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Archive for 12 marzo 2020

EPIGRAMAS. MARCIAL. LIBRO XII.

 

X

Cien millones tiene Africano, sin embargo, anda al acecho de más.
La fortuna da demasiado a muchos, bastante a ninguno.

 

 

 

 

XII

Prometes todo cuando has bebido durante la noche entera;
xxxnada das por la mañana. Bebe, Polión, por la mañana.

 

 

 

 

XIII

Una manera de ahorrar, Aucto, consideran los ricos la ira:
resulta más barato odiar que regalar.

 

 

 

 

XXV

Cuando te pido dinero sin garantía, «no tengo», dices;
xxxpero lo tienes, si por mí responde mi campito:
lo que no me fías a mí, tu viejo camarada, Telesino,
xxxse lo fías a mis coles y a mis árboles.
He aquí que Caro te ha denunciado: que te asista mi campito:
xxxBuscas un compañero de exilio: que vaya mi campito.

 

 

 

 

XXIX

Como tú, siendo senador, desgastas sesenta umbrales cada mañana,
xxxte parece que yo soy un caballero perezoso,
porque no discurro por la ciudad desde el amanecer,
xxxni llevo a casa agotado un millar de besos.
Pero tú buscas dar un nuevo nombre a los fastos purpúreos,
xxxu obtener pueblos de los nómadas o de los capadocios:
en cuanto a mí, a quien obligas a interrumpir lo mejor del sueño
xxxy soportar y sufrir el lodo matutino,
¿qué obtengo? Cuando mi pie errante se ale del calzado roto
xxxy cae una repentina lluvia de gruesas gotas
y no acude al llamarlo mi esclavo con la capa,
xxxse acerca a mi oreja helada un criado
y dice: «Letorio ruega que cenes con él.»
xxx¿Por veinte monedas? No quiero: prefiero el hambre
a que mi recompensa sea una cena y la tuya una provincia,
xxxa que hagamos lo mismo y nos merezcamos lo mismo.

 

 

 

 

XXXI

Este bosque, estas fuentes, esta sombra entretejida
xxxde la alta parra, este canal de agua de riego,
y los prados y las rosaledas que no ceden ante el bífero Pesto,
xxxy las hortalizas que reverdecen en enero y no se hielan
y la anguila doméstica que nada en un estanque cerrado
xxxy la blanca torre que acoge aves del mismo color,
regalos son de mi dueña: de regreso después de siete lustros,
xxxMarcela me ha dado esta casa y estos pequeños reinos.
Si Nausícaa me concediera los jardines paternos,
xxxyo podría decirle a Alcínoo: «Prefiero los míos.»

 

 

 

 

XL

Mientes, te creo; recitas malos poemas, te alabo;
xxxcantas, canto; bebes, Pontiliano, bebo;
te tiras pedos, disimulo; quieres jugar a los dados, me dejo ganar;
xxxuna sola cosa hay que haces sin mí, y me callo.
Sin embargo, no me das nada en absoluto. «Cuando muera», dices,
xxx«te recompensaré». Nada quiero; pero muérete.

 

 

 

 

L

Lauredales,Platanares y aéreos pinares
xxxy un baño para muchos tienes tú solo,
y se alza para ti un elevado pórtico de cien columnas
xxxy hollado bajo tu pie luce el ónix,
y cascos fugaces baten tu polvoriento hipódromo
xxxy por todas partes suena el fluir del agua que mana;
largos atrios se abren. Pero ni para cenas ni para
xxxel sueño hay sitio en ningún lugar. ¡Qué bien no vives!

 

 

 

 

LVIII

Tu mujer te llama cortejador de criadas, y ella misma
xxxlo es con los portadores de literas: sois, Alauda, iguales.

 

 

 

 

LXIII

Córdoba, más rica que el Venafro bañado en aceite,
y no menos perfecta que un ánfora de Istria,
que superas las ovejas del albo Galeso
no engañando con sangre ni púrpura,
sino con tus rebaños teñidos de vivo color:
dile, te lo ruego, a tu poeta, que tenga pudor
y no recite gratis mis libritos.
Lo soportaría, si lo hiciera un buen poeta
al que pudiera darle recíprocos disgustos.
Corrompe sin recibir represalias el soltero,
el ciego no puede perder lo que os arrebata.
Nada hay peor que un ladrón desnudo:
nada más impune que un poeta malo.

 

 

 

 

LXVIII

Matutino cliente, razón de mi abandono de la ciudad,
xxxfrecuenta, si tienes buen juicio, los atrios suntuosos.
No soy yo un picapleitos ni persona apropiada para amargos litigios,
xxxsino perezoso y anciano y compañero de las Piérides,
me gustan el ocio y el sueño, cosas que me negó
xxxla gran Roma: me vuelvo, si se ha de estar en vela también aquí.

 

 

 

 

LXX

Hace poco, cuando un esclavillo patizambo llevaba la toalla a Apro
xxxy sobre su toguilla se sentaba una vieja tuerta
y un masajista herniado le aplicaba una gota de aceite,
xxxera un tétrico y áspero censor de los borrachos:
gritaba que había que romper las copas y derramar el Falerno
xxxque un caballero recién bañado bebía.

 

 

 

 

LXXX

Para no alabar a los dignos, alaba Calístrato a todos.
xxxPara quien nadie es malo, ¿quién puede ser bueno?

 

 

 

Marcial, Marco Valerio. Epigramas (Trad. María Ohannesian). Barcelona; Ed. Plaza & Janés, 2001.

 

LA DESTRUCCIÓN O EL HUMOR

 

NO DESPIERTES AL PÁJARO DORMIDO

La escuela nacional con cara al sol
y queso americano incluidos,
los pantalones cortos, los soldados de plomo,
los chupasangres, el hombre del saco,
Roberto Alcázar y Pedrín, Diego Valor,
papá y sus recuerdos de la guerra,
mamá y sus peroles, sus misas,
sus rosarios, sus zurcidos,
Julio Verne, las pedradas, los nidos,
la abuela y sus historias de fantasmas,
los dolores de muelas, las castañas asadas,
el cisco reventando en el brasero…
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.
No despiertes al pájaro dormido.
Cuando yo era pequeño,
todos los niños éramos franceses
(concretamente, de París).

 

 

 

 

HAI-KAIS

xxxxxI

La misma ausencia.
Como calcada de otra,
llega la noche.

 

 

xxxxxII

Atiza el fuego.
El alma, como siempre,
abriga poco.

 

 

xxxxxIII

Quemas la vida
y el humo del recuerdo
te hace llorar.

 

 

 

 

TANKAS

xxxxxI

Juro que es bella,
aunque sólo la he visto
devuelta a casa,
borracho, sucio y ciego,
y alguna vez de niño.

 

 

xxxxxII

El sol de otoño
es como una caricia,
y se agradece.
Los jóvenes perdemos
siempre la misma guerra.

 

 

 

 

HOMENAJE A THE BEATLES

Aquel viejo colegio,
los primeros guateques,
el primer cigarrillo
y los castos amores.
Todavía la inocencia
soñando disparates
—rebeldías con regusto
a pan y chocolate—.
Señor, cómo nos mata
el tiempo. Cómo vamos
quedándonos desnudos
y solos, como fríos
esqueletos de otoño.
Pero no te preocupes,
corazón, no me llores.
Si anochece y no hay nadie,
let it be.

 

 

 

 

HOY COMO AYER

Cuando una tarde
se pide al camarero lo de siempre:
una taza de té, porque el alcohol
nos enseñó los dientes.

Cuando se vuelve a los recuerdos
para huir del presente
—porque también la vida
nos enseñó los dientes—…

Lo discreto sería no levantarse,
quedarse en cama, solo y bien tapado,
y decirle a la muerte, cuando venga:
—Llegas con unos años de retraso.

 

 

 

 

NADA

Nada que avive el apagado ritmo
de este invernal anochecer.
Escenas de interiores, propias
para algún film de arte y ensayo.

El agobiante clima de la estancia.
Sobre la mesa, libros
y un cenicero abarrotado.

Lentamente, la noche viene entrando
a través del cristal de la ventana.
Nadie enciende la luz.
No hay que ver nada.

 

 

 

 

LOS BUENOS PROPÓSITOS

Mi decisión es firme:
quiero cambiar de traje,
darme un baño de luz
y marcharme a los parques,
dispuesto a que las flores
murmuren a mi paso:
—Ahí va la crema
de los desheredados.

Mi decisión es firme:
quiero llenar mis horas
de nobles sentimientos,
blancos como palomas,
quiero mirarlo todo
con ojos de inocencia.
Pero hay tantos mosquitos
aquí, que no me dejan.

 

 

 

 

SOLEDADES

xxxxxI

Si me tengo que morir,
¿por qué no me lo advirtieron
antes de venir aquí?

No sé qué tiene la vida
que, a ratos, se me atraganta
como si fuera una espina.

¿A qué jugarán los hombres
de aquí para allá, sin tregua,
de la mañana a la noche?

 

 

xxxxxII

Dejar que la vida siga
o poner un cartelón
y escrito con letra clara:
«Cerrado por defunción».
Mejor decido mañana.

 

 

xxxxxIII

Con los años, se complica
cada vez un poco más
el misterio de la vida.

¿Sobra la justa distancia
para ver que todo sigue
su curso, como si nada?

Los niños —y así les va—
no han aprendido que todo
tiene principio y final.

 

 

xxxxxIV

Conviene no olvidarlo:
por esta senda,
que llaman vida, todos
vamos a tientas,

igual que ciegos.
En ceniza terminan
todos los fuegos.

 

 

xxxxxV

En política y amor
no faltará quien se venda
al mejor postor.

 

 

 

 

ACHAQUES DE SOLITARIO

He pasado de largo casi siempre
ante el amor, y eso algún día se paga.
Cuántas veces me he dicho:
—No hay prisa,
ya le abriré mañana.

Pero mañana es hoy, y ahora sucede
que cae la noche y sé lo que me aguarda:
mi habitación, la soledad y el frío.
¿Comprende usted por qué sonrío?
Sólo el humor me salva.

 

 

 

 

SIN VOCACIÓN DE ASCETA

A fuerza de vivir, como un mendigo
de besos, en la más casta miseria,
aprendí del amor que no lo es todo,
pero ayuda y endulza la existencia.

Ciento ochenta y tres noches de abstinencia
—sin vocación de asceta—, con sus días,
dan para cavilar sobremanera.

 

 

 

 

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO

Ahora que estamos solos,
déjame que te abra
un poco el corazón y que te diga
lo que quizá no dije con palabras.

Ahora que estamos solos
—solos en la distancia—
y la palabra amiga
me sabe a intimidad y buena charla:

ven a verme.
Serás bien recibida.

 

 

 

 

NO ES NADA, PERO DUELE

La soledad no existe.
Dicen que es sólo un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.

Me he plantado mi abrigo
mejor, frente al espejo,
y he salido a la tarde
con un corazón nuevo.

¡Tanta gente…! Imposible
que alguien pueda dudarlo.
La soledad no existe
nada más que en los tangos.

En la mesa vecina
del café, una enfermera
le cuenta a sus amigas
detalles de una juerga.

Pasan dos quinceañeras
y en sus ojos hay algo
de gatitas en celo
con la fiebre del sábado.

La soledad… ¡Mentira!
La niegan las parejas
que en los bancos del parque
se muerden y se estrechan.

La soledad no existe.
Dicen que es sólo un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.

 

 

 

 

TE RECUERDO COMO ERAS

Hoy estarás casada, serás madre y esposa,
y puede que un amante hasta te ofrezca rosas.

Pero yo sé que alguna noche habrás sonreído
recordando aquel cuarto que nos hizo más íntimos.

Al final, casi siempre, del amor sólo quedan
postales que el olvido retoca a su manera.

 

 

 

 

LA TENTACIÓN DEL RETIRO

Después de todo, ¿a quién puede importarle
mi vida? —Esta afición a contar cuentos
de dudoso interés—. Tal vez sería
preferible olvidarse de los libros
y aprender del amigo Arthur Rimbaud
el noble oficio de contrabandista.

Si puede ser de armas, aún mejor.

 

 

 

 

UN LUGAR EN LA TIERRA

Esta ciudad, donde te vas volviendo
cada día más viejo, aunque no quieras
dar a torcer tu brazo y te resistas
a dejar de ser joven
y puro, a tu manera.

Esta ciudad —sus calles, sus rincones,
sus jardines, su río, sus tabernas—
forma parte de ti, es todo eso
que algunos llaman patria:
un lugar en la tierra.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

LOS FAX DE LAS EMPRESAS COMPITEN CON LOS ARTESANOS

 

 

 

Bono, Isabel. Cahier. Tenerife; Ed. Baile del Sol, 2014.

 

EPIGRAMAS. MARCIAL. LIBRO XI.

 

XXIV

Mientras te escolto y te llevo a casa,
mientras presto mi oído a tus chácharas
y alabo todo lo que dices y haces,
¡cuántos versos, Labulo, podían nacer!
¿No te parece una desgracia, si lo que
Roma lee, busca el extranjero,
no menosprecia el caballero, retiene el senador,
alaba el picapleitos, critica el poeta
se pierda por tu causa? ¿Esto, Labulo, no es cierto?
¿Quién podría soportar que para que el número
de tus clientes sea mayor,
sea menor el número de mis libros?
En ya casi treinta días apenas he acabado
una sola página. Así sucede
cuando el poeta no quiere cenar en casa.

 

 

 

 

XXIX

Cuando con tu vieja diestra comienzas a tocar mi virilidad
xxxlanguideciente, siento que me degüellas, Filis, con tu pulgar:
pues cuando me llamas «ratón», o «luz de mis ojos»,
xxxcreo que apenas puedo recuperarme en diez horas.
No sabes de caricias: «Te daré», dime, «cien mil sestercios,
xxxte daré unas yugadas cultivadas de tierra de Setia;
acepta vinos, una casa, esclavos, vajillas cinceladas en oro, mesas».
xxxNo hacen falta dedos: frótamela así, Filis.

 

 

 

 

XXXV

Porque no voy a tu casa cuando me invitas
con trescientos desconocidos,
te sorprendes y quejas y buscas pelea.
No me gusta, Fabulo, cenar solo.

 

 

 

 

LXII

Lesbia jura que nunca la han follado gratis.
xxxEs verdad. Cuando quiere que la follen, suele pagar.

 

 

 

 

LXIII

Nos observas, Filomuso, cuando nos bañamos,
y preguntas a menudo por qué mis esclavos
imberbes están tan bien dotados.
Contestaré sencillamente a tu pregunta:
dan por el culo, Filomuso, a los curiosos.

 

 

 

 

LXXXVI

Para calmar tu garganta, a la que una tos áspera
xxxtortura constantemente, Partenopeo, el médico
ordena que te den miel y nueces y pastas dulces
xxxy todo lo que impide que los niños hagan travesuras.
Pero tú no dejas de toser en todo el día.
xxxEso no es tos, Partenopeo, es gula.

 

 

 

 

LXXXIX

¿Por qué me envías, Pola, coronas intactas?
xxxPrefiero tener rosas ajadas por ti.

 

 

 

 

XCVII

Puedo hacerlo cuatro veces en una sola noche: pero que me muera,
xxxTelesila, si en cuatro años puedo hacerlo una sola vez contigo.

 

 

 

 

C

No quiero, Flaco, tener una amante delgada,
cuyos brazos puedan rodear mis anillos,
que raspe con su nalga desnuda y pinche con su rodilla,
con una sierra en el torso y una punta de flecha en el culo.
Pero tampoco quiero una amante de mil libras de peso.
Soy hombre de carnes, no de grasas.

 

 

 

 

CII

No ha mentido quien me dijo que tú tenías
xxxhermoso el cuerpo, Lidia, pero no la cara.
Es así, si callas y te reclinas tan muda como
xxxun rostro en una estatua de cera o en un cuadro.
Pero cada vez que hablas, pierdes, Lidia, también el cuerpo
xxxy a nadie perjudica más que a ti su propia lengua.
Guárdate de que te oiga y te vea el edil:
xxxes un prodigio cada vez que una imagen comienza a hablar.

 

 

 

 

CVII

Me devuelves mi libro desenrollado hasta el final,
xxxSepticiano, como si lo hubieras leído entero.
Lo has leído todo. Lo creo, lo sé, me alegro, es cierto.
xxxAsí he leído yo, enteros, tus cinco libros.

 

 

 

Marcial, Marco Valerio. Epigramas (Trad. María Ohannesian). Barcelona; Ed. Plaza & Janés, 2001.

 

OTRO GRAN DESCUBRIMIENTO

 

 

 

Bono, Isabel. Cahier. Tenerife; Ed. Baile del Sol, 2014.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XCIX)

 

Acaban de llegar a casa los dos libros que pueden ver en la imagen: ‘Selfies de un hombre invisible’ y ‘Los infiernos de Orfeo’. En nada subiré poemas de los dos libros.

De momento, lo que toca es darle las gracias a su autor, Joaquín Piqueras, por haber tenido a bien enviarme estos dos ejemplares.

 

NUNCA SERÁ BASTANTE (POEMAS CASI DE AMOR)

 

ALAS

Una mujer camina sola y disputa al viento
su vuelo de melena invicta. Sea esta la hora
en que salgo de casa con su perfume bajo el brazo,
con restos de carmín en la memoria
y de rímel corrido por la dicha. Una mujer
camina sola y lleva prisa, lleva néctar
en derredor de su cintura y noches
de delirio incendiando la mirada, lleva tatuado
un cuerpo donde fue polisemia, torrencial. Sea
este el momento en que renuncio
al chantaje de la añoranza y decido
volver al libro que dejé en la mesilla. A las puertas
del cine una mujer espera, a nadie busca
cuando otea el largo horizonte
que le ofrecen la tarde y mi ternura.

 

 

 

 

LAS YEGUAS no comprenden el sol
en que te bañas. Cae la luz a plomo,
distante entre los juncos la brisa
te desnuda. Y en cada poro
de tu piel se detiene la tarde, a las puertas
del vientre. Cae la luz y al tiempo
resbala por tus pechos donde dibuja
el río la orilla del goce. En el rostro
del agua hay un rumor de dedos
que roza tu mirada. Dónde
van tus pupilas y por qué veredas.
En la ribera escucho su cuerpo
sin palabras. Y cae la tarde,
horizontal la noche espera.

 

 

 

 

ES LÓBREGO el pasillo, me temo
que sin fondo. Una voz que me ignora
trae, como la nieve, el alfabeto

de un tiempo prometido, esparce
por el aire un rumor de ventanas
que no comprendo. Avanzo
a tientas tras un hilo de placer
por donde viene entera

su saliva. Me temo que sin fondo. Los labios
que comienzan me saben raros, como
si fueran míos, todo perfil
la voz que tomo y es el túnel suyo.

También recuerdo cómo temblaban sus ingles,
mi sudada inquietud en el umbral
del paraíso.

 

 

 

 

UNA MUJER sin prisa me recorre
por la noche cerrada donde
el ardor nos procura. Por caminos que jamás

transitara, sus dedos como peces
son raíles que aciertan con mi pulso
anterior al desplome. Su suspiro, como
recién creado entre
las flores últimas, pregunta por la lluvia
y su salmodia, va hacia lo intrincado.

Como un niño en el bosque  —y más
adentro aún se queda.

 

 

 

 

POR UNA SERIE de malentendidos
creíamos que la felicidad era la belleza,
que era nuestra, que un vuelco al corazón
bastaba, aún con el estrago. Suponíamos,
con la simplicidad del deseo cuando
no importa sobre quién, que al amarnos
la belleza se daba, a cuerpo gentil,
por derechura. Y dice Santa Teresa:
en lo que he vivido he visto tantas mudanzas
que no sé vivir. Y en esas andamos.

 

 

 

 

CONVIVENCIA Y CONCIENCIA

La cercanía hace daño, el roce. A tu lado, de vuelta
al piso, mi maldad de ayer me carcomía, pero
todos tenemos algo que ocultar, la mayoría
mucho, seguramente demasiado. Mejor
no menearlo ahora. Mientras doblas la ropa
advierto cómo mimas las sábanas que bordaste
cuando tuvimos casa. Poner al menos
las cosas en su sitio, mostrar el daño —para qué
la culpa—, la armonía se va y de qué manera.

 

 

 

 

NO TE HE QUERIDO nunca como debiera, te acompaño
en la alegría y te deseo mucho y a veces
te acaricio, es verdad, con ternura, e incluso
te echo en falta a menudo, en cuanto estás
lejos o no te veo y necesito reunir a tu lado
mi silencio, que es nuestro silencio. Me encuentro
a gusto entre tus brazos, tus manías, tal
y como van las cosas. También estás en mí secreta
y aun así sé que no te he querido como tendría
que quererte, que no seré capaz de hacerlo.

 

 

 

Herrero, Fermín. Nunca será bastante (poemas casi de amor). Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

IXTAB La soga en el ojo (2003-2004)

 

Donde llamea el olvido

Donde decrecen las lilas y los sueños se despeñan. Donde
la xmirada xse xfractura xy xse .entrelazan .desiertos .los
corazones,

xxxxxxxxxxxxxxxxxallí me encontrarás.

Cabizbajo, anestesiado .por .la .aguja .sórdida de la duda,
recomponiendo la canción del ovillo sin luz propia.

 

 

 

 

Ojos que no atrevo a mirar fijamente, que han desgastado
el aliento.

Ojos .que .hablan .de .piedras .rotas .en .los .rostros de la
noche, que perforan océanos de luz para buscarse.

Ojos que no hallarán las respuestas de un hombre aguado.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa a. pla

Donde copula el miedo.

Donde .retoñan .los .escombros amorosamente. Donde las
calles .exhalan xorín .de .perro. Donde .la .niebla .amarilla
complace .las .frentes xy xdesenfunda xel xhocico .de .los
hombre,

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxahí me encontrarás.

Enajenado, aguardando la luz .o una sombra que reclamar.

 

 

 

 

Árbol .dislocado .el .hombre, que anteayer .rehusó su voz
de niño. Reino .derruido .de .la .infancia. Gruta de .otoños
transcritos. Labios alquitranados, .untados de tristeza. Sin
llama ni abrigo, por los ápices decadentes de la ciudad.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa m. zabala

No espero derramar más sollozos.

Conozco la finitud de .la .alegría, los .encantos .del .gueto,
la hondura del adiós.

No espero aparecer .en .ti, ni .en .nadie. A .un .palmo .del
suelo, germinará insolente la última respuesta.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa r. andrés

Después .de .la .caída —siervo predilecto de la muerte—
no .habrá .lugar xpara xdesengaños, xtiempo xpara xla
impaciencia ni fatiga.

Y madurará la manzana .en xlos .ojos .inflamados por la
vergüenza.

 

 

 

 

Te .invoco .sin .saber .de .ti, despojo de luz amarrado al
manantial del día.

Te invoco sabiendo que no espero nada de ti

esta xnoche.

 

 

 

 

Tu recuerdo, esa .larva .adherida .a .los .labios, .impide
respirar. Pesadumbre .que .sigue ahogándose, estrecha
renuncias y .arrastra .mi .juventud .hacia .el .precipicio
humano.

Felizx sinretorno.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa s. gaspar

En horas bajas, cuando .la .ausencia .inhibe .la .conciencia,
observo seres de luz en la distancia. Me propongo desvelar
su .belleza, .mas .no .alcanzo .la .certeza .de .sus .cuerpos
celestes.

Observo la estrella fugaz que nace, parpadea .y .fenece en
la oscura razón de ser.

 

 

 

 

No .reflejo .la .sorpresa .como .ayer, .pues .siento .en
desmemoria.

Todo ha cambiado, excepto el vino que desalma.

 

 

 

 

Este palpitar sísifo y errante que discurre por túneles
vidriosos

xxxxxxxxxxxx—desperdicio xtranslúcido—

no alcanza tu cintura.

De rodillas, venera tu hostigada y vacilante maleza.

 

 

 

 

Decidme, ¿qué debo hacer .con .este .resentimiento .del
sentimiento trágico de la vida?

¿Morder los puños .hasta .desangrarlos .sin .mirar .atrás,
aceptar la soga como única ofrenda al pie de la horca?

 

 

 

 

Bajo tu vientre reencuentro la matriz.

Siembro xllanuras.

Humedezco las soledades del Verbo.

 

 

 

de la Vega, Joan. Ladino. Gijón; Trea ediciones, 2006.

 

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NOSOTROS, ISLA

Como se puede leer en la web de Enclave de libros, “el más perdurable de los clasicismos estéticos se basa en reconocer en la naturaleza las raíces de nuestros pensamientos y creaciones. Lo sabe bien la poeta zaragozana Marta Fuembuena Loscertales, quien, en su último libro, explora el sentido atemporal de la colectividad, del nosotros, en un mundo actual en el que la individualidad, la isla, parece ser la única representación posible y la medida egoísta de todo; y lo hace con un lenguaje depurado, carente de accesorios inútiles, también renovando o creando unas normas gramaticales propias. Al fin, la poesía de Fuembuena es conciencia del mundo y, por tanto, del lenguaje.”

 

 

Y aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

CONTAMINACIÓN A PARTIR DEL SUELO

Salen los límites de las personas a zanjar este desierto
en las migajas de unas calles encerradas en sí mismas

Oíd el chasquido de sus huesos frente a la acera
Oíd la quietud con la que se incineran en los parques
en la baldosa-tumba
en la mirada ajena
en el blanco que les impide avanzar

 

 

 

 

ESPERA EN SIMULACRO

Aquellos que sacaban los buitres a paseo
esos
están escaseando
Nos sorprende más la manera en que se descuelga una araña
que nuestras propias caídas

La liberación está cerca y no lo saben

A las puertas de uno mismo no se espera
se muere

Si pudiéramos encontrar la sombra de la que carecemos
no sucumbiríamos airosos
venceríamos demacrados

 

 

 

 

NO ESPERAR, ESPERARSE, NO

Pensar en lo que piensa otra persona
es un acto de cobardía
no de imaginación

La imaginación ha de ser original abstracta desconsiderada

Pesada y obsesiva
para que permanezca

 

 

 

 

MARE NOSTRUM

Tírate al mar
arrójate tu propia agua salada
un antídoto
la inexperiencia

Por si asomaras la cabeza
y hubiera un hombre dentro

 

 

 

 

EXPENDEDURÍA POÉTICA

El amor
sólo el amor puede salvar el mundo
repites una y otra vez
mientras un susurro de nada podría devolverte a la vida

 

 

 

 

DENTRO DE LA EXTRAÑA PRESENCIA

Esperar en la mañana
la máquina cortavientos
las encías inflamadas
y la consecuente sangre en el lavabo

Abrir grande la cueva bucal
blanco impoluto
blanco de nadie

Presumir del recuento en los desastres
de la sonrisa fallida
y de los dinosaurios que se han ido colocando en cualquier carretera

Abrir la boca de nuevo
no para gozar
sino para callarse

 

 

 

 

NADA ES DE TODOS

Insiste
ha de saberlo
Se derramará o se volatizará
Tú insiste
tiene que saberlo
verlo
reconocerlo

(Y lo dice)

Insiste
ha de saberlo

Confiésale que es posible entretenerse entre las ruinas

 

 

 

Fuembuena Loscertales, Marta. Nosotros, isla. Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

EPIGRAMAS. MARCIAL. LIBRO X.

 

XV

Dices que no eres menos que ninguno de mis amigos.
xxxPero, para que esto sea cierto, ¿qué haces, Crispo, pregunto?
Cuando te pedí prestados cinco mil sestercios, me los negaste,
xxxaunque tu pesada arca no bastaba para tus monedas.

 

 

 

 

XLIII

Ya a tu séptima esposa, Fíleros, has enterrado en el campo.
xxxA nadie le rinde el campo, Fíleros, más que a ti.

 

 

 

 

XLVI

Quieres, Matón, decir todas las cosas bien. Dilas de vez en cuando
xxxbien; dilas ni bien ni mal; dilas de vez en cuando mal.

 

 

 

 

LV

Cada vez que Marula sopesa con sus dedos
un pene erecto y lo mide un buen rato,
indica sus libras, onzas y gramos;
cuando después del trabajo y sus ejercicios,
yace aquél como una correa floja,
indica Marula cuánto más ligero es.
No es ésta, pues, una mano, sino una balanza.

 

 

 

 

LXV

Cuando de ser ciudadano de Corinto
te jactas, Carmenión, sin que nadie lo niegue,
¿por qué me llamas hermano, a mí, nacido
de íberos y celtas y ciudadano del Tajo?
¿Acaso nuestros rostros se parecen?
Tú te paseas radiante con los cabellos rizados,
yo, contumaz con mis cabellos hispanos;
tú, terso con la depilación cotidiana,
yo, con mis piernas y mejillas hirsutas;
tu boca es balbuciente y débil es tu lengua,
mi hija hablará con más fuerza:
no es tan diferente la paloma del águila
ni la gacela fugitiva del fiero león.
Por tanto, deja de llamarme hermano,
para que yo, Carmenión, no te llame hermana.

 

 

 

 

LXXXIII

Recoges tus pocos pelos de aquí y de allí,
Marino, y el ancho campo de tu brillante calva
cubres con los cabellos de las sienes;
pero movidos por el viento retroceden
y vuelven a su sitio y tu cabeza desnuda
rodean por aquí y por allí con grandes mechones;
entre Espendóforo y Telésforo
pensarías que está Hérmeros de Cidas.
¿Quieres reconocerte viejo con más franqueza
para parecer por fin una sola persona?
Nada hay más ridículo que un calvo melenudo.

 

 

 

Marcial, Marco Valerio. Epigramas (Trad. María Ohannesian). Barcelona; Ed. Plaza & Janés, 2001.

 

ESTA NOCHE, JUAN PABLO ZAPATER EN MURCIA

 

Si les apetece, allí nos vemos.

 

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LA PERIFERIA DEL GESTO

 

ademán

Está en la periferia del gesto,
(en las calles desiertas que transito
a las seis de la madrugada, ahora
abarrotadas de clientes que arrastran
trozos de su alma en bolsas de plástico
con colores brillantes)
y se expresa en mi mano aferrando
con firmeza la correa de mi mochila.

Está en la periferia del gesto
(abrir la persiana del día,
ver en el parque a dos mujeres
haciendo algo así como gimnasia,
saludarlas, cuando atienden
sorprendidas por el ruido, ver,
divertido, como ellas saludan también)
y se concreta en mi mano libre
posándose suave en la piel de su cintura.
Está en la periferia del gesto
(vuelvo en un tren atestado,
como tantas veces, y J.J. Cale
canta Cocaine dentro del túnel
y dentro de mis oídos, con su voz
cansada de todas las tablas
que yo nunca voy a pisar)
y se materializa con mi mano izquierda
crispándose en acordes perfectos
en el reflejo de la ventanilla del vagón.

Está en la periferia del gesto
(pasé mucho tiempo
sin saber reconocerme en nadie,
ni siquiera en el extraño
que me mira desconcertado
desde el espejo. Ahora
no sabría reconocerme sin ella)
y se condensa en tics aprendidos
encima y debajo de una sábana.

 

 

 

 

así

Es un poco así:

ella alza el rostro y te das cuenta
de que se acabaron las estrellas
en el paseo de la fama
de las madrugadas.

Se anuda el pelo detrás de la cabeza
y te apetece masticar tu propia alma
hasta que se ablande y tapar con eso
todos los agujeros de bala.

Pasa la página de un libro
y te obliga a seguir el rastro
que deja impreso en la nieve
con sus botas de piel de amanecer.

Anuda sus brazos entorno a mi cuello
y se quedan los platos sin fregar,
las calles vacías, los coches
en doble fila. Y los pasaportes
en los cajones.

Es tanto así.

 

 

 

 

varado

Llega un hombre y se apoya,
varado contra la esquina. Sube
la solapa de su abrigo,
enciende un cigarrillo.

Un veterano de abordajes
y detonaciones. Ya duelen
los huesos, ya siguen las cicatrices
con su escozor sempiterno,
ya entonan los pulmones
la balada del chirrido.

Una vía de agua se le abre
en un lagrimal. Se obliga
a pensar que lo causa el humo
que asciende rozando su iris vencido.

Se enjuga la sal con el dorso
de una mano de nueces y raíces,
sabiendo que llora
por aquel gesto de sus brazos
remando contra su cintura.

Ni siquiera hace frío.

 

 

 

 

la espera

Nos mata el gesto de indolencia
de los amados. Y la velocidad
de las balas.

Nos mata la caída —el último tramo—.
Y las expectativas afiladas como cuchillas.

Nos mata la espera, el silencio,
la falta de aire o de agua. O su exceso.

Nos mata el viento moviendo las copas
de los árboles. Y el tintineo
de las copas vacías formando en la barra.

Y los ceniceros llenos.

Nos matan las manos vacías de cuerpos,
las bocas llenas de necedades,
las agujetas en los músculos de la sonrisa.

Nos mata el mar, nos mata el medio metro
de tierra, nos mata la distancia
y el alma podrida de la muchedumbre.

El rincón nos mata y su reverso
afilado convertido en esquina. Las heridas
que nunca llegan a cicatrices nos matan.

Nos mata la indiferencia
y con ella matamos a otros.

 

 

 

 

Roma

Lleva puestos unos botines negros
—no son los que yo le regalé—
y camina un metro delante de mí,
hablando por su teléfono móvil.

Se ha quejado toda la mañana
de un persistente dolor de cabeza.

Creo que son el par que compró en Roma.

Gesticula con su interlocutor
y me tiende la mano. Intento
acompasar mi zancada
a la síncopa de sus tacones.

Al llegar a un semáforo
me ofrece sus labios
y seguimos caminando calle abajo
como si ni siquiera fuese invierno.

 

 

 

 

cargador

La mayoría nunca supo
del sabor de la pólvora en el paladar,
ni siquiera
de la sangre en la comisura de los labios.
Casi todo es píxel, alta definición
y sonido envolvente.
Ni romper el cristal de un puñetazo
para coger el martillo que hay dentro.
Por eso los tibios. Por eso
son casi siempre más que los malos.
Y peores. Y más obedientes. Y luego nosotros,
los que no sabemos lo que somos
pero nos creemos buenos. Buenos
en eso de mirar para otro lado.
Hace frío, pienso en ti
y me cruzo con tantas personas
que es imposible que todas lleguen a mañana.
Casi seguro que yo entro, también,
en el cálculo de probabilidades
de cada uno de ellos.
Pero espero llegarte a pasado mañana
aunque sea con el labio roto,
aunque sea con el cargador vacío.

 

 

 

 

camino de regreso

xxxxx1

Tocarte y disipar
la niebla y el humo
y la penumbra.
Acontecer la luz.

 

 

xxxxx2

Tocarte y cerrarse
la grieta del abismo
y del sueño.
Olvidar el vértigo.

 

 

xxxxx3

Tocarte o no tocarte
pero saberte
al alcance de la mano.
Firmar la paz con el desasosiego.

 

 

xxxxx4

Tocarte y enterrar
mis manos en tu carne.
Saberme capaz
de lluvia y temblor.

 

 

xxxxx5

Tocarte y derrumbar
los muros del laberinto.
Orientar en ese norte
el camino de regreso.

 

 

xxxxx6

Tocarte y conjurar
la caligrafía del agua en la ventana
como lengua materna.

 

 

xxxxx7

Tocarte y salivar.
Tocarte y morder.
Tocarte y no querer
dejar de tocarte.

 

 

xxxxx8

Tocarte y sembrar,
sabiendo que el tacto sabe,
la simiente de otro roce,
la semilla de otra caricia.

 

 

 

Yeste, David. La periferia del gesto. Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

 

 

P. D. Aquí pueden leerla reseña que Ariadna G. García publicó en su blog sobre ‘La periferia del gesto’.

 

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