CHAQUETA DE PANA

 

CHAQUETA DE PANA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Grandola, vila morena
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxterra da fraternidade…».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxXose Afonso

xxxxxI

No raída. Si acaso
un brillo matizado en las coderas, restos
de una hierba inicial, tenues señales
de tabaco de pipa, tal vez briznas
de un pétalo anterior, aquel que supo
a Portugal y a nube, a beso urgente,
quién sabe si a domingo, a tarde plana
y a papeles exhaustos, derribados
sobre el puro escritorio adolescente.

Abandonada.
xxxxxxxxxxxxxSometida
en la quietud de sombra del armario
a la muda pasión de la polilla, vieja prenda
por fin acostumbrada al pozo informe
que nutre el aposento del olvido.

 

xxxxxII

La hueles a traición y con urgencia.
Como si un voyeur, tras la cortina,
pudiera sorprenderte en ese acto
y azuzar los caballos de la culpa
al gesto o tentación que es un instante.

La hueles. Tocas
el brillo frío de su forro ajado.
De súbito, a ti acude
un extraño temor, rondan preguntas
por tu mente vencida, por tus ojos
cazados por la luz deshabitada
de la humilde chaqueta que hace tiempo
dejó de ser costumbre.
Y te asedian. Te cercan las preguntas.
Te someten.

 

xxxxxIII

¿Qué buscas? ¿Qué gozo o qué desaire,
qué traición o qué manos, qué perfume
o canción, qué golfería
intentas retener mientras contemplas
su tono de melaza algo apagado
por tiempo y abandono?

¿Qué preside tu sed?
¿Qué incierta geografía, qué canto entre la hierba
de los años tempranos,
qué perdida pasión entre sus hebras
te conduce o te acampa
en sus proximidades?

¿Qué gesto colectivo, qué mañana bebida
con cerveza, qué amenazada noche,
qué maraña de asombros y de hazañas?

 

xxxxxIV

Todo un tiempo resume: aquel que crece
en el turbio portón que derribamos
sólo un poco. El que tuvo un clavel,
mustia materia a pesar nuestro,
en la solapa. El que compuso
un horizonte de imperfecto vuelo.

Oh símbolo del viento derrotado.
Oh chaqueta de pana sorprendida
entre ropa de desuso y viejos discos.

 

 

 

Rico, Manuel. El muro transparente. Madrid; Ed. Libertarias, 1992.

 

EL DÍA QUE DEJÉ DE LEER EL PAÍS

 

PRIMEROS BROTES DE PRIMAVERA, 1996

¡El mérito que tiene ser árbol
en una ciudad como Madrid!

Pero pensándolo bien:
¡el mérito que tiene ser cartero
oficinista limpiadora dependiente médico homeópata
o simplemente ser humano
en una ciudad como Madrid

y no les digo en otras!

 

 

 

 

MENINA DA RUA, 1994

¿No sería posible
que yo 
volviera a nacer?

pregunta
una niña de la calle en Brasil

y lo transmite el periodista Dimenstein
que ha investigado esa masacre
—”un proceso sistemático de aniquilamiento:
a los niños se los tortura
se los aterroriza
se los prostituye”—
con riesgo de su vida.

Consideradas las cosas fríamente
y tras un somero cálculo de probabilidades
se impone la conclusión de que habría
que devolver a la realidad
a esa chiquilla:

¿cuántas veces
desgraciada
cuántas veces
tendrías que volver a nacer?

 

 

 

 

COMPETITIVIDAD (II)

Quienes van muy deprisa hacia ninguna parte
cierran el paso sin un sólo resquicio
a quienes queríamos llegar lentamente a un destino.

 

 

 

 

ISLA DE BEDLOE, 1996

La libertad se halla
dentro de una estatua francesa
confinada en una pequeña isla
en la desembocadura del río Hudson.
El resto del país
se las arregla como puede.

 

 

 

 

LUCHA DE CLASES, 1995

La gran noticia
de 1995: la prensa burguesa —redundancia
en 1995— descubre
las historias de cama de Bertolt Brecht
con un retraso de sesenta años.

 

 

 

 

MILITANTES, 1996

Son la sal de la tierra

pero la tierra
necesita también
un poco de pimienta
y quizá otras especias.

 

 

 

 

ESTADÍSTICAS, AÑOS NOVENTA

Entre 1975 y 1990
murieron más personas asesinadas
en las calles de Nueva York
que norteamericanos en la guerra de Vietnam.
Cuando acabe el siglo
más españoles habrán muerto en accidente de automóvil
que en la guerra de España.

Las luchas por la libertad
no se detienen.

 

 

 

 

NUEVO GOBIERNO, 1996

Los mismos que empobrecen a los pobres
tachan la fertilidad de la tierra
privatizan lo que es de todos
desforestan el sentido de las palabras
cercenan los vínculos entre aquí y allá

se presentan como príncipes de la cultura.

Eso no me hace desconfiar de la cultura
pero sí me hace
aborrecer doblemente a tales príncipes.

 

 

 

 

HUMANISMO ARMAMENTISTA, 1995

El diario anuncia que
las minas antipersonales
causan 26.000 víctimas al año
en todo el mundo

xxxxxxxxxxx(“existen i350 itipos de minas, con un costo que varía
xxxxxxxxxxxentre ilas i250 ipts. iy las 30.000pts; las más macabras
xxxxxxxxxxxson las fabricadas para los niños, en forma de maripo-
xxxxxxxxxxxsas o juguetes. (…) Se han encontrado minas de fabri-
xxxxxxxxxxxcación xespañola xen xMarruecos, xMauritania, xIslas
xxxxxxxxxxxMalvinas o Irak…”)

informa también que
las empresas que
fabrican las minas son las mismas que
venden también costosos programas de desminado
programando así sus beneficios
por partida doble
y titula el conjunto ARMAS INHUMANAS

Lo leo hasta el final
curioso por averiguar cuáles son las armas
HUMANAS

pero no salgo de dudas.

 

 

 

 

LA RELIGIÓN EN NUESTRAS ESCUELAS, 1994

El problema
es intentar enseñarles cómo orar
sin enseñarles antes a inventar al dios.

 

 

 

 

ELEGÍA, 1996

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen memoria de Francisco Tomás y Valiente

Si pudiera
corregir la mañana del 14 de febrero
como quien corrige un poema

a las 10’48 no se hubiera encontrado
tu cuerpo
con las tres balas del asesino.

Todos hablan de lo que simbolizabas
de la importancia de tu obra

Los símbolos no inspiran piedad
La obra no da calor

odio a quien con tres balas
te convirtió en un cuerpo muerto.

Nunca más compartiré con los asesinos
ni con los amigos de los asesinos
el vino ni la leche que dan al cuerpo substancia.

Si pudiera
corregir mis sentimientos como quien corrige un poema
el desprecio de hoy lo dejaría intacto
sin cambiar ni un acento.

 

 

 

 

HOW TO SAVE THE WORLD

Poetas escribiendo
incontables poemas
para salvar el mundo

El mundo que se ríe
halagado
y les pasa la mano por el pelo
antes de ponerlos en su sitio
con un cáancer
una erupción volcánica
o una guerra mundial

 

 

 

 

RETRATO DE GRUPO CON PESTILLO, 1995

En la fotografía estamos
Gonzalo Rojas y su hijo Rodrigo;
Mestre y Aleja la del arcoiris, Fernando Beltrán,
Parreño aparreñando libro nuevo, Natividad
con el collar que todas desean,
yo indirecto en cuclillas.
Al fondo las tetas cósmicas de la estatua
y en manos de Gonzalo el pestillo
que Fernando rescató del contenedor de basura.
La hicimos porque sí, por estar juntos.
No hay ninguna puerta
que no pudiera abrir este pestillo.
Esta foto es el país
donde yo quiero estar.

 

 

 

 

LO QUE UN POETA PUEDE HACER
CON LAS MANOS ATADAS A LA ESPALDA

Pegarle
una patada en los cojones
al enemigo de clase que lo ató

Hacerle
concienzudamente el amor
a su chica maliciosa que lo ató

 

 

 

Riechmann, Jorge. El día que dejé de leer El País. Madrid; Ed. Hiperión, 1997.

 

EL MURO TRANSPARENTE

 

EL AZAR ESPERADO

Si, por azar, me tocas.
Si tus dedos encuentran el abismo
de mi piel cuando el último
cigarrillo del día nos revela
la senda oscurecida de la cama,
ten la certeza, dama irresponsable,
de que habrás desbocado
la feria del instinto,
de que el paso inmediato de mis manos
será buscar el límite inseguro,
la frontera adorada
que tu duda dispone por la ingle
hasta desbaratarte.

 

 

 

 

TINTA Y PIEL COMPLEMENTARIA

En la tinta se arriesga
el acierto o la luz de la palabra.

Cuando la voz se prende o se obsesiona,
baja al papel movida por tu mano,
tórnase en escritura,
nada tiene remedio. Es tuya, propia,
tan sólo parcialmente.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAsí tu carne,
es invento feraz que adquiere cada día
el brillo peculiar que precipita
sobre tu cuerpo tembloroso la nevada
de mínimos detalles, quién sabe si insolencias,
nacidos en el piélago cansado
del crepúsculo.
xxxxxxxxxxxxxxxAsí tu carne,
flor extensa, sometida
al maleficio torpe de mis manos,
es tuya
tan sólo parcialmente, en la medida exacta
que la caricia ordena,
ese afán prodigioso
—teñido por la magia del cointreau
y por la voz quebrada de Brassens—
de hurgar tus curvaturas poco antes
de salir a la calle a conocernos
más allá de la piel investigada
con pasión en el blando territorio
que habita en los divanes.

 

 

 

 

AMOR EN AUTOMÓVIL

El coche detenido,
isla o cala o desierto,
como un vagón inútil
bajo asedio de estrellas.

Tus muslos,
ah remanso de fiebre voluntaria,
a su luz sometidos, a la sed
de la inexperta mano que despieza
la euforia no esperada
de un amor descubierto en el tumulto
de la noche.
xxxxxxxxxxxxxBuscábamos
la oscura soledad de las afueras
—carreteras desiertas,
antiguas estaciones, descampados,
dunas donde el prodigio del contacto
sembraba de parejas no visibles
la bruma ilimitada, el territorio
de la provocación oscura, acaso
la vieja latitud
donde pasión y urgencia se articulan
en el procaz reverso
de la ropa interior investigada
con loca obcecación—.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBuscábamos
la magia de la bruma para hacernos
algo más dioses,algo
más libres, algo más insolentes.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFértil
candil de aceite largo, vieja
y tenaz vocación que nos alumbra,
a pesar de los años transcurridos,
en el fuego y el agua del presente.

 

 

 

Rico, Manuel. El muro transparente. Madrid; Ed. Libertarias, 1992.

 

ITINERARIO

 

CUBILETES DE MUSEO

En qué cenas sirvieron para jugar a dados,
cuando hacían sus dueños un alto en el camino
de la fiesta perenne, yo no puedo saberlo,
ni aun lo quiero; el misterio del pasado perdure
y el verso ofrezca al alma lo que la historia niega.

Expuestos en la aséptica sala de algún museo,
han perdido el sentido que en su tiempo tuvieran.

Los describe algún crítico de la siguiente forma:
«Respondiendo a la escueta idea que tenemos
de lo clásico ahora,
un corro de esqueletos baila en altorrelieve
alrededor del vaso».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Contrapeso perfecto
en la fiesta nocturna donde, quizá, se usaron
entre risas y mofas!

Podéis imaginar a aquellos comensales
embotados de vino, con sus risas de mosto,
fétidas y patéticas.

¡Cuánta copa escanciada para ahogar el espíritu:
esa conciencia trágica, insaciable, del hombre!
Pero antes se consigue herir con hierro el mar
o el viento que rendir la inquietud de una mente.

Tristes hombres que arrastran su vida se han reunido
en una finca rústica, en el Boscoreale.
Ninguno de ellos piensa en la mañana impúdica,
la que con frescos dedos levanta cobertores
y destruye el letargo con sus alas de frío.
Sin término imaginan la noche, ¡tan propicia
a la desesperanza! La penetran, se enfondan
en la espiral fantástica de la inconmensurable
tiniebla, y en las chácharas groseras se deleitan;
se pierden entre juegos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSuenan los cubiletes
—que aún no son de museo—
en sus manos deformes y grasientas, artríticas.
Y, en el mínimo ámbito del cubilete, muestra
su presencia de muerte el ruedo de esqueletos.
Iguales en la forma post mortem, algún rasgo
distintivo desvela su rango cuando, vivos,
los cubría la carne:una lira, una máscara…
Y una inscripción, punteada a estilete, a su lado,
simula la existencia, a quien ya no la tiene,
por la gracia de un nombre que los hombres recuerdan:
Algo así es la gloria.

Sin duda, entre el clamor de risas y de dichos,
se infiltra algunas veces
la gélida consciencia del sinsentido trágico
en uno de los césares del báquico festejo;
es quizá al recoger el vaso con los dados,
pues, en vez de al instante alzarlo por los aires
en volteo sonoro, se detiene a mirarlo
y va entre las guirnaldas del relieve leyendo
los nombres de los hombres que fueron los espectros.
Junto al nombre de Mosco o Menandro, más amplia
inscripción en la base del vaso así le dice:
«Los grandes escritores, los profundos filósofos,
incluso ellos mueren;
sus lectores, nosotros, sepámoslo y bebamos».

Seguramente entonces la tirada es más rápida,
gesto lleno de rabia que nadie al fin podría
interpretar como acto de desesperación,
pues el instante lúcido en un trago de vino
zozobrará y el césar reflexivo, escapado,
se lanzará de nuevo al juego, a la inconsciencia.

 

 

 

 

ANTON WEBERN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis Antonio de Villena

¿El ángel de la muerte o el ángel del destino?

Acaricias tu obra con manos de nodriza,
mimas su perfección en días que no acaban
sino con un cansancio que los ojos acusan;
ignota, mas no importa —porque tú eres consciente
del poder de convocatoria que le insuflas—.
Un día llegará en que venga la gloria.
Mientras tanto soportas persecución, penuria,
dos guerras, remoquetes de cualquier tipo y tono
porque eres judío, como Schöberg y Mahler,
encerrado en la obsesa búsqueda inexcusable
cada día, cada hora, del perfecto absoluto.
Y cuando en la mañana de ese día esperado,
con su alba de periódicos, que vienen de New York
y London propalando el genio de tu arte,
al salir al jardín de tu casa una bala
cerrada te da muerte; nos preguntamos todos:
¿El ángel de la muerte y el ángel del destino
son uno mismo? Y nadie contesta a la pregunta
desde que el mundo es mundo.

 

 

 

 

EJERCICIOS DE SOLEDAD
xO ARIADNA DEL AMOR

(PRIMER SOLILOQUIO)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ernesto Sánchez-Grey Venegas

«Afrontaré los lechos, ¡tan grandes y tan fríos!,
otra vez solitaria.
El deseo de nuevo hará presa en mi carne
y el hombre más ridículo me podrá poseer.
Me verán, como loca, en mi terraza, abrir
al fresco de la noche veraniega mis gasas,
ansiosa de varón, después de tantos días
de carencia de cuerpo. Todos los centinelas
del palacio del rey saciarán sus instintos
contemplando mis carnes.
Seré la hembra de toda esa grosera legión
de miradas lascivas, en la  lobreguez húmeda
de los puestos de guardia.
Y cada vez que encuentre al amante de un día,
con él también vendrá la inevitable angustia
de volver a afrontar cara a cara el vacío.

El cuerpo para siempre tibio; y esos amantes…
¡migajas de los dioses menos misericordes
que buscan alargar por tiempo indefinido
la absoluta frialdad que conduce a la tumba!
Ya no podré ocuparme en ningún quehacer lento.
Será apresuramiento mi angustioso vivir.
Mi instinto violará de nuevo toda ley
y la culpa, de nuevo, sin amor que me ofrezca
la justificación,
volverá a mantenerme en ansiosa zozobra.
Me morderá la envidia junto a toda pareja.
Dudaré ante el espejo de mi hermosura y me
entregaré de forma desmedida al afeite.
No podré vivir sin la compañía de brujas,
de solitarios mágicos y de ritos a Venus.
Y, aunque sepa distante al traidor de mis sueños,
no empezará el tristor, unido al desengaño,
que la esperanza informe su fantasma
—en conjuración necia con el torpe deseo—
por todas las esquinas de calles y moradas,
para sobresaltarme eternamente en un
inútil aguardar
y porque ni aun los dioses soportan estar solos».

 

 

 

 

EL HOGAR DEL PEREGRINO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ángel Paniagua

¿Por qué, ante estas piedras de los templos
de Grecia, afluye el llanto al rostro una vez más?
¿Por qué de entre estas ruinas aún se nutre
todo mi ser?

¿De dónde nacerá mi orgullo altivo?;
¿de dónde provendrá
que en tan nobles lugares siempre encuentre
mi corazón respuesta a sus conflictos—
él, que vive distinto entre los hombres?

Se ha esfumado el recuerdo,
si es que hubo alguna vez algo que recordar.
Como perfume al sol y al tiempo, se ha perdido.
Y no obstante una mancha en mi espíritu queda,
un suave tornasol en mi alma dormida:
esa seguridad (o quizá terquedad) de pertenencia
a otros tiempos sin nombre
cuando veo sus restos esparcidos,
como hoy veo los restos de los templos de Grecia.

¿Acaso habré olvidado
por esencial necesidad mi origen:
obligado equipaje de ese nuevo camino por la vida?
Todo está en mi interior, al parecer,
como ya estaba Grecia antes de verme en Grecia.
Y sueño que, por tanto, en algún tiempo
por llegar, no sé si todavía muy lejano,
tras la última revuelta del camino,
nacerán nuevamente de mi entraña
el rosal y el geranio primigenios;
que alentará mi paso
un constante saludo de campos de amapolas,
de nuevo en el levante;
que volveré a mi tierra
dejando este brumoso atlántico feroz
del triste exilio.

Pero ¿no estoy aquí porque se anudan
los tiempos de las vidas de los hombres
por sutiles razones ignoradas?
¿No surgen las colmenas, en los huertos
del naranjo feraz,
porque son resonancias doradas y lejanas,
murmullo de los vientos
que aquí envuelven los faros de los cabos atlánticos?

En fin de cuentas, quién sea yo, no sé.
Emerjo en la maraña de causas y de efectos desbordante.
No sé si me hizo Grecia,
si otros mundos antiguos ya me dieron
el aliento que arrastro:
ese que ahora se encrespa y desordena
en ansiosa poesía,
buscando un conocer que nunca logro,
oculto entre las nieblas—
inevitables nieblas del horizonte humano.

¿Cómo darle sentido a este rosario
interminable de hechos ensartados
en un hilo de olvido?
¿Cómo alumbrar la frágil
ambición de saber lo que seamos
con la luz engañosa del recuerdo?
¿Cómo recuperar la plenitud
tras la acción destructora de la muerte?

Mientras creo este ensueño de lenguaje,
cruzo ansioso la vida,
observo entusiasmado
picarse el mar, bajar las gaviotas
chillando junto a mí,
y, sobre todo, aguardo temeroso,
sin saber qué se oculta detrás de tanto olvido.

 

 

 

 

AQUÍ TE AMO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA J., en el recuerdo de Mercedes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en el mío propio.

No sé si te gustaba la poesía
o si era un encuentro fortuito con su mundo
saberte de memoria
que se fatiga inútilmente hambrienta
la vida, en el poema dieciocho de Neruda,
de los veinte poemas de amor y la canción desesperada.

La verdad es que entonces esos versos
ayudaban muy bien a tus anhelos
de revolucionaria en todo,
aunque tu hermoso rostro era ya
una tierra prometida encontrada y perdida.

Incendiaste el armario de tu casa, fue el comienzo.
Con esa gran fogata
contra todos los candados,
contra todos los modos impuestos del vestir,
ascendiste al Olimpo misterioso de los locos
para olvidar el mundo, allí
donde no toca el grito
del último niño que ha muerto en Sarajevo.

Muchas mañanas antes, hace ya tantos años
(¿nos hemos vaciado? ¿quiénes somos ahora?)
subiendo a la Fuensanta, el monte que da sombra a tu ciudad,
me dijiste el poema dieciocho de Neruda
mientras que una gaviota de plata (yo no creo
en la casualidad) se descolgaba entonces
de un cielo tan azul como tu amplia sonrisa.
Ya eras del Movimiento Comunista.
¡Qué extremismo más sensual y alegre el tuyo!

No lo entendieron en tu casa de silencios pautados.
Nada entendieron en tu casa de ti.
No había sido un éxito el matrimonio temprano,
el piso comunitario:
aún quedan octavillas de entonces por los suelos,
amarillearon ya antes de que estallara la vieja Unión Soviética.

Allí sola en la clínica donde a veces te visito,
allí, donde andan días iguales persiguiéndose,
nada sabes del presente,
del neonazismo, de los cabezas rapadas,
del silencio diluido de las libertades,
del eco distante de Nicaragua,
del cetro poderoso de Juan Pablo II,
de una Polonia asombrada por su error insolidario,
del fantasma del muro, que estaba en todos los corazones
y aún está, sin piedras ya que derribar.

Pero no voy a decir que es mejor para ti
ignorarlo todo.
Si estuvieras en este nuestro puerto,
aquí nos amarías.
Nos estarías amando, aun entre estas frías cosas.
Los días que amanecemos y hasta el alma está húmeda,
nos estarías amando. Como en ese poema dieciocho
que sigo recitándote las tardes de visita.
Ese eterno poema.
Un ritual para doblar el tiempo
como un paño, e intentar volver a ser los que un día fuimos,
con la fuerza de entonces, con el cielo de entonces, con los años de entonces,
tan sólo en el recuerdo.

 

 

 

 

LA ISLA O LOS VERSOS DEL MUNDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Durá

xxxxxI

Dicen viejas historias —como indelebles dedos que señalan
a un Destino ignorado—
que existe una antesala para entrar a este mundo;
una antesala, ni siquiera fría como la muerte; una antesala
como son esas épocas del año en que las hojas aún no han verdecido
pero ya no hay escarchas.
Ni mañanas heladas ni mañanas de sol en ese espacio inerte y en espera.
Un mundo antes del mundo para el hombre,
sin ninguna estación del regocijo o la melancolía.

Al espíritu humano, anidado en la sombra,
no le gusta la espera inhabitable, la angustia contenida,
aquel no ser de escalofrío, helado,
la blanca voluntad precipitada en recipiente inocuo.
y desde el descontento del vivir sin vivir,
llama con una mano sin forma
a una puerta sin dimensión
para abrirse a la temporalidad de la vida.
Entonces se proyecta, desde su estado previo,
al incendio del ser, al centro del sentido,
al ansioso habitar bajo la enorme bóveda celeste
de estrellados ensueños;
y se inicia la ronda de la vida.
Bajan uno tras otro, los hombres, a habitar en este mundo.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*
x

Un profesor romano, llamado Fadigatti,
acaba de mirar por vez primera
la deslumbrante juventud de mundo.
Con su aterrado gesto de amor por lo que ve,
decide la ebriedad de su existencia.
Ha caído en la trampa del amor por la vida.

Con sombrero marrón, calada el ala ancha,
baja otro noble rostro decidido:
baja hasta el norte de África,
para olvidar las lenguas que fraguaron
su infeliz juventud,
y volver convertido en André Gide:
castillo personal en el París de siempre,
cuyas murmuraciones ni le importan
ni le afectarán ya.

No tiene nombre y puede ser cualquiera
ese otro personaje que el tiempo y el espacio
hacen nacer en medio de una lucha
de etnias enfrentadas por viejas religiones.
Será un soldado más de cualquier tiempo,
que —demasiado humano—
no llega a comprender el sinsentido
de la palabra honor.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*
x

Caen las almas al mundo, una tras otra,
sobre el roto escalón de lo imprevisto.
Soportan chaparrones —porque han querido hacerse con la vida, entenderla—,
llevan con gusto a cabo la batalla diaria,
se someten al cambio constante de la suerte y de los otros.
Nuevas almas gozosas, obsesionadas o desencantadas,
que vienen a nacer y a crecer fuertes
en la continua ronda del vivir.

Mapplethorpe es fotógrafo
porque todo lo invita al homenaje:
le gustan las rotundas cabezas de los negros
afeitadas al cero,
la tierna contundencia de una mirada niña,
un melón con cuchillo,
las manos de un artista, las hojas de una orquídea,
y el activo silencio del deseo
buscando en las braguetas o en las bragas
el corazón sin límites del mundo.

Hart Crane muestra su fortaleza humana
—el reactivo afirmarse entre muertes pequeñas: la calumnia, el desprecio—
cuando vuelve la espalda a la penuria
del mundo en que creció y que lo persigue,
para encontrar su tregua en la Isla salvaje de los Pinos,
el Caribe encendido que todo lo comprende.

El propio Dostoievski —igual que el conde Mischkin, su otro yo
puede alzarse a la cima de sus límites;
trascender las fronteras del mapa primigenio de la vida y su escollo.
Mirar al otro lado, sorprendido.
Por esa fulgurante, momentánea consciencia,
se entrega a espumarajos y a babeos,
al compulso desplome de la carne. Y no le importa.

Brahms, el músico, llega tarde a todo
—al amor, a la fama y también a las grandes estructuras sinfónicas—,
mas sabe equivocarse lo exacto, justamente
para poner en hora el reloj de sus últimos días, y al final ser feliz.

 

 

 

 

LIEV NIKOLAYEVICH MISCHKIN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx“Recordó los síntomas que anunciaban los
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxataques de epilepsia tantas veces sufridos.”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dostoiewski)

«¡Me encuentro sobre un monte sin cimientos!
¡No sabía que en esta oscura noche,
redonda como el mundo, humedecida,
donde estoy prisionero,
se podían abrir tantas compuertas,
cruzar sin tregua el viento,
penetrar por la luz
y comprenderlo todo!
Ese todo, al que creo hoy encontrarle
un exacto perfil,
en esta aurora mágica.

»Me duele la cabeza; mi cerebro parece incandescente.
Ya no llueve en la noche. Ya no hay noche.
Los cielos se han abierto. Hace una luz magnífica.
¿Se ha recompuesto o se ha multiplicado
el plenilunio roto
en los mil charcos que dejó la lluvia?
No sé nada de mí ni de mi entorno
cuando al fin lo sé todo. ¿Qué sucede?

»No importará si un momento después
retornan a mi alma
agonía y negrura, y la peilepsia
se muestra convulsión y espumarajo nuevamente.
Pues, por acaso extraño y misterioso,
la enfermedad me ha abierto en un instante
la puerta que conduce a la armonía
del universo, y un instante (al menos un instante)
ha diluido todas las preguntas,
me ha liberado, con su atrocidad,
de esta roma normalidad diaria,
que me ahoga, vergonzosa.

»No me importará luego ya anegarme
en el vómito verde para siempre,
pegado contra el suelo, idiota Mischkin,
solo, humillado, tras tanta grandeza
mirando nuevamente el plenilunio,
pobre, roto en los charcos de la lluvia,
y a merced de la bota del que pase y me insulte.»

 

 

 

 

LA VISITACIÓN DE MISTER HYDE

¿Vas a escandalizarte una vez más,
porque has visto que apunta esa oreja lobuna en tu cabeza,
al mirarte al espejo?
¿Vas a seguir luchando y angustiándote
cada vez que proyecten tu sombra puntiaguda las noches de tu vida?
En ellas, y al amparo de la extraña palmera,
te buscan unos ojos encendidos
de otro animal que quiere devorar tu deseo con el suyo,
desleírte en su enhiesto silencio, que te aguarda.

Cada vez que recorras
el filo de la plata del suburbio; o, aún más lejos,
el calor de la pólvora
en otros campos y en otras ciudades,
¿habrás de censurarte por la mueca feroz de tu persona?

¿Siempre que vuelvas a tu ser primero
(que es un decir, ¡se impone siempre un orden!),
vas a necesitar justificarte?
¿No aceptarás jamás
al demonio que vive con el ángel?

En tanto que te llega la respuesta,
procura inocularte sentimientos de culpa en dosis no letales,
y prosigue escribiendo tus justificaciones
desde tu otra naturaleza, culta,
digna, la que recita a poetas importantes,
la que convoca alumnos y públicos diversos,
la que busca el aplauso.
¡Tu gran naturaleza!
La que tanto te gusta, aunque es notorio
que se alimenta y vive del lobezno.

 

 

 

Pujante, David. Itinerario. Murcia; Editora Regional de Murcia, 2003.

 

BENJAMÍN PRADO, RAFAEL ALBERTI Y UNA CANCIÓN INÉDITA

 

EL MISMO QUE ESPERÁBAMOS
xxix(Rafael Alberti en 1982)

Llegaste un día.
Llegaste y vi en tus manos
plumas y espadas.

Tú eras tus ángeles:
el ángel mentiroso
y el ángel bueno,
el ángel del carbón y el de la ira,
alguna vez dulce ángel de los números,
alguna vez terrible ángel de arena.

Sombra del trigo,
viento de los esteros
y de las dunas,
llegaste tú y pusiste un pez rojo en el agua,
un diamante en las minas,
un rayo blanco en nuestro cielo oscuro.

llegaste tú y brillaban los cometas
y en los vasos vacíos
también se oía el mar.

Llegaste entonces,
tus ángeles
dejaron
su oro en mi vida.

 

 

 

 

13 DESEOS PARA ELENA

Que tengas días claros como un río.
Que tengas noches llenas de delfines.
Que tus manos propaguen los jardines
y tus pies nunca pisen el vacío.

Que no comas la fruta del hastío.
Que no sea gris el cielo que imagines.
Que haya algodón allí donde te inclines.
Que tus sueños no tomen un desvío.

Pido para ti playas de Neruda,
pido ángeles de Alberti y una espada
de Garcilaso, un bosque de Machado.

Elena, plata azul, verdad desnuda.
Elena, nieve verde en la mirada.
Que no acabe este amor que hoy ha empezado.

 

 

 

 

DESDE QUE TE CONOZCO

Desde que te conozco, nada es lo que parece
y todo es lo contrario de su otra mitad.
En tu mundo, el que llora ya es parte de los peces
y el que cuenta los hechos, no cuenta la verdad.

Desde que te conozco, conozco los pecados
que esconde la manzana que no ha mordido nadie;
quiero bailar descalzo sobre suelos mojados
y confío en mentiras que antes fueron verdades.

No quiero mis respuestas, sólo quiero tus dudas;
sólo me siento libre dentro de tu prisión.
Me gusta cuando tú hablas y se calla Neruda.
No entiendo los problemas que tienen solución.

Desde que te conozco, me miento si me engañas.
Desde que te conozco, todo es a cara o cruz,
sólo soy alpinista para bajar montañas,
sólo quiero que caigas en mí como un alud.

No quiero mis respuestas, sólo quiero tus dudas;
sólo me siento libre dentro de tu prisión.
Me gusta cuando tú hablas y se calla Neruda.
Detesto los problemas que tienen solución.

 

 

 

Prado, Benjamín. Ecuador. Poesía 1986-2001 y otros poemas – 3ª edición ampliada. Madrid; Ed. Hiperión, 2009.

 

CON EL CUERPO DEL DESEO

 

xxxxTENGO FE en muchas cosas;
pero ¡qué etéreo el mundo cuando de fe se habla!
Y, en cambio, tus cabellos, tus piernas, tu cintura
se muestran tan rotundos, tan concretos
por esta calle en la que transitamos,
solos cada uno, aún por conocernos.

xxxxCon ansias del momento el sol subraya
la única verdad a la que puedo asirme:
tu cuello sin reproche, y tu cuerpo
de perfecta obediencia al pantalón ceñido.

xxxxA ti me rindo, flor de una nueva aventura,
y en ti pongo toda mi atención.
En ti, que no eres nada
y eres todo lo que ahora
puedo contar como mío.

 

 

 

 

xxxxQUIZÁS DEBIÉRAMOS no dormir juntos esta noche.
¡Son tantos los problemas que al fin nos ahorraríamos!
Pasaría dulcemente el tiempo del deseo
sin que hubiera cansancio, ni exigencias:
gabelas de los cuerpos
que, por juntarse tanto, el uno acaba
asomado al espíritu del otro,
viendo en él el horror de tantas cosas.

xxxxPero hoy me he sentido un hombre viejo:
Cuando ya nada importa de morales pacatas,
cuando a veces te acercas sonriente
a los recuerdos de lo antes vivido
en revancha contra el vacío cruel
que se alza inminente ante el futuro que no existe.
He cruzado en el tiempo hasta esa edad
del total desengaño, sin sostén ni aliciente,
y me he visto y te he visto recordando
como sueños dorados el dolor de estos días,
y he decidido no decirte nada
y entregarme al deseo con tu cuerpo.

 

 

 

 

xxxxSIN DUDA te amo. Ahora
en tu cuerpo se cifran las ansias de mis ojos
y tu espíritu forma un todo con el mío.
Pero no has de obligarme con tu culto
a olvidar esos cuerpos del pasado
que en otro tiempo fueron mi reposo.
Ni has de airarte si a veces
en sus aras realizo los misterios
que la memoria torna inevitables.

xxxxLo hago también por ti, porque algún día
tu cuerpo ha de ocupar un sitio en mi recuerdo
como en el Panteón de tu pasado el mío.

 

 

 

 

xxxxTÚ, QUE HABLABAS de amor y te reías
de las cadenas que no rompe el tiempo,
de quienes niegan que el amor se acaba
y en torpeza vampírica
se aferran a un estar que es un suplicio.

xxxxTú, que ungías tu boca con palabras
que eran juramento
de apartarte, de huir en cuanto hubiera
en nuestra entrega atisbos de rutina.

xxxxQuerías conseguir, no obstante, esto
que ni siquiera me acongoja ahora:
Negligente abandono a tus caricias,
estúpido reír a tus sandeces…

xxxx¡Qué distinto de aquello que acordamos!

 

 

 

 

xxxxLAS MAÑANAS que pides
el tributo a tu juventud, gritándome
cuánto me quieres,
no alcanzo a saber
dónde acaba el impulso de la carne
y da comienzo el ansia del espíritu;
porque siempre se muestran confundidos
carne y espíritu.
xxxxxxxxxxxxxxxxY es confusión que a veces
me hace sonreír
y seguirte en la lucha sin preguntas,
aunque otras muchas me aleja,
hosco y desalentado,
de la mentira oscura de nuestra unión.

 

 

 

 

xxxxME GUSTARÍA tanto tener claro
que ya no te amo, que ha pasado el tiempo
y ha arrastrado consigo
aquella sensación de estar soñando
cada vez que miraba hasta tus ojos.

xxxxY el caso es que en presencia, cuerpo a cuerpo,
una furiosa desazón me obliga
a creer que ya nada permanece.
Deseo que te vayas, estar solo,
salir a pasear con mis amigos
y serte infiel con ellos al contarles
los íntimos secretos
que celamos con gusto, en connivencia,
cuando todo era un mundo entre nosotros,
antes de estarse el mundo deshaciendo.

xxxxCreo tenerlo claro cuando marchas
y quedo solo, en el primer instante,
porque salto de gozo y la alegría
de esa primera libertad me vuelve
más vivo, con más ganas…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe preparo
un traje, y la corbata y los pañuelos
me son una elección regocijada;
quieren decir que libre, que animoso,
saldré a la conquista de las calles;
a perderme entre sombras, entre brazos
furtivos, en portales
donde se pide fuego con los ojos.

xxxxPero qué extraña sensación la angustia
de que todas las ansias de locura,
de libertad, de serte infiel, se agoten
tan pronto, y un vacío, una inquietud
de soledad me inunde y me convierta en
desamparado huésped de mí mismo.

xxxx¡Cómo entonces te busco en la difusa, oscura lejanía;
cómo sospecho las claves de todo
lo que nos pasa; cómo justifico
tus injustas celadas!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSólo ansío
que de nuevo te lances a mis brazos;
pero dejo el teléfono en silencio,
porque es volver a comenzar lo mismo,
porque en llamarte cifro mi fracaso.

 

 

 

 

xxxxMUEVE EL OLOR DE TU PIEL tormentas en mi deseo
sin duda alguna, cuerpo de jazmín
que cada mañana surges, como de un fresco huerto,
a ofrecerme fragancia servicial.

xxxxPero llegará un día deslumbrante.
Porque aún hay otras flores, cuyo nombre ignoro y busco.
Y tú, jazmín, mi jazmín desde hace tiempo,
desde mi casa —donde te adueñas— contemplarás
la sonrisa de bienvenida a lo nuevo.

xxxxPero esa mañana no ha sucedido aún.
Porque acabamos de despertarnos, estamos solos
y paso levemente un inconsciente dedo por tu piel.

 

 

 

 

xxxxCONCLUIDO el poema
—o quizás renunciando, incluso, a hacerlo—,
si se quiere evitar, bien el cansancio,
bien el engaño de juzgar aún
veraz amor el contraído hábito
de sentir que se ama;
hay que coger el báculo y retirarse al monte
o hacer tráfico de armas en alguna Abisinia
o asumir el puñal o beberse el veneno.

xxxxPorque en el paladeo de la renuncia
se comienza a saber el vino del amor.

 

 

 

Pujante, David. Con el cuerpo del deseo. Murcia; Secretariado de publicaciones e intercambio científico – Universidad de Murcia, 1990.

 

DE ‘100 VECES MENTIRA’

 

11

Las cosas que han asado cambian continuamente.

 

30

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSaber si un puente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxes algo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque pertenece al aire o al camino.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSaber si una palabra es como un puente.

 

31

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl hombre que se asoma
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa la ventana
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy ve
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsu caída en la noche.

 

32

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCorrer hacia atrás no nos aleja del final.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDetenerse, tampoco.

 

33

Inventa tus poemas como si los recordaras.

 

39

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos poemas son huellas digitales:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna mezcla de tinta y personas asustadas.

 

45

No es bueno olvidar todo lo que no ha pasado.

 

48

Algunos leen un poema como esos niños que van al bosque
a tirarle piedras a las ardillas.

 

52

Es una historia extraña:
nosotros ponemos nuestro corazón y ellos sus bisturíes.

 

55

Si adivinas lo que ha cambiado sabrás lo que pasa.

 

56

Lo que importa de un poema es en quién te convierte.

 

57

La gente que se acerca a estas palabras. La gente que habla
al otro lado de la puerta; que nos descifra lentamente; la gente
de mañana, que terminará hablándole a una casa vacía.

 

63

Lo contrario de un árbol es el fuego.
Lo contrario del destino es una pistola.

 

70

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue las alas arraiguen y las raíces vuelen,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxescribe Juan Ramón.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQué camino tan grande para ir hacia un poema.

 

74

Quien cava una trinchera, inicia una batalla.

 

76

Los mitos son más ciertos que la Historia.

 

77

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBusca palabras nuevas que revelen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna verdad antigua.

 

 

 

Prado, Benjamín. Ecuador. Poesía 1986-2001 y otros poemas – 3ª edición ampliada. Madrid; Ed. Hiperión, 2009.

 

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

Como no iba diciendo

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más