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ÉPODOS

 

xxxxxIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCurioso épodo, criticado por algunos, debido a la ba-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnalidad del tema, pero que, en mi opinión es sumamente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdivertido y ocurrente, y que nos hace ver, además, la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprofunda amistad que existía entre el poeta y Mecenas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs una «feroz» diatriba contra una salsa de ajo que Me-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcenas, para divertirse —sabía que Horacio no soportaba
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel ajo—, le ofreció en un convite y que causó al poeta un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxterrible dolor de estómago. Horacio con este épodo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacepta la broma y se ríe con Mecenas de ella.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª

Si alguien, alguna vez, quebró con impía mano
la senil garganta de su padre,
que coma ajo, más dañino que la cicuta.
¡Oh duras tripas de los segadores!
¿Qué cosa venenosa se ensaña en mis entrañas?
¿Acaso, cocida entre estas hierbas,
se encubría sangre de víbora,
o manipuló Canidia estos alimentos?
Cuando Medea se enamoró
del más hermoso de entre todos los Argonautas, de su jefe,
debió frotar con esto a Jasón
cuando iba a colocar a los toros los desconocidos yugos;
e impregnados con esto sus regalos,
se vengó de su rival y huyó en su alada serpiente.
Nunca tanto calor de los astros
se adueñó de la sedienta Apulia,
ni tampoco ardió nunca más abrasador en su espalda
el obsequio al victorioso Hércules.
Pero si alguna vez deseas esto,
por favor, bromista Mecenas:
que tu chica interponga su mano a tus besos
y se acueste en el extremo más distante de la cama.

 

 

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsta obra es una diatriba contra algún poeta —o un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtipo de poetas— al que Horacio acusa de atacar con sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxversos a los que no pueden defenderse. Que le ataque a 
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxél, viene a decir, que tiene sus dientes prestos para devol-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxver la dentellada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

¿Por qué, perro cobarde con los lobos,
vejas a los inocentes forasteros?
¿Por qué, si es que puedes,
no cambias la dirección de tus vacías amenazas
y me atacas a mí, presto a devolverte el mordisco?
Pues como un moloso o un rojizo lacón,
robustos perros amigos de los pastores,
cualquiera que sea la fiera que vaya delante mío,
alzadas las orejas, la acosaré por las nieves profundas.
Tú, cuando has llenado el bosque de temibles rugidos,
olfateas la comida que te ha sido arrojada.
Cuidado, cuidado: pues, sumamente peligroso,
levanto mis cuernos dispuestos contra los malvados,
como el yerno despreciado contra el desleal Licambes
o como el cruel enemigo de Búpalo.
¿Acaso, sin tomar venganza, lloraré como un muchacho
si alguien me muerde con venenosos dientes?

 

 

 

 

xxxxxVII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa ocasión de este épodo fue, seguramente, la reanu-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdación de las hostilidades, esta vez entre Octavio y Sex-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxto Pompeyo en el año 38 a. C. Horacio les pide, con fuer-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxza desesperada, que no provoquen más muertes de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxciudadanos sin otro fin que destruir Roma con sus pro-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpias manos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

¿Adónde, adónde os precipitáis, canallas?
¿Por qué las diestras empuñan las envainadas espadas?
¿Acaso es todavía poca la sangre latina
derramada en los campos y en Neptuno?
¡Y no para que los Romanos hiciesen arder
las orgullosas fortalezas de la envidiosa Cartago,
o para que el invencido Britano
descendiese, encadenado, por la Via Sacra,
sino para que, conforme a los deseos de los Partos,
esta ciudad perezca por su propia mano!
Ni siquiera entre los lobos o los leones
existe esta práctica,
a no ser entre fieras de distinta especie.
¿Acaso un furor ciego, o una fuerza demasiado violenta,
o un crimen os enloquece?
Responded.
Guardan silencio y una blanca palidez cubre sus rostros,
y sus mentes trastornadas se quedan atónitas.
Así es: funestos hados y el delito de un fratricidio
acosan a los Romanos
desde el momento en que la sangre del inocente Remo
cayó a la tierra, maldita para sus descendientes.

 

 

 

 

xxxxxX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo constituye una violenta diatriba contra un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtal Mevio —un mal poeta a juicio también de Virgilio—,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxal que con motivo de un viaje por mar le desea que todos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos elementos se alcen contra él y le hagan naufragar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un senario y un
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuaternario yámbicos.

Con mal augurio, después de levar anclas,
parte la nave que lleva al pestilente Mevio.
Acuérdate, Austro, de azotar con terribles olas
sus dos costados.
Que el funesto Euro disperse las jarcias
y los rotos remos en un mar embravecido.
Que el Aquilón se levante con la violencia
con que arranca las encinas sacudidas en las altas montañas.
Que el astro amigo, en una negra noche, no aparezca
allí por donde se pone el airado Orión.
Que no pueda navegar por le mar más plácidamente
que la flota de los vencedores Griegos
cuando Pallas trasladó su ira de la abrasada Ilión
contra la impía nave de Ayax.
¡Cuánta fatiga aguarda a tus marineros;
y a ti, lívida palidez
y poco viriles lamentos y súplicas a un Júpiter hostil,
cuando el mar Jonio, bramando a causa del húmedo Noto,
os haya roto la nave!
Y si, desparramada a lo largo de la sinuosa costa,
como sabrosa presa, alegra a los somorgujos,
inmolaré a las Tempestades
un lascivo macho cabrío y una cordera.

 

 

 

 

xxxxxXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo es una elegía amorosa —posiblemente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna de las primeras de Horacio— en la que el
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoeta descarga en su amigo Petio las confidencias de sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsentimientos amorosos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas arquiloquias 3 º. Están for-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmados estos dísticos por un senario yámbico y un ele-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxgiambo que resulta de la unión de un trímero cataléctico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdactílico y un cuaternario yámbico.

Oh Petio, ya no me gusta como antes escribir versos,
herido por un profundo amor que, más que ninguno,
me incita a inflamarme
por suaves muchachitos o muchachas.
Desde que dejé de estar loco por Inaquia
éste es ya el tercer Diciembre
que despoja a los bosques de su esplendor.
¡Ay de mí! ¡De cuántas habladurías en la ciudad
—harto estoy de tanta maldad— he sido el centro!;
y me arrepiento también de aquellas reuniones
en las que mi languidez y mi silencio
y los suspiros salidos del fondo de mi alma
descubrieron al amante.
«¿Acaso la sencilla forma de ser del pobre
nada puede contra el interés?»
me quejaba a ti, llorando,
cuando un dios, sin respeto por el que se consume de amor,
debido a un vino demasiado generoso
hacía salir mis secretos de su escondrijo.
«Y si arde libremente la bilis en mis entrañas
de modo que esparza a los vientos estos inútiles consuelos
que en nada alivian mi fatal herida,
puesto a un lado, deje ya el Pudor de luchar
con armas desiguales.»
Cuando, serio, sin ambages, te había hecho estas consideraciones,
obligado por ti a marcharme a mi casa,
con paso incierto me encaminaba
¡ay! hacia las puertas no amigas
y hacia ¡ay! el insensible umbral
en que mi corazón y mis riñones se hicieron pedazos.
Ahora me domina el amor de Licisco, que se ufana
de vencer en dulzura a cualquier muchachita,
y del que ni los desinteresados consejos de mis amigos
pueden liberarme
ni tampoco sus graves afrentas,
sino sólo otro amor; ya sea el de una hermosa joven,
o el de un muchacho bien plantado
desanudando sus largos cabellos.

 

 

 

 

xxxxxXII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEste épodo, que mantiene la línea sarcástica y soez
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdel VIII, podría estar dirigido a la misma mujer.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en versos Alcmanios: dísticos formados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor un hexámetro y una tetrapodia dactílica.

¿Qué quieres tú, mujer dignísima de los negros elefantes?
¿Por qué me envías regalos y notas
a mí, que no soy ni fuerte, ni joven,
ni de nariz atrofiada?
Pues solamente yo olfateo dónde hay un pólipo
o dónde tiene su cubil un apestoso macho cabrío de hirsutas axilas
con más sagacidad que un buen perro
rastrea dónde se oculta un jabalí.
¡Qué sudor y qué mal olor sale por todas partes de sus viejos miembros
cuando, satisfecho el pene,
se afana ella por calmar su ardor implacable!
No se le mantienen ya los húmedos polvos blancos
ni el colorete hecho de excrementos de cocodrilo
y, con su movimiento, está a punto de romper
los muelles de la cama y el techo.
O bien cuando, con insultantes palabras, vitupera mi desgana:
«Con Inaquia desfalleces menos que conmigo.
Con Inaquia puedes tres veces en una noche;
conmigo te pones blando a la primera.
Perezca de mala manera Lesbia, que a mí, que buscaba un toro,
me presentó al impotente de ti,
¡y eso, estando a mi disposición Aminta de Cos,
cuyo miembro, en su indómita entrepierna, permanece erguido
más tenaz que un árbol joven en una colina!
¿Para quién, con premura, se preparaban aquellos tejidos
de lana teñida dos veces con púrpura tiria?
Para ti, claro está:
no fuese a haber entre los de tu edad otro invitado
a quien su mujer amase más que a ti.
¡Oh, no soy feliz:
me rehúyes igual que un cordero teme a los voraces lobos
o las cabras a los leones!»

 

 

 

 

xxxxxXIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEstá dirigido a Mecenas. Horacio se excusa en él del
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxretraso en acabar precisamente el libro de los épodos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx—que él denominó «yambos»—y que Mecenas le solici-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtaba con insistencia. El motivo que da son sus cuitas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxamorosas, que le impiden concentrarse en su trabajo. El
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoema nos permite adivinar la familiaridad que ya exis-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtía entre el poeta y Mecenas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en dísticos formados por un hexámetro
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdactílico y un cuaternario yámbico..

Me matas preguntándome tantas veces, sincero Mecenas,
por qué una lánguida pereza ha puesto tanto olvido
en mis más profundos sentidos
como si, con garganta reseca,
hubiese apurado unas copas, causantes del sueño del Leteo.
Un dios, un dios me impide
poner el punto final a los comenzados yambos,
el libro de poemas que hace tiempo te prometí.
No de otra manera dicen que por Batilo de Samos
se consumía Anacreonte de Teios,
quien, con su lira resonante, a menudo lloró su amor
en versos no demasiado cuidados.
Tú mismo sufres de amor, infeliz.
Y si no era más bella la llama que hizo arder a la sitiada Ilión,
alégrate de tu suerte;
a mí me martiriza la liberta Firne, que no se contenta con un solo hombre.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

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