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MUERTE EN LA CIÉNAGA BAJO LA LUNA LLENA

 

PARAR AQUELLA MUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…et plus las sept fois du pacte dur
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe creuser par veillée une fosse nouvelle.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxStéphane Mallarmé, Las de l’amer repos…

Desde luego uno piensa que escribir
tiene poco sentido, pero escribe,
no para de juntar sin fe palabras,
así fuera porque algo desde dentro
se las dicte o porque algo desde fuera
las provoque, da igual, solo se siente
desfallecer la vida alrededor
y el tiempo las condensa y precipitan
sin control aparente, hay que dejarlas
salir para que duelan y que amarguen,
para saber que nada es diferente
o especial porque nada dura, nada
las detiene o las dice, explotan solas,
son cauce indiferente y solas dicen
lo que quieren decir sin que se sepa
por qué ahora y no antes ni mañana.

El sol brilla en la tarde y se desprenden
de su luz —como el hielo se desprende
de los largos glaciares moribundos,
lamidos por las aguas cada vez más
calientes— y, sin pena ni piedad,
arrastran en su curso cada instante
de vida que se encuentran a su paso.

El aire quema, brilla en el cristal
el reflejo de almendros muy lejanos,
florecidos en otras primaveras
pero vivos aquí de tan presentes.
Inaudibles disparos se entrecruzan
con gritos de dolor y sangre abierta
junto a la arena tibia del desierto
y las palabras crecen desde allí
con el color de la desesperanza.
Desde luego uno piensa que no puede
parar aquella muerte, pero escribe
palabras con su olor para que al menos
nadie diga que fueron ignorados,
palabras con su olor para empeñarlas
en la conciencia misma del desastre.

 

 

 

 

BAJO LA LUNA LLENA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando el hombre se extinga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando la estirpe humana al fin se acabe
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngel González, Rosa de escándalo

Cuando estos mismos árboles alcancen
su madurez y puedan cobijar
bajo su sombra a nuestros descendientes,
cuando el mundo —este mismo o cualquier otro—
colme al fin su deseo
de ganar la partida al ser humano,
tal vez sea posible contemplar
la luna sin unir su plenitud
con un nombre, una fecha, sólo estar
aquí abajo, en la plaza, con un simple
cigarrillo en los labios, y mirarla
con la inocencia aquella primigenia
de quienes ignoraban sus efectos
sobre el mar y los ritmos de la vida,
de quienes la creían diosa libre
y aún no utilizaban su transcurso
para medir el tiempo, formular
peticiones rituales y ofrecerle
sangrientos sacrificios.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando todo
recomience y el hombre —como antaño—
sea sólo uno más entre los seres
acordes con la vida, al fin podrá
contemplarla ignorante de su hechizo,
sentir la paz que da su luz prestada,
ser —como ella— tan libre y prisionero
de una órbita fija, de unos ciclos
ajenos a su propia voluntad…

Fuera mejor que tal milagro nunca
suceda, que la estirpe de los hombres
desaparezca de la faz del mundo
y la naturaleza recupere su equilibrio.

 

 

 

 

LA CIÉNAGA

Ahora vuelven a hundirse nuestros pies
en el barro y notamos que se funden
con él, que su materia nos abraza
reduciendo el tamaño y la estatura
conforme pasan lentos los minutos.

Llega el barro a la boca e intentamos
gritar, pero la lengua se confunde
también con la materia roja y húmeda
que nos daba sentido. Todo acaba
como una mirada ya imposible
sobre el mundo lejano, aquí presente
como sola metáfora: la ciénaga.

Y acabamos allí, donde empezábamos,
tan sólo hace unos días, a mirar,
caminar y llorar, amar las cosas
y perderlas también, o abandonarlas.

El castigo es la misma indiferencia
con que el barro ahora cubre
sin piedad nuestros ojos y se nutre
de nuestras mismas lágrimas.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

ORO Y VACÍO

 

OTRA VEZ EL VERANO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY allí los jóvenes que se adelantan pasan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin ver, y siguen, sin mirarles
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxV. Aleixandre, Los viejos y los jóvenes

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Marín Albalate

Pasan los días. No sucede nada
que haga suponer que algo distinto
traerán. El pudor de los muchachos
se ha esfumado con los primeros signos
del verano incipiente y ebrios campan
de incierta como hermosa juventud.

Si te quedas mirándoles adviertes
plenitud de sus ojos y preguntas
inconcretas aún, la efervescencia
del deseo trocada en inquietud
y el agua de la vida en la que
alegremente, ajenos a la tarde
gloriosa que los unge, se zambullen
con indisimulada ostentación.

Pasan los días. Les observas. Miras
con nostalgia y envidia su esplendor
inconsciente y ajeno a todo. Ellos
no te ven, aunque su mirada encuentre
un instante la tuya y te parezcan
sonreír levemente o saludarte.

No pueden verte. Tú no estás allí,
formas parte de un mundo que no existe
para ellos aún, eres tan sólo
un elemento más en el paisaje.

 

 

 

 

ALBADA

Silencio oscuro casi roto por
el ruido peculiar de la desdicha
quitándose la ropa.

Amanece la lluvia y suena lejos
algún rayo de sol que se adivina
por encima del cielo de tormenta.

El deseo también despierta y busca
la manera de abrirse algún camino,
pero sólo las ropas ya cansadas

—apestando a tabaco y noche turbia—
le esperan en la silla. Nada más
encuentra que ponerse en los armarios

y decide marcharse tan desnudo
como vino a la casa, desvalido.

 

 

 

 

RAÚL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Se deben contar estos actos, estos fuegos, tan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrepetidos y únicos? ¿Se pueden contar, realmente?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxL. A. de Villena, Los días de la noche.

Entramos en el baño —como tantas
otras veces— a hacernos juntos, solos,
una raya, todo aparentemente
como siempre. Pero esa vez me hablabas
con tristeza: te habían despedido
por invitar a demasiadas copas
o quizás —me pareció entender—
por haberle negado tus favores
al encargado de la discoteca.
Te notaba dolido en cualquier caso,
decepcionado y triste. Estuvimos
charlando un largo rato, en voz muy baja,
sin prestar atención a los que fuera
gritaban o llamaban impacientes
a la puerta del baño. Sé que nada
que yo pueda decirte ahora —creo
que acerté a musitar— te va a servir
para borrar la pena, pero sabes
que te aprecio un montón, y sé que vas
a encontrar otra cosa pronto. Tienes
talento y mucha fuerza y —añadí
intentando esbozar una sonrisa
leve, pícara, cómplice— ese cuerpo
tan mono y esa cara… Sonreíste
también tú levemente al oír eso
y me diste un abrazo fuerte, como
no recordaba que me hubieras dado.
Te besé la mejilla, casi junto
a la oreja, quizá envalentonado
por ese abrazo tuyo. —¿Vamos ya?
Venga, meo —dijiste— y nos salimos.
Te abriste el pantalón y te pusiste
a mear, pero… Tío, ahora no puedo
me dijiste, aparentemente más
tranquilo tras haberte desahogado
y a la vez con el gesto contraído
de apretar para que la orina fuera
saliendo. Nada, tío, que no puedo,
repetiste impaciente. Yo no quise
mirar, pero era obvio que te habías
empalmado y querías que la viese
así, que la cogiera y sin decir
nada más ya nos diéramos el beso
que anhelábamos ambos desde meses
atrás. No me atreví. Fui un cobarde,
lo sé: una repentina y a la vez
estúpida prudencia me inhibió
el deseo, trocándolo en nerviosa
inquietud y ansiedad, tal vez en miedo
a un posible rechazo, que ahora sé
que no se habría producido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSí,
esta noche nos hemos encontrado
de nuevo allí, en esa discoteca, pero no
cada uno en un lado de la barra,
sino ambos en esa misma pista
de baile desde la que tantas veces
te veía mirarme sonriente
mientras ponías copas. Esta noche
el tuyo era uno más entre decenas
de cuerpos que bailaban y, —aunque nada
más entrar me he encontrado con tus ojos,
con tu hermosa sonrisa y tu abrazo
cariñoso— hoy tenía tu mirada
un brillo diferente. No has hablado
—como otras veces siempre— de tu novia
ni había alrededor rastro de ella:
en cambio, era un chico el que a tu lado
observaba nuestra conversación
entre curioso y molesto, el que ha cogido
tu mano para devolverte al centro
de la pista. Un chico, sí, ahora
tienes novio en lugar de novia, y algo
grita dentro de mí —mientras os miro
bailar juntos, felices, ahí abajo—
que si no hubiera sido aquella noche
tan estúpidamente pusilánime
sería yo el que quizás ahora
te tuviera pegado a mí, mirándome
con la dulzura tierna de tus ojos
que otra vez —furtivos, mientras él
miraba hacia otra parte— me han buscado.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

NEGATIVOS, LECTORES Y PERTENENCIAS

 

NEGATIVO DE VERDE DE ANDRÉS Gª CERDÁN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…los niños por las calles irán en pos de mí diciendo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxputa, hechicera, vieja, falsa, malhechora […] y otros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmuchos ignominiosos nombres
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSancho de Muñón, Trgcm. de Lisandro y Roselía

Las cosas no van bien últimamente.
A cierta edad, la casa de los padres
es una casa ajena y tu desorden
no cabe allí. Pesadamente late
el corazón. No duermes bien, tus sueños
ya no tienen el ágil desenlace
que quisieras. Hay muchos libros nuevos
que no puedes comprar y que te hagan
aprender, descubrir. No te dedican
canciones en los bares ni te buscan
para sitios de culto. No disfrutas
de tu tiempo, no vas a recitales
con amigos —cansados de llevarte
y tener que pagar también las copas—.
Desayunas revueltas y cadáveres
en El Cairo o Damasco. Las palabras
no se presentan sin avisar ni dicen
esas cosas hermosas de la vida
—ni las musas acuden ya a salvarte
de la desdicha y de la soledad—.
La gente no te quiere. También tú
te alejas de los otros como nunca.
No hay nadie que te ame y te haga ir
a esa orilla del mar como una ola
de alegría. Te ven llegar las calles
y van en pos de ti diciendo puto,
hechicero, viejo, falso, malhechor,
y otros muchos ignominiosos nombres.

 

 

 

 

F. B. A UN LECTOR APESARADO DE PALABRAS A LA OSCURIDAD

Yo sé que esos poemas te hacen daño
como a mí me lo hicieron los de otros
escritos hace tiempo. Sé que ahora
tu vida —tan distinta de la mía—
te está dando a beber un aguardiente
amargo como pocos y que todo
tu ser, en tus entrañas, se rebela
contra cada camino y cada piedra.
Sé que el miedo está haciendo florecer
su semilla en tus manos, en tus ojos,
tus labios; que las horas —hasta ayer tan
hermosas— aceleran ya sus pasos
por las calles de siempre y los momentos
de placer duelen antes de acabarse.

Igual que tú ahora, no tenía
certezas, no sabía dónde iban
a terminar llevándome los años,
ni si era verdad aquel fulgor
que prometían ciertos cuerpos núbiles
—tan sin formar aún y tan rotundos—,
ciertos versos que no era todavía
capaz de comprender, pero apuntaban
allí, al anhelado paraíso; ni tampoco
si alguna vez tendría fin la búsqueda
en la que descubrí que me encontraba
embarcado cuando las luces últimas
del puerto se fundieron en un solo
crepúsculo violento, apresurado.

Sé que no eres feliz y que tus ojos
añoran una luz que tal vez sea
imposible de hallar, un brillo tenue
o fulgurante que quizás no exista.
Pese a todo —exista o no, la encuentres
o no la encuentres— puedo asegurarte
que la búsqueda no te será fácil
como no te lo ha sido hasta aquí mismo:
cada elección implica una renuncia,
cada sueño cumplido una derrota
y un arduo protocolo de onerosas
condiciones con las que resarcir
—de las horas gastadas en vencernos—
a la vida.
xxxxxxxxxNo caigas en la trampa
de creer que si hubieras sido otro
habrías esquivado tu destino.
No hay varios posibles para nadie,
ni siquiera para los que parecen
felices, cuyos días se deslizan
como un hábil surfista entre las olas
del tiempo. No te engañes, ellos sufren
también, y ni siquiera son capaces
de saberlo ni —menos todavía—
de expresarlo.
xxxxxxxxxxxxxxYa sé que no hay consuelo
posible en lo que digo: conocer
el dolor, saber su causa, no protege
del dolor, no lo borra ni atenúa
sus punzantes reclamos, y es inútil
ignorarlo. Camina, pues, sin miedo
ni esperanza, no esperes nada bueno
del futuro, y recuerda las palabras
finales de Cernuda en Peregrino:
“tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto”.

 

 

 

 

PERTENENCIAS

Están acostumbrados a perdernos
y unas horas después nada es distinto.
Un atenuado amago de nostalgia
—que no dolor, por mucho que las lágrimas
de tanto en tanto afloren— les acompañará
durante algunos días, para ir
diluyéndose luego entre las fotos,
ropa, libros, películas y discos
—incluso algunos sin desprecintar—
que poco a poco habrá que ver si pueden
venderse o regalarse, y los que no,
tirarse a la basura. Poco importa
si todas esas cosas fueron parte
del muro que construimos para aislarnos
del exterior —del mundo, la familia,
los amigos incluso— o si conservan
un resto del afán con que nos fuimos
rodeando de ellas, ordenándolas
a nuestro alrededor para sentirnos
un poco menos solos al mirarlas.
Poco importa. Son un estorbo y deben
deshacerse de ellas para vender la casa
y seguir con sus vidas cuanto antes.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

DE FRACASOS, SECRETOS Y AMIGOS

diciembre 17, 2018 Deja un comentario

 

LA ESCRITURA DEL FRACASO

A un fracaso le sigue otro fracaso,
una histeria le sigue a otra, todo
parece conjurarse de algún modo
para hacer de la dicha un bien escaso.

Comienza así la noche a abrirse paso
tras la lluvia, los pies manchan de lodo
las baldosas, y la tristeza, codo
a codo con las sombras del ocaso,

difuminan el mundo conocido
—fotografías, libros, esas cosas
sin importancia apenas que acompañan

cualquier vida— y la rabia que han traído
también los pies, escribe en las baldosas
las palabras que más y mejor dañan.

 

 

 

 

EN SECRETO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Inocencio Mateos Navarro

En secreto me digo que la vida
no merece la pena, pero sigo
intentando vivirla como si
de verdad creyera lo contrario.

 

 

 

 

DE AMICITIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿He escrito ya que las amistades envejecen?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlberto Chessa, Sinopsis de la hipnosis.

Aunque siempre parezcan los amigos
recordarnos, es más anhelo nuestro
que verdad su interés hacia nosotros:
ellos viven sus vidas y en contadas
ocasiones recuerdan que existimos.

Sólo viven sus vidas, no precisan
de nosotros para sentir que viven.
Y nosotros gastamos nuestro tiempo
esperando que un gesto suyo diga
que somos y que estamos junto a ellos.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

MACBETH EN LAS MURALLAS

 

PENSAR EN VERSO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAprender a pensar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen renglones contados.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJ. G. de Biedma, El juego de hacer versos

Algunos aún se asombran de que haya
personas que divaguen sobre el mundo
y sus formas tangibles o intangibles
—realidades o simples pensamientos—,

de que cosas sencillas como el agua,
la luz o las distancias, den lugar
a poemas o largas reflexiones
donde mezcladas viven con nosotros.

Con lo fácil que nos resultaría
seguir el curso que dibujo el mundo
sin desviar la vista o detenerla
en algún recoveco del camino…

Pero hablamos, vivimos, nos movemos,
amamos y después nos gusta ir
buscando explicaciones, recordando
dónde estábamos antes de llegar.

Se asombran. Les parece que perdemos
el tiempo convirtiendo en un obstáculo
para el hoy el ayer. Y les parece
un ejercicio inútil la costumbre

de pararse a pensar sobre lo sido,
cuanto más el buscarles acomodo
—retorciendo el lenguaje— a todas esas
reflexiones en versos que detestan

o dicen no entender, porque les quitan
la razón, desdibujan esos nítidos
perfiles de las cosas y los seres,
les colocan —desnudos de certeza—

delante el engaño, y sienten frío
al tener que salir de su seguro
refugio de inocencia. Entonces dicen
la vida hay que vivirla y los poetas

sólo piensan en verso sobre ella…
Habría que ir pensando en arrancarles
los ojos y arrojarles en medio del
océano, para que no molesten.

 

 

 

 

LA VIDA DEL PINTOR

Está toda su vida por el suelo
desparramada, están sus muebles rotos,
sus dibujos, sus libros, colecciones
de láminas de arte —las que ofrecen
a modo de reclamo los periódicos—,
todo eso que fue probablemente
tan querido por él metido en esas
enormes bolsas de basura yace
en la calle, a merced de los viandantes.
Hay frascos de cristal de diferente
tamaño y formas, lámparas, enchufes,
productos de pintura, portafolios
sin nada en su interior… Y sobre todo
vida roto y ausente ya, quebrada
como algunas figuras del curioso
ajedrez medieval que a buen seguro
reunió también de algún diario. Algunos
magrebíes rebuscan cuanto pueda
serles útil, un grupo de señoras
que parecen haberle conocido
se llevan algún libro, algún boceto
de su mano, “como recuerdo”, dicen.

Y todo ante la incómoda mirada,
de sus hijos, que intentan evitar
el vergonzoso expolio que han causado,
pidiéndoles que cojan lo que quieran
pero que por favor no dejen todo
aún más esparcido, que no rompan
las cajas y las bolsas de basura
en que han ido bajando hasta la calle
todo aquello… Sin éxito. Apenas
una mujer se vuelve, les pregunta
cuándo, cómo ha ocurrido, mientras sigue
buscando entre los libros y las láminas
sin esperar respuesta, y ellos tratan
de meter otra vez todo en las bolsas.

Yo he intentado reunir las figurillas
de ajedrez medieval pintado a mano
y una curiosa biblia de la Watch Tower
Bible and Tract Society of Pennsylvania
vertida del inglés —muy diferente,
me parece, de la de Casiodoro
de Reina— y me he sentado en un pequeño
jardín para anotar esta somera
descripción del expolio del que he sido
partícipe también, espectador
y actor, tan miserable como el resto
de los que allí se untaban, impasibles,
las manos con el barro de la muerte.

 

 

 

 

UN POISON TUTELAIRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(S. Mallarmé, Le tombeau de Charles Baudelaire)

Qué quieren que les diga, no parece
que éste sea el lugar para que tontos
del culo vengan a escribir soflamas
incendiarias sobre lo que se hace
o se deja de hacer en la poesía
actual… Porque siempre estuvo clara
mi opinión al respecto: Baudelaire
ya escribió esa fiebre de mirarse
vivir y ver tan sólo lo que pasa
alrededor, o sea del vacío de la propia
identidad. Lo dijo con palabras
más cargadas de ritmo y de sentido
y de abismos y fuerza y de nostalgias
absurdas y precisas y tremendos
nubarrones de asco hacia sí mismo
y de piedad también, sí, de infinita
piedad de su figura miserable,
su siglo desquiciado y de los pobres
humanos tan absurdos que veía
claudicar ante el reto de la sangre.
No es el lugar ni el tiempo de contarles
lo que ya deberían haber leído,
lo que ya deberían haber vivido
ni que dejen de usar ese lenguaje
tan pomposo y vacío para hablarnos
de infiernos que seguro desconocen,
por mucho que se empeñen en llenar
con ira de fogueo sus bitácoras.

 

 

 

 

Y POR FAVOR NO LEAN A VALLEJO

Sigan dándole vueltas al oscuro
misterio de los astros, al tranquilo
discurrir —tan terriblemente ajeno—
de las horas, al lento sucederse
de los años sobre las estaciones
cada vez más iguales y propensas
a extraños cataclismos; sigan dándole
vueltas y buscando en ese gesto
displicente y cansado con que el mundo
nos mira, hormigas crédulas, cigarras
engreídas que nada ven u oyen
de lo que se nos viene encima, aquéllas
afanadas colmando sus estrechos
hormigueros para el invierno y éstas
absortas en su cháchara ruidosa,
disfrutando el calor de un sol con fecha
—no por lejana menos inquietante,
segura y cierta— de caducidad.

Sigan, sigan quitándose de en medio
los obstáculos para su insaciable
afán de construir, de perforar
de organizarlo todo a su manera
para un futuro estable. Del presente
no vayan a acordarse ahora, sólo
supondría un obstáculo y tendrían
que quitarlo también de en medio, igual
que las selvas inmensas donde apenas
algunos centenares de salvajes
—recelosos y sin civilizar—
se empeñan en seguir siendo el estorbo
mayor a su tarea.
xxxxxxxxxxxxxxxxxNo claudiquen
—les suplico— en su empeño, aunque falten
todavía unos cuatro mil millones
de años hasta que ese mismo sol
que sigue iluminando sus hazañas,
se convierta en estrella roja y borre,
abrase con su fuego, engulla toda
huella de este planeta. Mucho tiempo,
¿verdad? Por eso —insisto— sigan dándole
forma a ese inefable paraíso,
confiados en el agradecimiento
de las generaciones venideras.

No hagan caso de nuestra pobre cháchara
desencantada, sigan adelante
y, por favor, no lean a Vallejo
ni a Szymborska, ni a Milosz, ni a ninguno
de sus torpes, inútiles congéneres:
ya se irán —como las cigarras— cuando
no quede ningún árbol desde donde
parlotear en contra del progreso.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

LA GUSANERA DEL FRACASO

noviembre 14, 2018 Deja un comentario

 

¿OTRA VEZ ÍTACA?

Ahora, cuando siento que la vida
le ha regalado a otros lo que yo
anhelaba, cuando empiezo a entender
que sus promesas no eran más que sueños,
fabulaciones crédulas de mi imaginación,
cuando los vientos del futuro
hinchan velas de barcos más ligeros,
modernos y veloces que mi pobre
chalupa, me pregunto
si mereció la pena el alto precio
que tuve que pagar: dejar atrás familia,
casa, amigos, seguridad, cariño
—exigente, pero cariño al fin—
para subir en ella con la vaga esperanza
de aquel mundo dorado, libre, fácil,
independiente y pleno.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRefulgían
oros en la distancia, destellaban
cúpulas de imaginados templos
donde cada deseo se vería
satisfecho con sólo hacer al dios
la pertinente ofrenda. Se escuchaba
—muy lejos— el galope de caballos
hermosos, los más bellos
que pudieran haberse imaginado,
y la sangre en el corazón latía,
corría por las venas con una amarga urgencia
por escapar de allí, me golpeaba
las sienes con un ansia desmedida de riesgo,
peligro y aventura eran las únicas
palabras del exiguo diccionario.

Ahora, cuando pone la vida ante mis ojos,
con insana delectación, aquello
que yo anhelaba, me hago una pregunta
—sin pretender siquiera que algo o alguien
la pueda responder o me demuestre
que ni es la correcta ni la única
que debo hacerme—:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿dónde hallar, al menos,
esa sabiduría que los viejos
de mi pueblo de origen poseían
sin haberlo jamás abandonado
ni desear hacerlo? ¿Dónde hallar
la calma de sus ojos al mirarme
—condescendientes, neutros— cuando niño?
¿Es posible esa paz en este mundo?

Aunque algunos minutos —dos, tres, cinco,
media hora a lo sumo— cada muchos,
muchos meses, pretenda la hechicera,
sucia vida de aquí, reconciliarme
con su dorada escoria mediante vanos trucos
y trasuntos de la felicidad,
esa que muchos, que casi todos dicen
disfrutar ya o estar a punto,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy aunque cada
vez parezcan sus espejismos más
reales, esa efímera chata plenitud
—rodeada de fango que se niegan
a ver, reconocer que lo están viendo
cada día, que hunden sus zapatos
en él cada mañana—, entreverada
de este mismo deseo de final,
de acabamiento lúcido y sensato,
que nos niegan por ley incluso,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaun
así, respondo a mi pregunta: no,
no es posible esa paz en este mundo.

 

 

 

 

EL VELLOCINO DE ORO

Si tus cabellos van encaneciendo,
las luces apagándose y las vanas
esperanzas dejándose arrastrar
por fríos vientos que proceden siempre
del lugar al que estabas intentando
llevar tus pasos, cada vez más lentos;

si empiezas a notar que las alegres
miradas de los jóvenes se vuelven
y se alejan apenas te saludan
no aparentas la edad que tienes, dicen—
mostrándote —si no te habías dado
cuenta aún— que por mucho que te gusten
e insistas —les encanta— para ellos
ya estás del otro lado de la cumbre;

si tu cuerpo no aguanta como antaño
largas horas de búsqueda y excesos
—que no te brindan el deslumbramiento
de ayer, más bien te aburren— y te cobra
cada noche de turbios recorridos
con tres o cuatro días de agotamiento;

si la vida —que ya te parecía
hace años tan frágil y en peligro—
parece estar tornándose tan árida
que te aterra poner cada mañana
los pies sobre la alfombra y afrontarla
con ánimo, no debes sorprenderte
ni arrepentirte.
xxxxxxxxxxxxxxxPiensa que de cuantos
senderos ante ti se presentaban
—a pesar de las muchas opiniones
contrarias— elegiste el más agreste:
pensaste —¿lo recuerdas?— que el camino
natural —relación estable, casa
propia, hijos— no era el tuyo, no
podía conciliarse con la vida
verdadera,
xxxxxxxxxxxcon el constante riesgo
de naufragar sin alcanzar siquiera
a entrever el fulgor del vellocino
brillando en la distancia, con la firme
convicción —¿en verdad llegó a importarte?—
de que muchos amigos quedarían
rezagados, cansados de remar
en tu provecho o tú los dejarías
atrás cuando ya no te hicieran falta.

¿En verdad te sorprende estar varado
en esta costa, solo…? ¿Y en verdad
te arrepientes de haber dilapidado
sin pudor la confianza y el apoyo
de cuantos se atrevieron —atraídos
por tu arrojo quizás o por la magia
falaz de tus palabras— a emprender
a tu lado tan insensato viaje…?

 

 

 

 

REPRESÉNTASE LA BREVEDAD…

En las fotos buscadas, en los sueños sepultos,
en el aire voraz que ya ha abrasado
las pocas ilusiones, en tu carne imposible
y en el beso que nunca y en la luz que
jamás, en todo toco la vida desquiciada,
desordenada, inútil, vacía,
que no podré vivir o que viví sin saberla
—¿alguien sabe la vida mientras vive?—
y ya es tarde y no puedo volver hasta la noche en
la que dije que no a aquellos labios,
al imposible tiempo en el que quise, —o creí
que quería— que no faltaras nunca,

ni a los cuartos oscuros donde sólo las manos,
los cuerpos y el sudor y los murmullos,
los súbitos mecheros, la prisa, el desenfreno
por correrse y salir y —sin lavarse
las manos, sin apenas mojarse un poco el pelo—
regresar a la pista, el loco baile
y a las turbias miradas —sólo tiene unos ojos
el deseo—, y ya es tarde y todo aquello
no existió ni tampoco lo recuerdo aunque crea
que puedo recordarlo: no hubo noche,
pista de baile, cuarto oscuro, sexo aún
más oscuro y luego lluvia de amor que
todo aquello limpiaba y arrastraba en torrenteras,

es tarde ya, pasado, vida vete
de aquí, ya no atormentes el alma de quien no te
reconoce ni acepta tus fantasmas
y su cháchara vana, no recuerdo, no quiero
recordar, ya no estamos, ni queremos
ni somos, ni pensamos lo mismo, no podemos
hablar el mismo idioma. Es tu turno,
futuro, habla, dile, interpreta para ella
mis palabras, para que al fin entienda
que no creo ni en ti ni en ella, sólo en la tibia y
falaz inexistencia que llamamos
presente y que se esfuma al decirlo, que no dura
ni el tiempo de decir esas tres sílabas.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

ESTA TARDE: PRESENTACIÓN DE ‘DEBAJO DE LOS DÍAS’, EL NUEVO LIBRO DE ÁNGEL PANIAGUA

Esta tarde, a las 19:00 h, en el Hemiciclo de la Facultad de Letras de la universidad de Murcia, y acompañado por el también poeta y periodista José Antonio Martínez Muñoz, se presenta ‘Debajo de los días’, el nuevo libro de Ángel Paniagua, editado por la editorial Raspabook.

 

 

Y aquí tienen dos poemas del libro.

 

 

UNAS FOTOGRAFÍAS

Miro ahora las fotos y no puedo
dejar de preguntarme qué conservan
de mí, qué soy aún de aquel que entonces
fijaron en el tiempo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxApenas nada
queda ya: ni la casa en la que fueron
tomadas es la mía, ni la gente
que en ellas me rodea esta a mi lado
ahora, ni la intimidad risueña
que parece flotar alrededor
es nuestra ya.
xxxxxxxxxxxxxxEl tiempo —separando
esas vidas y borrando los afectos
que las unían— ha convertido todo
en imágenes sin significado,
como ruinas de un templo que tal vez
no existió de verdad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUn sueño vacuo
que ahora, al despertarme, se deshace
en pequeños fragmentos inconexos
que la luz difumina y va borrando.

 

 

 

 

AUGURIOS

Ya no es tiempo de andar con los recuerdos
a cuestas todo el día, de mirar
al pasado como una Arcadia virgen
presente siempre en la memoria, haciéndonos
sentir a ratos bien, a ratos mal,
con la sola mirada de sus tercas
imágenes.
xxxxxxxxxxxAhora que es tan tarde
para mirar atrás como imposible
hurgar en el destino, consultar
quiromantes y astrólogos, no es tiempo
de andar con la mirada puesta siempre en
las vueltas del futuro, suplicándole
esos cambios que no nos atrevemos
a emprender sin ayuda.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora es tiempo
de convencerse al fin de que no existen
más que las consecuencias de los actos
que llevamos a cabo y un sentido
de culpa que termina transformándolos
para salvarnos de nosotros mismos.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

DESPUÉS DE LA VISITA DE CANDAYA Y BANDA LEGENDARIA A MURCIA

Qué auténtico gustazo la tarde/noche de ayer.

Siempre es un auténtico placer recibir la visita de los responsables de la editorial Candaya en Murcia. Su saber hacer, el trabajo que dedican a cada uno de los libros que editan y el amor hacia la palabra, consigue que quererlos sea sencillísimo. Aunque la excesiva exposición de teoría filosófica, literaria y de la imaginería que utiliza el autor hizo que la presentación se me hiciera algo pesada, no es menos cierto que tanto el planteamiento como algunas de las pinceladas que contó Álex Chico sobre cómo la había llevado a cabo, consiguió que me picara la curiosidad, así que en cuanto pueda intentaré hacerme con la novela.

 

 

 

 

 

La presentación de la revista 21veintiúnversos, así como de las ediciones que lleva a cabo la editorial Banda Legendaria, fueron de las que hacen uno vuelva a casa con las baterías cargadas para varios días.
La revista 21veintiúnversos es, sencillamente, genial; la mezcla de nombres y diseño es absolutamente maravillosa. Pero es que las otras dos colecciones que tienen, además de la revista, es para hacerse con ellas sin pensárselo.
Ojalá se les pudiera ver por Murcia con más asiduidad.

 

 

Y luego, ya saben: unas cervezas, que estas cosas dan mucha sed, y hablar de amigos comunes. Y, lo repito: ojalá se repitieran estas noches con algo más de frecuencia.

 

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

xxxxxIV

Allí donde por siempre nos quisimos
estaba también dios, el dios perfecto
que nunca fue creado por mortal
ni revelado por ángel o profeta
de estirpe humana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEstaba
con nosotros, y éramos, mi muerte,
la única unidad, la luz, el nido
donde hicimos —¿recuerdas?—
el amor tantas noches, mientras sólo
las rapaces nocturnas nos guardaban
del vuelo de los pájaros, y eran
aquellas voces suyas, tan iguales,
los únicos sonidos que mostraban
nuestra presencia al cielo: cuántas noches,
cuántos besos robados a la luz,
cuánta gracia sobre mi voz la tuya
derramaba… ¡Y no puedo recordarlo!

Escogiste el refugio de la noche
para amarme, la hermosa tienda en medio
de un desierto cuyo camino ignoro:
como Psique, llevé mi lamparilla
para amarte una vez en la penumbra
del aceite, pero una gota ardiente
reveló la trampa, y al momento
tornó el amanecer en luz del día
cuanto allí descubrió el fulgor tan breve:
tu cuerpo derramado como hierba
que duerme sobre el cielo: un brillo tenue
debajo de los párpados,
un brillo sin color, pero más raro,
más hermoso.
xxxxxxxxxxxxxAllí tuve conciencia
de tu dulce belleza, de tu extraña
crueldad y del error de haber querido
amarte, siendo sólo
una víctima más de tu hambre ciega.

 

 

 

 

xxxxxXV

Es como si de pronto todo hubiera
dejado de existir, el ruido informe
de truenos ya cercanos, las imágenes
con que intenta mi mente darte rostro,
las luces de la tarde que se alejan
dejando todo en sombras;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si
se hubiera suspendido en las miradas
el tiempo y una sola,
la tuya, avanzase por la senda
de minutos y horas que nos hacen
envejecer…
xxxxxxxxxxxComo si de repente
vinieras a tocarme, y no me hablaras,
y yo no te nombrara, y dibujases
tu sombra a mis espaldas y la luz
me permitiera verla atravesando
mi pecho con los ojos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo ha sido
relativo y fugaz, y ahora te marchas,
me abandonas apenas comenzada
nuestra conversación,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el tiempo vuelve
y me retiene aún junto a la vida…

 

 

 

 

xxxxxXVII

La vida entre la bruma
de aquel rumor antiguo se me vuelve
pesada carga inútil. Aún diviso
esas playas que no me pertenecen,
en las que no nací y que a mis preguntas
muestran sólo insondable
aletear de gaviotas sobre el agua
picada del misterio,
lanzarse cuando advierten
el tenue movimiento conocido
bajo la superficie, alimentarse
allí y ascender luego.

Sólo esto me es dado contemplar
donde no quedan sino
estelas que las olas van borrando
más deprisa que el barco las dibuja,
pasos ciegos de ingenuo caminante
que en su sed precipita los hallazgos
y de nuevo, ya tarde,
siente el beso en sus labios de la arena
quemada por el sol.

Aquella inmensidad ardiente y ésta
tienen mucho en común:
el desierto es de agua
como el mar es de arena y sus respuestas
conducen a la nada. Allí serpientes
navegan por la arena sin apenas
tocarla, sin quemarse,
y aquí simples gaviotas impertérritas
descienden al abismo, se alimentan
en sólo un breve lapso de su vuelo
y ascienden otra vez, sobrevolando
la vida.
xxxxxxxAquí espero
las palabras de una definición
que baste para conjurar la sombra,
para abrir en su anverso los celajes,
la torpe reducción a polvo estéril
de aquel cuerpo de luz ensimismada
que dibuja siluetas
en el agua, gaviotas en el aire,
dando forma al vacío,
mudándolo en azogue de mis ojos.

Ahora intento ocultar mi rostro al cielo
y miro cómo un ave vuela en pos
de unas olas pequeñas,
y se lanza y consigue todavía
hurtar un cuerpo inerte de las aguas.
Pero siguen más olas empujándose,
creciendo desde el último
confín del horizonte hasta aquí mismo.

Las gaviotas se alejan asustadas,
ninguna ya se atreve a profanar
la furia despeinada de las aguas,
la costa se ha perdido
de repente entre el cielo gris de nubes
que amenazan caer; ellas lo saben
y vuelan ya lejanas, avisadas
por el extraño olor que ya hace rato
trajo el viento: es su furia
—que hace noches los días y oscurece
y afila los temores con la sola
presencia de su voz— la única
verdad fiel a sí misma desde cuando
yo era un niño, el viento pertinaz
que golpea las cuerdas y las hace
sonar contra los mástiles,
dibuja sueños ciegos y otra vez
los sepulta en las bodegas con silbidos
atroces…
xxxxxxxxx¡Tiempo inerte
cuyo último escalón temblando asciendo
en busca de la otra plenitud
verdadera, ¿cuándo esta tormenta
oscura y estas olas
que en masa alrededor de mí retumban
dormirán en la prodigiosa luz
de la hora que aguardo, donde el cielo
y el infierno me dejarán inmune
al universo del destino…?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora,
cuando ya nada siento inamovible
—ni la mentida luz artificial
de esos pocos fanales,
ni la sombra que ya nada circunda
pues todo es ella misma
ni mi rostro azotado por las olas—,
cualquier pregunta me resulta inútil…

El hechizo persiste, aquel anhelo
primero permanece, y sólo siento
batir contra mi alma las respuestas
que busco y que le fueron otorgadas
alguna vez, lo sé, al visionario con fuerza
suficiente para rendir su vida,
sin tiempo de escribirlas: aun ahora,
comprendiendo la inútil vanidad
de tentar el misterio, envidio su destino.

Y al sentirlo imposible quimera literaria
me refugio en la imagen de esas aves
que impertérritas bajan al abismo,
se alimentan en sólo un breve lapso
de su vuelo y ascienden otra vez,
sobrevolando la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Triste imagen
me ofrecen de mí mismo…!
Vuelvo sobre mis pasos,
cabizbajo, y me alejo de la borda,
convencido por fin de no ser uno
de aquellos elegidos que murieron
al mirar descifrado el imposible.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Gaviotas desde el Ariel. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

UN MOMENTO DESPUÉS

 

(Poema de Ángel Paniagua aparecido en el número cero de la revista La Puerta Falsa de Murcia en diciembre de 1995)

 

UN MOMENTO DESPUÉS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo hallarás nuevas tierras. No hallarás otros mares.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa ciudad te seguirá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxC. P. Cavafis

Dijiste: «Simplemente, el tiempo justo
de acabar el cigarro, leer un poco,
mirar por la ventana a esos chavales
hablando muy inquietos sobre un coche
prestado —al parecer le han roto algo,
un piloto tal vez— y regresar
al poema que había dejado a medias,
intentar terminarlo de una vez…

Todo esto después de estar pensando
en que nada posees, en que vives
de prestado y no haces más que andar
por los mismos pasillos, en que pronto
—si no encuentras trabajo y ganas algo
de dinero, si pasa otra semana
y otro mes y el verano y todo sigue
igual— tendrás que irte de ti mismo.

 

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ENDECASÍLABAMENTE NUESTRO

Endecasílabamente nuestro

 

POEMA DE “MONÓLOGOS EN EL VACÍO”

Para estar en pie me levanto, solo
para eso, para seguir constatando
el vértigo de la vida ante el abismo; o
para leer Percy Shelley en el Ariel
y llorar ante la perfección de un
“da pena esta limpieza de mi cuerpo”.
Y ponerme muy serio en el verso último
‒”me siento ya muy sucio, voy al baño”‒
del poema Un poeta español prevé
su muerte. Porque al igual que tú, Ángel,
dejas aquí este libro, dejo yo
estos versos míos, descalzo, blancos
versos como de andar por casa, para
‒tú lo has dicho‒ la justicia del tiempo;
sabiendo ya Navegante de Cortés que
“el dorado equipaje de los años
empieza a deshacerse por sí solo…”;
en mi caso ya deshecho del todo,
como mi mundo de nieve y de barro
donde nunca ni nadie, acaso
porque igual que en tu Sueño de Empédocles
“dije tierra y el mundo se deshizo”,
dije tristeza como algo sublime,
dije lentitud de voz en la tarde,
dije ficciones ‒todo es mentira‒,
dije yo Never more ‒tampoco es cierto‒
con el cuervo de Poe sobre mi hombro
y dije cuanto acaso nunca dije.

Para estar en pie me he levantado yo
esta mañana de un día domingo
en las claras ojeras de mis ojos,
como jamás escribiera Vallejo;
para acordarme del barco fantasma
donde tan absurdamente payaso
en noches de borrachera navego,
a la deriva y sabiéndome ya hundido,
y sin embargo todavía clara-
mente leyendo el aserto del verso
tercero de El holandés errante
cuando escribes ciertamente diciendo:
“veo sucias de barro las baldosas”;
y mucho más adentro, con un duro
“pero siguen hablando sin mirarme,
diciendo del grito que oyes, del balcón…
de la caída diciendo…
del cadáver
que es para mí el poema cubierto
con la sábana gris de la desmemoria.

Para estar en pie sigo levantado
De noche, con Vallejo y tu palabra
para contemplar, desde lo que somos,
“la soledad, la lluvia, los caminos”
y así reconciliarme con la Nada
ante tus Monólogos en el vacío;
o para sentir, en el último instante,
la caricia de la cuerda en el cuello, o
para espantarme y continuar huyendo.

Y por la costumbre esta de estar en pie.
Acaso por eso, por pura inercia;
sin acritud lo digo, puedes creerme.
Ya sabes, amigo, nadie es perfecto.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxAntonio Marín Albalate

 

 

 

SI NO FUERAS TAN HAMLET

Si no fueras tan Hamlet
y tu peinado probara tu oculta
culpabilidad podría ofrecerte
la cabeza de Desdémona, bella
de ojos fríos, junto a un viejo amigo
de ojos moriscos que un día llamaste
Otelo, mientras tus versos de acento
veneciano siguen la goleta negra
que abre la herida de tu calavera.
Si fueras tempestad, gentil amigo,
no estarías ya hace tiempo, lejos
siempre de vestir el naufragio,
y la noche se hubiera despedido
con la misma bienvenida taimada
que nos brindas en cada abrazo.
Si fueras ya recuerdo, busto vago
de la memoria que nos aniquila,
recitaría como bardo
la traición y perfidia de las brujas
que acecharon tantas noches de insomnio,
tus veladas aguardando ese crimen
que despertara tu viejo puñal
para escribir el verso último, nada
y nadie Ángel, siempre
el final de un quinto acto
donde reside el odre de tus versos.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxVicente Velasco

 

UNA CANCIÓN EXTRANJERA

Una canción extranjera

 

RAZÓN DE LA IMPOSTURA

Ahora que ya tengo la certeza
de haber pertenecido ‒amado, roto,
ganado, recompuesto y, al final,
perdido siempre‒, puedo reclamarle
a la tierra un lugar donde fingir
que mi vida fue bella, tierna, hermosa,
y que nada me puso nunca al borde
de las acostumbradas deserciones.

Debo fingir si quiero que las horas
me miren con piedad y no voceen
mis pérdidas, publiquen mis caídas
ni se ensañen con los espacios blancos
que empiezan a entreverse en mi mirada,
la nostalgia de viajes que no hice,
los libros sin leer que en los estantes
recelan de entregarme sus secretos.

Ahora debo fingir, no cabe duda,
habitar el silencio de una oscura
terraza, donde sólo mis deseos
no cumplidos y el fuego de las lágrimas
por esas tantas horas imposibles
iluminen mi vida, mientras busco
en todos esos libros la respuesta
al enigma perdido de estos años.

 

 

 

 

NOCTURNO INSANO

Aquí, en esta casa donde todo
parece respirar mientras me ahogo,
donde cada sillón y cada libro
me están robando el aire, aquí termino
de comprender al fin que el orden
de esta atmósfera insana desconoce
mi nombre y mis sentidos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo es mi casa
este pobre habitáculo de rara
orientación, en el que apenas puedo
tener todas mis cosas: no lo siento
como propio y por eso no estoy nunca
sentado aquí, leyendo ante la luna
o ante el sol de la tarde, más que algunos
minutos, una hora, el tiempo justo
para fraguar un plan de huida, el mismo
de ayer y de mañana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos motivos
no importan mucho y siempre tienen poco
de veraces: es fácil ‒cuando sólo
se ha de responder ante la propia
conciencia‒ ir dejando que la ropa
usada se amontone y que la pila
de platos crezca muda cada día.

La desgana, el desorden, la basura
interior, suelen ser también de ayuda
para que la derrota aún me sea
más flagrante si cabe y ya no pueda
fingir que me importaba.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAquí termino
de comprender que el aire que respiro
lo emponzoñé yo mismo con la torpe
decisión de encerrar tras los barrotes
de esta jaula sin fe mi ansia errante.

 

 

 

 

DON JUAN EN EL CEMENTERIO

Así gritó a la noche que no habría
sepulcro sin su sombra,
ni lápida en la cual no se pudiera
‒combinando las letras de otro modo‒
reconocer su nombre.
Gritó tan vivamente que los muertos
temblaron en sus tumbas,
y muchos que le habían conocido,
amado o despreciado,
sufrieron pesadillas o cayeron
de sus lechos al suelo.

Estaba allí, los brazos extendidos
hacia el cielo, borracho, desafiante,
entre aquel mar de cruces,
una más de las pálidas estatuas
bañadas por la luna.
Estaba allí don Juan y maldecía
la estirpe y la memoria de su víctima,
la imagen del creador, del omnisciente
dramaturgo que se atrevía a usarle
como actor de su drama.

Allí estaba don juan retando a duelo
al más allá, invitándole a su mesa,
para poder gritarle una vez más
‒la última‒ que no se arrepentía.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Una canción extranjera. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 2004.

 

BIENVENIDA LA NOCHE

Bienvenida la noche

 

ATARDECER CON WALLACE STEVENS

Mirar por la ventana es sólo uno
de los actos posibles en esta tarde muerta.
Mirar con anodina indiferencia
a los niños que juegan en la plaza,
a sus madres sentadas en los bancos
o fumando de pie, juntando al marido,
todavía ‒las siete‒ con las gafas de sol.

Una sola pobreza es suficiente
para entender las otras. Una sola
canción puede arrancar distintas lágrimas,
dependiendo del grado de tristeza
‒o de conformidad con la tristeza‒
de quien la escucha. Una sola vida
podría contener todas las vidas.

Un poema difícilmente puede
contener sentimientos imposibles
de encontrar en cualquiera, ni agotarlos:
un poema es un gesto que todos han escrito
cuando uno lo copia en el papel,
un fragmento de vida en que el poeta,
hablando de sí mismo, habla de todos.

 

 

 

 

AYER, MAÑANA, HOY MISMO…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTo dot the i’s,
xxxxxxxxxxxxxxxxxCross the t’s and tie everything up
xxxxxxxxxxxxxxxxxIn a loose bundle stamped “not wanted on the voyage”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Ashbery

Me he vuelto selectivo ‒con los libros,
los amigos, incluso en el amor‒.
Y aunque es cierto que a veces cuesta mucho
desprenderse de cosas del pasado
‒recuerdos, prendas viejas, viejas fotos‒,
he empezado a quedarme con lo poco
realmente imprescindible: ayer devuelvo
varios libros que sé a ciencia cierta
que no volveré a abrir. Hoy lleno bolsas
con la ropa que se quedó pequeña
o pasada de moda, para darla
a alguna asociación de ayuda a pobres.
Y mañana, tal vez, incluso diga
el adiós definitivo a quien llenó
tantas horas de afecto, de cordura
y de paciencia.
xxxxxxxxxxxxxxEs ley de vida: sólo
lo poco imprescindible, que no sea
necesario más que un bolso de viaje
para irme tres días a algún sitio
cuando surja o me tiente la aventura
y ahí no cabe el amor, ni nos creemos
el cuento de Penélope.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMejor así:
en casa, cuando vuelva, estará todo
como al irme ‒la ropa por el suelo,
los platos sin fregar, el mismo polvo
de semanas, saldrán a recibirme
sonrientes al entrar‒ y no habrá notas
de llámame al llegar, pégame un toque
y te ayudo a deshacer el equipaje

Todo muy natural, como si nada
hubiera sucedido, como si esos
pocos días no hubiesen transcurrido,
como si hoy fuera aún el viernes cuatro
de enero de hace cuatro o cinco años…

 

 

 

Paniagua, Ángel. Bienvenida la noche. Murcia; Ed. Regional de Murcia, 2003.

 

EL LEGADO DE HAMLET

El legado de Hamlet

 

AQUÍ LA JUVENTUD

xxxxxV

Ahora viene a revelarles
cuánto tiempo perdieron,
cuántas cosas hermosas o terribles
debieron aprender en su regazo,
cuántas otras perdieron por querer
desvelar su secreto.

Ahora vienen las noches que apuraron,
sin llegar a explicarse cómo hubo
valor en sus empeños y presteza
para tanto camino sin medida
ni fin, tanto escenario
pisado sólo el tiempo de ver lo que ocurría
y huir sin entenderlo hacia otra nueva
decepción, tanto vino derrochado,
tanto triste dolor, tanto cansancio…

Y cae aquí el telón, donde no acaba
escena o acto alguno ni comienza
otro nuevo; aquí, a sólo un paso
de nada diferente, de la misma
ignorancia sin fe y desasosiego.

Ahora viene la vida a descubrirles
‒final de los principios y la prórrogas‒
vacía la estación, sin guardagujas,
y les muestra el desierto al que les trajo
tanta fe en sus fuerzas, tanto orgullo.

 

 

 

 

TACITURNITAS

Empiezan a pesarnos ya los años
que se fueron en tercas discusiones
sobre el tiempo, la edad, las ocasiones
perdidas sin remedio, los extraños
caminos que tomamos y los daños
a que nos condujeron decisiones
erradas.
xxxxxxxxTodas esas impresiones
se agolpan y nos van volviendo huraños,
hasta el punto de ver en los amigos
más cercanos posibles adversarios;
y pensar que las trampas cotidianas
de la vida, no son sino castigos
del destino, por tantos temerarios
instantes de placer y luces vanas.

 

 

 

 

LA VUELTA DEL INVIERNO

Cuando llegue el invierno y nos recuerde
lo felices que éramos entonces
‒cuando aún no advertíamos su paso
tras cada cumpleaños, y la vida
no era más que saltar como el caballo
del ajedrez, de otoño a primavera‒
sabremos cómo siempre estuvo aquí,
aguardando el momento de decirnos
su nieve en voz muy baja, susurrar
las heladas ventiscas
que iban despojándonos de todo.

Cuando amarre sus barcos el invierno
en el puerto sin luz de la memoria,
beberemos con sus despreocupados
marineros, e iremos a enterarnos
dónde hallar buenas putas para ellos.
Es la única forma de caerles bien,
y, acaso, cuando vuelvan, embotados
por el alcohol, al barco, le comenten
a su helado patrón lo agradecidos
que están de nuestro trato, y él se apiade
de nosotros. Tal vez así veremos
regresar muchas veces esa nave
de memorias hundidas y dispersas.

 

 

 

 

REFLEJOS

Esas caras que miran el cristal
de la lámpara y en él se reconocen,
y desde él nos miran a su vez
asombradas de vernos
confusos aquí abajo, observándolas
como si sólo fueran
el reflejo de nuestros propios rostros;

esos días que habitan en la luz
de una misma y única mañana
y desde allí nos miran
como si hiciera mucho, mucho tiempo
desde aquella feliz, única vida
en la que fuimos juntos a bañarnos
en una infancia larga como siglos;

esos signos escritos en los muros
de nuestra desnudez,
jeroglíficos raros de canteros
que entregaron su vida a construirnos,
esa luz declinante que los hace
visibles a esta hora
en que todo camina a otro principio;

y esas líneas trazadas en la arena
por las patas de miles de gaviotas
al iniciar su vuelo mar adentro:
todo dice que no estuvimos nunca
desnudos junto al mar, que no tocamos
el agua de una infancia,
que ‒si somos‒ no fuimos ni seremos.

 

 

 

 

TEMBLORES

Esas tardes que pueden ser cualquiera
y ninguna, esos cuadros que ya has visto
cuando los miras por primera vez,
esas casas de luz y esas atmósferas
de viento que delatan la cercana,
violenta plenitud de una borrasca.

El aire, en fin, que siempre nos señala
con sus dedos de hierro en los tejados
la dirección que siguen las cigüeñas
hacia otra estación y otro paisaje
más cálido que éste donde aún
seguimos empeñados en buscarnos.

Esas tablas pintadas y esos pájaros,
cuyo ser sin esfuerzo se demora
un momento fugaz ante nosotros,
indican el camino de la única
manera de vivir que deberíamos
envidiar y anhelar en vez de ésta
tan vieja ya y deforme que nos huye.

 

 

 

Paniagua, Ángel. El legado de Hamlet. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2003.

 

TREINTA POEMAS (1987-1996)

Treinta poemas

 

SONETO FALSO

xxxxxxxxxxxxxxxxx(Para Carlos Marzal)

xSi hay causas estimables en la vida
la poesía es la menos estimable;
si la vida es un cúmulo de errores,
desde el más insensato, el de nacer,
la poesía debiera sólo ser
confesión y sentid penitencia.

xAunque al fin, y cambiando de registro,
no hay causas estimables en la vida
y entre tantos errores, de nacer
cuando menos no somos los culpables.

xPor eso la poesía, que es inútil
y a fin de cuentas no molesta a nadie,
es el único error que en esta vida
resulta inestimable conocer.

 

 

 

 

BRIDESHEAD REVISITED

xHa llegado a los treinta, ya no caben excusas;
la magia de esta edad ha rescatado
las diversas razones de su vida:
las que ahora son suyas, las que aún
no han llegado a él, incluso sombras
del último sentido,
el que habrá de guiarle hasta la paz
del instante terrible y esperado.

xAhora tiene la exacta obligación
de buscar las respuestas, que ya no son iguales;
y le dicen que un día fue encontrado
sin billete en el tren de la inocencia
y expulsado de él a la altura de un paraje
extraño, entre el pasado y un futuro,
que ahora ya es presente: ese sitio
hacia el que ha caminado desde entonces,
y que nada le ofrece o significa,
que no guarda ninguna relación
con recuerdos pasados o emociones
o imágenes de sueños.

xAhora quiere volver hasta aquel punto
en el que le arrojaron, desandar
el camino de estos años, e iniciarlo
con otra dirección que no sea ésa
que ha seguido hasta aquí, la que marcaban
los raíles del tren.
xxxxxxxxxxxxxxxxxNo tenía sentido
andar siguiendo aquel convoy, ahora
se da cuenta: volver atrás de nuevo,
reiniciar el camino, eso quiere…

 

 

 

 

CONTRADANZA RITUAL PARA LOS MUY SABIOS DESDE LOS DÍAS DE CRISIS DE LA TREINTENA

xEstoy allí, brillando todavía, en el viejo
teatro convertido en discoteca de lujo
donde todo es perfecto y de repente
te dice un camarero que no hay Ballantine’s,
porque el dueño no paga la bebida
al contado y esa marca no les sirve;
estoy allí bailando, uno más entre ellos,
aunque sólo me dejo llevar a ratos,
cuando suena algún tema que me gusta y me hace
recordar la locura de los templos
del house mediterráneo, a sus ministros
del placer y la droga, y a sus fieles, tan ciegos
como estos ‒tal vez algo más pobres o peor vestidos…

xMe cuesta desprenderme de este mundo,
no ha calado mi alma por completo ese hastío
que tan bien me explicabas hace un rato,
y ‒contra lo que dije‒ aún me tienta la danza
de estos locos; al fin, puede que esto
no sea exactamente divertirse,
pero ajenarse sí, perder conciencia, aunque sea
por sólo unos minutos, de la lengua del monstruo
que nos lame la carne y los sentidos.

xYo sé que es tarde ya, lo veo tan claro
como que esta ilusoria plenitud
dará paso en minutos a la tenue y dañina
luz del alba; y sé que debería preparar mi equipaje
e iniciar el camino hacia las áridas cumbres
del estudio y del conocimiento,
pero aún me resisto y busco escapatorias
engañosas, consciente delo inútil
de alargar la imposible canción de juventud,
tal vez porque la siento tan cercana y perdida…

 

 

 

Paniagua, Ángel. Treinta poemas (1987-1996). Granada; Ed. Comares, 1997.

 

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