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LLUVIA SOBRE EL RÍO

 

APRENDIENDO A HABLAR

Siempre que Jason decía caztor en lugar de «castor»
o aldilla en lugar de «ardilla»
lo adoraba en secreto.
Son palabras mejores:
El ajetreado caztor caztoreando;
la cola gris de la aldilla
enroscada como una culebrilla de humo en una rama de arce.
Nunca le dije que estuviera pronunciando mal sus nombres,
aunque yo sí los pronunciaba según la convención.
En cierta ocasión se dio cuenta, y se explicó:
«Yo digo caztor.»
«Genial», le dije, «como lo veas».
Pero en una semana
estaba pronunciando ambas «correctamente».
Cumplí con mi deber,
y lo lamento.
Hasta nunca, caztor y aldilla.
Tanta belleza perdida para el entendimiento.

 

 

 

 

PSICOECOLOGÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUn homenaje a Walt Whitman

La realidad es obra de la imaginación.
La imaginación, canal de la emoción.
Tras todas las lágrimas y risas,
la emoción se vacía en el espíritu,
y el espíritu se condensa sobre la realidad
como el rocío en una hoja de hierba.

 

 

 

 

SER

xxxxxODA

Carne y aliento.

Luz lunar licuándose
en la garganta de un lirio de agua.

Matorrales de arce joven
a punto de germinar.

Todo lo que tienes que ser
es quien eres,

desnudo más allá del cuerpo,
de tacto en tacto.

 

 

xxxxxPALINODIA

¿Todo lo que tienes que ser
es quien eres?
Qué puedo haber querido
decir con eso.

Tanto si parte de ti
es quien sueñas que podrías ser
si no fueras el mísero zoquete
que de hecho eres,

como si tu «verdadero tú»
es ese que de brazos cruzados se pregunta quién
es el verdadero tú

—o si alguna vez has deseado ser
alguien más, otra persona;

un contable en Coronado,
un friegaplatos de un asador de segunda en Omaha—

o si entiendes todo esto,
o aún te importa,
probablemente estás bien jodido

o lo bastante próximo
para ser bienvenido como amigo.

 

 

 

 

PRÁCTICA, PRÁCTICA, PRÁCTICA

Exige la más estricta disciplina
tomárselo con calma de verdad

y conservar, no obstante, el mínimo
latido de ambición
necesario para seguir consciente.

En eso he estado trabajando toda la mañana.

tirado en el sillón
junto a la ventana en la cabaña de Bob,

mirando la lluvia,
sin patrones,
caer sobre el estanque,

sólo los perros y yo.

 

 

 

 

SABIDURÍA Y FELICIDAD

La media luna húmeda que dejan las lenguas de los perros
cuando lamen el pienso del gato del suelo de la cabaña;

la hebra de luz, más delgada que las de las arañas,
desenrollándose desde el centro de mi pecho
como una trucha de veinte kilos que raja la corriente río abajo
a través de las aguas celadonas del Smith;

el resplandor del agua a los lados de Victoria
en ese momento en que da el paso
de la sauna al interior de una tormenta salvaje del Pacífico,
centelleo vaporoso, el cuerpo ido;

la elegancia de un sendero de alces
cortado por el limo de un arroyo arenoso;

retoños de alisos rojos a primeros de marzo;

carne de venado y salmón fresco,
la inminencia del maíz del jardín;

Jason dormido una noche entre semana,
su pierna derecha desnuda colgando del colchón
(vaya, se está haciendo grande);

echar un pedazo de madroño
al hogar del fuego durante una noche nevosa,
amortiguar el calor de la estufa
para que las brasas prendan el fuego de la mañana;

el modo en que los terriers estornudan y brincan y corren
delirantemente entre los frutales
cuando saben que vamos a dar un paseo;

las gotas de lluvia en los huecos de las hojas del arándano
horas después de que haya pasado la lluvia.

Hoy he cumplido cincuenta y cinco, todavía en la brecha,
y aunque sólo los tontos reivindican la sabiduría,
no sé de qué otra manera llamarla
cuando cada año
cuesta menos hacerme feliz
y dura más tiempo.

 

 

 

 

RED SAILS

Me siento ante el escritorio
y sin razón aparente
empiezo a cantar, con torpeza,
Red sails in the sunset
Lo canto hasta que me engolfo,
sea un golfo lo que sea,
más loco que el carajo,
tenlo por seguro,
y profundamente agradecido.

 

 

 

 

CONMOCIÓN Y BORRASCA

Has tocado fondo
cuando entiendes
que no hay fondo
que tocar.
Y sólo te metes ahí empapado
en la proa de un barco
contemplando la lluvia
caer sobre el océano.

 

 

 

 

SOBRE EL HUMOR: ACERCA DEL APAREAMIENTO
DE LOS BURROS CON LAS CEBOLLAS

Si cruzas a los burros con cebollas
obtienes principalmente un montón de cebollas con orejotas.

Ésa es la primera parte del chiste.
La bobería del lenguaje invita,
la importancia
sin propósito del juego
cuando sólo estás jugueteando
sacando esto y aquello
de entre infinitas posibilidades
y juntándolo de nuevo.
La mente a tomar por culo toda la tarde.
Divertido, eso es seguro, divertido, pero
no esencial;
y desde luego no lo que esperabas
después de cruzar burros con cebollas
del único modo en que pueden ser cruzados;
en mentes lo bastante libres para unirlos
sólo a ver
qué pasa.

Y lo que pasa
es que principalmente obtienes
cebollas con orejotas.

Pero el amor invariablemente recompensa la imaginación,
así que de vez en cuando consigues
un pedazo de yegua
que te arranca las lágrimas de los ojos.

 

 

 

 

PALMAS HACIA LA LUNA

xxxxx1

Teníamos quince. Verano.
Atravesábamos el pueblo a la luz de la luna
hacia el acantilado de la playa.
Hicimos el amor en aquel campo tembloroso
donde las sensaciones divinieron emociones,
ninguna de las cuales conocíamos hasta entonces.
Nuestros corazones como antorchas arrojadas al mar.
Una magnificencia
que no puede sobrevivir
a la inocencia
que la hace posible.

 

 

xxxxx2

No hay belleza sin desaparición.
No hay amor sin ese primer desolado momento de desgarro
cuando comprendes que algo va mal,
pero no sabes qué es
ni cómo detenerlo.

 

 

xxxxx3

Medianoche, las montañas,
hacemos una cama con nuestra ropa
sobre el bloque de granito.
Desnudos más allá de la piel,
levantamos las palmas hacia la luna,
nuestros cuerpos tiemblan como la rama de un árbol
un latido después de que el pájaro haya volado.

 

 

 

 

UNA COMPRENSIÓN MÁS FIRME DE LO OBVIO

Por la tarde, a principios de junio,
dulcemente cansado del día de trabajo,
vagueando en el porche trasero con amigos,
después de la cena
(espárragos y espinacas
lomo de ciervo
ahumado y poco hecho),

contemplando al ocaso
sacar brillo al océano,
vencejos de alas rígidas
grabados en el aire,
una luna llena alzándose como una fiebre perlada
enorme sobre las secuoyas,

estoy embargado por la comprensión
de que nunca entenderé
el origen y el destino del universo,
el sentido o el propósito de la vida,
ninguna de las respuestas
a las grandes preguntas del ser,
y probablemente poco más.

Y ese conocimiento, por último,
me hace feliz.

 

 

 

 

EL TERCER BANCO DEL RÍO

Los tres ciervos que beben
bajo la luz de la luna en los bajíos del río
oído avizor.

Hocicos que gotean,
orejas tensas bien abiertas,
estremecimiento en los costados cuando los músculos se enroscan

en esa temblorosa pose
entre la quietud y el vuelo;
ellos escuchan los latidos de mi corazón

hasta que los oigo yo mismo.

 

 

 

 

UNA COSA TRAS OTRA

Tantos caminos verdaderos.
Una plétora de maestros excepcionales.
Incontables ríos en los que no he pescado.
las posibilidades del amor desafiando al álgebra.
Todos estos platos sucios.

 

 

 

 

SELECCIÓN INNATURAL: UNA MEDITACIÓN
ACERCA DE LA CONTEMPLACIÓN DE UNA RANA TORO
FOLLANDO CON UNA ROCA

Amalgama de gelatina eléctrica,
nudos neuronales constelados
y la sopa binaria salobre,
tan cierto como que un estímulo provoca una respuesta,
los cerebros están hechos para elegir.
Y debido a un gran error en el reconocimiento de patrones
o a un relevante fallo cognitivo,
el cerebro de la rana toro ha elegido
una roca de dos libras
como el objeto de su cariño incontrolado,
una roca (a mis ojos, cierto es que mamíferos)
que no se asemeja,
ni vaga mente sugiere,
a la hembra de su especie.

Parece estar disfrutando
de un modo descortés,
pero como la roca obviamente permanece impasible
uno sospecha que no es una mezcla de dulces olvidos
lo que aviva su ímpetu,
sino un serio vicio en bucle retroalimentado;
a lo mejor sólo es vicio en general.
Los menos compasivos podrían incluso llamarlo
la quintaesencia del macho insensible.

Asumiendo un vínculo de género más allá de la especie
y una inquietud común,
aconsejo a mi ambicioso compañero:
«Eh, no creo que se esté haciendo la dura.
Te enfrentas a un caso literal aquí, Jack;
historia real, amigo; hechos pétreos.
Y sería negligente en lo fraternal si no compartiera
mi profunda y eminentemente razonable duda
de que la vayas a poder desgastar
por largo y grandioso que sea tu ardor.»

Ignorando mi consejo
tan completamente como mi presencia,
la rana toro sigue con su asalto infructífero
con esa promesa de locura enajenada
que invariablemente acompaña
a la idiota lujuria de ojos saltones.

Pero, en justicia,
¿el cerebro de quién no se ha cortocircuitado en un charco de hormonas
o, inflamado como un bidón de gasolina,
no ha sido arrojado a un torbellino que aullaba
donde una roca, de hecho, podría parecer un puerto?
Uno sólo puede concluir
que tal concupiscencia arrolladora
funciona como un seguro de vida para las especies,
un tipo de anulación procreativa
de cualquier decisión que requiera pensamiento,
un pensamiento que es notoriamente presa del pensar,
y cuanto más piensa uno sobre el pensar
más pensante se pone.
Por tanto, aunque el cerebro está hecho para elegir,
su existencia última depende
de la supremacía generativa del descerebrado deseo;
por lo que, con todo respeto, Monsieur Descartes,
tu soy viene antes de que pienses que eres.
Sucias compulsiones gobiernan deseos poderosos
volviendo irrelevante cualquier elección, así también
la razón, la moral, el gusto, las maneras,
y todas esas otras jarras de purpurina
que vertemos sobre lo pringoso y lo crudo.

La dura verdad es que nunca elegimos elegir:
ni los cerebros que usamos para optar
entre explicaciones opuestas para nuestro lío sexual
ni esos corazones que hemos cargado con nuestros errores
en nombre del amor.
Hacemos aquello que decidimos hacer,
la elección no es libre;
vivimos a merced de carencias más apremiantes.

Así, las urgencias surgiendo urgentemente,
montamos a unas pocas rocas por error.
Algo más embarazoso que la mayoría de nuestras estupideces, cierto;
pero y qué.
El poder de lo imperativo
acoplado a la ley del promedio
garantiza virtualmente que bastantes lo harán bien
para crear más cerebros que sepan
exactamente qué pasos seguir
hacia lo que pensamos que necesitamos
en este viaje pedregoso entre el delirio y el espejismo
—cuándo moverse, cómo usar nuestros sueños—,
un viaje donde aprendemos al final
que la libertad no es una decisión
que el cerebro sea libre de elegir.

Afortunadamente, mi verrugoso amigo,
el alma está hecha para aventurarse.

 

 

 

 

ATACÁNDOLO

Todos los plantadores de nuestra cuadrilla
cargábamos bolsas dobles de plantar.
Piss-Fir Willie llevaba tres en el arnés,
y metió otros veinte brotes desnudos
en su mochila con el almuerzo.
Un día que Timothy le pinchaba
—«Caray, Willie, seguro que podrías llevar
otros seis en cada pierna del pantalón
y una docena más entre los dientes»—,

Willie se volvió para decirle,
lo bastante alto para que lo oyéramos,
«Te diré lo que me dijo mi padre:
Hijo, si vas a ser un oso,
sé un grizzly».

 

 

 

 

TRABAJO DURO

Chicos, he escuchado vuestra mierda lo suficiente.
Si queréis saber lo que es trabajo duro, escuchad:
he cabalgado bajo el látigo de la miseria; he acarreado leña;
trabajado en un aserradero; reducido rocas enormes a piedrecitas;
levantado cien millas de vallas de madera;
plantado cepos en terrenos tan abruptos
que tenías suerte si podías arrastrarte colina abajo.
He hecho frente a un incendio salvaje; apilado sacos terreros frente a una riada;
empacado heno hasta tropezar con mi lengua;
y desguazado trastos de todo tipo
hasta destrozar la cabeza de una almádena
y un par de pares de guantes de soldador.
Así que, chicos, podéis tomar nota como si lo dijeran las sagradas escrituras cuando os digo
que el trabajo más duro que hallaréis en este mundo
es cavar la tumba de alguien amado.

 

 

 

 

SABER CUÁNDO PARAR

Has tenido demasiado
cuando no puedes recordar
cuánto has tenido
ni te importaría una mierda
poder recordarlo.

 

 

 

 

GASTOS VACACIONALES

De vuelta de su quincena de vacaciones anual en Petaluma,
noto que Willie va lento con su pala
mientras colocamos un buzón en la puerta sur de Temple Flat.
Bromeo: «¿Qué pasa, Willie, has olvidado
cómo usar una retroexcavadora irlandesa en la gran ciudad?»
Y aunque replica: «Joder, he desgastado
más palas antes de tener pelo en el culo
de las que probablemente usarás en toda tu vida»,
la respuesta es poco entusiasta para ser de Willie,
Y parece que se moviera con cierto enojo.
«¿Te sientes bajo?», inquiero.
«Un poco», admite.
Apisona algunas rocas alrededor del buzón,
se inclina sobre la pala de mano como un trabajador de Caltrans
y se queda mirando el llano entre las colinas marrones de verano.
«Ya sabes», agita la cabeza,
«hay que ser idiota para querer ir a la ciudad.
Los primeros nueve días los pasé bebiendo whisky,
los siguientes cinco minutos logré
que unos cuantos jornaleros mexicanos
a los que había cabreado en un bar de South Street
me sacaran a patadas hasta la primera puta papilla de mi vida
y el resto de la noche en la celda para borrachos meando sangre
hasta que me llevaron al hospital del condado
donde pasé el resto de mis vacaciones.
Imagina quinientos dólares en whisky, uno de los grandes de multa,
y otros cuatro mil setecientos por la puta factura del hospital.
Aquellos leñadores mexicanos podrían haberme dejado estúpido,
pero no soy idiota. De aquí en adelante,
me voy a tomar vacaciones cada veinte minutos,
aquí mismo en las colinas,
justo como estoy haciendo ahora».

 

 

 

 

PRECEPTOS BÁSICOS
Y UNA ADVERTENCIA PATERNALISTA PARA LOS JÓVENES

No te comas un animal atropellado que puedas arrojar en tu remolque.
No le hagas un calvo a la Patrulla de Carreteras.
Las apuestas largas cuando vas corto de dinero suelen ser perdedoras.
No confundas el góspel con la iglesia.
Nunca te chives de amigos o familiares.
Evita vivir en un sitio donde no puedas mear desde el porche delantero.
Sólo porque sea simple no significa que sea fácil.
No firmes un cheque con tu boca de cocodrilo que tu culo de lagartija no pueda pagar.
Si no la quieres, no silbes.
No te metas entre dos perros a marcar territorio.
Cualquiera machaca unos tomates, pero hace falta un chef para hacer salsa.
Nunca eres lo bastante pobre como para no prestar atención.
No andes farfullando paranoias.
Nunca duermas con una mujer que te está haciendo un favor.
Si te golpea un abusón, pon la otra mejilla. Si vuelve a abofetearte, dispara a ese hijo de perra.
Conservarlo es el doble de difícil que conseguirlo.
Nunca atravieses un pueblo en coche a cien millas por hora con la hija quinceañera
xxxdel sheriff borracha y desnuda en tu regazo.
Nunca dibujes en sentido opuesto a la gota.
Si no estás confuso es que no sabes qué está pasando.
El amor es siempre más duro de lo que se presiente.

 

 

 

 

MATAR

Sólo de dos maneras
puede justificarse
matar a una criatura:

si vas a comértela
o intenta comerte.

 

 

 

 

LA MUERTE Y EL MORIR

No importa un bledo
cuándo, dónde
o cómo
mueras.
Lo importante es:
no te lo tomes como algo personal.

 

 

 

Dodge, Jim. Lluvia sobre el río (Trad. Antonio Rómar y Pablo Mazo Agüero). Madrid; Ed. Salto de página, 2017.

 

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