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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XVI)

noviembre 16, 2013 Deja un comentario

Amalia Bautista y Antonio Rodríguez Jiménez

 

Por el mismo motivo que comentaba ayer, el jueves por la noche un par de amigos me regalaron los dos libros que pueden ver en la imagen: ‘Falsa pimienta’ de Amalia Bautista e ‘Insomnio’ de Antonio Rodríguez Jiménez.

 

Aquí dejos algunos poemas del último libro de Amalia Bautista.

 

MADRID

Mira Madrid, tan gris, tan silencioso,
tan asustado.
Parece un burro viejo que lame sus heridas
y barrunta tormenta.

 

 

 

TAMBIÉN ESTO

También esto es Madrid, este lugar mugriento
en el que casi todo está prohibido.
La luz y las basuras
y todo lo bendito y lo inservible.
La sumisión y la anarquía,
la multiplicación de las preguntas,
la fiebre, la oración,
el echarnos de menos. El perdernos
de vuelta a casa. Y no encontrar la llave
porque nunca hubo llave.
Esto es también Madrid. O simplemente
estaba hablando de mi alma.

 

 

 

PLAZA DE ARRIBA ESPAÑA

Una plaza anacrónica y una edad de frontera.
Los primeros cigarros y los primeros besos
en la boca y con lengua.
Escaparse de clase y jugar a las prendas,
creer que algo sabemos sobre el sexo,
saber que no sabemos nada.
Llorar con las amigas, mojarse con la lluvia,
intercambiar secretos y leer el horóscopo.
Sentirse sola, sola, siempre sola.
Algunas cosas siguen
instaladas en el anacronismo
de una plaza cualquiera
en medio de una vida.

 

 

 

COMPAÑEROS DE VIAJE

Un hombre duerme junto a mí. Le miro,
pero no le conozco. No sé si está soñando
con alguna mujer que se asemeje
a la que soy ahora o a la que no fui nunca.
Por la ventana veo el mar en calma,
de un azul tan intenso que parece mentira.
Pero él ya no lo ve, ni me ve, ni ve nada.
Parece casi muerto de cansancio,
no hay ninguna expresión en ese rostro
y tampoco la había con los ojos abiertos.
Tiene las manos grandes y morenas,
supongo que su tacto no resulta agradable,
y suda por el cuello y por la frente.
Está entrando en la zona más profunda del sueño,
empieza a abrir la boca y a roncarme muy cerca
de la oreja. Sus piernas se separan
y con su muslo izquierdo está tocando el mío.
Verle dormido me da sueño. Y asco.
Es una mezcla extraña que jamás he sentido.
Necesito dormir, pero no quiero
dormir con él. Así que me incorporo
y busco otro lugar. Es fácil.
El autobús está medio vacío.

 

 

 

 

De ‘Insomnio’ –I Premio Internacional Festival Fractal de Poesía– de Antonio Rodríguez Jiménez, dejo aquí el poema que abre el libro.

 

PRELUDIO

En Puerto Príncipe adornan las fachadas
con colores alegres en los barrios
más devastados por el terremoto.
Debemos preservar el optimismo,
dicen los responsables.
Desde su hotel observan los turistas
las chabolas como un mosaico hermoso:
azul celeste, añil, burdeos, oro…
El verde, sin embargo, está muy lejos
de confundirse allí con la esperanza.

Por todas partes se habla de desahucios.
La masa estulta rasga sus vestiduras
porque alguien quiso huir de la injusticia
con un salto al vacío.
Antes que las endémicas especies carroñeras,
todos los magazines de este país enfermo
hallaron el cadáver.

El sufrimiento como trending topic.
La tragedia como un gran espectáculo.
El circo de la vida.
¿Quién puede comprenderlo?
¿Alguien tiene aún ganas de asomarse
al aleph de este mundo?
¿Qué podríamos ver sino la imagen
de los esclavos?

Formados en hileras, acarrean
grandes bloques de piedra hasta la falda
de la pirámide. En silencio,
meticulosamente, soportando
cada uno su parte de la cuerda.
Sin miedo ni esperanza. Sin el látigo
del capataz egipcio restallando
sobre la piel desnuda. Es su azote
su propia inercia, su moral de esclavos.

Son felices –incluso– porque saben
historias no lejanas en que el hambre
era atroz y la muerte recorría
desbocada los valles.
Nunca han visto la mano
que les da de comer, pero confían
en su benevolencia, en esa exigua
sombra de protección con la que sueñan.

Y así transcurre el tiempo,
como un barco herrumbroso
encallado en la arena de la melancolía,
oyendo los rumores cercanos de la dicha,
recibiendo los golpes de mar sobre su casco.

Así transcurren ellos, extendidos
por todos los rincones de la Tierra.

 

AMALIA BAUTISTA

Lo cierto es que no recuerdo cuándo fue la primera vez que leí a Amalia Bautista, pero después de leer ‘Estoy ausente‘ (Pre-Textos, Valencia, 2004) me hice incondicional de esta mujer que publicó su primer libro hace casi un cuarto de siglo y que, como dice Jorge Valdés Díaz-Vélez en el prólogo a ‘Tres deseos‘ (Renacimiento, Sevilla, 2006), “ahonda con rigor en el hallazgo de partículas vitales que su autora ha transformado en materia memorable”. De ese libro, ‘Tres deseos‘, dejo aquí unos poemas.

 

 
DESNUDO DE MUJER

Para ti nunca fui más que un pedazo
de mármol. Esculpiste en él mi cuerpo,
un cuerpo de mujer blanco y hermoso,
en el que nunca viste más que piedra
y el orgullo, eso sí, de tu trabajo.
Jamás imaginaste que te amaba
y que me estremecía cuando, dulce,
moldeabas mis senos y mis hombros,
o alisabas mis muslos y mi vientre.
Hoy estoy en un parque donde sufro
los rigores del frío en el invierno,
y en verano me abraso de tal modo
que ni siquiera los gorriones vienen
a posarse en mis manos porque queman.
Pero, de todo, lo que más me duele
es bajar la cabeza y ver la placa:
“Desnudo de mujer”, como otras muchas.
Ni de ponerme un nombre te acordaste.

 

 

 
EL DOLOR

El dolor no humaniza, no ennoblece,
no nos hace mejores ni nos salva,
nada lo justifica ni lo anula.
El dolor no perdona ni inmuniza,
no fortalece o dulcifica el alma,
no crea nada y nada lo destruye.
El dolor siempre existe y siempre vuelve,
ninguno de sus actos es el último
y todos pueden ser definitivos.
El dolor más horrible siempre puede
ser más intenso aún y ser eterno.
Siempre va acompañado por el miedo
y los dos se alimentan uno a otro.

 

 

 
OLAS

Sé que me estoy ahogando, pero al menos
logro mantener fuera la cabeza.
Así que, por favor,
no vengas tú a hacer olas.

 

 

 
LA FOTO

Hazme una de esas fotos que tú haces,
empaña el objetivo, desenfoca
lo justo y mide mal la luz. Ahora
que está cayendo el día no es difícil
salir favorecida. Que los rasgos
se suavicen, que todas las arrugas
del alma y del contorno de los ojos
desaparezcan y que quien me mire
piense que puedo merecer la pena.
Y sobre todo, que lo que emocione
de esa foto no sea yo, que salgo
allí, sino tus ojos que la han hecho.

 

 

 
SOBERBIA

No debí dirigirle la palabra,
pero es que no había visto
el montón de despojos sometidos
sobre los que se erguía su falsa autoridad,
su asquerosa grandeza.
Me tiró desde arriba aquella piedra:
“Tú no sabes con quién estás hablando”.
Yo sólo respondí: “Sé que eres alguien
a quien no quiero parecerme nunca”.

 

 

 

BAUTISTA, Amalia. Tres deseos (Poesía reunida). Sevilla, Ed. Renacimiento, 2006.

 

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