Archivo

Posts Tagged ‘carlos pardo’

ECHADO A PERDER

Se puede leer en la contraportada que Echado a perder es un libro que no desdeña la pregunta sobre la existencia, aunque la haga desde el humor; un largo poema roto que no rehuye la observación de insignificantes circunstancias biográficas, aunque otorgándoles el valor de éxitos en la cadena del azar; un libro de amor que multiplica el objeto de deseo por n hasta marear; un libro, en fin, parcial y atacado por la necesidad de desmentirse.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

Y TODO TIENE un aire presexual.
El mar apesta a olas
hormonadas, y para despistar

los albañiles
cortaban en la calle las baldosas.

Era la primavera, y sigue
una enumeración.

 

 

 

 

ASOMADO COMO ave a un hervidero
de nidos, no poeta lírico,
atado en corto a ideas sin semilla,
iluso de la nada,
posesivo tantálico,
arrendatario de miserias escolares,
flojo, con una grulla
parlante en las costillas,
con sueños concurridos
por timidez, hermético pudiendo ser ambiguo,
sin biceps ni razones de altura,
sin la proverbial paciencia de la mala suerte,
rastreador del justo medio
en los extremos de la acidia,
supersticioso de la sensación

y aunque en un ejercicio
de impersonalidad
he llegado a gustarme,
la sangre se demora en un laberinto
que ni siquiera es laberinto,

cada partícula
pide emanciparse.

 

 

 

 

LA BIOGRAFÍA nos abandonó.

La casa hinca los codos. Amueblar:
hacer sitio al tiempo.

Y por aquí, ciudad amortizada,
como valses de polen,
dados de sombra y juegos de la luz,
como un zoo de arrumacos desvalidos
la domesticación
devuelve al cuerpo un interés de res.

El deseo nos guarda
del golpe de la dicha.

Un escondite en la palabra novia.

Y ahí no cabe Freud.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDel griego Omphalós

PRIMERA CICATRIZ
de soledad, nudito,
vuelve a advertirme:
—Estás equivocado.
Alguien te escucha. Habla.

 

 

 

 

COMO LAS CIRCUNSTANCIAS me pidieron
un toque personal
adopté el tono bajo para voz atiplada
con temblor en la frase y temor en el verbo,
resuelto a trompicones.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo era yo
ni era el propio lenguaje
quien hablaba, sino un experimento
de humanos con cultura,
pues soy un hombre de labios impuros
y en un pueblo de labios impuros
habito.
xxxxxxxPorque era vanidad
querer narrar la vida
aun más cubierta de su camuflaje
de cuidado interior,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdesflecada
en oficios,
xxxxixxxxxy vanidad hablar
del mundo como de la superficie
que devuelve el reflejo
de uno mismo asombrado
y un nimbo de paisaje lila
o verde y fucsia y ocre
o negro con dos trazos azules
excéntricos,
xxxxxxxxxxxde pulso abierto,
dialéctica del tacto y la cabeza
en cielos que un exceso creador
pulcramente dibuja despoblados
—y vanidad que no dijera yo
y que hablara de dioses
de un acerbo de oídas.

Las mujeres van y vienen
oliendo a tàpies.

Hemos tomado fórmulas prestadas
del viaje épico, del auto-
conocimiento a pie, del folk,
del rock,
de los documentales susurrantes,
del apólogo esdrújulo,
del cosmos homeopático.

No partir, no llegar. retardar para cuando
realicemos de forma pleni-
potenciaria el placer
sin que éste nos consuma,
más digno por la confianza, más
aséptico sin duda
por haber olvidado la emergencia,
por haber esperado
—si el deseo era auténtico
hablando en jerga de autenticidad—
un deseo que luego
luego será mejor.

Hablar para salir airosos de la vida
por los caminos del lenguaje.

Y aquí termina la insatisfacción.

 

 

 

Pardo, Carlos. Echado a perder. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

EL INVERNADERO

 

PROFESORA DE B. U. P.

No esperabas ya verla
y menos en un bar para comidas rápidas
perdido en la autopista.

Bajo el tinte amarillo de su pelo
se ve la huella blanca que la vejez regala
y sus ojos, más francos, han perdido
lo oscuro que tuvieron:
esa tiniebla que ocultaba el iris
que distingues verdoso.

Es difícil pensar que no era así,
creer que la conoces de otras cosas
pasadas. Imaginarla lejos del café
al que ella te ha invitado
y del rumor monótono
entre coches que pasan frente al vidrio
y monedas que pagan lo que deben.

 

 

 

 

FINAL DE ADOLESCENCIA

Dispersa, la estación,
confirma que te encuentras de camino:
tan lejana parece cada cosa
que prefieres quedarte entre la gente,
que esquiven al pasar tu cuerpo inmóvil
como si así lograras
que la huida parezca menos brusca.

No vuelvas a enturbiarte con razones
que son del todo falsas, y lo sabes.
Ya sé que es muy difícil conseguir un trabajo
y que lo de tu piso no es seguro,
pero tienes dinero suficiente
para vivir un tiempo donde quieras.
¿Dónde? sólo importa largarse
de esta ciudad de encanto pervertido:
la humedad de sus calles desoladas
bajo un sol que, aseguras, está muerto.

Los días de diario te supieron a poco,
sus mañanas perdidas casi sin darte cuenta
entre ruidos de obreros,
petardos de lecciones de latín
y deseo hacia chicas jóvenes como tú —o un poco menos.
Hacia las tres
la tarde comenzaba siempre eterna y estéril
frente al televisor o frente a un libro
y esperando una noche que no llega
—noches que fueron un recuento absurdo
de las breves historias de tu vida.

No fue mejor la cosa los fines de semana,
apenas sostenible
su música con forma de reloj en los pubs más ridículos
y los contados cuerpos que te amaron
hasta que amanecía
con olor a tabaco tu cuarto de resaca,
despedidos sin grandes pretensiones
de amistad o placer.
Hubieras preferido a sus acompañantes,
siempre más atractivas y perfectas;
no esas carnes dormidas por su peso excesivo
y breves de palabra.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxNo obstante,
simulaban un mundo acompañado que hubieras asumido
—tan sólo con vender tu futuro de huraño o de poeta—
en el estéril tiempo de diario,
en las tranquilas tardes de diario.

Ya sale el autobús,
olvídate de darle algún sentido
que guarde relación con el pasado.
Confías en que pronto
podrás reír de tanta oscuridad
y recorrer una ciudad distinta
con calles menos húmedas —y un sol más agradable—
que ya no te recuerden a tu infancia.

 

 

 

 

ENCARNA

En el cambio de octavo para B. U. P.
Encarna decidió dejar las clases.
Su padre era granjero
y no pudo pagarle un colegio privado
—al que iban sus amigas—,

tan sólo el instituto
donde no conocía a casi nadie.
Aprovechó un trabajo, que cogió con su hermana,
dando clases de baile para niñas
—sevillanas y cosas del estilo—

que apenas le dejaba tiempo libre
para sus cosas.
Creía que su cuerpo era asqueroso,
que así de gorda nunca haría nada,
y comenzó a tomar adelgazantes,

anfetas y otras cosas del estilo.
Lo último que supe de ella
es que estaba chupada por las clases de baile

y la ingestión brutal de centraminas.
Me acaba de vender algunos libros
en la feria del pueblo.

Yo creo que está bien, algo redonda
y con tres dientes menos,
mas con una sonrisa descarada
como su madre.

 

 

 

 

TERENCE STAMP

Se necesita edad para unas cosas.
Por ejemplo:
Indiferente apura un cigarrillo
y la brasa resalta en los gemelos
—con piedras impecables.

En frente
—casi roza el humo—
Laura Antonelli ríe por cubrir el silencio
tan cargado en la atmósfera del cuarto.

Continúa distante,
apaga el cigarrillo,
el moharé no forma ningún pliegue.
No es real,
tan sólo una película, no sé si de Visconti.

Se necesita edad para unas cosas.
No malgastar palabras, por ejemplo.

 

 

 

 

UNIVERSIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Paco, sin maldad

En las tardes de tedio
paso el tiempo gastando mis monedas
en copias de revistas que no suelo leer:
es que la facultad es aburrida
y a lo largo de todos los pasillos
que se entrecruzan en la hemeroteca,
parece que el monstruo pasa rápido.

Él lo había aprendido y miraba revistas
que estoy seguro, muy seguro,
nada le interesaban.
Buscaba en ellas, y en los libros,
la pregunta apropiada para clase
que no faltó ni un día
—mejor no las transcribo.

Cómo no,
escribía poemas cotidianos
de lucidez extrema:
fábulas de caniches y teléfonos,
pero sin evitar algunos arcaísmos
que hacían el poema intemporal:
“Levantose el ciclamen
y le dijo al camión de la basura:
—y es que cuesta cien duros cada fino,
mas no te engañes,
en el silencio observo nuestro amor.”

Quizá sólo quería
quedar igual de bien con cada profesor.
Me inquieta con sus gafas académicas
y no quiero que nadie en el futuro
apunte lo que diga nuestro amigo,
pues no nos engañemos,
así serán los nuevos profesores.

 

 

 

 

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Mi ventana es perfecta para verte
y avanzar en tus páginas
o en la rápida pluma que dibuja
constantemente cosas:
figuras muy confusas desde aquí,
palabras que procuro imaginar.

Cuando vuelvo de clase
y te veo encerrada entre los libros
pienso que estás perdiendo la sonrisa
con la luz condensada de tu flexo.
No te he visto jugar con las repipis
que saltan en el parque y juegan a la goma
entre zapatos sucios y canciones;
siempre en casa escondida
desgastando tus mundos inventados
e impresos en papel.

No son libros de clase,
veo tu biblioteca desde aquí
—confieso que me ayudan los gemelos—
y hay cosas que envidiar para tu edad:
El Árbol de la Ciencia, Baudelaire,
Valle-Inclán, Luis Cernuda, Garcilaso
y más que no distingo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos tapa tu casete.

Lo que puedo decirte es verdad sólo en parte:
no merecen los libros ser pagados tan caros,
pero que opine otro menos pobre.

 

 

 

 

REPETICIÓN DE UN TEMA

No recoge la cena
y cambia con el mando la película
sin mirar lo que hay puesto.

Está bastante gordo,
extiende su periódico en las iernas
ignorando a los niños.

Ella, por otro lado,
intranquila los manda hacia la cama
frotándose la frente.

Los niños hacen caso
y se quedan los dos en el salón
como al principio, solos.

 

 

 

 

PRIMER VIAJE

Leve como un murmullo de autopista
si ves amanecer
partiendo a una ciudad que no conoces.

No sé si imaginabas la existencia
de un vacío de calles, de tiendas, de colegios.
Tan sólo el horizonte enrojecido
de un sol siempre lejano.

Con la mirada fija en el cristal
trasero, con tus padres charlando de sus cosas,
te dejo que prosigas. No sé por qué te envidio.

 

 

 

 

27

El autobús desierto por el sol
insufrible del verano
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxa esas horas
propicias al café. Te sentaste muy cerca.

Yo miraba tus pechos
bajo la camiseta de tirantes
sin que tú lo supieses.

 

 

 

 

SI HAGO ESTA REFLEXIÓN ME DECEPCIONO

Ya pasan tres minutos con la pluma
—hoy escribo con pluma en vez de boli—
buscando alguna idea. Ninguna me convence
y sé que siento algo
y que lo más seguro
es que sea preciso que lo escriba.

¿Para qué ser sincero
si me van a leer cuatro amiguetes
que poco les importa
y puede resultar más divertido
escribir un poema insustancial?

No veo otra salida
si cada reflexión que me conmueve
ya está escrita en Tratado de Urbanismo.

 

 

 

Pardo, Carlos. El invernadero. Madrid; Ed. Hiperión, 1995.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más