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HIMNO NACIONAL

.

APOCALIPSIS

Fue por entonces cuando la ciudad se sumió en el silencio.

Me dijiste No me hagas daño y yo te dije Si tuviera intención de herirte, ya
xxxxxxxxxxlo habría hecho.

Dejamos atrás una tienda decadente de escaparates brillantes como gemas.
xxxxxxxxxxUna puerta que el viento batía. Me dijiste Deja que me vaya.

Como en una película del apocalipsis, un jadeo de periódicos pasó volando
xxxxxxxxxxa nuestro lado.

No te haré daño, te dije.

Un coche yacía muerto en la calle. Miré en su interior, pero no había qué
xxxxxxxxxxcomer.

La luna creció como un imperio, después cayó como una bomba

entonces dije que era una noche perfecta para dar un paseo, que
xxxxxxxxxxencontraríamos comida en la ciudad moribunda para
xxxxxxxxxxcompartirla con los otros, hambrientos.

En esos días, los televisores ya no nos molestaban. Ni los helicópteros ni los
xxxxxxxxxxfocos.

La ciudad cayó como la luna en un océano una escena funesta y una
xxxxxxxxxxnoche la lluvia arrastró los cuerpos del cementerio.

Te voy a contar un cuento, dije, para que no llores más. Paseamos por la
xxxxxxxxxxcalle al oscurecer.

Te conté que los muertos flotaban como marineros en sus ataúdes, botes
xxxxxxxxxxsin amarras, felices en la tormenta de camino al mar.

A la mañana siguiente rebusqué anillos y gemelos por la tierra, pero no
xxxxxxxxxxencontré ninguno

y entonces vi sobre las ramas bajas de un árbol el cuerpo de una niña,
xxxxxxxxxxdescompuesto. La riada la habría arrastrado hasta allí.

Las cuencas de los ojos eran pequeñas cuevas para los pájaros.

Le toqué el cráneo, después le saqué un anillo de oro de un dedo muerto.
xxxxxxxxxxTú reías.

La ciudad era todo silencio y el anillo de la niña muerta me apretaba el
xxxxxxxxxxdedo. No te haré daño, te dije.

Junto a una farola rota sonreíste. Qué dientes tan afilados. Por entonces
xxxxxxxxxxteníamos un hambre insaciable.

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PARQUE INFANTIL

Es fácil olvidar que son mortales:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel chico que sube
la alta escalera del tobogán,

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

el niño entre los columpios, llorando para que su madre le atienda,
su rostro como un pétalo,

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy las nubes que los riegan para que crezcan,
y las madres que charlan en los largos bancos del parque:
flores que se mecen sobre sus tallos.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoy son solo recuerdos,
hierbajos agonizantes. En otoño, las hojas tosían y morían en los árboles.
A veces

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

xxxxxxxxximagino que se me ha otorgado cierto don. Vuelvo a ser un niño,
amnésico, de muñecas raquíticas,

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy Dios, que habita las altas hojas, Dios,
cuya cabeza coronan unas ramitas, cuyos dedos multiarticulados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrebuscan
arañando entre las vainas…

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

Como todo, las hojas mueren en las ramas

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx+ + +

y el niño llora en el parque. Lo hará
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhasta desaparecer.

.

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.

PÁJARO MORIBUNDO

El suelo seguía elevándose en su dirección:
floración en el jardín, una maraña

de tallos impetuosos y arriate.
El pájaro renqueaba al sobrevolar las tejas,

murió sobre el tejado
y, por el cuello de la chimenea,

cayó en la casa, donde yo, un niño, leía.
Quedó tendido en el hogar: suave montículo.

Más tarde estuve pensando en él,
miré por la ventana

y vi la nieve. Leí cómo, un invierno, unos soldados
dispusieron a los hijos del zar en un salón,

lejos de su casa, como para sacarles una foto,
y los fusilaron. Dibujaron un trino en la pared.

Mi hermano lloró durante la cena al enterarse
de que algún día iba a morir. Yo comía con desgana

y soñaba con ser un desconchado en la pared
o una mancha que nunca pudiera limpiarse.

Mi madre se lo llevó a su habitación.
El pájaro yacía inmóvil

en el hogar. Sus alas dibujaban
un arco en el hollín. Lo estuve observando

durante un buen rato, pero no quise tocarlo.

.

.

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Prufer, Kevin. Himno nacional (Trad. Luis Ingelmo). Madrid; Ed. Bartleby, 2021.

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