Inicio > Poesía > EL VIOLÍN MOJADO

EL VIOLÍN MOJADO

Se lee en el prólogo de este libro, prólogo escrito por Rocío Fernández Berrocal, que ‘El violín mojado’ es una aventura de amor que aparece en la obra como un abismo, un designio y un destello, y que a partir de esta historia de amor encontramos una intensa reflexión sobre la existencia en una poesía cercana y directa de razón y emoción que bebe del recuerdo y la meditación para situar su presente.

 

 

Y aquí dejo una muestra de los poemas de este libro que fue concebido como una unidad.

 

 

Ocurre a veces que al llegar a tu casa
siento algo interior que me remueve,
que se consume e ilumina con la muerte,
como el cuerpo y su forma desdibujada,
como lo infinito que va dentro de mí
pero que fuera es limitado,
pues todo es apariencia.
No te engañes con llantos absurdos,
con voluntades divididas y huellas,
porque vivir es temblar al sentir
que voy llegando a tu casa,
que me esperas asomada al balcón
reflejando el cabello con la primera luz,
con el primer acierto,
con el primer suspiro,
con el primer cansancio
por estas infinitas escaleras
que me acercan a casa.
Y siempre es igual,
no ocurre a veces, pero llego a tu casa.

 

 

 

 

Y aquí ya es otra cosa,
de tanto recordarte he olvidado la esencia,
el pináculo azul
que tienes en tu cuarto
y al que miras constante para fijar el rostro,
para enfrentarte solo a la palabra azul.
Y siempre que lo observo
tan detenidamente como te observo a ti,
ocurre que la imaginación vaga elevada
con una risa loca que sale de tus labios.
Y he dicho ya que aquí me encuentro solo,
condenado a sentir la poca gente,
aunque te tenga a ti,
condenado a ser espacio y tiempo
en una misma causa;
y también duele
tener que olvidarte de tanto pensar
que miras la palabra azul.

 

 

 

 

EL PAÍS

Al tomar El País entre las manos
he leído que el sol acariciará esta tarde
la vertiente oeste de tu casa,
la zona cercana a la azotea,
el balcón irlandés al que te asomas.
Y es cierto, tan sólo leo el diario
para buscar el sol,
para saber si hoy vendrá el otoño
por tus largos pasillos.
No me importan los censos, las estadísticas,
las batallas sangrientas en el Oriente Medio,
los satélites rusos, las visitas reales,
no me importa el pasado
porque en el ayer ya estamos,
cuando miro hacia el sol y compruebo
que dirige su marcha a la vertiente oeste
de tu casa.

 

 

 

 

Este fin de semana he estado en Ayamonte,
he oído voces que embadurnaron el cansancio,
he visto ponerse el sol en la playa,
he llenado de amor mi solitaria vida
y me he reído un poco de mí mismo.
Allá ibas tú, descolorida, frágil,
distante y feliz,
como una desgracia en su inmortalidad,
como más que una ráfaga de oxígeno
que alimentara a cuantos en ti quieren ver
ruinas, pasados, vacíos.
Allá ibas tú, escuchando mis labios,
reclinando la noche en tu cabeza
y cerrando los ojos a las horas.
Ahora, mientras me torturo sin quejarme,
quiero volver a pisar los lugares que amé contigo,
las traiciones perdidas que socorrí contigo,
el fervor y la honra que celebro
cada vez que vuelvo a Ayamonte
en un fin de semana como el tuyo.

 

 

 

 

Si el día de ayer pudiera repetirlo
tan amargamente como lo viví ayer,
entre antiguas casas blancas decoradas de limpio,
donde olías a lenguaje,
y tú respiración se iba cerrando
como se cierra el origen del mundo,
como se cierra la ventana para evitar venganzas,
llantos de amor espantosos,
hermosuras y vejeces.
Tus huellas en la playa se han desdibujado,
tu sombra ya no vaga por las calles,
tus manos ya no consienten que las toque,
y tú, ayer, aspirabas a limpio
al pasar por las puertas.
El día de ayer quedó como una mancha,
y hoy me dices que la historia es falsa,
que todo es mentira y es febril.
El día de ayer ha sido irreparable,
amargo.

 

 

 

 

Y ahora, que han pasado los años,
aquella sinfonía no es más que una mañana,
de abril o de septiembre, no importa,
pues lo que recuerdo es la mañana.
Y no recuerdo más,
porque el recuerdo duele,
y he aprendido a jugar con el recuerdo
como también he aprendido a querer en silencio,
a cantar al silencio,
a gastar los meses.
Contigo no importa que nos falten los días,
porque siempre he buscado lo imposible,
el misterio, lo más hondo del corazón del hombre.
Contigo no es necesario que hablemos de nosotros,
ni que nos pongan un preludio de luna,
ni siquiera merecemos un poco de cariño.

Quedará en el pecho grabado como a malva
aquella sinfonía de castillos calientes,
y así, junto a los meses,
permanece tu olor que baja de las crestas.

 

 

 

 

GERUNDIOS

Los veranos solía encerrarme siempre
desnudamente, esperando que algún rayo,
inoportuno, claro está,
abriera el sol, el día, tu cuerpo;
y así poder sudar mirando el fondo,
corriendo en los naranjos
o golpeando los olivos
para dejar caer sus frutos en el suelo.
¡Qué tranquila era la vida entonces!
Fuiste una tarde a verme
y te sorprendí mirando el paisaje:
los encinares, las floridas historias
de haber vivido a fuerza de segundos,
seguro que soñando con una tierra pura,
mucho mejor que ésta que pisamos.
Recuerdo tantas cosas de aquellos días,
era verano,
yo era desnudamente.

 

 

 

 

AYÚDAME A MORIR UN POCO SOLAMENTE

Y ahora,
que he perdido a dios
y a la mujer que más quiero,
y he arrojado mis huesos ante la vía de un tren
equivocado,
y he bebido mis noches en la acera,
y los días, mis días
han secado los llantos de las palomas hembras;
ahora,
…qué me decís del hombre
sino el pulso vital de su cansancio,
sin otra cosa que imaginar y recordar,
…qué me decís del hombre…

 

 

 

 

Te enseñé pocas cosas,
todo en mí es tan leve
que imagino el recuerdo
y lo acaricio.
Te enseñé que la vida
ha sido incompatible,
que los árboles tienen su llamada
como la tiene el sol
cuando descubre sus pasiones;
te enseñé a ser grande
y a merecer los seres de tu talla
que uno imagina, sueña,
recuerda respetando la luz,
la voluntad de los contrarios
que se hacen esclavos.

Te enseñé y lo recuerdo,
pero nunca entendiste por qué viví,
por qué a aquello que era tierra
o aire lo llamaba amor.

Te enseñé y esperé,
tenías un vestido nuevo,
de hilo,
que nunca pude ver
alguna tarde a solas;
tenías brazos morenos
y senos silenciosos,
y una voz de cansancio…

Pero mejor es no pensar,
mejor es no pensar,
imaginar y recordar
se superponen y confunden.

 

 

 

 

Y si después de todas las palabras os dijera
que la sigo queriendo,
me diríais que no es cuerdo
que un político persista con la nada,
porque los clásicos son políticos
y la política siempre es honesta
mientras la historia camina con paso tranquilo,
y no existen las críticas,
libre de la tormenta.

Querer o no querer, es el silencio,
imaginar y recordar
los días breves y gozosos.

Ahora ha pasado el tiempo
y los ancianos me dicen
que tengo toda la vida por delante,
a mí me gustaría
tener la vida alrededor.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. El violín mojado. Madrid; Ed. Libros del aire, 2013.

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más

A %d blogueros les gusta esto: