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Archive for 13 abril 2019

CONTRAPUNTO

 

AMEN

xxxxxxEs su cuerpo blanca seda iluminada por el sol,
xxxxxxPezones de plata, pubis de ébano y materia de alabastro sus piernas.
xxxxxxEn el espejo mudo ha caído una hembra que va sangrando por los escalones.
xxxxxxMentiras de un mundo extraño que cambia pezuñas por manos.
xxxxxxTen piedad, Señor, de la mujer que ha caído del cielo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Mujer descalabrada, viernes 18 de marzo de 2011)

Y deja, Señor, deja que mis labios
alcancen la longitud de esa sangre,
sagrada forma de hembra deshecha
en hilos de seda, para así medir
el tamaño de su soledad tanta
desde la mudez del espejo. Deja
que recoja su desmayado, tierno
cuerpo, ya desnudo ante mis ojos.

Que su sangre contenida en el cuenco
obsceno de esta boca mía vierta
yo en su coño, deja, Dios mío, deja.
Deja que muerda en su vulva la vieja
manzana de la muerte, te lo ruego.
Haz conmigo el milagro de volverla
a la vida. Pezones, pubis, piernas,
cobren movimiento ante la dureza
extrema de mi sexo sentido. Sea
al fin su generosa entrega premio
y castigo de loca evocación.
Y así sea la ciega descalza
danza, de nuevo arriba en la escalera,
de esa mujer ya no descalabrada.

 

 

 

 

DESEXPERIENCIA

xxxxxxMirad mi cuerpo sin lujuria y sin vergüenza.
xxxxxxLiberado, al fin, de mentes lascivas y ojos desdeñosos.
xxxxxxSoy la mujer evaporada de vuestros sueños
xxxxxxQue se ha vestido con el grito del niño,
xxxxxxCon la pared deslumbrada, con la súplica del pájaro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxx(Mirad mi cuerpo, martes 22 de marzo de 2011)

Mirad, soy cara triste, el hombre ese
que en su juventud solamente supo
abrir las puertas de los burdeles.
El hombre-blenorragia, el hombre-gota-
militar, el expulsado al desierto
de los coños con ladillas, el pierde-
paga de todas las putas del mundo.

Mirad, soy el infierno de quien llora
solo con el sexo en la mano todas
las noches que se llaman extravío.

Mirad mi cuerpo, su desexperiencia,
su apenas visible bulto colgando,
ya resignado, por la entrepierna.

Mirad en mí la derrota del amor.

 

 

 

 

MUJER TENDIDA

xxxxxxxxxxxxxFormas de mujer, geometría del sexo triangular.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxx(Espejos cóncavos, lunes 11 de abril de 2011)

Reloj de arena. El tiempo de una mujer
es, triangularmente, el reloj de arena
del cuerpo donde se forma la vida
que nos sueñas y nos muere. Y es, sensual
y terrible en su belleza, epicentro
del más deseable de los seísmos,
en ese instante en que lujuriosos
relojes de hambre y sombra explotan
ante los ojos del hombre para ser,
a pie de pubis, su masculina sed.

 

 

 

 

SIEMPRE VEINTOCHO DE DICIEMBRE

xxxxxxxxxMe declaro inocente.
xxxxxxxxxNunca besé tus labios ni me deshice entre tus piernas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Inocente, viernes 6 de mayo de 2011)

Nunca. Nunca el sabor de lo soñado
en mi boca. Nunca mis lujuriosos
labios poniendo su beso en tu piel.
Nunca la geometría de tu voz
escarbando sombra dura en mi sexo.
Nunca mi lengua de siete leguas
en la preciosa hendija de tu oreja,
para así medir la luz que oyes.
Nunca de cerca, siempre tan lejos tú.
Siempre yo, cercado por la locura.
Siempre a cuatro patas con tristeza
de perro abandonado a su soledad.
Siempre, siempre yo. Nunca tú.

Siempre con mucho ruido, es insufrible
oírlo, este pensamiento que arrastro
por oscuras galerías, penando.

Siempre este declararme inocente
con el juicio perdido de antemano.

Siempre, todos los días veintiocho.
Siempre esperando ese día todos
los meses que se vuelven diciembre.
Siempre un sin vivir este en escribiendo:
No podré escapar de la matanza.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Contra el aplauso de un puñado de idiotas. Cartagena; Ed. Calblanque, 2019.

 

LA BRUTALIDAD DE UN RITUAL

 

Bajo todos los complejos códigos de conducta y rituales de seducción (maquillaje, perfume, conversación agradable ante una copa o un café) un hombre y una mujer siguen siendo siempre dos seres sexuados, dos ejemplares de la especie listos para el apareamiento. Bajo las sonrisas y la sofisticación de los gestos se agazapa la brutalidad de un ritual capaz de borrar de un plumazo todas las barreras sociales y el castillo encantado que alrededor del sexo erige la cultura.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

ANIMALICÉMONOS

 

POCO A POCO HUNDIREMOS EL ARCA DE NOÉ

Hay animales muertos pegados al asfalto.
Son seres despojados del latido
y del hábitat,
seres ejecutados por la prisa
de otros seres con alma de alquitrán
—poco a poco hundiremos
el arca de Noé—.

Suena un claxon estridente.
Lo ignoran los oídos saturados
de los hombres y las bestias.
xxxxxxxYa nadie escucha.
El claxon predica en el desierto.
Hubo arboleda donde hay autopista;
solo quedan carriles,
líneas continuas,
señales, prohibiciones
que recuerdan las reglas del juego
—matar no está prohibido—.

Hay animales muertos pegados al asfalto.
Son seres transmutados
en trozos de carne inerte,
xxxxxxxcarne olvidada,
xxxxxxxcarne que a nadie preocupa,
xxxxxxxcarne que nadie retira
xxxxxxxni siquiera
xxxxxxxhacia el arcén.
No queda tiempo para velatorios
—el botón de la pausa murió—.

Un olor putrefacto
emana del asfalto.
Las horas punta
se volvieron aún más
malolientes, si cabe.
Colapsos, atascos
frenando a los vehículos
pero no a lo frenético.

x

Hoy, todo es estruendoso.
Ya nadie escucha.
Ya nadie huele.

 

 

 

 

BUKOWSKI LLEVABA RAZÓN

Bukowski llevaba razón.
No somos más que ratas,
un puñado de ratas malolientes,
efímeras y grises
—igual que nubarrones—.
No somos más que ratas inquietantes,
eternamente condenadas
a malvivir en avenidas subterráneas
o a divagar perdidas sobre el asfalto
—la condena es hacer filosofía
en la cima de algún estercolero—.

Soñamos desde el ostracismo.

Comemos de la mano del verdugo
—esa misma mano que nos alimenta
con una dieta de abundante veneno—.
¡Hagan caso a vallas publicitarias!
No somos más que ratas consumistas
que buscan libertad en lo podrido.

Bukowski nunca dijo estas palabras.
Y, sin decirlas,
llevaba toda la razón.

 

 

 

 

EL ROCE QUE DESGARRA A LA SERPIENTE

Para hacer el camino, serpentear
dejándose la piel en el trayecto
y no dejar estelas polvorientas.
Jamás tener los pies sobre la tierra;
carecer de cadenas y de pies
y en ausencia de piernas, avanzar.
Detenerse a ofrecer al caminante
ácidas manzanas que alimenten
y den conocimiento.
Librarse de la piel despedazada
y seguir zigzagueando con firmeza,
desprotegidos y compactos,
heridos por el roce del pasado,
soportando el zarpazo del presente,
sabiendo con certeza que mañana
la piel que nos protege
será regenerada una vez más.

 

 

 

 

ARGUMENTARIO A FAVOR DE LA CACERÍA Y LA TAUROMAQUIA

 

 

 

 

 

 

 

 

González Lago, David. Animalicémonos. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

EL HACHA Y LA ROSA

 

BIENVENIDA

Bienvenida al palacio de la duda,
a la casa del miedo.
Cómo echaban de menos tus pisadas
las baldosas del barrio.

 

 

 

 

EL VERANO

Cenar en aquel tren con aquel tipo
que conoció a Buñuel, irse a la cama
con la conciencia limpia, seguir viaje
hasta llegar al oro de la playa,
donde tú eras la reina del verano.
Y volver hecho polvo a la barbarie
del otoño en Madrid, a los puñales
clavados por la espalda, a los exámenes,
a la pequeña muerte cotidiana.

 

 

 

 

TIEMPOS DIFÍCILES

Era todo tan triste y tan absurdo.
No vivías apenas. Te colgabas
de la pared de la melancolía
y veías pasar lentas las horas
que hacia nada conducen y hacia nunca.
Las mujeres te habían retirado
su protección, los dioses su asistencia
y la literatura su cobijo.
Fueron tiempos difíciles aquéllos.

 

 

 

 

EL IMBÉCIL

Era una criatura detestable
en el plano moral, un ser abyecto,
una abominación lovecraftiana.
No era tampoco guapa, ni atractiva,
ni graciosa, ni joven, ni simpática.
Era un montón perverso de la basura.
Pues fuiste tan imbécil que por ella
dejaste a la que amabas y vendiste
tu alma en los bazares de la noche.

 

 

 

 

EL OLVIDO

La olvidé. Por completo. Para siempre
(o eso creía entonces). Me cruzaba
con ella por la calle y no era ella
quien se paraba ante un escaparate
de ropa deportiva, no era ella
quien compraba el periódico en un quiosco
y se perdía entre la muchedumbre.
Como si hubiera muerto. No era ella.
Su nombre era el de todas las mujeres.

 

 

 

 

EL ESPEJISMO

Alguien me dijo que se había ido
fuera de la ciudad. Y volvía a verla
cuando no estaba ya. Volví a entregarme
al dolor de sentir su lejanía
y a la añoranza de sus movimientos.
Volvió a decirme en sueños que me amaba
y a protagonizar mis pesadillas.
Volví a verla desnuda entre mis brazos.
Volví a verme desnudo entre los suyos.

 

 

 

 

INSOMNIO

La vida dura demasiado poco.
No da tiempo a hacer nada. No hay manera
de reunir los suficientes días
para enterarte de algo. Te levantas,
abrazas a tu novia, desayunas,
trabajas, comes, duermes, vas al cine,
y ni siquiera tienes un momento
para leer a Séneca y creerte
que todo tiene arreglo en este mundo.
La vida es un instante. No me explico
por qué esta noche no se acaba nunca.

 

 

 

 

VOLVEREMOS A VERNOS

Volveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.

En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.

Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre
canción de despedida mientras nos abrazamos.

 

 

 

 

EL FANTASMA

Se pasaba las noches de su muerte
arrastrando cadenas por el lóbrego
caserón que le fuera destinado.
Al despuntar el alba se dormía,
hecho un ovillo con su propia sábana.
Todos habían muerto ya: sus padres,
las mujeres que amó cuando era joven
y la que envejeció con él, los dioses
de su infancia, los viejos camaradas.
Qué habría sido de ellos. En qué mundo
asustarían a la gente. Cuándo
volvería a abrazarlos, aunque fuese
muerto, de noche y con aquella facha.

 

 

 

 

LA LLAMADA

La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz. Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma. Que el cariño
que sentías por mí viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz y oí la de tu amante.

 

 

 

 

TODOS FUIMOS PEQUEÑOS

Todo el mundo, tú y tú,
no importa que envenenes
pozos o que conviertas
gozo en melancolía
con tu siniestra magia;
todos, incluso tú
que sólo te diviertes
con el dolor ajeno,
tú que sonríes cuando
anuncian un desastre
o sueñas en la cama
repugnantes traiciones;
todos (tú también, monstruo
que surges de la sombra
y salpicas de sangre
las oscuras callejas)
fuisteis niños un día.
Piensa en tu infancia ahora.
En el llanto nocturno
que precedía al sueño,
en aquel desamparo
de enfrentarte a la muerte
siempre que te acostabas
al borde del abismo
que era tu cuarto entonces,
dominio del Diablo.
En las sórdidas aulas
del colegio, sembradas
de crueldad doméstica,
torpemente regidas
por mediocres psicópatas
expertos en maldades.
En el jardín ruidoso
donde el juego reinaba
con su ilusoria dicha,
con su mezcla infernal
de prestigio y espanto.
Todo el mundo vivió
aquel horror primero
que algunos inconscientes
se obstinan en seguir
llamando paraíso.

 

 

 

 

NAUSÍCAA

El mar de Homero ríe para ti,
que te acodas desnuda en la baranda
en busca de aire fresco, con la copa
de néctar en la mano, mientras vienen
y van los invitados por la fiesta
que has dado en el palacio de tu padre.
El aire puro inunda tus pulmones
y el néctar se te sube a la cabeza.
Llega entonces el hombre de tu vida
a la terraza. Es una hermosa mezcla
de fortaleza y de sabiduría.
Ulises es su nombre. Tú no ignoras
que pasará de largo. Ya soñaste
su desdén tantas veces… Pese a todo,
el brillo de tus ojos insinúa:
«No me canso de verte.» Y tus oídos
reclaman: «Háblame, dame palabras
para vivir.» Y con el sexo dices:
«Dueño mío, haz de mí lo que te plazca.»
Todo es entrega en ti, dulce Nausícaa.
Pero él está aburrido de la fiesta,
perdido en el recuerdo de su patria,
y no se fija en ti, ni en ese cuerpo
de diosa acribillado de mensajes
que nunca llegarán a su destino.

 

 

 

 

HELENA: PALINODIA

No, no es verdad, amor, aquella historia.
No llegó a seducirte aquel imbécil
de rizos perfumados. No te fuiste
precipitadamente de la fiesta
de nuestro aniversario, con los ojos
clavados en el bulto que emergía
de entre sus piernas, y con las narices
saturadas de droga. No embarcaste
en su yate de lujo con lo puesto
—que casi no era nada—, mientras yo
te buscaba en la calle como un loco,
creyendo que te había pasado algo.
No desapareciste de mi vida
como una exhalación y para siempre.
No puede ser verdad aquella historia.

 

 

 

 

EL LIBRO DE MONELLE

Se llama Marcel Schwob. Tiene veintitrés años.
Su vida ha sido plana hasta el día de hoy.
Pero el relieve acecha en forma de una puta
a la que lo conduce, una noche, el azar.

Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.

En sus brazos Marcel olvida que mañana
citó en la biblioteca a su amigo Villon.
Se olvida hasta de Stevenson, su escritor faavorito,
de Shakespeare, de Moll Flanders y del Bien y del Mal.

Qué tres soberbios años de amor irresistible
aguardan al judío en la paz del burdel.
El cielo de París aún retiene sus vanas
promesas y las tiernas caricias de Louise.

Pero lo bueno acaba. Ella muere de tisis
y Marcel languidece, privado de su sol.
«No queda más remedio que volver a los libros»,
se dice, y da a las prensas El libro de Monelle.

 

 

 

 

SOBRE UN POEMA DE ROBERT ERVIN HOWARD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Javier Martín Lalanda

Mohosa está la lira de Homero en estos tiempos.
Las hojas amarillas se disputan el mundo,
y los desnudos árboles, inermes ante el viento,
se yerguen contra un cielo que ignora su abandono.

El murmullo del mar es una canción hueca
y el vuelo de los pájaros una triste metáfora.
No hay huellas de pisadas humanas en la arena.
la ciudad es el resto de un naufragio terrible.

¿Volverán algún día los héroes de su exilio
dorado, allá en las islas donde el sol no se pone?
¿Dejará de reinar por doquier el hastío?
¿Morderá el polvo al fin tanta melancolía?

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

REGISTRO

 

El paraíso o el infierno dependen de mi cuenta bancaria. Puedo comprar mis deseos, luego estoy salvado. Big Data se ha convertido en la Divina Comedia (su registro de los vicios, dependencias y virtudes de nuestros fantasmas digitales) en el momento mismo en el que todo acto humano se reduce a un acto de consumo. La psicología ha pasado de ser una ciencia cavernícola, poco menos que una superstición.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

CONTRA EL APLAUSO DE UN PUÑADO DE IDIOTAS

 

ECOS DE FRANCIA CON CHAL

En los tejados las viejas antenas
se quejan del viento de la noche
y su azote.

Ladran perros y parias.

París es una lluvia de chalecos
amarillos, huele a fosforescencia
y números quebrados,
inundándolo todo.

¿Cuándo lloverá así en España?

 

 

 

 

CAMBIO DE TIEMPO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Leopoldo María Panero,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxin memoriam.

Entre brújulas locas de afonía,
gritándole a la nada
en el eje del huracán,
infierno y nadie estoy.

Campanilla yace violada al pie
del árbol del ahorcado.
Wendy se arrodilla ante la verga
de Peter Pank. Satán es un loquero
kamikace que sueña con destruir
la Capilla Sixtina.
Los cuervos devoran palomas
en la Plaza de San Pedro, ahora
laguna de sangre para el vampiro.
El papa baila y la mama,
lolailolailo lolailolá.
Neverland ya no existe.

El Vaticano es la pesadilla
de Los Niños Perdidos.

Murió Leopoldo María Panero.
La pesadilla se muerde la cola.

Solloza el universo del poema,
agujero llamado Nevermore.

Un ciervo herido cruza la sombra
sin hueso del desierto. Bambi llora
su fracaso, ante la selva arrasada.

Estoy, infierno y nadie,
entre las flores del fuego que el viento
de la noche aviva emboscándolo todo;
con la dignidad del miedo en la mirada,
mientras aguardo un cambio de tiempo.

 

 

 

 

CARA AL SOL

Oigo cómo cruje el hojaldre de tanta
bandera, sin agua, marchitándose
en los balcones de un país de risa

y me pongo a la sombra.

 

 

 

 

CURA

Casi perfecto el nudo en la garganta,
con cuerda por corbata
—la sotana en una silla—,
anduvo los pasillos de una casa,
buscando exactamente
la viga de su muerte,
no sin antes masturbarse a la salud
del último monaguillo enculado.

 

 

 

 

RECUERDO

Recuerdo el fresco rumor de las ranas,
su croar sobre el agua de la vieja
balsa en aquellas tardes de verano.

Recuerdo mi niñez en la enfermedad.
Y el terror de una casa siempre en sombra.

Y al niño aquel que mataron un día
en la flor del invierno, yo recuerdo.

 

 

 

 

A VECES SUCEDE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs más fácil que un camello pase por el ojo de una
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.

Para despistar a la policía,
un camello pasa por el ojo de una aguja
y desaparece con la mercancía.

 

 

 

 

CONCIENCIA

Siempre nunca nadie donde siempre.

 

 

 

 

HUM EDAD DEL HAMBRE

Un día más de lluvia y juro que dejo
el caracol de mi boca en tu puerta.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Contra el aplauso de un puñado de idiotas. Cartagena; Ed. Calblanque, 2019.

 

MUJER QUE SOY – GLORIA FUERTES

 

NO PERDAMOS EL TIEMPO

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor se va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna…?
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace a todo el mundo,
los poeta debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en las bocas del túnel
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro,
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso,
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros, y con rara paciencia convencerles sin asco.
Trillar en la labranza, bajar  alguna mina,
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas, jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

 

 

 

VV. AA. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta (Introducción, selección y notas de Angelina Gatell). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

DEMASIADA GENTE EN SU JUEGO

 

Entrados en la cuarentena, pertenecemos a una generación que se había educado antes del advenimiento de lo políticamente correcto y de los libros de autoayuda. Una generación criada durante un período de bonanza económica que le permitió alargar la adolescencia hasta los cuarenta. La crisis económica nos hizo madurar de golpe. Tener hijos e irse a vivir a una urbanización de lujo rodeada de pinos y fuentes naturales que contemplar montados en bicicleta de montaña fue una manera de demostrarnos a nosotros mismos esa madurez. Querían que nos sintiéramos culpables. Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, decían. Y una mierda. Simplemente los que tenían el dinero se asustaron y de repente querían asegurarse de que sus inversiones volverían a su bolsillo. Habían invitado a su juego a demasiada gente y ahora tocaba decirles que no, que ya no era divertido.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXIV)

No se imaginan el bajón que ha dado la vida cultural en Murcia en los últimos dos o tres años. El cierre de salas, junto a una inexistente ley que permita a las salas pequeñas ofrecer conciertos y conlleve que se deambule en un limbo que puede acarrear multas si a algún vecino se le antoja llamar a la autoridad competente. De ahí que de entre los tres o cuatro sitios que queden disponibles, los músicos tengan que elegir tocar en lugares como en el que lo hizo anoche Álvaro Ruiz para presentar su segundo disco, ‘El vuelo del abejaruco’; y es que la sala Musik no está acondicionada para ofrecer conciertos ya que la bola de sonido que se produce es imposible de evitar, y el público ha de evitar columnas para poder disfrutar de los directos.

El caso es que anoche estaba aquí Álvaro Ruiz, acompañado de Adrián Soriano al bajo, de Santiago Vélez al piano y Pablo Carmona di Bonno a la batería y, tras un retraso un pelín más largo de lo deseado, comenzó con uno de los temazos de su nuevo disco, ‘Dos gotas de agua’, un tema que tiene la temperatura del Camarón más festivo y los aliños de Ketama y Javier Ruibal. A partir de ahí, Álvaro fue mostrando temas de su nuevo disco, intercalando algunos temas del primero y hasta mostrando un tema inédito -magnífica ‘La desbandá’-. Además, Álvaro tuvo que sufrir a uno de esos tipos insoportables que cada vez aparecen más en los conciertos y cuya única labor fue estar dando el follón durante todo el bolo, a lo que Álvaro sólo pudo responder con toques de guasa.

Es cierto, que el abanico de palos que toca Álvaro a algunos nos parece excesivo, pero en la sonoridad principal y en la que más temas tiene lo cierto es que se mueve como pez en el agua. Y sin embargo, saliéndose de ese camino aflamencado que tan bien controla, sigo afirmando que ‘Renacer’, ese tema country de voz sevillana es un lujo de tema. Y la banda: absolutamente maravillosa.

 

Aquí algunas fotitos de anoche junto al repertorio y el disco que tan amablemente tuvo a bien regalarme.

 

 

 

 

 

 

ESTA NOCHE, PRESENTACIÓN DE ‘EL VUELO DEL ABEJARUCO’, DE ÁLVARO RUIZ, EN MURCIA

 

Lo conocí cuando comenzaba a patearse escenarios con Alberto Leal.
Más tarde, ocurrirían dos cosas esenciales para él: la primera es que se convirtió en el guitarrista de El Kanka, lo que la proyección personal se multiplicó por n; la segunda, que sacó un disco impresionante que llevaba por título ‘Ritmo y compás’ y que dejaba bien a las claras las raíces, las querencias melódicas y el buen trato a las letras de este sevillano.
Esta noche, en la sala Musik, a partir de las 22:30h, presenta su segundo disco, ‘El vuelo del abejaruco’, un disco cuyo título surge de una anécdota en la carretera y que se ha ido transformando en una manera de ver el mundo.
No lo dudéis, acercaos esta noche a verlo.

 

Aquí dejo uno de los vídeos pertenecientes a este segundo disco. El tema en cuestión es uno de esos temas que a mí me pone las pilas.

 

 

EL OTRO SUEÑO

 

LA DESPEDIDA

Mientras haya ciudades, iglesias y mercados,
y traidores, y leyes injustas, y banderas;
mientras los ríos sigan vertiendo su basura
en el mar y los vientos soplen en las montañas;
mientras caiga la nieve y los pájaros vuelen,
y el sol salga y se ponga, y los hombres se maten;
mientras alguien regrese, derrotado, a su cuarto
y dibuje en el aire la V de la victoria;
mientras vivan el odio, la amistas y el asombro,
y se rompa la tierra para que crezca el trigo;
mientras tú y yo busquemos el medio de encontrarnos
y nuestro encuentro sea poco más que silencio,
yo te estaré queriendo, vida mía, en la sombra,
mientras mi pecho aliente, mientras mi voz alcance
la estela de tu fuga, mientras la despedida
de este amor se prolongue por las calles del tiempo.

 

 

 

 

LA NOCHE BLANCA

Cuando la sombra cae, se dilatan tus ojos,
se hincha tu pecho joven y tiemblan las aletas
de tu nariz, mordidas por el dulce veneno,
y, terrible y alegre, tu alma se despereza.

Qué blanca está la noche del placer. Cómo invita
a cambiar estas manos por garras de pantera
y dibujar con ellas en tu cuerpo desnudo
corazones partidos por delicadas flechas.

Nieva sobre el espejo de las celebraciones
y la nieve eterniza el festín de tus labios.
Todo es furia y sonido de amor en esta hora
que beatifica besos y canoniza abrazos.

Para ti, pecadora, escribo cuando el alba
me baña en su luz pálida y tú ya te has marchado.
Por ti, cuando el rocío bautiza las ciudades,
tomo la pluma, lleno de tu recuerdo, y ardo.

 

 

 

 

SONETO DEL AMOR ATÓMICO

Has minado la selva de mi pecho.
Le has dado fuego a todos mis olvidos.
Has llenado de muertos y de heridos
el pacífico reino de mi lecho.

Te has subido a la lámpara del techo
para bombardearme los sentidos.
Has vertido explosión en mis oídos
con tu voz nuclear siempre al acecho.

No más fisión, amor, no más ojivas
ni más misiles en mi dormitorio.
Cesen con tu victoria los enojos.

Me rindo. Tú has ganado. Mientras vivas,
no alcanzarás un triunfo tan notorio:
me has volado la mente con tus ojos.

 

 

 

 

SONETO DEL AMOR DE OSCURO

La otra noche, después de la movida,
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.

Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!

Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.

Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.

 

 

 

 

LA MALCASADA

Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.

 

 

 

 

PACIFISMO

Tu desesperación no debe ser violenta.
No manejes tu angustia como si fuese un arma.
Nadie tiene la culpa de que seas tan débil.
Nadie debe pagar por tanta cobardía.
Si llevas tantos años ahogándote entre libros,
será porque te gusta. Sufre tus perversiones
como un hombre y no escarbes en heridas ajenas.

 

 

 

 

ESTE AROMA NO ES TUYO

Este aroma no es tuyo.
No es el olor tan suave de tus manos,

ni el perfume que anuncia tu llegada.
Tampoco viene de la infancia,

ni trae consigo imágenes de jardines remotos.
Tan sólo es el aroma de la sangre vertida

entre las páginas de un libro
sobre la guerra en la Edad Media.

Llevo toda la tarde sumergido
en ese olor de fiesta y de coraje.

 

 

 

 

EL CRUCIFIJO DE LOS INVASORES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Miguel Ángel Elvira

Yo mismo como ofrenda para mí,
clavado al árbol del que nadie sabe
hasta dónde descienden las raíces,
ajeno a la razón de mi martirio,
supe viajar al centro de la sombra
en busca de las runas del poder.
Las obtuve, desnudo como estaba,
y regresé a la cruz dando alaridos
para luego caer anonadado.
y convertí el secreto en alegría,
y la sabiduría del dolor
se hizo amor en las llagas de mi cuerpo,
y pronuncié las runas, y bendije
la furia santa que inundaba el aire.

 

 

 

 

ESPAÑA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Antonio Fontán

Es un lugar muy triste que ha prohibido los héroes
y ha dejado pudrirse las rosas del escándalo.
Siempre he vivido en él. No sé si en otra parte
habrá tantos borrachos y chicas tan espléndidas.
Es sólo un lugar pobre que ha perdido su alma
sin ganar nada a cambio, un lugar sin futuro,
un puñado de tierra desunido y estéril.
Por él daría mi sangre hasta la última gota.

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

DEPENDENCIAS

 

Qué son las dependencias sino una manera de aferrarse al deseo, a la sabiduría inconsciente de que la vida no merece la pena sin el deseo: por el sexo, por un cigarrillo, por el alcohol. Por un par de zapatos nuevos. Siempre he creído que la mejor manera de neutralizar las obsesiones no es la abstinencia sino el hartazgo a través del exceso.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

MUJER QUE SOY – CONCHA ZARDOYA

 

DEBAJO DE LAS PIEDRAS HAY RAÍCES

Debajo del estiércol hay raíces
que brotarán en flor una mañana,
alzadas a la luz que hoy entresueñan
en el ciego hontanar de su desgracia.

Debajo del estiércol hay raíces
que lentamente suben, que trabajan
en un negro horizonte de humedades,
de podridas tristezas, hacia el alba.

Debajo del estiércol hay raíces…
Sus tentáculos reptan y se alargan
entre lodos y piedras, suavemente,
con oscuro dolor, a la esperanza.

Debajo del estiércol, la pureza
de la vida, profunda, llora y cava
galerías y tallos que edifican
hombres puros y flores con su savia.

Debajo de la tierra las raíces,
hundidas en la sombra, tejen ramas
de adelfas y naranjos para el niño
que entresueñan dormido en sus entrañas.

Debajo de la tierra las raíces
absorben el ayer, la sal del agua.
Despacio, quedamente, dulces, hondas,
construyen con el hoy todo el mañana.

Debajo del estiércol hay raíces
que siento trabajar, que no descansan:
aspiran a la luz esbelta y libre,
¡libre y esbelta luz que sueña España!

 

 

 

 

YO ME MIRO CRECER EN ESTOS MUROS

Yo me miro crecer en estos muros
como sauce sin agua bienhechora,
en derrota viviendo mi destino
de llorar a los muertos y a los huérfanos.

Porque piso la sangre que no veo
y los llantos que arrastran sus caudales
por el pecho de madres y de viudas,
en el triste solar de nuestra España.

Todo llega hasta mí, desde la calle
que puebla amargamente la tristeza
de padres que en las celdas tienen hijos
o ausentes a destierro condenados.

Todo llega hasta mí desde la calle:
desde el húmedo sótano sin lumbre
que algún día las flores alegraron,
desde el taller del polvo y la ignominia.

Todo viene hasta mí y me golpea
el corazón, la sangre y la conciencia.
Me golpea en los ojos que la aurora
desvelados hallara sobre el lecho.

¿Quién ordena este llanto y esta muerte,
la desgracia y el hambre en las ciudades?
¿Quién agranda los blancos cementerio
con las fosas abiertas cada noche?

Yo no puedo cantar, hermanos míos,
evocando el dolor que se levanta
de vuestra vida gris, de la deshonra
que nos alcanza a todos tristemente.

Sólo queda, escondido entre paredes,
el llanto que socava la existencia,
la pasión numerosa, el drama cierto
que habita con espinas mi memoria.

La perdida hermandad, los rotos labios
del que murió callando en la mazmorra,
los mojados pañuelos por el luto…
son cosas que yo lloro como mías.

¡Ay, mi oficio es plañir entre estos muros,
sintiendo en mis espaldas las pisadas
de los hombres que marchan a la muerte
con la aurora y el frío de mi España!

¡Ah, mi oficio es el llanto cotidiano!
Bellos versos se pudren en la boca,
imprecando por dentro lo que callan
el alma, el corazón y la vergüenza.

 

 

 

 

¿CÓMO PUEDEN LAS HORAS DETENERSE?

¿Cómo pueden las horas detenerse
y la vida dejarnos confinada
en este mar de llanto que así invade
la tierra silenciosa, las aldeas,
el bosque solitario, el arroyuelo,
que nuestros son, que fueron de mis padres,
que son míos y tuyos —¡son de España!—,
colgando la tristeza de los montes
o el inconsciente olvido de las nubes?
¿Cómo puede, insensible, el tiempo ciego
hincarnos en la espera de la muerte?

Mis hermanos, sin nombre, pero amados,
las novias, viudas tristes y los pájaros,
hostilmente acechados nos sentimos
por un viento de sangre que fustiga
el corazón, el musgo de las sienes,
la ya extinta esperanza que moraba
en lo hondo del ser en otro tiempo.
Y todos sollozamos abatidos.
Y todos nos morimos recordando…
Recordando miradas de otros ojos,
abiertos y esparcidos como frutas…
Recordando el derrumbe de unos cuerpos
al pie de los cipreses o del polvo
marchito o despoblado odiosamente.
Recordando los pechos desvalidos
de hombres viejos o ciegos ofrendados
como reses humildes a la tumba,
como teas de sombra a tantos surcos.
Recordando los suaves muchachuelos
que en abono mudaron su alegría
para engendrar maíz o los almendros.
Recordando los niños, sus harapos…

Por eso nos unimos en cadenas
de firmes eslabones que forjaron
las lágrimas comunes y las ansias.
Y por eso vivimos todavía
para llorar la muerte, el infortunio,
la oscura incertidumbre que amenaza
y el amor pisoteado sobre el césped.
Y por eso yacemos confinados,
ocultando el anhelo de los huesos,
el signo de la piel martirizada,
la cifra de una aurora transparente.

¡Vuelen días, semanas y estaciones,
y pase el tiempo a golpes de cuchillo,
abriendo cerraduras, fríos lechos
y umbrales clausurados por el odio!
¡De prisa llegue el día que aguardamos,
el libre amanecer de nuestros sueños!
¡Que renazca libérrima la Vida,
el claro aletear de la alegría
en hogueras de luz indestructible!
Sonreirán los muertos blancamente
en las tierras de España que abonaron.

 

 

 

 

¿…?

Su córvido perfil, su frente rasa,
los impasibles ojos duros, fríos,
la boca cruel, sumida y apretada,
la gola doble, el cuello desvaído…

Impertinente, el aire de esta cara
—de palidez cetrina y ceño arisco—
que sueña, vanidosa, en su medalla,
en su efigie cesárea y en su himno.

Estrellas de oro, cruces laureadas
al pecho viejo da caducos brillos,
a su ignominia gloria, noble pátina
a la triste soberbia de su sino.

En todas las conciencias su mirada
es un sangriento ayer, un hoy sombrío.

 

 

 

 

¿…?

Apagada pupila va mirando
rojinegras banderas, aspas, flechas,
los viejos combatientes, desfilando
bajo el sol de la paz ¡ay! irredenta.

Más viejo hoy que ayer, está mirando
sin emoción, con vieja indiferencia,
las divisiones lentas, bajo el arco
triunfal, son alma fofa, gris y yerta.

“Su” paz, aquí, se arrastra, va pasando…
Las negras urnas, máquinas de guerra,
los hombres arrancados de los campos,
vítores tristes, quedos, sin vehemencia…

Bajo el sol de “su” paz, sin luz, cansado,
España “grande y libre”, desespera…

 

 

 

 

VALLE DE LOS CAÍDOS

Sobre peñas agrestes retama,
al cielo hondo, inmenso de la Historia,
esta cruz de dolor sus piedras alza
en grito y en quejumbre acusadora.

Una a una, con sangre modelada,
con libertad y sueño, cada roca,
con hambre, sed y frío, fue arrancada
al hosco monte azul, en mil auroras.

Y a su pie, en lo remoto, fue cavada
una tumba en su cripta, cueva lóbrega
que espera todavía a su alimaña
con la vieja paciencia de las sombras.

Esta cruz no es de amor… A derribarla
se concitan los muertos en sus fosas.

 

 

 

VV. AA. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta (Introducción, selección y notas de Angelina Gatell). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

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