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QUIÉN NO NECESITA ALGO EN QUE APOYARSE

 

INSOMNIO

xxMe revolví en la cama y le di al botón de Sleep de la radio. Dormir, eso era lo que yo no conseguía hacer. El presentador hablaba de Berlioz. Que había nacido a principios del siglo XIX. Que se había enamorado de la primera actriz durante la representación de una obra de Shakespeare en inglés, idioma del que no entendía una palabra. Que se habían casado. Flechazo fulgurante, al parecer. Que había compuesto la obra que íbamos a tener el placer de escuchar, Romeo y Julieta, como una especie de homenaje a Paganini.
xxLa de cosas que aprende uno.
xxMe di la vuelta.
xxDio comienzo la función. Por un momento, creí adormilarme. De repente, un barbudo me perseguía blandiendo unas enormes tijeras de podar árboles en medio de una pesadilla de opio. Creí que era Berlioz hasta que me di cuenta de que el barbudo era Verdi, sombrero de copa y bufanda incluidos. Lo sé porque tengo un disco suyo con un retrato en la portada. y además, he visto la serie de televisión.
xxLuego me incorporé de un sobresalto. Verdi siguió corriendo por la pared en sombras de la habitación. La bufanda coleteaba como una estela tras él. Manoteé en la mesilla, localicé el tabaco, el mechero, encendí un cigarrillo en la oscuridad. La llama del mechero me iluminó la punta de la nariz, que me asomaba por el ojo derecho como un pegote que no me perteneciera.
xxMe acodé en la cama.
xxInhalé, exhalé.
xxContemplé cómo la tenue columna de humo se aplastaba contra los pliegues de la colcha, desapareciendo para volver a aparecer. Como esa broma, la de soplarle el humo de un cigarrillo a alguien por el pelo, desde atrás. Siguen andando sin enterarse, y parece que les arda la cabellera.
xxA mí lo que me ardía era el estómago. Demasiado café. Demasiados cigarrillos. Aplasté el que había encendido en el cenicero y me levanté de la cama. Busqué a tientas las zapatillas por el suelo alfombrado de la habitación, me puse la bata y bajé por el pasillo, palpando como un ciego la pared.
xxEl tubo fluorescente parpadeó con un crujido sucio y llenó de luz grasienta la cocina.
xxEntreabrí los ojos, los cerré.
xxEncendí mi otra radio. Tengo dos. Romeo y Julieta seguían dando voces.
xxNada interesante, así que por qué no tomar otro café.
xxY eso fue lo que hice.
xxMe senté a la mesa de la cocina, sorbí un trago de café y abrí el libro que estaba leyendo.
xxSuelo dejar los libros que estoy leyendo en la mesa de la cocina, porque me gusta leer un poco después de cenar.
xxAunque ya sé que la mayoría de la gente los deja en la mesita de noche.
xxYo no. Yo los dejo en la mesa de la cocina.
xxEl protagonista de la novela, porque se trataba de una novela, era un detective borracho que vivía en un hotel y leía tratados de hagiografía.
xxLa hagiografía es la historia de las vidas de los santos.
xxEl detective tenía que averiguar los motivos por los cuales la hija de un tío rico había aparecido cosida a navajazos en la bañera de su apartamento. El supuesto asesino había sido arrestado bailando en plena calle, empapado de sangre, con una navaja de afeitar en una mano. También llena de sangre, evidentemente. Como una especie de hare krisna de ésos, completamente salido de madre, bailando en plena calle. Y la navaja llena de sangre en una mano.
xxPero el tío luego va y se cuelga en el calabozo de la comisaría. Cómo lo hizo no está muy claro, porque la verdad es que yo he estado en comisaría más de una vez y más de dos, y te lo quitan todo de encima. Te quitan los cordones de los zapatos.
xxEso, lo primero.
xxPero bueno, el tío se colgó. Y la otra, cosida a puñaladas en la bañera. En pelota picada, por cierto.
xxPero la cosa no estaba clara. La cosa distaba mucho de estar clara.
xxEl caso es que el detective habla con el tío rico y lo somete a un interrogatorio inexorable y le dice que bien, que bueno, que está dispuesto a seguir adelante con el caso, pero que a lo mejor le va a resultar desagradable. No al detective, sino al tío rico.
xxEl tío rico le pregunta que por qué y el detective le mira fijamente a los ojos, enciende un cigarrillo, y le dice con una voz que me imagino que suena parecida a la de Humphrey Bogart que porque a lo mejor descubre cosas que es preferible dejar sin remover. Eso de cosas que es preferible dejar sin remover me pareció particularmente bueno.
xxEl tío rico le dice al detective que cuánto le va a cobrar, y el otro le dice que no cobra, que se limita a hacer favores a la gente a cambio de dinero. Un tipo duro, el tío. También le dice que podría empezar con tres de los grandes, para ir tirando y para gastos, y que más adelante ya la diría cuánto le iba a costar exactamente el favor. Cuando acabara de hacérselo, si es que decidía seguir adelante. Así que el tío rico le da un talón de tres mil y el detective le da la mano y se va.
xxSe va a uno de sus bares favoritos, y le pide a la camarera un café solo con bourbon y se sienta con ella en uno de los reservados y charlan un rato. La camarera es una de esas camareras típicas de mediana edad que salen en las películas, que llevan no sé cuántas separaciones y fracasos sentimentales a cuestas y que están de vuelta de todo. Suelen haber tenido hace años una aventura con el protagonista, y lo quieren mucho, aunque ahora se limitan a ser buenos amigos, y suelen sufrir mucho por el protagonista porque el protagonista suele estar pasándolo muy mal, y le aconsejan y se preocupan por él, y le preparan emparedados y café caliente cuando está borracho o deprimido o echando lágrimas en la cerveza. Bueno, pues la camarera esta del libro que estaba leyendo era como ésas de las películas que os digo, y charla un rato con el detective y acaba diciéndole que tiene que dejar de beber tanto bourbon, buscarse una buena mujer y empezar a cuidarse un poco.
xxY el detective le dice que las mujeres son lo que le ha arruinado en esta vida y que tiene que beber para olvidar que tiene un problema con el alcohol.
xxUn tipo duro, el menda.
xxY ya no sé qué más pasó porque en ese momento empecé a cansarme del libro, y había terminado el café, y a pesar del café, cosa curios, sentía un poco de sueño, así que cerré el libro, apagué la luz de la cocina y me volví a la habitación.
xxMe metí en la cama y las sábanas estaban un poco frías y eso me fastidió.
xxPero bueno. Me dormí en seguida, y creo que soñé que el de las tijeras de podar, el Verdi, se estaba peleando con Berlioz en un bar de Nueva York (nunca he estado en Nueva York, pero ya sabéis cómo son los sueños; simplemente sabía que estaba en Nueva York) y que la camarera intentaba separarlos. Yo estaba en un rincón de la barra con un vaso de bourbon en la mano, y quería escaparme del bar pero cuando intentaba levantarme las piernas me fallaban y no podía. Era como si estuviera pegado al taburete o algo así. Luego entra un tipo gordo con gafas y una corbata a cuadros y aparta a la camarera y empieza a ofrecerles al Verdi y al Berlioz un talón de tres mil dólares, y no sé muy bien qué pasó, si dejaron de pelearse o si Verdi al final le clava las tijeras al otro, o si empiezan a discutir por el dinero o qué narices pasó.
xxLo que sí sé es que debieron de dejarme a mí tranquilo y que seguramente acabé pudiendo escapar del bar, porque esta mañana me he despertado a las once y media y me sentía realmente descansado.
xxFresco como una lechuga, sí señor.

 

 

 

Wolfe, Roger. Quién no necesita algo en que apoyarse. Alicante; Ed. Aguaclara, 1993.

 

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