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INSUMISAS (y V)

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

CAPITALISMO

El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche
después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas
su obsesión por nosotros no descansa nunca
en nuestros sueños nos persigue
con su disfraz de perro, de vendedor, de cura
de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo
su disfraz de muerte, su disfraz de vida

sé que tú le gustas con ojeras
yo le pongo cachondo cuando estoy cansada
me quiere flaca aunque me tienta con chucherías
y a ti elegante aunque te duelan los huesos

cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento
nos premia con unas vacaciones
y nos tiende los billetes como el cazador
lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana

dice que mis enemigos son aquellos
que quieren lo mismo que yo
porque no hay bastante
nunca hay bastante para todos

y nos cobra por lo que es nuestro
por el agua de lluvia
por el sol y la arena
por los claros del bosque
y los manantiales

envenena la comida con que me alimenta
me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad
y me quita los chupetes que podrían consolarme

provoca mi llanto
y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza

si me pongo rebelde, ríe paternalista
cuenta que él también pasó por esa época
y mi rebeldía la rebaja a moda
que luce en camisetas los sábados por la mañana
cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico

él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras
de las violaciones y los golpes de estado

pero tanta información me deja sorda y ya no escucho
los crujidos ni los llantos en voz baja
las señales del desmoronamiento

y él calla que cada muerto, cada herido
las mujeres violadas y los que sufren torturas
todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora

se zafa de las culpas con promesas
pero yo sé que una palabra suya
bastará para condenarnos

y tengo que darle las gracias porque
¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso
de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina
va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni
tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos

y además fuiste bendecida con una vocación
para que puedas sentirte mejor que otras
(y yo callo que yo no quiero ser artista
si eso va a convertirme en diferente
porque ya me siento lo bastante sola
y no quiero competir en más carreras)

de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio
ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos
para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío

Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar
sus cadáveres, las humillaciones
el secuestro de la inocencia
el expolio de los sueños

yo le voy a cobrar, no sé cuándo

y la primera puñalada que le voy a meter
va a ser por las caricias que no nos dimos
por los polvos que no echamos
tú y yo
cada vez que se cuela en nuestra cama
y nos dice que mañana, mañana, mañana
mañana el despertador sonará a las 6.30

y veinte minutos más de sueño
nos harán mejores soldados a su servicio

Te lo juro, mi amor. Una puñalada
por cada polvo que nos robó
y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes
por el dolor que no merecemos sufrir ni ver
por los campos arrasados
por los animales que se hacinan
por los niños que trabajan
por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte
por el tiempo que no volverá
por la vida que nos robaron
por la vida
mi amor
por la vida.

 

 

 

 

 

ISABEL PÉREZ MONTALBÁN

 

CLASES SOCIALES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos pobres son príncipes que tienen que reconquistar su reino
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Agustín Díaz-Yanes,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto)

Con seis años mi padre trabajaba
de primavera a primavera.
De sol a sol cuidaba de animales.
El capataz lo ataba de una cuerda
para que no se perdiera en las zanjas,
en las ramas de olivo, en los arroyos,
en la escarcha invernal de los barrancos.
Ya cuando oscurecía, sin esfuerzo,
tiraba de él, lo regresaba níveo,
amoratado, con temblores
y ampollas en las manos,
y alguna enredadera de abandono
en las paredes quebradizas
de sus pulmones rosas
y su pequeño corazón.

En sus últimos años volvía a ser un niño:
se acordaba del frío proletario,
(porque ya era substancia de sus huesos),
del aroma del salvia, del primer cine mudo
y del pan con aceite que le daban al ángelus,
en la hora de las falsas proteínas.

Pero su señorito, que era bueno,
con sus botas de piel y sus guantes de lluvia,
una vez lo llevó, en coche de caballos,
al médico. Le falla la memoria
del viaje: lo sacaron del cortijo sin pulso,
tenía más de cuarenta de fiebre
y había estado a punto de morirse,
con seis años, mi padre, de aquella pulmonía.
Con seis años, mi padre.

 

 

 

 

 

MIRIAM REYES

 

No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.

 

 

Lo tenía todo preparado para hacerte feliz.
Habrías sonreído de placer al ver mi carne sonrosada
apretada y perfumada para ti —a todo te diría que sí—
para dejarte
orgullosa y satisfecha por el trabajo acabado.

Viene de mí, sólida y maciza como este roble —pensarías—
por fin ha aprendido lo que significa ser una mujer.

Mi interpretación sería perfecta.

Lo tenía todo preparado para hacerte feliz
y llegué tarde.

No pude evitar que te fueras sabiendo
que conmigo habías fracasado.

 

 

Mujer ciega
mujer que no sabes reconocer el amor
si no aparece en forma de catástrofe natural
si no te somete a su fuerza.
Háblame de aquel que no quiso dominarte pisándote
al que no se le ocurrió disfrazarse de Humphrey Bogart
para jugar a tenerte en sus manos
como tanto te hubiera gustado
heroína de películas gastadas
de bofetadas giratorias
forcejeos
y apretados besos arrancados.
¿Continúas enamorada de tu John Wayne latino?
monumental macho escupidor
que camina entre eructos
con inmensas espuelas en las botas
para patearte mejor
mi triste pura sangre.

Me lastimo.

Te das lástima.

 

 

Amo a este hombre misógino.
Deseo su sexo descarado que pasea de aquí para allá
que entra donde como y cuando él lo desea
vomita su odio en mí y se va.
Yo, maravillosa artesana,
hago de su asco mi mejor creación:
una réplica suya mejorada.
Del vómito incubado en el más repugnante de los seres
nacerá la criatura que lo iguale en fuerza
y sea capaz de destruirlo por envidia
como yo no pude hacerlo por amor.

 

 

Me he vuelto demasiado sensata
comprensiva abnegada
perfecta hasta la náusea.
Te dejo que te pasees con tu aire de semental
al baño a la cocina a por un poco de agua.
Si me preguntas
te digo que sí para no entrar en detalles
para que duermas tranquilo y rindas en la oficina.
La mentira es a menudo más fácil y espontánea
como estar juntos.
Es cómodo mi cuerpo,
tiene esquinas redondeadas
y formas ergonómicas
(sin hablar de lo mucho que abriga
y lo poco que pesa).
No pide nada, no hace preguntas
prefiere no saber.
Acolchado de amor
hace tiempo que no siente la cabeza.

 

 

 

 

 

ANA VIDAL EGEA

 

HAS DE SABER

La mujer sin hijos, sin casa,
la mujer sin trabajo, sin destino,
de noche y sin sueño, hecha de agua;
que vaga itinerante buscando una tierra
donde quedarse
La mujer que te mira sin prisa,
y sin ropa,
no tiene miedo.

 

 

LA CHICA DEL GUARDARROPA

Deseé que hiciera frío,
hizo tanto que pocos se desabrigaron dentro;
vi desfilar las chaquetas de cuero, los visones;
animales nocturnos resplandecientes como el hambre.
Como un caballo cede al sueño, así,
enloquecen de amor, se vuelven mágicos.
Olvidan el tabaco, los condones, sus nombres;
palpo a oscuras los bolsillos, les doy lo que me piden;
ahora que soy toda piedra,
en un eco salvaje convertida, en la palabra seca,
que existo sólo porque soy armario.

Una de aquellas cenas allí cuesta aquí mi noche entera.
El dinero después del dinero;
restar el café doble, el taxi de ida y vuelta
ennegrecidos los dedos de mis manos
pienso en mi padre.
Contando el puñado de billetes arrugados de un dólar,
pienso en mi padre.

América está hecha de propinas;
¿Se acordarán de mí si les sonrío?
¿Se preguntarán de dónde vengo? ¿Qué necesito?
¿Comprenderán el por qué aquí? ¿El por qué ahora?
De madrugada siempre alguien se acerca,
pregunta «¿eres real?», «¿estás casada?», «¿quién eres?».
Yo sólo prometo cuidar de su abrigo;
Esperaré impaciente su regreso,
gastaré mi última juventud mirándolos bailar,
es la primera película que no termina;
Mi vida está tendida, acaba de empezar el invierno.

 

 

SOCARRAT

Así se llama el amor quemado,
aquí se come a diario.
Los americanos vienen y pagan lo que pedimos.
Yo los recibo de pie, frente a la puerta,
les doy los buenos días,
les ofrezco el menú,
les digo adiós,
les doy las gracias.
Por las mañanas coloco
los rollos de papel higiénico en los baños,
extiendo las alfombras, el toldo,
limpio los cristales,
abro las puertas, saco los menús a la calle;
enciendo el televisor, las luces,
confirmo las reservas, elijo la música.
Eso es lo mejor.
Durante la primera hora
elijo la música.
Después ya sólo miro al frente.
A veces pienso que es lo único
que sé hacer,
que sólo vine aquí para esto.
No puedo sentarme ni leer,
ni escribir, ni usar el teléfono,
sólo me permiten mirar al frente
como los soldados de Buckingham Palace,
con el pelo recogido
«tu pelo suelto nunca».
Si no sonrío,
el manager se acerca
y me pregunta por qué
hago mal mi trabajo.
«No podemos ascenderte a camarera,
después de cinco meses,
aún olvidas estar atenta
a los detalles».
Lo dice sin pestañear, grave,
yo hago cálculos mentales,
lo más rápido posible,
inmediatamente comprendo
que estoy atrapada en este personaje.
A veces entran conocidos a comer,
me repiten «¿Qué haces aquí?».
Los miro
no sé con qué expresión,
pero fijamente,
con Shakira de fondo;
y pienso en las películas de Kaurismaki
que hace tanto que no veo;
en toda la literatura que hay
en ser cajera de supermercado, hostess,
camarera o chica del guardarropa.
Es un experimento delicado;
Jack Nicholson
en Alguien voló sobre el nido del cuco.
El camino. Las curvas. El fango.
Todas esas vidas que parecían lejanas a mí,
esas personas que no eran yo.
Soy una actriz pero la obra no acaba.
Me meto en otro cuerpo, ocupo el espacio,
habito una historia nueva otra vez.
Ese peligro. El del cuento
del castillo de irás y no volverás.
No saber hasta cuándo.

 

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