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Archive for 13 octubre 2020

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (109)

 

El sábado pasado se presentaba en Murcia el último libro de Vicente Velasco Montoya, ‘Conspiraciones desde la entropía’, publicada por la albaceteña InLimboEdiciones (a quien deseamos la más larga de las vidas, que para eso saltaron al ruedo en marzo de este año).

Gracias, compadre.

 

AUTOPSIA URBANA

 

CÓMO PROTEGERSE DE LA POESÍA

 

 

 

Bono, Isabel. Cahier. Tenerife; Ed. Baile del Sol, 2014.

 

TELEPLATONISMO

 

7.

(teleplatonismo)

Platón explica su concepción de Lo Real en su parábola de la Caverna de manera muy sencilla. Dentro de la cueva hay una fogata. La fogata es la idea de Bien, que ilumina los cuerpos y provoca las sombras. Los cuerpos son el resto de ideas y las sombras del mundo sensible, que no es otra cosa que el reflejo degradado de la verdadera realidad. Y hasta aquí la clase de Bachillerato. Ahora lo que tenemos es una familia en el sofá, la penumbra de su sala de estar rota por el foco de luz intermitente que despide un aparato de televisión. Es importante que sea la sala de estar, no la sala de ser. Es importante entender que hay varios millones de escenas idénticas en millones de hogares. Que todos están viendo lo mismo, que la luz es compartida. La familia no es, la familia está. Su realidad está definida por la luz del televisor. La luz los proyecta sobre el sofá, en millones. Sucede que el presentador hace un chiste y el público amaestrado del plató rompe a carcajadas. Y sucede el contagio o la sombra. Millones de familias riendo en su sofá. El chiste, la risa. Una proyección de luz azul desde el interior de la caverna. La gente no es. La gente sólo ve. Está. Consume un producto luminoso que la consume y la reduce a lo idéntico. A lo mismo. Millones. La familia determinada en el sofá no es nada. Es la comunión del share. La televisión pensando por todos, su evangelio modelando los surcos de todos los cerebros. La nación catódica. La televisión siendo por todos. Es importante. Platón anunciando lavadoras, Platón presentando las noticias que dicen cómo no es el Mundo, Platón en la mosca de tu canal favorito.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

VENGANZA

 

 

 

Bono, Isabel. Cahier. Tenerife; Ed. Baile del Sol, 2014.

 

TERAPIA DE LA OVEJA NEGRA

 

9.

(terapia de la oveja negra)

La vida es una concesión salvaje. No preguntes quién la da, porque tú misma eres la diosa. Lo único que vamos a hacer es dejar que hierva, que su naturaleza suceda. Olvida lo que te hayan dicho, el idioma en el que te han hablado es una máquina vieja e inservible. Olvida la culpa, o el trauma. Tu problema no tiene nada que ver con eso. La histeria tiene que ver siempre con la Historia, con la de la humanidad. Olvídate de tu infancia, borra las huellas de toda una vida, pero también de siglos de aprendizaje y domesticación. Para curarte debes volver a ser la diosa que llevas dentro, dormida. Aquello que dicen salvaje. Aquello que es la vida, su instinto, su necesidad sin límites. Escucha bien: te estoy hablando de que tú y yo comencemos la revolución aquí y ahora. Tu enfermedad es la enfermedad de toda una civilización. Aquí y ahora somos la cura. Somos el fuego de cuyas cenizas brotará un mundo nuevo.
xxxEsto es lo que le dice el terapeuta a su paciente mientras le rodea la cintura desde atrás. Esas palabras dentro de una voz áspera y húmeda, lubricando el oído, abriendo un camino. Esto es lo que dice. No te culpes de tu mal. Dice. El sistema es el causante de tu pesadumbre y de tus delirios. El capitalismo, el Estado, todas las degradaciones a las que ha sometido al género humano eso que llaman patriarcado. Dice mientras sus manos bucean en la tela de la falda. Nacemos deformados tras siglos de error. Porque la humanidad no es eso. No estamos escritos así dentro de la carne. No somos así. Ni violentos ni esclavos de la jerarquía, no tenemos en los genes ni la posesión ni la diferencia. Todo eso es el sistema. Y todo eso es lo que provoca tu angustia. Por eso hay que arrasarlo todo. Y ese todo está dentro de ti, bajo tus bragas. Ahí está la llave de la libertad. Dice. Esas palabras dentro de una voz áspera y húmeda, agarrada a teorías que penden de un hilo de baba, abriendo un camino de piel en el cerebro, un camino cerebral en la piel de la paciente.
xxxEl terapeuta cree en una humanidad previa donde todo, la comida, los objetos, el aire, los cuerpos de la comunidad, no atendía a la posesión ni al límite. Que todo era de todos, para todos. Que durante miles de años la carne se contagiaba de amor y jadeos sin restricciones, antes del matrimonio y la monogamia, antes del tabú, antes de cualquier tipo de representación sexual y del silencio culpable del deseo. Eso piensa el terapeuta que fuimos, y esa misma naturaleza asegura que somos. Hacia eso pretende que volvamos.
xxxPor eso su voz se desliza por el cuello de la paciente confundida en labio.
xxxPor eso le dice que el paraíso perdido está dentro de su sexo.
xxxPalabras dactilares. Que tocan y dicen.
xxxEres una diosa que tiene que arrancar sus raíces del mármol. Esa humedad que comienzas a sentir es la primera barricada de esta revolución. El patriarcado degeneró lo que debíamos ser, nos encadenó a la miseria de la ley y del Estado, a su absurdo dinero. Dice. Nosotros tenemos la llave, pero yo te pido que echemos la puerta abajo. Cada botón arrancado de tu vestido es un paso más para la liberación, para el mañana posible. El terapeuta la convence de que ni el Estado ni el Capital pueden existir si follan como lobos. Le dice: la Iglesia y sus fraudes no existen si nos comemos la piel hasta el desmayo. La opresión y la Historia no son nada frente al sudor y el esperma goteando en tus labios. Le dice: siéntelo. Su voz que toca áspera y húmeda, sus manos cayendo en piel ajena. La enfermedad no es más que la necrosis de un mundo podrido que estamos destruyendo ahora. Siente cómo se derrumban los templos. Cómo se reinicia el mundo. Déjate llevar por la vida. Le dice. Incéndiate y sana. La vida es una concesión salvaje y tú eres tu propia diosa.
xxxTodo eso le dice el terapeuta a su paciente, y las palabras terminan cuando comienza el coito. En eso consiste la terapia.
xxxEl terapeuta es Otto Gross, un discípulo de Freud que acabó sus días en la calle con graves problemas de politoxicomanía. Un anarquista que tenía claro que el único camino posible de la revolución era el de la revolución sexual, que la neurosis y el capitalismo eran las obras maestras del patriarcado y que el sexo libre era más efectivo que una bomba en el Liceo. Por eso concibió su vida como un laboratorio, o como una barricada en llamas.
xxxOtto Gross fue también uno de esos tipos cuyo destino está trazado por ser hijo de su padre. Puede que la sombra de Hans Gross fuera la que le empujara al psicoanálisis, primero como paciente y luego como dinamitero. Otto fue un continuo quebradero de cabeza para su padre, una oveja negra demasiado oscura. Hans Gross era una eminencia que dedicó su vida al servicio del sistema que su hijo se empeñaba en derribar. Fue el creador de la moderna ciencia de la criminología: para acabar con el crimen había que comprender el modus operandi de los criminales hasta el último detalle, para encarcelar a un asesino había que tener en cuenta desde la balística hasta la filatelia, desde la biología hasta la información deportiva. Hans Gross era uno de esos tipos que el sistema necesita y aplaude. Otto no. Otto tuvo que escuchar más de una vez aquello de: así que tú eres hijo de. Hijo de un padre ultraconservador y castrador. Yo, la oveja negra, dispuesta a morder. Encerrada una y mil veces por su padre en sanatorios mentales para curar aquello que no es una patología: que no quiero su mundo.
xxxDicen que Jung tuvo que tratarle en uno de esos internamientos, y que el proceso de transferencia fue brutal. Ya saben, el psicoanalista trata de escarbar y modelar las raíces mentales de su paciente, pero acaba produciéndose lo contrario. Un contagio. Al menos una sacudida. Lo justo para que Jung se replantee sus propias teorías. Y mientras, la oveja negra de los Gross derramando su esperma incendiario por media Europa. Podemos verlo en su comuna del Monte Veritá, rodeado de proscritos y sabios. Algo beatnik antes de. Algo hippie antes de. Su carne como material para comprobar hipótesis sobre el mundo. Otto Gross es en sí mismo un manual de anarquismo psicosexualanalítico. Y ya. Morfina para poder dormir. Cocaína para estar despierto. Un reino químico.
xxxUna alquimia del verbo, hecha carne.
xxxAlgo así. Un tipo perversamente coherente. Extremo. Quien lo escucha. Quien folla con él, confirma la existencia del cuerpo, la pertenencia de la humanidad al cuerpo. Otto Gross convierte a seres perdidos en dioses conscientes. Los que beben de su fuente son distintos de los que no lo hacen, comprenden que la sed es insaciable, y disfrutan. Son. Más libres. Más dueños de sí y del futuro. Más cuerpo y más mente. Por la intersección de.
xxxLa oveja negra.
xxxEl hijo de.
xxxEl hombre muerto y su ruina.
xxxOtra tipología de mártir. Otro mal bicho.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

CASI EN SILENCIO

 

Formas blancas

En un baldío,
sobre el polvo y la
xxxxxxxxxxxxxhojarasca

un pájaro moribundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxaquieta sus alas.

Una nube, impasible,
xxxxxxxxxxxxxjuega
xxxxxxxxxxxxxsus formas blancas.

Al final también mi boca se llenará
de tierra,

al final siempre se besa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaquello que desertamos.

 

 

 

 

Lo ajeno

Sobre el muro;

inmóvil,
un gato dilata sus pupilas hacia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla noche.

Brillan ojos y luna,

y yo aquí,
ciego,
cuento lo que no veo:
xxxxxxxxxxxxxxxxdigo la luz ajena.

 

 

 

 

Sobre un umbral

El viento barre
hojas

las recoge y otra vez
xxxxxxxxxxxxxxxxlas desparrama.

Encogido
sobre un umbral,
un mendigo tiembla
xxxxxxxxxxxxxxxxsu gemido

después se calma,
duerme,

o muere como todo muere.

Como un jirón de viento perdido
entre calles,
exhala
la palabra más humana,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxmilenaria, y aún no descifrada.

 

 

 

 

Lo humano

Un viento límpido
xxxxxxxxxrecorre la noche.

En las calles,

un hombre
apura sus pasos, cumple su rito:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinclina su nada;

deja el temblor que a veces queda
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdonde hubo vida y ahora hay olvido.

 

 

 

 

Entre latidos

En las dunas
xxxxxxtodo es silencio,

salvo el soplo
del viento
que lentamente las forma
xxxxxxxxxxxxxxy lentamente las deshace.

En su cama de hospital
un moribundo escucha como
xxxxxxxxxxxxxxuno a uno van callando
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsus latidos.

Todo es silencio y entre latido
y latido

se cumple el azar o la esperanza:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlo que al final vence,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin dejar vencidos.

 

 

 

 

Horizonte

Es la hora más lenta,

es crepúsculo
y un par de relámpagos
xxxxxxxxxxxxdestellan un horizonte.

Descalzo, sobre la arena
tibia,
un niño corre tratando
xxxxxxxxxxxxxxde atrapar gaviotas.

En la noche,
la lluvia borrará las huellas,
xxxxxxxxxxxxxiniciará un desierto,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxregalará el olvido.

 

 

 

 

Lluvia sobre la lluvia

Al fondo,
sobre una mesa, debajo de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxun árbol desnudo,

una taza
desborda la lluvia.

Desborda, cae, y dibuja un charco,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxun espejo, una vida.

 

 

 

 

En el blanco muro

Una grieta
parte el blanco muro, abre
xxxxxxxxxxun recuerdo anterior a todo olvido:

a lo jamás
y a lo de cada instante: a lo imposible,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando es lo inexorable.

 

 

 

 

Humo blanco

Desde un cielo tormentoso
caen las primeras
gotas
y una hoguera se apaga blanca,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxse muere humo.

La ausencia
es siempre blanca,

transparente es sólo la lluvia, y a veces,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxapenas a veces,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtambién la muerte.

 

 

 

 

Página tras página

Serena, sin despertar
los sueños

la noche va dando
xxxxxxxxxxxxxa luz su alba.

Inclinado sobre un libro,
leo,

página tras página
se encienden la vida y
xxxxxxxxxxxxxxxxalgunas palabras.

Atrás queda
lo que el alba no despierta:
xxxxxxxxxxxxxxxxlo que ya ha muerto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin pronunciar su nombre.

 

 

 

 

Aria

Es noche, es frío

xxxxxxxxxxy en lo lejano
xxxxxxxxxxel canto de una mujer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxparece acunar la vida.

La voz, no el silencio,
xxxxxxxxxxxxxes la desnudez de las palabras.

 

 

 

 

Remolino

Silba el viento
xxxxxxxxentre las calles;

sopla
y arranca una hoja
arqueada de sed,

xxxxxxxxxxxxxseca de esperanza.

Una sola vez es la muerte,
xxxxxxxxxxxxxxxxxy cada vez es la de todos.

 

 

 

 

Anuncio

Atardece otoño,

viento
y, de tanto en tanto, alguna hoja surca
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmi ventana;

de tanto en tanto, algo se anuncia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxen la indecisa belleza de
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcada hoja que cae.

 

 

 

 

Resplandor

Ya noche,
xxxxxxcaminando,

vi el instante de un relámpago
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsobre el charco de una calle,

cerré los ojos
y, blanca e inmensa, y a la vez serena,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxse encendía un alba.

 

 

 

Mujica, Hugo. Poesía completa 1983-2004. Buenos Aires; Ed. Seix Barral, 2005.

 

DE SANTORALES INVERSOS Y DEL ORIGEN DE LA ASIMETRÍA

 

5.

(santoral inverso)

Yo sólo hice aquello que otros hombres tan sólo se atreven a soñar.
xxxYo soy vuestra pesadilla.
xxxDicen que dijo.
xxxEn 1429 el campo tras la batalla era un templo infinito de sangre. Dios era la muerte, el horror una bendición. Entonces sí. La guerra es una coartada para ser dios. Entonces. La guerra se acaba y el dios permanece. El dios que rompe los velos de la compasión y la empatía. El que puede y hace. El que desea y ejecuta. El deseo. Eso es. Desterrar el fantasma y su hambre invisible. Hacer. Dar rienda suelta. Más allá de los dictados de lo asumible.
xxxDicen que hizo.
xxxGilles de Rais nació en la torre negra del castillo de Chaptocé, a la rivera del Loira, y su destino era ser héroe y santo. Ser pesadilla. Es aún muy pequeño cuando contempla la muerte de su padre, herido en el vientre tras una cacería. La sangre y las vísceras se le filtran entre los dedos mientras de su boca brota una leve espuma roja. Los ojos de Gilles. Un olor dulce. Una ligera erección. Otra mayor unos años después, cuando juega con un criado y su machete se clava en su cuello. El esperma brota violento como la sangre de la carótida abierta. Así, Gilles de Rais, descubriendo que el deseo es sólo una decisión. Que no hay mayor poder que el dolor y la muerte. Que eso es Dios.
xxxGilles de Rais es noble de la vieja Francia y la guerra es un negocio rentable para su hambre. Aquí sí. Matar es sagrado, es heroico. Su mandoble destrozando cráneos ingleses, la maza abollando las corazas hasta hundirles las costillas en el pecho. El templo de la sangre infinita, la carne mutilada, la camaradería negra. Es heroico y es admirable.
xxxMatar.
xxxLustrar su armadura hasta que en ella se refleje la mirada de una niña venida del cielo. Ella, Juana, la Doncella de Orleans. El milagro, la certeza viva de que Dios está con los franceses. Juana, la niña loca y sagrada que va delante de los ejércitos y a cuyo paso se abren las puertas de la victoria. Mataré por ti, Juana, para disolverme en tu ciego amor. Juana. Francia. Juana. Nadie te tocará. Ninguna mancha rozará esa belleza que duele de tan pura. El metal hendiendo la carne es un tributo. Mataré por ti, virgen de las espadas rojas y los relinchos enfermos de los caballos en el barro, nadie te tocará. Gilles de Rais es la sombra de santa de Santa Juana de Arco y llora como un niño de miedo y luz ante su reina. Ella es el milagro histérico y él es la pesadilla encarnada. No puede caber más amor dentro de una armadura.
xxxEl asesino en serie y la santa, el nudo que los ata. Ella en el santoral y él en los anales del infierno. Formas distintas de ser dios.
xxxPero sólo la Madre Iglesia decide qué puede ser dios y cuándo, y hay amores que no son de este mundo. Así que Juana arde y Gilles se retira a su castillo. Cuando se extingue la pira que consume a la santa se apaga también la única luz en el corazón de su guardaespaldas. Ya no hay guerra ni bálsamos para su deseo, pero este es inagotable. Así que dilapida su fortuna en grotescas fiestas, donde de vez en cuando alguien le ve llorar de pura belleza frente a un coro de cantores gregorianos que le acercan el cielo a sus oídos. Y pasan los días entre el rojo del recuerdo de su padre y el blanco de Juana. Dios y el Diablo bailando dentro de su pecho. Y el hambre. El deseo. La voluntad rotunda de hacer aquello que los otros hombres sólo se atreven a soñar. Alquimia y magia bastarda para pasar el rato. El deseo. La pornografía del dolor y la muerte. Matar. Cientos de niños. Escribir un libro de conjuros con su sangre. Para ser un dios, sabiéndolo. Actuar como tal. Mil niños desaparecidos en Normandía. Mil formas diferentes de darles muerte. Su pene envuelto en sangre penetrando la herida en el vientre de un niño de ocho años que aún respira. Barba Azul, qué miedo das. Mil niños, sí. Un juicio, una soga y una tumba en una iglesia.
xxxUna pesadilla.
xxxLo que otros hombres sólo se atreven a  soñar.
xxxUn nombre: Gilles de Rais.
xxxO una fecha: 1888.
xxxDice Alan Moore en su cómic From Hell, que fue ese año cuando realmente comenzó el siglo XX.  El siglo de la muerte masiva. La fecha en que fue concebido Adolf Hitler y llegaban notas a los periódicos londinenses con un remite desde el Infierno. Putas muertas en los callejones de Whitechapel. La precisión quirúrgica de un rito enfermo. Y nadie. Pensémoslo bien. Jack el destripador es nadie. Un nombre sin cuerpo, una marca. No sabemos quién, sólo sabemos cómo. La liturgia sagrada de los bisturís y la obscenidad de la muerte repetida. Nadie, y el eco infinito. Eso sí. 1888 como metáfora del siglo XX. Como un umbral. Donde un hombre deja de ser para disolverse en el miedo de los demás. Para generar una comunidad.
xxxUn terror íntimo, compartido, que nos iguala.
xxxUna pesadilla. Otra metáfora.
xxxAún.
xxxNombres pequeños generando grandes movimientos, inercias comunes.
xxxBarba Azul. Jack el destripador. Romasanta. El Arropiero. Ted Bundy. Ed Gein inspirando decenas de películas: la lámpara de su salón forrada de piel humana, su collar de orejas, su traje de mujer hecho con trozos de mujeres muertas. Nombres sin cuerpo como Zodiac. Cuerpos sin nombre amontonados en las cunetas y en las morgues. Gente que hace. Pesadillas. El deseo negro como ley. Albert Fish y Andrej Chikatilo.
xxxPor ejemplo.
xxxEl viejo huesudo del que dicen se come su propia mierda, el mismo que está atado en un burdel mientras le suplica a un portorriqueño borracho que le golpee las nalgas con una pala de madera. Albert Fish con el pene de un retrasado en una mano y una navaja en la otra, conversaciones con san Juan sobre el Apocalipsis y la sangre diminuta de los ángeles. Albert Fish violando niños en un sótano, penetrándolos mientras los asfixia con las manos. Niños de seis años, montones de ellos. Absurdo Barba Azul de la era industrial. Cocinando la carne de una niña y contándoselo a la madre en una carta: la carne de niña es tierna, jugosa. Lo acabaron friendo en la silla eléctrica el 16 de enero de 1936. Al parecer la máquina falló porque Fish tenía el escroto lleno de alfileres y clavos. Se los introducía para sentir el dolor siempre, y que cada movimiento le recordara que la pesadilla es posible. Que eso es Dios.
xxxEl olor a carne quemada.
xxxO Andrej Chikatilo y el olor de la carne cruda, su vapor rojo ascendiendo a las fosas nasales mientras devora la carne aún viva. Por una erección. Para poder eyacular sin llorar de dolor. Amontonando cadáveres en los bosques de la Unión Soviética. El mayor asesino en serie del siglo de la muerte. Su nombre propio: Andrej Chikatilo, en el país que quiso abolir la importancia de los nombres en aras de la importancia común del Estado o de otros nombres mayúsculos. Chikatilo rompiendo en jirones de carne el monopolio estatal del horror. Mucha gente, demasiada. Su risa histriónica durante el juicio, su horrible camisa hawaiana. otro enfermo de deseo. Otro ejemplo de animal híbrido. Tal vez el definitivo. Veamos. Chikatilo era lo que clínicamente se conoce como una quimera: el animal que posee un doble ADN. es decir, el que siendo uno es al mismo tiempo dos. Como una especie de Dios. Como el eslabón entre el uno y los otros. Desde dentro de su cuerpo hacia la muerte colectiva.
xxxOtra forma de santidad.
xxxEn su juicio Gilles de Rais confesó que para él la sangre era un altar y que la muerte era su dios, sagrado y bello. La muerte es el amor. Mi juego favorito es imaginarme muerto y roído por los gusanos. Dicen que dijo. Yo sólo hice aquello que otros hombres tan sólo se atreven a soñar.

 

 

 

 

6.

(el origen de la asimetría)

Una quimera es por definición un animal imposible. Una mezcla aberrante de león, cabra, serpiente y alguna que otra cosa más. Como este libro. La quimera es un ser propio de la mitología, es decir, forma parte del relato que hilvana en uno a los pueblos distintos. Esos cuentos que cosen los siglos y los kilómetros. Algo que posee una realidad fantasmagórica, más comunitaria que íntima. Algo parecido a los retales que convocamos en estas páginas. Vale. Escribir una quimera, vivirla.
xxxPero una quimera humana es otra cosa. Una quimera humana tiene doble ADN, es un individuo escindido en sí mismo. Ocurre porque dos mellizos se fusionan al poco de la gestación, y la mezcla crece doble y uno. Y sucede que el código que nos define como únicos en el interior de la sangre, nos define como dos. un individuo que no lo es. Algo así podemos pensar, y estaremos adelantando las últimas páginas de este libro. Por ahora recordemos que Andrej Chikatilo era una quimera.
xxxDeformación moral y anomalía genética.
xxxUn mal bicho.
xxxRecordemos también si queremos el determinismo de Cesare Lombrosso para el crimen y sus causas. Ya. Le pusieron su nombre a un cromosoma extraño que rompía la simetría de los pares y que según y que según algún que otro estudio era común en la población más violenta de las prisiones. El Arropiero tenía ese cromosoma de más, el mayor asesino de la Historia de España. Mal bicho. Una trisomía sexual, XYY. Que se conoce como superhombre porque se ve que quien la tiene está más allá de lo humano, por encima de. Por las mismas razones que la anomalía XXX se conoce como supermujer. Olvidémonos de síntomas delatores como el asesinato, las manos grandes y el acné tardío. Eso son rasgos superficiales. Pensemos en la idea de la multiplicación. En la idea de ser más dentro, a nivel celular.
xxxEn la pura centralidad del animal.
xxxUn cromosoma de más.
xxxUn corazón con un ADN distinto.
xxxLa multiplicación dentro, como umbral a la multiplicación exterior en los demás. Puede ser. Al menos en el caso de los dos asesinos, doblemente monstruosos. Con su reguero de víctimas. Con. Por. Una comunidad de creyentes. Mejor. Estoy tratando de darle importancia al interior. Lo importante es mirar dentro. Por eso es necesario que alguien nos enseñe a hacerlo.
xxxAprender a ver dentro.
xxxAprender a ser parte de los que saben ver dentro.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

SED ADENTRO

 

En plena noche

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón
xxxxxxxxxxxxxxxxel ciego es la luz, no el camino.

 

 

 

 

Relámpago

El relámpago y sus huellas:
xxxxxxxxxxxxxxxlas cenizas en la memoria
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(el instante y su ceguera blanca).

Toda sombra es ayer,
xxxxxxxxxxxxxxxxla belleza es siempre otra.

 

 

 

 

Don

I

Cae una estrella como un surco
en el desierto,

como una huella en la ceguera:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna escritura.

 

 

(II

La noche,
en cada sombra más antigua,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrevela lo que ella enciende.)

 

 

 

 

Una vez más

Después del relámpago es otra
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla mmisma noche:

xxxxxxxxxxxxxxxes que todo es lo que es y también
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxuna vez más.

 

 

 

 

Por dentro

En lo alto ningún aleteo
presagia
xxxxxxdestinos

ni deja estela
el tren que a lo lejos
(tan lejos
que no se oye)
xxxxxxxxxxxxatraviesa el llano;

más cerca, más dentro o
más ahora

hay una casa desierta
xxxxxxxxxxxxxpero cerrada

como un miedo a nadie:
como un abrazarse
xxxxxxxxxxxxxxxcon los propios brazos.

 

 

 

 

Uno tras otro

Se escribe cerrando
los ojos,

palabra tras
xxxxxxxxxxxpalabra,

como caminan uno tras otro
los ciegos
sobre los charcos:
xxxxxxxxxsin mirarse en los reflejos.

Se escribe
como se muere o se olvida
perdiéndose en la búsqueda,

xxxxxxxxxno en su eco: en lo que buscamos.

 

 

 

 

A la espera

Anochece

los bordes se apagan y el adentro
despliega su vacío

como un mantel a la espera de la fiesta,

como una playa a la espera del mar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo la noche a sí misma.

 

 

 

 

El anuncio

Raro relámpago del
instante,

brilla y ciega sobre
xxxxxxxxxxxxun plato blanco y vacío.

Hay que acoger el fulgor de la ausencia,

reflejar
el don de lo que no está
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen cada cosa que creamos.

 

 

 

 

Vislumbre

Adelante no es lo que se mira
xxxxxxxxxxxxxes lo que no se sabe,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxes el saber del no saberse.

(El viento y la ausencia lo anuncian:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxla noche no es no ver, es ver la noche.)

 

 

 

 

Después, letra a letra

xxxLuna
xxxentre los campanarios de una iglesia.

xxxTambién los caminos huyen y, a veces, el cuerpo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmiente sus sombras.

I

Al principio todo fue blanco, blanco luna (la desnudez de
un cuerpo sin nombre), después, letra a letra,
la escritura

(y la sombra de las palabras:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxel camino de narrar la noche).

 

 

II

La muerte
es la ausencia de la palabra muerte. Como al principio,
xxcomo la desnudez,

xxxxxcomo sin decirme yo.

 

 

(III

La ausencia no sólo calla:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtambién bautiza.)

 

 

 

 

Partida a partida

I

Sin ropa se nace,
se brota

desnudo se llega:
xxxxixxxxpartida a partida.

 

 

II

No tener adónde ir
xxxxxxxxxno es que nadie nos espere,

es no tener dónde regresar:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla muerte es nacer afuera.

 

 

 

Mujica, Hugo. Poesía completa 1983-2004. Buenos Aires; Ed. Seix Barral, 2005.

 

TUVIMOS

 

En el prólogo del libro escribe Jenaro Talens: “La autora no tiene (…) la voluntad de convertir su aventura en pensamiento abstracto; su reflexión antes bien se articula en torno a una voluntad explícita de introspección individualizada, de un relato que se construye entre el ir y venir de un muy contenido y muy matizado auto-biografismo difuso y la continua utilización de personajes y anécdotas, históricos o mitológicos, como correlato objetivo de lo que se nos cuenta, sin que ninguno de los extremos incline nunca la balanza a favor de uno u otro. Ese difícil equilibrio es, en mi opinión, una de las virtudes mayores del volumen. hablar del dolor sin permitir la falta de delicadeza del descontrol; llorar, pero sin lágrimas.
Visto desde ese ángulo, Tuvimos podría considerarse como una suerte de viaje iniciático hacia el conocimiento y el reencuentro de sí. La memoria personal recupera vivencias, recuerdos, sensaciones sin que la nostalgia o la elegía se enseñoreen del territorio. Lo hace siempre en presente, porque la memoria, aunque hable del pretérito, perfecto o imperfecto, no puede manifestarse más que en presente de indicativo. Ello le otorga un poder analítico considerable. Por eso, en estos poemas, las figuras del padre o de la madre, contempladas en su decadencia, no son vistas en contraposición a lo que fueron, sino a lo que representaron para quien las mira en la actualidad. En ese lento e irremediable caminar hacia la desaparición, Rosa Lentini no describe el deterioro o la muerte de ningún otro, sino el progresivo apagamiento de una mirada, la suya propia, en el momento de tomar conciencia de que lo que creyó ver en los demás no era sino la proyección de su propio deseo.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

LA VISITA

Envía primero al emisario.
Si advierte una respiración pesada,
xxxximpenetrable y al acecho
como el aliento de una piedra
(si fuera posible),
no hay ni un cálido puerto ni una habitación fresca
xxxxdonde guarecerse.

Pero si pestañea
como el planeo aleatorio de un insecto
debes acudir a su casa
xxxxlista para el próximo asalto
escudada al menos tras una tabla de ébano
con el extremo sigilo de aquel personaje
que al escalar un edificio
xxxxa la velocidad de la luz
encuentra su futuro en la planta de arriba.

Mi madre es una experta lanzadora de dardos
que tuerce la boca si no da en la diana.
Su mano pequeña en la tuya parece una larva
que roe una hoja, ajena a su futuro de vuelo.
Cuando la bañas su piel perfumada y fresca
huele a lavanda, y su ralo cabello teñido de rubio
reluce sobre su camisón de raso encarnado.

Pero de pronto su mirada empañada
calcula el siguiente lanzamiento
deseosa de hacer blanco en medio de tu frente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxy la intimidad acaba.
Su boca desprende láminas de sal
cuando pregunta si ya te vas.

La huida se pone en marcha
y el agua profunda del espejo devuelve
una figura dispuesta a abandonarla
xxxxjunto a sí misma.

Existimos sincrónicamente:
el mensajero llamando al timbre
la rendija luminosa bajo la puerta
el alto precio de un alma poseída
xxxxxxixxxxxcuando cierras.

 

 

 

 

HERMANOS

Podríamos asomarnos
xxxxa nuestra propia historia
contada por un bardo ciego
y mirar atrás, al momento en que,
orillados al borde de la cama,
nuestros padres tuvieron
xxxxel primer desencuentro,
violento como el enfado contra Agamenón
de un Aquiles furioso al serle arrebatada
su esclava de Lerneso. Luego,
a cambio de un mejor pago, el pacto,
y vendríamos nosotros,
xxxxblancas pieles
xxxxxxxxrecubiertas de sangre y llanto,
xxxxxxxxxxxxcuerpos que ellos defenderían
a cualquier precio…

Y la fría, la deliberada indiferencia,
interpuesta entre ellos y tú,
de aquella primera vez en que,
xxxxintroducidos en sus cabezas,
sus dobles agrietaron como raíces
xxxxlos suelos de las casas cercanas.

Y el rostro del hermano interpuesto en la escena,
su rodilla sobre esa mancha carmesí, tu cabeza,
un orgulloso cazador que sueña degollar un cuello
xxxxcon el cuchillo de un dedo,
xxxxxxxxy su otra mano que amenaza sin prisa…

Descorremos el velo del castigo impuesto.
Miramos al bardo sentarse
a contar su historia un día cualquiera.

 

 

 

 

CLASE DE ANATOMÍA

La piel plateada de un niño de Hiroshima
fijó como un icono doloroso el pasado,
un faro de luz en brazos de su madre.
Y ni un solo día mi pellejo,
xxxxxxxxcolgado cual abrigo
xxxxsolitario en el pasillo
me cubría al tener que posar en carne viva
ante los amantes nocturnos de la profesora.

Amante madre, si tocabas los dos brotes
despuntados en mi pecho
o si mi bosque aún ralo pasaba
bajo tus ojos golosos,
mi identidad vibraba, sin descubrirse,
como la cuerda tensa del arco de doble cuerno de Ulises.

Yo me entregaba en secreto al placer
sin variar en lo fundamental la clase de anatomía.
Desde el último pupitre, un enamorado,
xxxxesbelto o rudo, moreno o de piel rosada,
xxxxxxxxme llevaba consigo a fronteras
que cruzábamos cada vez que la bomba de endorfinas
de mi maestra hacía irrespirable el aula.

Los verdaderos amores llegaron con los simunes.
En idiomas antiguos acudieron a mi llamada
asomando con tiento, surgiendo como gatos
antes de que nada fuera a rodar o a caer,
formas terrenales surcando el océano
con barcas llevadas por largas ramas de ceibo
xxxxque aventaban el agua hacia las simas.

La espiral se estrechaba. Las continuas horas de uso
astillaban la vara de castigo, y el cuerpo que la sostenía
se hinchaba como una tierra roturada
xxxxsin pasar por el mío.

Nada es más maleable que un niño y nada lo es menos
que un niño blindándose.

Y la puerta de la escuela se cierra
definitivamente tras el sonar de la campana.
Ninguna inspección la abrirá.

Ni el pringoso xáspero xpútrido sedimento de humedad
xxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxy bulbo reseco
de esta tardía primavera.

 

 

 

 

LA ÚLTIMA CENA

Como fantasmas reunidos a la mesa,
los platos estampados en azul frente a cada uno
nos distraían con los motivos paisajísticos del siglo XVIII:
una casa de campo cercana al río,
y árboles junto a la carreta tirada por las mulas.
A la derecha los servilleteros de madera rodeaban
con suavidad los paños de algodón,
xxxxnadie podría decir que no simpatizáramos
con la idea de estar muertos.

Aprendimos a leer la historia de nuestro pasado,
cuando la intimidad desprendió
un humor amargo y durante años las suturas
xxxxtironearon de una mujer, de un hombre,
de sus dos hijos, hasta que de la vida en común en la barricada
quedó una única hilacha.

Todavía hoy un pie debajo de la mesa se estira
y estira hasta golpear mi rodilla…

Pienso en el viento frío
que nos arrastra a todos hacia la noche,
pienso en la intemperie, el río helado,
xxxxel temporal de nieve,
o en el hombre desnudo que ara sobre la mujer
y clava en su vientre
el misterio que somos mi hermano y yo
xxxxsaliendo de sus cuerpos.

Nosotros olvidamos que llegamos a estar allí,
ellos olvidaron que allí estuvimos.

 

 

 

 

ACCIDENTE

xxxxx1

Una opción contiene a otra
la verdad a la mentira
la mentira a tu sueño.

Tu cicatriz un lugar
donde asentarse
devora el sello xel recuerdo
y luego nada
el frasco explica al velero
xxxxembotellado viaje
xxxxde regreso.

La voz era esto
decir pérdida y contemplarse
xxxxun frasco en busca
xxxxde su olor.

Una opción contiene a otra
la vida que llevamos nos lleva

xxxxnosotros, habitantes
xxxxde su vientre.

 

 

xxxxx2

Los negros, negros
xxxxnubarrones de tormenta
se cierran sobre el campo donde
el coche ha derrapado.

Y nada se alcanza a ver salvo
un contorno de formas quietas
xxxxa la espera
como postales para el recuerdo
en sus olvidadas maderas.

Una garza se salva con un gran
movimiento majestuoso.

Oímos el flap flap de su migración
xxxxxxxxxxxxxxxxdirigiéndose a poniente
atrapados en esta atmósfera
a punto de descarga;

y el vuelo sobre nuestras cabezas
ese tiempo de sueño recién creado
que toda promesa falsamente contiene

la órbita en su curva de regreso

como si pudiéramos…

 

 

 

Lentini, Rosa. Tuvimos. Madrid; Bartleby editores, 2013.

 

NOCHE ABIERTA

 

Lo que el abrazo abarca

gotea el grifo
y algo de la piedra se va en el agua,

muere
como si fuese humana.

buscamos retener lo que en el otro
se va yendo,
lo que a veces se derrumba

pero es apenas la despedida
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxlo que el abrazo abarca

 

 

 

 

Para siempre, para ese ahora

he visto la vida desnuda
y no fue dolor.

vi el desierto y nacer el sol
para siempre

para ese ahora sin sombras
de lo que se mira
con el cuerpo entero.

lo vi ponerse, como un lunar
de pequeño,
pequeño
o inmensamente humano
como un corazón que muere.

he visto la vida desnuda
y se me lavaron los ojos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde no ver sino nada.

 

 

 

 

Lo que se nos ha dado

hay días, al caer la tarde, en que la vida
nos cuenta
algo del perdón que recibimos

de lo que otros han callado.

hay noches en las que algún vestigio
se enciende:

una brasa en la memoria, un grillo
tras la ventana
o una flor
de las que se abren
cuando lo demás ya duerme.

son noches en que la quietud revela
la vida que recibí
sin siquiera la violencia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxde haberla merecido:

lo sin por qué ni para qué,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel puro existir, el milagro.

 

 

 

 

Orillas

afuera ladra un perro

a una sombra, a su eco
o a la luna
para hacer menos cruel la distancia.

siempre es para huir que cerramos
una puerta,
es desierto la desnudez que no es promesa

la lejanía
de estar cerca sin tocarse
xxxxxxxxcomo bordes de la misma herida.

adentro no cabe adentro,

no son mis ojos
los que pueden mirarme a los ojos,
son siempre los labios de otro
xxxxxxxxxxxxxxxxxlos que me anuncian mi nombre.

 

 

 

 

Desde donde partí

al final,
cuando me encuentre sobre un andén
de trenes que no paran,
de viajeros
que miran sin decirme adiós
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon las manos

habré llegado
hasta donde siempre estuve:

al niño descalzo que contempla la lejanía
temblando en la playa

al borde de la vida,
xxxxxxxxa la urna de la espera.

al final, cuando la desnudez
sea otra vez inicio
pido morir como mueren los mendigos:
meciendo la soledad del mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen el hueco de la mano.

 

 

 

 

Ante nada, para nada

xxxxxI

hay vidas que se consumen
xxxxxxxxxxxxa través de una ventana,

mueren sin encontrar
un camino,
mueren de no haber partido.

hay plegarias que son su propio eco;

esperanzas que son espejos:
aguardan
sólo lo que aguardan,
se transforman en la estatua
de aquello que esperaban,

son el miedo a perder
xxxxxxxxxno el deseo del encuentro.

 

 

 

 

A veces la vida

a veces
nos miramos en silencio

la vida y yo.

a veces duele, duele
blanca,
lenta

se hunde en la carne
como una botella vacía se hunde en el
estanque
que la va llenando.

a veces, en silencio, llora
y algo sagrado brilla en el mundo,
xxxxxxxxxxxxxxxxen silencio, reverbera en las palabras.

 

 

 

 

Sobre mi escritorio

en una ventana,
junto a una lámpara,
xxxxxxxvislumbro a un anciano

como en un escaparate
donde la muerte se anuncia y olvida.

tiempo inmóvil la espera,
o cayendo

como lo ya polvo
del mundo cae,
ahora y callado, sobre mi escritorio

como lo ya muerto de todo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme va mostrando la vida.

 

 

 

 

Hasta el final

vi un perro negro muerto
en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel que perdona a dios.

 

 

 

 

La gracia perdida

al final la casa
xxxxxxxxxes siempre atrás

como el umbral
de la despedida, el del adiós frente
a un camino nunca trazado

el del gesto inconcluso,
xxxxxxxxxxxxxla mitad olvidada.

en el medio la terca torre:
el propio nombre

la estaca entre el deseo
y la nostalgia,

el puñado de humo
en el que aferramos el miedo a perder
lo que nunca tuvimos.

al final, el que nos llega,
queda la apuesta
del inicio, la gracia perdida:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxqueda perderlo todo.

 

 

 

 

En otro paisaje, siempre

en otro paisaje cae la nieve

blanca,
sobre el saco de un anciano
acurrucado
en el banco de una plaza.

en otro cuarto un vaso se hace trizas
contra el piso,
saltan los pedazos,
xxxxxxxxxxxxcaen otra vez…

después, siempre, lo derramado
se seca: el vino,
las lágrimas, la nieve sobre la vida,
xxxxxxxxxxxxxxxxxel corazón, dentro de un hombre.

 

 

 

Mujica, Hugo. Poesía completa 1983-2004. Buenos Aires; Ed. Seix Barral, 2005.

 

LOS CUARENTA LIMONES -extracto-

 

xxxSer uno no es fácil.
xxxSer ese uno.
xxxAunque sea lo que más deseemos. A veces buscamos toda una vida que nuestro nombre y nuestro yo sean traducidos al idioma del mundo, que todos coreen nuestras canciones y reconozcan los límites de nuestro rostro. Pero a veces la traducción es puro ruido, y nos consume. Y entonces no suele haber marcha atrás.
xxxNo la hay.
xxxA pesar de todo.
xxxAlgo parecido tuvo que pensar Juan Antonio Castillo mientras comprobaba la tensión del nudo con sus dedos. Un ligero cálculo entre la vertical de la soga y el fardo de una vida equivocada. Uno es lo que le dejan ser, precisamente lo que ha buscado. La tiranía del sueño. Uno es, y de eso no se puede escapar. Juan Antonio Castillo era un niño bien de la Córdoba posfranquista, familia con dinero y buenos vinos en la bodega. Pero les salió rana. Artista. Una enfermedad incurable cuyos síntomas son múltiples. Por ejemplo. Que por los callejones y los bares cordobeses todos te llamen el Patuchas y que haya un reino lisérgico en cada recoveco de la Judería. Ocurre que lleva gafas redondas como de beatle muerto, pero el cristal es enorme para que la muerte se confunda y lo esquive, o simplemente para ver más más lejos, más adentro de las cosas. La enfermedad de Juan Antonio Castillo. El Patuchas. Lidera un grupo de punk festivo e incongruente llamado Pabellón Psiquiátrico, que le canta a la flauta de Bartolo con su solitario agujero y recuerda que las momias no tienen novia. Que no tienen nada. Y así, entre risas y caras de loco, concierto tras concierto, disco tras disco. Y algún que otro fan. El Patuchas canta, baila sobre el escenario como si le dieran ataques, se retuerce dentro de una camisa de fuerza. Un chiste fino y gamberro que le hace quemar las carreteras de España en su furgoneta e incluso cruzar el charco y probar las drogas del otro lado del mundo. Tenía gracia. Pero tampoco es que hubiera mucha gente en su casa rezando por un nuevo vinilo de Pabellón Psiquiátrico. Así que echaron el cierre.
xxxPero el Patuchas no se había curado de su mal.
xxxAsí que decidió estudiar y leer cosas que le agrandaran el paladar y el alma. El tipo de la camisa de fuerza escribía cuentos, poemas y obras de teatro. Argucias para cambiar el mundo.
xxxEntonces a su aire ya. Nada de estridencias punk ni de chistes malsonantes. Ahora el Patuchas se recorre las cafeterías con su guitarra y un disfraz de cantautor autista. Sus canciones son poemas, o alegatos por la pertinencia de una nueva realidad. La primera vez que se presenta, casi sin querer pero ya para siempre, como el crooner de la Córdoba tóxica es en un local llamado El Limbo. A veces las palabras no se equivocan. En el limbo empezó y puede que nunca saliera de él.
xxxJuan Antonio Canta.
xxxY canta serio. Y canta denso. La ironía es un perro invisible que muerde y lame. Ya no necesita una camisa de fuerza para reclamar atención, las palabras y la mirada son suficientes. La guitarra y el ingenio. Entonces. Paremos la máquina y congelemos la imagen: este momento lo cambia todo, y nadie es consciente mientras sucede. Alguien entra en el bar, mira la actuación, y cuando acaba se acerca y le ofrece la llave de una puerta con su nombre dentro de una estrella. La televisión. El programa de máxima audiencia de la noche española. Juan Antonio tiene ante sí la oportunidad de que millones de personas ausculten las arritmias de su enfermedad. La oportunidad de ser, y de que el resto del universo implore que sea. Artista. Irremediablemente. Pero la televisión tiene sus normas, y Pepe Navarro ha escrito unas cuantas de ellas. Esta noche cruzamos el Missisipi. El presentador medio sentado sobre su mesa con una taza en la mano. Con vosotros: Juan Antonio Canta.
xxxUna canción facilona, con un estribillo voluntariamente idiota. Él piensa que es un látigo, una aguja sutil que se clava y duele al rato, pero la gente corea y baila la absurda danza de los cuarenta limones. Y no hay látigo ni agujas. Un limón, medio limón. Las bailarinas del programa vestidas como un mal sueño de ácido, revolotean a su alrededor con una coreografía obscena y estúpida. Su cara simula una esfinge del desierto. Juan Antonio Canta. Y triunfa. Ese verano no se oye otra cosa en las terrazas y las fiestas, los conciertos se suceden porque todo el mundo quiere bailar la danza de los cuarenta limones. Juan Antonio Canta. Los limones. Todo el mundo. El éxito es esto: tu nombre en los carteles y dinero en la cuenta.
xxxPero no.
xxxYo soy un artista, escribo con el corazón goteándome en la boca, cada palabra y cada acorde tiene un peso y un sentido. No podéis obligarme a eternizarme en esos malditos limones. ya. Pero Juan Antonio Canta es el tipo de los cuarenta limones. El Patuchas no es nada, el enfermo del arte tampoco. Debes darle a la gente lo que necesita de ti. Lo que eres. No hay marcha atrás.
xxxTodo es ruido. Nada es verdad.
xxxPasarán los guitarrazos y el caos y quedará la belleza, dice en una carta a Martirio, unos días antes de que el 22 de diciembre de 1996 su familia lo encuentre ahorcado en su casa de Córdoba.
xxxY así es.
xxxSer uno no es fácil.
xxxSer uno mismo a veces es imposible.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

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