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Archive for 13 febrero 2019

DOS POEMAS DE ‘LAS HORAS’

 

AVISO SOBRE LA MESA

He mirado esta pequeña hoja
como quien lee de nuevo
tantas cosas.
Esta letra como si se moviera hacia el pasado,
como recuperar de golpe
sobresaltos,
intensidad, pequeños lazos atando nuestras vidas.
Esta letra de ti como si hablaras,
como si hubieras vuelto hacia otros años,
como si pensáramos juntos
y cogieras mis manos, y con ellas
escribieras de nuevo nuestra historia.

 

 

 

 

CUÁNTOS gestos teníamos para otros.
Cuántos gestos
que otros nos pedían.
Gestos soberbios, tristes, aburridos,
hermosos:
no eran nunca los nuestros.

Hoy nos aventuramos
a preguntar quién somos,
y no tenemos rostro,
ni esperanza, ni grito
que sepamos que es nuestro.

Hoy vamos a volver
a llorar por nosotros,
y no hay llanto ni rostro.
Y no hay un solo gesto
que sepamos
que es nuestro.

 

 

 

Saura, Aurora. Las horas. Murcia; Editora Regional de Murcia, 1986.

 

EL ESTILISMO

 

xxxEl estilismo es el gran onanismo literario y no creo que se haya inventado nada más eficaz para pasar el rato, para pasar la vida.
xxxEl estilismo es el eterno solfeo de la literatura, algo así como si Rubinstein se hubiera quedado para siempre en el solfeo, llegando a ser un virtuoso genial del solfeo.
xxxEstoy seguro que Rubinstein, sin necesidad de aprenderse a Chopin, habría podido meter todo Chopin, todo Beethoven y, por supuesto, todos los románticos, en un rato de solfeo, porque el intérprete genial genializa lo que hace.

xxxCuando toca (tocaba) Rubinstein, da igual que sea Chopin lo que suena, o que sea el solfeo y otros dorremifás. Literatura es eso, iba viendo yo: meterlo todo en la fórmula más sencilla (el artículo, por ejemplo), hasta exasperar la fórmula, hacerla saltar, convertirla en otra cosa.
xxxEl artículo o el relato corto.
xxxQuiere decirse que en arte no hay más que intérpretes. En arte no hay creadores. Los colores estaban ahí, el idioma o la música son creaciones colectivas y anónimas. El creador más radicalmente creador no es sino un intérprete afortunado, un virtuoso del instrumento que le esperaba: paleta, música o idioma.
xxxBeethoven es el gran intérprete de la música (en otro tiempo habría que haberlo escrito con mayúscula). Lo que toca Beethoven no es el piano, sino la música, arpa intangible que nos ha legado el misterio.
xxxLo que pulsa Quevedo no son sus temas, sino ese instrumento, ese aristón enorme y delicado que es el catellano.
xxxY lo mismo Valle, a quien yo había entrevistado en el Ateneo.
xxxY tantos otros.

 

 

 

Umbral, Francisco. Trilogía de Madrid. Barcelona; Ed. Seix Barral, 1985.

 

URBI ET ORBI

 

URBI ET ORBI

Convirtió en dogma la Asunción de la Virgen.
Reinterpretó el misterio de la Encarnación.
Buscó la esencia del sacramento del orden,
de la iglesia como cuerpo místico de Cristo.
Combatió las desviaciones
de la investigación teológica,
multiplicó las diócesis,
firmó concordatos y condenó el marxismo.
Eugenio Pacelli, Papa Pío XII,
nuncio en Berlín en los años oscuros,
defensor de la cruzada franquista,
asistido por las hermanas de la selecta congregación,
rodeado por los cardenales y por las buenas gentes
cristianas del mundo,
agonizaba en Castelgandolfo
el año del Señor mil novecientos cincuenta y ocho.
Una agonía consciente, sin sueño, aterradora.
El defensor de la fe, el puntal del dogma,
el vicario de Cristo en la Tierra,
abandonando por fin —¡por fin!— toda diplomacia
quiso dar a la grey un último mensaje trascendente,
un grito, un alarido:
«¡No quiero morir! ¡Todo es mentira!
¡Sacadme de este burdel!»
Y bajando del altar a todos los santos,
el anciano Pacelli, sencillo y honesto
como un campesino calabrés,
se fue cagando en ellos de uno en uno
(a tanto llegaba su conocimiento del calendario).

x
Zorras llama a las monjas
que solícitas le llevan la leche,
cabrones a los miembros de la curia, estupefactos,
maricas de mierda a los oficiales de la guardia suiza.
No necesita ya disimular su certeza
ni lanzar un mensaje de consuelo por las ondas.
Con un sonoro «me cago en Dios»
el Santo Padre Pío XII entregó su alma.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

GUERNICA

febrero 10, 2019 1 comentario

 

GUERNICA

El arcoiris en Guernica asoma
sus haces con vergüenza.

Se escucha la templanza
de unos cimientos ensangrentados
entre los que una jauría tembló.

Turbación.

Al agudo repican gritos ahogados,
las mantillas se hacen jirones.

Guernica respira.

Relojes de arena se invierten
y emanan dióxido de guerras sucias.
Fotosíntesis de una escenificación
innominada.

Sombras.

Guernica se escuda en pinceladas.

Tantas treguas posibles,
y nos dio por mirar el lienzo
desde posicionamientos
equivocados.

Crees que no, pero sigue pasando.

 

 

 

Úbeda Bernal, Anabel. Visiones del refugio azul. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

SEÑOR CASTELLET

 

SEÑOR CASTELLET

Usted que en un tiempo de pasmo,
ingenuidad social y urgentes subterfugios,
con nueve teas prendió una hoguera
que el tiempo ha consumido
en engañosos destellos, tramando
un cesto como quien hace ciento
y fundando en ese juego
una aurora boreal de nombres vanos (pocos buenos).

Su senior principal
se bate todavía con quimeras
tocado a la intemperie con sombrero,
hurgando en las entrañas del lenguaje
con el fulgor de la memoria y los afanes de la mente.
Y todo lo admite y lo comprende.
Otro senior se dio a los placeres.
Confundió la política honesta
con las tramas oscuras de la novela negra.
Y eligió Bangkok para dejarnos,
donde sus pájaros cambiaron de motivo.
El otro veterano se dio en solitario
a conspirar con palabras descreídas.
Y un loco de la coqueluche,
por miedo a no expresar como debía sus terrores,
incendió el arca de la alianza con atrocidades edípicas
por matar al padre con el disfraz materno
y así escupir sobre la cuna
bailando sobre una tumba olvidada,
una lápida ilustre que fundó su rebeldía.

El suyo fue un juego de equilibrista
en una tierra baldía, señor Castellet.
Sólo por eso merece consagrarse
en los altares de unos dioses falsos
cuya fe se ritualiza con tramposas liturgias
sin más constancia de su credo que su propia osadía.
¿Cómo no estarle agradecido?
¿Y cómo no rogarle que lo repita,
que con un nuevo negocio literario
muestre los horizontes nuevos?
O habrá que lamentar que el tiempo
se enfangue en sus recodos.
Y no haya nueve que juntar
ni modo de encontrarlos.
Era sólo por decirle, ilustre Castellet,
que volviera a intentarlo.
Que hasta sería más fácil que ayer,
hoy que estamos dispuestos a aceptar mejor los engaños.
Un puñado de llamadas bastarían
para armar caballeros de una nueva poesía.
Un nuevo ilusionismo. Se lo ruego.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

EL TRIUNFO DEL VACÍO

 

REGALO DE CUMPLEAÑOS

Te pido Ochún, que hagas un pequeño milagro.
La Habana está detrás de la cortina
(idéntica, de flores, a la colcha)
que cubre el ventanal
en este hotel absurdo de extranjeros.
Metrópoli de un sueño,
la miro desde el piso dieciocho,
los edificios altos de un señorío ajado
y enjambres de buscones
apostados en todas las esquinas.
—Ustedes ya no vienen como antes,
se les ve tristes —me decía uno.
—A ustedes también —le he contestado—,
ahora todos lo estamos.
La tristeza del fin,
la estela del amor que se ha perdido.
Los dólares han sido la carcoma
que devoró la víscera venérea,
el envoltorio que ahogó sus latidos.
Y yo pido a la Caridad del Cobre
que ese incendio solar, del Malecón al cielo,
devuelva la pasión y el amor a la isla
en su ocaso de plata,
porque me siento igual, desamparado
en la fragilidad de un tiempo que se agota.
Y al frente, en la avenida, Copelia entre las copas
de los árboles parece una nave
que olvidó el firmamento
mientras la noche llega, tan mal iluminada,
cuando el deseo estalla con su rostro
obsceno de ansiedad y de comercio.
Te pido, Ochún, que por mi cumpleaños
coloques otra vez cada cosa en su sitio
y que vuelva a brotar el amor por mis ojos
como estas lágrimas brotan ahora,
que apenas los empañan,
pero abundante, sentido, sincero.
Porque no quiero ser el extranjero
que paga con divisas los cuerpos del placer
a las puertas del Yara, vacíos y perfectos.

 

 

 

 

TRANQUILIDAD Y BUENOS MODALES

Laura ha muerto. Y una semana antes
Félix y yo, paseando por la calle, nos decíamos:
algún día tendremos que enfrentarnos.
No sabía qué grado de conciencia tenía,
pero los años pasaban
y seguía cautiva en su cuerpo, comiendo papillas:
estando aquí, ya estaba lejos.
Y ahora que se ha marchado,
mientras limpio y ordeno y recojo la casa,
recuerdo que siempre decía:
«Tranquilidad y buenos modales».

Siete años después de su primera muerte,
Laura deja el purgatorio y se libera.
La inmovilidad se queda con nosotros
pero sé que, en secreto, nadie descansa.
No trabajamos tantas horas en vano,
no arrojamos los días a un basurero
ni esperamos señales.
Sabemos lo que hay que saber de las cosas,
vamos adonde vamos
con tranquilidad y buenos modales.

 

 

 

 

EL TRASBORDO

El pasado me arrebata en el Metro.
No había vuelto a hacer este trasbordo:
de la dos a la uno en Cuatro Caminos,
un simple túnel y bastante breve
que conduce a la infancia.
Los bancos de tubos azules no estaban
pero qué nítido el cambio si regreso.
Entiendo lo perplejo que estaría
cogido de la mano de mi tío
Gulliermo, calvo siempre, con sombrero,
un vasco socialista y bondadoso
con un niño pequeño, alucinado,
cruzando juntos como ahora cruzo solo
de la dos a la uno en Cuatro Caminos.
El antes y el después se me complican:
no puedo recordarme en aquel trance,
volviendo del paseo y la merienda
con la yaya, una niña crecida
de dulces, croquetas, poderes y fantasmas.
Me miro desde allí sin comprenderme.
¿Qué has hecho desde entonces, desgraciado,
que no viniste a transbordar de nuevo,
por este simple túnel,
de la dos a la uno en Cuatro Caminos?

 

 

 

 

ADIÓS, GASTÓN

Mañana darán toda clase de explicaciones.
Se llenarán de viudas los suplementos.
Vanidosos exégetas dirán del fuero interno de su vida
y elogiarán con citas al gran poeta que murió olvidado.

No fui a velarte al tanatorio de la autopista.
Y en esta oscura noche, de regreso,
pensando que faltaste, por derrame,
al último homenaje que te hicieron,
comprendo que tu ausencia fue el poema.
Qué ironía final, Gastón Baquero,
que enviaste en los días que acababas
a un cubano de Cuba que es santero,
a un cubano de aquí que ha sido un espejismo
y a un tercero, poeta, que me encuentro, me saluda, me mira
y brota como en tromba la tristeza.
Tampoco fui a llorarte al crematorio
ni sé si incineraron tu sombrero.

¿Qué anotación al margen con tu caligrafía
de trazos ilegibles, y en qué montón de libros,
anunciaba tu muerte o tu epitafio?
Era verano, la calle vacía.
Andabas muy despacio y en aquel restaurante
te sentabas al fondo mirando hacia la entrada.
«Es lo primero que aprende un buen gángster.
Así nunca te matan por la espalda».
La muerte innominada se bautiza
con tu nombre, Gastón, en La Almudena.
Y tú que nos decías que el exilio no existe
porque la cuna del hombre es la tierra.
No importa donde estés, te encuentras en tu casa.
Exilio sería que vinieran habitantes
de otros astros y nos llevaran lejos.
Pero en la tierra no. Estemos donde estemos,
siempre tendremos
a la misma distancia las estrellas.
En la tierra, decías, tú que eres
cenizas en el aire.
Gastón el exiliado
abandona la isla de la vida
y los libros. Llevaba por maleta
su espíritu, pequeño paraíso.
Nadie puso laureles en su frente.
Y en esta noche lenta de triste velatorio
yo en mi ausencia le velo desde casa
y pido tamarindos consagrados.

 

 

 

 

EL LOCO

En casa de Luis, Alexander me descubre al loco.
Le daba a la vez risa y miedo. Era todo intuición
su burla compasiva, de auténtica inocencia.
¡Podría contar a Alexander tantas cosas sobre el loco,
sus formas de mirar, sus temores, sus juegos!

La locura es vivir
y andar por el mundo como en sandalias,
como los padres de entonces que predicaban con el ejemplo
pero sin santidad, perdidos, sin criterio,
como de ser así porque nos ha tocado
y al fin qué importa nada si lo piensas.

 

 

 

 

AL AMIGO CORRECTOR

Te envío un curso de caligrafía,
este cuaderno antiguo, como a ti te gusta,
porque sé que ahora vives, de tanto corregir,
ajeno a las palabras, pendiente de las letras:
sus formas sinuosas, sus acentos,
sus bucles, su tamaño y su tipografía.
De cuando tú salías a este tiempo
—dejemos los rodeos—, todo se ha desfondado.
No es el embudo del Dante ni el hoyo
de las maravillas, pero se lleva
entre ruidos y voces los sentidos
como al levantar un tapón se cuela
el agua. Y es curioso que a nadie importe
porque estamos vencidos.
Yo quería decirte en un poema,
sin medirme al hablar, igual que entonces,
que apurando la copa se trataban
asuntos del sentir y de la risa
y había voluntad de estar despierto
y todas las palabras se entendían,
quería yo decirte no sé qué
y se ha hecho un poco tarde.

Pero mira la letra, la mía de esta carta
y esas otras perfectas del curso que te envío.
No olvides reparar en mis tachones,
a ver si en lo tachado queda algo
y a ver si, al comparar los caracteres,
cobrara algún sentido lo que escribo.

 

 

 

 

TERAPIA CHINA

Dicen que una terapia china recomienda
sonreír cuatro minutos al día
seguidos por las mañanas,
cuando la cabeza todavía
está limpia o desprogramada.
Pero también en horas muertas,
sonreír sin ton ni son
un ratito cuando nadie te vea (si te da vergüenza).
Ajo me lo ha contado mientras abría
la reja del Alfil
y nos hemos sorprendido
fingiendo una alegría que no tenía
ella ni yo, por lo que sea:
será la primavera, que descoloca,
o nos deja baldados. Pudo ser también
la tormenta que amenazaba,
ese cielo azulón que al fondo había,
entre nubes sin recortes, pasada la Gran Vía.
El caso es que nos sorprendimos
tarareando un lalalá de contento,
un yupi yupi que al momento
nos abrió el alma en risas.

 

 

 

 

LOS GENES

Los genes, generosos y expansivos,
se dejan generar en su inconsciencia.
Qué cadena de azares, cadenciosa,
esculpe el perfil de un rostro
y repite un gesto, un temblor superado:
el retrato vivo de un espectro.
Y qué impropios los rasgos de los hombres,
qué absurdamente originales.
Cómo nos parecemos a nosotros mismos,
de qué manera extraña
renuevan nuestros ojos miradas extinguidas,
una mujer sonríe por los labios de un niño,
se frunce un ceño con antiguos pliegues
o una mano devuelve una caricia.
Pero asusta que la repetición de uno mismo
no alivie la extrañeza,
que todos los espejos no basten para aclarar el misterio
de verse y no reconocerse.
Portadores de inmundicia son los genes:
de sueños incumplidos y pretéritos rencores,
de frustraciones lentamente digeridas por un desconocido
que tuvo la misma sonrisa, estos ojos mismos
que no me dejan ver por más que miro.

Si se trata de cumplir algún destino,
quiero cumplir uno al menos,
y no repetir por repetir los ademanes de una sombra
que todos los siente ajenos,
como ajenos son los genes a los hombres:
generosos, expansivos, inconscientes y ajenos.

 

 

 

 

LA ALQUIMIA

La alquimia decide por nosotros.
Hasta el menor movimiento que hacemos
es parte sustancial de un múltiple proceso.
Nos girábamos a un tiempo, imantados;
nuestro rechazo de hoy es mero aplazamiento
de una atracción fatal. Y es vanidad
de vanos elementos la firme voluntad
de mantenernos lejos,
si amar es una alquimia precisa
de cercanías y alejamientos
que cumplen y disipan el sueño más perfecto:
prolongarse en la física del otro,
ser aire de sus pulmones, pulmón
de su aire, y que sus labios pronuncien
la muda intimidad del pensamiento.
La alquimia seríamos nosotros
si el agua que bebemos expresara
la sed que sacia en nuestros cuerpos.

 

 

 

 

EL TRIUNFO DEL VACÍO

El vacío es un tesoro codiciado
cuando ya todo es hastío de tener,
ansiedad por conseguir
y dolor de haber perdido.
Es un lecho muy tranquilo para insomnes,
sueño que no sueña nada;
un silencio que nada silencia, ni se guarda.
No es el reverso del ruido
ni es el hueco de una ausencia;
es un consuelo esperado y un descanso merecido,
la nada feliz de un todo desgraciado.

 

 

 

 

EL HOMBRE SIN TÍTULOS

¿Qué sabes de ese hombre, el pordiosero de tus agonías,
el de las frases que inhiben, el sensato, el quejumbroso?
¿Dónde va cuando se pierde?
¿Y no seré yo el desvalido, el de la mala nueva,
y tú el otro, el que llega despojado de sí mismo
y no deja huella, tan ausente como si flotara
y tan presente como si nunca hubiera estado entre nosotros?
El otro no, porque le veo venir,
escucho con paciencia su salmodia y aparto la vista.
Me estraga el modo en que se apaga. Y su insistencia.
¿Por qué digo somos? ¿Quién habla y quién escucha?
¿De quién son estas manos?
Déjame acariciar con ellas cueros no bautizados.
Déjame a solas conmigo, despójame de ti para abismarme.
Habla. ¿Qué sabes del hombre sin sus títulos?

 

 

 

 

EL FRUTO DE LA NUEZ

El corazón, como el fruto de la nuez,
seco y reflexivo, es un cerebro
ciego de tanto pensar en su guarida.
Sus únicos latidos son los sueños,
la fantasía de otro ser
que rompa desde fuera la coraza
y deje entrar el aire de la vida.

 

 

 

 

LA MIRADA AZUL DEL SER VIRTUAL

Salvífica condena:
la fiel correspondencia telemática,
informática cruel, amistad en la red,
la vida en autopistas de incomunicación.
Conforta la mirada azul del ser virtual,
no sé si racional, efímero o longevo:
más cálida que todos los recuerdos,
más sentida que todo lo sentido
en la tupida urdimbre de todas las ausencias.

 

 

 

 

HACIA LA SABIDURÍA

Elegantemente lento. Medido.
Como ordenar la casa
(en su día los juguetes).
Cada cosa en su sitio.
Reparar la ofensa,
agradecer la llave,
disipar los miedos.
Con elegancia, digo, y sin prepotencia.

 

 

 

 

AMO SU LIBERTAD

Y dejo abierto por si viene.
No habrá estremecimiento
si al llegar y deslizarse junto a mí
ya estoy dormido.

Nunca será dolorosa su ausencia.
Es un regalo haberlo conocido.

Dejo una luz encendida
que el sol apagará si me despierto solo.
Si amanezco a su lado,
le dejaré dormir
y tomaré las riendas de mi vida.

 

 

 

 

EL REENCUENTRO

Después de algunas crisis olvidadas,
efectos colaterales
de una vanidad mal digerida
que nos puso frente a frente
como espejos
—inocentes de nosotros—,
volvemos a encontrarnos
con el alma semejante
y no más gastada: diferente,
de haber pasado ya por esta tierra
bregando con el tiempo.

Qué oscuros recovecos
conducen al punto de partida.
Si no hubo error
y era imposible regresar
sobre las propias huellas,
¿por qué nos apartamos?
Y si erramos,
¿cómo estamos aquí?
¿No será todo una estrategia
para salvarnos juntos?

 

 

 

 

ESPEJO ROTO

Dicen que mirarse en los pedazos de un espejo
fragmenta la identidad.
Pero no son menos peligrosos los intactos,
que la invierten.
El ojo que te mira es el contrario
y en una dolorosa asimetría, el otro, que es el uno,
tiene el párpado entornado:
un guiño sedicioso, un destello hiriente.
hay maneras de ser ante un espejo
sin detenerse: en tu ausencia,
un reflejo repite tus pasos.

 

 

 

 

NUEVA PLEGARIA

Gracias, diosa, exultante y poderosa,
por aliviar con tus dones
esta primavera de oscuros presentimientos
y alentar en cada encuentro,
con gloriosas instantáneas de la dicha,
los placeres espontáneos.
Gracias al padre de todos los dioses
y a su reverso oscuro.
Gracias también a los dioses menores
por su rara cercanía.
Que vuestra luz astral
alivie los dolores y limpie las heridas.

 

 

 

 

ESPECTROS DE UNA VIDA QUE SE AGOTA

¿A qué viene esconderse los espectros?
Entonces no era así.
Íbamos juntas las almas un busca de cuerpos
porque en uno solo no cabía la conciencia.
Qué arteras artimañas usamos por no vernos,
qué orgullo solitario en nuestras cuevas
adornadas con estampas del deseo.

Hablaron de un camino que lleva a la derrota.
También de una cascada que da la bienvenida
y de una comunión de sombras exaltadas.
Sabemos ya que el tacto nos daba la medida
de nuestra pretensión, pero el recuerdo borra
la intensidad vital, el sol, la llamarada.

Espectros de una vida que se agota,
hemos llegado hasta aquí.
Vamos juntas las almas al olor de los cuerpos,
que en esa confusión estaba la respuesta.
Por absurdo que parezca el desafío,
habrá felicidad en el reencuentro.
Cuando hagan la señal, salgamos de las cuevas.

 

 

 

 

ME TIÑO

Asumo el ritmo de teñirme
como cambio los muebles de sitio
para no dormir siempre con la cabeza al Norte:
para dormir tranquilo.
Que no soy dialéctico, dicen los avisados.
Ya sé que estoy en el filo.
Me tiño, y cada color me descubre un rostro diferente.
Hablo con otras voces, digo en tonos distintos,
cada frase escrita en una tinta. Por instinto.
En cada evolución, un poco de sentido:
cada dejación, cada extravío.

Van por delante los aventajados
en figurados corceles de la fama,
en pos de una aquiescencia terminal que les extinga.
Avanzan sin saber. Los dejo, no tropiezo:
son pobres trapaceros de la gloria.
Una niebla de luz sobrevuela
la siembra que hicieron los siglos
en tierras fértiles y yermas:
para vestirme con sus jirones, algodonado y oscuro.

 

 

 

 

POR ELLOS

Vivir por ellos cuando el tiempo ya no cuenta conmigo.
No al menos como entonces.
Regresa la emoción igual que siempre
pero espejos más claros la reflejan.
Para mí no son los brotes de esta verde primavera.
El verano de mi vida se enroca con el futuro
destilando su veneno y sus placeres
en formas nuevas del sexo.

Veo parejas: donde ellas dan igual y ellos conmueven.
La pureza de los machos,
el erotismo irresistible que emanan
sus cuerpos en la edad del deseo,
cuando el brillo de unos ojos
y el obsceno candor de una sonrisa
pueden con todo.
Entonces preparamos indolentes este tiempo aciago,
poniendo un pedestal
a la belleza ingrata de los hombres jóvenes.
El futuro es nuestro por ellos.

 

 

 

 

AL FILO DE LOS CUARENTA

Hasta cuándo podré querer a muchos sin entregarme.
Cuántos días de espontánea indefinición me quedan.
Él espera y tiene mis facciones.
Cuarenta años, hermano.
Lo prefiero a todos: amables rostros que reflejan el mío volátil,
almas afines que completan mi esencia fragmentada.
Después de tanto errar por tantos cuerpos, doy con el mío.
Por fin un hombre interesante. Soy él.
No dirigía una nave imperfecta de carne,
firme y rotunda en su ingrata juventud.
Tomad y comed porque yo soy mi cuerpo.
Quise ser vosotros, amigos del alma,
y en cada uno aprendí a quererme.
Pero aquí en mí mismo estoy mejor acomodado
que en la insaciable búsqueda exterior de inteligencia y belleza.
Cuarenta, hermano.
Olvida el paraíso de la infancia, que muchos cuestionan:
tan hermosos fueron aquellos días suspendidos de horizontes inmensos
como estos de ahora, caídos y sin perspectiva.
Y del amor ni hablemos
pues todo lo apostado se perdió en el propio engaño.
Pero me tengo al fin.
Ya no me busco en el espejo. Soy el que soy.

 

 

 

 

HUBIERA DICHO

Yo hubiera dicho que esto era el infierno:
corazones arrancados latiendo todavía
entre los dedos de los asesinos
y una jauría de extraños por las calles,
donde sólo la muerte libra a los hombres de la nada
y un callado dolor, que ni siquiera estremece,
detiene las sonrisas.

 

 

 

 

VERÁN SU VERDADERO SER

Pronto verán su verdadero ser,
la podredumbre que los contiene. Se levantan
sobre un manto de dogmas
que evitan formular para no delatarse.
Pero una arraigada fealdad
castiga su soberbia, que transmiten
a sus vástagos sobreprotegidos.
Una opacidad les desdora.
Y ante nosotros lo saben. Al toparse
con nuestra juventud insultante y vernos
libres incluso de nosotros mismos.
Se lo tienen que preguntar:
si no serán los malos de esta historia.
Vencidos bajo el peso de tantas ambiciones,
con tantos triunfos en la mano,
ostentando el botín de sus fechorías,
¿quién puede distinguirlos de sus sombras?
Cuando nos ven pasar reconciliados
con la vida y el sol de nuestra parte.
Al presenciar un beso que nos damos
entre risas que el eco
transforma en burla a sus oídos.
Rodeados de niños que crecen
sobre las huellas de nuestras pisadas,
de adolescentes felices que dan
rienda suelta a su ardor en fiestas peregrinas.
Cuando sepan que ellos son los engañados.
Esclavos responsables
de nuestra irresponsable vida.
Tristes en un poder que despreciamos.
Que sus absurdos privilegios
son la propia que reciben
por estar a los mandos del infierno,
muy lejos del aire que se respira
y del placer de los cuerpos.
Y ahora, vamos. Deprisa.
No puede pasar mucho tiempo.

 

 

 

 

EL REPLIEGUE

Las líneas telefónicas la repiten una y otra vez,
millones de voces pronuncian a diario la misma frase:
«Yo estoy aquí, si quieres te pasas»
—otros prefieren la variante tenue, «si quieres me llamas»—.
Llamar, quizá. Pero nadie se pasa por ningún sitio.
En la hora del repliegue,
salimos a la calle sólo para abastecernos
y alimentar la cuenta bancaria con nuestras fatigas.
Porque salir nos consume,
nos hemos replegado, cada cual en sus muebles.
Y si afuera corren los años en línea recta,
nosotros, replegados, preservamos los indicios
de un tiempo circular y más amable:
algún día tendrán que recordarnos
aquel otro aroma de la vida, a campo abierto,
aquellas conversaciones cara a cara
con el rumor de fondo de la gente;
la efervescencia y la tensión de los encuentros.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

EL BAILE DEL DIABLO

 

RELACIONES DE ESTRICTA CORTESÍA

Adoro la forma de mover tus manos,
la sonrisa difundida entre la niebla
y los ojos abiertos a la luz del abismo.

La suavidad de tu piel causa dolor
y hasta la destreza es distinguida.

Pero, por favor, no abras la boca,
ciérrala para siempre. Callada estás
más guapa. Hoy tendré que taparme
la cabeza con la almohada.

 

 

 

 

SATANÁS

Para esperar que venga un diablo a escucharte
o a recitarte versos a la luz de la luna,
no hace falta leer ni a Dante ni a Leopardi,
ni siquiera a Lewis. El demonio visita
sin llamar a la puerta, aprovecha
que abres para que el aire entre
y su sombra se cuela por encima del mundo.

Para esperar que venga Satanás a tu casa
y reparta las cartas de los que son poetas,
debes dejar encima de la mesa una copa
de vino y un puñado de rancios alimentos
de sobra.

Los demonios son ángeles, ellos viten de negro.

 

 

 

 

DEAD SEA

Siempre es tarde.
He jugado a besar el lunar de tu espalda
pero el mar es calor y la verdad su cielo.

 

 

 

 

RECIBO EN LENCERÍA

¿Y sigues preguntando
si lo que escribo son versos
o epitafios?

Relájate, respira,
bebe un sorbo de alcohol,
mira mi cuerpo.

¿Me amas o es miseria?

 

 

 

 

CUALQUIERA

Cansado de esperar que se acabe
lo bueno de la vida
y comience otra historia,
una tarea capaz de redimirme.

Cansado de decir a los amigos
que me dejen en paz,
hoy no mires, ni llames,
ni digas que me quieres;
necesitas de mí, esta historia
es ya antigua y delicada,
me molesta escuchar, duele
sorprender y hasta reír.

Una mala tarde la tiene cualquiera,
dos son una aspiración
al sufrimiento.

 

 

 

 

ELOGIO DEL GATO

Cuando viene la luz
vuelan las sombras,
el mito se engrandece
y el misterio es el color
del aire.

han crecido los sauces,
sus ramas cuelgan ya
de este tronco sagrado.

Es un elogio que el gato
roce su cola por mi pierna,
se ha llevado los males,
la clave sin revelación.

la palabra es de Bergson,
o de la Zambrano. Sus gatos
bailaban en la noche.

 

 

 

 

AHORA

Ahora respiro y hay aroma a romero.
Ahora dejaré de ser para seguir siendo
ese pobre infeliz que fumaba a escondidas
en el cuarto de baño.
Ahora vivo el presente, el pasado no existe.
Ahora que la virtud es compromiso y deseo.
Ahora llueve en el alma de los justos.
Ahora llaman mis padres desde el cielo y sonrío.

Mañana habré perdido la partida.

 

 

 

 

VIDA

llueve. No funciona el mechero
y el hielo se derrite, hace aguas
la vida y tu amor, como el mar,
me desespera.

Los ojos de los niños en las fotos,
una blusa colgada en el armario
y mal planchada,
el polvo de los muebles y la alergia.

Esto es vivir, lo noto
en su mentira.

 

 

 

 

MUCHA MIERDA

Hay deseos de verdad y de mentira.
El tuyo lo reservo a las capitulaciones.

Este verso dirá
que sigo vivo.

 

 

 

 

DAIMONÍA

Solo nosotros, la vida nos define
y acabamos huyendo para sobrevivir.

No hay mejor manifestación en el amor
que perder el equilibrio en tu regazo.

 

 

 

 

INFANCIA

He querido ser sombra nueve veces,
he aprendido del gato a dominar
la muerte y su pureza, a ser desgracia,
a sentirme infantil: un episodio de hombres
y dragones. Hoy solo el sol socorre
el pensamiento. Si morir fuera cierto
hay un sueño azulado que repite los cantos,
los recuerdos, los libros y el pupitre,
la sonrisa en el rostro, los zapatos
manchados de tierra dejando huellas
en el salón, en la cocina, los restos
de un trabajo o un descubrimiento.

Han muerto ya los árboles, las nubes,
las estrellas, los pájaros.
¡Si morir fuera cierto!

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. El baile del diablo. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2017.

 

LA POSESIÓN DEL MIEDO

 

LA AUREOLA AZUL

En la roca de esmeraldas que imagina,
el anciano defiende su aureola.
Con diecisiete años le dijo que era azul
una mujer del norte
y le advirtió que nunca la perdiera.

Vendrán las nubes que ensombrecen
las buenas intenciones
y formas de pensar como naufragios.
Te dejarás caer por levantarte,
te ocultarás por miedo.
El viento dispondrá tus verdaderos gestos
y el paso de los otros tu destino.

No será lo que creías,
tu rostro mostrará las simas de tu alma,
traducirás tu ruina,
enfangarás tus sueños con tus dudas.
Pero nunca descuides la aureola,
no dejes que se extinga
ni cuentes que fue azul en un poema.

 

 

 

 

AL FILO DE LOS TREINTA

Supón que todo sigue…
La voz que siempre escuchas por las tardes
cuando a solas suspiras para aliviar el peso,
con ganas de cambiar y miedo a las personas
y cierta desazón de estar sin ellas.

Oigo la luz, más que verla, tumbado
en esta cama antigua, en Almería,
al filo de los treinta.
Las notas del silencio,
el cielo azul cansado y una torre dormida.

…que todo siga siendo tan sencillo:
despertar sin heridas como en los viejos tiempos,
madrugadas difusas y, a la tarde,
un rato nada más en el abismo.

 

 

 

 

AL ALBA DEL DESEO

Te prefiero adolescente, saliendo de la ducha
con los pezones duros. Y me llevas la contraria.
Lamento el reproche que te hice esta mañana.
Estabas tan pletórico desnudo, con sólo esa toalla
abultada en la cintura, todo calado, imantado,
tan dispuesto al amor sin saberlo.
Y a llevarme la contraria.

Viéndote ahora postrado en el sillón
con el ánimo senil de un jubilado, me arrepiento.
Qué vana queda y qué insensata la tristeza
en un adolescente. Porque deja de ofrecerse.
Qué diferencia anoche, sobre el árbol
o un rato después, gritando,
corriendo como un gamo entre la niebla.

Y me decías que las brumas blancas
daban a nuestros rostros un aire cadavérico
y que la muerte, seguro, era eso:
una extensión vacía entre la niebla y la nada,
que es avanzar hacia ninguna parte.
Pero al decirlo, seducías con una excitación
que no parece propia de difuntos, ebrio de ti,
de tu risa y de tu cuerpo.

Me cuesta creer que ahora, al pie de la chimenea
y sin darte cuenta, parezcas realmente un muerto.
Pero aquí me tienes paciente,
velando por tu cadáver hasta que resucite.
El reflejo ocasional de las primeras llamas
te devuelve los rasgos y los gestos,
te enciende las pupilas, da carne a tus labios
de piedra fría y los arquea
en una sonrisa tibia y voluptuosa.

Temeroso y sumiso, me inclino a besarlos
y cierro los ojos. Por fin el sabor de tu lengua.
Te prefiero adolescente y exaltado.

 

 

 

 

LA POSESIÓN DEL MIEDO

¿A qué fuerza convoco, yo que en un tiempo hice brotar
los tallos con mi aliento y ahuyenté las sombras?
Hoy esta sal en los labios, ¿de qué mar la traigo?
¿De dónde este temblor que me desarma?
Conozco tu perfil: eres el miedo
que vive agazapado en la quimera.

Y llamo al amor, a sus huestes de plata, a sus naves
de fuego que surcan seguras
las aguas encrespadas de un espejo.
Voy a hacer el amor con mi miedo,
a inventarle un cuerpo firme, a penetrarlo,
a hacerle gemir de deseo.

Quiero al miedo desnudo, rendido, tendido en el suelo,
excitado, sudoroso, imberbe.
Quiero una fiesta de carne con el espíritu aterido,
el intruso que ciega las ventanas.
Que se vuelva boca abajo y se ofrezca
rogando fuerza en su flaqueza.
Entrar y salir. Dentro y fuera. Dar y amagar con quitar
y que la auténtica paz sea la guerra.
Y liberar mi alma prisionera
con gritos de placer en sus entrañas.

 

 

 

 

EL DÉBIL Y EL FUERTE

No quiero al débil que brama su impotencia
y se defiende con su miedo
precipitado al abismo de la noche inmensa
de los condenados:
caballeros de la libertad sin causa
en el laberinto de edificios
de una ciudad cualquiera del mundo,
flotando hacia dentro.
Porque la caída es un estómago negro
y una digestión pesada.

Prefiero al fuerte que inventa su vida
y le pone argumento
a la inconsistencia de los azares,
como objetos dispersos
en incontables contenedores;
que vive contra el tiempo y preserva los instintos
del pájaro enjaulado que no aprendió a volar
aunque es afectuoso y muy sencillo,
vulnerable, lacerado por dentro,
pero puro: porque es la luz que irradia,
la luz que le bendice y le impide crecer.
El que preserva el daño y los instintos buenos
y ríe, duda, niega, llora, afirma.
No al herido que calla. Al fuerte, que imagina.

 

 

 

 

EL EXTRAÑO QUE VINO DE LEJOS

No sé cómo aprendimos a querernos,
qué hubo en vosotros de mí, qué nos dimos.
Corre la vida y estáis al pie de otros edificios,
zarandeados, llevados, retenidos, en la trama.
Pero decidme si habéis elegido,
si queréis estar donde estáis
y en qué modo se ovilla y desovilla
el hilo que nos guía y que nos ata.

No sé por qué no compartimos las mismas habitaciones
ni comemos en los mismos restaurantes.
Porque os reproducís.
De qué sirven los destellos que se apagan,
las lunas negras, los días sin huella.

Padres que fueron hijos, hijos que se hacen padres
y niñas que se quedan de pronto embarazadas.
Entenderlo, verlo todo desde fuera.
Pero también entrar,
acercarse a las chimeneas de vuestros salones
como el extraño que vino de lejos
y os cuenta cuentos, os gasta bromas,
os dice versos, baila con vosotros,
enseña a jugar a vuestros hijos.

De este modo fuisteis construyendo
la historia que jamás fue nuestra historia.
Y la misma cadena que une vuestros destinos,
a nosotros nos libera:
para contarnos cómo fue vuestro tiempo,
qué costumbres teníais, cómo intentabais amaros,
qué aficiones os ocuparon,
qué dudas os asaltaban,
qué palabras os confortaron,
qué silencios os preocupaban.
La historia de vuestra historia
para alumbrar vuestras sombras y arrancar vuestras mentiras.
Cómo fue vuestro tiempo de soledad en compañía
pues de vivirlo tanto, jamás lo comprendisteis.

 

 

 

 

LAS MADRES

Cuando sales de casa
a respirar el aire de la noche
buscando una respuesta en las estrellas,
te dicen que hace frío, que te abrigues.
Si quieres elevarte sobre el llano
de la rutina, trascender las leyes
inexorables —vanidoso o asceta—
para intentar medirte con los dioses,
te preguntan si has comido, te ofrecen
una cena caliente.
Y si el amor con sus dardos de fuego
inflama tus sentidos, prepararán tu cama
con sábanas limpias y mantas gruesas,
te pedirán que duermas.

Para raptos de fe, una aspirina.
Café para el veneno de los celos.
Para el miedo, buenos baños de espuma.
Para las inquietudes, el brasero.
Las madres, que son de la tierra, visten
nuestras almas desnudas
con los secretos sencillos del cuerpo,
cocinan la ambición y las ideas
con recetas antiguas.
Las madres, que nos quieren,
no entienden de delirios ni de sueños.

 

 

 

 

UN RUEGO Y UN AVISO

xxxxxI

Los pasos que no das son cosas del destino.
Preocúpate de estar,, que ya es bastante
y elige lo que estaba ya elegido.
Y si en la cueva inmensa de la vida
las voces interiores te piden disciplina,
aguarda su silencio
y ampárate en la luz de tus mejores días.

 

 

xxxxxII

Guárdate de ellos. Cuídate
de los hombres que nacieron sin afecto,
de su espada flamígera,
de las sentencias que dictan en su infierno.

Sólo es justo el querido:
busca su compañía.
Entrégate al amor de los amados
y no estreches la mano
del hombre que ha crecido sin caricias.

 

 

 

 

SOY MODERNO

Soy moderno porque tampoco quiero serlo.
Distraigo la mirada cuando habláis del paisaje
como si el árbol, el valle y la ladera
necesitaran de vuestras palabras.
En un paisaje yo a veces ni me fijo
porque tampoco presto a mis brazos o a mis ojos
más atención que la de saberlos míos.
Detesto subrayar lo que se muestra.

Soy moderno porque puedo estar muy lejos sin moverme
y no salir de casa estando lejos.
Quiero mis propios gestos, mi tono
y el derecho a transcurrir,
si no del todo frío, con cierta indiferencia.
Detesto que me habléis de la pasión,
la verdad, la emoción genuina
como funcionarios de los sentimientos,
obedientes hasta el último mandato
de una herencia que ni siquiera os pertenece.

Soy moderno porque me obligáis a serlo
con vuestra rendida admiración por ciertas cosas
—nombres, fechas, soluciones, jerarquías—,
porque sin hacer pie no sabéis nadar
y por el mar, que es tan inmenso,
navegáis como si fuera una bahía.

 

 

 

 

AL AMIGO INTEGRADO

Muy lejos de integrarme miserable,
me quedo en la miseria disyuntiva.
La opción de arrastrar un destino frente
al cofrade del puño que suma cantidades
de una nada de cifras.
No entiendo lo mezquino.
Después de ver la luz, ¿por qué persistes
en el tesoro incierto de las vanas monedas?
Hoy que vuelve el dragón
y el amor de los pobres,
cuando abismos y cumbres
ayudan a vivir nadie sabe hasta cuándo.
Pero tú cuentas, y guardas, y ordenas
y quieres todavía que te invite
al vuelo inútil del caído, tú
que rezas y resistes a la sombra
de tus sueños. Deja de hablar la lengua,
puesto que vives dentro, del hombre desterrado.

 

 

 

 

SOLEDAD ES LA HERIDA

Soledad entre cosas cargadas de sentido.
Mientras hierve en el fuego la pasta o la verdura,
no merece la pena ya ni hablar por teléfono
con amigos que comparten de lejos
la misma desazón en silencio contigo,
cada cual encerrado en su propia espesura:
la renuncia, el fracaso y un recuerdo de afectos
que llenaban la vida de síntomas inciertos
en tiempos felices de vino y rosas.
Soledad es la losa sin epitafio escrito.

Soledad es la herida por la que respiramos.
Construye cada cual el nido donde puede
con materiales nobles o plebeyos
y no existe otra ley que guardar en el momento
de salir, para volver a encontrarnos
por las calles y plazas donde todo sucede:
los amores, los pactos, el alud de proyectos
que hasta ayer nos mantuvo más o menos despiertos
en aras de una idea confundida.
Soledad es la herida por la que no sangramos.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

MUY PUNK

Hace tres años salía publicado este artículo sobre el punk. Lean si no lo conocen.

 

 

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MUERTE EN LA CIÉNAGA BAJO LA LUNA LLENA

 

PARAR AQUELLA MUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…et plus las sept fois du pacte dur
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe creuser par veillée une fosse nouvelle.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxStéphane Mallarmé, Las de l’amer repos…

Desde luego uno piensa que escribir
tiene poco sentido, pero escribe,
no para de juntar sin fe palabras,
así fuera porque algo desde dentro
se las dicte o porque algo desde fuera
las provoque, da igual, solo se siente
desfallecer la vida alrededor
y el tiempo las condensa y precipitan
sin control aparente, hay que dejarlas
salir para que duelan y que amarguen,
para saber que nada es diferente
o especial porque nada dura, nada
las detiene o las dice, explotan solas,
son cauce indiferente y solas dicen
lo que quieren decir sin que se sepa
por qué ahora y no antes ni mañana.

El sol brilla en la tarde y se desprenden
de su luz —como el hielo se desprende
de los largos glaciares moribundos,
lamidos por las aguas cada vez más
calientes— y, sin pena ni piedad,
arrastran en su curso cada instante
de vida que se encuentran a su paso.

El aire quema, brilla en el cristal
el reflejo de almendros muy lejanos,
florecidos en otras primaveras
pero vivos aquí de tan presentes.
Inaudibles disparos se entrecruzan
con gritos de dolor y sangre abierta
junto a la arena tibia del desierto
y las palabras crecen desde allí
con el color de la desesperanza.
Desde luego uno piensa que no puede
parar aquella muerte, pero escribe
palabras con su olor para que al menos
nadie diga que fueron ignorados,
palabras con su olor para empeñarlas
en la conciencia misma del desastre.

 

 

 

 

BAJO LA LUNA LLENA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando el hombre se extinga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcuando la estirpe humana al fin se acabe
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngel González, Rosa de escándalo

Cuando estos mismos árboles alcancen
su madurez y puedan cobijar
bajo su sombra a nuestros descendientes,
cuando el mundo —este mismo o cualquier otro—
colme al fin su deseo
de ganar la partida al ser humano,
tal vez sea posible contemplar
la luna sin unir su plenitud
con un nombre, una fecha, sólo estar
aquí abajo, en la plaza, con un simple
cigarrillo en los labios, y mirarla
con la inocencia aquella primigenia
de quienes ignoraban sus efectos
sobre el mar y los ritmos de la vida,
de quienes la creían diosa libre
y aún no utilizaban su transcurso
para medir el tiempo, formular
peticiones rituales y ofrecerle
sangrientos sacrificios.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando todo
recomience y el hombre —como antaño—
sea sólo uno más entre los seres
acordes con la vida, al fin podrá
contemplarla ignorante de su hechizo,
sentir la paz que da su luz prestada,
ser —como ella— tan libre y prisionero
de una órbita fija, de unos ciclos
ajenos a su propia voluntad…

Fuera mejor que tal milagro nunca
suceda, que la estirpe de los hombres
desaparezca de la faz del mundo
y la naturaleza recupere su equilibrio.

 

 

 

 

LA CIÉNAGA

Ahora vuelven a hundirse nuestros pies
en el barro y notamos que se funden
con él, que su materia nos abraza
reduciendo el tamaño y la estatura
conforme pasan lentos los minutos.

Llega el barro a la boca e intentamos
gritar, pero la lengua se confunde
también con la materia roja y húmeda
que nos daba sentido. Todo acaba
como una mirada ya imposible
sobre el mundo lejano, aquí presente
como sola metáfora: la ciénaga.

Y acabamos allí, donde empezábamos,
tan sólo hace unos días, a mirar,
caminar y llorar, amar las cosas
y perderlas también, o abandonarlas.

El castigo es la misma indiferencia
con que el barro ahora cubre
sin piedad nuestros ojos y se nutre
de nuestras mismas lágrimas.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

LA CONDICIÓN Y EL TIEMPO

 

CON ESTE SOL

Con este sol que me descansa el alma
(la luz, la nitidez del cielo,
esos aromas naturales
que de un tiempo a esta parte ha desdeñado)
me es fácil olvidar que el mal resiste
en los corazones, en las miradas prudentes
de los hombres cansados,
en tantos abismos de las ciudades,
en los días que obscenamente pasan
sin pronunciarse,
igual que esos sirvientes orientales
que, sin perder la sonrisa, conspiran.
Con este sol que me descansa el alma.

 

 

 

 

ARTEGNA

Como quisiera esta noche volver
al cementerio de Artegna, cruzar
con el miedo limpio que tuve de adolescente
sus puertas entreabiertas, yo que no he visto aún
ni entonces vi ni llegaré a ver nunca
tal vez un fuego fatuo; mas supe caminar
brillante y descreído entre las tumbas
queriendo que surgiera de las losas
una luz, una señal, una voz
que negara todos los epitafios.

Artegna y tantas cosas se fueron con el tiempo.

 

 

 

 

EL SÁTIRO

La infancia, aquel reino luminoso
de voces verdaderas y de un tedio infinito,
aquellas largas distancias,
el tamaño generoso de las cosas,
los besos tan tristes en la mejilla materna,
suaves, vencidos; los olores, los cuentos,
la pulcritud de las lunas en la infancia,
tan densa, tan vana.
Y después, casi nada; una luz de tanto en tanto
que es un sueño, una promesa incumplida,
un deseo intenso que no se sacia.

Salvo el amor, después de la infancia
todo es oscuro.
Salvo el amor, que nos colma y nos salva.
Salvo el amor y la infancia.

 

 

 

 

NARCISO

Monstruo, mírate al espejo: niño y viejo.
Los ojos ingenuos y llenos de miedo.

El tiempo muerto entre hacer lo que hacías
y marcharte lo dedicas al darte
un aire contigo mismo
y a tratar de parecerte
al que esperan ver cuando salgas por la puerta.
Alguien eres. No temas no ser nadie
al ver que en el espejo, al contemplarte,
te queda todo lejos y tan cerca.

 

 

 

 

EL TIEMPO EN LOS OJOS

No es tanto el tiempo lo que me preocupa haber perdido
como los ojos que tuve, limpios. Y el olor del mar,
un rumor de voces, la playa que sin saber por qué
me represento intensa (aunque sé que ya entonces
era incómoda la arena y abrasaba).
Y más lamento aún que todo aquello nunca sucediera,
que tantos días como supongo he vivido no existan,
ni siquiera en la memoria. Porque no puedo acordarme
de nada. Y es inútil evocar la imagen de siempre:
arena muy fina que se escapa entre los dedos de la mano.
Porque es más triste que una imagen que se escape el tiempo
y que, ahíta de demonios, se te apague la mirada.
Y el olor del mar, un rumor de voces, la playa…

 

 

 

 

SALVA NORTURNA

No puedes creerme. Porque me ves
rodeado siempre de tantas personas,
hablando por teléfono, tramando
frenéticas conjuras para animar la noche,
no podrás comprenderme si te digo
que estoy a punto de morirme y solo;
que lo he dejado todo en el camino,
mi humor, mi confianza en el futuro,
las ganas de jugar que me animaban
a flotar sin más y a perder la vida.

Ahora, de repente, al que todo
transcurre sin dejar huella ninguna,
valoro los detalles, me conmuevo
por cosas que antes nunca me importaban.
Y ya no paso de largo ni me río,
ni tiemblo por amor, ni me desvelo,
ni espero demasiado de los días
que queman como el fuego.
A veces, antes de dormirme pienso:
me gustan los amigos, los rincones,
la pólvora sin ruido y por las noches
matar la soledad con un secreto.

 

 

 

 

LA ALEGRÍA DE PECAR

La farsa del amor qué poco dura.
Un destello y el gusto de la vida en la boca,
como un veneno bueno que mata lentamente
en sucesivas citas.

Te miraba dormir. Te pedí que durmiéramos
y en ti escruté, en tu rostro y en tus labios,
la estela de pasión
de farsas anteriores ya perdidas.
Insomne y asustado, recordé abrazos cálidos,
maneras de entregarse más ligeras
y cuerpos más desnudos.
Evoqué besos húmedos, furtivos,
caricias inconscientes en rincones,
posturas impensables.

En días ya lejanos, pecar no era pecado
y en el amor no había ningún riesgo
salvo saber que es falso.
Anoche, en las tinieblas, el miedo me contuvo:
caricias desterradas del deseo,
los besos comedidos.
Una forma muy triste de amarnos para siempre.

La farsa del amor era un veneno
que hoy mata sin piedad a quien lo bebe.

 

 

 

 

UN MUNDO PRIMITIVO

Me gusta tenerte a mi lado
como si pudiera ser normal que estemos juntos.
Incluso rozarnos sin que yo sienta miedo. Como amigos.
No tú el hombre y yo la escoria, sino juntos.
No yo el raro y tú el excelso;
buscando el lodo que nos es común para querernos.
No tú las naves y yo las velas,
no yo la infamia y tú la perfidia.
Los dos extraños, desterrados, solos,
perdidos de su sueño.
Abrázame muy fuerte al despedirnos.

 

 

 

 

EL CALAMBRE DEL MUNDO

Contémplalo, padécelo, disfruta;
no temas, que el dolor
es efímero también;
la luz se nos concede y se nos niega
con la misma vehemencia.

Siente sin fin el calambre del mundo,
cambia de fe, de disfraz, de premisas,
que no hay nada veraz y todo es cierto
y un grito es un susurro de repente,
y por fortuna el mundo
se está acabando ahora, mientras duermes.

 

 

 

 

DE VINO Y ROSAS

Yo he sido una promesa y he brillado.
Estuve en pie de guerra en las cantinas
brindando con amigos por proyectos
estelares que nunca se cumplieron.
Me ves aquí riéndome por todo;
y en ésta, elemental y mortecino.

Después de todo, hasta lo encuentro tierno.
¡Yo qué iba a prometer! ¡Y me creyeron!

 

 

 

 

Y TODO DESPUÉS

Un grupo de personas aburridas:
eso somos, tan poco tocadas por la gracia
y tan altivas en esta espera miserable.
La sala está en penumbra. Invita a reclinarse
en los sillones y a guardar la siesta.
No afectes con la pierna una caricia
clandestina, ni fijes tus ojos en los míos,
que están cansados y ya no te miran.
Qué lejos —si hubieras querido entonces—
podríamos estar de este vacío,
de las penosas sombras de la sala,
de este amargo velatorio sin difunto.

 

 

 

 

DESAVENENCIA

Despierto al sol, como rendido al curso
de la vida. Los males de la noche
no me mueven. Se extinguen las dolencias,
los temores, las caras que amontonan
borrosos gestos en sueños sin trama.

Y llegas tú, que te habías marchado.
Y nada me delata que eres otro
ni hay nada ya de mí que te conmueva.
Estás aquí, me miras, me desprecias.
Es el final por fin, la oscuridad, las llamas.

 

 

 

 

LOS CONFINES DEL CONSUELO

Como pasar la palma de las manos
por una piel plagada de suturas
y sentirla radiante, tersa, joven,
inmaculada y pura;
así me represento yo esta vida
que en su curso repite itinerarios
ignorando el dolor de las heridas,

estás días que pasan y se pisan
absurdos, cotidianos o violentos.
Y aún así se disfrutan.
Y no importa ignorar, si todo son presagios
como cristales rotos de un espejo,
manteles con saleros derramados,
aceras con andamios, gatos negros.

 

 

 

 

PROFESIÓN DE FE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ángel Luis Vigaray

En los tiempos que corren, salvo si tengo miedo,
prefiero estar sin preguntarme nada.
No importa dónde quedan los días que han pasado
ni entender si es eterna la vida, breve o larga.
Lo único que pido son sentimientos claros
y ver la luz del sol cuando despierto.

Comprendo que se va estrechando el cerco
y que el azar me tiende inesperadas trampas.
Los sueños no me alteran porque sé que son vanos
y olvidar me libera de penosas jornadas.
En mañanas oscuras, pocas veces al año,
me cubro con la sábana y lloro por los muertos.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

MURO de escribir cosas que me dicen que existo

 

TE miro cuando duermes

Velo tu suelo pélvico.
Quisiera que tu carne se acordara de mí

y me duele pensar que moriré algún día.

 

 

 

 

ALGUNAS veces vivo.

Me enamora de pronto
la calma de la lluvia cayendo en las baldosas.
Es como un simulacro
que habita en las ciudades,
las ciudades vacías
como un cuadro de Hooper.

Siempre la eternidad
y el laberinto.

 

 

 

 

LA felicidad se vuelve triste.

Triste como una tienda de chinos en las afueras de Marbella
o un descampado con condones usados,
o música de los Andes en la calle Larios
o ancianos que comen yogures caducados en pisos sin ascensor
o jardines copiados de Abu Dabi
o alguna inmobiliaria que quebró después.

 

 

 

 

LOS continentes se mueven
a la misma velocidad con que nos crecen las uñas.
La gente a veces muere sin haber llegado a vivir.

Pudrirse es el destino de todo lo que existe
y la vida es un viaje
que no termina nunca de ser nuestro,
el dolor que aún les duele
a todas las sustancias que han sido separadas,
la luz sobre la hierba,
los ángeles por dentro de sí mismos,
las telarañas de las bicicletas abandonadas,
todas las lluvias que no llovieron nunca,
pudrirse los delfines,
el alma de los pájaros,
la niebla en los estanques
y morirse las dalias en cautividad.

 

 

 

 

Y de qué sirve al fin
los peces uno a uno
los lugares sagrados
como el bosque sin senda
o la ciudad desierta.
Y de qué sirve al fin
haber leído tanto,
haber vivido tanto,
haber amado tanto
de pie sobre este mundo
sin culpa ni pecado,
igual que un cardiograma,
trozos del mismo azogue
o una sutura que une
la dulce luz del sol
y mi tristeza.

 

 

 

 

PORQUE tienen costumbre del calor nuestras almas
me abrazo un rato a la ropa limpia,
gozosamente triste,
sintiendo menos solo el corazón,
como si la vida hubiese pasado en una elipsis sin sentido
y no supiese ya sobrevivir.
Como si haber sido feliz
no me sirviese ahora
para seguir viviendo,
para seguir viviendo,
para seguir viviendo.

 

 

 

 

EN la noche sin nadie
la lluvia cae sola y para sí,
para ningunos ojos
para ninguna dicha
sobre la triste fiesta
de lo que ahora existe.

(Igual que el mar oxida lo que toca)

 

 

 

 

NOS salva cada tarde la lentitud de un beso,
la dulce gravedad con que lo damos,
pensando que la vida es un cuento de Kafka
o es un brote de cáncer que se cura.

x
(A veces vuelvo mucho
a donde nunca he sido)

 

 

 

 

ESCRIBO versos sobre las escaleras que bajan hasta el Duero
“Huele a nobleza de animal vejado”

Mujeres bellas
tienen la enfermedad de estarse quietas
y ver mucho la tele.

Las niñas tristes montan en bicicleta con los ojos cerrados.

A las seis de la mañana cantan los pájaros
y pasan los camiones de la basura.

Todo nos interroga
pero nada responde.

Y vivir es un lujo
que ha pasado de moda.
Luces que al encenderse nos dejan todavía más solos.

Solos
como el calor inútil de una lágrima.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRECUERDO de Mark Strand:
xxxxxxx“Donde quiera que estoy soy aquello que falta”

xxxxxxxxxxxxxxxxRecuerdo de Ledo Ivo: “Tampoco sé
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi Dios es el silencio o la palabra”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRecuerdo de Dionisia García:
xxxxx“Vamos a desaparecer sin saber qué es la Verdad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy quién la ha encontrado”

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY me pregunto como Elliot:
xxxxxxxixxxxxxxxxx¿Dónde está ahora el conocimiento
xxxxxxxxxxxxxxxxxque hemos perdido en información?

 

 

 

Sánchez Robles, Miguel. Muro de escribir cosas que me dicen que existo. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2017.

 

LOS PALCOS

 

LOS ANDENES

Los trenes no esperan,
se marchan, seducen a su paso
pompas de aire tenebroso
con algún silbido prolongado
como un hilo de saliva.
Los trenes se marchan a horas extrañas
con un no sé qué de sabor a anginas
y a café posado…
Es inútil esperar en los andenes
porque entonces los trenes no pasan…
Los trenes sólo pasan
cuando no se los espera, y nos sorprenden:
hay que agarrarse a los trenes con las uñas
cuando pasan por delante,
aunque te den la espalda,
hay que montarse en marcha
porque los trenes no paran,
eres tú el que está parado
con la maleta cerrada,
eres tú y tu intuición y el silbido:
afinar la vista, oler su llegada,
saltar a lomos de la conquista
sin parar en todas las estaciones.

 

 

 

 

LAS BALLENAS SE SUICIDAN

Las ballenas no se
suicidan por una
intransigencia
de raza.
Las ballenas flaquean
por amor,
porque intuyen
el fanatismo de la derrota,
por una especie de celo
perpetuo
que no sacian inviernos
ni veranos.
Se diluyen.
Son la mezcla
de pasiones solitarias,
de instinto animal olvidado.
Las ballenas nos suicidamos
para justificar el medio,
no por firmeza,
no por arrebato
ni por fuerza…
Las ballenas se suicidan
porque lo piden a gritos
los sueños.

 

 

 

 

POEMA TRISTE

Es sabido que para amarme
hay que aprender un código distinto:
de besos amargos, de infidelidades,
de mares que se ordenan
en las playas como ejércitos de dudas.
Apenas queda tiempo para el tiempo;
la inmortalidad está muerta
pero nadie la entierra.
Se han escuchado unas voces
que anunciaban lamentando
malos vientos, deserciones implacables
del cariño y la ternura.
Yo he querido ser a solas,
pero a veces, desde el fuego,
solicito alguna ayuda.

 

 

 

 

LOS DÍAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ramón

Las mañanas me sugieren sol y sombra,
sonido de helicópteros en vuelo,
voz en las cumbres, mansiones sin techo,
damiselas al acecho
vestidas casi de blanco y sin pamela.

Y las noches me sugieren sueño y fuego,
copas de alcohol con burbujas latiendo,
sangre en las venas, dolor en el pecho,
risas de dioses maltrechos
que agrietan valientes el suelo que pisas.

 

 

 

 

CONTRATIEMPO

Dicen que pasan los días y cambian las cosas,
pero eso —que es así— no es como era
y más que ver crecer ves lo crecido.
Los minutos, si es que fluyen,
lo hacen más bien desde fuera,
dejando en la tierra, paradas,
instantáneas de su vuelo.
Vivir no es viviendo, sino ser vivido,
estar desvelado y sabiendo
que el tiempo siempre es tiempo transcurrido.

 

 

 

 

LOS SEÑORITOS INDOLENTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA L. A. de V.

Cuando nuestros padres dejen la tierra y nos falten
no tendremos diariamente la comida preparada.
Ni por la noche, al alba, entraremos en casa descalzos,
procurando no desvelar la conciencia responsable
de quienes, con su apoyo,
nos hacen confiados y de voluntad disipada.
Con toda seguridad comeremos a deshoras.
Llevaremos un jersey al año, mal planchado.
Y nadie nos recordará el deber moral
que limpia de arena nuestro destino:
no más consejos, ni miradas tiernas, ni severas represalias,
ni la solemne danza cruzada de protección y transigencia.
Ya, entonces, no seremos inmortales:
los momentos de indolencia harán que no olvidemos,
sentados en el suelo de una habitación en desorden,
a los pies de una cama con la colcha levantada
y una pila de libros bajo el flexo,
que el tiempo va cumpliendo su mandato.
Y que cualquier amanecer en las aceras,
cualquier velada milagrosa en los locales para noctámbulos
nos va marcando el paso…
A nosotros, que no creíamos en nada,
ni temíamos la soledad, ni el silencio, ni la muerte.

 

 

 

 

MÚSICA NOCTURNA

¿Para qué voy a sufrir por un clavinecista,
si hay tanto diamante en bruto
donde pulir con la lengua
la punta de las aristas?
Por codiciar vivamente
la cara piel del artista
olvidé que yo prefiero
con mucho el aullar de las fieras
al silbar de las serpientes.
No era por cierto deseo,
sino vaga simpatía,
luz efímera de un día;
amor fugaz —devaneo—
me elevó hacia las alturas
donde busqué lastimero
libar con permiso el fruto
de labios que en un solfeo
se perdían como notas
en la vana partitura.

 

 

 

 

CONTRA LOS JOVENCITOS

No. No quiero llamarlas horas crueles,
sino ventajosas, puesto que conducen
los cuerpos a extremos tales
de perdición y originalidad,
y hacen que los niños sanos
tengan grietas en el rostro,
y que aumenten sus ojeras.
Sí. Cuántas gracias hemos de dar
por esos niños tristes
que ya lo han andado todo,
por los cuerpos que están en peligro
de ser para siempre bellos
y son salvados luego por el tiempo.
Alrededor del jardín, que es muy grande,
se paran de vez en cuando,
inclinan la cabeza hasta la tierra,
detienen sus miradas en un punto;
no importa el terror que sienten
al saber que están sufriendo:
la sencillez no les salva
ni hace más tolerables
sus tormentos la ignorancia.
Misericordia. No libres jamás a los cuerpos
del horror,
de los calabozos largos,
del dolor increíble
de llegar a ser ancianos.
Que sea severa y lenta la marcha de las horas
y agotadora la espera,
que pierdan para siempre la sonrisa,
que se les haga tarde,
que no tengan virtudes, ni maestros, ni parientes;
y que en sus últimos años
recuerden que fueron tiernos,
deseados, inmortales…
Y que se queden solos,
satélites cansados de la vida,
y que por más que lo pidan
nunca mueran,
y no puedan entrar en el infierno.

 

 

 

 

ESPÍRITUS DE NADIE

Espíritus de nadie, niebla a solas
y fórmulas sagradas que se pisan
van dejando tus señales
sobre lánguidos tapices de ceniza.
Las palabras, endiabladas caracolas.
La pasión, un trabalenguas.
Y el minuto que recuerdas, un suspiro
que se esfuma lentamente en los cristales.
Y el hábito que queda
por si los siglos pasan en vano,
dejaré un testimonio el sigilo
de quien estuvo en la fiesta
pero no fue presentado.
Espíritus que abrazan lo que resta.

 

 

 

 

LA EDAD DE LA INOCENCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Estela

Me sorprendo al ver las cosas
tan rendidas al tiempo
tan sometidas siempre a su propio tamaño.
me acostaba en el cuarto de mis padres
para olvidar las estatuas del miedo
(ellos, mientras, jugaban a las cartas),
pero no pude nunca recordar el momento,
el instante preciso
en que unos brazos me devolvían a mi cama.
La noche ya no tiene sorpresas, ni nada,
y en eso descubro la trama del tiempo:
que los ojos los cierro y los abro
invariablemente
en la misma almohada.

 

 

 

 

EL PODER

Muchas veces he querido poder
para no tener que deber:
transitar sin una fuga por los dédalos espinosos
del laberinto
sin sentir la obligación de derrotar al Minotauro.
Porque sólo los débiles luchan
o se entregan rendidos al hilo de Ariadna.
Los fuertes ni temen ni luchan.
El poder no es un gesto.
El poder significa poder preferir otros juegos.
No ser odiado. No ser temido.
El poder no es trabar amistad con los fuertes
ni escalar temblorosos la cima del cetro.
El poder es distinto:
la manera de ser sin estar,
una suerte de paz, un rumor reposado de suelas,
ser la sombra del hilo de Ariadna.

 

 

 

 

RETRATO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Daniel Garbade

Hay que comprenderlo: en él son transitorias las tormentas,
y sabe Dios si en él hay sentimientos verdaderos.
No tiene fe en los proyectos, y su destino le aburre.
Pero es fácil sorprenderle con los párpados caídos
y el corazón en la mano por un desengaño.
No fue torero porque no quiso;
al principio tenía desmayos con la sangre,
luego la olía, respiraba y se la bebía, con un desplante.

Hay que perdonarle: un sufrimiento de lujo, un tormento existencial,
ese punto donde cruzan en la noche sus miradas
el bien y el mal, con un pronto elegante.

Pero luego le ves sufriendo. Y no lo entiendes:
si estaba llamado a ser feliz, si se le notaba en la risa,
si yo respiraba también
el aroma infalible y perdido de su frivolidad.

¿Qué ha sido entonces de todo?
¿Y quién puede inventarse un universo?

 

 

 

 

SIN RETORNO

Cuánta inconsciencia en aquellos
años de fuego, los primeros.
El presente era vivir un periodo de prueba
y en cualquier momento se podía volver atrás;
eso creíamos, tan jóvenes,
tan miserablemente puros
aun en los gestos peores:
el tiempo era un juego fácil de sombras chinescas
en nuestras manos,
y como en esas pesadillas lentas
de las que siempre, al final,
en el momento más terrible
uno si quiere se despierta
y se incorpora en la cama,
así creíamos los días reversibles.
Como si cada paso no fuera parte de un destino,
y cada palabra no tuviera un eco de sentencia,
y no fuera el capricho,
cualquiera de los tantos,
una elección definitiva.

 

 

 

 

EL PASADO DE LOS AMANTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis Cremades

No hay nada más temible ni más desconocido
que el pasado de los amantes,
aquellos por quienes lo apostamos todo,
la fuerza vil de nuestros besos, el resuello.
Esos rincones que no nos pertenecen,
por más que, sin embargo, podamos proyectar
nuestra pasión
sobre el futuro de nuestros amantes,
los verdaderos.
Porque el pasado que fue —ya para siempre—
nunca muere,
y pesa como un lastre de temores
al olor de una sospecha que anida en las almas
de los enamorados, las víctimas, los débiles,
los que todo lo pierden, los que sienten…
El futuro es un dolor que no está hecho;
el pasado no es ceniza,
es la carne que perdura
poderosa en el recuerdo.

 

 

 

 

LA DAMA CANSADA

Por esa muerte nueva
que no será desolada y a solas
sino colectiva y sorda, rotunda.
Porque la felicidad es breve
y se va como viene:
repentina y terrible.
Por la luz del sol intensa
en la estación de la agonía
que me cansaba los ojos, de verla,
y esas noches largas con destellos
que tienen llagas en las luces,
y el amor. La cruz de fuego
que fue una convulsión, un llanto
y a veces, por los dioses, un rocío.
Porque la Dama Cansada
deponga la risa y nos lleve.

Quiero vivir las horas que nos quedan
contando con los dedos las sonrisas
que me cruzo en el paseo.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía Reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

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