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Posts Tagged ‘canciones para el día de después’

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXXVII)

Quiero agradecerle públicamente a Antonio Aguilar que quedara conmigo hace unas semanas y, con un café de por medio, me regalara un ejemplar de su último libro, ‘Canciones para el día de después’ (aquí pueden leer una de esas joyas que pertenecen al libro y que ya subí hace algo más de un año).

 

 

CANCIÓN DE LA MUCHACHA DE PROVINCIAS

 

CANCIÓN DE LA MUCHACHA DE PROVINCIAS

Cae la noche y se suceden las señales.
Tom Waits se deja la garganta
en la canción de una muchacha de provincias
que llega a la ciudad
con un bolso barato y veintinueve dólares
que guarda en el sostén.

¿Y si la vida fuese como en las autopistas?
¿Y si el tiempo dijera ve despacio
o ahora puedes regresar a casa,
solventar tus problemas
o, tal vez, para aquí, descansa, come,
protégete del frío?

Pero el hombre que toca en el piano
la canción de la chica de provincias
está borracho,
xxxxxxxxxxxxxxy ya es de noche y hace tiempo
que abandonaste la autopista.

Tal vez lo empiezas a sentir ahora,
en esta noche en la que se suceden las señales,
pero aún no le has puesto nombre.

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

ENTRE EL AGUA SUCIA Y EL POLVO DE UNA VERDAD CUALQUIERA

 

AÑO DE NIEVES

Recuerdo cómo empezó a nevar,
los colores se habían refugiado
como el zureo sordo de palomas
en las cornisas del ayuntamiento.

Hacía mucho frío,
tenía entre mis manos
sus manos blancas y pequeñas
como caídas desde el cielo.

Aquella imagen era tan perfecta,
constelaciones de la nieve
por la calle del Arenal,
pequeños copos geométricos,
figuras imposibles
de la etérea arquitectura
de los sueños posibles.

Quizás entonces no entendimos la lección,
aquella nieve que al momento era tan solo
algo sucio y terroso,
un charco, un río de agua turbia,
que se colaba por los sumideros.

 

 

 

 

CANCIÓN DE CUNA

Su verdad se desgrana
como una gran mentira,
los días, las palabras
erosionan el mundo
que sale de sus labios.

Ya no hace sol, es frío
el día en que empezó
a hablar, es tan pequeña,
tan grande la mentira
a la que había ido
dando forma, que tuvo
que estallar, que romperse,
que hacerse mil pedazos.

Aquella misma historia,
los detalles confusos,
las mismas fechas,
como si todo hubiera de ser
verdad, como si el undo
necesitase nuestra
pobre y triste verdad.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL MIEDO
(Balada del tío del saco)

En su voz, el tono ajeno y frío
de sus palabras, la manera de decir
esto te hará más fuerte,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxo ven ahora,
la noche cae como un árbol destazado.
Fue la tormenta, fue el cansancio, la desidia
y no fuiste capaz de presentirlo.

Entonces me sentía igual que cuando
era pequeño, una criatura desvalida
que ha perdido la mano de su padre
en el marasmo de los grandes almacenes.

Era el miedo a que nadie nos quisiera,
ni siquiera nosotros mismos.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL SOLAR EN OBRAS

Ahora anidan los vencejos en el ala
de los andamios,
crece la madreselva entre las vallas
de la publicidad.
Miras absorto el alba,
el ajetreo del mercado
en las proximidades.

¿Qué te deparará este día?
¿Qué nueva y venturosa construcción
anidará en el solar?
¿Quién te amará que no seas tú mismo?

 

 

 

 

LA noche tuvo entonces su silencio propio,
los años, algo parecido a una habitación
vacía, huera, con total seguridad
deshabitada.
xxxxxxxxxxxxxPudo haber sido diferente,
han pasado diez años,
la mano aprieta en el recuerdo
la fruta verde en su sazón.
Ahora entre los dedos, ya sin rabia,
cae el polvo de una verdad cualquiera.

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

CANCIONES PARA EL DÍA DE DESPUÉS

 

CANCIÓN DE BIENVENIDA

Se levantó y apenas hizo ruido.
Arrastró su maleta hasta la puerta.
Un tropel de caballos negros cercenó
la luz de la mañana.
En esa luz sin alba
no fue capaz de descender al hades
detrás del sueño de una eurídice cualquiera.
Fue un instante. De pronto la ciudad
con sus corceles se hizo dueña
del cielo y del infierno,
y una luz recorrió aquel otro cielo raso
con su fulgor.
xxxxxxxxxxxxxxAún quedaba un rato
antes de que sonasen las alarmas,
y ya no pudo conciliar el sueño.

 

 

 

 

LA BELLEZA DEL MARIDO
(Anne Carson)

De contar nuestra historia,
me dije, debes ser honesto, ser indulgente
en la medida en que esta
también es suya, la mitad que nadie
va a contar, la mitad de cada línea
que ahora duerme en otro cuarto
de otro poema de otro libro.

De hacerlo, dije, inventa un nombre,
una ciudad, escribe en la tercera
persona de los cuentos,
una distancia, dije, que te sea
si no un peso liviano al menos
una carga que puedas soportar,
sé indulgente con ella, dale el aura
de la inocencia, di que al menos
no supo lo que hacía.

 

 

 

 

CARACOLAS

Filtré la arena de la playa entre los dedos
para encontrar los pecios del naufragio,
pequeña caracola rota,
caja de música inservible.

Ya no guardaba la canción del viento,
era la boca desdentada del oráculo.

 

 

 

 

EL MAPA

De pronto tienes que construir un mapa,
doblar la superficie del papel
de tal manera que parezca viejo,
dibujar unas manchas de café,
el trazo de los dedos,
cruces, un punto de partida, extrañas
complicaciones que llamar el tiempo
pasado, el tiempo que vivimos.

Pero un mapa también
debe tener sus puntos cardinales,
no lo olvidas, un punto al menos
al que poder llegar, de noche,
con los ojos cerrados
como quien vuelve a casa.

 

 

 

 

CANCIÓN DE LOS PERROS

Es un lebrel y corre por mi cuerpo.
noche tras noche.
Dentro de mí sus fauces,
el jadeo continuo.

Perro que muerde a quien le ladra,
a quien le tira piedras
por los tejados,
con un anhelo sordo, eco del eco
de su voracidad.

No atienden a la tregua
sus ansias, ni el dogal
doblega su apetito.

Y te ahoga. Con los labios
romos de tanto amar la noche,
no aguarda a las cenizas,
y te ahoga y con qué suplicio.

 

 

 

 

HABITACIÓN DE HOTEL

Imagina un paisaje sórdido,
una calle de extraños ventanales,
de ojos oblicuos.

Piensa en Edward Hopper,
en una luz marina, en una carta.

La esperanza no tiene otras premisas:
nace como una flor,
como una flor se pudre.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL FRÍO

Es como ir sobre un campo
agostando la nieve pura,
hollada apenas por los pies
de quien bajo la luz del alba
se ha levantado entumecido
a por leña.
xxxxxxxxxxxDespacio entra en calor,
los árboles con líneas
como hilos de antracita
dibujan una forma
de soledad aún no conformada.

Mandelstam, dices,
o ese relato en el que el joven Boris Pasternak
visita al moribundo Tolstoi
en el frío de Rusia.

Es algo así, sin forma,
como el olor profundo del café,
una promesa de la luz,
de que será algún día primavera
y de que entre las ramas volverá
a anidar nuevamente
lo que no es decepción,
ni hastío, ni derrota.

 

 

 

 

LAS PALABRAS ERAN EL LÍMITE

En el jardín, aún recuerdas
el día, estaba oscuro, las palabras
eran el límite.
Intentas recordar los nombres.
La luz de la mañana es limpia
pero hace frío.
No encuentras una forma para todo,
nadie podrá decir así pasó,
estas fueron las cosas que pasaron,
ya nunca más,
o al menos nunca más de esta manera.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL OTRO

Mi nombre era otro,
otra mi casa,
otra la forma en que la luz
incidía en mis manos,
la canción, las palabras otras,
otra la melodía, la cadencia,
otro el ritmo, la música,
el tropel de los coches,
la rotación del alba,
otro mi amor,
otro mi cuerpo,
la forma de mi entrega,
otro este yo,
la segunda persona,
la tercera, la cuarta.

 

 

 

¿POR QUÉ ahora volver sobre estas cosas?
¿A quién complace esta canción de párvulos?
¿Este poema, por ejemplo,
por qué escribirlo?
¿Por qué abrir la pequeña caja de tormentas?
¿Quién la mira?
¿Qué entomólogo fija sobre el corcho blanco
las dimensiones del insecto?
¿Qué interés?
¿Quién necesita sobre el tacto amar
la cicatriz, sentir que ya eras otro,
fuerte y bello como un insecto acrisolado?

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

‘ANNE CARSON’, DE ANTONIO AGUILAR RODRÍGUEZ

agosto 10, 2018 1 comentario

 

ANNE CARSON

xxxxxI

Estás leyendo La belleza del marido
de Anne Carson,
y anotas para un libro cosas sueltas,
frases, ideas, por ejemplo:

Su telegrama (al día siguiente) decía
xxxxxxPero no llores por favor
nada más.
Cinco palabras por un dólar.”

O el título del tango séptimo:

PERO iPARA iHONRAR iA iLA iVERDAD iQUE iES
LLANA Y DIVINA Y VIVE ENTRE LOS DIOSES DE-
BEMOS (CON PLATÓN) iINVITAR iA iBAILAR A LA
MENTIRA iQUE iVIVE xALLÍ xABAJO xENTRE xLA
MASA iDE iLOS iSERES iHUMANOS iTRÁGICOS Y
TOSCOS

Aquí has dejado el lápiz,
son tantas las palabras que podrías
subrayar: “La primera.
Hay algo de filo nuevo y ardiente en la primera
infidelidad conyugal.
Taxis para arriba y para abajo.
Lágrimas.
Grietas en la pared que recibe el golpe.
Luces encendidas hasta altas horas de la noche.
No puedo vivir sin ella.
Ella, la palabra que estalla.
Luces todavía encendidas de mañana.

O cuando lees,
casi al final del libro:
Esperando el futuro y a los dioses,
marido y mujer descansaron,
como descansan los jugadores transgrediendo
las reglas del juego,
si fuera un juego, si conocieran las reglas,
xxxxxxy lo era y las conocían“.

 

 

xxxxxII
(Variación sobre el final de un poema de Anne Carson)

Si esto fuera una enfermedad.
Si esto no fuera una enfermedad.
Y lo era.
Y no lo era.
Y estábamos.
Y no estábamos
enfermos.

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

PRESENTACIÓN DE ‘CANCIONES PARA EL DÍA DE DESPUÉS’, DE ANTONIO AGUILAR

 

Esta tarde, a las 19:30, en la librería Diego Marín de Murcia, se presenta el nuevo libro de Antonio Aguilar Rodríguez, ‘Canciones para el día de después’, publicado por la editorial Huerga & Fierro.

 

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