Archivo

Posts Tagged ‘a flor de agua’

LA SOLEDAD ME SALVA DE ESTAR SOLO

 

LOS PULMONES se ensanchan,
la vida nace abierta —nunca más vida a trompicones,
a arañazos—,
emana de las piedras,
sonríe en la palpitación
vegetal del instante.
Es hora de dejarse
fluir,
de volverle la espalda al desvarío,
de aventar la tristeza.

 

 

 

 

ES ÉSTE EL FIN de todos los principios:
no hay mañana
que llevarse a la boca invocando palabras
grandiosas de mentira.
La épica huyó, huyeron los clamores
y sólo queda el miedo proclamando su aroma,
su congoja animal, su afán acorralado.
Y un hombre, un hombre solo
vertido en su pregunta
frente a la incuestionable soledad de sus células
se dirá —nos dirá—:
¿A quién hemos vendido la inocencia?
La inocencia no existe. No hay dilema,
sólo pozos de olvido donde hundir lo que amamos
y aun así comprendemos que es extraño, que nunca
dejará de ofrecernos la ajena voz del otro.
La inocencia es un truco de actor,
no hay compromiso,
sólo altares de fango donde sacrificar
nuestra fe de individuos,
nuestro orgullo insensato
de almas irrepetibles, insolidarias, solas.

 

 

 

 

TAMPOCO ES MI CIUDAD esta que abarcan
los pies. Abajo, arriba,
la hostil arquitectura de lo que no pasó,
de lo que dejó nada
(años húmedos, lejos).
Tampoco ésta mi gente ni sus ojos los ojos
que guardan mis paisajes en su secreto a voces.
(Mi gente, al interior,
pájaros muertos.)

 

 

 

 

HACE TIEMPO
de todo ya. Huyó el fulgor de los astros
que un día
poblaron nuestros mitos y tiñeron de plata
el agua del estanque, la pulpa de los dedos que acarician,
la saliva del amante olvidado
que me enseñó a besar.
Ya pasó. Su rescoldo
entibia ahora mis sábanas, la piel de mi memoria,
la espuma que en mi casa
enlució las paredes y detuvo la prisa.
Y si el tiempo pasó, su huella detenida
permanece inmutable, cimiento de mis sueños,
sombra recuperada cuando el cuerpo ha caído
y nada reconforta ni colma su oquedad.
Hace tiempo
de todo ya. El zumo de las horas
deja un regusto amargo en la garganta. Vamos
camino del olvido, de la extinción, del fuese.
Y nunca más amar
y nunca más dormir para olvidar zozobras.

 

 

 

 

COLMILLOS de ancha duda me socavan,
inciden en mi piel sus inquietudes,
su rastro es arañazo de preguntas,
el futuro, su aliento adelantado.
—La nuca se estremece, apura el golpe,
los poros se contraen, la sien cesa
ya de pensar—. Llega la noche; abraza
con sábanas de olvido.

 

 

 

 

YA NO LO VEO CLARO, la claridad
se espesó, se hizo sima, honda implosión del alma,
quebró la voluntad y nació otro principio
—un mundo en cada duda, distinta creación
cada vez que nos fallan el soporte o la máscara,
cada vez que sentimos que no hay nada que hacer,
que hemos perdido el paso y la intuición o el mito—.
Y al volver nuestros ojos a la mañana nueva
que resplandece allá, en su altar de montañas,
al respirar los poros el aroma surgido
de la unión milagrosa del rocío y la hierba,
creemos sumergirnos otra vez en la calma,
bañar en nitidez nuestros músculos yertos,
haber vencido al vértigo, al grito del abismo,
creemos, insensatos, que el renacer existe.
Ciegos por mirar luz, por buscarla allá arriba
donde no admite el sol intrusos ni rivales,
mutilado el impulso, sólo queda ser cripta.

 

 

 

 

NUNCA LA VOZ hallé, al cabo de los años,
de quienes susurraron a mi oído palabras
y el alivio instantáneo de una piel que se ofrece,
que mezcla con la mía el zumo de sus poros.
Nunca reconocí, tras la distancia rota,
los ecos del ayer, la mirada que un día
puso fuego en mis dedos y, ardiendo toda entera,
cumplí años y olvidé. El tiempo es asesino.
Hoy me miras disuelto —viejas fotografías
con sed de atardecer, melancolía y lluvia—
y ya no sé tu nombre, ni tu rastro me altera
ni tu llama me incendia ni tu silencio mata.

 

 

 

Blanco, Pilar. A flor de agua. Madrid; Ed. Visor, 2000.

 

LEJOS DE EDÉN

 

LEJOS DE EDÉN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Felipe Benítez Reyes

Desde el principio —base, origen del estímulo primero—
habéis estado ahí, alimentando
la llama, la inquietud salobre, el tibio
palpitar de la piel. A vuestro paso abierto
hemos unido el nuestro en la senda de siglos,
de tropiezos conjuntos, de desencuentros broncos,
desde el principio, ojos en nuestros ojos, jadeo acompasado,
instintos sometidos y dispares.
Desde el principio, en la rueda del tiempo,
sombra de cueva, olor a piel curtida
de tendones nómadas, almizcle bajo el velo,
aroma apresurado de fogatas, cantos entrecortados,
contrapuestos
la tiniebla del rapto y las orillas
sinuosas del verso
premeditado de los amadores, del dulce estilo nuevo
que todo lo devasta y sustituye:
nosotras el señor, vosotros el vasallo
humillado y ficticio. (Sedas sobre la piel y el alma a oscuras.)
Desde siempre, la mirada sumisa o retadora
ha captado los ojos huidizos,
los labios seductores y más húmedos,
el cuerpo más volcán, con sed de lava
ardorosa y efímera.
Y, también desde siempre, el desafío
de ser y de no ser extremos invertidos
de un mismo respirar. Los frutos demediados
en pos de algún afán de redondez madura
y emociones uncidas. Espejismo.
Los miembros que se juntan se rechazan,
los sueños superpuestos se rechazan,
las salivas que fluyen mezcladas se rechazan
al fin, siendo dos y siendo siempre
dos proyectos contrarios, dos ansias contrapuestas
que se tocan —pináculo— y estallan
en polvo de cometa fugitiva.
Y es lástima ver que, desde el principio,
no nos gustáis del todo, hombres,
antagonistas,
tal vez deslumbramiento, erupción, arrebato,
tal vez rescoldo, brevedad del instante,
chistera maga que finge (amor) el artificio.

 

 

 

Blanco, Pilar. A flor de agua. Madrid; Ed. Visor, 2000.

 

A FLOR DE AGUA

 

SU ÚNICO DISCURSO era el silencio,
supresión
de lo que de superfluo esconde la palabra.
Su única mentira era escapar
de sí mismo,
su excusa más baldía fingir normalidad,
levantar cada día
su cuerpo de la cama,
sus dudas de la almohada confidente,
maquillar su desgana,
ser, un momento más,
mirada transeúnte en la existencia.

 

 

 

 

POR VELOZ que pase el tiempo, que los hilos del aire nos empujen
hacia ninguna parte —inquieto vendaval a la deriva—,
no existe certidumbre,
no hay trazado un sendero perceptible
ni la sonrisa de las personas muertas, su huella congelada
en grumos de papel
conseguirá ayudarnos. Cada error es primero,
cada existencia única,
cada amor, pasajero,
cada miedo real, irrepetible, nuestro.

 

 

 

 

¡CÓMO PASAN los días!
Con qué celeridad
estallan sus enigmas —besos huecos,
sorpresas sin mensaje,
prometidos excesos imposibles—.
A lo largo del verso
un creciente rumor, un clamor de alfileres
—que es la sombra—
descuelga sus orígenes de hierro.

 

 

 

 

HOY, por primera vez, he respirado nieve
y el agua de las cumbres ha limpiado mis sueños
como la mano fresca de una madre lejana
que posara en mi frente su sosiego, su mimo.
Hoy, por primera vez, la cara contra el cielo,
con la paz del espíritu cayendo blandamente
en mis ojos cerrados,
con los brazos abiertos también —oración muda—
en pacto con el frío, he pensado en ayer,
en lo oscuro, en lo líquido,
en tanta eternidad que el invierno convoca,
en los ojos sumisos, en la velocidad,
en lo que es irreal, en lo que será siempre.
Gotas de lluvia tecleando nerviosas
mensajes imposibles.

 

 

 

 

EL FILO DE LA ESPADA de la melancolía
ha templado los días que he vivido
y el tiempo
que queda por vivir.
(Estertores de un alma
que sabe su condena y que se empapa
en la inmortalidad. En viejos blues de niebla.)

 

 

 

 

ACASO sea el alma —sólo el alma,
no piel— la que envejece,
y los cuerpos conserven indefinidamente
la sed ultraterrena de su siempre,
de extenderse perpetuos, inalterables,
limpios.
El alma se desprende, mientras tanto,
de fulgor y barruntos,
crece en su soledad de hábito manso,
el dolor la calcina.

 

 

 

 

LA ESCARCHA de los días va dejando
un grumo más de miedo que apelmaza la piel,
una derrota menos que prever, que espera a que surja y nos vulnere,
una esperanza más que hundir bajo su losa.
Cada día el rocío tiene menos fulgor,
son menos dulces su agua y sus enigmas.

 

 

 

 

MIENTRAS haya preguntas
tendré contradicción con que nutrir mis venas,
tendré ese dolor áspero que brota de la esencia,
que provoca el fulgor con que lo cotidiano
se transfigura a veces en eterno.
Del vigor de la duda
dependemos. En ello arraiga el alma su firmeza.

 

 

 

 

POESÍA del témpano,
urdida a la intemperie de las almas,
palabra ensimismada en su propio fulgor,
absorta en su misterio enmudecido.
Poesía de lumbre
ardida contra el cuerpo, poro a poro,
impregnada en sudor,
en temblores lascivos y calientes.
Poesía de áridos
sequedales,
plasmación pedregosa de la idea
en tenaz nomadeo, sed intacta
de eternos manantiales de belleza.
Poesía, en resumen, completa, repetida,
tal vez abrumadora
en su temperatura única o previsible
para quien sólo escucha las voces que lo empujan
desde adentro, del fondo,
hacia el gesto trivial que traza la sonrisa.

 

 

 

 

LOS SALONES sombríos,
las bóvedas ajadas,
lágrimas de humedad enlutando rincones,
desluciendo deseos decadentes, lejanos.
Nada te espera ya. Tu recuerdo está muerto.
Si es la patria la infancia, a la que regresamos
tras tanto andar errante, peregrinos del tiempo.
Si guardamos intactos su sabor y sus pétalos
entre hojas de ese libro que, a ciegas, escribimos,
¿por qué la vida entera es un fluir?
¿Hacia dónde nos llevan nuestros pies
presos de involuntad? ¿Qué fuerza nos arrastra?
¿Qué sangre nos agita? ¿De qué muerte
morimos
sin volver hacia atrás nuestros ojos exhaustos?
¿Qué cantar de sirena nos embauca en su círculo?
No, no hay patria posible
ni lo que quedó atrás existe realmente
más que en la obstinación,
ni las sombras consiguen tener más densidad
que su propia materia
de espíritu sin cuerpo, de anhelo sin raigambre.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Nicolás Pardo

SÉ QUE EL CIELO no existe
y que la luz dorada que las tardes regalan
no es más que una ilusión que los sentidos crean.
Ya sé que el corazón es una triste víscera
en la que no arde amor ni caben sentimientos
(sólo bombear de sangre).
Todo lo sé. Y sé que todo es máscara,
poco más que antifaz del héroe que no somos
y que quisimos ser: achaques de una infancia no del todo vencida.
Pero creer y saber no suelen conjugarse
con igual densidad. Son conceptos distintos,
y no vale engañarse
y no vale mentirse
y no vale escribirlo. Ser poeta es mentira.

 

 

 

 

BUSQUÉ EN EL UNIVERSO respuesta a los enigmas
que no tienen respuesta ni confín.
Busqué fuentes, rasgué con insistencia tanta pregunta,
tanta,
que no olvidé averiguar con los ojos, con el latir del día.
Olvidé que el más allá, sin duda,
se llama más acá y nos roza la frente,
que somos los muñecos que el viento de la historia zarandea o agrupa.
¡Quise mirar tan poco
en la amarga comedia del amor y sus ritos!
Actuamos
como los arlequines ocupan con melindres su rincón de la escena,
fingimos la sonrisa,
recitamos papel, sufrimos y lloramos, nos sentimos felices
como indica el guión.
Nada necesitamos. Nadie es imprescindible.
Nuestro cuerpo desnudo no requiere más piel
que la que el sol acuna y la brisa moldea,
la nuestra, la de dentro que ser exterior finge.
Y ese disfraz con el que nos conocen
los demás, es mentira, superfluo en su vejez usada
y no nos pertenece. (Son poco más que trapos que ondean a la espalda
dictándonos un paso que nuestros pies no siguen.)
He tardado cien años en descubrir que hablaba
la lengua de los otros, una que no era mía.
He tardado cien años y he comprendido al fin:
No sé vivir sin mí. No más. Eso era todo.

 

 

 

Blanco, Pilar. A flor de agua. Madrid; Ed. Visor, 2000.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más