CALIGRAFÍA DE LA NECESIDAD

Escribe Alejandro Céspedes en la contraportada de este último libro de Cecilia Quílez: “Dueña de una personalísima escritura, (…) nos adentra con sus versos en esta larga canción de soledad que es Caligrafía de la necesidad, (…) un libro que es como un fado que se entona con el aliento áspero de una mujer que aparentemente camina hacia el destierro y tiene la fiereza del combate como única aliada. La música de ese cuerpo solitario remolca su ficción sobre las páginas lo mismo que un señuelo para que el lector pueda seguir el rastro de una sombra que siempre la antecede. El dolor va cayendo cual piedra atada a los pies de un cadáver y, palabra a palabra, nos seduce y arrastra con ella a donde vaya. La sombra, por el contrario, solo es el subproducto de un cuerpo iluminado y la poeta, que lo sabe, hace que la oscuridad nos mire de continuo frente a frente y que, dentro, en el vacío inmenso de sus ojos, nos conciba y consuma. (…) Cuando un libro perfuma, hiere y sacia con versos como los de Caligrafía de la necesidad, es “para que no podamos dejar de preguntarnos para quiénes sirven las respuestas”.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

Y si la bestia fuera yo
Y todos los inviernos
Fueran inocentes
Días
Decidme
Haced un bello panteón
Con este insoportable
Rigor mortis
Mirad las calaveras
Muertas de risa Muertas
No hay óleo
Que alivie el ser no siendo
La tortura
Está marchita en otra hoja
Noto a la bestia aquí
Me hace sangre
No es suficiente
Aún no he podido escribir
Cómo asesinarla

 

 

 

 

NO hay motivos
Para endulzar el pasado
Tanto homenaje
Por lo que fue
O pudo ser
Qué me dicen de los que aún
Siguen vivos
Bajo tierra
Esta tontería de la modernidad
Nos está acabando
Cavando
A todos
Proclamen en su patria los insumisos
Tres versos universales
Y un caracol
Quién necesita un juglar
Para tanto cementerio

 

 

 

 

LOS poetas sueñan de pie
Sin somníferos para el verbo
Sin Gato Perro Pájaro
O dioses protectores
Pueden sentirlos Olerlos Verlos
Pero no hagan ruido
Tampoco hurguen en los poetas
Déjenlos en sus alucinaciones
Maldiciendo entre dientes
La catástrofe
De los miserables
No los traicionen
No revelen sus armas
O la voluntad de cada uno
Habrá tocado fondo
Ellos hablarán sin miedo
Siempre de pie
Cuando despierten
Y después de muertos

 

 

 

 

NO explicar (se)
No justificar (se)
No responder (se)
No terminar (se)
No esperar (se)

x

Olvidar
xxxxxxx(ser)
El poema
Y volver a escribirlo

 

 

 

 

QUÉ hacer
Porque estoy desolada
La palabra no sale
Tengo que obligarme
Mirar
Escuchar
Pensar
Pensar qué hacer
Tiene sentido
Preguntar qué
No hacer es no vivir
Qué hubiera hecho
Una boca
Mientras balbucía
La palabra Soy
El caudal de lágrimas
Contenido
Por el error
El horror
Qué hacer
Vivir
No hay más
Para el desencanto
Solo eso
Pero hacer

Morir debe esperar

 

 

 

 

NO te acabé de llorar
Por eso
Las paredes estuvieron tristes
Y tu perro envejece
Y tú envejeces
Es hora
De que yo también lo haga
Nunca quisiste preguntar
Por qué cantaba
Amé en silencio
Esa polilla agonizando
En tu garganta

 

 

 

 

OH god
No hay medida
Su brazo Sus venas
Mirando hacia mí
Los perros sueñan
Con la orla nupcial
Da igual lo que vieron
En otro tiempo
De pétalos y astillas
Nosotros aullamos
Otro evangelio
Desamanecida
Verso su espalda
Y va
Va tu licor inmaculado
Mi yo sin sangre
Porque ahora
Ni a mí ni a ti
Nada nos importa
La poesía

 

 

 

 

DE dónde vienes mujer
De la fortuna
De la escasez
De la muerte
De la resitencia
La misma ira
De otros nadies
Suficientemente
Nombrables
Qué importa
Tú Los otros
Seremos iguales ante el olvido
No llores
Florecilla del anhelo
A día de hoy
He contestado
A casi todo
Sin haber existido las preguntas
Y no
No sé si acierto

 

 

 

Quílez, Cecilia. Caligrafía de la necesidad. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

LO SALVAJE

 

EL TIEMPO DE LAS CERTEZAS

Había una casa.
Una casa, y el mar.
Y en ese estrecho trozo de costa
—entre la cueva y la selva líquida—,
sucedimos nosotros.

 

 

 

 

LO SALVAJE

Mi vientre ha sido cueva de bellísimos animales.

 

 

 

 

SENECTUD

Toda bestia herida necesita una pradera donde yacer con su daño;
con la grandeza de su daño.

 

 

 

 

LA RENDICIÓN

Bajo este cielo que nos aguarda y nos guarda,
acepto al fin el duelo y la fiesta.

 

 

 

Cerezo, Vega. Lo salvaje. Murcia; Ed. raspabook, 2017.

 

YO SOY UN PAÍS

Ahora que Vega Cerezo ha publicado su tercer libro, dejo aquí algunos poemas de su libro anterior, ‘Yo soy un país’.

 

 

LA IRRACIONAL ESENCIA DE LA CASA

Deseo no estar agarrada al mundo cuando la vida me sea
mortalmente arrebatada.

 

 

 

 

SENTADA EN EL ROMPEOLAS

Cuando soy mi yo más excelente; soy.
Sin ruinas, sin atropellos, sin accidentes:
Soy.
Porque no siempre flota aquello que debe salvarse:
el contraluz. La casa encendida y a veces
incendiada.
Aquí soy la celebración de lo nuestro.
Soy lo que vengo a recomponer.
Solo eso.

 

 

 

 

DE CÓMO NO TE EXPLIQUÉ EL MUNDO

Te hablé de las fauces,
y de nuestra honestidad con Natura.
Pero no del festín de la carne;
de eso no te hablé.

¡Qué necedad! Explicarte esta raza
como si el hombre fuese
un animal cualquiera.

 

 

 

 

EL JARDÍN DE LOS AFECTOS

Ya no tenemos edad para retozar en los parques.
Resultaríamos grotescos.
¡Con lo larga que es la primavera,
lo lindos que están los parques
y lo mucho que aún te amo!

Es por ello,
(y por otras muchas cosas igualmente importantes)
que me jode envejecer.

 

 

 

Cerezo, Vega. Yo soy un país. Murcia; Ed. Raspabook, 2013.

 

ALTAR DE LOS DÍAS PARADOS

 

PEQUEÑO DESAFÍO

No quiero
superar a la muerte.
Sólo (y más que eso),
deseo tragarla,
aplicarle una furia intestinal
que nunca olvide.
Y así, ya mía,
expulsarla del inverso paraíso
que es mi vientre.

x

Después que me mate.

Ya habremos partido.

 

 

 

 

VUELTA DE VIAJE

xxxxxI

NACIONAL CUATRO

Gimo desde el puente
(una sola dirección)
que es el retorno.

Conozco este breve tránsito al embrutecimiento.

Hablo desde el lugar
en que mis pies se detienen
a la espera del alma morosa
de mar. Ahí llega
en un ralentí de renuncias y de algas.

Aún soy espléndido esperpento. Mañana otra vez
sombra de mi sombra.

x

No se puede contar un viaje.

Sólo os digo que marché, que regreso,
y no comprendo esta querencia en presenciar
lentos funerales.

 

 

 

 

DESPLAZADOS, CARAVANA

Si en la tristeza todo se vuelve alma
entonces los bosques están llenos de harapos aún calientes
y sufren las carreteras de una lava silenciosa
que hiede para seguir viviendo,
que tropieza con el hambre, con las piedras, con sorpresas homicidas.
Una ausencia que se extiende como agua despreciada.

x
(Dicen que allí sólo quedan los perros.
Yo espero que los perros apenas reflexionen
y como último placer emprendan el suicidio.)

x
Si donde hay dolor hay un suelo sagrado,
al continente le está pesando su matriz
como un recuerdo de hierba malvendida.

x

Si en la tristeza todo se vuelve alma
y donde hay dolor hay un suelo sagrado,
no queda carne,
todo son heladas iglesias, altares sin hombres.

Noticieros, destrucción.

 

 

 

 

FINALMENTE

Amanece algo empieza o sencillamente un hombre va caminando
(De otro lado) Alguien muere finaliza es bruscamente detenido
(Entonces) El horror la sorpresa se monta salvaje a tu corriente sanguínea
(Y así) El dolor es el fluido que mejor conduce el dolor

No hay quien soporte esta sabiduría: existe la inocencia,
el ciervo sabía de la detonación antes que la mano.

Y tú convocas sus ojos, quieres saber, te revuelves, tú el ciervo,
cada vez que alguien, algo, toca a su fin, es arrebatado, fallece,

y adónde.

 

 

 

 

[TODAVÍA NO, ENTRE NOSOTROS, EL BESO PERFECTO]

Todavía no, entre nosotros, el beso perfecto.
Tu boca piensa en sí,
o en mi boca,
y se deja atrás la casa.

O quizá sea yo…

x
Siempre un salto de nadie entre las bocas. Soledad.

x
Aún no, y nunca venga
el solar en sus confines.

x
Bregando
nos ha de encontrar
el desamor.

 

 

 

 

[A VECES NO HAGO EL AMOR CONTIGO]

A veces no hago el amor contigo.
Ocurre que tu cuerpo me rescata

(un cuchillo ignora su importancia, su
tremenda importancia)

de la soledad que la piel impone

(tener filo condiciona seriamente)

a mi sangre. Y se vierte o se escapa

no sé qué marea, acaso antigua.

x
Mundo.

No. A menudo no es contigo con quien
hago el amor.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEntornar la mirada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhasta ver lo impensable, es crear.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDiego Jesús Jiménez

VENTUROSA SALA DE ESPERA

Nubes con vocación de desfile.
Arrastran un espacio sin nombre.
Nubes. xxxxxxAntes que nadie las ve un pájaro
con residencia temporal
en los nervios de la azotea.

En mis nervios sólo nubes,
y el gozo
de estarme yendo, otra vez,
a las más hondas afueras.

x

En este exilio comienza la oscuridad
a agonizarse.

 

 

 

 

RENDIDO DISCURSO CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

¿De qué sirve, quisiera yo saber, leerte,
romperle la cara al horario
a golpe de antología
olvidar regar las plantas, mis asuntos
y en estos años, precisamente en estos años
¡tan, tan críticos! renunciar
a la plácida meseta
de la biología y el puesto fijo…?
¿De qué sirve…
si luego llegas tú, resumido por otros
con tus ojos azules prensados
de sesenta y ocho
con tu habilidad para la alquimia
y las promiscuidades, con tu destino —encima trágico—
de poeta y cuerpo hermoso?

De qué sirve si al final del sostenido
escribes: las rosas de papel no son verdad.
Y quemas.

x
Te acompañan las mesas de los bares
la medida perversión de los cenáculos
donde rodabas, me parece,
en tormenta de papel y anatomías
donde sigues rodando, hoy,
de boca en boca
bífida o tierna, según el caso
o el día que tengamos
mis amigos y yo, atajo de imprecisos
que también escogieron el instante
—inmortales a lo ancho—
que es escribir.

x
Y que luego digas tú
que no son verdad, que queman…

x
Podría recordarte que ya no tiene gracia,
no es posible, inventarme más autobiografías
que empieza a ser manifiesta
mi presencia de domingo en las reuniones familiares.
Podrías explicarme —quizá tú sepas,
al fin, supiste— si merece la pena la ebriedad
o si es mejor dejarse… y embalsamar las alas
como lindos portentos ignorados
y entonces volar muy firme,
muy alto y muy firme.

x
Si no fueses tan fábula,
tan vaga y divisible o si tuvieras la decencia,
al menos, de instalarte en una orilla
y dejar de ensayar la vida
en horarios inconstantes…

Si pudieras de una vez sentir, no pensar,
que reinas y guerrilleros de salón
no merecen un cuerpo, una injusticia
que se escapan.

x

Es cierto,
las rosas de papel no son verdad
pero se pasa la tarde, se entra en los amigos,
uno piensa que hay lugar. Entretenerse y
rozar frontera, argumentos del juego. Final.

x

que a duras penas te llevaré a la cama
soportando tu peso, tus hipos
entre culpa y almidón
y probablemente te cante, otra vez,
con cariño templado, a saber,
la nana del desde mañana
desde mañana mismo, lo juro, empiezo
y veré cómo te escondes
incluso no pueda evitar señalarte un rincón,
el más cálido y propicio,
donde esconderte
del juicio de un día que ya marcha
más virgen aún de como vino.

¡Ay!, ¡Qué áspera manía la de escarbar en vuestros ojos
y la aun más triste de sobreponerse a uno mismo!

 

 

 

 

CÉSAR VALLEJO EN FRANCIA, 1929

Si no le ayudó a tragar el bocado
de ser uno y estar de pie.
Si su vida en cesuras
según canta exactamente esta foto era
enorme y desgraciada en sí,
y además era otra cosa —siempre
es otra cosa—,
si no le proporcionaba
pan caliente, sábana caliente, fe
caliente, mujer,
si ni el aliento le calentaba…

si el futuro de su amor en ocio,
de su talla en ocio
ha sido un mutilado homenaje
y tampoco eso importa,

¿a qué, entonces, el frío,
el aguacero, la letra, la instantánea?

x
Hay poetas, señores,
que no necesitaban,
repito,
que no necesitaban,
escribir.

 

 

 

Valero, Julieta. Altar de los días parados. Madrid; Bartleby editores, 2003.

 

CUATRO POEMAS DE ELLEN CAPRIOTA

 

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LAMENTO

 

2

Nunca lo vi luchar contra el arcángel
pero habría vencido a diez de ellos
con su risa de niño.

Así de limpia fue la herida.
Así caí en la cuenta de mi fin inminente.

 

 

 

 

3

Qué mejor regalo
que un puñado de nieve rescatada
de las sucias pisadas de la prisa.

Te espero acurrucada en la pereza.
Aún es muy de mañana.
Sonrío de una vez y para siempre.

 

 

 

 

4

Dime qué día te crecieron las alas,
por qué remontaste el abismo.

Prometiste llevarme más abajo.
Hoy los ciempiés recitan tu condenado nombre.
Miro al cielo.
No te veo caer entre la lluvia.
Ya sólo cae la lluvia.

 

 

 

 

5

Lágrimas largas como la lluvia.
Calor de pájaro bajo los fríos árboles.
Nada levanta el vuelo.

 

 

 

 

7

Ya me avisaron los poetas
de que no hay que fiarse de gatos ni demonios.
Lástima que hagan tanta compañía.

 

 

 

 

9

Ayer nevó.
Una respiración en los cristales
me anuncia tu llegada.

 

 

 

 

10

Lo entendí muy tarde, amor mío.
Confié en que venías a quedarte
y no supe morir de amor por ti.

Ahora lo entiendo, amor.
Los ángeles se van: no dejan rastro.

 

 

 

Giménez, Esther. Lamento por un ángel caído. Madrid; Amargord ediciones, 2008.

 

LO SECO

Supongo que tendrá detractores pero, para mí, cada libro que leo de Isabel Bono es una fiesta. Así me sucedió con los dos anteriores libros suyos que me leí, ‘Algo de invierno’ y ‘Pan comido’ (de los que ya subí algunos poemas en su momento). Pues lo mismo me ha sucedido con ‘Lo seco’, que publicó Bartleby editores el año pasado.
En el prólogo, que firma Agustín Calvo Galán, podemos leer que en este libro encontramos esos veranos de la infancia que se desarrollan aquí como interrogantes sobre el presenta; tal vez, porque la edad adulta no ha podido resolver algunas de las cuestiones que la infancia planteaba, especialmente aquellas que podrían ayudarnos a entender lo inopinado de nuestro propio comportamiento; tal vez esas dudas siguen ahí, creciendo, interrogándonos y ayudando a la poeta a crear intensidades.
Y cuando continúa hablando de la poeta en cuestión, afirma que es desde su visión y su escritura personal, como consigue alejarse de algunos de los postulados poéticos actuales, donde la poesía, en demasiadas ocasiones, es producida por el método del aprovechamiento de las vacaciones, o por el de la ocurrencia, o por el de la fotografía sin profundidad, o por el de la sobreestimación de lo cotidiano, o por el de la exacerbación de lo anecdótico. Isabel, por el contrario, consigue, desde la asunción de la sencilla complejidad que le es propia y desde lo significante, llegar a su mejor expresión, a la expresión escrita de su personalidad única: contradictoria, terrible y bella, alejada de modismos y posturas, alejada también de las vanidades y de las conexiones interesadas.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

al dolor lo que es del dolor

donde tantos años
mejor o peor la vida,
sólo el polvo
unificando el dolor
sobre los objetos

 

 

 

 

al vacío

sabía que existía
porque oí sus muchas voces
muchas veces

tantas veces tan cerca
pendiendo de su eco
como un trapo de un tendedero

al vacío, pensaba
y pensaba en caer
siempre hacia abajo

hoy levanté la vista
hoy lo he mirado a los ojos

 

 

 

 

cada tarde la misma canción

cuando los niños se iban a sus casas
yo me sentaba bajo el muro del rompeolas
con los brazos cruzados
esperando a que subiera la marea,
esperar era mi juego

las babosas negras brillaban para nada
los gritos de mi madre brillaban para nada

con la espalda apoyada en el muro
sentada tercamente sobre la arena negra
y sin apartar la vista del horizonte
yo esperaba detener la marea

 

 

 

 

donde algo se quedó para siempre

la luz de las tres y cuarto
en la cocina

la luz dorada de las tres y cuarto
deteniendo el tiempo

 

 

 

 

el futuro acabará por llegar

malgastábamos el tiempo
ordenando en un álbum las fotos del verano
para mirarlas alguna vez con nostalgia

acumulábamos canicas piedras
libros cartas poemas

aplazábamos así la felicidad, la vida

todavía no sé por qué
todavía no sé para cuándo

 

 

 

 

el mar nuestro de cada día

la sal sobre los hombros
a merced de cualquier lengua

la sal en los ojos, ahora

 

 

 

 

el milagro de los planes y los peces

los planes se multiplicaban
los peces se los comían

 

 

 

 

enero en la sangre

nunca serviréis para nada

ése era el mensaje,
pero nada nos detenía

carne de escalón y naranjos
naranjas amargas sobre las aceras
siempre en obras las calles del invierno
siempre al acecho
lo que se volvería memoria

nunca servirás para nada
y el mensaje no me detuvo

 

 

 

 

la amenaza celeste

dios lo ve todo dios juzga dios castiga
dios no se equivoca

nombrarlo en vano tantas veces
no puede ser bueno, pensaba

mi alma, o algo parecido
arrugándose junto al uniforme gris
sobre la silla

el sudor frío de sus advertencias
sobresaltándome en mitad de la noche

¿para qué añadir al miedo
más miedo?, pensaba

todavía me pregunto de qué querían salvarnos

afortunadamente
el cielo no siempre llevaba la razón
a veces, para nuestro asombro
sólo traía nubes

 

 

 

 

la chispa, ¿de qué vida?

la vida sucedía
idéntica
verano tras verano
en un patio
lleno de macetas de helecho

incapaces de aprender de los mayores
fuerza paciencia, la palabra futuro
estudiábamos la cal de las paredes

 

 

 

Bono, Isabel. Lo seco. Madrid; Bartleby editores, 2017

 

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