Inicio > Poesía > HORACIO – ODAS – LIBRO I

HORACIO – ODAS – LIBRO I

 

xxxxxIV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dedicada a Sestio y que constituye un canto a la
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprimavera. Al final del poema intenta persuadir a Sestio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde que la vida es breve y ha de apresurarse a gozarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas arquiloquias 4. º

Desaparece el crudo invierno con el alegre retorno de la primavera y del viento Favonio
y las máquinas arrastran las secas quillas;
ya no se alegra el ganado en los establos ni el labriego con el fuego,
ni se blanquean los campos con la brillante escarcha.
Ya Venus Citerea guía sus coros a la luz de la luna,
y las hermosas Gracias, mezcladas con las Ninfas,
hacen resonar el suelo con sus bailes, mientras el ígneo Vulcano
visita los tenebrosos talleres de los Cíclopes.
Es la hora de ceñirse la despejada frente con verde mirto
o con las flores que produce la mullida tierra;
es el momento de inmolar a Fauno en los umbrosos bosques,
ya sea una oveja lo que pide, o un cabrito, si lo prefiere.
La pálida muerte hiere con igual zarpazo
las cabañas de los pobres y los palacios de los ricos.
Oh feliz Sestio,
el devenir de nuestra pobre vida nos impide albergar una larga esperanza.
Pronto te apremiarán la Noche y las sombras de los Manes
y la ruin morada de Plutón. Una vez que estés allí,
ni echarás a suerte la presidencia del convite
ni admirarás al delicado Lícidas, con el que ahora se enardece toda la juventud
y de quien pronto se prenderán las doncellas.

 

 

 

 

xxxxxV

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPequeña oda dedicada a Pirra, de quien el poeta ha-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbía estado enamorado. Es un delicado lamento por sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinfidelidades y por el naufragio de su amor.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 5. ª

¿Qué amable joven, bañado en perfumes y esencias,
te abraza, Pirra, entre abundantes rosas, en tu agradable gruta?
¿Para quién compones tus rubios cabellos,
sencilla, pero con elegancia?
¡Ay, cuántas veces llorará tu infidelidad y la de los veleidosos dioses
y, desconsolado, contemplará atónito
las aguas embravecidas por aciagos vientos
el que, ignorante de las falaces brisas,
te goza ahora confiado en tu virtud;
el que te cree para siempre suya, siempre amable!
¡Infelices aquellos a quienes, por no conocerte, deslumbras!
En cuanto a mí, el sagrado muro, con un cuadro votivo,
atestigua que ya consagré mis húmedas vestiduras
al poderoso dios del mar.

 

 

 

 

xxxxxVI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio dedica esta oda a Agripa para celebrar sus
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtriunfos militares y afirma, al mismo tiempo, que deja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara otros, como el buen poeta Vario, al que elogia también
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxindirectamente, la poesía épica, reservándose él los te-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmas menos elevados de la lírica; aunque, como sin
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxquererlo, compara a Agripa con los héroes homéricos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 4. ª

Serás celebrado por Vario, con aires de poema meonio,
como el esforzado vencedor de los enemigos,
y también la gesta que los fieros guerreros bajo tus órdenes
llevaron a cabo, ya a bordo de una nave, ya a caballo.
Yo, Agripa, torpe para asuntos tan sublimes,
no intento cantar estas hazañas, ni la ira del implacable Pelida,
ni los viajes del astuto Ulises a través del mar,
ni la cruel morada de Pélope,
en tanto el pudor y la Musa rectora de mi pacífica lira
me impidan desmerecer, por mi falta de ingenio,
las alabanzas del egregio César y las tuyas propias.
¿Quién, dignamente, podría describir a Marte,
cubierto con su coraza de acero,
o a Merión, ennegrecido por el polvo de Troya,
o al hijo de Tideo, semejante a los dioses por obra de Atenea?
Yo, los banquetes; yo, los incruentos escarceos
de muchachos y apasionadas doncellas es lo que canto,
libre y ligero como siempre,
aun si siento algún brote de pasión.

 

 

 

 

xxxxxXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda dedicada a Leucónoe, nombre probable-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmente supuesto, nos aparece uno de los temas más ca-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxracterísticos de Horacio: el gozar intensamente el pre-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdsente sin preocuparnos del insondable mañana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 2. º

No indagues, Leucónoe, no es lícito saberlo,
qué plazo a ti o a mí nos han otorgado los dioses,
ni consultes los cálculos babilonios.
¡Cuánto mejor es aceptar cualquier cosa que ocurra!
sea que Júpiter te haya reservado muchos inviernos,
ya sea éste el último,
el que ahora amansa, en los opuestos escollos, al mar Tirreno:
sé prudente, filtra el vino;
no pongas gran esperanza en el breve espacio de la vida.
Mientras hablamos habrá huido, envidioso, el tiempo,
Goza el hoy; mínimamente fiable es el mañana.

 

 

 

 

xxxxxXIX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio, pródigo en veleidades amorosas, confiesa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen esta oda el retorno de su pasión por Glícera, que aca-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara toda su inspiración.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 3. ª

La despiadada madre de las Pasiones
y el hijo de la tebana Semele y la lasciva Licencia
me obligan a reincidir en amores ya acabados.
Me inflama la hermosura de la radiante Glícera,
más pura que el mármol de Paros.
Me inflama su graciosa insolencia y su rostro,
demasiado peligroso para ser contemplado.
Venus, cayendo toda entera sobre mí, ha abandonado Chipre
y no me permite cantar a los Escitas
ni al Parto, audaz al huir a caballo,
ni a las cosas que a ella no le atañen.
Ahora, verde césped; ponedme ahora, jóvenes,
ramas sagradas e incienso
con el cáliz de un vino de dos años:
Una vez inmolada la víctima, Venus llegará más amable.

 

 

 

 

xxxxxXX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOda dedicada a Mecenas a quien invita el poeta a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxprobar su vino Sabino, ordinario en comparación con
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaquellos a los que está acostumbrado Mecenas. El poeta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrecuerda la ovación que el teatro tributó a Mecenas al re-
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaparecer en él después de una enfermedad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas

Beberás un humilde Sabino en un modesto vaso
guardado en un ánfora griega que yo mismo sellé
cuando en el teatro te fue concedida tal ovación,
querido caballero Mecenas,
que las riberas del río patrio
y el agradable eco del monte Vaticano
te devolvían juntos las alabanzas.
Podrás beber Cécubo y uva exprimida en un lagar caleno;
ni las viñas de Falerno ni las colinas de Formio
alegran mis copas.

 

 

 

 

xxxxxXXXIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn esta oda Horacio consuela a Albio Tíbulo, el
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpoeta elegíaco, desdeñado por Glícera. Para ello, le hace
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxver que es una situación muy frecuente, pues Venus,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcruel, se complace en provocar amores borrascosos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas asclepiádeas 4. ª

Albio, no sufras más acordándote en exceso
de la arisca Glícera
y no reiteres tus dolientes elegías
porque uno más joven, violada su fidelidad,
te haya eclipsado.
El amor por Ciro consume a la sin par Lícoris
de tersa frente.
Ciro la desdeña por la esquiva Fóloe;
mas antes se ayuntarán las cabras con los lobos de Apulia
que se acueste Fóloe con ese infame adúltero.
Así lo dispuso Venus a quien le place,
en cruel juego,
colocar caracteres y corazones dispares
bajo yugos de bronce.
A mí mismo, cuando un mejor amor me requería,
me apresó en su agradable cepo la liberta Mirtale,
más hiriente que el mar Adriático
que sofocaba los golfos de Calabria.

 

 

 

 

xxxxxXXXVIII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoracio nos afirma en esta oda su gusto por las cosas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsencillas componiendo para ello una sencilla oda.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCompuesta en estrofas sáficas.

Odio, muchacho, la ostentación persa.
Me disgustan las coronas entretejidas con tilo.
Deja de buscar dónde se encuentra la rosa tardía.
Cuido solícito que nada añadas al sencillo mirto;
el mirto no desdice de ti, mi criado,
ni de mí, que bebo bajo la densa parra.

 

 

 

Horacio. Odas-Epodos-Arte poética (Trad. Alfonso Cuatrecasas). Barcelona; Ed. Bruguera, 1984.

 

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