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DESEO

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MÍSTICA PARA PRINCIPIANTES

El día era apacible, la luz, agradable.
Un alemán en la terraza de la cafetería
tenía un pequeño libro en sus rodillas.
Conseguí ver el título:
Mística para principiantes.
Al acto entendí que las golondrinas,
patrullando las calles de Montepulciano,
con unos silbidos muy penetrantes,
y las apagadas charlas de los tímidos
viajeros de Europa del Este, llamada Central,
y las garcetas que estaban (¿ayer? ¿anteayer?)
como monjas en los campos de arroz,
y el ocaso, lento y sistemático,
borrando los contornos de las casas medievales,
y los olivos en las pequeñas colinas,
a merced de los vientos y los incendios,
y la cabeza de la Princesa desconocida
que vi y admiré en el Louvre,
y los vitrales de las iglesias como alas
de mariposa embadurnadas de polen,
el pequeño ruiseñor que ensayaba su recital
justo al lado de la autopista,
y los viajes, todos los viajes,
eran sólo mística para principiantes,
un curso inicial, una introducción
para el examen que quedó aplazado
para más adelante.

 

 

 

 

A MI HERMANO MAYOR

Con qué tranquilidad avanzamos
a través de días y meses,
y cantamos en voz baja
una negra canción de cuna,
cuán fácil los lobos secuestran
a nuestros hermanos,
con qué levedad
respira la muerte,
con qué rapidez
navegan los barcos
por las arterias.

 

 

 

 

MI ESTUDIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Derek Walcott

El estudio donde trabajo tiene seis
caras como un dado.
Hay una mesa de madera de tercas
formas rústicas, un sillón
perezoso y una tetera con el labio
prominente de los Habsburgo.
Desde la ventana veo árboles escuálidos,
finas nubes y niños de la guardería,
gritando, siempre contentos.
A veces, a lo lejos, brilla la luna de un coche
o, arriba, la cáscara plateada de un avión.
Es evidente que otros no pierden el tiempo
cuando yo trabajo, buscan aventuras
en la tierra y en los grandes espacios.
El estudio donde trabajo es una camera obscura.
Pero, ¿en qué consiste realmente mi trabajo?
En una larga espera inmóvil,
en remover folios, en una paciente meditación,
en la pasividad que no convencería
a un juez de ansiosa mirada. Lentamente
escribo, como si tuviera que vivir doscientos
años. Busco imágenes inexistentes,
y si existen están enrolladas y guardadas
como la ropa de verano durante el invierno,
cuando el frío corta los labios.
Sueño con lograr una concentración absoluta;
si la encontrase tal vez dejaría de respirar.
Quizá mejor que consiga tan poco.
Aunque oigo silbar la primera nieve,
oigo la delicada melodía de la luz del día
y el amenazante gruñido de la gran ciudad.
Bebo de una fuente pequeña,
mi sed es mayor que el océano.

 

 

 

 

HOUSTON, A LAS SEIS DE LA TARDE

Europa ya duerme bajo la áspera manta de sus
fronteras y viejas hostilidades; Francia arrimada
a Alemania, Bosnia en los brazos de Serbia,
la solitaria Sicilia en el azul del mar.

Aquí anochece, se enciende una lámpara
y al instante se apaga el oscuro sol.
Estoy solo, leo un poco, pienso un poco,
escucho un poco de música.

Estoy allí donde hay la amistad
sin que haya amigos, donde crece
el encantamiento, sin que haya magia,
allí donde ríen los muertos.

Estoy solo porque Europa duerme. Mi amor
duerme en un piso alto cerca de París.
En Cracovia y en París mis amigos
se abren paso en el mismo río del olvido.

Leo y reflexiono; en un poema he encontrado
¡Hay golpes en la vida, tan fuertes!… ¡No preguntes!
No pregunto. En el silencio de la tarde
irrumpe un helicóptero de la policía.

La poesía invoca un mundo sublime,
pero lo que es bajo también es elocuente,
más audible que la lengua indoeuropea,
más fuerte que mis libros y mis discos.

Aquí no hay mirlos ni ruiseñores
de cantilena triste y dulce,
tan sólo un pájaro burlón, que imita
y remeda todas las otras voces.

La poesía invoca la vida, el valor
frente a la sombra que se agranda.
¿Sabrías mirar tranquilamente a la Tierra,
como un astronauta perfecto?

Dela inocente indolencia, de la Grecia de las lecturas
y de la Jerusalén de la memoria emerge de pronto
la isla del poema, una isla deshabitada
que algún día descubrirá un nuevo Cook.

Europa ya duerme. Los animales nocturnos,
feroces y melancólicos,
van de caza, hacia la muerte.
Pronto América también se dormirá.

 

 

 

 

“SENZA FLASH”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Senza flash!” (Sin flash)
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(prohibición que se oye con frecuencia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen las galerías de Italia).

Sin llamas, sin noches de insomnio, sin brasas,
sin lágrimas, sin una gran pasión, sin convicción,
xxxasí viviremos; senza flash.

Tranquila y regularmente, soñolientos y obedientes,
manchadas las manos con la tinta negra de los periódicos,
xxxcaras grasientas de crema; senza flash.

Turistas sonrientes con sus impecables camisas,
Herr Lange y Miss Fee; y Monsieur et Madame Rien
xxxentrarán en el muse; senza flash.

Se situarán ante el cuadro de Piero della Francesca
en el que Cristo, casi enajenado, emerge de la tumba,
xxxresucitado, libre; senza flash.

Y quizá entonces ocurra algo imprevisible,
oculto en suave algodón, el corazón se conmueva,
xxxse haga el silencio, brille un flash.

 

 

 

 

LA MUERTE DEL PIANISTA

Mientras otros se sumían en guerras
o en negociaciones, o yacían
en camas estrechas de hospitales
o en campos forzados, él día tras día

ensayaba las sonatas de Beethoven;
y sus escuálidos dedos, como los de un avaro,
tocaban grandes riquezas
que no eran suyas.

 

 

 

 

FRÁGIL GLORIA DE LAS AMAPOLAS

El asfalto se derrite al sol bajo una rueda estrecha
de bicicleta y gritan los pájaros en los árboles del camino
(con cerezas, verdes y duras).
¿Serás capaz de perdonar?
Quizá en los negros bosques aún vivían lobos.
El trigo era verde, se reían las alondras,
debajo tenían la frágil gloria de las amapolas,
iglesias de madera, capillas
donde las flores silvestres se convertían en hierbas,
el agua de una pequeña fuente olía a promesa.
Y al fin el destino de la expedición, una colina
con una torre de triangulación, paralizada
en la tierna observación de un cielo claro.
¿Serás capaz de perdonarle al tiempo
esta vileza, esta traición?

 

 

 

 

LÍNEA NÚMERO 4

Escribo sólo sobre los muertos,
me dijo un clochard.
Pronto llegará el verano.
En la línea Porte de Clignancourt-
Porte d’Orléans siempre se propaga el olor
a papel quemado; en la parada Saint-Michel
una rata fisgona parece preguntar:
¿en qué siglo estamos, señores míos?
He ido abriéndome paso por este día.
Se me ha vuelto a escapar lo esencial.

 

 

 

 

EUROPA YA SE ESTÁ DURMIENDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Gosia

Europa ya se está durmiendo; en Lisboa todavía
arrugan la frente viejos jugadores de ajedrez.

Sobre Cracovia se levanta una niebla gris
y borra los contornos de las venerables velas.

El Mediterráneo de balancea ligeramente
y pronto se convertirá en una canción de cuna.

Cuando Europa por fin duerma profundamente,
América velará

sobre el pobre y callado mundo,
con recelo, como una hermana pequeña.

 

 

 

 

VER

¡Oh! muda ciudad mía, mieldorada,
sepultada en los barrancos, allí donde los lobos
corrían en silencio siguiendo el frío meridiano;
si tuviese que explicarte, ciudad que dormitas
bajo un montón de hojas muertas,
si tuviese que describirte la piel del océano, donde
los barcos escriben largos versos de claros poemas,
y los yates ostentan sus altas velas como pavos reales,
y el Mediterráneo, detenido en una concentración salina,
y las metrópolis de torrecillas afiladas, brillantes
en el sol penetrante de la mañana, y la fuerza
salvaje de los aviones que desaparecen en las nubes,
el desprecio eterno de los funcionarios hacia la gente,
las calles estrechas de Umbría (como en una cisterna
se detuvo en ellas el tiempo antiguo con sabor a vino dulce),
y la colina donde crece el árbol más tranquilo; el tono
grisáceo de París, allí fluye el río del perdón; Cracovia;
en domingo, cuando hasta las hojas de los castaños
parecen alisadas con una plancha invisible,
los viñedos en los que penetra el ávido otoño
y las autopistas repletas de temores;
si tuviese que describirte la solemnidad de la noche,
cuando ocurrió aquello,
y el ruido de un tren que avanza hacia la nada,
y el brillo de los patines en una pista de hielo
improvisada; escribo y estoy de viaje, pues
quería ver y no sólo saber, ver claramente
los incendios y las imágenes de un único mundo,
y tú sigues siendo una ciudad petrificada, inmóvil,
mis hermanos están en una arena poco profunda;
sobre vosotros no deja de girar la tierra
y desfilan legiones de soldados romanos,
y un zorro polar agudiza el oído al viento
en el blanco desierto donde se desvanecen los sonidos.

 

 

 

 

CÓMO TERMINAN LOS PAYASOS

Un viejo payaso reparte folletos en la estación, anuncian
un circo ambulante.Sin duda, es así como terminan
los payasos: sustituyendo una máquina (o a un niño).
Lo observo atento: quiero saber cómo terminan los payasos.

Entre la melancolía y la salvaje risa contagiosa
desaparece lentamente el equilibrio lleno de encanto;
año tras año el surco delas mejillas es más profundo,
y al final queda la desesperanza de una nariz demasiado grande

y movimientos torpes de anciano, ya no son una parodia
delos saludables e irreflexivos, son un panfleto que culpa
la imperfecta constitución del cuerpo, el error
del arquitecto. Queda la luz de la ancha frente, la lámpara

de una tez demasiado blanca (ahora sin polvos), unos labios
finos y unos ojos por los que mira ya un extraño, se asoma
con frialdad alguien que podría ser el futuro inquilino del rostro
(si se consiguiese prorrogar el alquiler de esta tristeza).

Es así como terminan los payasos, cuando se adentra en nosotros
la gran indiferencia del mundo, amargamente, como plomo en la boca.

 

 

 

 

UNA LLAMA

Señor, danos un largo   invierno
y música tranquila, y labios pacientes,
y un poco de orgullo antes
de que se acabe nuestro siglo.
Danos el asombro
y una llama alta, clara.

 

 

 

 

PARA GABRIELA MÜNTER

Un invierno benigno este año, las manchas
grana de las casas no se helaron, no palidecieron,
y las manzanas siguen llenas de ternura.
Una haya roja recuerda la dulzura del verano
y los lobos no osan acercarse al altar
de nuestras oscuras casas.
Detrás de la pared se oye una respiración.
Sólo sabemos que la vida es cálida.
Pero ya se tambalean los mástiles de los veleros
y las esbeltas antenas,
de las jarras se vierte vino
y quizá quede anegado este silencioso valle
oculto a los ojos de los cazadores;
seguro que quedará anegado, Gabriela.

 

 

 

 

LA COLINA

Un instante de silencio cuando el viento está absorto…
Esta colina violeta, propiedad de un caballo bayo,
se detuvo en su marcha.
Llegan débiles campanadas de una aldea cercana, acaba
de despertar de su sueño una pequeña iglesia románica.

 

 

 

 

UN PEQUEÑO VALS

Los días son tan deslumbrantes, tan claros,
que hasta las escasas y delgadas palmeras
se cubren de un polvo blanco de inatención.
Las serpientes se deslizan en silencio por los viñedos,
pero al atardecer el mar se oscurece y las gaviotas,
suspendidas en el aire como la puntuación
de un escrito superior, apenas se mueven.
En tus labios queda impresa una gota de vino.
En el horizonte poco a poco se desvanecen
las montañas de calcio y aparece una estrella.
De noche, en la plaza, una orquesta de marinos
con uniformes impecablemente blancos
toca un pequeño vals de Shostakovich; lloran
los niños pequeños,como si intuyesen
de qué trata la música alegre.
Nos encerraron en la cajita del mundo,
el amor nos liberará, el tiempo nos matará.

 

 

 

 

PANADERÍA

Un joven y orgulloso panadero con su camiseta sin
mangas (en los brazos tiene marcas de harina, como
polvos en la cara de un actor) observa con amabili-
dad a los clientes. Sonríe sutilmente. Él, que conoce
el secreto del pan…

 

 

 

 

HABLA SUAVEMENTE

Habla suavemente, eres mayor que el
que fuiste durante tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo (y sigues sin saber aún
qué son la ausencia, la poesía y el oro).

Un agua parda inundó la calle; una tormenta
fugaz sacudió la ciudad lisa y soñolienta. Cada
tormenta es una despedida,  cientos de fotógrafos
parecen voltear encima nuestro, con el flash
inmortalizan los segundos de temor y pánico.

Sabes qué es el luto, una desesperanza tan súbita
que ahoga el ritmo del corazón y el futuro.
Lloraste entre extraños, en una tienda moderna
donde no paraba de circular el ágil dinero.

Viste Venecia y Siena, y en las telas, en la calle,
Madonnas tristes y jóvenes que querían ser
chicas normales y bailar en los carnavales.

Viste también pequeñas ciudades que no eran bellas,
viejas personas hartas del sufrimiento y del tiempo.
En iconos medievales brillaban los ojos de los santos
morenos, ojos ardientes de animales salvajes.

Cogiste guijarros de la playa, la Galère,
y a veces sentías una gran ternura
(hacia ellos y el pino esbelto, hacia aquellos
que estaban contigo y hacia el mar
que siendo tan fuerte está muy solo),

tan grande como si todos fueran huérfanos
del mismo hogar, separados para siempre
y entregados a los breves instantes de visión
en las frías prisiones de la contemporaneidad.

Habla suavemente: ya no eres joven,
la revelación debe negociar con semanas de ayuno,
tienes que elegir y renunciar, tomarlo con tiempo

y hablar muchas horas con enviados de secos
países y labios agrietados, tienes que esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla con más calma. No renuncies a la poesía.

 

 

 

 

ALLÍ DONDE EL ALIENTO

Está solo en el escenario
sin ningún instrumento.

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Deseo (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

TIERRA DEL FUEGO

septiembre 30, 2016 Deja un comentario

tierra-del-fuego-adam-zagajewski

 

CAMBIO

Hace meses que no escribo
ni un solo poema.
Vivía humildemente leyendo los periódicos,
pensando en el enigma del poder
y en las causas de la obediencia.
Contemplaba puestas de sol
(escarlatas, muy inquietantes),
sentía cómo callaban los pájaros
y cómo la noche iba enmudeciendo.
Veía girasoles que agachaban
la cabeza al ocaso, como si un desatento
verdugo paseara por los jardines.
En el alféizar se iba acumulando
el polvo dulce de septiembre
mientras las lagartijas se escondían
en los salientes de los muros.
Salía a dar largos paseos,
y deseaba tan sólo una cosa:
relámpagos,
cambios,
a ti.

 

 

 

 

ANTOLOGÍA

Por la tarde leía una antología.
Detrás de la ventana pacían nubes escarlatas.
El día había desaparecido en un museo.

Y tú, ¿quién eres?
No lo sé. No sabía
si había nacido para la felicidad.
O para la tristeza. ¿Para una larga espera?

En el aire puro del crepúsculo
leía una antología.
En mí vivían antiguos poetas, cantaban.

 

 

 

 

PINTORES HOLANDESES

Escudillas de estaño repletas y pesadas de metal.
Gruesas ventanas hinchadas por la luz.
Materialidad de plomizas nubes.
Vestidos como colchas. Ostras húmedas.
Objetos inmortales, pero que no nos sirven.
Andan solos los zuecos de madera.
Las baldosas nunca se aburren,
y juegan al ajedrez con la luna.
Una chica fea estudia una carta
escrita con tinta simpática.
¿Será de amor o de dinero?
El mantel huele a moral y almidón.
La superficie no conecta con la profundidad.
¿Misterio? No hay misterio alguno,
sólo el azul del cielo, hospitalario
e intranquilo como gritos de gaviotas.
Absorta, una mujer pela una manzana roja.
Los niños sueñan con la vejez.
Alguien lee un libro (un libro es leído),
alguien se duerme y se vuelve un objeto
cálido, que respira (como un acordeón).
Les gustaba habitar. Y lo habitaban todo,
el respaldo de madera de una silla
y en hilos finos de leche como el estrecho de Bering.
Puertas de par en par, el viento era afable,
las escobas descansaban tras el trabajo a conciencia.
Descubiertas las casas. Pintura de un país
donde la policía secreta no existía.
Sólo una sombra prematura entró
en el rostro del joven Rembrandt. ¿Por qué?
Pintores holandeses, decid, ¿qué pasará
al pelar la manzana, cuando falte la seda,
cuando todos los colores sean fríos?
Decidnos, ¿qué es la oscuridad?

 

 

 

 

BUSCA

Volví a la ciudad
donde fui niño
y adolescente y un viejo de treinta años.
La ciudad me recibió con indiferencia,
los megáfonos de sus calles murmuraban:
¿no ves que el fuego todavía arde?,
¿no oyes el estrépito de las llamas?
Vete.
Busca en otro lugar.
Busca.
Busca la verdadera patria.

 

 

 

 

REFUGIADOS

Encorvados por una carga
que a veces es visible, otras no,
avanzan por el barro, o arena del desierto,
inclinados, hambrientos,

hombres taciturnos con gruesos caftanes,
vestidos para las cuatro estaciones,
ancianas con caras llenas de arrugas
llevando algo, que puede ser un bebé, una lámpara
(familiar), o quizá la última hogaza.

Esto puede ser Bosnia, hoy,
Polonia en septiembre del 39, Francia
(ocho meses después), Turingia en el 45,
Somalia, Afganistán, Egipto.

Siempre hay un carro, o como mínimo un carretón
repleto de tesoros (colchas, tazas de plata,
y el aroma de casa que se evapora rápidamente),
un coche sin gasolina, abandonado en la cuneta,
un caballo (será traicionado), nieve, mucha nieve,
demasiada nieve, demasiado sol, demasiada lluvia,
y esta inclinación tan característica,
como hacia otro planeta mejor, un planeta
que tiene generales con menos ambición,
menos cañones,menos nieve, menos viento,
menos Historia (este planeta, por desgracia,
no existe, sólo existe la inclinación).

Arrastrando las piernas
van despacio, muy despacio
al país de Ningún Sitio,
a la ciudad Nadie
en la orilla del río Nunca.

 

 

 

 

CARTA DE UN LECTOR

Demasiado sobre la muerte,
sobre las sombras.
Escribe sobre la vida,
sobre un día normal,
sobre el deseo de orden.

La campana de la escuela
puede ser un modelo
de templanza,
hasta de erudición.

Demasiada muerte,
un exceso
de negro deslumbramiento.

Mira,
naciones amontonadas
en estadios apretujados
cantan himnos de odio.

Demasiada música,
falta armonía, tranquilidad,
cordura.

Escribe sobre los momentos
cuando los puentes de la amistad
parecen ser más duraderos
que la desesperación.

Escribe sobre el amor,
sobre los largos atardeceres,
sobre el amanecer,
los árboles,
sobre la infinita paciencia
de la luz.

 

 

 

 

VOSOTROS SOIS MIS HERMANOS SILENCIOSOS

Vosotros sois mis hermanos silenciosos,
muertos.
No os olvidaré nunca.

En viejas cartas veo huellas de vuestra letra,
que se encarama al extremo de la página
como un caracol por la pared de un psiquiátrico.

Direcciones, teléfonos que acampan
aún en mi agenda, esperan, dormitan.

Ayer estuve en París, vi centenares de turistas
cansados y helados. Pensé que se os parecían,
no pueden encontrar su lugar, vagan intranquilos.

Y creía que esto era muy fácil: ¡vivir!
Basta con un puñado de tierra, un barco, un nido, una prisión,
un poco de aire, unas gotas de sangre y nostalgia.

Vosotros sois mis maestros,
muertos.
No os olvidéis de mí.

 

 

 

 

VIENTO DE DICIEMBRE

El viento de diciembre te mata la esperanza,
pero no permitas que te arrebate
la niebla azul que existe sobre el mar
y una benigna mañana en verano.

¿Cree alguien que todavía existen
ligeras e invisibles islas,
y manchas de un brillo solar
en el entarimado de madera?

El sueño lleva un vestido andrajoso
y va pidiendo una limosna,
mientras se apaga en una celda,
como María Estuardo, la memoria.

 

 

 

 

ESCRIBÍA EN LA OSCURIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ryszard Krynicki

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando vivía en Estocolmo, Nelly Sachs
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtrabajaba por las noches con una luz apagada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara no despertar a su madre enferma.

Escribía en la oscuridad.
La desesperación le dictaba palabras
tan pesadas como colas de cometa.

Escribía en la oscuridad,
en silencio, que sólo interrumpía
el reloj de pared con sus suspiros.

Hasta las letras eran soñolientas,
sus cabezas caían en las hojas.

La oscuridad escribía
tras coger esta mujer ya no joven
como si fuese su pluma.

La noche se compadecía de ella,
sobre la ciudad se erigía
una gris prisión del alba,
la aurora de dedos rosa.

Cuando se dormía ella
los mirlos ya despertaban
y no hubo ninguna pausa
en la tristeza y el canto.

 

 

 

 

ÚLTIMA TORMENTA

Alguien se va.
Alguien ha bebido silencio.
Sólo en agosto gritan las tormentas
como dementes en una ambulancia.
Las ramas nos golpean las mejillas.
Huelen hojas de alisios a aceite de heno, a sueño.
Cabe escuchar, escuchar, escuchar.
Bajo el agua respiran manantiales cansados.
A las cuatro de la mañana
un solitario y último relámpago
con rapidez dibuja algo en el cielo.
Dice “No”. O “nunca”.
O tal vez: “Valor, no se apagó el fuego.”

 

 

 

 

¿QUIERES LLORAR?

Pasaba bajo los toldos de los árboles
y a veces me alcanzaban las gotas de lluvia
como preguntando:
¿quieres sufrir?
¿Quieres llorar?
Había humedad en el aire,
brillaban las hojas,
olía a primavera y a desgracia.

 

 

 

 

AQUEL DÍA LA NADA

Aquel día la nada
como para llevar la contraria
se convirtió en fuego
y quemó los labios
a los niños y a los poetas.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Tierra del fuego (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2004.

 

ROBERTO BOLAÑO

noviembre 13, 2012 2 comentarios

Qué ciudad más estúpida, uno sale a la calle un par de horas y tiene suficiente como para estar vomitando unos cuantos días. La idiocia imperante da asco, la imbecilidad con la que se mueven algunos personajes hacen que me vuelva con todo el cariño del mundo a mi biblioteca y me refugie en libros como ‘Los perros románticos‘ de Roberto Bolaño. De ese libro dejo hoy aquí algunos poemas.

 

 

DINO CAMPANA REVISA SU BIOGRAFÍA EN EL PSIQUIÁTRICO DE CASTEL PUCI

Servía para la química, para la química pura.
Pero preferí ser un vagabundo.
Vi el amor de mi madre en las tempestades del planeta.
Vi ojos sin cuerpo, ojos ingrávidos orbitando alrededor de mi lecho.
Decían que no estaba bien de la cabeza.
Tomé trenes y barcos, recorrí la tierra de los justos
en la hora más temprana y con la gente más humilde:
gitanos y feriantes.
Me despertaba temprano o no dormía. En la hora
en que la niebla aún no ha despejado
y los fantasmas guardianes del sueño avisan inútilmente.
Oí los avisos y las alertas pero no supe descifrarlos.
No iban dirigidos a mí sino a los que dormían,
pero no supe descifrarlos.
Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de dolor, lenguas
extranjeras oí adonde quiera que fuese.
Ejercí los oficios más bajos.
Recorrí la Argentina y toda Europa en la hora en que todos
duermen y los fantasmas guardianes del sueño aparecen.
Pero guardaban el sueño de los otros y no supe
descifrar sus mensajes urgentes.
Fragmentos tal vez sí, y por eso visité los manicomios
y las cárceles. Fragmentos,
sílabas quemantes.
No creí en la posteridad, aunque a veces
creí en la Quimera.
Servía para la química, para la química pura.

 

 

LA SUERTE

Él venía de una semana de trabajo en el campo
en casa de un hijo de puta y era diciembre o enero,
no lo recuerdo, pero hacía frío y al llegar a Barcelona la nieve
comenzó a caer y él tomó el metro y llegó hasta la esquina
de la casa de su amiga y la llamó por teléfono para que
bajara y viera la nieve. Una noche hermosa, sin duda,
y su amiga lo invitó a tomar café y luego hicieron el amor
y conversaron y mucho después él se quedó dormido y soñó
que llegaba a una casa en el campo y caía la nieve
detrás de la casa, detrás de las montañas, caía la nieve
y él se quedaba atrapado en el valle y llamaba por teléfono
a su amiga y la voz fría (¡fría pero amable!) le decía
que de ese hoyo inmaculado no salía ni el más valiente
a menos que tuviera mucha suerte.

 

 

BÓLIDO

El automóvil negro desaparece
en la cueva del ser. Yo
aparezco en la explanada:
todos van a fallecer, dice el viejo
que se apoya en la fachada.
No me cuentes más historias:
mi camino es el camino
de la nieve, no del parecer
más alto, más guapo, mejor.
Murió Beltrán Morales,
o eso dicen, murió
Juan Luis Martínez,
Rodrigo Lira se suicidó.
Murió Philip K. Dick
y ya sólo necesitamos
lo estrictamente necesario.
Ven, métete en mi cama.
Acariciémonos toda la noche
del ser y de su negro coche.

 

 

BOLAÑO, Roberto. Los perros románticos. Barcelona, Ed. Acantilado, 2006.

 

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