA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOtro universo más allá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLi Bai

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Esther

La forma en que mi padre me enseñaba
lo lento que maduran las cerezas,
lo que curten los golpes en la vida,
la verdadera dimensión de nuestro paso
efímero y sagrado por la tierra,
lo poco que consigues con los actos
ajenos a tu propio crecimiento
dentro de un universo en expansión,
ese animal inmenso y luminoso
del que formamos parte.

Amanece y estoy solo, es el fin
de aquello que recuerdo y el principio
del resto de mi vida.
El edificio entero está en silencio,
yo también estoy mudo. Ya no recuerdo nada,
y no me importa. El sol golpea las cosas
a través del pasillo y sus ventanas.
Voy hacia la escalera con periódicos,
la piel de los ritos diarios,
una de esas canciones que se quedan
a vivir para siempre con nosotros
y flores, fruta fresca,
y llamo a nuestra habitación
para ver si estás lista para desayunar
y darte agradecido estas cerezas,
amor, los buenos días.

 

 

 

 

UNA CASA, UN RÍO

xxxxx1

Tuvimos una casa alguna vez
al borde de un camino
hacia ninguna parte.

Después de la labor mirábamos la tarde,
veíamos pasar a los viajeros.

Debajo de la luna
el mundo era un océano
y todos nos movíamos despacio.

Algunos nos hablaban de ciudades fantásticas
al cabo de la herida misteriosa,
visiones imposibles en los ojos del nómada.

Cuando se iban, ella
era todo mi país.

Tuvimos una casa junto a un río,
recuerdo que una vez
llovió toda la noche,
caían las estrellas
hechas agua,

medusas diluidas en sus manos.

 

 

xxxxx2

Hundí mi rostro en esa tierra,
y esa tierra
era mis ojos.

Su sequía
era mi sed.

Pero hubo un mar allí
alguna vez,
lo sé.

Y yo era un río.

 

 

 

 

BESTIARIO

No confíes en nada de lo que te rodea,
todo son filtraciones de uno mismo,
así que rómpete a ti mismo y deja
que aflore lenta de entre tus pedazos
la verdad siempre ajena, innumerable.

 

 

 

López, José Óscar. Animal fabuloso. Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

EL GATO SE OBSERVA

 

el gato se observa,
desconcertado,
en el espejo vacío
del cristal de la terraza

como me miraba yo,
no hace tanto,
en el tintineo falso
de la economía
y el salir a flote

después pasea,
se retuerce
persiguiendo
su propio cuerpo

como yo,
ya digo,
hace tiempo

como tantos,
hoy

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

UN MAR DE LUXACIONES EN MIS AVENTURAS CON LA BELLEZA

 

UN MAR DE LUXACIONES 

xxxxx7

Matriz, qué fortaleza.
No existir todavía,
demorarse.

Los sexos tienen élitros.

 

 

xxxxx12

Estoy tratando de explicarlo.
Por una vez, así pasó:
estás allí, y vuelas
no con un pensamiento
sino con todos a la vez.
En la montaña está el océano,
en la mano la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSales fuera.
Cómo decirlo: tenderetes.
Cosas al aire.
No es eso. El aire es una cosa.
Ir más allá, sin ser
ese lugar, es imposible.
Es eso.

 

 

 

 

[De MIS AVENTURAS CON LA BELLEZA]

PEQUEÑA TORTUGUITA, MI ANCIANA MAESTRA ZEN

He agotado todos los caminos
que conducen desde el silencio
hasta el aburrimiento que provoca
estar callada tanto tiempo,
dijo mi pequeña tortuga,
mi anciana maestra zen.

He sentido que a veces
conversar es cansado,
continuó. Malentenderse
no es ninguna tontería,
¿quién no detesta los malentendidos?
He charlado con taquilleras
de cines y clientes de parquímetros,
con todo aquel que yo creí
hubiese visto mucho mundo,
mas ¿quién ha visto el mundo, amigo mío?
Yo lo vi muchas veces, y también
me harté de verlo muchas veces.
Creo que en ocasiones
el mundo fue un lugar poco agradable.
Y le guardé rencor, pero tarde o temprano
tienes que regresar, chico, me dijo,
para arrimar el hombre.

Arrima tu caparazón, chaval.
He agotado mi reserva de especias
para el arroz de los gusanos voraces que me piden
lecciones y canciones como quien pide arroz,
como quien vuelve a casa cada tarde
y exige su ración de sueño, algún lugar
donde tumbarse y descansar, una montaña
gigantesca de arroz y de guirnaldas,
toda una cordillera mullida, confortable
para el descanso y la reparación
de la espalda del mundo, tatuada
con ideogramas y papel de arroz,
con letras muy antiguas, jeroglíficos que fabulan
con la creación del mundo, uno que sobreviva
a nuestras ganas de charlar y a nuestras ganas de dormir,
una espalda gigante cubierta por guirnaldas.

Las traeremos nosotros y tú vas a ayudarnos,
vamos, supongo, ¿no?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY yo le respondí:
claro que sí, mi tortuguita,
te amo, tortuguita
y el mundo es necesario.

 

 

 

López, José Óscar. Animal fabuloso. Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

MUNAY – I

noviembre 30, 2018 Deja un comentario

 

MUNAY

xxxI

El maullido de la gata juega a ensordecer los goznes sorprendidos de la noche, mientras su pelaje invertebrado esconde estrellas a la luna. La gata entre los arbustos, perdida en el laberinto del jardín, descubriendo escondites que no existen o nada tienen que esconder.
xxxxxxxYo juego a enredar humedades de nube recién nacida en mi pecho. A falta de humedades de nimbos, cúmulos y estratos (no recuerdo bien qué nombres les otorgan a los falsos algodones que pasean el cielo esta noche), no han de considerarse despreciables las otras. Mientras la gata ensaya una coreografía de viento y crepúsculo, yo siento la piel de mi pecho enardecerse de ritmo procaz. Mis dedos simulan sorprenderse ante el vello que me equivoca los músculos pectorales, y acaricia los abruptos milímetros de gloria que sepultan mi latido. Mi pecho erizado, el cabello enredado en la brisa de la noche, la gata abandonando sus movimientos en la centrifugadora carnívora de la luna… todo incita a acariciarse, ya ven.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba.
xxxxxxxHay noches en que deberíamos cerrar la puerta a la gata como quien cicatriza una frontera, y dejarla afuera. Abandonaríamos el cuerpo al tierno abandono del tálamo conyugal. Olvidaríamos que tenemos una piel de animal superviviente moldeándonos el pecho, y que habitan erupciones de libido su geografía de corazón inverso. Pero en noches de luna llena es preferible abandonar las horas extra del hogareño laburar, y salir a pasear a la gata, aunque sea ella quien nos pasee a nosotros, guiándonos por los caminos irresolutos del crepúsculo. Llegados a algún jardín ausente ya de ninfas entregadas a la confidencia adolescente, evadiremos el juego de uñas como alfileres de la gata, y acariciaremos a esa otra gata frívola que nos ronronea el pecho.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba.
xxxxxxxDebería pedir disculpas. No es correcto utilizar la segunda persona del plural para aludir a mis inofensivos vicios de prematuro viejo verde (lo digo por el párrafo anterior, el largo). Yo me masturbo, aún, para sentirme vivo. Sí, pero también, sobre todo, para saber que aún conservo algún aprecio hacia lo que se supone debe ser mi persona. Después puedo excusarme de otra noche sin retomar la escritura de lo que debería ser mi tercera novela. Ese abandono de marioneta sin sonrisa que provoca el orgasmo egoísta de la masturbación. Pero es que hay días en que no apetece encerrarse en la cárcel argumental de la novela. Así, llegada la noche, he tomado la decisión de abandonar el bailoteo táctil de mis ideas a la carencia de ideas, de argumentos, cosas, no sé, simplemente abandonar la escritura al propio hecho de escribir. Sin planes, sin líneas que seguir. Tan sólo el placer de escribir para sentirme vivo… o menos muerto. Como la masturbación es el sexo por el sexo, yo ahora masturbo palabras por ver si humedecen de tinta fresca y loca esta página en blanco. El texto por el texto (claro está: metaforizo, ya que escribo en pantalla plana, no en papel, y la tinta vertida porta el exótico nombre de píxel). Inocuas consecuencias de un orgasmo insensato a la luz de la luna, mientras la gata me descubre un universo de reptiles opacos en su incansable danza nocturna.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba, que lo único que tiene de fulgor es la fantasía de imaginar hierba donde sólo hay rastrojo, escueto vertedero de pasto que la gata juega a ordenar con sus movimientos de diosa egipcia a la hora del amor.
xxxxxxxPero tal vez no deba considerarme viejo verde por acometer la batalla de latidos insurrectos y carne resurrecta de onanismo. Creo que fue Carlos Marx, quien afirmó que la filosofía es al estudio del mundo real lo que el onanismo al amor sexual. Lo afirmaba, el barbado revolucionario de la nada, para denigrar a sus coetáneos hegelianos. Ya ven, al fin toda revolución es sólo una contienda íntima contra aquellos que, pensamos, pretenden hacernos sombra. Defendía, el teórico del comunismo, que la masturbación no es más que patente muestra de la angustia juvenil que aún atenaza al mundo. Así que, por tanto, debo sentirme joven por entregarme a la placidez egoísta del roce de la propia piel. Al fin y al cabo, lo lamento por Carlos Marx, siempre he pensado que no hay revolución si esta pretende restituir a los hombres al yugo imbécil del trabajo. Angustia juvenil, por eso me masturbo.
xxxxxxxY es ese mínimo arrebato animal del onanismo lo que me conduce a la pantalla en blanco, con más oscuridades que las que deseaba imprimir a las páginas aún nonatas de una novela que deberá esperar mejor momento. Lo dicho: revolución fracasada esta que me retorna al trabajo. Nada de revolucionario tiene el trabajo, aunque se limite este a teclear palabras que nada pretenden decir y nadie deseará leer.
xxxxxxxEs por ello que escribo como poniendo grapas urgentes al silencio de la noche. Sólo por el placer de emborronar una ausencia de sonido sorprendida, por momentos, en la respiración entrecortada por las pesadillas que, ¡ay!, espero no esté sufriendo aquella que debería dormir a mi lado. Por eso es, imagino, que escribo: por continuar oxigenando la atmósfera de pensión barata de mi escritura. Pienso que podría dar inicio a otra novela, hoy, con la gata como argumento. O con los inocentes capítulos del sueño de mi amada sirviendo de pretexto a una trama que no existe. Tal vez con la masturbación como irreverente premisa. Al fin y al cabo, no son pocos los que, hoy, logran suculento rédito garrapateando frases procaces, con el ánimo exclusivo de epatar a un ejército de lectores que perdieron la batalla de la imaginación y el buen gusto ante las poderosas huestes del mercado. Pero descubro que solo quiero escribir por dar algunas puntadas al trapo descosido de los días. Escribir, hasta que venga el patrón ebrio del sueño a recomponerme las horas perdidas con un grito de tierra a la vista.
xxxxxxxNo fueron pocos los que escribieron, a la sombra inerte del sueño, gloriosas páginas que perdurarán en la memoria y la emoción de aquellos que aún podamos mantenerlas a salvo del naufragio de identidades en que estamos convirtiendo la vida. Sueño del hachís… y pienso en Baudelaire. Sueño del ego… y recuerdo a Dalí (el escritor, más valioso y menos valorado que el pintor). Sueño de la esquizofrenia… y alguien escupe puñales como versos tras la sombra de Leopoldo María Panero. Sueño de querer alcanzar el sueño para poder dar por terminada esta página… he aquí este contenedor de insatisfacciones en que me ha convertido la noche, sí, a pesar del clímax de gomaespuma del onanismo. La gata, que enrosca su osamenta de nube pasajera en mi regazo, me hace sentir culpable por encontrarlo aún húmedo, incómodo.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba recién podada de la página en blanco.
xxxxxxxDespués el beso. Un fugaz vuelo de labios que reprimen su deseo de abrevar en el regato fresco de tu piel. Un buenas noches susurrado hacia los adentros culpables del escritor frustrado. Y mis dedos enredándose en la celeridad mecánica del interruptor de la luz, como queriendo prolongar el instante en que te muestras desnuda y ausente ante mí, cautiva tu respiración tras los barrotes del sueño.
xxxxxxxBuenas noches, amor… o el fulgor inverso el verterse en la pesadilla del insomnio. Mientras tanto, me pregunto: ¿qué vine a hacer a Bolivia?

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

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