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ESTA NOCHE, AURORA SAURA EN ‘LOS LUNES LITERARIOS’

 

Esta noche, a las 21:30 h., en ‘Los lunes literarios’, estará Aurora Saura leyendo poemas de su último libro, ‘Avivar el fuego’, publicado por la editorial Renacimiento.

Háganse el favor y vayan a verla.

 

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DE OTOÑOS Y RENUNCIAS

 

NUEVOS OTOÑOS

Ahora sabemos que el verano ha acabado.
El sol aún quema
y las tardes se alargan,
pero sabemos que el verano ha acabado:
gentes con equipajes
disfrazan la vuelta de prisas febriles
y todos maldecimos los meses idos.
Ya hemos salido de una estación a otra,
recoge-relojes, navegantes por un mar de tiempo.
Y maldecimos los meses idos.

No dejamos un sitio, sino un verano:
no perdemos un sitio, sino un milagro:
la libertad fugaz
de horas sin medida.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo entres dócilmente en la noche callada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dylan Thomas)

Que sea el olvido
la última cosa a la que yo me entregue.
Y si fuera posible
que ni siquiera llegara el olvido.
Que lo que guarde inútil,
tenazmente, sea la memoria
de todos los momentos, de las cosas,
los seres que tan cálidamente amé,
y en que he pensado.
Que la memoria vuestra sea
la última cosa que me quede,
y que ella sea para mí
salvación y rescate de la muerte.

 

 

 

 

VOY mirando estas cosas:
voy mirando los libros, aquel vaso, tu ropa,
como si hubiera muerto
o me estuviera yendo,
como si hubieran ya
dejado de ser míos.

Y todo viene a ser memoria de lo hermoso,
memoria de lo amado que tuve
y que no tengo:
horas que ya no viven
y que no sé si han sido.

 

 

 

 

SUPÓN que me repites en un gesto,
que unas palabras tuyas han sido ya mías
y hasta tu pensamiento
se ha vuelto en parte mío.
Y andabas sin saberlo.

Supón que esa señal, o una costumbre
no son sólo un recuerdo, sino algo
que persiste en tus manos y tus ojos,
una presencia mía no perdida.

Supón, en fin —tal vez ya suponiendo demasiado—,
que voy viviendo en ti
como si fuera parte tuya:
tú andando por ahí,
y sin saberlo.

 

 

 

 

RECUERDO DEL FUTURO

xxxxxI

Al descansar pesadamente la cabeza,
sintiéndola caer sobre el sillón,
tuvo una imagen nueva de sí misma:
ella que, seguramente, aún era joven
recordó la vejez y su llegada.
Tuvo miedo de la debilidad,
del abandono; miedo al sueño penoso,
a todas las futuras dependencias,
a la pérdida del cuerpo
que ahora conocía y era el suyo.
Se conmovió entonces por sí misma,
por el posible tiempo apagado venidero.

Después un gesto brusco la arrancó de su imagen,
y se miró, feliz por la ignorancia
de los años futuros,
resuelta a no dejarse arrastrar a ningún abandono,
a aferrarse a la luz de seres y de cosas
y del cuerpo que tuvo.

Resuelta, sobre todo, a hacer continuo
el hilo entre el futuro y estas horas.
Fuerte para los días
en que habrá de tener
completa y desvelada la memoria.

 

 

xxxxxII

Mientras anda con ese aire
que llaman decidido,
mientras llega a la plaza, mientras
se para un poco, se da cuenta
de que han pasado muchas horas,
se mira arrugas que antes no tenía,
empieza a detener el paso.

Le parece que de un momento a otro
se va a tener algo de lástima;
pero no se consiente esa tristeza
ni esperar encontrar torpe
ese cansancio.

Se sonríe pensando que la que tendrá arrugas,
y detendrá su paso, y hablará con voz tenue
seguirá siendo ella;
piensa, mientras sonríe,
que aquella que descansa
no será sino ella,
por fin reconciliada con el tiempo.

 

 

 

 

JANIS JOPLIN EN JUNIO

Tiempo obscuro: la lluvia.
Sólo por fin la lluvia.

A mí antes
no me gustaba la lluvia.

Pero ahora —sol,
tiempo amargo—
ahora,
que todo lo inundara
la lluvia.

 

 

 

 

RENUNCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDefenderé
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla casa de mi padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Aresti)

Y ahora, ya pasados los límites de la casa del padre
—que no he de defender—,
cuando quiero olvidarme de las piedras
que componen la casa de mi padre,
aún me siguen las sombras,
los ecos, las voces familiares:
viven en mí las sombras de los muertos,
la obscuridad de un mundo
que en mí ha ido creciendo,
anclando sus raíces.
Viven en mí las voces de otro tiempo,
el mundo traspasado de la casa del padre,
de la que estoy tan lejos,
de la que ayer he huido:
la casa de mi padre que no he de defender.

 

 

 

Saura, Aurora. Las horas. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1986.

 

DOS POEMAS DE ‘LAS HORAS’

 

AVISO SOBRE LA MESA

He mirado esta pequeña hoja
como quien lee de nuevo
tantas cosas.
Esta letra como si se moviera hacia el pasado,
como recuperar de golpe
sobresaltos,
intensidad, pequeños lazos atando nuestras vidas.
Esta letra de ti como si hablaras,
como si hubieras vuelto hacia otros años,
como si pensáramos juntos
y cogieras mis manos, y con ellas
escribieras de nuevo nuestra historia.

 

 

 

 

CUÁNTOS gestos teníamos para otros.
Cuántos gestos
que otros nos pedían.
Gestos soberbios, tristes, aburridos,
hermosos:
no eran nunca los nuestros.

Hoy nos aventuramos
a preguntar quién somos,
y no tenemos rostro,
ni esperanza, ni grito
que sepamos que es nuestro.

Hoy vamos a volver
a llorar por nosotros,
y no hay llanto ni rostro.
Y no hay un solo gesto
que sepamos
que es nuestro.

 

 

 

Saura, Aurora. Las horas. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1986.

 

MANIFIESTO AZUL 18

A principios del mes pasado se publicó el número 18 de Manifiesto azul. Aquí dejo los tres poemas que me parece que se comen al resto de textos de la revista.

 

 

JOSÉ DANIEL ESPEJO

POLILLA & LUCIÉRNAGA

La falta de sueño te impide siquiera
plantearte leer. Tus ojos secos
a duras penas siguen el ascenso
de la cinta de Moebius de las redes sociales
en la pantalla del móvil Bostezas
mas sabes que aletea por ahí dentro
la polilla de la ansiedad Calculas
sin pensarlo demasiado esa ecuación
que equilibra el dolor de cabeza
las molestias estomacales
y la angustia existencial y te dice
en cada momento
qué pasti te vas a tomar
si sales o mejor te quedas
llamas a tu madre o escribes un poema
depresión o zozobra cerveza
o polen de hachís Te concentras
en las superficies Solo existe una
profundidad y es la tuya
pozo
tal vez trastero combate
de insectos voladores y nocturnos
salta al ring la luciérnaga
del deseo
sonada como un sparring Tú podrías
estar en un mall
estar en un mall
Qué haces aquí
cuando podrías tú podrías
estar en un mall
ahora.

 

 

 

 

AURORA SAURA

“N’Y TOUCHEZ PAS. / IL EST BRISÉ” *
xxxxxxx(Sully-Prudhomme)

El recuerdo se oscurece,
cada vez más lejano,
más extraño.

Lo perderé:
No puedo preservarlo
de la distancia, del cansancio,
del feroz olvido.

No sabrá nadie nada.
La vida sigue,
en apariencia intacta.
Pero el agua se escapa,
sin que pueda advertirse,
paso a paso:
El vaso está quebrado.

 

*(“No lo toquéis,/ está roto”)

(Inédito. De la serie “Variaciones”)

 

 

 

 

ALBERTO CHESSA

UNA ESPINA CLAVADA

Rosa ¿qué más? Las feas, las gordas, gordifeas
no teníais derecho siquiera al apellido.
Si no recuerdo mal, tampoco nos cebábamos
contigo casi nunca: se diría que, por
no tener, carecíais incluso del honor
de la mofa en el patio y el escarnio en el aula.
Sin embargo, aquel día fue distinto: votábamos
por el guapo y la guapa de la clase. El maestro
instó —cándido el hombre— un sufragio secreto
y, así, la urna de la miss de 6ºA
rebosó con tu nombre, Rosa la gorda, fea,
fea y gorda la Rosa tan desapellidada.
No, yo no te voté (estaba tan colado
por Marina…, Marina Hernández Casanova),
y hasta puedo alegar —podría— en mi favor
que todo aquello, Rosa: el recuento, tu nombre,
Rosa, Rosa, sonando, resonando con su
mayoría absoluta entre las carcajadas,
esa inopia impostada del maestro, esa otra
indignación fingida de las guapas —más viles
en aquellos abrazos de consuelo que el resto
de cretinos en su jactancia miserable—,
tu cara, Rosa, de desconcierto al principio
(¿es que te lo llegaste a creer, estuviste
a punto de firmar la paz con el espejo?),
tu cara, Rosa, Rosa, tu cara del final,
esa mezcla de rabia, desolación, vergüenza,
deshonra, infamia, lacha, obscenidad, estigma,
agravio, punición, escarmiento, venganza,
todo, Rosa, te juro que todo lo que vi
aquel día en la clase me pareció algo más
que repugnante, un metro por encima de lo
cruel y nauseabundo, la semilla —pienso hoy—
de un árbol con los frutos podridos que ya no hay
manera de arrancar de raíz. Rosa, Rosa
la gordifea, miss 6ºA del colegio
Nicolás de las Peñas del año 88,
perdóname si puedes: no, no ganaste con
mi voto, pero yo también reí, me uní
también yo al coro, y fui —y soy— culpable.

 

NATURALEZA

aurora-saura-si-tocamos-la-tierra

 

SURREAL Y MEMORIA

I

Hay una rosa que crece en la cocina.

Si hay una rosa, no es
de invernadero. También puede que sea
un naranjo en flor, aunque
¿cómo podría entonces
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxocultarse?

A veces nos parece que es un olor
confuso, de alhelí,
de jazmín,
o incluso de romero.

Con todo, me inclino por la rosa,
porque, aunque hace mucho que las rosas
no huelen,
y hemos medio olvidado su esencia verdadera,
queremos dar su nombre a esta fragancia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrara,
por si recuperamos con él
nuestra memoria.

 

II

No es Mozart
—suena a Mozart—
esta voz que se adentra.
Los mirlos han callado, pero
pudiera ser su canto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxesto
que repercute.

¿Es la lluvia quien llama
como si fueran pájaros?
Tal vez el oleaje
constante que no cesa, aunque el mar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxestá lejos,
o algún árbol en que tiembla el otoño.

Intento hacer memoria y
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaclarar
si es el viento el que me bate dentro.

No todos los sonidos
saben acompasarse al corazón.

 

(a Consuelo)

 

 

 

 

FÍSICA (Y QUÍMICA) ELEMENTAL
(“De la misma materia que el olivo…”)

El ser que yo soy
—si decir esto
tiene algún sentido—
se compone de mínimas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpartículas que,
misterios apenas desvelados,
forman otras
mayores,
xxxxxxxxxy así
xxxxxxxxxsucesivamente.
Lo cual, por otra parte,
pasa con todos los seres:
la amatista, el perro, la palmera
y el insecto que la mata,
o los olivos,
compuestos de la misma
materia, estelar
como la mía.

Al menos
reconforta
tener esta certeza:
saberse
de la misma materia que
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel olivo.

 

(a Manuela y a Jean-Paul)

 

 

 

Saura, Aurora. Si tocamos la tierra. Barcelona; Ed. El bardo, 2012.

 

IMÁGENES DEL CONSUELO Y PARADOJAS

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A PROPÓSITO DE UNOS VERSOS DE STEVENSON
(a mis hermanas)

De aquellos juegos
a que nos entregábamos
—yo siempre era el príncipe
que montaba a caballo.
Vosotras, dóciles,
aceptabais otro papel—,
quedan estas palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy otras
no mostradas y más
que seguramente vendrán.

Tomadlas también
como tales
y venid a jugar conmigo:
en el juego no importa si
lo que pasa
es más real o menos,
lo que importa es que se juegue
completamente
xxxxxxxxxxxxxxxen serio.

 

*Los versos de Stevenson, citados por Javier Marías, dicen lo
que sigue: “No digáis de mí que, débil, decliné/ los trabajos
de mis mayores y que huí del mar,/ de las torres que erigimos
y las luces que encendimos,/ para jugar en casa, como un
niño, con papel”.

 

 

 

 

VERMEER
(MUJER LEYENDO JUNTO A LA VENTANA)

La luz te pertenece.
No los paños sobre la mesa
—¡aunque son tan hermosos!—,
ni el rico vestido,
ni la atención del rostro.
Ella lee una nota
—¿cuántas mujeres sabían leer en tu siglo?—:
¿son nuevas del marido en la guerra,
del parto de la hermana,
o del amante que no puede
acudir a la cita?
Quizá sólo repasa la lista
de la compra, los gastos excesivos,
o es su propia carta, que acaba
de escribir, contando su desdicha.

Todo es posible ahora,
a tu merced estamos, porque
la luz es tuya
y todo lo que vemos existe
en esta luz.

 

 

 

 

CALBLANQUE PARA MIGUEL

Te regalo
estas palabras enmaradas,
las apenas
xxxxxxxxxxsobrevivientes flores,
las aguas en apariencia
intocadas.
Te regalo también
la belleza de estas
conchas que en otros lugares nuestros
no se ven ya nunca.
Acarícialo todo, es decir,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnómbralo.

Y después, te lo ruego,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvuelve a entrar en el mar.

 

 

 

 

A PROPÓSITO DE GONZALO ROJAS
(Correspondencias)

Por unas palabras dichas —escritas—
para mí (como si fueran)
también yo me dejaría —me dejé—
nombrar
xxxxxxxxsin pedir más a cambio.

Quienes pidáis
voces para juntar dispersas
que os abran paso al mundo;
quienes busquéis algún lugar
—no importa
si amable o desolado—
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara tomar aliento;
si, en fin, queréis
palabras
con que encontrar a los durmientes,
para recordar a los desconocidos,
con las que amar a los deseados,
venid a remover en los hondos,
rubíes, cristalinos abismos
en donde crecen,
xxxxxxxxxxxxxxxxjunto a Gonzalo Rojas,

Vallejo y Haendel, Goya,
Stravinski y Dante, Gauguin
en torno a Schumann,
Baudelaire
y Tiziano (haced correspondencias)
Brueghel junto a Neruda,
y Bach el Infinito, a quien soñaba
Turner,
xxxxxxxxy Celan,
xxxxxxxxxxxxxxxxy Ravel.

 

 

 

 

TOMBA DEI LEONI

Y ahora no
xxxxxxxxxxsueño
ya con los leones.
Ya no les tengo
miedo e iría a verlos.
Los admiraría, como mi padre,
deslumbrado,
y les inventaría otras historias.

Pero la arena de los días
los ha borrado
definitivamente
xxxxxxxxxxxxxxxde esta tumba.

Ahora que no tengo aquel
miedo de la niñez,
cuando voy olvidando
el placer de ir y no
acercarse
—el padre, que sí llegaba,
me protegía de lejos—,
ahora que puedo tocar el dintel,

precisamente
xxxxxxxxxxxxxno hay leones.

 

(al profesor Benedetto Zapicchi
y a mis compañeros de viaje del Viaje a los Etruscos)

 

 

 

 

ENCUENTRO

Eras joven entonces y,
sobre todo, hermoso.
Yo hubiera enredado en tu pelo
mis dedos e imaginaba
a veces en la nuca tus labios. La caricia
que pensé que iniciabas
la completé yo luego en otro mar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdistinto.
El amor que no hicimos
enfebreció mis sueños.

Hoy, el saludo que tranquila-
mente nos hacemos,
nuestro modo de mirarnos,
de hablar, de rozarnos apenas,
no nos devuelven al tiempo en que fuimos
deseo.
Sólo nos hacen cómplices de lo que otros
ignoran, del milagro
que entonces
—nunca nos lo hemos dicho—
pudimos haber sido.

 

 

 

 

A PROPÓSITO DE JUAN

Mientras
en un lugar austero, casi inocente,
firmas un papel comprometido
y te dejas enredar en este
juego que no te corresponde
—te arrepentirás luego—,
otros te creen —te quieren, eso
es lo que pasa— limpio
como te conocieron,
ingenuo y generoso, como
te conocieron.
Otros te recuerdan como el niño
que fuiste, como el adolescente de ojos
asombrados, como
el amigo, como el enamorado,
como el muchacho que buscaba el camino
en que orientarse.

Tal vez lo eres todavía
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy queda
algo de aquello que los demás amaron.

Si pudieras abandonar este otro
sueño oscuro, no los olvides: ellos
aún esperan poder
xxxxxxxxxxxxxxxxxreconocerte.

 

(a Paco)

 

 

 

 

“LOS HIJOS SON DE CRISTAL”

I

Tenemos miedo
cuando ellos tienen pocos meses,
un año, tres o siete.
Tenemos miedo. Pero
hay que vestirlo de ternura,
y ponerle
un sobrevestido de seguridad.
Y después, cuando
se van
xxxxxxxdesprendiendo
de nosotros, también tenemos miedo;
cerramos los ojos, “adelante” —decimos—
y los dejamos ir
con nuestro miedo a cuestas.
Ahora, cuando ya son adultos
que a veces nos protegen,
cuando creemos habernos liberado
de este temor de siempre,
viene un gesto afligido,
unas palabras tensas
o un cansancio que alarma
y surge el miedo antiguo,
rescoldos de la hoguera que nunca
se ha apagado,
más fuerte que nosotros,
porque los hijos siempre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsiempre,
son de cristal.

 

II

Y he aquí que llega el día
en que nos descubrimos
haciéndonos los fuertes
con el padre o la madre,
conmovidos por esta otra certeza:
también ellos se resquebrajan con el viento,
los padres
también son de cristal.

 

(a Juana Salabert, de quien tomo la hermosa
metáfora principal, con mi agradecimiento)

 

 

 

Saura, Aurora. Si tocamos la tierra. Barcelona; Ed. El bardo, 2012.

 

LOS SUEÑOS PARA AFRONTAR EL OLVIDO

aurora-saura-si-tocamos-la-tierra

 

EL JOVEN TERRORISTA

Hoy, en cualquier lugar, ahora,
son asesinados un niño,
alguna muchacha,
el hombre que acaba de pasar,
la gente en el café o en el mercado.

Aquel que mata
fue en otro tiempo niño,
se apegó al cuerpo de su madre,
tuvo por padre, tal vez,
a un campesino, a un comerciante
o a un soldado, como aquellos
a los que quita
xxxxxxxxxxxxxla vida.

Tú, en quien no se puede pensar
sino con horror,
¿no sientes cómo tu infancia
muere también con ellos?,
¿cómo ahoga tu mano
a los seres que amaste?

¿Qué sinrazón dará cuenta de tu odio?
¿Quién nos dirá
xxxxxxxxxxxxxxxde quién eres hijo?

 

 

 

 

PRESAGIO
(A Brecht: pequeño homenaje)

Las primeras maldades:
la papelera que vuelcas o que quemas,
el dibujo arrancado al compañero,
el escarabajo pisoteado
que muestras por trofeo.

Me estremecen los días por venir :
en las horas de hoy,
en la boca y en las manos
que hieren,
¿se prefigura
xxxxxxxxxxxxla sombra
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque trazarán tus pasos?

 

 

 

 

NIGHTMARE
(“Quien duerme es como un niño…”)

Pero los niños a veces
tienen miedo,
miedo a la oscuridad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la que todo
desaparece sin consuelo,
miedo al sueño en que el grito,
el abandono, el empujón,
la pérdida
se agigantan, arrebatándoles
la dulce confianza.

Deben asegurarse
la entrada en la noche
con la caricia de la madre
o la mano del padre,
con los muñecos que los sustituyen
dócilmente
o la voz familiar que les canta
y los abraza en la música.

Quien duerme es así,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo un niño,
si, como el niño, puede
dejar de tener miedo, entrar
con pie seguro
en el pantano del sueño.

 

 

 

 

ENTRE LAS MUJERES

SUEÑO I

A veces me despierto
con un niño en los brazos
y llamo al hombre que me arrebataron,
y busco un poco de mijo
y busco agua.
pero el sol inmisericorde
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnos abrasa.

A veces me despierta el amo
a gritos, y voy al campo de café
con ojos entornados
y llamo al hombre que me arrebataron
para la guerra.
Entonce me ahoga la lluvia o
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla luz que me quema.

A veces un desconocido
me despierta, y me golpea o
me acaricia. Mi ternura lo acoge mientras
recuerdo al hombre que no regresará.
Y es el pago del extranjero
quien me hace vivir y quien
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme mata.

Esto sucede
cuando ella despierta. Pero
también sucede
xxxxxxxxxxxxxxxcuando sueño.

 

SUEÑO II

Fui esclava de la princesa persa
y una noche dormí con Alejandro.
Como no fue brutal, lo soñé
por esposo. Y lo lloré, porque él
nunca
xxxxxxvolvió tras la batalla.

Muchas veces serví la mesa de Antinoo.
Aunque me conmovió su belleza,
fue el rostro
encendido de Adriano
el que pesó sobre mis párpados.
Sin embargo,
él me entregó a otro
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxa quien jamás amé.

Alguna vez puede que fuera Dama, Amiga
o Reina: recuerdo apenas una Cançó
de la corte de Leonor de Aquitania
y el ceñidor
xxxxxxxxxxxde Cristina de Suecia.
(¿o era tal ves de la reina Brunilda?)

De las pocas ocasiones en que fui
mujer libre —quiero decir
con libertad semejante a lo que llaman
libertad los varones—,
me acompañan los nombres de Virginia, María,
Marie, Aurore, Marguerite,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFlora, Mary, Isadora.

Pero lo que más sueño —mejor diré me sueñan
son los lavadores junto al río
—a veces cantamos, incluso reímos—,
los cuencos que lleno al caer la tarde,
las caminatas en busca del agua,
la siembra y las flores del té.

Y me sueñan
los hijos que he parido
sin que el esposo
me admire o deje de buscar otras mujeres,
los padres que he velado,
los vecinos que me violaron,
las amigas que me abrazaban sabiendo
que no volvería
porque me casaban
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcon un hombre de otra aldea.

He muerto en la desolación innumerables veces.

Ayer, en esta ciudad que he ido soñando mía
por el amor de un extranjero,
el hermano al que acuné
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde niño,
gritando una vez más “vergüenza”,
me ha quitado la vida.

 

 

 

 

EL MUCHACHO DE LA FLAUTA

Aquella mañana
se interrumpió la melodía
bruscamente.
La compañera no tuvo tiempo de advertirte.
Ni nosotros,
que tantas veces te miramos sin verte:
vivías en la calle
y no tenías para ofrecer
más que música.

(La luz anunciaba un día largo,
era dulce acogerse a esa sombra)

Bajo la hermosa cornisa
hoy derruida,
queda un lugar vacío,
y este recuerdo
xxxxxxxxxxxxxxa destiempo
de tu humilde vida,
que no quiso
proteger ningún dios.

 

(a Soren Peñalver)

 

 

“TODA A TERRA É DOS HOMES”
(Rosalía de Castro)

Hay este mar cruzado de gaviotas,
esta pendiente
de helecho y zarzamoras.
Hay este cielo con veladuras
de bruma en las que
se demora la luz. Hay amigos,
y gestos, miradas de las gentes,
y pescado en las mesas de madera.
Oigo mi lengua y otras:
la tuya, Rosalía, y la que fue
de los míos, la que hablaron
—Bakaikoa, Navarra—
los antiguos abuelos de mi casa.
Esta es la patria que conozco:
las lenguas y la tierra
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxde los hombres.

Digo aquí, fin del mundo,
la vida de quien vive,
la que se ama y nos cansa, la vida
que conozco. No sé
de cuál habláis vosotros,
guerreros sin presente,
los que empuñáis la muerte
con la palabra
xxxxxxxxxxxxxpatria.

 

(en Fisterra, a 12 de julio. A Pablo y a Mari Luz)

 

 

 

Saura, Aurora. Si tocamos la tierra. Barcelona; Ed. El bardo, 2012.

 

EL RETRATO DE BODA (AFGANISTÁN)

noviembre 14, 2016 Deja un comentario

contra-aurora-saura

 

xxxxxxxxxxxxxxxxDedicado a la memoria de Sayd Bahodin Majruh, filósofo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxescritor, traductor y recopilador de los poemas
xxxxxxxxxxxxxixxxxanónimos de las mujeres pastún, afgano, hombre libre.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFue asesinado en 1988 en Peshawar.

Una criatura
que no jugará más
—hace ya mucho tiempo
que no juega— mira sin expresión
al hombre que nos mira
en la fotografía.

Él es un viejo de cuarenta años.
Un mar de hielo lo separa
de la muchacha que acaba
de cumplir once.

Yo deseo para ella que encuentre
un árbol, un río que la salve.

Su imagen niña me persigue,
se agiganta
sin cesar en mi sueño.

 

DOS POEMAS DE AURORA SAURA

Leonor Watling albornoz

 

Repasando la colección de revistas de literatura que tengo, me tropiezo con el número 66 de la revista Monteagudo, publicada por la Universidad de Murcia y dirigida por Francisco Javier Díez de Revenga. El número en cuestión se publicó en 1979 y en él hay dos poemas de Aurora Saura que dejo hoy aquí. Por cierto, bajo el primero de ellos se puede leer en la revista: “2º premio de Literatura (poesía) de 1978. Ministerio de Educación y Ciencia.”

Aquí los tienen:

 

MUERTE DE LAS COSAS

xxxCuando yo muera,
las cosas que yo amaba
vendrán a lamentarse por sí mismas,
vendrán como a morir.
xxxHabrá un silencio de seres que no existen,
ecos que nadie oye,
algún color que nadie verá más:
serán muebles que no serán los mismos,
y jarros, libros, flores,
y llaves y vestidos…
xxxTodo lo que yo amaba,
perdido para siempre.
xxxPerdida ya del todo la vida que les dí.
xxxSabrán ellas, las cosas,
que llega ya la hora de su muerte,
pues su vida era yo.
xxxPues eran nadie, nada:
tenían peso y color. Tenían polvo y brillo.
xxxY alguien las llamó hermosas.
xxxPero eran solo nada.
xxxVivían, aquí estaban: pero sólo por mí.

 

 

 

 

OTRA HISTORIA DE CRETA

xxxY resolvió Teseo, cercado por los muros del turbio laberinto,
no ser héroe esperado:
olvidar la promesa que hizo a los de Atenas
y la fidelidad de los brazos de Ariadna,
romper el hilo frágil de vida que le diera.

xxxEntró en el laberinto con los ojos cerrados,
adivinando el sitio exacto de su muerte,
resuelto a no mirar las murallas de Creta
y a olvidar para siempre la casa de su padre.

xxxAriadna, en las entradas, sostendría esperanzas
en forma de hilos blancos.

xxxLoco y suicida, pero libre al fin,
libre de la promesa y el sueño de la patria,
y libre, finalmente,del poder de los héroes,
asimilado a todas las víctimas sin nombre,
dejó inmóvil su brazo cuando vio al enemigo,
y se enfrentó Teseo a su gloriosa historia.

xxxEn las manos de Ariadna esperando, los caminos
se volvían de sangre.

 

MEDITERRÁNEO EN VERSOS ORIENTALES

Hace unas semanas, Aurora Saura publicaba una plaquette con el título de la entrada del post de hoy.

 

Aurora Saura

 

 

Aquí tienen un par de poemas de dicha plaquette.

 

XI

Una vez más
hacen la primavera
las golondrinas.

 

 

 

 

XII

En estos árboles
insisten las cigarras
de aquel verano.

 

DE QUÉ ÁRBOL

Otro de los libros que he sacado últimamente de la biblioteca es el segundo libro que publicó Aurora Saura, editado en 1991 por el Secretariado de publicaciones de la universidad de Murcia bajo el título ‘De qué arbol’. El título del libro nace de unos impresionantes versos de Matsuo Basho que dicen: “De qué árbol / no sé / pero qué perfume”.

Y aquí les dejo algunos de los poemas del libro.

 

De qué árbol

 

ANTÍTESIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Manuel

Fotografía en el periódico
y florecer de invierno:
¡Ah, si pudieran de la barbarie
rescatarnos las rosas!

 

 

 

 

ALTEA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Esto es la nostalgia…”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Rilke)

Todavía en Agosto y ya anticipas
esas tardes tan breves del invierno.
Ya prevés la ciudad y su agitarse,
el engaño del sol, las horas nuevas
que medirán,
tan desconsideradamente,
los relojes.

De tanta luz que hay,
de tanta mar, de tanta compañía,
te obligas otra vez
a la distancia;
lo presente es tan fuerte
que te impone su fuga:
te encuentras otra vez sobre las olas,
sin cobijo, sin nombre,
como si te estuvieras
siempre
despidiendo.

 

 

 

 

PARA VELÁZQUEZ

Hay una larga mesa con vasos y carpetas.
Me pregunto qué hace ahí
el antiguo compañero, enhebrando
sin ganas un discurso
sobre los logros de la política
educativa.
Y el otro no es mejor:
hasta parece que se cree lo que dice
y la voz se le inflama
(¿creerá de verdad convencer a este público,
tan aburrido ya, tan demasiado grande?).
Los demás, en la mesa,
disimulan la envidia por no ser
el que habla.
Todos tenemos al mismo tiempo ganas
de irnos deprisa a casa.

Súbitamente, en la hilera de vasos
obra el sol un milagro
–habrá que agradecerlo a quien,
inadvertido, he dejado enteabierta la cortina,
y también a que nadie tenga sed–:
la luz brilla en el agua,
con esplendor
que sólo lo transparente permite,
y el cristal aparece, si más grosero,
no menos luciente que aquél
de tu pintura.
Consigue tu recuerdo
la reconciliación con la mañana,
que se olviden los gestos y los discursos vanos.

Brindemos, sin bebernos
este deslumbramiento,
por ti y por el aguador,
por la ocasión en que quisiste verlo,
por la tan verdadera copa
que pintaste.

 

 

 

 

NOSTALGIA

No podemos nombrar la primavera china
y por ello ignoramos
que los naranjos allí florecen de otro modo,
que las gentes le ponen al fuego
otra mirada.
No conoces el ritmo,
ni los signos ni el orden para la noche árabe,
y allí no será el mismo
este olor de jazmines.

Sientes que en otras lenguas hay un frío distinto,
otros brillos y sueños,
un tacto diferente:
querrías tú también, como en la Historia antigua,
absorber con la luz de un día
el Don de lenguas;
ahora que la distancia
se te adensa y enturbia,
y crece la nostalgia de todo lo ignorado,
de todos los encuentros
que nunca han de llegar.

 

 

 

 

A BORGES

No más la vida
que una perfecta sucesión de azares,
porque el azar
florece cada día para todos.

Abre tu mano y deja
que decida él de nuevo esta jugada.
Venga el azar, o sea,
esa necesidad en la que no ha pensado nadie.

 

 

 

 

BLAS DE OTERO
In memoriam

He amado el verso recio en que pedías
la paz, ensangrentada, hecha jirones,
y la palabra rota arrebatada.
He visto aquellos versos alumbrados;
tu voz tierna y violenta
sonando como un río,
como el verso de Whitman dilatada.

Y ahora, ángel fiero que fuiste,
y hombre en paz que ya eres, es el tiempo
de desear –tal vez es demasiada confianza–
que no tengamos que andar otra vez
pidiendo a gritos
la paz y la palabra.

 

 

 

 

DEDICADO A JAIME GIL DE BIEDMA

Que la vida podía ponerse por escrito,
mirándola de modo
que ella se diera cuenta
y se dejara descubrir de esa manera,
y que, a pesar de estar tan trastornada,
todo el mundo
pudiera como tal reconocerla;
eso
–y algunas otras cosas
que contaré otro día y también
te agradezco–
eso aprendimos de ti,
padre y hermano
Jaime Gil de Biedma.

 

 

 

Saura, Aurora. De qué árbol. Murcia; Secretariado de publicaciones de la universidad de Murcia, 1991.

 

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