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ÁNIMA MÍA

Maleta y zapatos

 

SI SÉ LO QUE ESCRIBIR, JAMÁS ESCRIBO

Si sé lo que escribir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxjamás escribo.
Si escribo es por saber lo que sabré,
aquello que aparece
xxxxxxxxxxxxxxxxxxal descubierto,
mientras uno lo escribe,
y se desnuda
sólo para nosotros,
y no aparece más en los desnudo.

Si sé lo que decir,
xxxxxxxxxxxxxxxxno digo nada.
Igual que nada pienso,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi sé lo que pensar.
Si digo, es por asombro
de adónde me conduce estar diciéndome.

Si sé lo que sentir,
xxxxxxxxxxxxxxxxx¿para qué amarte?,
cuando lo tuyo propio es la sorpresa
de permitirme amarte en este tránsito.

Si supiera escribir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxno escribiría.
¿Para qué ser escriba de alguien mío
que impone que yo viva a su dictado?

Si escribo, es por probarle a mi ignorante
el ánimo interior de su ignorancia,
la fuerza capital que hay en la búsqueda.

Nunca saber,
xxxxxxxxxxxxy siempre estar diciendo.
Nunca escribir,
xxxxxxxxxxxxxxy siempre estar intentándolo.

Todo es incertidumbre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy suspensivo.

 

 

 

 

MUNDO MÍO

Quiero llegar al mundo por mí mismo.
Por mí mismo a mi mundo.
No me sirven
otros mundos ajenos,
están lejos de mí, de quien me habita.

No habito en un universos de un extraño:
para extraña me basta esta extrañeza,
mi propia extranjería me es bastante.

Hoy quiero sólo el mío,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel mundo propio,
el que no existe en nadie,
el que nadie querría, si está cuerdo,
el que a nadie le sirve sino a mí,
el insensato mundo que he inventado,
para caber en él mientras me invento,
con el descalabro rigor que me autoriza.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn ese mundo mío,
tan viejo como el mundo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsoy mi predecesor,
pero es tan joven
xxxxxxxxxxxxxxxxque aún está por nacer,
es inminente,
xxxxxxxxxxxxxy en él soy mi heredero.

Quiero tan sólo el mundo
que se pueda decir con mis palabras justas.
Ningún otro sabría dónde nace,
dónde muere y concluye.
Lo sólito privado para el uno
que me asiste en la vida, y que se basta
para no ser bastante mientras vive.
Lo exclusivo recóndito más íntimo.
Lo predilecto hermano que me abraza.

Allí yo soy quien funda mundos vuestros
donde vivir muriendo con vosotros.

 

 

 

 

SANACIÓN

Me curo de vivir en lo que escribo,
y en lo que vivo sano de escribir.
Son dos fervores
y una misma dolencia.
Me prescribo palabras,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmi narcótico:
sin ellas, mi no-mismo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestá enfermo de mí.

La alegría, si no escribo alegría, no es perfecta,
y cuando ya lo he escrito, se me brinda
la realidad, alegre, para el brindis.
Parece, por tan pura,
pura superstición, pero yo expío
no sé bien nunca qué,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpago una deuda
que contraje en mis sueños.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSoy dichoso,
con la dicha infantil del absoluto,
si el ángel de un poema se me anuncia.

Cuando llegan las nubes, me repito:
no han llegado las nubes. Y no llegan.
Cuando busco la lluvia, me aconsejo:
la lluvia ya está aquí, y aunque no llueve
me mojo con la lluvia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe persuado
de que cumplo en mi vida, con la vida,
si advienen las palabras.

Se vive de ilusión.

Curo con tal que escriba que me curo.

Mi no-mismo y mi yo son mis ilusos.

 

 

 

 

UNOS BUENOS ZAPATOS SON EL MUNDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Chema López

Son los de estar en mí como a mis anchas,
los hice con la piel que fui mudando,
los de mi propio paso a la deriva,
los de sentir mi suelo vuelto carne,
los de írseme los pies por esos mundos.

Son de gamuza azul, los de serpiente,
para ir reptando en pos de mi alegría.
Son zapatos de baile mis zapatos:
quien no quiera bailar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque se retire.
Quien no quiera gastarlos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque se aparte.

Están desparejados, no importa,
estos zapatos de mis ilusiones:
paseo si imagino que paseo,
igual que cuando marcho paseando.

Estos zapatos son de siete leguas.
De tanto ser zapatos, son mis botas.
Mi solo andar sediento por las dunas.
Los de irme a caminar sobre las aguas.

La mano los trazó para la mano.
Los hizo a la medida de su boca,
para el capricho de unos ojos límpidos.
Para que secundasen sus ideas:
los zapatos conformes son mi cuerpo.

Son zapatos de boda con el mundo,
los de mis esponsales con la música
que emana de existir.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstán lustrosos:
los ha lustrado el niño pensamiento.

El siempre partidario de ir descalzo.

 

 

 

 

AYUNANDO

A veces nos conviene desasirnos,
quitarnos de la boca lo más propio.
Negarnos la apetencia nos afirma.
Perdernos al albur,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdesalojarnos,
desahuciarnos de casa por un fuego
que limpie de impurezas nuestra casa.

Dejarnos ir, en ondas,
declinar de quien somos y quien fuimos.
A veces nos ayuda el renunciar
a nuestras certidumbres, proceder
por un afilamiento,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxadelgazarnos
de nuestras ilusiones.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa templanza
de estar entre las cosas sin anhelo,
para anhelar estar entre las cosas.

A veces el vacío
en el que se diría que flotamos
es todo lo más pleno que nos colma.

Muchas veces conviene ser mendigo
de nuestra realidad,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxquedar ayunos
de lo que más amamos y nos ama.
Permanecer a un lado,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmirándonos pasar,
dándonos la limosna de no darnos
más limosna que la de seguir vivos.

Conviene endurecer,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxfraguar sutiles.
Y regresar al mundo, voraces,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon más ansias.

 

 

 

 

¿QUÉ ME LEVANTA EN MEDIO DE LA NOCHE?

¿Qué me levanta en medio de la noche,
mientras que me desvelo en duermevela,
y me hace transcribir, como un poseso,
el jeroglífico en donde me pregunto
qué me levanta en medio de la noche?

¿Quién me dicta
lo que escribo al dictado de unos ecos
que utilizan mi voz para decirse?

¿Desde cuál ultratumba de mí mismo
se me alecciona en sombras,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxse me aturde:
la ultratumba del niño, la ultratumba
feroz de adolescencia, la del muerto
que aguarda en ultratumba a que yo llegue?

¿De qué orquesta de ahogados se levanta
la discordante música que suena,
ese murmullo grave que me acuna?

Es absurdo
sufrir la ocupación por unas voces,
que no son yo,
xxxxxxxxxxxxxy lo son, y que me habitan.

Como absurda resulta esta alegría
de que algo me levante, sin porqué,
en mitad de la noche y que me dicte,
para ser el calígrafo de nadie.

Para ser
el oráculo de todos mis fantasmas.

 

 

 

 

PEREZOSO EN LA ARENA

Permanecer tendido en esta playa
es un universal de la alegría.

Porque ha existido siempre,
porque es una
e idéntica a sí misma entre lo eterno,
con cada vez que ocurre
acontece el milagro de lo incólume.

Estaba la mañana en su apogeo,
con todo el esplendor de su detalle.

El sol se desleía en lava ardiente
y era lo que el sudor le reclamaba:
que el fuego,
xxxxxxxxxxxxun ángel más,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcauterizase,
por mis poros abiertos esta vida.

El mar era un espejo de ternura:
la que a mí me embargó,
como en destello,
mientras miraba el mar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxenternecido,
la carne inmemorial que unge la carne.

Una brisa traía, alquitranada,
el perfume de un mundo satisfecho.

Yo era el testigo fiel conmigo mismo.
Y fui para conmigo el partidario.

Algo mío pervive, muy conforme,
en la arena del tiempo minuciosa.

No importa que ahora sueñe
en la vigilia,
o que haya despertado
y ande muerto.

Mi pereza sagrada es hoy bastante.
Mi pereza radiante basta y sobra.

 

 

 

 

MATERIA OSCURA

Los nuevos sacerdotes, los arúspices
que escarban en el vientre del espacio,
que leen en los posos estelares
diagnostican que la materia oscura,
la materia hipotética cuya forma ignoramos,
ocupa el veintidós
por ciento del total del universo.

Hay un setenta y cuatro
por ciento de una fuerza,
no menos hipotética y no menos oscura,
que impregna todo el cosmos,
y expande el universo acelerándolo,
una fuerza mayor de la que nada
sabemos por ahora.

El resto, un delicado cuatro por ciento frágil,
es lo que vislumbramos
como nuestro universo conocido.

De manera que soy
universal al ciento por ciento de mi ser.
Una materia oscura me da forma.
Me desconozco pleno. Lo que intuyo
de mí son conjeturas, y no hay pruebas
de que me intuya bien.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUna energía,
que es más de lo que veis,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy toda ignota,
me empuja, en ondas tercas, hacia el mundo.

Mi cuerpo pesa en mí más que yo peso.
Mi instinto sabe más de cuanto sé.
Irradio, de ignorancia, una luz negra.

Se diría que opaco,
y transparento.

Bienvenida a mi hogar, materia oscura.
Los dos vertemos sombras.

Me estoy yendo de mí,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacelerándome.
Cada vez más veloz,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxme expando lejos.

 

 

 

 

DICHO EN SILENCIO Y ESCUCHADO

Nada dicen jamás las elocuencias,
cuando se habla de amor,
cuando el amor exige ser hablado.

Sólo el silencio alcanza la elocuencia
que al amor corresponde,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel timbre justo
con que correspondemos al amor.

Todo cuanto se dice acaba en eco,
por eso dice más lo que se calla.
Lo que callamos juntos nos define,
como el amor da voz a lo que somos.

Te quiero -escucha bien-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen lo que digo,
y sobre todo vivo en lo que callo,
porque dice mejor lo que más quiero.

Silente sé que escuchas lo que escucho.
Tácito, sé que tú me sabes, tácita.

Te querrá mi mudez como ella explica.
Tú entiendes más allá:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme sobrentiendes.

Quiero ser imprudente en mi cautela.
Mi palabra por fin se despalabra
de todo su rumor,
xxxxxxxxxxxxxxxxxpara servirte.
Mi palabra de honor te está rendida.

Esta boca fue mía y hoy es tuya,
como tuyo es también mi estar ausente.
Como también son tuyas mis mudanzas.

Tuyos, de nadie más, son los sigilos,
para tanto silencio enamorado.

 

 

 

 

TEA

Hay un instante de gloria sensorial
en que todo es un lecho de pura brasa viva.
Se inmola la blancura incandescente,
sobre su altar en ascuas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy me asombro.

Se atiene a su ardimiento nuestra hoguera.

Es un instante de majestad sin llamas,
sin otra duración que la del fuego
quemando hacia la entraña de sí mismo.

El momento pregnante está ocurriendo:
le ha entrado por el nervio hasta la esencia,
a este tronco tenaz toda la lumbre.

Me remito a ese instante. Me confío.

Lo que queda del árbol sin el árbol,
lo que recuerda al bosque sin el bosque,
aún se mantiene en pie contra su suerte.

Hay que hacerse matar como lo impone
esta tea en su luz soliviantada.

A esa indocilidad nos encomiendo,
con esa obcecación ardo en mi quema.

 

 

 

 

MÍNIMO RENACER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Cabrera

Hay un cuajo de luz
lechosa en la mañana,
un coágulo
que usurpa, blanquecino, todo el cielo.

Fuera abanica un viento muy salobre.
Viene languideciendo en humedades
que lánguidas presagian el otoño.

Veo ropa tendida, la funámbula,
artista del alambre en sus vaivenes.
Las síncopas del aire le han prestado
a su naturaleza
una desarmonía muy juiciosa.
Flamea como un látigo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de pronto,
queda atónita en vuelo.

Hay sábanas azules, prendas niñas,
todo ropa interior, que es cualquier prenda,
porque ampara la piel, lo más profundo;
porque templa la voz, lo más privado.

Mira el botín completo de estas vidas.
Aquí no anda la sangre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero anduvo.
Las heces y el sudor,
el peso enfermo de las sombras tristes,
la sal de los amantes y la hiel,
la herrumbre de las máquinas del hombre:
aquí se vertió todo, a mayor gloria
del obsceno dios mundo con sus máculas.

Pero ha ocurrido el agua, y nada es viejo.
Ha acontecido el sol, y ha inaugurado
el entero destino, cera virgen.
Ondea ya, desnudo,
en la ropa tendida, y entendida,
a la espera de un cuerpo que la ultraje.

Estoy flojo
de mis entendederas,
pero en mis tendederos estoy fuerte.

A punto de estrenarme,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde nacer,
recién lavado y tierno para el mundo.

 

 

 

 

A PRIMA MADRUGADA

Hay algo mayestático en el hecho
de adueñarse del tiempo en la alta noche,
de alzarse desde el sueño a la vigilia,
para predisponernos valerosos
a la interioridad,
al gozo de uno mismo en su desvelo,
al duelo de uno solo con su espíritu.
Un algo mayestático,
por íntimo.

Se diría que todo,
en el afuera,
trasmina su perfume,
a través de lo oscuro, a mi ventana.

Toda esta vecindad de lo que existe
se encuentra acomodada en su letargo,
y rendida a mis pies.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo parece
que ha virado a su centro hasta encontrarse.

Hay algo voluptuoso en madrugar:
como un dispendio de salud al aire.
Otro vivir de vida anticipada.

Cada cosa ha viajado a su matriz,
y allí late completa:
los hombres, en el útero
de sus sábanas blancas;
los objetos, bajo el caparazón
que nos los vuelve objetos;
y yo enseñoreando de este tránsito,
camino de la luz,
despierto sobre el ápice
de mi conciencia alerta.
En posesión de mí,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpatrón del alba.

 

 

 

 

OTRO CANTAR

Éste es otro cantar:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxel que yo canto,
y no acaba de ser el canto mío.
Se dice en esta voz,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpero es un préstamo.
Por tanta intimidad,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxya no es de nadie.

No sé cantar, ni sé,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxpero me basta
el desentono propio en que murmuro.
Si otro gallo cantara, ¿yo qué haría?
¿Cómo iba a darle sed a esta agua muda?

Escucho mi canción, y la obedezco.
La canto a mi dolor, y así se espanta.
Qué bien me satisfago
con este no estar siempre en mis cabales.

Tiempo habrá de venir
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde ser ninguno.
Vendrá un tiempo después
-no tengo duda-

de no poder decir la boca mía.

 

 

 

 

MAÑANAS DE COLGAR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Sergio Barrera

Mañanas de colgar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlas hacendosas
mañanas de uno mismo,
con la obra siempre en marcha,
laborando
en ordenar el mundo:
y no se ordena.

Mañanas de arrumbar lo arrinconado.
Mañanas de prender
una pira con todo lo que ha muerto.
No hay nada que se esconda en los baúles.
Que en la memoria no se enquiste nada.

De hacer, por las mañanas, agujeros.
Mañanas de sudor, para lo físico
con que eleva puntales nuestro espíritu.
Aquel clavo no saca ningún clavo:
en su punta, clavel,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxflorezco el día.

De fresar a cuchilla los metales
que nos quitan el sueño,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsiempre en círculos.
Vivir despide esquirlas a la boca.

Mañanas de colgar y ser colgadas:
acomoda tu cáncamo,
como el mejor recuerdo, en la pared,
para que se sostenga y nos sustente.
Si está el tapiz dispuesto
sobre el muro,
no hay nada que temer.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstamos listos,
para tanto que puede nuestra mano,
por tanto como mana de esta fuerza.

Mañanas de colgar
xxxxxxxxxxxxxxxxxx-qué bien compuesto-

nuestro mejor retrato en la mañana.

 

 

 

 

CASA EN ESPERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Francisco Brines

xxDebe de estar ahora toda en luz,
dispuesta en claridad desde el principio:
la casa sin nosotros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxy anfitriona.

xxDebe de estar ahora tan silente,
tan embebida en su estatismo alerta,
que podría auscultarse la armonía
de cuanto en ella late y ha latido.
xxEl rítmico alentar de lo que es mueble
y de lo inamovible, que respiran.

xxDebe de entrarle fiel, por los balcones,
la efusión del jardín,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon sus cien verdes
de clorofila invicta,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxy cien aromas.

xxAún se podrá arquear, entre sus muros,
disipada en el aire electrizado,
la energía de amor que de allí emana,
la energía de amor que nos congrega.

xxTodo lo bien vivido está en las casas,
dándoles fundamento hacia sí mismas,
xxmoviendo a nuestro ser como es debido.

xxNo hay quien no tienda a un punto umbilical,
a un ámbito que le haga amar la vida.

Una casa en espera me ata al mundo,
xxy a mayor atadura, más me ordena.

Es mi lugar matriz:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxsoy huésped suyo.

xxAunque lo arruine el tiempo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestaré en casa.

Yo también tengo un eje moral gravitatorio.

 

 

 

Marzal, Carlos. Ánima mía. Barcelona; Ed. Tusquets, 2009.

 

SERÁ IMPOSIBLE DEVOLVERTE EL TIEMPO

Charlotte Rampling -Portero de noche

 

No podré devolverte el tiempo tuyo.
Quiero decir el tiempo
que no te supe dar,
el tiempo mío, en ti,
que nunca fue:
todo aquel tiempo nuestro que debió
encarnarse en nosotros.

No podré reintegrarte
el tiempo malogrado,
que es cualquier tiempo sin estar contigo.
Todo aquello que otros compartieron,
sin presentirlo de tu propiedad,
sin sospechar que yo te lo ofrecía,
en el altar del tiempo,
aunque tú no estuvieses junto a mí;
el tiempo sin nosotros:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxun destiempo.

Se me ha muerto quien fui,
quien debí ser entonces,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo se ha muerto en ti
quien tú debiste ser, para que fuéramos.

No existe redención para ese instante,
nunca podré ofrecerte nada a cambio.
No sabré, ni siquiera, resarcirte
con lo que me resarzo de tu ausencia:
la incautación que hacemos del presente.

Y sin embargo añoro mi añoranza,
estoy hecho, también, de mis destierros,
de la tierra sin ti, por cualquier parte.
Soy en mis lejanías
quien tú sabes que soy, pero a tu lado.

Vivo a fuerza de un tiempo que no existe.
Fuera de ti, también tú eres mi fuerza.

Nunca seré del todo quien no estuvo.
No hay tiempo que recobre nuestro tiempo.

 

 

 

Marzal, Carlos. Ánima mía. Barcelona; Ed. Tusquets, 2009.

 

 

CARLOS MARZAL

Plaza de la catedral

 

POR SI NO LO SABÍAS
xxxxx(Del autor)

Quien escribió estas líneas,
el tipo que ha venido
con su huesos a dar en esta página,
-por si no lo sabías- no es tu benefactor,
no es un filántropo, no siente compasión
por quien ahora le mira más allá de este libro.
Conque ni semejante, ni hermano, ni otras estupideces.
Tiene un arma en la mano y lo que quiere
es descargarla entera en tu cabeza.
(Y eso tampoco significa mucho
para él ni para nadie.) Así que ya lo sabes:
nunca le dés la espalda,
no le profeses nunca gratitud.
Lo que él quiere de ti sólo es tu miedo,
lo que vino a robarte es tu dolor,
a cambio del dolor que él ha sentido.
Y cuando te lo aprendas será tarde.

 

 

 

 

SOMBRAS CHINESCAS

Cuando salimos, espalda contra espalda,
de aquel maldito banco,
y los coches patrulla nos aguardaban fuera;
antes de que empezara
aquel fuego cruzado del infierno
pude verlos allí, por un momento, solos.

En una noche hostil, bajo niebla africana,
al ver cómo el avión se deslizaba torpe
pista del aeropuerto arriba, hasta perderse
-y no era yo quien iba junto a ella-,
creí volver a verlos, al fondo, agazapados.

O cuando mi montura se desplomó, escupiendo
sangre por los ollares, y silbaron las balas
en el Desfiladero de la Muerte,
y estuve convencido de que el Sur
ya no sería el Sur tras esa guerra,
y maldije a los yanquis y juré no rendirme,
en ese mismo instante, los divisé a lo lejos.

Mientras me vaciaba sobre el rostro
de una de las dos negras vestidas de enfermera,
y la otra, endemoniada,
calmaba mi demonio a latigazos,
los observé, espectrales,
un grupo en la tiniebla, sin pronunciar palabra.

Y la feliz mañana en que el Profeta
tendió otra vez su mano sobre el mar,
y aquellas aguas rojas volvieron a cerrarse
y sepultaron carros, ejércitos, escudos.

Y en la playa de Omaha, y a bordo del Nautilus,
y al perseguir a la Ballena Blanca,
y al cantar y bailar, calado hasta los cuernos,
con aquella farola de un callejón sin nombre,
y al morder otro cuello de nácar
y degustar la sangre de mujer londinense…

Siempre frente a nosotros, alineados y mudos,
un bosque de cabezas culpables que nos juzga,
una tropa incapaz, carne de desaliento,
un batallón que busca dar consuelo a sus vidas
a través de las vidas que jamás ha emprendido.
Siempre del otro bando, en la otra orilla,
ellos, los que no actúan,
los que alguna vez piensan
que el precio de su vida es como el precio
que vuelven a pagar por su butaca.

 

 

 

 

EPITAFIO PARA WILLIAM CUTHBERT FAULKNER

xxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ramiro Fonte, de Oxford, Mississippi

Aspiró a la holgazanería y la contemplación;
él, que escribió infatigable.
Hizo de casi todo en este perro mundo.
La vida, observada tras su lente de aumento,
aparece siniestra con frecuencia,
un perverso lugar donde sucede
algo que no sabemos explicar ni explicarnos.
Bebió más de la cuenta,
amó, montó a caballo.
Su recuerdo y su prosa
son un puerto, un emblema
y un dique contra ese perro mundo,
para los holgazanes y los contemplativos.

 

 

 

 

JUEGO DE NIÑOS

Cuatro o cinco palabras aprendidas
en la noche del tiempo, siendo niños,
nada más que esas cuatro o esas cinco
palabras aprendidas son precisas,
para nombrar los dos o tres asuntos
que merecen nombrarse en esta vida.

El resto es lo que queda cuando a la poesía
le hemos quitado todo lo que es la poesía.

 

 

 

 

LOS ÁNGELES HERMÉTICOS

xxxxxYa se durmió la sangre vida arriba.
xxxxxSoledad de futuro, sin futuro.

Cuando se nos imponen las palabras,
no siempre hay que saber por qué se imponen
ni hay siempre que saber qué es lo que han dicho.
Hablan en ti de aquello que soñabas,
y más allá de ti sueñan contigo.
Eres culpable de cualquier sospecha
que puedan imputarte por su causa.
Cualquier evocación y cualquier crimen
que no hayas perpetrado en las palabras
son tus evocaciones y tus crímenes.

Es extraño vivir con las palabras,
que aumentan la extrañeza del asunto.
No son como la vida, y la construyen.
No explican su misterio, y lo pretenden.
Quisieran preservarnos, y fracasan.

La voz, en ocasiones, se parece al silencio,
y en ocasiones hablas si estás mudo.
Hay siempre una frontera, y no existe frontera
para hablar de la vida con palabras.

(Este camino lleva a un precipicio.
No avances. Retrocede.
No insistas en la niebla.
Más allá hay dragones.)

xxxxxYa se durmió la sangre vida arriba.
xxxxxSoledad de futuro, sin futuro.

 

 

 

 

LA GLORIA NECESARIA

Es sólo una palabra. Como todo.
Y como todo, como cualquier palabra,
tiene un incierto cuerpo evanescente.
La gloria de tus ojos, la gloriosa
historia incomprensible de los hombres,
y el cielo de los héroes, en la gloria
dormidos para siempre, y otras glorias.

A finales del XX, donde estamos,
hay quien teme nombrar esa palabra.
No son tiempos gloriosos. Ningún tiempo
parece que lo sea. Cualquier gloria
requiere cierto olvido y la distancia.
Habrá quien piense que hablo de la fama,
o que conjuro el éxito, que son
tan sólo una azarosa unión de confusiones.

La gloria, en un poeta, es haber dicho,
con exactas palabras para el dolor del hombre,
algo que lo acompañe en la noche futura,
y que secretamente el hombre lo agradezca.

No temerá la gloria sólo quien crea en ella.
Sólo quien no la tema merecerá esa gloria.
Quien la merezca, sólo, nos hablará en la noche.

 

 

 

 

LA OSCURIDAD DEL BORRADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOscuro el borrador y el verso claro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLope de Vega.

Estas palabras aspiran a la luz.
Pero sé que la luz y las palabras
son iluminaciones en la sombra.
Por mucho que refuljan,
por más que nos alumbren,
por más puentes que tiendan en lo oscuro,
las palabras son siempre tenebrosas.
Callan lo que afirman decir,
y a menudo confiesan
lo que dicen guardar bajo secreto.

Tras de cualquier palabra que persiga la luz,
hay noche y hay insomnio,
hay miedo, indefensión.
Eso las ennoblece,
nos las vuelve cercanas, aunque no
les otorga la luz, ni las transforma
en dignas, por eternas, de leerse.

Ahora bien, las palabras
crecen hacia la luz. Deben hacerlo.
Por más oscuro
que sea el borrador de nuestras vidas
y el papel tenebroso que se nos ha asignado,
nuestras palabras deben crecer hacia la luz.

 

 

 

 

LA MATERIA DEL TIEMPO

Tal vez no exista el tiempo -eso dicen algunos.
El presente, tal vez, contenga todo
el futuro que aguarda y el pasado
en donde fuimos otros. Eso dicen.
El tiempo, para mí, que sé que las palabras
son un juego cualquiera con que pasar el tiempo,
está hecho de los rostros de los desconocidos
en andenes, y de lunas de espejos
en donde mi fantasma se detuvo,
de mentiras que no distingo ya de la verdad,
del antiguo dolor, que no ha de ser nombrado,
quienes amé y perdí, derrumbadero abajo,
confusión y derrota, niebla y ruido.
El tiempo es lo que invento para escapar a tiempo.

No sé cómo hay quien piensa que el tiempo no es real.
(Algunos, por hablar, inventan un absurdo demonio,
al que terminan regalando el alma.)

El tiempo no es un sueño, y para demostrarlo
aquí está el mismo tiempo, que convierte
estas palabras y a quien las pronuncie
en carne de un olvido sin remedio.

 

 

 

 

DERIVAS

xxxxxxxxxA Celina, Emilia y Pere Rovira

Vagar por la ciudad sin hacer nada,
en la deriva de una tarde absurda,
es una ocupación como cualquiera,
y que, como cualquiera, nos ayuda
a no entender la tarde, a no entender
esa ciudad, a no entender ninguna
de todas nuestras vidas toleradas.

(El sol ya ha declinado. Por las turbias
aguas de nuestra tarde, cada cual
naufraga en solitario. La locura
tiene un orden, un ritmo y un idioma.)

Nada son las ideas, las lecturas,
las experiencias y las ilusiones
en el sinrumbo de esta singladura.
Ninguna tarde lleva a ningún puerto,
en ningún puerto atraca la fortuna
que no recuerdo bien dónde perdimos,
en la deriva de otra tarde absurda.

Pero ¿quién dijo que las tardes deben
tener sentido? Que yo sepa, nunca
se dijo en mi presencia. ¿Quién ha dicho
que se nos vaya a conceder la música
por la que el mundo gira? ¿Quién ha dicho
que esa música exista y que su pura
melodía redima del dolor?

Las tardes -esta tarde- nos expulsan
del jardín de la infancia. El corazón
no obtiene por moneda la ternura
que alguien le prometía. ¿Y quién nos dijo
que nuestro amor y los jardines duran?
Tener razón es triste, y aún más triste
es que de esa razón no exista duda.

Eso ocurre en la tarde. No se entiende,
pero sucede igual. En la impostura
de la ciudad y de nosotros mismos,
el corazón y el mundo con su música
y el amor y la infancia y sus fantasmas
y el jardín y el dolor y la ternura,
se pierden vida abajo, a la deriva,
rumbo a una noche un poco más absurda.

 

 

 

 

LA EDAD DEL PARAÍSO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA César Simón

Supongamos que exista -argumentaste-
ese lugar que el hombre ha ambicionado,
desde que al primer hombre le ofendió
la luz, que se perdía; el tiempo, que no vuelve;
la belleza, que exalta, pero que no apacigua;
o la felicidad, que, aunque la merezcamos,
parece inmerecida; ese lugar que es suma
de todas nuestras cuentas pendientes con la vida,
ese lugar en donde
los días no nos dejan su rencorosa huella,
y todo allí es ameno, y se escucha la música,
y no hay cuerpos enfermos, ni hay tentación
ni hay fieras.
xxxxxxxxxxxxSupongamos.

Vayamos más allá. Imaginemos
-y es mucho imaginar-
que se te concediera la ocasión
de acceder a ese llámalo Cielo,
o Arcadia, o Nolugar,
o Tapiado Jardín, o Paraíso,
y que fueses capaz de permitirte
-y que te permitieran
escoger tú la edad con que vivir,
o, más exactamente, perdurar,
en esa paz ajena al rapto de esta vida.
Supónlo.
xxxxxxxxxImagínatelo,
y dime ¿con cuál de las edades
de toda nuestra edad desearías
habitar para siempre el Paraíso?
¿Querrías regresar a la inocencia
tenaz y sostenida de la infancia,
en donde fuimos dioses y demonios
al tiempo y sin saberlo?
¿O volver a arriesgar en la estación violenta
llamada juventud, que nos abrasa
sólo con pronunciarla? ¿No te hechiza,
acaso, el equilibrio de la mediana edad,
cuando lo que ya sabes,
cuando lo que te queda por conocer aún,
ni te arrebata el sueño ni te aflige?
¿O por qué no escoger la carta venerable
de una vejez ya de vuelta de todo:
la madurez ingrata,
la juventud candente, la infancia sin memoria?

Me dejó sin aliento la pregunta,
y no por lo intrincado de su formulación,
tampoco por su tema, aventurado, abtruso,
sino por el momento en que la realizaron:
estábamos bebiendo, y la noche fluía,
por entre la terraza de aquel bar,
igual que un río en paz con su conciencia.
(La buena educación no nos permite
colocar a la gente en aprietos nocturnos,
sugerirle que ordene la vida, el universo,
en una improvisada  charla de café.)
Salí del paso con un par de bromas
y el fluir de la noche prosiguió hacia su nada.
Sin embargo, hoy regreso
hasta aquella reunión y sus preguntas,
no sé si por un caprichoso azar de la memoria,
o si porque contraje esta pequeña deuda,
para conmigo mismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSupongamos.

¿Qué es ese Nolugar,
ese Jardín, Qué es ese Paraíso?
Parece en los relatos
un limbo insoportable de fantasmas,
un lugar en el cual no existe la inquietud,
porque no existe nada de lo cual inquietarse.
Y, dime, en ese caso,
¿a qué viene desear otra infancia,
una sabia vejez? La juventud candente,
dime, ¿a quién le importa?
Ahora bien, si ese Cielo,
fuese un trasunto nuevo de esta vida,
una nueva ocasión donde enmendar
nuestro propio fracaso, en el fracaso
total de la existencia; otro momento,
para poder decir lo nunca dicho,
otra noche en su cama hasta matarnos,
otro viaje, otro trago y otro precio,
ya veis, a fin de cuentas, otra vida
sin fin y sin castigos; en ese caso, pues,
poco me importa volver para ser niño
otras mil veces más, o regresar
como cualquier anciano, como un joven sin tregua,
porque regresaría incluso como un perro
tirado en la basura.

Pero de lo contrario no contéis conmigo,
pasad la página, apagad la luz,
conceded mi rincón a quien quiera ocuparlo,
y a mí perdedme luego,
en ese otro lugar en donde nada existe
y que es más viejo aún que el Paraíso.

 

 

 

 

LLENO DE RUIDO Y FURIA

En otra esquina más del laberinto,
una cualquiera, en otra arruga más
de la desfigurada cara de este mundo,
nuestros pasos se cruzan sin saberlo.

Alguien pierde la historia de su historia,
por no pararse a tiempo en un escaparate,
mientras, al otro lado de aquel mismo cristal,
alguien ya se ha dolido
de una definitiva carencia incomprensible.
En una calle anónima, un sujeto en la sombra
nos perdona la vida, después de haber pensado:
Hoy has vuelto a nacer, hijo de puta,
y el caminante próximo es la víctima.
Una voz al azar en un transporte público
no sabe, compungida,
explicarse por qué alguien sobre el que habla
estuvo en un lugar que jamás frecuentó,
en el instante exacto en que estalló la bomba.
Un teléfono suena,
en la casa vacía suena y suena,
y quién sabe qué vidas ya se han precipitado
en quién sabe qué pozos
de qué impensable noche.

A veces he querido
traducir ese rostro con expresión idiota
con que el mundo nos mira y lo miramos,
y termino contándome, idiota, alguna historia,
cuyo humor no he aprendido a traducir aún.
Ya saben: el coche mortuorio,
parado a nuestro lado, en el semáforo,
en el centro de un día que esplende, indiferente.
O aquella, tortuosa, de hospital:
un tipo muy contento, tras un feliz diagnóstico,
entra en un ascensor donde alguien llora.

 

 

 

Marzal, Carlos. Los países nocturnos. Barcelona; Ed. Tusquets, 1996.

 

LOS PAÍSES NOCTURNOS

Carlos Marzal

 

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Todo lo que ha empezado ya no importa,
lo que estrené dejó de interesarme,
regalos abiertos de nuestras ilusiones,
inocencia perdida a quién le importa cuándo.
El principio es el fin, y cualquier medio
para empezar de nuevo nos es lícito.
Las palabras se agotan al pensarlas,
los libros se terminan en sus títulos,
qué cansancio insistir, nos han anticipado
cuál será el desenlace de la trama.
No hay posible sorpresa, y lo que nos aguarda
son unos aburridos minutos de basura.

 

 

 

 

SANGRE JOVEN

Quiero tu sangre joven, que es querer
todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
De lo que me alimento
es de esa inútil sangre esperanzada,
de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
y que más nos valdría que no supieses nunca.
De esa manera, por obra de tu sangre,
creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
que te ha de suceder. Quiero esa risa
que aún no ha tenido tiempo de hacerse más prudente,
de pensarse dos veces si reír
es celebrar el mundo o lamentar su estado.
Envidio el que no hayas vendido
ninguna alma al diablo, y que bailes con él
a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
Juego contigo, porque no sabes reglas,
ni tan siquiera las de tu propio juego,
y mientras las aprendes
soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
Quiero la impunidad con que te entregas
a la tarea de vivir la vida,
sin paz, sin horizonte, sin infierno,
que son el argumento de las vidas ajenas.
Viéndote hacerlo, se diría
que desconozco todo lo que conozco.

Así es tu sangre.
xxxxxxxxxxxxxxxYa sabes lo que busco.
Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.

 

 

 

 

EL ANIMAL DORMIDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis García Montero

Has llegado en la noche,
como otras tantas noches,
hasta la casa apuntalada en sombras.
La puerta ha clausurado el alba amenazante,
y, tú mismo una sombra, te desvistes
con las voces aún y el sabor de esa noche
hurgando en la memoria.

La habitación todavía es más ciega,
y la invade, corpórea,
la familiar tibieza de una niebla invisible.
Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo,
junto al cansado cuerpo de su noche.
Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando,
con quién departirá
en la hora puntual de los demonios,
por qué tierras salvajes de los sueños
andará extraviada y sin echarte en falta.
Toda la suma de casualidades,
de planes no cumplidos,
de rutas postergadas, de incertezas,
y que llevan por fin hasta esta noche,
resulta un laberinto incomprensible.

Mientras rumias un violento deseo,
ella duerme a tu lado,
flota sobre las aguas del lago de la noche,
ajena a tus preguntas sin respuesta,
y su respiración, en esas aguas,
es el fiel testimonio de que hay vida,
de que aún no te has ahogado.

Qué está ella haciendo aquí,
qué estoy haciendo.
El lago no responde desde sus aguas frías.
No creo que mañana obtenga la respuesta.
Mientras tanto,
ya me he acercado al animal dormido,
su orilla me ha abrazado,
y sin más tiempo para pedir ayuda
nos hemos ido al fondo de la noche.

 

 

 

 

LA LLUVIA EN REGENT’S PARK

Debe de estar lloviendo en Regent’s Park.
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella luvia
que me purificó, caritativa.

En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.

 

 

 

 

LA MAGIA DE LOS DÍAS

La magia de los días no se encuentra
oculta en la excepción de nuestros días mágicos.
La magia no reside en las ciudades
que, mágicas, preserva la memoria,
porque en ellas vivió nuestro fantasma
y, en aquel tiempo ardido, ardió feliz.
No has de buscar la magia de tus días
en la noche feroz y su embeleso,
en citas victoriosas,
en batallas de cama hasta crucificarte.
La magia, en la aventura, es transparente,
y no hay que ser un mago para verla.
Las mañanas radiantes, los caballos,
los barcos que se pierden en la bruma
son mágicos por sí.

A través de los días, es casi imperceptible
la magia de los días. Vive en lo rutinario,
monótona y sin voz entre lo oscuro.
Lo mágico consiste en proseguir
con la respiración, aliento por aliento,
en la perseverancia que nos mantiene en pie,
en la conciencia absurda que nos muestra
como una inútil pieza prescindible
del engranaje absurdo de este mundo.

Es mágico el afecto renovado
que algunos nos profesan, y permite
distraer por instantes
el curso, enfurecido, de la vida.

Recuérdalo a menudo
-y recordar es mágico-:
recuerda que tus días
se esfumarán al fin entre tus dedos,
como por arte de una magia negra.

 

 

 

 

OMNIA SECUNDUM LITEM FIUNT

Contra nosotros mismos, y contra la idea
que de nuestro demonio hemos formado,
para que de él se sirvan los demás,
para que nos sirvamos. Contra la vieja sangre
que quiere destruirte. A contratiempo,
contra el tiempo, que ya se ha terminado
aun antes de empezar. Y contra las inútiles
lecciones del dolor. Contra el azar ya escrito,
inapelable. Y contra la ciudad de las ciudades,
que es la ciudad del alma. Contra lo que ahora olvido,
contra lo que podría recordar y contra
el fracasado propósito de esta enumeración,
que es encerrar el mundo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo es contienda,
todo nos duele y ya nos abandona,
y todo permanece y es lo mismo.

Salvar la piel un día es un milagro.

 

 

 

 

LA FIEBRE

Fue demasiado tarde desde siempre.
La bala de tu muerte está en camino.
No te ilumina el sol que te ilumina.
Ya has vuelto de los viajes no emprendidos.
Principio y fin están igual de lejos.
El orden y el desorden son lo mismo.
Debajo de la tierra sientes vértigo.
Esta calle te lleva a ningún sitio.
De lo que nunca has hecho tienen pruebas.
La fiebre es un certero sinsentido.

Anochece. Es de día. Y todo esto
otros, mucho mejor, ya lo han escrito.

 

 

 

 

CAUTELA

Tu infierno aún tiene un escalón no descendido.
Hay muertes que no has muerto todavía.
Por poco que imagines, si imaginas,
sabes que no has llegado tarde al infortunio.
Las fuentes del dolor no se han secado.
En el ojo del miedo aún hay más miedo.
Ni los tuyos ni tú estáis a salvo ahora
de todo lo que fuera está aguardando.
Aún puede hacer más frío. Aún hay más noche
dentro de la noche, y el desierto
se renueva detrás de aquel desierto.

 

 

 

 

EL SUR IRREPARABLE

Todos los sures adonde no has viajado
ya no serán el Sur, aunque los veas,
porque no has sido nunca,
a este lado de ti y en este espejo,
esos otros viajeros de ti mismo.
Y el Sur al que viajaste no es el Sur
adonde tú has viajado: se quemó
con lo que pudo ser y lo que ha sido.

Una idéntica hoguera de fuego irreparable
consume el desconcierto: hay mil caminos
por cada uno de los que emprendiste; hay mil noches
por cada noche memorable tuya; hay mil palabras
por las que tú has callado y las que has dicho;
hay mil rostros perdidos
por cada rostro que recuerdes hoy,
y ya no existe arreglo para nada,
ya nadie puede desandar los rostros,
o desdecir las noches,
o desencaminar cualquier palabra.

A este lado de ti y en este espejo
todo lo que sucede es para siempre,
todo lo que sucede es en el Sur.

 

 

 

 

DESPUÉS DE LAS NOTICIAS DE SU MUERTE
XXXXXXXXXX(J.G. de B.)

xxxxxxxxxxxxxx¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxL.C.

Qué curiosa, cuando muere un poeta -es decir,
cuando termina el tiempo del hombre que trazó
los versos de un poema que no muere en el tiempo-,
qué curiosa y qué estúpida
la forma en que la tribu lo despide.

Toda la estupidez habitual y la curiosidad
aumentan en su caso. Pues a quien los demonios
quieren perder, hoy día, no le otorgan desdicha,
ni amor insatisfecho, ni amor correspondido que se apague,
sino que lo convierten en carne de periódico.
Lo peor de la muerte no es nuestra muerte misma,
sino que nuestra muerte sea noticia
a juicio de unos cuantos. Quienes todo lo ignoran,
pero de todo escriben,
remueven las cenizas de no importa qué muerto,
en nombre de un deber para con sus lectores,
que nadie solicita. Esos que nunca leen, esos mismos
que piensan que un poema es la efusión de un tipo
que contrajo fiebres del sentimiento siendo joven,
en ciertas ocasiones -con cadáver por medio, si es posible-,
se descubren como incondicionales de la Literatura,
que escriben con mayúscula.

Toda la estupidez, repito, se acrecienta en su caso.
Por si no fuera poco el castigo diario
del diario papel de los periódicos, algún antiguo amigo,
antiguo compañero de aquel antiguo viaje,
aprovechó el momento para corroborar lo ya sabido:
que sólo los cobardes atacan a los muertos,
y que la estupidez es para algunos
el único caudal que atesoran los años.

Después de las noticias de su muerte,
su muerte era noticia -parecía-, a pesar de su obra,
y no gracias a ella. Al fin y al cabo, sólo su enfermedad,
o su reputación de bebedor, o lo que fornicaba,
interesaron a la gran mayoría a quien nada interesa.

De esta crónica extensa se desprende
-querría desprenderse- un deseo futuro,
que quizá algunos cuantos sí compartan,
aunque no todos tienen derecho a compartirlo.
No ayuda a bien morir, sino a no ser estúpido
en la muerte de otros.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando muera un poeta
-es decir, cuando termine el tiempo
de quien trazó unos versos que al tiempo sobreviven-,
quienes lo conocieron,
pero no lo apreciaban, que callen y demuestren
el respeto que a los muertos se debe;
que sus viejos lectores agradezcan
la eternidad privada de su propia memoria;
y que el resto, es decir, casi todos,
nos hagan el favor de estar callados,
pues, si algo necesitan los poetas
-y los poetas muertos siguen siéndolo-,
es que se callen en las ocasiones
los que siempre callados estuvieron.

Y para terminar, que quien dio pie a estas líneas
pueda gozar en muerte lo que la muerte debe
tener de recompensa:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno escuchar a los vivos,
incluida esta crónica.

 

 

 

Marzal, Carlos. Los países nocturnos. Barcelona; Ed. Tusquets, 1996.

 

LA PLATA DE LOS DÍAS

abril 16, 2013 2 comentarios

La plata de los días

 

Hacía tiempo que no releía este libro de Vicente Gallego, pero llevo un par de semanas enganchadísimo con él –qué quieren que le haga, cada uno tiene sus propias degeneraciones–, repaso algunos versos obsesivamente y releo varios poemas compulsivamente. Aquí dejo varios de ellos.

 

EL PARAÍSO TERRENAL

Es esta la mañana
del día más hermoso, el sábado.
No debo trabajar, y he madrugado.
Después de ese placer
intenso y cotidiano que es el pan recién hecho,
he salido a fumar a la terraza.
El mismo sol que vio correr mi infancia,
que iluminó los días de mi vida y los convierte hoy
en una sensación luminosa y ardiente,
ha empezado a lamerme las heridas,
su saliva amarilla va manchándolo todo,
y a lo lejos el mar, igual que un carrusel,
pone en marcha su rueda de reflejos.
He encendido la pipa,
ese humo me eleva, me acomoda en la calma
que ahora mismo es el día, y soy casi feliz.
La mañana se exhibe y me confirma
que el mundo es un lugar inmejorable
para ser muy dichoso, que si hubiera sabido
reunir las monedas con que comprar mi tiempo,
y comprar esas cosas que a menudo le faltan,
hoy mi tiempo sería un paraíso,
porque todo se compra, o casi todo:
la libertad, los cuerpos, el descanso, la fiesta,
la emoción del viaje, la emoción
de la música, todos esos placeres
que están en venta y son del alma.
A menudo los sábados –temiendo que muy pronto
será lunes de nuevo y tendré que vender
mi tiempo al enemigo para seguir viviendo,
para seguir soñando con la belleza en vano–
me atormenta pensar que aún es posible,
que el único paraíso en el que yo he creído
sigue estando en la tierra, y que la llave son
unas simples monedas que la suerte
se resiste a poner en mi camino.
Mis mañanas de sábado tienen algo de lunes,
porque a veces las pierdo imaginando
cómo sería el mundo cada día
si yo hubiera sabido reunir
dos cosas tan corrientes:
juventud y dinero al mismo tiempo.

 

 

 

LUNARIO SENTIMENTAL

Esta noche la luna es cada luna
que yo he visto en la noche,
las que leí en los libros,
y también esas lunas que todavía espero.
A partir de una edad, la memoria
va cargando las cosas con su propio pasado,
ese peso de sombra las agranda,
les añade estatura
y, una vez aumentadas, las proyecta
en la frágil pared del corazón.

A partir de una edad, que va siendo la mía,
la vida se convierte en una brasa
que pisamos descalzos,
una hermosa tragedia con su tiempo solemne
donde cada segundo, cada mínimo gesto,
va adquiriendo el fervor que le contagia
el saber que tenemos nuestras lunas contadas.

Esta noche la luna es muchas cosas:
es un disco que alberga mi memoria
y en el que a veces suena
lo que voy conservando de esperanza,
y es también,
ingerible y prensado como en una pastilla,
cuanto queda en mi mundo de alegría y tristeza.

Esta noche la luna es estar vivo,
aún, después de todo.
Y parece motivo suficiente
para que un hombre tiemble de emoción.

 

 

 

LA LLAMADA DE LA SELVA

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me tiraba del brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,
que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.

 

 

 

LAS ÚLTIMAS CENAS

Lo que ahora nos une es una fecha
pactada cada mes, poco más que un esfuerzo
por seguir la amistad. Lo que ahora nos une
no es aquel entusiasmo, esa antigua alegría de estar juntos.
Y cuando os digo esto me salís
con que las cosas cambian, con que a todos nos pesan
otra edad y otros frenos: las mujeres, los hijos,
madrugar, el trabajo; hasta a veces el hígado de alguno
se interpone en los planes
con que aún procuramos engañar la ilusión.

Ha llegado muy pronto ese momento
que juramos mil veces retrasar, este momento
en que estar entre amigos es hablar con nostalgia
de lo que fue en su día ser amigos;
y en estas cenas frías de los jueves
todo el mundo recuerda aquellas cenas
gloriosas de los sábados. Se iluminan los ojos
con las viejas historias –esas locas hazañas,
con alcohol y mujeres, que hoy parecen ajenas y propician
una dulce arrogancia en las voces de todos–,
y renace el orgullo en cada uno
por la amistad del otro, cuando recuerda alguien
aquel honor de hombres agraviados
que defendimos juntos ciertas noches
peleando. Y entre tantas victorias
–recordamos ahora con la sonrisa triste–,
llegamos a pensar que también venceríamos
sobre el destino incluso, sin saber que el destino
no se rinde a la fuerza ni al empeño,
ni que tantos propósitos en las cenas del sábado,
todo aquello que íbamos
a hacer con las mujeres y la vida,
sería más bien esto que los jueves
no deja de asombrarnos que hayan hecho
la vida y las mujeres con nosotros.

 

 

 

MIS TERRORES FAVORITOS

No le temo a la muerte, lo que temo
es sólo el deterioro, que nos niegue
su favor nuestro cuerpo y así haga
que todos los favores se nos nieguen.
Aunque a veces asuste o importune
hay grandeza en la muerte, pues sin ella
este mundo sería como un juego
donde no se permiten las apuestas
y no importan victorias ni derrotas.
Yo prefiero los juegos peligrosos
porque el riesgo es la puerta de la gloria,
y el temor a perder, la garantía
de que no cabrá el tedio entre las reglas.
No le temo a la muerte, lo que odio
es sólo el deterioro, que la vida
nos inyecte en la vena sin reservas
esa droga del juego, y que enseguida
nos condene sin cartas a mirar
cómo siguen los otros la partida.

 

 

 

AJUSTE DE CUENTAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Abelardo Linares

Te llamamos Deseo, y ese nombre
va encubriendo tu alma de canalla.
Se ha escrito que por ti se mueve el mundo,
y es posible que el mundo a ti te deba
sus andares grotescos de borracho.
Tienes fama también de constructor,
pero no has levantado ni una choza
sin derribar primero un edificio.
Tu pasión verdadera son las ventas,
y todo lo que vendes lleva oculto
un preciso reloj con dinamita.
Con algunos has sido generoso,
mas tu gesto recuerda al de ese tipo
que regala heroína en un colegio.
Hay incluso quien piensa que eres bueno
porque ve que fomentas la ilusión:
y el malestar, el daño, la impotencia.
Por tu poder podrías ser un dios,
el budismo te tiene por demonio,
como demonio tientas implacable
e implacable condenas a un infierno
al que cree en tus promesas de tramposo.
Y encima tu oratoria te ha buscado
un extraño prestigio entre poetas
que te tratan de forma piadosa:
impío hijo de puta que jamás
tuviste compasión de mi cansancio.

 

 

 

ÉCHALE A ÉL LA CULPA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Álvarez y Carmen Marí

Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.

Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso…
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.

Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.

Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
–ese tipo grotesco y marrullero–
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.

 

 

 

LA HISTORIA INTERMINABLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Marzal y Felipe Benítez Reyes

La discoteca flota como un barco,
y tú tomas pastillas con alcohol.
Todo el mundo lo sabe,
todo el mundo te mira de esa forma,
y tus propios amigos ni se enteran.
Estás sudando, tiemblas, los dientes apretados,
los pómulos ardiendo, y las pupilas
desenfocan un mundo de penumbre y de brillos.
Tú sabes que te espían, disimulan muy mal,
aunque bailen lo sabes,
aunque algunos retiren la mirada
cuando a veces los retas con la tuya.
Es preciso que escapes hacia el baño
y procures andar con cierto aplomo:
como hienas escrutan en tus gestos
cualquier debilidad.
No puedes orinar, el prepucio te escuece,
y sientes en el pene un cosquilleo
que te hace pensar en las hormigas
y desear a muerte a una mujer.
La cabina cerrada te protege un instante,
la música te llega desde el centro
de tu propio cerebro, y puedes escuchar
cómo crece ese odio que te tienen.
Buscas otra pastilla en el bolsillo,
es amarga y redonda como el odio,
y sigues escuchando claramente
todas y cada una de las conversaciones
de esa gente sin alma que te mira.
Todos hablan de ti, y tú sigues oyendo
cómo suena el desprecio, y qué extraño ruido
hace el asco al crecer en sus entrañas.
Sales luego a la pista, disimulas bailando,
tus amigos te miran y sonríen.
Empiezas a temer una traición.
Dirías que tu alma es una rata
completamente abierta a la luz de un quirófano,
todos hurgan en ella,
y hasta sientes el frío de las pinzas
que rebuscan con asco en su interior
una prueba que firme tu sentencia.
Si te marchas a casa han de seguirte,
ya lo han hecho otras veces,
bucean en el whisky que te bebes
y aprenden a vivir entre tus tripas
cual si fueran pirañas en un río de sangre.
¡Si arrancándote el tímpano
se apagaran sus risas, las palabras de burla,
ese ruido que hace al crecer el desprecio!
Quisieras que la tierra te tragara
y sueñas con insectos sin dormir.
Estar vivo te asusta, y te envuelve
esa cosa terrible que es el miedo
cuando nace de dentro de sí mismo
sin motivo ni causa, ese miedo que es miedo
a que el miedo te venza. El verdadero miedo
que es ahora otro ruido en tu cabeza.
Tomas otra pastilla y te deseas suerte:
sabes que alguna esconde un paraíso
en el que tú has estado muchas veces,
y serías capaz,
por volver a encontrarlo un solo instante,
de pasar mil infiernos como éste.
Intentas convencerte de que todo es mentira,
de que el odio y la burla, el desprecio y el miedo,
son sólo paranoias
que habrán de esfumarse, como las otras veces,
con el día que llega.
Pero el infierno crece alrededor de ti
y su hedor contamina cada palmo de aire.
Ya no pueden tardar, parece que se animan
los unos a los otros, y tu cara de imbécil
les exige venganza. Ojalá ya no tarden.
Que te escupan ya pronto uno por uno
en el centro del alma,
porque en esa saliva corrompida
podrás lavar de nuevo
el asco que ahora sientes de ti mismo,
y esperar a otro sábado,
y volverlo a intentar.

 

 

Gallego, Vicente. La plata de los días. Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

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