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‘LO SECO’, DE ISABEL BONO

 

los buenos salvajes

nos dolía el vientre de tanto pensar

sólo pensábamos en hacer daño
en llamar a los timbres
en levantar las faldas de las niñas
en tirarles los altramuces
en saltar tapias para robar limones
y después arrojarlos al suelo con desprecio

yo era el peor de todos
aunque llevara un lazo atado en la melena
yo sabía a qué hora jugaban a los cromos
y en qué portal

yo incitaba a los niños a las mayores fechorías

así perdí la posibilidad de tener amigas
y gané fama de salvaje
la niña con gafas que no le temía a nada

 

 

 

 

nadie dijo que escapar fuera fácil

aprendíamos sin querer
a vivir con lo puesto
la piel las uñas los sentidos

con los años aprendimos
a vivir con lo impuesto
el miedo el dolor la pena

 

 

 

 

nido de abeja

éramos uno a la hora de la siesta
el grito ahogado
un enjambre de malas intenciones

nos unía la monotonía de la luz

morían las farolas a pedradas
morían los insectos, morían los perros
pero nunca relacionamos aquello con la muerte

murió una niña

supimos de golpe
que un día estaríamos todos muertos
que un día se acabarían las ganas de hacer ruido
y el vértigo de no saber, de no entender
qué era la vida

al salir de la iglesia
fuimos uno a la hora de reír, y reímos
el resto del verano
sin mirarnos a los ojos

 

 

 

 

nostalgia de futuro

nos alimentaba la luz de las farolas
nos alimentaba el dolor
de no saber qué predecir qué sería de nosotros

si las casas seguirían en pie
y nosotros sentados,
si debíamos o no apuntalar cada recuerdo

nos alimentaba el desconcierto
y la tierra negra de las uñas
ya para siempre en el estómago

veranos de escalones
donde se gestaba el futuro
y el futuro no llegaba,
llegaban las tardes
escupiendo a nuestros pies
las cáscaras del tiempo

nadie notaba que crecíamos
al margen de los días

 

 

 

 

nunca supe donar sangre sin temor al desmayo

jugábamos a apedrear a las niñas
para ver manar su sangre de una ceja

jugábamos a comer tierra
a descabezar escarabajos
a perseguir murciélagos
a escondernos en armarios ajenos
y en portales muy oscuros

la luz nos dolía

jugábamos a pincharnos
con hierros oxidados
para demostrar nuestro valor
y a quedarnos muy quietos
frente a un espejo
que nos devolvía a la nada

jugábamos a estar muertos
jugábamos hasta morir

 

 

 

 

qué poco hemos cambiado

xxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxy agosto era invierno
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFernando Fernández Freijo

ya no te acuerdas
pero siempre hacía frío

se nos helaban las rodillas de esperar
se nos helaban las palabras en la punta de la lengua
porque a nadie interesaba nuestro miedo

crecíamos a lo loco, en silencio

éramos zarzas en los descampados
éramos zarzas en los escalones
el mármol nos alimentaba

éramos zarzas entre las zarzas

y las palabras ahí, detenidas
y el frío ahí, para siempre

 

 

 

 

qué tarde fue siempre para todo

pasado era los restos del desayuno
sobre la mesa del patio a merced de las hormigas

presente no había
la vida era flotar,
el murmullo sólido del agua
rozando las púas moradas de los erizos

futuro era la ducha en el jardín
antes de la merienda

el agua nunca volvió a ser más limpia
ni mi cabeza tan hueca

con el tiempo, aprendimos
a guardar las distancias
a guardar la ropa, a no nadar
a hundirnos con prudencia
sin sobresaltos sin drama
sin tiempo para tomar aire

a partir de ahora
cada uno será responsable de su dolor,
oímos decir

 

 

 

 

quiero despertar ahora, pensaste

alguien gritó tu nombre
y al volver la cabeza, comenzó a llover

 

 

 

 

si el miedo era el mismo, ¿qué nos separó?

para sacudirnos el miedo
hablábamos de otras calles
del tiempo que tardaríamos
en conquistarlas

ahogábamos la risa
en portales oscuros y ajenos
después de apedrear una farola

adivinábamos el futuro
en el eco del ladrido de los perros

 

 

 

 

todo ahora ya (y para siempre)

alguien me oyó decir
quiero ser ese niño
que limpia sus labios de arena
en los puños del jersey

ese otro
que abandona sus zapatos en la orilla
despreocupado

esa niña, vestido al viento
que no sabe de modales
que grita incansable

quiero ser esos niños
que corren por la playa

no uno, todos

 

 

 

 

una tarde cualquiera

llegó el futuro

y eché de menos la tierra
bajo mis pies

 

 

 

Bono, Isabel. Lo seco. Madrid; Bartleby editores, 2017

 

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SEÑALES Y MUESTRAS

 

INCITACIÓN

Escapémonos, huyamos a los cómplices
días de la niñez. Perdámonos inertes
por los intensos vértigos de la piel insabida.
Confundidos, al no encontrar los nombres
para tanto esplendor, inventaremos fórmulas
de un idioma secreto: como antes.
Extraviémonos por la gran pesadilla
de la noche. En los negros pasillos
del horror insistamos hasta que el fiel desmayo
—dobladas las rodillas— nos socorra.
Ven. Miremos por toda bocallave
que encierre algo prohibido,
gravemente matemos mariposas vidriadas,
pisoteemos seda, desgarremos la gasa
que nubla las magnolias,
y la desobediencia sea privilegio nuestro.

 

 

 

 

CHICO WRANGLER

Dulce corazón mío de súbito asaltado.
Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asiente en una boca
y en sus jugosas sedas se humedecen.
Porque una camiseta, incitante señala
de su pecho, el escudo durísimo
y un vigoroso brazo
de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas
dentro del más ceñido pantalón,
frente a mí se separan. Se separan.

 

 

 

 

FESTIVIDAD DE DULCÍSIMO NOMBRE

Yo te elegía nombres en mi devocionario.
No tuve otro maestro.
Sus páginas inmersas en tan terrible amor
acuciaban mi sed. Se abrían, dulcemente,
insólitos caminos en mi sangre
—obediente hasta entonces— extraviándola,
perturbando la blancura espectral
de mis sienes de niña cuando de los versículos,
las más bellas palabras, asentándose iban
en mi inocente lengua.
Mis primeras caricias fueron verbos,
mi amor sólo nombrarte
y el dolor una piedra preciosa
en el tierno clavel de tu costado herido.
Flotaba mi mirada en el menstruo continuo
del incensario ardiente y mis pulsos,
repitiendo incesantes arrobada noticia,
hasta el vitral translúcido, se elevaban.
La luz estremecíase con tu nombre,
como un corazón era saltando entre los nardos
y el misal fatigado de mis manos cayendo,
estampas vegetales desprendía
cual nacaradas fundas de lunarias.
Párvulas lentejuelas entre el tul,
refulgiendo, desde el comulgatorio
señalaban mi alivio.
Y anulada, enamorada yo
entreabría mi boca, mientras mi cuerpo todo
tu cuerpo recibía.

 

 

 

 

QUÉ SERÁ SER TÚ

Qué será ser tú.
Este es el enigma, la atracción sobrecogedora de conocer,
el irresistible afán de echar el ancla en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

 

 

 

 

EL EQUILIBRIO

La minúscula hierba iretorna isu imolécula de oxí-
geno al aire que nos obstinamos en degradar.
La poesía es un vendaval de aire puro en nuestras
existencias irrespirables.
La iminúscula ihierba imuere, pero su polen es in-
destructible.
La ipoesía ino ievita iel idolor, ipero ino iconsiente
que sea infructuoso.
En este perpetuo nivelar, ila ihierba silenciosa y la
poesía con su iverbo iarrebatado afirman su única
y extrema razón.
Y así como la hierba siempre encuentra un resquicio para crecer,
la poesía rompe sellos y violenta arcanos para enraizar poesía
donde no hay poesía,
para que haya poesía.

 

 

 

 

NOMBRE COMÚN

Decimos, escribimos: amor.
Por amor, con amor, de amor, decimos.
Lo hacemos.
En nombre del amor, pretendemos explicar,
pretendemos disculpar, pretendemos domar
instintos, tempestades y desdichas.
Pretendemos curar, corregir,
mover el universo,
encerrarlo en sus escasas letras.
Amor, decimos.
Y en esa breve cáscara caben sacrificio, lascivia, ternura,
fraternidad y deseo.
Caben lo sagrado y lo ilícito.
Caben Dios, Patria y crímenes.
Caben cobardes excusas y novelas baratas.
Caben obras magníficas, anulación y orgullo.
Caben generosidad y locura.
Caben razones, desolaciones y quimeras.
Cabe santidad y cabe engaño;
caben desinterés, soborno, llama, lumbre,
paraíso y ruina.
Muerte y vida, caben.
La grandeza de espíritu,
la servidumbre del cuerpo, caben;
la unidad con el todo y la fracción del pan.
También caben batallas en campos de edredones
o a punta de pistola.
La fiel dedicación a la propia tarea,
el trabajo de la paciencia y la bondad, son amor;
y la voraz mirada de las madres.
Amor es llamarada con su destrucción purificadora
y su regazo cálido.
Amor es un corazón sangrante.
Amor es el eslogan para rosas, bombones,
o brindis con champán a la luz de las velas
o la luna.
Amor dicen vender rufianes y santeros.
Amor confían tener quienes compran diamantes,
viagras y cierta lencería.
Amor prometen horóscopos, donjuanes,
agencias y libros de autoayuda.
Amor decimos pero qué decimos
con ese usado, manoseado, banalizado,
degradado, profanado, sobrevalorado
y milagroso nombre.
Decimos el nombre más común
y sin embargo, amor,
el amor, al igual que el mercurio
que la alquimia trasmuta,
se estrena, radiante y virginal,
cada vez que lo decimos,
lo escribimos
o lo hacemos.

 

 

 

 

EXISTENCIAS TRASVASADAS

Ni de aquí ni de allá; de allá y de aquí.
Las iorillas iestán iimpregnadas por lo recordado y por
lo que vendrá; como fronteras fundidas entre distintos
accidentes. Como hilos de un tapiz maravillosos; como
el idibujo ide iun abanico cerrado, en nuestras existen-
cias traspasadas se superponen los márgenes.
Con el peso de las imochilas ifijando inuestra iprecaria
estabilidad, pretendemos enraizarnos en otros lugares,
pertenecerles. iPretendemos adentrarnos en la corrien-
te como el agua en el agua.
Sin iembargo, ial iintroducir ilas iprendas ien armarios
ajenos, ifingimos irecobrar iel iolor idel ihogar perdido;
fingimos ireproducir xcon iraros iingredientes isabores
familiares; ifingimos ireconocernos ien nuestras identi-
dades reinventadas; fingimos despertar en las palabras
nuevas, emociones remotas.
Sin embargo, nos apiñamos en las afueras.
Nuestras viviendas están en las afueras, en las carrete-
ras que se extienden hacia el lugar que dejamos.
Como si estuviéramos siempre a punto de partir.
Como en la cena de una pascua interminable.
Como en las vísperas eternas del éxodo.

 

 

 

Rossetti, Ana. Señales y muestras (Antología 1980-2016). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

CALIGRAFÍA DE LA NECESIDAD

Escribe Alejandro Céspedes en la contraportada de este último libro de Cecilia Quílez: “Dueña de una personalísima escritura, (…) nos adentra con sus versos en esta larga canción de soledad que es Caligrafía de la necesidad, (…) un libro que es como un fado que se entona con el aliento áspero de una mujer que aparentemente camina hacia el destierro y tiene la fiereza del combate como única aliada. La música de ese cuerpo solitario remolca su ficción sobre las páginas lo mismo que un señuelo para que el lector pueda seguir el rastro de una sombra que siempre la antecede. El dolor va cayendo cual piedra atada a los pies de un cadáver y, palabra a palabra, nos seduce y arrastra con ella a donde vaya. La sombra, por el contrario, solo es el subproducto de un cuerpo iluminado y la poeta, que lo sabe, hace que la oscuridad nos mire de continuo frente a frente y que, dentro, en el vacío inmenso de sus ojos, nos conciba y consuma. (…) Cuando un libro perfuma, hiere y sacia con versos como los de Caligrafía de la necesidad, es “para que no podamos dejar de preguntarnos para quiénes sirven las respuestas”.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

Y si la bestia fuera yo
Y todos los inviernos
Fueran inocentes
Días
Decidme
Haced un bello panteón
Con este insoportable
Rigor mortis
Mirad las calaveras
Muertas de risa Muertas
No hay óleo
Que alivie el ser no siendo
La tortura
Está marchita en otra hoja
Noto a la bestia aquí
Me hace sangre
No es suficiente
Aún no he podido escribir
Cómo asesinarla

 

 

 

 

NO hay motivos
Para endulzar el pasado
Tanto homenaje
Por lo que fue
O pudo ser
Qué me dicen de los que aún
Siguen vivos
Bajo tierra
Esta tontería de la modernidad
Nos está acabando
Cavando
A todos
Proclamen en su patria los insumisos
Tres versos universales
Y un caracol
Quién necesita un juglar
Para tanto cementerio

 

 

 

 

LOS poetas sueñan de pie
Sin somníferos para el verbo
Sin Gato Perro Pájaro
O dioses protectores
Pueden sentirlos Olerlos Verlos
Pero no hagan ruido
Tampoco hurguen en los poetas
Déjenlos en sus alucinaciones
Maldiciendo entre dientes
La catástrofe
De los miserables
No los traicionen
No revelen sus armas
O la voluntad de cada uno
Habrá tocado fondo
Ellos hablarán sin miedo
Siempre de pie
Cuando despierten
Y después de muertos

 

 

 

 

NO explicar (se)
No justificar (se)
No responder (se)
No terminar (se)
No esperar (se)

x

Olvidar
xxxxxxx(ser)
El poema
Y volver a escribirlo

 

 

 

 

QUÉ hacer
Porque estoy desolada
La palabra no sale
Tengo que obligarme
Mirar
Escuchar
Pensar
Pensar qué hacer
Tiene sentido
Preguntar qué
No hacer es no vivir
Qué hubiera hecho
Una boca
Mientras balbucía
La palabra Soy
El caudal de lágrimas
Contenido
Por el error
El horror
Qué hacer
Vivir
No hay más
Para el desencanto
Solo eso
Pero hacer

Morir debe esperar

 

 

 

 

NO te acabé de llorar
Por eso
Las paredes estuvieron tristes
Y tu perro envejece
Y tú envejeces
Es hora
De que yo también lo haga
Nunca quisiste preguntar
Por qué cantaba
Amé en silencio
Esa polilla agonizando
En tu garganta

 

 

 

 

OH god
No hay medida
Su brazo Sus venas
Mirando hacia mí
Los perros sueñan
Con la orla nupcial
Da igual lo que vieron
En otro tiempo
De pétalos y astillas
Nosotros aullamos
Otro evangelio
Desamanecida
Verso su espalda
Y va
Va tu licor inmaculado
Mi yo sin sangre
Porque ahora
Ni a mí ni a ti
Nada nos importa
La poesía

 

 

 

 

DE dónde vienes mujer
De la fortuna
De la escasez
De la muerte
De la resitencia
La misma ira
De otros nadies
Suficientemente
Nombrables
Qué importa
Tú Los otros
Seremos iguales ante el olvido
No llores
Florecilla del anhelo
A día de hoy
He contestado
A casi todo
Sin haber existido las preguntas
Y no
No sé si acierto

 

 

 

Quílez, Cecilia. Caligrafía de la necesidad. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

ALTAR DE LOS DÍAS PARADOS

 

PEQUEÑO DESAFÍO

No quiero
superar a la muerte.
Sólo (y más que eso),
deseo tragarla,
aplicarle una furia intestinal
que nunca olvide.
Y así, ya mía,
expulsarla del inverso paraíso
que es mi vientre.

x

Después que me mate.

Ya habremos partido.

 

 

 

 

VUELTA DE VIAJE

xxxxxI

NACIONAL CUATRO

Gimo desde el puente
(una sola dirección)
que es el retorno.

Conozco este breve tránsito al embrutecimiento.

Hablo desde el lugar
en que mis pies se detienen
a la espera del alma morosa
de mar. Ahí llega
en un ralentí de renuncias y de algas.

Aún soy espléndido esperpento. Mañana otra vez
sombra de mi sombra.

x

No se puede contar un viaje.

Sólo os digo que marché, que regreso,
y no comprendo esta querencia en presenciar
lentos funerales.

 

 

 

 

DESPLAZADOS, CARAVANA

Si en la tristeza todo se vuelve alma
entonces los bosques están llenos de harapos aún calientes
y sufren las carreteras de una lava silenciosa
que hiede para seguir viviendo,
que tropieza con el hambre, con las piedras, con sorpresas homicidas.
Una ausencia que se extiende como agua despreciada.

x
(Dicen que allí sólo quedan los perros.
Yo espero que los perros apenas reflexionen
y como último placer emprendan el suicidio.)

x
Si donde hay dolor hay un suelo sagrado,
al continente le está pesando su matriz
como un recuerdo de hierba malvendida.

x

Si en la tristeza todo se vuelve alma
y donde hay dolor hay un suelo sagrado,
no queda carne,
todo son heladas iglesias, altares sin hombres.

Noticieros, destrucción.

 

 

 

 

FINALMENTE

Amanece algo empieza o sencillamente un hombre va caminando
(De otro lado) Alguien muere finaliza es bruscamente detenido
(Entonces) El horror la sorpresa se monta salvaje a tu corriente sanguínea
(Y así) El dolor es el fluido que mejor conduce el dolor

No hay quien soporte esta sabiduría: existe la inocencia,
el ciervo sabía de la detonación antes que la mano.

Y tú convocas sus ojos, quieres saber, te revuelves, tú el ciervo,
cada vez que alguien, algo, toca a su fin, es arrebatado, fallece,

y adónde.

 

 

 

 

[TODAVÍA NO, ENTRE NOSOTROS, EL BESO PERFECTO]

Todavía no, entre nosotros, el beso perfecto.
Tu boca piensa en sí,
o en mi boca,
y se deja atrás la casa.

O quizá sea yo…

x
Siempre un salto de nadie entre las bocas. Soledad.

x
Aún no, y nunca venga
el solar en sus confines.

x
Bregando
nos ha de encontrar
el desamor.

 

 

 

 

[A VECES NO HAGO EL AMOR CONTIGO]

A veces no hago el amor contigo.
Ocurre que tu cuerpo me rescata

(un cuchillo ignora su importancia, su
tremenda importancia)

de la soledad que la piel impone

(tener filo condiciona seriamente)

a mi sangre. Y se vierte o se escapa

no sé qué marea, acaso antigua.

x
Mundo.

No. A menudo no es contigo con quien
hago el amor.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEntornar la mirada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhasta ver lo impensable, es crear.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDiego Jesús Jiménez

VENTUROSA SALA DE ESPERA

Nubes con vocación de desfile.
Arrastran un espacio sin nombre.
Nubes. xxxxxxAntes que nadie las ve un pájaro
con residencia temporal
en los nervios de la azotea.

En mis nervios sólo nubes,
y el gozo
de estarme yendo, otra vez,
a las más hondas afueras.

x

En este exilio comienza la oscuridad
a agonizarse.

 

 

 

 

RENDIDO DISCURSO CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

¿De qué sirve, quisiera yo saber, leerte,
romperle la cara al horario
a golpe de antología
olvidar regar las plantas, mis asuntos
y en estos años, precisamente en estos años
¡tan, tan críticos! renunciar
a la plácida meseta
de la biología y el puesto fijo…?
¿De qué sirve…
si luego llegas tú, resumido por otros
con tus ojos azules prensados
de sesenta y ocho
con tu habilidad para la alquimia
y las promiscuidades, con tu destino —encima trágico—
de poeta y cuerpo hermoso?

De qué sirve si al final del sostenido
escribes: las rosas de papel no son verdad.
Y quemas.

x
Te acompañan las mesas de los bares
la medida perversión de los cenáculos
donde rodabas, me parece,
en tormenta de papel y anatomías
donde sigues rodando, hoy,
de boca en boca
bífida o tierna, según el caso
o el día que tengamos
mis amigos y yo, atajo de imprecisos
que también escogieron el instante
—inmortales a lo ancho—
que es escribir.

x
Y que luego digas tú
que no son verdad, que queman…

x
Podría recordarte que ya no tiene gracia,
no es posible, inventarme más autobiografías
que empieza a ser manifiesta
mi presencia de domingo en las reuniones familiares.
Podrías explicarme —quizá tú sepas,
al fin, supiste— si merece la pena la ebriedad
o si es mejor dejarse… y embalsamar las alas
como lindos portentos ignorados
y entonces volar muy firme,
muy alto y muy firme.

x
Si no fueses tan fábula,
tan vaga y divisible o si tuvieras la decencia,
al menos, de instalarte en una orilla
y dejar de ensayar la vida
en horarios inconstantes…

Si pudieras de una vez sentir, no pensar,
que reinas y guerrilleros de salón
no merecen un cuerpo, una injusticia
que se escapan.

x

Es cierto,
las rosas de papel no son verdad
pero se pasa la tarde, se entra en los amigos,
uno piensa que hay lugar. Entretenerse y
rozar frontera, argumentos del juego. Final.

x

que a duras penas te llevaré a la cama
soportando tu peso, tus hipos
entre culpa y almidón
y probablemente te cante, otra vez,
con cariño templado, a saber,
la nana del desde mañana
desde mañana mismo, lo juro, empiezo
y veré cómo te escondes
incluso no pueda evitar señalarte un rincón,
el más cálido y propicio,
donde esconderte
del juicio de un día que ya marcha
más virgen aún de como vino.

¡Ay!, ¡Qué áspera manía la de escarbar en vuestros ojos
y la aun más triste de sobreponerse a uno mismo!

 

 

 

 

CÉSAR VALLEJO EN FRANCIA, 1929

Si no le ayudó a tragar el bocado
de ser uno y estar de pie.
Si su vida en cesuras
según canta exactamente esta foto era
enorme y desgraciada en sí,
y además era otra cosa —siempre
es otra cosa—,
si no le proporcionaba
pan caliente, sábana caliente, fe
caliente, mujer,
si ni el aliento le calentaba…

si el futuro de su amor en ocio,
de su talla en ocio
ha sido un mutilado homenaje
y tampoco eso importa,

¿a qué, entonces, el frío,
el aguacero, la letra, la instantánea?

x
Hay poetas, señores,
que no necesitaban,
repito,
que no necesitaban,
escribir.

 

 

 

Valero, Julieta. Altar de los días parados. Madrid; Bartleby editores, 2003.

 

LO SECO

Supongo que tendrá detractores pero, para mí, cada libro que leo de Isabel Bono es una fiesta. Así me sucedió con los dos anteriores libros suyos que me leí, ‘Algo de invierno’ y ‘Pan comido’ (de los que ya subí algunos poemas en su momento). Pues lo mismo me ha sucedido con ‘Lo seco’, que publicó Bartleby editores el año pasado.
En el prólogo, que firma Agustín Calvo Galán, podemos leer que en este libro encontramos esos veranos de la infancia que se desarrollan aquí como interrogantes sobre el presenta; tal vez, porque la edad adulta no ha podido resolver algunas de las cuestiones que la infancia planteaba, especialmente aquellas que podrían ayudarnos a entender lo inopinado de nuestro propio comportamiento; tal vez esas dudas siguen ahí, creciendo, interrogándonos y ayudando a la poeta a crear intensidades.
Y cuando continúa hablando de la poeta en cuestión, afirma que es desde su visión y su escritura personal, como consigue alejarse de algunos de los postulados poéticos actuales, donde la poesía, en demasiadas ocasiones, es producida por el método del aprovechamiento de las vacaciones, o por el de la ocurrencia, o por el de la fotografía sin profundidad, o por el de la sobreestimación de lo cotidiano, o por el de la exacerbación de lo anecdótico. Isabel, por el contrario, consigue, desde la asunción de la sencilla complejidad que le es propia y desde lo significante, llegar a su mejor expresión, a la expresión escrita de su personalidad única: contradictoria, terrible y bella, alejada de modismos y posturas, alejada también de las vanidades y de las conexiones interesadas.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

al dolor lo que es del dolor

donde tantos años
mejor o peor la vida,
sólo el polvo
unificando el dolor
sobre los objetos

 

 

 

 

al vacío

sabía que existía
porque oí sus muchas voces
muchas veces

tantas veces tan cerca
pendiendo de su eco
como un trapo de un tendedero

al vacío, pensaba
y pensaba en caer
siempre hacia abajo

hoy levanté la vista
hoy lo he mirado a los ojos

 

 

 

 

cada tarde la misma canción

cuando los niños se iban a sus casas
yo me sentaba bajo el muro del rompeolas
con los brazos cruzados
esperando a que subiera la marea,
esperar era mi juego

las babosas negras brillaban para nada
los gritos de mi madre brillaban para nada

con la espalda apoyada en el muro
sentada tercamente sobre la arena negra
y sin apartar la vista del horizonte
yo esperaba detener la marea

 

 

 

 

donde algo se quedó para siempre

la luz de las tres y cuarto
en la cocina

la luz dorada de las tres y cuarto
deteniendo el tiempo

 

 

 

 

el futuro acabará por llegar

malgastábamos el tiempo
ordenando en un álbum las fotos del verano
para mirarlas alguna vez con nostalgia

acumulábamos canicas piedras
libros cartas poemas

aplazábamos así la felicidad, la vida

todavía no sé por qué
todavía no sé para cuándo

 

 

 

 

el mar nuestro de cada día

la sal sobre los hombros
a merced de cualquier lengua

la sal en los ojos, ahora

 

 

 

 

el milagro de los planes y los peces

los planes se multiplicaban
los peces se los comían

 

 

 

 

enero en la sangre

nunca serviréis para nada

ése era el mensaje,
pero nada nos detenía

carne de escalón y naranjos
naranjas amargas sobre las aceras
siempre en obras las calles del invierno
siempre al acecho
lo que se volvería memoria

nunca servirás para nada
y el mensaje no me detuvo

 

 

 

 

la amenaza celeste

dios lo ve todo dios juzga dios castiga
dios no se equivoca

nombrarlo en vano tantas veces
no puede ser bueno, pensaba

mi alma, o algo parecido
arrugándose junto al uniforme gris
sobre la silla

el sudor frío de sus advertencias
sobresaltándome en mitad de la noche

¿para qué añadir al miedo
más miedo?, pensaba

todavía me pregunto de qué querían salvarnos

afortunadamente
el cielo no siempre llevaba la razón
a veces, para nuestro asombro
sólo traía nubes

 

 

 

 

la chispa, ¿de qué vida?

la vida sucedía
idéntica
verano tras verano
en un patio
lleno de macetas de helecho

incapaces de aprender de los mayores
fuerza paciencia, la palabra futuro
estudiábamos la cal de las paredes

 

 

 

Bono, Isabel. Lo seco. Madrid; Bartleby editores, 2017

 

33PPM

 

m-50

alguien te enseña una panorámica de toda tu vida
mientras conduces por la m-50 a 120km/h

te saludan desde el descampado
no los reconoces
igualmente devuelves el saludo

esa es la diferencia, la diferencia radica en el conocimiento
el tacto se vuelve peligroso
cuando se sofistica

esta vez no hagas la prueba

ladeas la cabeza
escribes en el parabrisas no sé qué
preguntas a la gasolinera

es cierto, mantenéis una relación peculiar
ya sé que las ciudades podrían haber sido de otra manera

no te pongas triste ahora

 

 

 

 

decisión

tomaban grandes decisiones decidir entre aquí o allá
entre un crucero o un coche
entre un calefactor y una vajilla

la tensión se hizo insoportable recuerdan
yo creo que ellos sabían cosas que nadie más sabía

x
aunque está claro que los secretos no se comparten

 

 

 

 

maquillaje

aquellas dos alumnas
las que están sentadas en la fila de atrás
me dan pavor
se percibe tanta agresividad en su mirada
no parecen felices
y solo tienen 16
sus rostros embadurnados de maquillaje
madrugan
se arreglan con esmero
aunque no es necesario ocultar nada a los 16

por eso llevan un top y se visten con minifalda
debajo usan unos legs de color negro

son mis alumnas desaventajadas
son marta y susana

ahora toca reír sin motivo aparente
agachan la cabeza entre los libros forrados
llenos de fotos de actores
de cantantes de moda
cuadernos garabateados a rotulador
con nombres de los chicos guapos del instituto
números de móviles
nics

no sienten vergüenza
a los 16

me alegra tanto potingue deliplus

hay días
en que se levantan continuamente a tajar el lápiz
mientras hacemos los ejercicios
a tirar un papel
a pedirme permiso para ir al baño
saben que no está permitido
tampoco a los 16

deben esperar a que suene el timbre del descanso
para ir a mear
a mirarse el flequillo
con sus cuerpos esbeltos
delante del espejo del baño
deafiantes
a los 16

son mis favoritas
son mis chicas extraídas de Fucking Amàl
esas adolescentes complejas que aparecen en la
página 54 de los libros de psicología

rubias teñidas que habitan un barrio periférico
gastado
sin posibilidades
muerto
si no fuera por el cine de verano

de familias desestructuradas
sin esperanza
no hay tiempo que perder
a los 16

siento que les debo ofrecer algo más
que el temario del curso
se me hace difícil encontrar un porqué

x
¿quién necesita enseñanza reglada a los 16?

 

 

 

 

la fiesta

en la fiesta de cumpleaños
el amigo de su madre se excusó

les dijo a las gemelas acompañadme
a la habitación una sorpresa
xxxxxxsilencio xxssss

les sirvió dulces canapés
—¿vale que celebramos nuestra propia fiesta los tres?

enciende luces canciones típicas de
excursión
(no había excursión era algo parecido a un viaje dentro
de un armario)

fue allí mismo sobre la moqueta
él celebraba
xxxxxx—a su manera—
el cumpleaños de la madre

las hijas eran hermanas gemelas de 10

 

 

 

 

(que no se me olvide)

perder el miedo a nuestras referencias
hablando de ti xhablando de mí
hablando de pj harvey

de mi hermana
de mi compañera de clase
la que salía con un chico de 21
que tocaba en una banda y repetía curso

¿recuerdas?

parece que todo eso es muy importante
cuando todo se tambalea

y luego un concierto
una noche

 

 

 

 

me temo que no han cambiado tanto las cosas cuando
sigo escuchando conversaciones como ésta

por lo visto cada día
él le obliga a ella a ser independiente:

—búscate la vida resuelve tus asuntos
sal con tus amigas ten tus propios
intereses —dice

—no estés pendiente del móvil
si te llamo si te mando mensajitos
por el whatsapp

y cuando le digo: ábrete de piernas
ella se abre se abre solo tengo que decirle
xxxxxxasí

¿sabes? no me gusta me sabe mal que esté
disponible a cualquier hora solo para mí

 

 

 

 

sobre los 60, 70, 80…
al menos aquí

hubo un tiempo de mujeres solas condenadas
al vacío desprestigio general no traspasaban
umbrales xxximposible

desconocían palabras como jauría vulva
satisfacción xabandonadas a tipos raros
xxxxxxno las amaban

x
xxxxxxsi acaso ve a llorar un poco déjame en paz

tipos que deseaban —digamos—
otra clase de diversión

mujeres dóciles eso sí atractivas

xxxxxxse conocían de antes bailes por la ciudad

ellos chistaban mercedes carmen teresa
xxxxxxquédate justo aquí

también había niños corriendo por todas partes
(lo llamaban baby boom)

mujeres sentadas básicamente en el asiento de atrás

xxxxxxno discutas
xxxxxxno pienses
xxxxxxno digas

hubo un tiempo de mujeres de finales felices
pero eso es otra historia muy distinta
a lo que llamamos vida real

 

 

 

Popelka, Roxana. 33PPM. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

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RETRATOS

diciembre 19, 2017 Deja un comentario

 

REVERSO INQUIETO

Empujado por la mitad de la
sombra, necesitas mirar los
objetos por atrás, tal vez por
compensar tu sin matices falta
de memoria; siempre puede
ocultarse un aguijón en
el reverso del lápiz,
llamado por la sombra, un
colmillo en la otra boca de
los besos. Al borde del misterio,
sombra desde las previsiones y recuerdos,
lo más prudente es saltar.

 

 

 

 

SEMILLA

Existirás en los domingos laborables,
en actos largos e inconclusos, en
mañanas pinchados, fuera y
lejos de las cajas, semilla
incógnita en tierra conocida,
ausente en todo tu eco que ya es
todo, en no, en centímetros
cuántos de qué savia, qué
hoja que se mira en algún árbol,
eco que precede a la voz,
frágil, cualquiera, aroma
que antes de la pregunta habita
en sí; tenue aún,
pero existes.

 

 

 

 

MUJER QUE FUMA

Miras la foto. Aún no conoces a esa
mujer que en dos dimensiones quema
lentamente el calendario, en tres si consideras
el humo y sus efectos. Esa inmovilidad
reclama al menos otra imagen
para poder hilar entre ambas la
cuarta dimensión, el movimiento
que seguirás desde hoy hasta
cuándo, los días que midan tu paciencia y
tu esperanza enredándose en el
humo que dibuja sus rasgos,
el humo que tú eres.

 

 

 

 

AUTORRETRATO

El mejor autorretrato que conozco es de un
pintor que mira un huevo y pinta un ave. Hay
gente cuyo mejor autorretrato está en sus
uñas. Hace diez años creía que mi mejor
autorretrato sería al fin un beso durante el que se
piensa en el futuro para que vuelen juntos
los sabores. Toda magia es ingenua. Toda
palabra es mágica. Hace cinco años pinté mi
mejor autorretrato: un corazón y un
cuerpo que late dentro de él y lo alimenta. Hace
diez minutos comencé un poema
pensando que en toda palabra late un deseo
de silencio, una conciencia de esterilidad.
Cómo me arriesgo a quedar como un imbécil.
Todo autorretrato implica un riesgo semejante.
Los sueños se suicidan con somníferos.

 

 

 

Peyrou, Mariano. A veces transparente. Madrid; Bartleby editores, 2004

 

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