Inicio > Poesía > INSUMISAS (II)

INSUMISAS (II)

 

LAURA CASIELLES

 

DESCENTRALIZACIONES (IV)

Reivindico mi mitad mora, la parte goda
de mi genoma,
basta ya
de dioses griegos que no riegan mi sangre.

Reivindico
un viejo primate casi en las costas de África,
un pueblo que vivía aquí antes.
Amo
a Ariadna y Helena, sí,
pero ya basta:
¿qué ha pasado
con las tres mil mujeres sabias de la corte andalusí?

No reivindico a Pelayo, no reivindico a Isabel,
no vencí
en ninguno de los Triunfos De La Historia.
No sé si habrá héroes en mi estirpe, mi memoria instintiva
se detiene
en un loco y una hereje que llenaron los huecos de mi
genealogía
en el tramo que se pierde en los siglos oscuros.

Reivindico
los obreros que pueblan mi escudo de armas
y las lenguas que mataron antes de que yo las pudiera
aprender.
Basta ya de vírgenes de óleo y de rosa y de rosae,
ya hemos tenido bastante
derecho romano.

No fueron mis antepasados los culpables
del saqueo de El Dorado, de las casas
quemadas en Brunei.

Reivindico
a quienes emigraron hasta aquí
y a quienes al desertar por amor me salvaron del limbo.

Dejad ya de pintarme
un pasado de grandes avenidas
(inconfundibles, rectas, limpias),
dejad ya de decidirme
apellidos ilustres.

Mi memoria rastreará mi linaje
enredando callejas.
Rehilará cien recuerdos escogidos
para un futuro justo.

 

 

 

 

 

SOFÍA CASTAÑÓN

 

AL DESPERTAR, LOS GIGANTES DE HIELO…

Ellos siempre han ido
a por otros.
No es
nada nuevo.

Nunca somos ni tú ni yo.
Quizá sí la cara de las fotografías,
pero es una cara vieja, que no
se mueve y su dueño está muerto.

Siempre han ido
a por otros. A ti, a mí, nos
llega la tragedia doméstica.
El pelo que se cae, el
páncreas que se deshace,
el altercado, el golpe
seco.

Nunca van hacia nosotros.
Para ellos no
somos.
Como mucho, molestamos.

En mitad de la calle
tapamos sus objetivos.
Señorita, no
se vista así.
¿No ve que casi pensamos
que era una mendiga
una terrorista una holgazana
y la habríamos golpeado
sin ni siquiera preguntarle…?

 

 

 

 

 

OLALLA CASTRO HERNÁNDEZ

 

CUANDO TODO HAGA BOOM

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl viento llega demasiado tarde.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPedro Garfias

Será muy tarde ya para culparse
cuando todo haga Boom.
Preocupados como estábamos
por leer en los posos del café
nuestro futuro,
olvidamos las huellas
y el barro en los zapatos.

Esta miseria es lo más nuestro
que hemos sabido conservar,
después de todo.
Brindemos —chinchín—
por los cadáveres que desfilan
detrás de nuestras espalda.

Delicioso el blablablá
que nos deja seguir
cuando quiere imponerse
el runrún de lo negro.
Si algo aprendimos
después de tantos siglos
fue a ignorarnos,
a extraviar la verdad en parloteos.

Qué fácil fue, a la postre,
aplazar el runrún, los cadáveres,
lo negro.
Y creer que más tarde, que siempre,
que mañana
estaremos a tiempo de culparnos.

 

 

DICEN QUE EL REY ES JUSTO

El cetro del rey golpea el suelo
a ritmo cuaternario.
Los hay que llaman música a esta herida.
Bailan los siervos de palacio
adornando con yugos sus vestidos.
El rey es bueno, dicen,
porque nos deja asistir a sus banquetes
y, a veces, lanza al aire una moneda
para librar a un hombre de la horca.
Olvidan los siervos a los muchos
que la monda encerró en los galeones.
Olvidan los cuellos cercenados
por no postrarse a tiempo ante su alteza.
Dicen que el rey es justo
sólo porque ellos aún conservan,
intactas, sus cabezas.

 

 

ARDIMOS JUNTAS

Nos quemaron por miedo a nuestros ojos,
a la Verdad punzante que trepaba
por muslos, senos, vientres y caderas.
Ardimos juntas,
de todo padre huérfanas,
aullando de libertad a plena luna.
Y ni en el último instante,
cuando un dolor atroz
nos quemaba las sienes,
dudamos del poder de nuestras bocas.
Fuimos brujas.
Engendramos los verbos insurgentes
y bailamos sin música ni oídos.
Removimos mejunjes que podían
devolvernos la voz, los pies, las alas.

Y ellos,
postrados ante sus cruces milenarias,
temblaron.
Vestidos con sus túnicas de jueces,
temblaron.
Subidos a sus púlpitos de mármol,
temblaron.
Sobre nuestros cuerpos desnudos,
al forzarnos,
temblaron.
El miedo, que rompe todo cuanto encuentra,
atravesó sus huesos
duros como rocas
y no cedió hasta que fuimos ceniza,
polvo, ascua.

Fuimos brujas. Amantes. Compañeras.
Y ardimos juntas, mientras ellos temblaban.

 

 

 

 

 

BIBIANA COLLADO CABRERA

 

TRAJES AMARILLOS

I

Mi madre tomó la primera comunión
con un traje amarillo,
el único recuerdo que queda de su infancia.

Aquel día no hubo familia,
ningún acompañante,
tan solo los niños solos

junto a las monjas que los invitaron
a una taza de chocolate
en la alegría torpe y áspera
de una salita sin ventanas.

Los hijos de los cabreros
son una masa huérfana,

para borrarles la miseria
xxxxxxxpor un rato,
les borraron los padres
xxxxxxxy las chozas.

 

II

Al cumplir catorce años
decidieron bajar del cerro.

La pobreza refundada en la llanura.
La alegría parca de la supervivencia.
La nostalgia de mercurio urdiéndose
en las palabras de los recién llegados
a las bondades afiladas del pueblo.

Catorce años y doce horas al día
remachando bolsos en una fábrica
junto a otras tantas muchachas casaderas.
El fragor de la espera amortiguado
por el golpear de las planchas de acero.

Y un breve paseo los domingos
hasta la confitería de la plaza
donde comprarse un dulce de merengue
que allí llamaban «libertad».

Después vendría la boda sin fotógrafo,
las nuevas mudanzas, las vendimias,
los camiones al amanecer, los hijos
con que resarcirse del hambre
y los padres que envejecen
y, en delirios, creen haber regresado
a lo alto del cerro.
Pero todo eso será después.

Entonces, con aquellos catorce años y doce horas
todavía notaba un sobresalto
al oír las campanas repicar tan cerca.
Y el trazado de las calles agolpadas a sus ojos
la sorprendía en la búsqueda del horizonte.

Entonces, que no se engañe nadie,
no eran felices sino jóvenes.

Aturdidos por el zumbido del origen
en algún momento dejaron de escucharlo.

Cuando la hija del patrón comulgó por primera vez,
les dieron libres unas horas
y participaron, mesa aparte, del banquete.

Sumergida y ajena, a la vez, en el festejo
mi madre decidió
no recordar su traje amarillo.

 

 

 

 

 

ESTHER GARBONI

 

Y dejo aquí mi ropa, mi costumbre,
el peso de mi nombre,
el cristal de mi infancia,
la piel que visto,
el tacto del poema,
la sed, el hambre, el timbre
de mi palabra.
Dejo la casa que fue mía:
los jazmines, la siesta en sombra,
la parra fresca, la belleza.
Dejo la puerta abierta…
Entrad, mirad, buscad…
No queda lo que fui:
queda la jaula.

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más

A %d blogueros les gusta esto: