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CUANDO YA NO HAY REMEDIO

 

Salvador Pérez Valiente fue un poeta murciano cuyos primeros poemas tuvieron una excelente acogida. De hecho, de él diría José Hierro que en sus versos era tan importante lo que se decía como lo que se ocultaba.
Con el tiempo, este poeta de segunda fila (sólo llegan a la primera fila entre diez y veinte poetas cada siglo), fue perdiendo el pulso, pero quedan algunos buenos poemas.

De ‘Cuando ya no hay remedio’, su primer libro, dejo aquí algunos poemas; cuya portada, junto al retrato que para el interior le hizo al poeta el pintor Antonio Gómez Cano, encabezan este post.

 

 

MUERTE MÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Rafael Montesinos

Seré cuerdo, buena gente,
seré cuerdo.
Llamaré al jazmín, jazmín,
al sol, sol,
y al cielo, cielo.
No soñaré los balcones
clarísimos de la luna,
no querré ser marinero
en la llanura.
Colgaré del pino tierno,
—verde olor—,
colgaré del pino tierno,
rosas de mi desazón.
Y sin oficio y sin nombre,
—os tuve que dar las cosas
que son—,
me marcharé cualquier día
muy rígidamente cuerdo.
Tres curas y cuatro grillos
cantarán la letanía:
gori, gori, gori, gori…
¡Qué alegría!
Metidos en trajes negros
en todas voces diréis:
— ¡Pobre muchacho! ¡Tan bueno!
Me reiré.
Sobre la caja de cedro,
los puñaditos de tierra
sonarán.
El viento se irá llevando:
«¡Tan sencillo! ¡Tan correcto!»
Y yo, solo. Como antes.
Como siempre, siempre, ¡siempre!
Muerto.

 

 

 

 

CON EL CIELO TAN LEJOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Eusebio García Luengo

Ahora,
con el cielo tan lejos,
viejos parientes robadores del sueño,
con el cielo
tan igual, tan vacío, tan triste,
sobre vuestras cabezas
y vuestros heredados cuerpos,
ahora,
casi desconocidos parientes,
en este instante,
cuando un San José de yeso,
un abreviado Santísimo Rosario,
un interesado rezo,
no podrían defender vuestras cosechas,
vuestros campos,
los desiertos graneros,
ahora,
labriegos ciudadanos,
con la tierra que inexorablemente el sol maldice ahogándoos
y que os sobrará para los huesos,
sin trigo, sin aceite, sin almendros, sin flores,
con los Bancos cerrados,
con los Registradores enfermos
y la antigua medalla de caciques
colgándoos del cuello,
ahora, lejanos tíos,
ignorados parientes de una sangre que muere,
cuando sólo dos perros defienden vuestra casa
ahora quisiera hablar de mis recuerdos.

xxDebisteis no olvidarlo,
nunca es tarde para hablar de esta historia,
de este resentimiento
que puede maldecir vuestro destino,
vuestras letras de cambio,
hasta el postrer gemido,
la olorosa madera de un ataúd
que irremediablemente os va a servir de enterramiento.
Debisteis no olvidarlo.
Yo era entonces un niño perdido, abandonado.

xxOs hablo de mi madre.
Cada lágrima suya,
cada carbón manchando su mejilla,
la dulce mansedumbre de sus manos,
separa nuestras vidas.
Oh, lejanos parientes de una sangre que lloro,
debisteis no ignorarlo.
Intentasteis hasta borrar los nombres,
las señales, los años.
Pero un corazón crece sobre el mundo
y un abismo separa nuestras vidas
irremediablemente,
fatalmente,
oh parientes lejanos.

xxNunca es tarde para hablar de estas cosas.
La Historia es una historia repetida,
la plenitud de un llanto.
Quisisteis que olvidase.
Pero un corazón crece. Y un abismo.
Fatal, infranqueable,
eterno,
ancho.
Nunca es tarde, parientes,
para cantar furiosamente,
interminablemente
los agravios.

xxHablo
de una primera comunión
sin traje blanco,
de doce carnavales sin pierrot,
de un bautismo,
de una confirmación
entre lluvias y barro.
Nunca es tarde, parientes,
cuando hay un corazón que señalamos.
¡Los mecánicos y complicados juegos de los primos,
los vestidos,
los pájaros!
Y yo tan solo. Solo.
Tímido corazón deshabitado.
Por olvidar mi sangre, mi edad, mis apellidos,
guardasteis los retratos.
Borrasteis las señales, repartisteis
papeles, montes, campos.
Un abismo,
un abismo separa nuestras vidas,
no queráis ignorarlo.
Ahora que los aperos enmudecen
sobre la tierra —¡mía!—
que basta a vuestros pasos,
hora es de recordar, viejos parientes,
para gritar furiosamente,
interminablemente,
los agravios.

 

 

 

 

DESESPERADA NOTICIA A JOSÉ GARCÍA NIETO

xxxxxxxxxxxxxxxx«Siempre es demasiado tarde y siempre en vano
xxxxxxxxxxxxxxxxcuando se abren mis ojos para verme a mí mismo».

xxxxxxxxxxxxxxxx«¿Y no es esta la voz de un viviente, acosado
xxxxxxxxxxxxxxxxhasta en su propio centro, desvalido y despeñado
xxxxxxxxxxxxxxxxsin recurso…»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGoethe

xxxxxxxxxxxxxxxx«Siento que sólo la sombra me alumbra».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMiguel Hernández

xxxxxxxxxxxxxxxx«Donde habite el olvido».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBécquer,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxleyendo a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxLuis Cernuda

xxxxxxxxxxxxxxxx«Bien sabe el cielo que con sangre escribo».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxAntonio Enríquez Gómez

He llorado tantas veces,
en la alta soledad de la noche,
cuando la paz es patrimonio sólo del más frágil de los recién nacidos,
xxxxxxxxxxxx[del más apartado de los sepulcros,
he pensado tantos años enteros sobre el oscuro destino de cada ma-
xxxxxxxxxxxx[drugada, sobre el cadáver que eternamente entierro si
xxxxxxxxxxxx[pasa un día, si pronuncio una palabra, una sola palabra,
que ahora no sé,
oh triste corazón de llanto,
hasta cuando esperaré inútilmente.
Imperiosa, eterna, enemiga de los humildes hombres, del huérfano
xxxxxxxxxxxx[vuelo de los pájaros, la vida pasa inexorablemente,
xxxxxxxxxxxx[transcurre para no regresar jamás, se olvida…
Como un río de barro sucede,
interminable y repetida como un pozo de frío y de sombra.
¿Hemos de pisar siempre sobre muertos,
hemos de caminar descalzos
sobre verdes botellas deliberadamente rotas,
sobre una misma historia inútil?
Dios seguirá ignorando mi vida porque me cuesta creer en la resu-
xxxxxxxxxxxx[rrección de los muertos,
en el perdón de los pecados veniales.
Mas Dios no debía olvidarse de que una lágrima no suena nunca
xxxxxxxxxxxx[sobre el montón de calderilla y odio que hemos de
xxxxxxxxxxxx[conquistar cada mañana,
cuando apenas si el alto sol alumbra los cuartos abandonados
xxxxxxxxxxxx[precipitadamente,
los cementerios,
los tristes hospitales,
los hospicios y el fácil sueño de los niños ricos,
los húmedos patios de vecindad y arrabales.
He complicado mi vida en la esperanza
y ahora sólo sé,
oh abandonado corazón,
que una mano se tiende acusando,
que amenaza y exige detrás de todo,
donde termina todo.
Cien millones de mundos giran eternamente,
perfectamente.
Casi dos mil millones de habitantes
pasan,
se pierden,
mueren.

He complicado mi vida en el silencio, en la esterilidad de unos la-
xxxxxxxxxxxx[bios que nunca sabrán decir sí, ni quizá, ni acaso.
He manchado mi vida con las viejas historias de abandonados ni-
xxxxxxxxxxxx[ños, de mujeres redimidas a tiempo, de hombres
xxxxxxxxxxxx[amenazados y de puños cerrados de impotencia y
xxxxxxxxxxxx[de rabia.
Y pienso que si el cielo, con premeditada intención, desplomase
xxxxxxxxxxxx[sobre nuestras resignadas cabezas su martillo, su
xxxxxxxxxxxx[maciza presencia, convirtiendo la vida en una man-
xxxxxxxxxxxx[cha de sangre, en una noche eterna, igual, única,
xxxxxxxxxxxx[sin regreso posible,
alguien,
los condenados a muerte,
los que habitan las más altas buhardillas,
los jóvenes enfermos,
los muchachos a punto de perderse,
volverían a Dios.
He manchado mi vida esperando, esperando siempre.
He gritado junto al corazón de los hombres para regresar desde el
xxxxxxxxxxxx[antiguo camino.
Porque el hombre está solo.

Amigo, tú lo sabes,
tú lo sabes, pero voy a repetirte
que nuestra soledad no tiene remedio,
que habría que multiplicar por cien cada palabra para que la gen-
xxxxxxxxxxxx[te detuviese un instante su enloquecido paso.
¡Las palabras!
Se atropellan, se agitan, fallecen en el aire.
¿Tú podrías decir cómo te llamas?
He gritado interminablemente,
he vuelto a preguntarme
con un clamor de sangre en la garganta.
mas nada queda ya, sino ceniza,
detrás de las palabras.
Oh tu amistoso abrazo: Dios existe.
Mas quizá sea demasiado tarde.
Tú lo sabes;
un sólo gesto podría salvarnos si una muchacha en flor quisiera,
si alguien nos preguntase, una vez sólo, que si somos católicos,
o cómo nos llamamos.
He tenido que olvidar rencorosamente tantas horas perdidas.
Mas clamaré en el silencio de las calles desiertas, de los templos
xxxxxxxxxxxx[vacíos.
Porque ese es el destino del hombre.
Olvidaré los apellidos, las ciudades, para seguir muriendo de
xxxxxxxxxxxx[cansancio.
Y esperaré la luna todavía.

Yo quisiera saber que sobre los faroles,
sobre las pobres mujeres indefensas que han nacido desnudas
xxxxxxxxxxxx[para poblar la noche,
para creer remotamente en Jesucristo,
—árboles, piedras, quizá sólo paisaje, cosas—,
Dios tiende su mirada.

Amigo,
abandonado como yo al dolor eterno de volver a empezar,
tú ya lo sabes.
Si las palabras quieren decir aún algo,
si es verdad que los pájaros viven milagrosamente y el desinte-
xxxxxxxxxxxx[resado cántico de las cigarras importa,
si un buen día va a amanecer hecho de luz gloriosa
y Dios ordena el viento y la sonrisa,
¿va a cesar de repente la costumbre de un llanto donde hemos
xxxxxxxxxxxx[aprendido tantos inconfesables siglos?
Dime, amigo, que esperas.
Y habitaré el olvido, el sueño,
las dulces avenidas de mi infancia.
¡Oh soledad, destierro, viva historia!
Esta es mi vida, amigo,
sencillamente escrita.
Tú lo sabes.
Sea contigo la paz.

 

 

 

 

HABITACIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Juliana Moreno Sanmartín.

Amada: ya está aquí.
(Plazoleta de niños).
Y llueve.
¿Allí?
No, no. Más lejos.
Llueve.
(Alocados pájaros
en los pararrayos).
Y llueve.
¿Dónde está el barco? ¿Dónde?
Alguien llora,
alguien grita,
va y viene
alguien.
Pero nadie
sonríe.
Y llueve. ¡Siempre llueve!

 

 

 

Pérez Valiente, Salvador. Cuando ya no hay remedio. Valladolid; Halcón – Colección de poesía, 1947.

 

LECTURA HOMENAJE A ANTONIO GÓMEZ CANO

 

Este martes, en el Museo Ramón Gaya, se llevaba a cabo una lectura poética en homenaje al pintor Antonio Gómez Cano con motivo del centenario de su nacimiento. El poeta que ejerció como maestro de ceremonias del acto fue José Antonio Martínez Muñoz, que además de exigir que nuestros políticos deberían cuidar más a los artistas de su tierra (y curándose en salud añadió que si afirmaran que no tenemos a un Goya o a un Velázquez, ellos tampoco son Winston Churchill), fue dando a paso a los poetas que participaron en dicho homenaje: José Daniel Espejo, Antonio Marín Albalate, José Luis Martínez Valero, Ángel Paniagua y el propio José Antonio Martínez Muñoz.

 

 

 

 

 

 

Casi todos los poetas leyeron un poema escrito ad hoc. De esos poemas, algunos pensamos que el mejor fue el de José Daniel Espejo, que ha tenido a bien enviárnoslo. Disfrútenlo.

 
GÓMEZ CANO, EN LA ESTEPA

Porque somos así y solemos preguntarnos
si es posible en absoluto percibir el universo
desde la ciudad de Murcia y sin famosos al lado,
recomiendo a Gómez Cano y su poesía,
sus vistas secretas sobre espirales galácticas,
es decir, sobre una playa o una chica,
sobre la espuma de un Tiempo con grillos y cigarras.

Nunca estuvo en escenarios, ni firmó manifiestos
ni formó generación ni tuvo un color a su nombre,
fue chacal estepario, en la taiga del valor,
mas cazó cuanto quiso la belleza de su tiempo
merodeó en solitario por parajes desérticos.

Adoro a esos predadores, con nombres sin glamour:
sus obras no adornan los consejos de los bancos
ni están en colectivas con los grandes del momento.
Tampoco en su ciudad les hacen caso y sin embargo
su mirada es tan pura que enfría alrededor
su ventana se abre a las noches sin luna.

Silenciosos pero vivos, la pintura es alimento
humilde pero cósmico. Ellos acechan
y en sus manos la luz se transforma
en un fanal en la noche, una máquina del tiempo,
la brillante foto-finish del instante y el corazón.

Quién pudiera ser un artista menor,
y a cambio la valentía y la dignidad,
la paciencia y la paz del pintor solitario
que no ha venido aquí a comer carne muerta
ni a dejarse alimentar por otras manos.

De Gómez Cano aprendamos la fe,
la sublime honradez con que entra en su arte,
sigamos camino con su luz en los ojos
escojamos el lado por el que no pasa nadie.

 

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