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LA GALERA (III)

Después del especial de poesía erótica del que les hablaba ayer, sacamos otro almanaque más con su consabida ración de poesía para cada mes, otro especial de relatos y dos números más de poesía (el último de ellos, un especial de poesía hispanoamericana que fue, además, con el que nos despedimos sin saber que lo hacíamos). Y aquí les dejo algunos textos de aquellos últimos números de ‘La Galera‘.

 

 

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA

Pacta con el diablo de vez en cuando.
En estos días los súcubos se metamorfosean
en delicados y ceñidos pantalones vaqueros Levi’s 501 de la
talla 40 o en escotes Calvin Klein sin mesura ni censura.
Persíguelos. Conviértete en su sombra.
En sus rincones está la vida.

 

 

SERGIO GALLEGO

Qué me importa
la ‘Historia universal de la infamia’
o las ‘Ficciones’.

Qué me importa
que te colgaran los labios
en la vejez más lúcida
que vi por televisión.

Qué la Argentina
y tu biblioteca
si lo que siempre
quise saber
fue el color
de tu ceguera.

 

 

ALBERTO BARBERÁ

Pasea grave por una biblioteca de preguntas gastadas
que volverán a quedar sin respuesta.
Sólo esto le enfurece.
Sólo al olvido teme.
Nada le excita más que la vigilia anterior al día,
cuya luz precisa nada ofrece.
Ha podido ser expulsado del infierno
por falta de convicción,
por haberse enamorado de una ola
sin llegar a entender el mar,
por haber tenido entre las vidas, una sola,
y entre todos los nombres, uno, Borges.

 

 

ALEXIS DÍAZ-PIMIENTA

POEMA VIUDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ignacio

El viudo almuerza solo, oye la radio,
No quita los zapatos del medio de la sala.
El viudo entorna las ventanas del cuarto
Y desempolva velas, cartas, timbres,
Lágrimas de sexo indefinido.

Una sola bombilla en el rincón.
Una sola bombilla y una foto.
Una sola bombilla y el silencio.
Una sola bombilla y el reloj.
Una sola bombilla,
Como un triste ultimátum.

El viudo almuerza solo
Sin gusto y sin premura
Sin mujer sabatina que le destienda
La palabra espérame.
Los gorriones le han comido los ojos
Como a una estatua antigua,
Y se ha sentido listo para la sopa ciega,
Maduramente solitario.
(los gorriones siempre sobreviven
A la soledad, son ella;
Lo último que un hombre ve al morir
Es un gorrión silbando.)

El viudo almuerza solo
Carcomido de remordimientos.
Los vecinos lo esperan en el bar más próximo
Para arroparlo como todas las tardes,
Sin saber que no existe,
Que no le gustan sus corbatas azules,
Sus barajas, sus copas,
Que no soporta
La paz de los que viven sin un sótano.
Tal vez por eso se mudó al balcón,
Donde el otoño exhibe sus colores más tristes
Y los carteros se refugian de la lluvia.

Cada calle por donde pasa el viudo
Está enferma de celosías y verjas estridentes,
Desprotegida ante su propia reserva
De inminentes cadáveres.
Calles manchadas de humo, de migajas de pan,
De ladridos políglotas.
Calles con demasiada luz,
Con demasiada música,
Llovidas de postales y zambra de motores.
Y los políticos que no hacen nada,
Y los mendigos que le piden los ojos,
Y los adolescentes que se peinan,
Y los choferes de ambulancia que ríen,
Y los lectores de pintadas en los baños públicos,
Y los ninfómanos de la felicidad,
Y el tiempo.
Nada.
Los vecinos lo esperan con las copas repletas,
Con las corbatas más azules que nunca,
Oliendo a viernes frito,
Tan felices.
Mas él prefiere almorzar solo
A la sombra de una bombilla triste,
Verticalmente roto como el agua de un grifo.

 

 

LUIS CHAVES

RINGSIDE

fue la mejor pelea de alí.
o de cassius clay. como él lo llamaba.
negándose a aceptar
su recién adquirido nombre musulmán.

ese negro levantaba los guantes
y convertía el cuadrilátero
en una pista de baile.
años después comprendí
que ese fue mi encuentro inicial con la poesía.

entre el quinto y sexto round
papá bajó su guardia por primera y última vez.
sin dejar de ver la tv dijo:
no me iba a casar con mamá
aunque usted ya había nacido.
estaba enamorado de otra.

en el álbum familiar
tengo un viejo fotoposter de alí
justo cuando noqueaba a foreman.
es mi foto preferida de mamá

 

 

ALFREDO WANDOSSELL

JUNIO DE 1943. REVÁLIDA.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“¿Quién te mató, Guevara,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen tu estatura?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxO mejor dicho
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Quién lo intentó?”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVicente Feliú

Orígenes del socialismo:

“Tal vez Caín fuera el primer proletario cabreado de la Historia de la Humanidad; en cierto modo es comprensible, quizás pensó: ‘Todo el día me parto el lomo trabajando en el campo, para que luego el Patrón me pida que le ofrezca en sacrificio mi mejor trigo…¿estamos locos o qué?‘ El problema de Caín es que equivocó el procedimiento y tuvo que hacer las cosas a lo bestia, normal, si se tiene en cuenta que en su época carecía de toda base intelectual y filosófica para encauzar el problema. Hubiera sido más civilizado crear un sindicato clandestino, huelgas, manifestaciones, etc., en vez de cargarse al pelota de su hermano (todos coincidimos, creo, en que se le fue un poco la mano). A Dios le sentó bastante mal aquello, ‘Acabo de concederles el libre albedrío y ya la están cagando‘, debió pensar.

Otro de los más tempranos rojetes debió ser Prometeo, el primer gran humanista reconocido, un fenómeno.
Según parece, Zeus y el resto de la burguesía del Olimpo griego tenían el fuego para ellos solos, mientras el resto de la Humanidad no podía encender los cigarrillos o calentar el mate, además, pasarían un frío de narices en invierno. Prometeo se jugó el pellejo y robó el fuego para ofrecer su hipnótico secreto al hombre. Zeus montó en cólera. Aún no estaba inventado el garrote vil y tuvo que castigar esa rojez con un pájaro que le comía los higadillos al pobre Prometeo, atado a un monte, pero ésa es otra historia; el caso es que el camino de la Revolución comenzó a trazarse lenta pero inexorablemente. El hombre poseía el fuego y ya nada sería lo mismo.”

El joven Ernesto Guevara salió del despacho del profesor de Historia con el trasero amoratado a causa de los azotes de una regla de madera. Caminaba con los puños crispados y tal vez en ese momento decidió hacer ciencias puras y estudiar medicina años más tarde, entonces quizás también pensó que a veces es mejor dejar el examen en blanco, que ciertas cosas es mejor decirlas fusil en mano.

 

 

WLADIMIR MÁRQUEZ

DUMB & DUMBER

La agente Noventa y nueve, angustiadísima, aún reponiéndose de la impresión, estupefacta y aterrorizada por el reciente descubrimiento del infalible plan de Kaos para devastar nuestra sociedad exclama: ¡Maxwell!, ¿qué haremos? Está en peligro todo el mundo civilizado. Maxwell, replica sin respirar: Y los Estados Unidos también, Noventa y nueve.

 

 

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA

OBRA NARRATIVA COMPLETA E INÉDITA DE LUCAS YERBABUENA (1946-1997)

xxxSi por algo debemos decir que sobresale la obra narrativa del segoviano Lucas Yerbabuena es por su densidad. Siempre ha reconocido el autor estar en continua corrección de sus escritos. Exigente consigo mismo hasta alcanzar cotas de paroxismo, Yerbabuena nos ha dejado una obra breve, pero muy rica en matices.
xxxSu primera publicación data del año 1979, donde publica una primitiva versión en la revista “Abril”, a la edad de 33 años, editada por el instituto de bachillerato Divino Pastor, donde por esos años ejerce como profesor de filosofía. El texto se incluye en la página 28, bajo el título de “Algo de sabiduría”:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo no digo nada, que luego todo se sabe.

xxxHan de transcurrir más de tres lustros para que Yerbabuena termine de reescribir aquel vetusto “Algo de sabiduría” por el que tantas palmaditas en la espalda recibió en los corrillos literarios segovianos. En una antología de narradores de Castilla y León, el antólogo Manuel Esteban Peñafiel lo incluye y aparece lo que, desde entonces, se conocerá como “Fe de vida”. Nos encontramos en 1995, fecha de la primera y única edición hasta el día de hoy de Antología de narradores castellanos:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo digo nada, pues todo se sabe.

xxxY que en una entrevista concedida pocas semanas después al suplemento cultural Autor, autor, de septiembre de ese mismo año, número 54-55, quedó reducida a:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNada digo, todo se sabe.

xxxY aquí nos hubiéramos quedado en este corto, pero significativo recorrido, de no ser por la amabilidad y la inestimable colaboración de doña Concha Guzmán, esposa de Yerbabuena, quien, tras el fatídico fallecimiento de éste, nos dejó rastrear en los archivos del autor con la intención, por nuestra parte, como crítico, compañero y amigo, de encontrar material inacabado o inédito, que sirviera para apoyar nuestra tesis de que nos encontramos ante un maestro de finales de siglo dentro del género dificilísimo de la narrativa breve, y que no debemos de pasar por alto.
xxxComo saben, Lucas Yerbabuena fallece en las playas de Castellón en agosto de 1997. Ahora, cuando está a punto de cumplirse el primer y emocionado aniversario de ese día, hemos decidido recopilar como homenaje su obra narrativa al completo, a la que dedicó toda su vida. Una vida entera basada en la angustiosa corrección de los textos anteriormente corregidos. “Yo no corrijo: desparasito”, dijo una vez.

xxxPara nuestro asombro, lo que él denominó “Fe de vida” y versión definitiva de su obra, se ha convertido, con el paso del tiempo, en un documento inigualable para comprobar el afán del hombre por encontrar siempre la palabra adecuada. Así, hemos encontrado tres borradores bajo el título “Testamento”. Nos quedaremos con el último, que nos parece el más adecuado para este homenaje y que lleva fecha 24 de agosto de 1997, dos días antes de su muerte. Premonitoriamente, lleva por subtítulo “Última voluntad”:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn realidad, nada he dicho.

 

LA GALERA

En el otoño de 1998 salía a la calle el primer número de ‘La Galera‘, una pequeña revista de dieciséis páginas, con una tirada de 250 ejemplares que saldría a la calle trimestralmente. Y aquello nos desbordó durante una buena temporada y en el siguiente año y medio vieron la luz cuatro números de poesía, un especial de relatos e incluso un almanaque para regalar una dosis mensual de poesía.

 

 

Aquí les dejo varios de los poemas de aquellos primeros números en los que publicamos a poetas como Cristina Morano, Antonio Marín Albalate, Alberto Barberá, Julio César Jiménez, Antonio Aguilar, María del Rosario de Gorostegui, Ángel M. Gómez Espada, Pedro López Martínez, Andrés García Cerdán, Alexis Díaz Pimienta, Francisco Plata o Natalia Carbajosa.

 

SERGIO GALLEGO

La intención que conduce mis pasos
es la responsable de la historia.
Mi último paso es el primero,
pues mi intención es nómada,
y mi historia y mi leyenda
un relato por escribir
y un clásico en la memoria.

 

 

ANTONIO MARÍN ALBALATE

18199

Palabras para unas piernas,
Hermosas palabras de quien
Vengo a recordar ahora, ardiente
Como una diosa blanca en el asfalto,
Marcándose un baile ante mis ojos de Sátiro en celo,
Con su vino de Grecia en los finos labios,
–Quiero decir cuévano y boca–
Nunca satisfecho tras beber la ambrosía,
Allí donde se estremecieron las piedras
De la Historia misma cuando sus piernas precisas
Pisaron, con infinito amor, el placer intenso
De los días contados que un día volverán a ser Paraíso.
Vino lento y caliente digo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBajando,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBajando
Como un hilillo de sombra sensual y fuerte,
Hacia la oscuridad de un zapato, para beberlo.

 

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

LA NEVERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxx“y todo por tan poco precio,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxseñores, por tan poco precio”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxx-Leopoldo María Panero-

Tengo veintiséis años. Cualquier día de éstos
le diré a la nevera que hiele mis imágenes
para que no se pudran y no huelan a tiempo.

En el congelador no hay sitio ya, pero caben
-al lado de la carne, la leche y las verduras-
las palabras, cabemos tú y yo y la calle,

un cigarro de hierba, una ración de duda
razonable, el bar donde tomamos café,
la fe de Garcilaso, la noche azul de Judas.

Cabe este sucio ruido de ganar y perder
y una niña que baila aburridísima y sola.
Me pregunto si cabe la nostalgia también,

si cabe un fiat brava, tu ron con cocacola,
nuestra vida de lunes. ¿Y el dolor? ¿Y el odio?
¿Caben las malas intenciones, el pan, las sombras?

Me pregunto si hay allí un sitio para todo,
y si será bastante con congelar la vida,
porque sospecho que los días arden y el polvo

arde y no caben dos heridas en una herida.
Y si será posible detener para el mundo
este tiempo salvaje, y no perder la orilla,
y no amanecer nunca ni podridos ni absurdos.

 

 

ALEXIS DÍAZ PIMIENTA

PRIMERAS INSTRUCCIONES PARA ANDAR POR EUROPA

No te acerques a los desconocidos,
no preguntes la hora ni el rumbo exacto hacia ninguna parte.
Los desconocidos viven orgullosos de serlo.
No confundas su paso apurado
con el aleteo de los pájaros en la jaula.
Dobla en la próxima esquina, siéntate en un parque,
y finge tu también ser un desconocido.
Sólo así la ciudad admitirá que tengas pan y sombra.
Sólo así las noticias del periódico
no tendrán nada que ver contigo,
ni la presentadora de televisión te mirará a los ojos,
siempre a los ojos, como si te conociera de antes.

Y si no tienes cerillas, por favor, no fumes.

 

 

ALBERTO BARBERÁ

No te voy a negar mi aliento,
no me pertenece.
Diré hoy que me das lástima,
al rato, que envidio tu concreción,
la nitidez con que te recortas
en un paisaje.
Entiendo que fueras feliz,
que puedas volver a serlo.
Mañana sabré que no tienes futuro ni pasado,
como la piedra a la que te encaramas
para gritarme,
xxxxxxxxxxxxxpreguntarme algo.

Habré olvidado y aceptaré tu vida.
Después volveré a decidir
que no me interesa lo que te ocurra.
Te daré la espalda y quedarás
en la orilla,
xxxxxxxxxxcreyendo que me miras.

 

LA EXCUSA

Hace un par de semanas les hablaba de una de las revistas de literatura míticas en Murcia, Thader. Pues mientras en Murcia se editaba Thader, en Cartagena -y gracias al Colectivo de Jóvenes Autores- se sacaba a la calle La Excusa, una revista que sólo consiguió dar a luz un par de números , pero en el que se encontraban, entre otros, Antonio Llorente, Alberto Barberá, Vicente Velasco, Alfredo Wandossell, Sergio Gallego, José Luis Abraham López o Pedro R. Celdrán.

 

 

Del primer número de La Excusa voy a dejar un texto de Alberto Barberá que lleva por título

CON EL ESPÍRITU DE BUKOWSKI (Homenaje turbio al último zafio)

xxxxxEstaba en un bar de esos a los que sólo me conducía el aburrimiento a altas horas de la madrugada, cuando el alcohol no me quitaba el frío y las piernas de las mujeres eran demasiado largas para un chaval como yo, que llegaba siempre por accidente a todas partes, apestando a sudor y orinando en cada esquina.
xxxxxTotal, que no había mujeres que quisieran desperdiciar su precioso tiempo entreteniendo los bajos instintos que me asaltaban siempre a la séptima u octava cerveza, momento en el cual los picores de mi entrepierna aumentaban de tal modo que era capaz de insinuarme a una máquina tragaperras.
xxxxxEn el bar sólo quedaban un par de clientes. Estábamos a principio de marzo y hacía un poco de frío. El camarero tenía una cara que parecía no haber echado un polvo desde hacía años. También había una mujer en una esquina de la barra, frente a un vaso de ginebra. No estaba del todo mal, tenía el pelo largo y rizado, recogido por una diadema negra. Tenía la piel pálida y una frígida expresión de crueldad en la cara, pero era bastante atractiva. Descansaba su culo en un taburete con mucha gracia, tenía un buen culo, y unas piernas largas y esbeltas.
xxxxxPedí una cerveza. Me la bebí. Pedí otra. El viejo del fondo de la barra se me acercó.
xxxxx-Dame un cigarrillo, chaval.
xxxxxSe sentó a mi lado y se acabó su whisky. En la radio sonaba algo de música clásica, Mahler, creo. El camarero tarareaba feliz mientras fregaba los platos.
xxxxx-Barman, otro whisky con agua. ¿Quieres uno chaval?
xxxxxVaya, nunca me había invitado un desconocido.
xxxxx-Claro.
xxxxx-Ponle otro al chico.
xxxxxMe dijo, “chico, muéstrame un hombre que viva solo y tenga una cocina perfectamente sucia, y en cinco de cada nueve se tratará de un hombre excepcional”.
xxxxxNo sabía qué coño significaba eso, pero supuse que no habría fregado un vaso en toda su vida.
xxxxxNo dijo nada más, acabamos nuestra bebida en silencio, mientras el camarero le ponía otra cerveza a la chica de las piernas. Me di cuenta de que éramos los únicos que quedábamos en el bar.
xxxxxEntonces me fijé mejor en él. No me dijo su nombre, pero tenía algo en su mirada, en su forma de ver las cosas que me era familiar, tenía la nariz grande y barba de una semana, los ojos vidriosos y claros, enrojecidos, como la nariz, por el frío y el alcohol.
xxxxxCuando acabé me levanté y fui hacia el lavabo. Cerré la puerta mientras le veía pedir otra cerveza.
xxxxxAcabé con lo mío y volví al taburete junto al viejo. Encendí un cigarrillo y miré hacia la mujer. Estaba completamente borracha. Se estaba pintando la cara con maquillaje negro frente a un espejito, pero iba tan bebida que sólo consiguió emborronar sus párpados con una oscura mancha de desolación.
xxxxx-No está mal ¿eh? Bonitas piernas.
xxxxx-Aha, tiene un buen polvo.
xxxxx-Quizá dos. Ponme otra cerveza.
xxxxxPedí también una para mí. Nos las bebimos sin respirar. Entonces soltó “muéstrame un hombre que viva solo y tenga una cocina perfectamente limpia, y en ocho de cada nueve se tratará de un hombre de cualidades espirituales detestables”. Seguía sin entender ni una palabra. Se dio cuenta y me sonrió, como diciendo: “chico, tienes mucho que aprender”. No me molestó, pero mi estómago estaba a punto de estallar. Salí corriendo hacia el váter y descargué.
xxxxxDe vuelta a la barra pedí otra cerveza más, tenía la garganta seca de tanto escupir sangre y bilis y un horrible sabor en la boca a lo mismo. El viejo y la chica habían desaparecido. El cabrón se me había adelantado por sólo un par de cuerpos. La radio estaba apagada y el camarero cantaba “Old Man River” mientras terminaba de fregar los vasos. Me dijo que tenía que cerrar, así que pagué y me largué.
xxxxxSin saber cómo, aterricé en una estación de metro desierta. NO recordaba que en mi ciudad hubiera metro, así que me acojoné un poco. Encontré la salida y desperté en mi ciudad. Tenía resaca y era un viernes por la mañana, cosa que me extrañó, no solía emborracharme en jueves, odiaba los jueves casi tanto como los lunes, así que me quedaba en casa escuchando música.
xxxxxEntré en un bar, pedí una cerveza y pensé si tendría tiempo de llegar a clase de historia. La cerveza era asquerosa, la peor cerveza que había tomado nunca, no conocía el bar, me cagué en los muertos de alguien y salí corriendo sin pagar, tampoco tenía dinero.
xxxxxEstaba en un barrio de pésima monta junto a los muelles de carga. Una prostituta me dijo “lo siento, tío, ya me he enterado, no somos nada”. Le di las gracias y me marché más confundido que antes.
xxxxxEn el instituto todo parecía ir como siempre, sólo que mi cerebro daba vueltas alrededor de una inmensa bola de billar cósmica a años luz de la clase de filosofía. Se acabó la mañana y llegué a casa. Comí bazofia fría y un sandwich con los restos de la ensalada y algo de queso. Me moría por fumarme un cigarrillo.
xxxxxCogí el periódico y fui a dar una vuelta. Todo como siempre, fotos de gente muerta o a punto de conseguir dar el Gran Salto, negros, judíos, musulmanes, por todas partes matanzas de tribus enteras en África y bombas en hospitales de Sarajevo. Me entraron ganas de vomitar. Tiré el periódico al suelo y se abrió. Unos ojos me sonreían desde abajo, sosteniendo una copa de whisky. El titular hablaba de neumonía. Por fin lo habías conseguido maldito hijo de puta, al final acabaron siendo tus pulmones. Entonces lo comprendí todo, quería llorar, así que me eché a reír, y mis lágrimas empañaron la risa.
xxxxx-Mierda, Hank, condenado bastardo, fuiste capaz de follarte a la misma muerte. ¡Jajajajajaja!
xxxxxY ese fue el día en que me enteré de que Bukowski había muerto.

 

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