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RODOLFO HINOSTROZA

 

LOS BAJOS FONDOS

xxxxxV

No cumpliré con mis caprichos.

No me rodearán los árboles melosos, sus tucanes
Ya no querrán saber de mí. Mi boca será colmada de caídas
Y de lluvia a fin de que no hable.

No tendré bodas.

No concederé más rayos de sol
Testa soberbia que se balanceaba a cada insinuación del sonido
O de los vahos siderales.

(La constelación de Casiopea acompaña la fiebre viajante
De Seguros de Vida. Un león lo devora.
Un fellah con un párpado cojo y el otro sediento
Se aproxima al cadáver y lo contempla. Se alza la grave
Pregunta
Sobre el carácter exacto de la muerte.

En un desierto de agar-agar los viejos cultivos rodean
Ensimismados a unos hongos exóticos que han brotado,
Se dice,
Por generación espontánea. Un violinista
Durante una representación oficial se siente mal
Súbitamente
Y las cuerdas de su violín famoso se le insinúan
Debajo de la piel. Un marido eyacula salvajemente
En el vacío, o más precisamente
Entre los muslos de su mujer, una hermosa fémina
De veinticuatro años.)

No conoceré los designios, ni la furia vengativa
De los hermosos gibones. No tendré profundos
Pensamientos
En autobuses destartalados
Que emergen de los barrios suburbanos
Con un olor a polvo y a pescado.

Nunca he conocido el poder de la palabra.

 

 

 

 

ANIMAL NOCTURNO

xxxxxxxLa Noche

A estas alturas de la época, estamos
Prevenidos contra al modestia. Se advierte, sin empacho
Que pegado a las lenguas no se quede
El sentido último de las cosas. El deseo nublado
Se asienta en el corazón de los hombres.
(Está aquí la tabernera. Si el regocijo huraño no
persiste, tal vez nos dejará toda esta negra noche.
Podemos invitarla a la arena. De palabra en palabra
la haremos desnudarse, debe tener
un cuerpo soberbio. El incesto se nota
en sus mejillas pálidas: el padre, buena mula,
la habrá desconcertado. Por todo ello
escuchémosla, es posible que diga
cosas dulces y amargas como las avellanas. Y luego
beberá nuestro vino y el golpe de las olas en sus
muslos, la penetrará toda, la hará sentirse rica
por esta noche. Será nuestra noche sin luz y sin castigo).
Ah, se ha soliviantado ese oscuro muchacho,
El del pecho de madera. Si le hiciéramos la ronda
Sarcástica, si le azotáramos el sexo con espinas o
Si se le condenase a no mirar el mar, en esta noche
Él envejecería. (Se trata de una novia pudorosa,
hija de campesinos todavía. Piensa en el ceño de su
hermano y se estremece. Ella soñaba con un ruidoso
matrimonio alrededor de la mesa del mantel largo,
y en una callada noche de bodas con un poco de viento,
con una leve brisa, es decir, mejor dicho con un céfiro
galante. Pero se le ha hecho sentir el roce de un pene
caliente y animal, y aún vacila). Aconsejemos al oscuro muchacho,
El del pene de madera, sobre el modo de hacerlo y ella
No le resistirá un cuarto de hora. Esta noche
El bramido de los ciervos rondará entre los árboles.
Nosotros beberemos. Algunos se tenderán a mirar
El mar brillante y sentirán deseos de tocar a la luna
Con los pies. (Miraremos al muchacho de la espalda
rota, o al muchacho del fardo de leña, o
a la vieja del báculo de fresno y tal vez
nos quedaremos pensando qué fue de la nave espacial
esa que los soviéticos enviaron. Los amantes del
progreso arderán en palabras. Atraerán, sin duda,
al héroe taciturno a su rueda de oyentes. Más tarde
empezarán las discusiones sobre el ser. Los ontológicos
con sombreros de moras defenderán sus extrañas posiciones.
Allí
se probará que el espíritu del vino se yergue en
nuestros ojos.
Algo tan discontinuo como un camaleón nos hará
dudar por un
momento, pero luego reanudaremos el coito interrumpido
en el momento en que se quebró en la boca la palabra).
Han traído guitarras unas personas diestras en su manejo.
Que canten pues una canción reciente o una antigua. Se
xxxxxxPropone
Una canción provenzal del siglo trece. (Tendrá un olor
a establo y pedrería, suponemos. Prestamos atención).

xxxxxxxxxxxxxxxxMarcho a la guerra.
xxxxxxxxxxxxxxxxQueda contigo
xxxxxxxxxxxxxxxxla piedra húmeda
xxxxxxxxxxxxxxxxdel corazón.

xxxxxxxxxxxxxxxxMarcho a la guerra
xxxxxxxxxxxxxxxxy así prosigo
xxxxxxxxxxxxxxxxde antepasados
xxxxxxxxxxxxxxxxsino fatal.

xxxxxxxxxxxxxxxxMarcho a la guerra,
xxxxxxxxxxxxxxxxamo tus ojos.
xxxxxxxxxxxxxxxxCaigo en la guerra
xxxxxxxxxxxxxxxxy es el final.

xxxxxxxxxxxxxxxxMarcho a la guerra.
xxxxxxxxxxxxxxxxTodos han muerto.
xxxxxxxxxxxxxxxxNo hay culpable,
xxxxxxxxxxxxxxxxni a quién juzgar.

xxxxxxxxxxxxxxxxMarcho a la guerra
xxxxxxxxxxxxxxxxprecipitada
xxxxxxxxxxxxxxxxque mis canciones
xxxxxxxxxxxxxxxxno detendrán.

Esta noche necesitamos más bebidas. Que alguien vaya a
Comprarla. Juntemos nuestros dineros y que un grupo
Pequeño
Se llegue a la taberna. Y que regrese pronto.
Entretanto oiremos esa conversación confusa.
Sobre un libro reciente que parece confuso.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(El mar
se está apagando un poco. La tabernera desnuda se le aproxima
y lava unos vasos en él. Su trasero brilla un poco
ala luz de la luna. Tal vez esta noche se enamore
de alguien que la frecuenta hace ya mucho tiempo.)

Ha llegado el momento de encender una gran fogata
Y de hacerla arder con los versos de esos jóvenes poetas
Que parecen embriagados. Recogeremos trozos de leña
Manchados
Por la luna, o preferentemente pedazos de navíos
Que a estas alturas deben haber naufragado. Todos
Tendrán su trozo de calor, aun los recalentados entre
Los muslos
De una mujer. Nos portaremos como gente civilizada
Esta noche.

xxxxxxxxxxxxxA esta hora también una amargura penetra
En el corazón de los hombres y alguien empieza a tararear
Una canción provenzal del siglo trece. Las hembras
Están cansadas y en un rincón se cuentan las experiencias
De esta noche. Algunas han tenido espasmos de yegua,
Otras
De coneja y unas pocas un espasmo delgado como el
Agua.

Nadie ha prestado atención al vino nuevo. A esta hora
Sentimos
Deseos de escuchar la ablanda sabiduría de un anciano.
Y éste
Nos extraña, porque aun viviendo sobretiempo se
Preocupa
Por el porvenir de los humanos. Un metalúrgico se
levanta, dice que tiene sed. Un alto funcionario
También dice algo acerca de las gargantas resecas.
(A pesar del cansancio, los ánimos ya están
propensos
a la violencia. Salen a relucir putas madres, los carajos
se bambolean y se esparcen a lo largo de la playa. La
mierda
trepa a los nombres y cada uno de nosotros se siente
un poco
culpable. Hemos sembrado el desconcierto en los ojos
del anciano.
Murmura algo que suena a salvación y se aleja.)

Nuestras mujeres
Están asediadas por una saliva que nuevamente les
Fluye. Y
Nos recuerdan
Que ésta es nuestra larga noche.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCierto que el vino es oscuro
Y que no poseerá jamás la frescura del alba
Pero también es cierto
Que sabemos prolongar la noche hasta extremos
Inverosímiles
Y que nos acompañan
El muy lúcido maullido de una gata y el impotente
Canto
De los gallos. Y que ellos se han cernido, toda esta
Larga noche
Sobre nuestros condones colgados de los árboles
Y nuestras bellísimas botellas sumidas en la arena.

 

 

 

 

ABEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCaín, Caín,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Qué has hecho de tu hermano?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGénesis

Muerto y de pie, entre la luna y l ciudad suspendido.
Muerto
Fantástico estoy rugiendo en la hondonada
Donde me condenasteis por siglos y siglos.

No veré la Tierra Prometida que vosotros construiréis
Entre hierro y metralla. He sido arrojado
Por la espantosa violencia de La Idea,
A otras playas, otros símbolos,
A una muerte peor que la de vuestros héroes.

¿Dónde plantaré mi pie inmortal para fundar la Raza?
¿Qué médico palpará medrosamente mis llagas infernales?
¿Entre qué muslos que no son los designados por
Vosotros reposaré,
Y engendraré, y seré padre de hijos hostiles a mí?

Vuestro es el territorio. En vosotros la extensión de la
Conciencia
Como una playa blanquecina. Dueños de los Mercados
Públicos,
Delas grandes construcciones hospitalarias,
Del pan y la sal, del alma rasa de los hijos de los hijos.

Idea de justicia en vuestros torsos desnudos,
Sudor y lágrimas en el lecho, y luego la muerte
Suspendida como la noche sobre nuestras nucas.

En el alba del sueño alguien escribió mi nombre sobre
Una concha marina
Y alguien perdido entre espesos legajos decretó mi
Destierro
Y de pronto me hallé en otras playas, tratando de recordar
Qué gente era mi gente purificada por las abluciones de
La Idea.

Rostros muertos, manos encallecidas, pájaros marinos
Pasaron, dejando mi espalda marcada de yodo y salitre. El destierro
De lo que será el corazón humano ha descendido esta
Noche
Sobre el justo, sobre el inteligente que yo era
Y me retorceré en el lecho, y no habrá más que el
Aullido de los perros
Y las secas campanadas de la Catedral.

Razón, Diosa
Cubierta de mataduras y maldiciones sin fondo
Deja que esta noche en que yo recibo mi destierro
Con los ojos brillantes y el cuello palpitante,
Me sumerja en tus aguas olvidándolo todo,
A Abel muerto sobre la pira con que honró a Jehová,
Al que murió purgando la delicia de amar a todo lo
Humano,
Al justo escarnecido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDeja, Diosa, que olvide
Y que me purifique de odios en ese río que deviene y
Todo lava
Hasta que mi hermano vuelva a mí sin evidenciar culpa
Alguna
O hasta que yo vaya a su encuentro decidido a volver a
Encender
Mi hoguera.

 

 

 

 

RELATO DE ODISEO

¡…Scila y Caribdis, esas dos putas viejas escupieron mi espalda
Y allí mismo me crecieron ojos para ver, y un unicornio
Brotó de mi saliva, diciéndose protegido de Artemisa
Y su lengua caliente restañó mis heridas
En nombre de los dioses, en nombre de esos dioses.
Dije que esperaría
El cuarto creciente para volver a mi Isla.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«No Vayas» dijo el unicornio
«Tu ciudad es sólo desolación y caligine
Y hay esponjas cerosas en las casas con millares de ojos
Que miran y deshacen tu pasado y tus hechos. En la ciudad
De manos de borgoña nadie te espera ya, y a tu regreso
No cantarán los mirlos ni el roble crecerá, y Telémaco
Ha nacido abortado sobre una palangana, y el sol
Se fatiga como un monje vicioso sobre la plaza esférica.»

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo obstante
Hice mis oraciones a los dioses, robustecí mi fe y partí. Telémaco hijo mío
Abortado en un coágulo marrón
Ante estos ojos de cerezo espantado, porque es tu padre
El que sujeta a la mujer y llora en el pasillo. Telémaco
Que no verá el aire espumante
Y en esta confusión de las esferas no arrojará su canica
de bronce.

Hijo mío, y no más hijo mío, que no me ayudará a matar
La memoria de los que pretendieron a la hembra, robando
Mi pasado, mi amor y mi esperanza,
Desgarrando mis carnes con cuchillos amargos.

Y ya no más regresar a los pechos de las rápidas
Vírgenes, y no más
Revolcarse en los campos humeantes, y sólo derribarse
Como un alce cansado en el olvido, y sólo recordar
Tus ojos y tu lengua coagulada, hijo mío.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxElla teje y desteje
En su memoria límpida como un lago en Sabbath
Los nombres de los Otros que raspan en la lengua como
Letras germanas.
Ella hila su tela con pedazos de vidrios: sus manos y sus prendas,
El edredón del lecho tallado sobre un roble.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿He vuelto en realidad?
¿He realizado un viaje, sordo y ciego, escuchando
los cantos de sirenas, las turbulentas voces del amor?

Scila y Caribdis, esas dos putas viejas, me retuvieron
demasiado tiempo…»

 

 

 

Hinostroza, Rodolfo. Poesía completa. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

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