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POEMAS DE ‘GASOLINA’, DE GREGORY CORSO, TRADUCIDOS POR ROGER WOLFE

 

EN LA FUGAZ MANO DEL TIEMPO

En la escalinata del resplandeciente manicomio
oigo la campana cuyo son hirsuto reverbera por el bosque
y toca a muerto por mi mundo
Y trepando comparezco en una reunión de fogosos caballeros
que sin verme despliegan estrategias dibujadas en pieles de cordero
y con dedos protegidos por sus mallas datan mi llegada
tiempo atrás atrás atrás cuando en los negros escalones de la lírica Roma de Nerón viene a pararme
cargando entre mis brazos al filósofo de las endechas
y el postrero toque de diana de la loca historia
Ahora mi presencia es conocida
mi llegada la marcan iluminadas manchas
Abiertos los grandes ventanales del Paraíso
Convertidas en radiante polvo las cortinas del Pretérito
Entran volando estas bandadas de pájaros multicolores
La luz la luz alada oh maravilla de la luz
El tiempo me toma de la mano
nacido el 26 de marzo de 1930 me arrebata a más de cien por hora
para sobrevolar conmigo el vasto mercado de la elección
¿y qué elegir? ¿qué elegir?
Oh – – – y abandono mi cuarto anaranjado de los mitos
sin haber podido guardar mis juguetes de Zeus bajo llave
Elijo el cuarto de la calle Bleecker
Una madre aún bebé me embute en la boca un pálido pecho milanés
Mamo y me revuelvo y gimiendo exclamo oh madre del Olimpo
extraño es para mí este pecho
Nieves
Décadas de asfalto helado caballos condenados
Endebles sueños .Oscuros corredores del colegio público 42 .Tejados .Palomas con buches como cuellos de rata
Arrebatado a más de cien por hora volando por encima
de estas más que verosímiles calles de la Mafia
impío me desprendo de mis alas hermesianas
Oh Tiempo ten piedad de mí
arrójame debajo de esa humanidad de coches
entrégame como alimento a gigantescos rascacielos grises
ofrece a tus puentes mi exhausto corazón
pues desecho aquí mi lira de órfica inutilidad

Y en castigo por mi acto de traición he de subir ahora estos peldaños locos y radiantes
y penetrar en esta sala de luz paradisíaca
y efímera
El Tiempo
largo largo perro que de su propia cola la órbita persigue
se acerca y me agarra de la mano
y me conduce a una vida sometida a condiciones

 

 

 

 

EN LAS PAREDES
DE UN SOMBRÍO CUARTO DE ALQUILER

Cuelgo viejas fotos de mis novias de la infancia,
y me siento aquí, desconsolado, un codo en la mesa,
la barbilla en una mano, contemplando
xxxxxxxlos altivos ojos de Helen,
xxxxxxxla débil boca de Jane,
xxxxxxxel dorado pelo de Susan.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO GÁNGSTER

Esperando junto a la ventana,
mis pies envueltos en cadáveres
de traficantes de licores en Chicago,
soy el último gángster, por fin seguro,
esperando aquí, junto a esta ventana blindada.

Miro a la calle y reconozco
a los dos matones de St. Louis.
Los he visto ir envejeciendo
con pistolas que se oxidan
en sus manos devoradas por la artritis.

 

 

 

 

ECHO DE MENOS
A MIS QUERIDOS GATOS

Mis manos del color de la acuarela ahora están sin gatos
y estoy aquí sentado a oscuras solo
mi cabeza en forma de ventana se inclina bajo el peso
de tristes colgaduras
Estoy sin gatos casi ya muy cerca de la muerte
a mis espaldas cuelga del tabique el que quedaba
muerto por mi mano entumecida por alcoholes
Y en todas las demás paredes desde el ático al subsuelo
cuelga esta triste vida mía de los gatos

 

 

 

 

ANOCHE ME DI UNA VUELTA CON UN COCHE

Anoche me di una vuelta con un coche
—aunque no sé conducir
ni soy propietario de automóvil—
y estuve circulando por ahí, y atropellando
xxxxxxxxa gente a la que quiero.
xxxxxxxxPor un sitio pasé a 180.

 

En Hedgeville me detuve
xxxxxxxxy me eché a dormir en el asiento
xxxxxxxxde atrás…, entusiasmado
xxxxxxxxcon mi flamante nueva vida.

 

 

 

 

LLEGASTE LA ÚLTIMA TEMPORADA

Llegaste y amasaste dulces de a penique con los dedos
Yo te robé y te deglutí
y mis pies aplastaron tu envoltorio en mil y pico calles
Me echaste los dientes a perder
Me sacaste granos en la cara
Nunca fuiste cosa saludable
Nunca fuiste lo que se dice vitamina
Me ensuciaste las manos
y como eras más pegajosa que el engrudo
no había manera de limpiarse…
Me manchaste bien manchado, desde luego.

 

 

 

 

SUICIDIO EN GREENWICH VILLAGE

Brazos extendidos,
manos asidas del alféizar,
una mujer mira al vacío
y —pensando en Bartok y en Van Gogh
y las tiras cómicas del New Yorker
pega el salto.

Se la llevan con un ejemplar del Daily News
tapándole la cara,
y un tendero echa agua caliente por la acera.

 

 

 

 

ESTABA CORTADO, AQUEL CABALLO

En un cuarto una cuchara en una llama
calentaba su deseo más oculto.

Cuando la mezcla estaba bien cocida echó de prisa
mano al cinturón, antes de que el jaco se perdiera.

El cinturón se lo enrolló en el brazo,
y limpió la aguja, para quitar la porquería.

Luego tiró del cinturón, buscándose una vena.
Siguió tirando hasta sentir que le dolía.

Con mano quieta esperó a que saliera el bulto,
y con él llegara el sueño que tanto deseaba.

Y asomó el bultito, y le enchufó el gozo de la aguja.
Pero estaba cortado, aquel caballo, y no hubo fiesta.

Se desplomó en el suelo sin que se oyera nada,
y la cabeza le giraba como si fuera un carrusel.

Y se rascó de arriba abajo, entre temblores, y se tiró del pelo,
y vomitó suspiros; otra cosa no llevaba dentro.

Se revolvió gimiendo en medio de la noche.
Pobre alma más colgada no pudo haberla nunca.

 

 

 

 

EL NÚMERO DOCE DE ASH STREET PLACE

Esa casa es un fantasma de lo que un día fue hermoso;

como a un pájaro haciendo un solitario

un aura de pena limpia la rodea.

x
Hay un viejo sentado siempre al lado de una vela.

Le veo mover las manos, de las que un goteo

de colores le chorrea; colores aplastados

como flores prensadas que de un libro cayeran.

x
Pasé junto a su ventana un día;

lo vi algo más de cerca…

¡Tenía como mínimo cien años!

Le pregunté si llovería,

y me dijo «No», dejando que un goterón de púrpura

cayera en una de mis manos.

x
Al marcharme le dije que no me parecía

que se hubiera comportado bien conmigo…;

porque aquel color ardía.

 

 

 

 

TÚ, DE CUYA MADRE EL AMANTE ERA HIERBA

Tú, de cuya madre el amante era hierba en la más verde estación,
nacerás, hijo bastardo, entre sus cálidas y verdes manos,
y serás quien le evite ser efímero,
y aunque no tenga tiempo de enseñarte el sol y la lluvia y el viento,
te mecerá y te volverá a mecer en sus cálidas y verdes manos
hasta que la estación, celosa, lo asesine.
¡El invierno siempre llega!
No tendrás años para hollar la nieve que lo entierra;
tu madre te llevará en la cabeza
y te alzará al viento
y el viento te ululará en los oídos,
en un lugar donde la hierba nunca crece.
Las más lentas nubes serán la guía de tu madre.
Y ella las seguirá, conducidas por la niebla, hasta dar con el asfalto,
y allí, al final del viaje,
serás un huérfano en el asfalto de la urbe…,
donde la hierba nunca crece, ni se demoran las nubes.
Y tu madre…; tu madre volverá a otra estación,
a otro amante de hierba, que tampoco durará.
El invierno persigue a tu madre, y la quiere sólo para él;
y sus celos nos convierten a todos en bastardos.

 

 

 

 

IGLESIA DE SAN LUCAS: MISA POR DYLAN THOMAS

El tabernero del White House
se reclinaba nervioso contra la vidriera,
moviendo los pies, y Cummings pasó penando.

Dos turistas se susurraban al oído.
Y entró entonces una mujer de Swansea…

Dos lugareños del Village —pueblo de neón—
la sujetaron por debajo de los brazos
y la ayudaron a sentarse en la primera fila.
La mujer alzó el rostro, esforzándose por ver…;
pero los restos mortales ya no estaban.

La misa terminó entre ilimitables bisbiseos.

El primero en marcharse fue un príncipe de Ceilán.
Se paró un momento junto a la verja de la iglesia
y allí se congregó a charlas algún grupillo.

Al otro lado de la calle los chiquillos del colegio
jugaban al balón.
La pelota rodó hasta los pies del tabernero,
que le dio un vigoroso puntapié
y regresó con lento paso a su taberna.

 

 

 

 

CAMBRIDGE: PRIMERAS IMPRESIONES

xxxxx1

No es fácil caminar
xxxxxxxxpor estas callejuelas de Cambridge.
Las mejores moquetas son a veces
las que hacen que te cueste andar.

Pero enmascarado me cuelo sin ser visto en el desfile
y avanzo con más facilidad.
¡Qué hermoso es caminar tras un heraldo!

Mis tretas, sin embargo, vuelven torpe mi marcha.
Perdido el paso, quedo en evidencia.
Los centinelas, de pies como ceniza,
xxxxxxxxmontan guardia demasiado adusta
xxxxxxxxen todas las esquinas del lugar.
Sus toques de trompeta alteran
los ritmos que intento escuchar mientras camino.

 

 

xxxxx2

Pero Cambridge no es todo boato y majestad;
al margen del desfile, observo cómo
xxxxxxxxla rítmica embajada
xxxxxxxx—calle Brattle y todos sus aditamentos—
interrumpe sus sones envarados,
abandona su marcha real,
enrolla todas las alfombras
y se retira.

Estoy en casa, pero estas calles son extrañas.
Mientras camino
sorprendo a Cambridge en raro jubileo:
xxxxxxxxVivaldi, Getz, Bach y Dizzy,
xxxxxxxxen melodía en conjunto contenida,
xxxxxxxxemergen como volutas de humo ensortijado
xxxxxxxxde los portales y los sótanos,
saltando entre castaños por Longfellow,
bajando a la carrera por Hawthorne,
retorciéndose de un extremo a otro de Lowell
y volando como locos sobre Dana.

 

 

xxxxx3

Llega la mañana, y es terrible caminar.
Una vez más, los centinelas montan guardia;
xxxxxxxxsus trompetas, como un flautista de Hamelín,
xxxxxxxxlimpian las calles de jubilosas ratas nocturnas,
y en seguida se extiende de nuevo la moqueta.

 

 

xxxxx4

Mentía, ese bellaco que me hablaba
de las supuestas visiones de Melville
cuando pululaba al alba por la calle Brattle,
alejado de moquetas y desfiles.
Yo llevo días paseándome por esta calle
xxxxxxxxy nunca he visto, entre lo oscuro,
xxxxxxxxni un rayo de luz.

Me dijo: «Recórrete esa loca vía revolucionaria, la vieja
xxxxxxxxcalle Brattle,
y vas a ver las más grandes visiones nunca vistas,
¡como el Melville viendo la visión de Moby Dick en Brattle!
¡Viendo la visión en plena calle!».

 

 

xxxxx5

Cansado de mis deambuleos
y de no ver nunca nada,
me asomo ahora a la ventana
xxxxxxxxxxxxde alguien lo bastante amable
xxxxxxxxxxxxcomo para dejarme mirar.

La verdad es que Cambridge, vista desde aquí,
no está nada mal.
Y está muy bien saber
xxxxxxxxxxxxque desde esta ventana puedo regresar
xxxxxxxxxxxxen busca de libros, latas de cerveza
y amores del pasado.
Y a todos ellos exprimirles sueños suficientes
xxxxxxxxxxxxcomo para marcharme a hurtadillas
por la puerta de atrás.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

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