Archivo

Archive for 16 enero 2019

CUADERNO DE CAMPO

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS se dirigió a las aves las
llamó hermanas impuso el silencio les dijo

xxxxxxxxixxxxxxxxxahora me toca hablar a mí

a mí
que sueño con todas las alas de mariposa
xxarrebatadas
una a una
para enterrarlas junto al cuerpo de miles que
xxperecieron
hace miles y miles de años
(pétalos, pequeñas deidades animales hechas
xxde barro, vientres que se vaciaron para dar
xxpaso a la mirra)

pero me toca hablar a mí
que soy un organismo como cualquier otro,
xxinfinidad de posibilidades, de células
xxchocándose las unas con las otras, una
xxmultitud de impulsos

—repito—
como los de cualquier otro debatiéndose
xxdentro por igual
entre los estímulos de la destrucción y de la
xxsupervivencia

a mí
que estoy escribiendo estas líneas que tienes
xxante ti porque he vuelto a buscar
la técnica de datación por carbono, los
xxentierros en el paleolítico, el proceso de
xxembalsamamiento y preparación del difunto
xxen el antiguo Egipto
a mí
xxque como tú
xxquieres
xxxxxel remedio la bondad
el ejercicio exacto para perpetuarse

xxxxxxxxxxxxxxxel reconocimiento el refugio
xxxxxxxxxxxxxxxxxla venda el duelo
xxxxxxxxxxxxxxxtodo
xxxxxxxxxxxxxxxtodo lo necesario

a mí
que miro mis dientes y mis manos
cada parte de mí abreviada
como escribir siempre ADN y no intentarlo con
xxácido desoxirribonucleico

a mí
que me gusta situar las cosas
en la región exacta
darles un significado
proveerlas de una historia

a mí
que no soy San Francisco
ni vosotros mis hermanas, las pobres
xxgolondrinas

a mí
que no soporto la idea de verme hablar a un
xxanimal
para pedirle que se calle
que prefiero la cura y no el silencio

pero cada vez que escribo
estoy contradiciéndome
a mí misma
convirtiéndome en la hermana,
en el profeta que se sienta delante de los
xxpájaros
pidiéndoos por favor de nuevo

silencio

porque al fin callan
las alas de mariposa, el hermano y las
xxgolondrinas,
y me toca hablar a mí.

 

 

 

 

xxxxxixxxESCRIBO NIDO
NO PECHO NO CARNE NO CIELO

 

xxxxxI

Solo hay una forma correcta de llevar un regis-
tro de aves:

—el sujeto que observa y anota siempre es el
mismo
—las manos que agarran siempre son las mis-
mas
—los animales que se escriben tarde o tempra-
no hacen el nido
—en ningún caso se permitirá el retorno de un
animal del cuaderno enfermo al cuaderno sano
—las aves y este cuerpo siempre buscaron la
caída
—hombres y animales siempre comparten la
misma página

 

 

xxxxxII

así la palabra pecho, así la palabra nido
así esta sucesión de manos que han pasado
siempre por la misma parte de mi cuerpo po-
dría constituir una narrativa;
no una sucesión de gritos, no una sucesión de
espacios

porque vosotros
siempre os refugiáis
en mi pecho que es isla
en mi pecho que es paraíso
en mi pecho que es cúmulo de leche invisible,
sudor y sangre

yo que os enseñé con esta parte de mi cuerpo a
tener hambre, soy incapaz de responder si me
preguntan: señorita, diga la región exacta, concreta,
única, señorita, dígame todos los nombres correctos de
vasos y venas, ganglios y linfa, músculos y grasa, tipo de
divisiones y de células… pero señorita, ¿cómo que no lo
sabe? si estamos hablando de su propio cuerpo
no, no, y no
pero quizás puedo decirle, señor,
mientras mira atentamente esta parte de mí
esta parte de grieta y ayuno,
este sitio donde anidaron todos los hombres de
mi vida:
(sí mi abuelo, sí mi padre, sí mis hermanos, sí
el que hizo posible la caída, sí, el que ensuciaba
todas las calles con el nombre de arthur cravan)
sí todos los animales que he alimentado como
los hijos que no tengo,
porque ya sabe,

xxyo soy un vientre vacío, mamá

y no soporto que escribáis sobre vísceras y ve-
nas sin haberlas tocado:
hablo de tener las manos ardiendo y empapadas
de sangre, hablo de los últimos movimientos y
de lo caliente que está un cuerpo antes de mar-
charse.
hablo de saber señalar en el mismo órgano mo-
ribundo el dolor exacto, el agujero recién naci-
do.
por eso, os digo, si os preguntara:

¿qué cantaríais?

 

 

xxxxxIII

venid que yo os enseñaré a tener siempre
xxhambre
venid que yo os enseñaré qué es la verdadera
xxpureza
venid que yo os enseñaré sobre anatomía y
xxanimales
venid que yo os enseñaré a elegir bien entre la
xxcarroña
venid que yo os enseñaré a alimentar a los
xxbuitres hermanos
venid que yo os enseñaré a diferenciar el poema
xxde la cacería
venid que yo os enseñaré qué canción hay que
xxcantarle a la muerte

 

 

xxxxxIV

porque vosotros con esta parte de mi cuerpo os
comportáis como pájaros
porque a todos vosotros os cobijé en la misma
región anatómica y, aunque solo sepa de cuer-
pos y enfermedades de animales, podría equi-
pararme con cualquiera de ellos y deciros que
xxxtengo el corazón de vaca
xxxtengo los dientes de perro
xxxtengo la placenta de yegua
xxxtengo el vientre lleno de leche de gato
xxxxxxpara las crías que invento

porque yo los he abierto para aprender a deli-
mitar de manera concisa y exacta
qué trozo de carne debo tocar para que un cuer-
po no se derrame

por eso os digo
que yo,
que me he quedado dormida mientras os ama-
mantaba,
yo que he sido ofrenda y alimento,
rastrojo y desperdicio,
sal y lágrima,
puedo deciros otra vez
la razón por la que seguís comiendo de mí,
(sí profesores, sí hermanos, sí amantes)

Porque habéis aprendido como esa especie de
pájaro a construir solo el nido en árboles que se
preparan para morir.
Porque habéis elegido lo que se esconde y lo
que hace latir, el mismo fluido incansable infi-
nito del color de la leche.

 

Mientras os lloro,
mientras con mi propio cuerpo
os doy de comer.

 

 

 

Sánchez, María. Cuaderno de campo. Córdoba; Ed. La Bella Varsovia, 2017.

 

VIETNAM (Primeros Planos)

 

xixixVIETNAM
(Primeros Planos)

LOS VIEJOS

Vemos al yanqui con su presa:
un viejecito andrajoso
con los ojos vendados y las manos atadas
a la espalda. Le vemos vacilar. Va temblando.
No es de temor. Su cuerpo se estremece
de vejez y de ira; del cansancio infinito
que hace a sus huesos desecados,
apenas recubiertos por la carne,
crujir mientras se curvan
en un gesto engañoso
de humilde vencimiento.

¿Qué hicieron esos viejos? ¿De qué modo
lucharon? ¿Con qué fuerzas? ¿Con qué armas?
¿Por qué los atraparon, cómo, dónde?
Sólo se ve que están apenas vivos.
Despojo ruin; pavesa miserable
del continuado incendio de su vida.

El yanqui se retrata con su presa.
Pero en seguida descubrimos
que ese bigboy de metralleta al hombro
y un rubio cigarrillo entre los labios
no acierta a fabricarse la sonrisa
del vencedor. El yanqui tiene miedo.
Teme a esos viejos. Sabe
que tras los míseros harapos
en el hundido pecho ennegrecido,
se oculta un recio corazón gigante
con espoleta de odio inextinguible;
un explosivo extraño y peligroso.

 

 

LOS NIÑOS

En el Vietnam hay niños; nacen niños.
Traídos a la vida cada día
por la corriente irreprimible
del poderoso amor, confiadamente,
osadamente nacen. Son pequeños,
son dulces y dorados
como la piel del plátano maduro.
No saben nada; sólo
vivir. Y sólo quieren
vivir al sol, al beso y a la brisa;
beber amor por todos los sentidos;
comer, reír, llorar. Y enderezarse
como los tallos del arroz, primero;
luego, como los troncos de la selva.
Mirad y ved los niños aplastados,
acuchillados, rotos,
perforados, roídos
por el napalm; mirad sus carnes puras
llagadas hasta el hueso;
ved las vacías cuencas de sus ojos.
(El yanqui escribe a la familia
y manda besos a los pequeñines.)

 

 

LAS MADRES

Con esa carga dulce y tremenda del hijo
colgando de sus hombros o apretado en los brazos,
caminan, cruzan ríos, pantanos, espesuras.
Huyendo. Huyendo siempre sin saber hacia dónde.
Las vemos en refugios subterráneos,
en la profunda entraña de la selva,
por caminos desiertos
o en una casa en ruinas sin puerta ni tejado
cociendo un puñadito de arroz o dando el pecho.
Pero abrazando siempre, protegiendo incansables
el informe envoltorio donde asoma y reluce
como una perla oscura la carita del hijo.

Las vemos solas, mudas, con sus ojos abiertos,
opacos de dolor, interrogantes,
como esperando —¿qué?— dentro del caos.

Pero sus rostros tienen
un raro resplandor, cierta belleza
de signo sobrehumano donde late
una indomable voluntad de vida.

 

 

EL ARROZ

Hijo del sol, del agua, de la tierra,
de la amorosa mano del labriego,
el arroz atesora,
en diminutos granos de alma blanca,
sus mágicas virtudes.
El arroz es el puro
y humilde sacramento
con que el Vietnam comulga y se alimenta.

El yanqui lo contempla desdeñoso:
(¡comida de los monos amarillos!)
y en el Vietnam, matar es la consigna.
Matemos el arroz. Hagamos hambre.

Llegan las aves tronadoras
y el arrozal sagrado es destruido.

 

 

LA SELVA

La selva es un gigante de pies quietos,
con fuerza inmensa y miembros infinitos.
La selva tiene garfios y puñales.
Punza y araña; hiere y envenena.
La selva es una trampa con mil bocas
que succiona al intruso,
lo ablanda, lo digiere.

Pero la selva tiene entrañas
maternales y próvidas
para los hijos de su tierra
que la conocen y la aman.
La selva los acoge y los protege:
les brinda sendas sinuosas,
cien túneles secretos, escondrijos,
hondos e inextricables
laberintos que ocultan
en su interior los claros apacibles
como jardines bien cerrados.

La selva es vietnamita;
es vietcong, antiusa.
Hay que matar la selva.

Y así, bajo la lluvia ponzoñosa,
entre las llamas asesinas,
los árboles soberbios se estremecen,
sus ramas crujen, se desgajan
en dolorosas convulsiones;
las hojas se abarquillan y se funden
en opaca ceniza;
los troncos poderosos se convierten
en calcinados esqueletos.
¿Qué ha sido de aquel iris prodigioso
de flores y de pájaros?
¿Qué ha sido de las simples bestezuelas,
de las fieras rugientes,
de los animalitos diminutos,
del mundo que se arrastra y el que trepa?
Todo agoniza, todo se disuelve
en humo y brasa; en polvo dolorido.

Porque, en Vietnam, matar es la consigna.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

EL DON DE LA IGNORANCIA

 

QUÉ angustia, en la cumbre
de la desolación.
Y qué desolación,
tan lejos de la cumbre.

 

 

 

 

HAY que llegar al borde
y apurar esta vida
que duda de sí misma
y que vacila,
y acaso se detiene.
Y volver, si es posible,
por haber descubierto
que nada, nada pasa,
porque no hay en ti
más que ocres,
estos grises,
los oscuros azules
del otoño.

 

 

 

 

NO sé si mis palabras
son de paz y consuelo
o de desolación.
Desolado es mi rostro
si me miro
en algún frío espejo,
desoladas mis manos
que sostienen el mundo,
desolada la mente
que sostiene mi mano.
La mirada se posa
serenamente en todo,
y el mundo se detiene,
el verso se detiene.

 

 

 

 

SOSEGAR el espíritu
entre el pavor y el gozo
de vivir.
Y que el mismo sosiego
sea el signo gozoso
de que el pavor empieza.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa nada es el fruto de mi
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconstante meditación.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOmar Jayyam

¿CÓMO podré pagarte
que me hayas hecho ver
la irrealidad de todo,
la vanidad de todo?
Cuánto daría yo
por oír en tu voz
que la nada es el fruto
de tu meditación,
que después de la muerte
hay la nada
o la misericordia.
Tus palabras me llegan
con sabor a tu voz
y me parece verte
con un vaso en la mano,
que levantas
hacia ese firmamento
resultado tan sólo
de la imaginación.
Si es que eres tú, Omar,
arráncame una a una
las certezas.
Que quede tan desnudo
como las claras dunas
del desierto.
Omar Jayyam, brindemos,
porque aunque todo sea
viento, espejismo, sueño,
quiero seguir oyendo
tus palabras,
contemplar tu figura
de apagada ceniza
y beber en silencio
el vino de tu cáliz.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAnte la tumba de Ángel Crespo

¿QUIÉN es el que aquí yace,
si en la piedra me he visto
reflejado
igual que en un espejo?
He leído tus versos
en silencio,
pero era tu voz
la que yo oía.
No olvides que tenemos
una cita
más allá de las sombras.

 

 

 

 

MUEREN todos los hombres,
los que ignoran,
los que viven pensando
en el mañana
de un tiempo que no existe.
Todos los hombres mueren,
y esta tarde,
luminosas tinieblas
hacen brillar en mí
una fe que no es fe,
sino conciencia
de cegadora luz.

 

 

 

 

ME gusta caminar
sin compañía,
descubrir en los árboles
la semilla del fuego,
ver crecer los arbustos
con su ritmo tranquilo
y sentir cómo a todo
lo ilumina
la misma única muerte
que me ilumina a mí.

 

 

 

 

UNA paloma.
Pero tú ¿cómo sabes
que eso es una paloma
y que no es un domingo
o una mañana gris
o esa ave extranjera
que no conoce nadie
y que rompe el espacio
y sorprende a las copas
de los árboles
con cantos no aprendidos?
Sé que es una paloma
y que no es un domingo,
ni una mañana gris,
ni algún astro perdido,
como sé, estoy seguro,
de que, no siendo nada,
soy un hombre
que ve alzar el vuelo
a una paloma
que va rompiendo el aire
y deja la mañana
vacía para siempre.

 

 

 

 

NO sabe el gorrión
que es gorrión,
aunque advierte que él
no es una alondra
ni un águila real.
Del aire sólo sabe
cuando impulsa su vuelo
o lo derriba
como de un manotazo.
Siente suyo el espacio,
pero no se pregunta
dónde empieza,
ni dónde está su fin.
Yo sé lo que es el aire
cuando llena de gozo
mis pulmones,
y lo sabré mejor
cuando un día me falte
y no sepa encontrarlo.
Saber de mí algo más,
o abandonarme al aire
y que el viento me empuje
o me derribe,
y volar
por espacios sin límites,
gozando la ignorancia
como un don.

 

 

 

 

DESDE este tren contemplo
la paz con que los campos
se me entregan,
la montaña que crece
si la miro,
el árbol solitario
que camina
en busca de raíces,
alguna casa aislada
que recuerda
que el hombre aún existe.

 

 

 

 

Y, desde el tren, el mar.
Qué gozo poder verlo
siempre el mismo.
No merezco tener
ante los ojos
tanta pura belleza.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCampo de La Mancha

ESTE campo tan ancho
viste la desnudez
que tú anhelabas.
Mirándolo descubres
lo que eres
cuando logras librarte
de todas las montañas,
los ríos y los árboles
que impiden ver en ti
más allá del paisaje,
de todos los paisajes.

 

 

 

 

LUZ a lo lejos.
Infinita nostalgia
de no sé qué.

 

 

 

 

CÓMO resbala el sol
sobre las hojas.
Sensación de que todo,
ahora, en torno a mí,
ha dejado de ser,
y no hay nada, no hay nada
que se pueda cantar,
si no es el canto mismo.

 

 

 

 

ME da el sol en los ojos.
Nada pienso.
Se ha borrado, de pronto,
la memoria.
Qué importa si la vida
es transitoria,
pues soy invulnerable
si indefenso.
Se nubla el sol.
Mi cuerpo vuelve, tenso,
a soportar el peso
de la historia.
Lo que era oro, apenas
es escoria.
Es mínimo aquello
que era inmenso.
¿Habré de darlo todo
por perdido,
si nada tengo y nunca
lo he tenido?
Sé que abandonaré
lo que he soñado,
que en todo se asemeja
a lo vivido.
El sol está ya bajo,
y está el prado,
por resplandores
del resol, dorado.

 

 

 

 

¿QUIÉN hojea este libro
en que todo está escrito?
¿Quién caza uno a uno
aquellos pájaros
que daban fe del cielo
y que nos enseñaron
a olvidar?
No he podido encontrar
flores azules,
sino sombras azules.
Vierte ahora en el vaso
tu temor a morir,
y bebe, bebe antes de que sea
o demasiado pronto
o demasiado tarde.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carmen Borja

¿LLEGARÉ yo a escribir
alguna vez
el poema que me abra
ese paisaje
donde pueda perderme
entre los árboles
y aspirar los perdidos
aromas de la infancia?
¿Cuándo podré crear
un mundo tan real
como irreal es este
en el que vivo?
Todo lo que he logrado
es escribir poemas
que son sólo poemas.
No dan sombra sus árboles,
ni frutos.
En ellos no hay aromas,
ni el silencio que anuncia
que el poema se ha escrito.

 

 

 

 

SOLO, el verso se escribe.
Leído o escuchado,
este poema
¿cobra el mismo sentido
que el volar de una hoja
o el pasar de una nube?
Feliz este momento
en que las cosas
despiertan algo en mí
que no soy yo.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Jaime Siles

El poema se oculta
en el poema,
igual que la montaña
se oculta en la montaña,
y hasta el nombre de Dios,
en los nombres de Dios.
Escribes las palabras
y el poema se oculta
entre una letra y otra,
la montaña, en los granos
de arena del desierto,
como el nombre de Dios
entre los números.
El agua, allá en la playa,
disuelve cielo y rocas,
disuelve las palabras,
disuelve los deseos
de vivir.
No busques el poema
en el poema,
no busques la montaña
en la montaña,
ni los nombres de Dios
en el nombre de Dios.
Que los nombres, al fin,
sean un solo nombre,
y un número los números.
Contempla la montaña
como es
y deja que el poema
sólo sea poema,
que los nombres de Dios
se borren con las olas,
y verás el poema
florecer,
descender la montaña
hasta tus pies,
disolverse en las aguas
las palabras,
los nombres y los números.
Y que el poema sea.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

LA NIEVE SOBRE LA NIEVE

 

LA NIEVE SOBRE LA NIEVE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSiempre hay nieve dormida
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsobre otra nieve…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuis Cernuda

comenzaré a escribir
cuando empiece a nevar

nieva

miro por la ventana
y veo los primeros copos caer
como pequeños dioses sin templo
planeando
contra el gris de las nubes

había dicho
comenzaré a escribir
cuando caiga la nieve
y ha llegado por fin
como una visita inesperada
en medio de la tarde

me siento en la ventana
para ver nevar
y la nieve se acumula
sobre el alféizar
xxxxxxxxxxxxxxxconstruye
contra el cristal
una mullida muralla
una frontera de nieve
entre mi cuarto y la ciudad

mi yo diminuto
recorre la muralla como Shackleton
recorría la Antártida silenciosa
escribo
xxxxxxxxun yo diminuto recorre
la muralla
un desierto de nieve
por el que camino a tientas
como Shackleton cruzó Georgia del Sur
el tramo final de su aventura
después de tres años
después de la paciencia
por el helado laberinto antártico
escribo sobre Shackleton
e intento encontrar referentes
que me ayuden a escapar

salir a la intemperie
como el que sale en busca de la vida
porque ha perdido toda esperanza
porque ya no quedan víveres
y debe salir
aunque los víveres sean sólo una excusa
aunque la salida sea
un hecho independiente
de la vida que escribo

mi yo en el alféizar
hunde los pies en la nieve
hasta la rodilla
xxxxxxxxxxxxxxse detiene
a recuperar el aliento
y como el que siente
la presencia de un dios
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa su espalda
gira la cabeza y me mira
a través de la ventana
fija sus ojos en mis ojos
parece decirme algo en su mirada
el invierno es ensordecedor
gira de nuevo y continúa
escribo sobre el hombre
que recorre la nieve
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxel hombre
que soy sentado a la mesa
que escribe que mira
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor la ventana
y ve la nieve caer
xxxxxxxxxxxxxxxxxcubrirle
poco a poco decae de su empeño
reposa la cabeza en el frío
escribo que posa la cabeza
y me dejo caer sobre lo escrito
sobre el poema por venir
en el que escribo sobre el invierno
caigo como cae la nieve
sobre la ciudad
sobre las palabras
escribo en el poema que alzo
la cabeza y alzo la cabeza
para ver que mi yo
en el alféizar
xxxxxxxxxxxxha desaparecido
sus huellas en la nieve también

la ciudad fuera se adormece
hace días que la noche es perpetua

escribo que no hay nadie más
en el cuarto y que
xxxxxxxxxxxxxxxxxquizá
debería dejar la escritura y salir
escribo que a veces me gustaría amar
como aman a su país
los que llevan exiliados décadas
los que han olvidado
qué es realmente u país
los que aman un recuerdo borroso
o cómo los hijos de los exiliados
aman el país de sus padres
un amor heredado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxun amor
construido a base de relatos

la calle fuera se adormece

hace días que el silencio es perpetuo
hay coches aparcados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen el poema
escribí que había coches
y que la ciudad era oscura y silenciosa
como el abandono
así es la ciudad
pienso en lo lejos que está todo ahora mismo
en lo lejos que estoy de todo
incluso del poema
que se escribe mientras pienso
en las distancias que me separan
en las líneas que hay que cruzar
para llegar a cualquier sitio
hasta los otros
hasta otros lugares
y cómo uno siempre parece no estar
en el lugar adecuado

escribí que los coches estaban fuera
aparcados en medio de la noche
guardando su meticulosa disposición
procurando permanecer a la intemperie
y yo en la ventana
intentando descubrir un leve signo
una luz que atraviese la noche
alguien que se detenga en medio de la calle
abra la puerta sin detener el motor
y me ofrezca un lugar

escribo y lo que escribo se parece a mi vida
a veces el poema es más exacto
de lo que imaginaba

me levanto de la silla y recorro el cuarto
me siento a leer lo que ya he escrito
releo que nieve y efectivamente nieva
y nevaba
la nieve en el poema es como la nieve
o es más nieve si cabe
el poema sigue escribiéndose

escribo sobre un hombre que sale a pasear
recorre las calles vacías
como si fuese un campo de batalla
en el último día de la guerra
un fantasma recorre la ciudad
quisiera pasear sin escribir
pero escribo que es imposible
que el paseo necesita de la escritura
o viceversa
la ciudad en el poema tiembla levemente
como tiembla el anciano ente el féretro de su esposa
con la emoción del que se empeña en la memoria
y la suave satisfacción de una certeza cumplida

en el poema el invierno aparece vacío
como si el invierno sólo existiese
en un mundo paralelo
donde sólo hubiese invierno y nada más
y sin embargo en las aceras hay caminos
senderos de nieve prensada
creados por el paso apresurado

llevo aquí tanto tiempo
que ya no sé cuándo llegué
ni por qué estoy aquí
ni para qué
podría
xxxxxxxquizá
xxxxxxxxxxxxxahora
llamar a los timbres
a todos los timbres
y decir a la gente que baje
que baje conmigo
que venga a caminar
caminar todos juntos
sin parar
salir del poema y caminar
pasar las calles con su iluminación tenue
farolas como estrellas desmayadas
cruzar los pasos de cebra
como el que cruza un río
caudaloso
tomar la ciudad como el escenario que es
imaginar enormes ventiladores
azuzando la ventisca
que la nieve sea sólo
trocitos de papel recortado
dónde llegaríamos si caminásemos sin parar
dónde se acabaría esta larga marcha
pensaríamos en el poema vacío
cuando estuviésemos lejos
nos acordaríamos

cuánta gente estará caminando
ahora mismo
xxxxxxxxxxxxxescribo
sobre la gente que camina entre la nieve
sobre el poema escrito en la nevada
para la nieve
que fue poema a la espera
como yo esperando fui
aguardo
xxxxxxxxincierto todavía
una mano de nieve
que acierte en su lectura
que descifre su voz
que nos lo acerque
y lo haga necesario
inútil como un dios
en la memoria

mi yo que escribe querría salir
bajar a las calles y pasear
pero debe seguir la escritura
para que yo recorra las calles

el silencio se rompe por un tintineo
que no logro atrapar
como si alguien esperase ser encontrado
en este laberinto de calles blancas
el invierno se empeña
en esconder los caminos
para el regreso
escribo sobre el empeño del invierno
y el tintineo se hace más fuerte
dos galgos gigantes cruzan la escena
con sendos cascabeles colgados de sus cuellos
un pequeño hombre oriental los pasea
el instante se alarga demasiado
y por un segundo
ha dejado de nevar
en el poema los galgos son dos personajes
una pareja intangible
que habita un lugar más allá del poema

escribo que son sueño y memoria
y no es el hombre quien los guía
sino ellos quienes guían al hombre
igual que yo no escribo el poema
pero es el poema el que me escribe
aquí sentado en el cuarto
mirando por la ventana
cómo
xxxxxxpoco a poco
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxla ciudad
desaparece

es posible
que esta situación
dure todavía mucho tiempo
el invierno se alarga de forma inesperada
hay que estar preparados
pero eso
cómo se hace
cómo hacer para estar preparados unos junto a otros
cómo hacer si somos cientos miles millones
en alguna parte
xxxxxxxxxxxxxxxxpor cierto
en este mismo instante
tal vez tiene que estar pasando algo diferente

querría encontrar en el poema
el instante perfecto
un momento en el que pueda permanecer
para siempre
pero escribo y a veces
parece que no pasa nada
ni en la vida ni en el poema
y los cuerpos quedan enganchados al éter
en el aire
vacíos en el vacío
y la nieve continúa

cruzo las calles de la ciudad
en busca de un recodo
de un hueco entre edificios
bajo puentes
en esquinas abandonadas
por grietas en las aceras
bajo el alcantarillado
donde acurrucarme en silencio
pero la nieve esconde
los lugares propicios
para el resguardo
sigo el camino y salgo de la ciudad
mientras escribo que salgo
de la ciudad silenciosa
los edificios se van espaciando
como
xxxixxse espacian
xxxxxxxxxxxxxxxxxlas palabras

en el poema
se hace fuerte el silencio
bajo la nieve

escribo que no hay caminos
y las calles se van desvaneciendo
a veces me alejo tanto
que la vida se convierte en una sombra

el poema se alarga como un siglo
me pregunto si en la nieve sus versos
sobrevivirán al invierno
como sobreviven los osos
hibernando bajo la nieve
feroces pero dormidos

dejo atrás la ciudad
primero edificios altos
luego casas
luego nada
cruzo el final de la carretera
sólo una estepa blanca
prados cubiertos
una gran sábana mortuoria
paro un segundo y dudo
de la metáfora

arde la nieve en su blanco fulgor
como si bajo ella
xxxxxxxxxxxxxxxxenterrados
hubiese palacios e iglesias
murallas y calles enroscadas
donde la gente se detiene
en el mercado y conversa
con pequeñas casas adosadas
de adobe y madera
y un cementerio con tumbas sin nombre
bajo la nieve fría
con su perfil de nube
en las que hay enterrados
palacios e iglesias y murallas

es invierno y el mundo
parece enloquecido

sube un rumor bajo mis pies
y siento un rumor en el cuarto
un rumor en el poema
si el poema terminase ahora
quedaría en los prados entre la ventisca
inmóvil como una estatua de hielo
blanco sobre blanco
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxperdido
pero escribo
pese a las ganas de acabar
que estoy cansado
pese a las ganas de acabar
y estoy cansado y aun así
me adentro más en los campos
hasta que casi desaparezco

en medio de la nada oigo una voz
y la voz dice que no sobreviviré
ni siquiera en el poema
recorre con el viento la pradera
dice que las palabras son una tragedia
y que la nieve es el silencio
dice que esto no es más
que el merodeo de los días
y que el merodeo no acaba
el merodeo es más fuerte que las palabras
y más fuerte que el silencio
un remolino se alza y me engulle
la voz dice que escriba
y escribo sobre la voz que dice
que la noche se alargará
y que mañana será lo mismo

pienso en cómo seguir
o por qué seguir
en algún momento la voz desaparece
o yo dejo de oírla
el viento se amansa
debería abrir caminos
pero la nieve se empeña en sepultar
los caminos para el regreso
cómo saber cuándo llega el final
puede que esta soledad
no sea más que un estado de la mente
y que escribir no sea más que una imposición
absurda
sin embargo escribo

en el poema soy casi un ser
y lo que leo a veces me asusta
regreso tranquilo
sin intentar encontrar las pisadas
que me trajeron hasta aquí

a las puertas de la ciudad
me cruzo con un grupo de cazadores
y sus galgos pequeños e insonoros
se me hacen minucias comparados
con aquellos fantasmas que cruzaban
la ciudad vacía y el poema
a lo lejos
xxxxxxxxxsobre el río helado
hay jóvenes que patinan en el hielo
trazan una ignota caligrafía con sus pies
que me lleva de nuevo a la escritura

dejarse como el joven que patina
en el hielo el suspiro de las cosas

pienso en el final del invierno
y del poema
si seré capaz o si esto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxquizá
nunca termine
si las palabras como la nieve
se irán derritiendo sobre las aceras

escribo sobre el regreso del hombre
que soy
ahora la gente abarrotando las calles
regresando a sus casas
releo la parte en la que salgo a pasear
y las calles vacías se parecen
a un campo de batalla en el último día
de la guerra
y un escalofrío me recorre
aún nieva y el cielo es una sombra
pero al regresar no reconozco la nieve
como si fuese una nieve ajena
una nieve pisada por otros pies
y el caminar se me hace doloroso
como el que ama en una lengua extranjera
y sus palabras fracasan al expresar el amor

entre la gente nace otro silencio
que habla de los otros y de mí
escribo sobre la idea de los otros
sobre caminar entre la multitud
y
xsin embargo
xxxxxxxxxxxxxestar solo

subo al cuarto y en el cuarto
alguien sentado a la mesa
mira la nieve en la ventana
y escribe el poema
xxxxxxxxxxxxxxxxxdespacio
con la certeza del que sabe
que pronto llegará el final
pero que el invierno siempre regresa
y que esperará a que el invierno regrese
como Shackleton miraba
por la ventana de su casa
xxxxxxxxxxxtras su vuelta
sabiendo que si partía de nuevo
sería para siempre
empeñado en partir
incluso después del horror
o precisamente por él
meciéndose como las estaciones
el empeño de volver y volver
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa volver
después de los tres años
la necesidad de rememorar
entender que sólo la Antártida
abriga el merodeo
y que para no quedarse atrás
no vale con permanecer
hay que caminar

pienso en Shackleton
pensando en partir de nuevo
pese a la certeza de que morirá
de que será su último viaje
que no lo terminará
escribo sobre la certeza
con la certeza del que fracasa
como el hombre que sabe
que llega el invierno la nieve los copos
e impaciente se sienta a verlos llegar
amarrado a su asiento y la ventana
aunque dentro alguien camine por la nieve

me asomo al poema
los coches aparcados siguen en su sitio
aún inmóviles pese a la intemperie
o quizá por ella
vuelvo a escribir sobre los coches
detenidos
la nieve se aligera y los copos
parecen sostener el vuelo
como una gaviota alzada al mediodía
la gaviota
xxxxxxxxxxinmóvil
introduce el mar en el poema
introduce el mar y el verano
y la distancia y lo lejos
que uno está de todo
de sí mismo

el final está llegando
o quizá haya llegado ya
o quizá haya pasado
y esté en otro momento
en otro sitio
o quizá continúe en el mismo
y realmente no sea capaz
de escapar de aquí
y el final no llegue
parece que quizá no haya final

releo el poema
y el poema dice que ha parado la nieve
entonces callo
y
sin embargo
xxxxxixxxxxxxotra voz
queda

 

 

 

Talián, Ángel. El sol sobre la nieve. Cartagena; Ed. Balduque, 2016.

 

LIFE LIE

 

LIFE LIE

¿En qué momento exacto se distingue
esa simple palabra, la justa?
Y, con una sonrisa en los labios,
respondió: Debes marcharte,
mi marido está a punto de llegar.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

Y NO PODER CANTAR…

 

CANTA el viejo Louis Armstrong,
y es el mundo el que canta.
Ahora que la voz
es la de Ella Fitzgerald,
la muerte se levanta
de su lecho
y todo se ilumina.
Tú sientes la vergüenza
de estar vivo,
tú sientes la vergüenza
de no ser también negro
y no poder cantar
como Louis, Como Ella,
de pie sobre la muerte.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

TOCO LA TIERRA. LETANÍAS.

 

HIJOS, ya veis: no tengo otras palabras;
insisto, insisto, insisto; verso a verso,
repito y enumero lo evidente,
lo que en los ojos se me clava a diario.
Y lo que está escondido bajo el lodo,
para que surja y brille, lo enumero.
Golpe tras golpe, digo lo que duele,
mi larga letanía: tierra, tierra;
dolor, dolor, dolor; España, España;
el hombre, el hombre, el hombre, el hombre, el hombre,
repito y clamo con el llanto al cuello.
Repito, vuelvo, sigo, en letanía:
la tierra, el mundo, España, el hombre, el hombre;
temor (y esclavitud); trabajo (y hambre);
codicia (y guerra); vida (y exterminio),
y amor, amor, amor que me calcina.
Y el pueblo, el pueblo, el pueblo; y los que nacen
desnudos, sucios, presos, condenados;
y amor, amor rabioso por las venas.
Y andar, andar, andar, seguir viviendo,
pisando tierra, sangre, huesos, ruinas
de España, España, España, sola y mártir.

No sé, no sé: la misma letanía
de siempre: amor, dolor, la tierra, el hombre…

No sé, no sé si ya querréis oírme,
decir amén, seguirme, acompañarme,
cuando, tocando tierra, rezo y firmo
mi larga letanía: manos duras,
sudor y fe, cansancio y esperanza;
pecado y Dios a cuestas; y el trallazo
del odio en los ijares. Letanía
de amor y de dolor para las noches.

Hijos, ya veis: soy vieja y me repito,
mas no quiero callarme ni morirme.
Quiero vivir, vivir en esta tierra
que beso y toco; estar a vuestro lado,
rezando —amor, dolor— mi letanía.

 

 

 

 

EN TIERRA ESCRIBO

Si, por amar la tierra, pierdo el cielo,
si no logro completa mi estatura
ni pongo el corazón a más altura
por no perder contacto con el suelo;

si no dejo a mis alas tomar vuelo
para escalar mi pozo de amargura
y olvido el resplandor de la hermosura
para vestir el luto de mi duelo,

es porque soy de tierra: en tierra escribo
y al hombre-tierra canto, que, cautivo
de su vivir-morir, se pudre y quema.

Mi reino es de este mundo. Mi poesía
toca la tierra y tierra será un día.
No importa. Cada loco con su tema.

 

 

 

 

NO QUIERO

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.

No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua,
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes Magos
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas,
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles,
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos,
que decreten lo que es poesía.

No quiero
amar en secreto,
llorar en secreto,
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO.

 

 

 

 

CREO EN EL HOMBRE

Porque nací y parí con sangre y llanto;
porque de sangre y llanto soy y somos,
porque entre sangre y llanto canto y canta,
creo en el hombre.

Porque camina erguido por la tierra
llevando un cielo cruel sobre la frente
y el plomo del pecado en las rodillas,
creo en el hombre.

Porque ara y siembra sin comer el fruto
y forja el hierro con el hambre al lado
y bebe un vino que el sudor fermenta,
creo en el hombre.

Porque se ríe a diario entre los lobos
y abre ventanas para ver los pinos
y cruza el fuego y pisa los glaciares,
creo en el hombre.

Porque se arroja al agua más profunda
para extraer un náufrago, una perla,
un sueño, una verdad, un pez dorado,
creo en el hombre.

Porque sus manos torpes y mortales
saben acariciar una mejilla,
tocar el violín, mover la pluma,
coger un pajarillo sin que muera,
creo en el hombre.

Porque apoyó sus alas en el viento,
porque estampó en la luna su mensaje,
porque gobierna el número y el átomo,
creo en el hombre.

Porque conserva en un cajón secreto
una ramita, un rizo, una peonza
y un corazón de dulce con sus letras,
creo en el hombre.

Porque se acuesta y duerme bajo el rayo
y ama y engendra al borde de la muerte
y alza a su hijo sobre los escombros
y cada noche espera que amanezca,
creo en el hombre.

 

 

 

 

EL DÍA QUE ME MUERA

El día que me muera
no quiero el llanto al uso ni las flores
cortadas al efecto ni los cirios
de lento gotear en los sufragios.
No quiero el luto inútil de las ropas
ni las miradas tristes ni el silencio
ni el ramo de laurel correspondiente.
No quiero que la vida se detenga
cual si algo extraño hubiera sucedido
y el mundo ya no fuera como antes.

El día que me muera,
quiero que todo viva y continúe:
que broten flores en los mismos sitios,
que corra el agua por la misma acequia,
que los amantes trencen sus abrazos,
que nazca un niño en el portal de enfrente,
que mi vecino vaya a la oficina,
que los obreros entren en la fábrica,
que salgan a la mar los pescadores,
que las mujeres vuelvan de la compra
con un ramo de acelgas en el brazo;
que el labrador entierre su semilla
cuando amanezca el sol y el estudiante
cierre sus libros cuando el sol se ponga;
que se oigan las sirenas de los buques,
los golpes del martillo, los motores,
las voces de los niños en el patio,
los ruidos de la calle, los jilgueros.

Y quiero que, a la hora de costumbre,
los míos se reúnan en la mesa,
partan el pan y cambien la sonrisa.

Que mis amigos beban unos chatos
y escriban un poema por la noche.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

EJERCICIOS, MEMORIAS, BELLEZAS

 

EJERCICIOS DE IRREVERENCIA

Y cuando tú dominas todas las condiciones
llueve, aunque debe ser hora de que vayas dejando
esa letra pequeña. ¿Recuerdas? Nos miramos las manos,
nunca fueron los ojos los que dijeron basta.

Es ahora otro tiempo y no estamos de acuerdo.
Será porque el amor, como el tren, regresa de las aguas
y hoy he cogido un taxi, frena la luz y existe este poema
aunque no te conozco y sigues preguntando.

Vendo mi corazón si alguien lo quiere,
está de saldo siempre, y en lote regalo
un pañuelo, tres versos y un horizonte inútil
de pérdidas pulidas y libros por el suelo.

¡Dios, si has de decir algo que sea pronto,
que también nos cansamos los hambrientos!

 

 

 

 

EJERCICIOS DE PERSONALIDAD

Eres inteligente, bastante
diría yo, con esa carita
de no romper un plato,
sonrisa vertical sobre la cama,
y una lágrima siempre
en el momento exacto,
para justificarte.

Y donde dices digo
ahora es azabache,
y donde has dicho tú
fabricas niebla.

Humo, mucho dudar
sin fe de erratas.

 

 

 

 

MEMORY

No olvides la nostalgia,
está junto a la ira,
en el cajón de siempre.

 

 

 

 

HAT

Madre, me debe perdonar porque he pecado.
Compartí con Luzbel algunas horas
y su influencia dejó grandes recuerdos:
una chispa de sal, la grafía sobre el libro
de la vida de dios, las carreras de Ascot
con sombrero de copa sin glamur,
la mancha en el vestido de la vieja alcahueta,
la mentira a los niños a los que nunca
quise. Pero sigo mirando y le ruego,
por favor, perdóneme, lo siento.

Satanás se ha marchado para siempre.
Dejó las camisas planchadas en la cama
y un olor a vergüenza que no logra aliviar
ningún perfume. Levanto las manos
para llamar al aire, pero es tarde,
nadie acoge. Ahora estoy solo.
Un sombrero amarillo adquirido en Berkshire
muere en el césped. Y este dios,
ese dios, aquel dios que me odia
nos partirá la vida, madre.

 

 

 

 

STAND BY

Esperar y ser, crecer y perdonar.
Nunca dejes de ser, naces sin amor.
Respirar, saber, olvidar la nada
y seguir, seguir haciendo algo.
Aquello que sostiene el mundo
no agradará jamás. Sobrevivir.
Saltar, bailar, correr. Ser, dejar
de ser: encontrar silencio y soledad.

La puñetera sombra de la vida.

 

 

 

 

ES TARDÍSIMO

Es tardísimo.
¡Tenemos que dormir más deprisa!
Mañana hay que naufragar.

 

 

 

 

VIDA

Llueve. No funciona el mechero
y el hielo se derrite, hace aguas
la vida y tu amor, como el mar,
me desespera.

Los ojos de los niños en las fotos,
una blusa colgada en el armario
y mal planchada,
el polvo de los muebles y la alergia.

Esto es vivir, lo noto
en su mentira.

 

 

 

 

LUZ

Sobre la mesa el cenicero de cristal,
la servilleta blanca, una copa de vino
medio llena, un paquete de Camel
corto y sin boquilla, unas gafas,
la sombra y el reflejo de la lámpara.

El vicio, la aventura y la luz:
la verdad de mi vida.

 

 

 

 

BALANCE

Hoy he llamado a dios
a cobro revertido.
A los 50 se confrontan
los recuerdos de la vida:
vacilación, inseguridad,
misterio.

Me escondía en el baño,
cubriendo los oídos con las manos,
cuando mi padre maltrataba
a mi madre.
No he sido buen esposo,
pero padre imposible.
C’est la vie!

En las noches de miedo me tapaba
hasta arriba aguardando ese beso
que nunca emancipaba.
En los días de frío recogía bellotas,
patatas o lechugas:
el olor del alcohol me acompañaba.

Una tarde, sentado bajo un árbol,
me enseñaron a ordeñar vacas.
Recordé que el tabaco dudaba
si llorar, sonreír o pedía fumar
de otra boquilla ajena.

Nunca pedí nacer
aunque aquí estamos.

También vivir precisa de epitafio.

 

 

 

 

NADA

Se han marchado los pájaros,
las nubes, el olor a carmín
de aquellos labios,
el humo del cigarro entre los dedos,
la música de Wagner y su oficio.

No queda nada. Ya nada permanece.
El poema, el verso, la palabra,
todo viaja hacia la falsedad.

Hoy vuelves a decir,
como queriendo decir algo:
estamos en el inicio de la nada.

 

 

 

 

CARRUSEL

Vivo con todo lo que sobra de lo ajeno,
de aquella claridad desconcertante,
de la luz miserable en las mañanas,
de los afanes propios, de la música
infeliz de una muñeca
girando para sí,
girando para todos.

Vivo, tan solo vivo.

 

 

 

 

BELLEZA

La realidad no es bella.
La verdad no es bella.
La naturaleza no es bella.

No debe morir lo bello,
debe cambiarse.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

VISPERA DE LA VIDA & BELLEZA CRUEL

 

VÍSPERA DE LA VIDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHay que tener el recuerdo de alaridos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde mujeres en parto…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs necesario haber estado al lado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde moribundos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRainer Maria Rilke

Aguarda aún. Detente. Nada sabes.
Aún yaces en la víspera. No sueñes.
No cantes. No te llegues a las copas
de vino y llanto. No ardas en la ira.
No admires. No aborrezcas. No idolatres.
No toques las espinas ni las rosas.
No vueles con los pájaros. No sigas
la estela de los peces por el río.

No juzgues. No perdones. No condenes.
Aguarda, que aún no sabes, aún no has visto.

Acércate a una madre en el instante
de desgarrarse, distendida, rota
en un terrible chorrear de gritos,
de sangre, de sudor, de íntimos jugos
que corren brutalmente, macerando,
tundiendo, dilatando sin clemencia
las fibras más sensibles, sacudiendo
del arraigado tallo el fruto vivo
para lanzarlo, desprendido y solo,
por el herido cauce a la intemperie.
Escucha el alarido que, infrahumano,
tuerce los labios de la madre abierta
y pone al hijo exento ante los ojos:
Pella de carne informe, sucia, blanda,
con húmedo calor de entraña. Escucha
ese primer vagido con que el hombre
estrena el aire y se proclama cierto.
Inclínate. Con reverentes manos
la vida nueva toca. Luego vete.
Acércate a la turbia encrucijada
donde la muerte solapada obtiene
la segura victoria
de su callada, sórdida paciencia.
Mira la lucha inútil, degradante,
de lo que fuera un hombre y es apenas
res acabada, corroído fruto,
carroña anticipada que palpita.
Mira rodar abandonadas gotas
por el talud helado de la frente.
Mira los ojos cómo se desnudan
de todo su paisaje y desconocen
los próximos contornos y se ahondan
en pozos profundísimos abiertos
hacia el macizo espanto sin perfiles.
Mira los labios desteñidos, sucios
de salivas amargas
y escucha en ellos, lento, sibilante
el último jadeo de la vida
que los pulmones, ya sin ritmo, expelen.
Toca la rigidez y el frío donde
hubo un contacto cálido y suave.
Y junto a ese trágico puñado
de mísera materia que persiste,
pregúntale, pregúntate a ti mismo,
qué aguarda, qué ha perdido, qué conserva,
qué signo monstruoso desentraña
su terca permanencia sin sentido.

Vete después, sumérgete de lleno
en la vital corriente de tus días.

 

 

 

 

NADIE SABE

Abre tus ojos anchos al asombro
cada mañana nueva y acompasa
en místico silencio tu latido
porque un día comienza su voluta
y nadie sabe nada de los días
que se nos dan y luego se deshacen
en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

Pisa la tierra, vierte la simiente,
coge la flor y el fruto: sin palabras,
pues nadie sabe nada de la tierra
muda y fecunda que, en silencio, brota,
y nadie sabe nada de las flores
ni de los frutos ebrios de dulzura.

Mira la llamarada de los árboles
bebiéndose lo azul; contempla, toca
la piedra inmóvil de alma intraductible
y el agua sin contornos que camina
por sus trazados cauces, ignorándolos.
Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
Pues nadie sabe nada de los árboles
ni de la piedra ni del agua en fuga.

Mira las aves altas, desprendidas,
limando el sol al golpe de sus alas;
toma del aire el trino y el gorjeo,
pero no quieras traducir su ritmo,
pues nadie sabe nada de los pájaros.

Mira la estrella, vuela hasta su altura,
toma su luz y enciéndete la frente,
pero ni inquieras su remoto arcano
pues nadie sabe nada de la estrella.

Besa los labios y los ojos; goza
la carne del amante sazonada
secretamente para ti; acomete
con decisión humilde la tarea
del imperioso instinto: crece en ramas,
mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos
ni del amor ni del placer, ni entiende
la ruda sacudida que nos pone
el hijo concluido entre los brazos.

Clama sin grito, llora sin estruendo
pues nadie sabe nada de las lágrimas.

Vete a hurtadillas. Con discreto paso.
Traspasa quedamente la frontera.
Pues nadie sabe nada de la muerte.

 

 

 

 

DESARMADA

¿Qué golpe de ola, qué batir de viento,
qué nube de tormenta o parto oscuro
me colocó en la orilla, tan desnuda?

Tiemblo en mis huesos frágiles; me veo
las manos como vainas sin cuchillo,
los labios como lirios desmayados,
la frente desolada, el pecho abierto,
los pies descalzos y los ojos turbios
de sueños y de lágrimas inútiles.

Yo quiero espinas, quiero garras, quiero
algún veneno amargo y corrosivo;
alas abiertas, dardos aguzados
o veloces pezuñas.

Quiero raíces hondas, ramas altas,
cauce y muralla, brújula y refugio.

Quiero saber, poder, llegar, quedarme,
quiero sentirme cierta, suficiente,
llena, completa, inapresable, mía…

Y soy una mujer. Apenas algo.
Carne desnuda, sola, desarmada.

 

 

 

 

BELLEZA CRUEL

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.

Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el miedo al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asuste verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.

Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.

Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.

 

 

 

 

LIBERTAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCrecieron así seres de manos atadas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEmpédocles.

A tiros nos dijeron: cruz y raya.
En cruz estamos. Raya. Tachadura.
Borrón y cárcel nueva. Punto en boca.

Si observas la conducta conveniente,
podrás decir palabras permitidas:
invierno, luz, hispanidad, sombrero.
(Si se te cae la lengua de vergüenza,
te cuelgas un cartel que diga “mudo”,
tiendes la mano y juntas calderilla.)

Si calzas los zapatos según norma,
también podrás cruzar a la otra acera
buscando el sol o un techo que te abrigue.

Pagando tus impuestos puntualmente,
podrás ir al taller o a la oficina,
quemarte las pestañas y las uñas,
partirte el pecho y alcanzar la gloria.

También tendrás honestas diversiones.
El paso de un entierro, una película
de las debidamente autorizadas,
fútbol del bueno, un vaso de cerveza,
bonitas emisiones de la radio
y misa por la tarde los domingos.

Pero no pienses “libertad”, no digas,
no escribas “libertad”, nunca consientas
que se te asome al blanco de los ojos,
ni exhale su olorcillo por tus ropas,
ni se te prenda a un rizo del cabello.

Y, sobre todo, amigo, al acostarte,
no escondas “libertad” bajo tu almohada
por ver si sueñas con mejores días.
No sea que una noche te incorpores
sonambulando “libertad”, y olvides,
y salgas a gritarla por las calles,
descerrajando puertas y ventanas,
matando los serenos y los gatos,
rompiendo los faroles y las fuentes,
y el sueño de los justos, porque entonces,
punto final, hermano, y Dios te ayude.

 

 

 

 

BALANCE

Es hora de echar cuentas. Retiraos.
Dejad ese bullicio del paseo,
la mesa del café, la santa misa,
y el bello editorial de los periódicos.
Entrad en vuestra alcoba. Echad la llave.
Quitaos la corbata y la careta,
iluminad el fondo del espejo,
guardad el corazón en la mesilla,
abríos las pupilas y el costado.
Poneos a echar cuentas, hijos míos.

Tú, invicto general de espuela y puro,
echa tus cuentas bien, echa tus cuentas.
Toma tus muertos uno a uno, ciento
a ciento, mil a mil, cárgalos todos
sobre tus hombros y desfila al paso
delante de sus madres.

Y tú, ministro, gran collar, gran banda
de tal y cual, revisa, echa tus cuentas.
Saca tu amada patria del bolsillo
como un pañuelo sucio sin esquinas.
Extiéndelo y sonríe a los fotógrafos.

Y tú, vientre redondo, diente astuto,
devorador del oro y de la plata,
señor de las finanzas siderales,
echa tus cuentas bien, echa tus cuentas,
púrgate el intestino de guarismos
y sal si puedes que te dé la lluvia.

Tú, gordo y patriarcal terrateniente
esquilador de ovejas y labriegos.
Tú, cómitre del tajo y la galera,
azuzador de brazos productivos.
Tú, araña del negocio. Tú, pirata
del mostrador. Y tú, ganzúa ilustre
de altos empleos, ávida ventosa
sobre la piel más débil, echa cuentas,
medita y examínate las uñas.

Y tú, señora mía y de tu casa,
asidua del sermón y la película,
tú, probo juez de veinte años y un día,
tú, activo funcionario de once a doce,
y tú muchacha linda en el paseo;
tú, chico de familia distinguida
que estudias con los Padres y no pecas.
Y tú poeta lírico y estético,
gran bebedor de vino y plenilunios,
incubador de huevos de abubilla
en los escaparates fluorescentes,
sumad, restad, haced vuestro balance,
no os coja el inventario de sorpresa.

Tú no, pueblo de España escarnecido,
clamor amordazado, espalda rota,
sudor barato, despreciada sangre,
tú no eches cuentas, tienes muchas cifras
de saldo a tu favor. Allá en tu día,
perdónanos a todas nuestras deudas,
a todos en tu nombre
y hágase al fin tu voluntad
así en España como en el cielo.

 

 

 

 

ETCÉTERA

El padre trabajaba en la mina
La madre trabajaba por las casas.
El chico andaba por la calle
aprendiendo buena conducta.

Al filo de la noche los tres juntos
alrededor del jarro y de la sopa.
El padre en su legítimo derecho,
tomaba para sí la mejor parte.
La madre daba al chico de lo suyo.
El chico lo sorbía y terminaba
pidiendo chocolate y mandarinas.
El padre le pegaba cuatro gritos
(siempre bebía al fin más de la cuenta)
y luego echaba pestes del gobierno
y luego se acostaba con las botas.

El chico se dormía sobre el codo.
La madre lo acostaba a pescozones
y luego abría el grifo y renegaba,
qué vida, Dios, fregando los cacharros,
y luego echaba pestes del marido
y luego le lavaba la camisa
y luego se acostaba como es justo.

Muy de mañana al día siguiente
el padre bajaba a los pozos,
la madre subía a las casas,
el chico salía a la calle.
Etcétera, etcétera, etcétera.

(No sé por qué empecé a contarlo.
Es una historia fastidiosa
y todos saben cómo acaba.)

 

 

 

 

SAN POETA LABRADOR

Yo era poeta labrador.
Mi campo era amarillo y áspero.
Todos los días yo sudaba
y lloraba para ablandarlo.
Tras de los bueyes, lentos, firmes,
iba la reja de arado.
Mis surcos eran largos, hondos.
(Mis versos eran hondos, largos.)
Por el otoño lo sembraba
sin desmayar, año tras año.
Iba un puñado de belleza
por cada puñado de grano.
Y un puñadito de verdad.
(Esto sin que lo viera el amo.)

Año tras año lo segaba
bajo los fuegos del verano:
de hambre y dolor era la siega,
de hambre y de dolor y desengaño.
Por san poeta labrador,
a mediados del mes de mayo,
cuando en la Iglesia Catedral
arden las velas del milagro,
me arrodillé sobre la piedra
antes de que cantara el gallo
y estuve así, reza que reza,
la frente humilde, en cruz los brazos.
A Dios el Padre, a Dios el Hijo
y a Dios el Espíritu Santo,
con toda urgencia les pedía
que nos echaran una mano.

Pedía por todos los buenos,
por los que dicen que son malos.
Por los sordos con buen oído,
y por los ciegos de ojos sanos.
Por los soldaditos de plomo
y por el plomo de los soldados.
Por los de estómago vacío
y por los curados de espanto.
Por los niños del culo al aire
y por las niñas de ojos pasmados.
Por las madres de pechos secos
y por los abuelos borrachos.
Por los caídos en la nieve,
por los quemados del verano,
por los que duermen en la cárcel,
por los que velan en el páramo,
por los que gritan a los vientos,
por los que callan asustados,
por los que tienen sed y esperan
y por los desesperanzados.
Ardientemente, largas horas,
estuve así pidiendo, orando.

Con las rodillas desolladas,
sabor a incienso en mis labios,
yo, San Poeta Labrador,
cuando ya el Sol estaba en alto,
salí en el nombre de Dios Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo,
con ojos anchos de esperanza,
salí al encuentro del milagro.
(Ángeles a la tarea
sobre mi tierra arando, arando.
Bajo la sombra de sus alas,
altas espigas, rubio grano.
Pan de justicia para todos.
Amor y paz desenterrados.)
Miré. Miré. Los ángeles no estaban.
Inmóviles los bueyes, solo el campo.

Dejé secar la sangre en mis rodillas.
Miré de frente y empuñe el arado.
 

 

 

VEINTE AÑOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA mi hijo

Muchachos, torres, álamos rectamente creciendo,
cuajando reciamente, modelándose firmes;
rompiendo las cortezas, desclavando ventanas.
Muchachos, hijos míos, a vuestros veinte años,
yo vieja, yo cansada, yo madre, me dirijo.

Al fin, tengo que hablaros, muchachos, hijos todos
nacidos de mi entraña,
nacidos en el fuego y en la sangre y en la pólvora
una noche sin sueño cuando mi hijo nacía.
Nacía con vosotros,
lloraba con vosotros un profético llanto
sobre una tierra triste ya cebada de lágrimas;
caía con vosotros en medio de la herida
de España, en los escombros de sus bellas ciudades,
para dormir un sueño de metralla sin pájaros
en una frágil cuna que cercaban las hienas.

Hoy he de hablaros, hijos, porque tenéis veinte años,
la frente ya muy lejos del suelo, el pulso ardiente,
los ojos y los sueños poblados de muchachas,
y las mejillas ásperas y los pies decididos.
(Yo sola sé, no importa, que aún queda una blandura,
un dulce olor de madre que os ciñe la garganta.
Pero qué bellas manos, tan de hombre ya, tan hechas,
tan ávidas, tan duras. Y tan nuevas y limpias.)

No puedo esperar más. Porque ya es hora
de que sepáis. Y yo voy a morirme,
voy a morirme cualquier día.
De aquello (y de callarlo) y de esto (y de decirlo)
y de mi corazón atragantado
a fuerza de penosas digestiones,
tabletas de aspirina y cocacola,
aire acondicionado por las calles,
hambre en la tierra y Dios en las alturas.

Podéis creer que lo he pensado mucho,
que lo he llorado mucho antes de hablaros.
Han sido largos años de morderse
los puños y la lengua, mucho tiempo
de comulgar con ruedas de molino,
de comulgar con ruedas de poesía
a diario y a sabiendas. Tantas penas,
tantas jornadas fueron necesarias
acumulando sangre gota a gota,
para lograr exacta la medida
de un hombre y ver colmada su estatura.
Ya estáis aquí. Mirándoos, amanece
sobre las aguas del dolor antiguo.

No, no os diré de aquello: (la ignominia,
la destrucción, la muerte), cuando observo
el puro resplandor de vuestras manos.
No,no os diré del odio y la venganza.
De cada niño muerto aquella noche
no renació ningún fusil con ojos.
Salieron vuestras manos, esas manos
con uñas y con palmas tan viriles.

Ponedlas a la obra. Alegremente.
Tomad en ellas pronto la herramienta
que es mucha la labor y es vuestra hora.
Las manos de los jóvenes del mundo
están alzando a pulso las montañas.
Uníos. Trabajad hombro con hombro.
Mirad hacia adelante. Haced camino.
Las sendas enlodadas ya no sirven.

Dejad que las podridas estructuras
se caigan sobre el débil y el cobarde.
Muera el chacal, la zorra, el cuervo, el buitre,
si os salen al encuentro y os detienen.
Arrinconad banderas desteñidas,
los libros de la Historia apolillados,
las bellas etiquetas de colores
de tantos analgésicos. Quitaos
el plomo que os cayó sobre las cejas.

Dejadlo todo atrás. Para nosotros
quedó la infamia, el látigo, el grillete.
Nosotros ya secamos nuestras venas,
quemamos nuestros pies y nuestras manos
y hay demasiada hiel en nuestras bocas.

Vosotros, no. Vosotros, adelante.
Tenéis la mano a punto y la esperanza.
Inaugurad el tiempo de la viña,
del pan y de la miel y la paloma.
Pronto: sumad esfuerzos al esfuerzo,
vida a la vida. Fecundad la tierra,
andad el mar, volad sobre la nube.
Pasad sobre las ruinas. Olvidadnos
si, muertos, enterramos nuestros muertos.
Sed sanos, libres, justos y tenaces.
Labrad, edificad, haced España.
España en paz y gracia de trabajo.
España a hechura y semejanza vuestra,
nacida limpia, madurada al viento,
muchachos, hijos míos, ya tan hombres,
los que cumplís veinte años este día.

 

 

 

 

HOMBRE NACIENTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPido la paz y la palabra.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBlas de Otero

Prepárame una cuna de madera inocente
y pon bandera blanca sobre su cabecera.

Voy a nacer. Y, desde ti, mi madre,
pido la paz y pido la palabra.

Pido una tierra sin metralla,enjuta
de llanto y sangre, limpia de cenizas,
libre de escombros. Saneada tierra
para sembrar a pulso la simiente
que tengo entre mis dedos apretada.

Pido la paz y la palabra. Pido
un aire sosegado, un cielo dulce,
un mar alegre, un mapa sin fronteras,
una argamasa de sudor caliente
sobre las cicatrices y fisuras.

Pido la paz y pido a mis hermanos
los hijos de mujer por todo el mundo
que escuchen esta voz y se apresuren.
Que se levanten al rayar el día
y vayan al más próximo arroyuelo.
Laven allí sus manos y su boca,
se quiten los gusanos de las uñas,
saquen su corazón que le dé el aire,
expurguen sus cabellos de serpientes
y apaguen la codicia de sus ojos.

Después, que vengan a nacer conmigo.
Haremos entre todos cuenta nueva.
Quiero vivir. Lo exijo por derecho.
Pido la paz y entrego la esperanza.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

NEGATIVOS, LECTORES Y PERTENENCIAS

 

NEGATIVO DE VERDE DE ANDRÉS Gª CERDÁN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…los niños por las calles irán en pos de mí diciendo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxputa, hechicera, vieja, falsa, malhechora […] y otros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmuchos ignominiosos nombres
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSancho de Muñón, Trgcm. de Lisandro y Roselía

Las cosas no van bien últimamente.
A cierta edad, la casa de los padres
es una casa ajena y tu desorden
no cabe allí. Pesadamente late
el corazón. No duermes bien, tus sueños
ya no tienen el ágil desenlace
que quisieras. Hay muchos libros nuevos
que no puedes comprar y que te hagan
aprender, descubrir. No te dedican
canciones en los bares ni te buscan
para sitios de culto. No disfrutas
de tu tiempo, no vas a recitales
con amigos —cansados de llevarte
y tener que pagar también las copas—.
Desayunas revueltas y cadáveres
en El Cairo o Damasco. Las palabras
no se presentan sin avisar ni dicen
esas cosas hermosas de la vida
—ni las musas acuden ya a salvarte
de la desdicha y de la soledad—.
La gente no te quiere. También tú
te alejas de los otros como nunca.
No hay nadie que te ame y te haga ir
a esa orilla del mar como una ola
de alegría. Te ven llegar las calles
y van en pos de ti diciendo puto,
hechicero, viejo, falso, malhechor,
y otros muchos ignominiosos nombres.

 

 

 

 

F. B. A UN LECTOR APESARADO DE PALABRAS A LA OSCURIDAD

Yo sé que esos poemas te hacen daño
como a mí me lo hicieron los de otros
escritos hace tiempo. Sé que ahora
tu vida —tan distinta de la mía—
te está dando a beber un aguardiente
amargo como pocos y que todo
tu ser, en tus entrañas, se rebela
contra cada camino y cada piedra.
Sé que el miedo está haciendo florecer
su semilla en tus manos, en tus ojos,
tus labios; que las horas —hasta ayer tan
hermosas— aceleran ya sus pasos
por las calles de siempre y los momentos
de placer duelen antes de acabarse.

Igual que tú ahora, no tenía
certezas, no sabía dónde iban
a terminar llevándome los años,
ni si era verdad aquel fulgor
que prometían ciertos cuerpos núbiles
—tan sin formar aún y tan rotundos—,
ciertos versos que no era todavía
capaz de comprender, pero apuntaban
allí, al anhelado paraíso; ni tampoco
si alguna vez tendría fin la búsqueda
en la que descubrí que me encontraba
embarcado cuando las luces últimas
del puerto se fundieron en un solo
crepúsculo violento, apresurado.

Sé que no eres feliz y que tus ojos
añoran una luz que tal vez sea
imposible de hallar, un brillo tenue
o fulgurante que quizás no exista.
Pese a todo —exista o no, la encuentres
o no la encuentres— puedo asegurarte
que la búsqueda no te será fácil
como no te lo ha sido hasta aquí mismo:
cada elección implica una renuncia,
cada sueño cumplido una derrota
y un arduo protocolo de onerosas
condiciones con las que resarcir
—de las horas gastadas en vencernos—
a la vida.
xxxxxxxxxNo caigas en la trampa
de creer que si hubieras sido otro
habrías esquivado tu destino.
No hay varios posibles para nadie,
ni siquiera para los que parecen
felices, cuyos días se deslizan
como un hábil surfista entre las olas
del tiempo. No te engañes, ellos sufren
también, y ni siquiera son capaces
de saberlo ni —menos todavía—
de expresarlo.
xxxxxxxxxxxxxxYa sé que no hay consuelo
posible en lo que digo: conocer
el dolor, saber su causa, no protege
del dolor, no lo borra ni atenúa
sus punzantes reclamos, y es inútil
ignorarlo. Camina, pues, sin miedo
ni esperanza, no esperes nada bueno
del futuro, y recuerda las palabras
finales de Cernuda en Peregrino:
“tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto”.

 

 

 

 

PERTENENCIAS

Están acostumbrados a perdernos
y unas horas después nada es distinto.
Un atenuado amago de nostalgia
—que no dolor, por mucho que las lágrimas
de tanto en tanto afloren— les acompañará
durante algunos días, para ir
diluyéndose luego entre las fotos,
ropa, libros, películas y discos
—incluso algunos sin desprecintar—
que poco a poco habrá que ver si pueden
venderse o regalarse, y los que no,
tirarse a la basura. Poco importa
si todas esas cosas fueron parte
del muro que construimos para aislarnos
del exterior —del mundo, la familia,
los amigos incluso— o si conservan
un resto del afán con que nos fuimos
rodeando de ellas, ordenándolas
a nuestro alrededor para sentirnos
un poco menos solos al mirarlas.
Poco importa. Son un estorbo y deben
deshacerse de ellas para vender la casa
y seguir con sus vidas cuanto antes.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

MAGIA

 

MAGIA

El seis de enero de 1985
mis padres me dejaron bajo la cama
un estuche de latón
con su goma, sacapuntas y lapicero
sin que nadie lo viera
ni siquiera mis padres
tan atentos esa noche
sin que ni mis padres ni yo lo viéramos
Don Melchor
tras beber agua del grifo
dejó bajo mi cama
una pelusilla
que me dio la virtud de jugar
de inventar juegos
El seis de enero de 1986
mis padres me dejaron bajo la cama
un balón de reglamento
y un monopoly
sin que nadie escuchara sus pasos
ni siquiera mis padres
tan sigilosos aquella noche
sin que ni mis padres ni yo escucháramos sus pasos
Don Gaspar tras beber vino blanco del grifo
dejó bajo mi cama
en forma de calcetín con agujeros
la capacidad de amar sin límite
El seis de enero de 1987
mis padres me dejaron bajo la cama
un ordenador personal
y unos guantes de lana
sin que nadie se percatara de su presencia
ni siquiera mis padres tan ocupados esa noche
sin que ni mis padres ni yo nos percatásemos de su presencia
Don Baltasar
tras beber tequila del grifo
e ir chocándose con todos los muebles de la casa
dejó bajo mi cama
un lapicero viejo con la punta rota
que me ofreció el don de la poesía
Nunca se lo conté a mis padres
y nunca conté a los reyes magos
que esa misma noche
recibía regalos por partida doble
Nunca se lo conté a los reyes magos
porque nunca se hubieran creído que mis padres en realidad existían.

 

 

 

Aguado, Óscar. El arco iris de un anticuario. Madrid; Ed. Amargord, 2006.

 

SON LOS PADRES

Alguno lo habrá descubierto este año.

 

 

SON LOS PADRES

Este año ya lo sabe,
lo de los reyes y los padres.
Su madre le ha traído del colegio,
y se lo ha dicho todo en un momento.

Se lo ha dicho porque ya tiene diez años
y hace días que andaba preguntando.
Pero él no quería saberlo,
hubiera preferido un par de años más de hacerse el sueco.

Y ahora ya es seis de enero,
y ya se levantan sus hermanos pequeños.

Sale al salón, y mira a su madre a los ojos,
y ve el árbol y los regalos, y entiende
que eso era todo, era todo.
El árbol, los regalos, eso siempre ha sido todo.

Sus hermanos le miran
y le señalan una caja.
Él se acerca y rompe el precinto.
Y sí, era lo que había pedido.

¿Y ahora qué hacer, después de la primera gran mentira?
Porque eso es lo que es,
no una ilusión o un juego sino una mentira,
una mentira, los reyes son mentira.

Eso es lo que es,
no una ilusión o un juego sino una mentira,
una mentira, es mentira.

 

Categorías:Música Etiquetas: , ,

ÁNGEL TALIÁN

 

YO CRUCÉ EL PUENTE DEL GOLDEN GATE

yo crucé el puente del Golden Gate y sentí ganas de saltar

al fondo Alcatraz como un transatlántico varado silencioso e ignoto
las olas como niños nerviosos
esperando a que se rompa la piñata
yo crucé el puente del Golden Gate el viento
yo crucé el puente rojo la niebla cubría sus torres como si del
xxxmonte Olimpo se tratase
me senté sobre la barandilla sólo para que mis pies colgaran
quería sentiros sin mi peso / libres mecidos sobre la bahía /
xxxlistos para volar
un hombre gordo se acercó hasta mí
parecía una reencarnación de Budah
dijo: el mar tiene un pez y en el pez hay una caracola y en la
xxxcaracola un cangrejo y en el cangrejo una perla y la perla es
xxxun mundo en el que hay un mar que tiene un pez y el pez una
xxxcaracola y
los coches cruzaban a mi espalda indiferentes
el hombre había desaparecido
bajé de la arandilla y terminé de cruzar el puente

yo crucé el puente del Golden Gate y sentí ganas de saltar
pero no salté
quede aquí constancia de mi fracaso

 

 

 

 

MARIPOSA, CA

viajamos por Mariposa CA como si de un anuncio de coche se
xxxtratase
nos peleamos por conducir ¿Te gusta conducir?
las lomas son olas nada más
alguien en el coche escucha el rumor del mar pero no lo comenta
todo es amarillo
una dice algo sobre Castilla y sobre Machado
otro imagina que aparecen Quijote y Sancho montando a
xxxRocinante y Rucio y
nuestros ojos se aferran a la siguiente loma como un águila se
xxxaferra a una liebre
pero
estamos en Mariposa CA y yo rezo
para que no aparezca un Kentucky Fried Chicken
yo me acuerdo de Borges y su conferencia de La ceguera en 1977
su ojo izquierdo cerrado su ojo derecho abierto
las manos sobre los reposabrazos como si fuese a levantarse
la voz temblorosa
Hay un color que no me ha sido nunca infiel, el amarillo.
miro los campos y pienso que quizá este sea el paraíso de Borges
aquí en Mariposa CA el sol se pierde y todo se tiñe aún más de
xxxdorado
Borges sobre un trono altísimo ojo izquierdo manos como
xxxlevantarse pero temblorosa
tigres y leopardos rodeándole / todo oro y sombra y una voz
que recita un poema épico en una lengua muerta
el paisaje sigue siendo el mismo que al principio del poema
pero se hace de noche
poco a poco nos vamos quedando ciegos

 

 

 

 

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

en el sueño recorremos un campo
con grandes pacas todo es amarillo
y hay cuervos desperdigados
picoteando semillas sin cesar

caminamos en grupo no nos
separamos como si tuviésemos
que enfrentarnos al vacío
estando juntos como si estar juntos
nos salvase de la nada

es verano y atardece y en el sueño
alguien dice que quisiera quedarse
para siempre con nosotros
intentamos calcular cuál es la distancia
que nos separa de la realidad

la estampa es demasiado poderosa
y nos dejamos caer sobre las pacas
hace demasiado calor para cruzar
el verano y estamos agotados

alguien dice que esto parece un sueño
como si realmente no lo fuese
alguien apoya su cabeza sobre mi muslo
compartimos el agua y miramos
al horizonte en busca de alguna señal

todo parece estático y todo
en el sueño es inabarcable
incluso nosotros tumbados
ni qué decir el atardecer

alguien hace referencia
a la vida fuera del sueño
y el verano que cruzamos
y si será también inabarcable

el sol se va / el campo arde
los cuervos alzan el vuelo
—todo Poe y alborozo alado—
viran hacia el oeste y en bandada
arropan la tierra con la noche

 

 

 

 

COPLA

no sé Jorge Manrique si en el siglo XV el concepto del suicidio
existía
o quizá tuviese entonces un verdadero sentido: honor
perdido STOP amada fugada STOP no contrincante digno
xxxSTOP muerte inevitable

x
no sé Jorge Manrique si lo de tu padre quedó resuelto si el
xxxforense lo tuvo claro
desde el principio: muerte natural / yace en la cama / mantas
xxxcomo losas de mármol cubren su cuerpo / el primogénito
xxxagarra su mano izquierda / escucha sus últimas palabras /
xxxpromete proteger la casa y la familia / luego una lengua de
xxxhielo entra en el cuarto y

x
no sé Jorge Manrique pero hoy caminando por Yosemite
xxxValley (Parque Nacional)
estado de California (ya sé que Colón no había nacido aún
xxxcuando tú… que no me vas
a creer…
xxxxxxxxxentiendo la problemática pero)
he visto a un río suicidarse
como te lo cuento

x
no sé Jorge Manrique
el río era la vida e iba a dar a la marxxxxxxxo eso creíamos
todo era como tú lo habías descrito pero de pronto:
como el 4:33 de John Cage en medio de El lago de los cisnes
xxxde Tchaikovski

x
todo refulgía todo cuadraba los árboles inmaculados las
xxxrocas serenas cada insecto cada espora cada estambre y
xxxcada estigma la vera era la vera el lecho era el lecho el
xxxcaudal era el justo y necesario los dioses habían cumplido
xxxcon su cometido la madre naturaleza sonreía cristalina
xxxhasta que un corte abrupto un discontinuo un precipicio
xxxuna caída un silencio

x
saltar a la nada
eso es saltar a la nada y no encuentro un símil a la altura
xxxsaltar a la nada y basta
y el río ya no es río es chorro
y el chorro ya no es chorro es lluvia
y la lluvia ya no es lluvia es gota
y la gota ya no es gota es partícula
y la partícula ya no es partícula es

x
saltar al vacío sin másxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy dejar de ser

x

así se suicida un río
igual que se suicida un hombre

 

 

 

 

MOTEL SALIENDO DE DEATH VALLEY CAMINO DE LAS VEGAS

las afueras de un desierto son como las afueras
de una gran ciudad seres invisibles que miran
—comen defecan se reproducen mueren—
hacia el centro a la espera sobrevuelan
las fronteras como objetos arrastrados por un
tornado

como las afueras de la ciudad las afueras
del desierto son etéreas / móviles / nómadas
a expensas de un capricho de la naturaleza
(o los planes arquitectónicos) van y vienen
como si el desierto fuese un mar
y las dunas sus olas y subiese
y bajase
xxxxxxxxxla marea

x
no hay pueblos ni pequeñas ciudades
son sólo absurdas aglomeraciones de
chalets algún restaurante una gasolinera una granja
seres invisibles al borde del desierto
como si un dios hubiese escupido
algunos hombres en medio de la nada

la gente se esconde en las afueras del desierto
construye empalizadas y se da a la vida
interior en el motel nos damos un baño en la piscina
y nos tumbamos a cincuenta grados a mirar
cómo no pasa nada cómo las horas se van
cómo el desierto sólo es un inmenso reloj
de arena

este lugar es la mejor metáfora de la espera
que jamás he encontrado nadie habla
la piel se seca en dos segundos no soy capaz
de describir el silencio como en las ciudades
estar en las afueras también es estar dentro
del desierto

 

 

 

 

BELLAGIO, MACHADO

en una tumbona en la piscina del Bellagio Las Vegas NV
tomo un mojito mientras leo a Machado dicen
que los oasis suelen ser espejismos dicen que
del desierto sólo salen los más fuertes los más listos los más
leo a Machado a cincuenta grados
bajo una sombrilla publicitaria —luego en la noche
caeré enfermo por el frío eterno del aire
acondicionado— una chica en bikini sale
del agua y se acerca hasta mí: ¿qué lees? pregunta
Leo a Machado digo poeta español digo
que murió en el exilio y la pobreza digo
cuyas últimas palabras fueron: estos días azules
y este sol de la infancia ríe juguetona y me besa
—luego por la noche caeré enfermo por la falta de agua
y el exceso de alcohol— la chica tiene un bolígrafo
y escribe sobre mi antebrazo su teléfono
salta a la piscina y —¡cómo no!— desaparece
todo queda en un silencio desproporcionado
como si el desierto reclamase su lugar
aparto el libro y miro el cielo azul el sol
de la infancia hace demasiado calor los números
sobre mi piel la tinta sobre la carne no me baño
por si acaso

 

 

 

 

(CODA)

la cuadrícula pintada con escuadra
que son las calles de San Francisco
un tranvía desbocado
convertido en atracción de feria
los carteles de aún hay esperanza
en las pilonas rojas del Golden Gate Bridge
la ruta 1 que baja bordeando la costa
vacía
y el océano Pacífico de un azul desesperado
aquel cul-de-sac del que casi no podemos salir
idóneo para una escena de persecución hollywoodiense
los caminos de Carmel por los que circulábamos
a velocidad de obeso americano
los campos amarillos como un trigal castellano en Mariposa
y una amapola sobreviviendo en medio de la tarde
las secuoyas gigantes bordeando la carretera
muy secundaria
que lleva a Yosemite Valley y las 8 horas
que tardamos en hacer 50 km
las advertencias de cuidado con los osos
y los osos que no vimos
la recta infinita que cruza el mediodía por Death Valley
las 55 grados a la sombra
y el aire que quemaba la piel
los reflejos de la carretera que eran el mar en calma
el parking de un motel donde nos creímos fugitivos
y la vieja que nos atendió que me recordó a la madre
de Bates la ducha y el cuchillo
Las Vegas alzada en medio del desierto
y su intento de ser noche a base de bombillas enroscadas
La Vegas Blvd. con el Bellagio el Caesar palace el Flamingo el Mirage
el tramo que hicimos por la ruta 66 camino del Gran Cañón
y cómo nos empeñábamos en llamarla La Ruta Madre
porque Steinbeck así lo decía en Las uvas de la ira
nosotros dentro del coche frente al Gran Cañón y la lluvia
que nos empañó el parabrisas y el paisaje
las carreteras de regreso que nos parecieron distintas
pese a ser las mismas
las carreteras de nuestra juventud y el Dodge
al que llamábamos Mae West
tragando kilómetros sin descanso
esa luz veraniega de tiempo detenido
que nunca podremos
recuperar

 

 

 

Talián, Ángel. El sol sobre la nieve. Cartagena; Ed. Balduque, 2016.

 

JARDÍN DE ARENA

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Ballcells

SI lloviera estoy seguro que escribiría un poema.
¿Lloverá si empiezo a escribir?

Qué gran silencio. ¿Qué es lo que todo parece esperar?

¿No será el poema?

 

 

 

 

UN poco de viento basta a veces para que recobre
la confianza en mí mismo.

Confía en ti mismo, para que se levante el viento.

 

 

 

 

¿QUÉ me va a deparar el día?

¿Saltará ante mí lo imprevisto?

Deja que salte lo imprevisto, por si logras ver lo
verdaderamente imprevisto.

 

 

 

 

HE hecho fotocopias de todos los poemas, por miedo
a perderlos.

He vuelto a escribir poemas y a sacar las
correspondientes fotocopias.

Saca directamente las fotocopias y escribe luego los
poemas.

 

 

 

 

QUÉ serias y desoladas las gentes que encuentro en
el metro.

Qué sería de ti si las gentes no te dieran la medida
de tu desolación.

 

 

 

 

CUANDO estoy en la ducha caliente me siento capaz
de escribir los mejores poemas.

El poema es siempre una ducha de agua fría.

 

 

 

 

PARECÍA que con las lluvias de los últimos días se
iban a acabar los incendios forestales, pero hoy dice
el periódico que los rayos han causado dos nuevos
incendios.

Lee directamente el rayo.

 

 

 

 

LA piña de la que hablaba hace dos años en uno de
mis poemas sigue estando ahí.

La piña de la que hablabas hace dos años en uno de
tus poemas sigue estando ahí, pero el poema ya no
es el mismo.

 

 

 

 

CUANDO me gusta uno de mis poemas no siento
necesidad de que sea leído por alguien.

Este poema será leído por nadie.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxKassel

EL cielo no es azul,
ni el aire transparente,
ni es sólido tu cuerpo,
ni estás perdido aquí
por grandes avenidas
en este parque inmenso
que parece soñado,
ni tienes que volver
a sitio alguno,
ni se acerca el crepúsculo,
ni se encienden las luces,
ni alguien va separando
las hebras de tu carne,
abandonado ahora
como estás,
sin creer que estás viendo
lo que ves.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxKassel

ACARICIAN tus manos
balaustradas
salidas de la nada,
los arbustos más tiernos,
no nacidos.
El término está en ti
y lo contemplas,
mientras todo se borra,
se va nublando el césped,
se derrumba el palacio.
Vas a tientas. Tus manos
acarician los límites.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn la muerte de Josep Cercós

LA
profunda
extrañeza
de
que
el
sol
nos
haga
oír
su
luz
cuando

ya
no
estás
para
ir
blasfemando
santamente
con
la
música
rota
de
tu
voz
la
carcajada
amarga
de
tu
muerte.

 

 

 

 

EL país en que vivo
no es este en el que muero
y al domingo
sucede siempre el lunes.
Mi país no está hecho
de hombres y de tierras
donde me reconozca,
sino del más secreto
de los versos no escritos.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Santiago Ramos

TODOS los viajeros que van conmigo en el avión
son unos perfectos desconocidos para mí.

Todo es perfectamente desconocido para mí.

Todo es perfecto.

 

 

 

 

ESTA chimenea apagada en plenas vacaciones de agosto
me hace pensar en la inutilidad de todo.

¿Hay algo más inútil que este poema, escrito ante una
chimenea apagada en plenas vacaciones de agosto?

 

 

 

 

LA lluvia es una de las cosas que más me gustan
de este mundo.

Lo que más me gusta de todo es el mundo.

Ahora, como llueve en el mundo, estoy contento
de verdad.

 

 

 

 

UNA mosca entra, recorre rápidamente la habitación
y sale por la ventana, después de haber cumplido
con lo que tenía que hacer.

Salgo por la ventana, recorro rápidamente el paisaje
y vuelvo a entrar en la habitación sin haber acertado
a hacer nada.

 

 

 

 

AQUELLA mujer con un paraguas abierto en medio
del campo me recuerda una estampa japonesa.

Deja de llover, y la estampa es ahora la de una mujer
con un paraguas cerrado en medio del campo.

Rompo el poema y me abro como un paraguas.

 

 

 

 

LLOVÍA, y de pronto ha dejado de llover.

Escribía, y de pronto he dejado de escribir.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Norio Shimizu
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRyōan-ji, Kioto

JARDÍN de arena.
Contempla los dibujos
tras la tormenta.

 

 

 

 

¿SABIDURÍA?
La de esta golondrina
volando en círculo.

 

 

 

 

CAMPO de trigo.
La urraca se ha llevado
oro en el pico.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Shichiro Enjoji

QUE escriba sola.
Deja volar la pluma
en el paisaje.

 

 

 

 

INESPERADAMENTE,
el verso sale,
d vueltas por la página,
roza el borde del aire
y luego,
por sorpresa también,
vuelve al lápiz,
la pluma,
hasta tu mente,
donde entonces se borra.

 

 

 

 

CONTEMPLAS esa piña
abierta bajo el sol,
que no tiene piñones
que ofrecerte,
y no sabes decir
la razón de que estén
tan absortos tus ojos
abiertos bajo el sol,
contemplando esa piña
que no tiene piñones
que ofrecerte,
tan absortos tus ojos…

 

 

 

 

CABE la eternidad
entre una gota y otra.
Penden tan suavemente
mecidas por el viento…
Cómo alargar la tarde,
mantener el milagro
de que nada se quiebre
en el silencio
que ha seguido a la lluvia
y ha dejado
unas gotas de agua
suspendidas
de mis trémulas ramas.

 

 

 

 

SI escribo de esta noche,
de la luna creciente
hacia su parte oscura,
de la majestuosa
presencia de los árboles,
de la especial manera
que tienen hoy las luces
de encenderse,
me estaré refiriendo
a otras noches,
a antiguas sensaciones
que no invoco.
¿O es que tan sólo hay
una única noche
con un único mar,
la misma luna siempre,
mientras yo voy cambiando
a cada instante
y escribo el verso único?

 

 

 

 

PASEOS solitarios
en la espera del verso
que tanto se demora,
del silencio que brota
de los árboles
cuando nadie los mira,
de la paz que respiras
cuando nadie te espera.
Seguir por el sendero
y descubrir
que está en ti el que dispone
el paisaje y el verso.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antoni Marí

LA paz que se respira
no es aún el poema.
Sólo la tarde sabe,
en esta hora incierta,
lo que debes hacer.
Deja, pues, que el poema
resbale con el ritmo
de la respiración
que sale sin esfuerzo
de la tierra,
del volar de los pájaros.

 

 

 

 

ESTAR
un
solo
día
sin
sentir
que
la
vida
se-me-va-de-te-nien-do-a-ca-da-ins-tan-te
y
poderla
vivir
al
fin
sin
m
á
s.

 

 

 

 

ESTÁS leyendo
los versos de un poema
aún no escrito.

 

 

 

 

HOJA caída,
salta ahora a la rama
y reverdece.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

EL CIELO

 

EL CIELO

Colegas queridísimos, estetas defensores
del pájaro y la rosa y el mundo está bien hecho
etcétera, y cantemos al cielo en primavera
porque es azul y estalla la gracia y la poesía,
amigos y enemigos, es cierto, estáis sobrados
de sólidas razones. Seguir vuestro camino
acaso lograría salvarme de estas cosas.
De tantos anatemas comiéndose mis versos.
Pensándolo, es loable. El cielo azul tan lindo.
El cielo bondadoso de Dios y de sus ángeles.
Precioso. Pero, amigos, decidme, por los clavos
de Cristo, por los clavos del hombre, ¿estáis seguros?
¿Creéis que un bello cielo nos cubre todavía?
¿Aún brilla luminoso sobre el cieno?
¿Y sigue siendo alegre sobre el llanto?
¿Y sigue siendo azul sobre la sangre?
Yo, así, lo cantaría con toda unción. Palabra.
Con versos bien rimados, para dormir tranquila
sabiendo que tenía mi puesto asegurado
en las Antologías del Arte más conspicuo.
Pero es casi imposible. Pues yo no veo el cielo.
No acierto a verlo, hermanos, desde hace largas fechas.
Desde hace mucho llanto me falta de los ojos.
Porque no puede verse vuestro cielo perfecto
desde un mundo entoldado con las nubes más hoscas.
Y no puede mirarse con la espalda doblada.

Ni se goza su lumbre con la nuca partida.
No puede verse el cielo con el pecho quemado
en la boca del horno,
ni se ven sus fulgores con los párpados sucios
del sudor más espeso,
ni su luz nos alcanza tanteando en las simas
de las cuencas mineras,
ni podemos mirarlo retirando las redes
con la sal en los ojos.

No es posible encontrarlo a través de la efigie
coronada de gloria del tirano sangriento,
ni se encuentra en las togas de los negros fiscales
ni en el frío destello de los sables de gala
en los bellos desfiles,
ni durmiendo en la iglesia mientras suenan las preces
por los fieles difuntos.

No se llega hasta el cielo desde tantas prisiones,
desde tantos cuarteles con sargentos y piojos,
desde tantas escuelas con los bancos helados,
desde tantos lugares con letreros que dicen:
se prohíbe la entrada.

No puede verse el cielo desde el fondo del cáncer,
desde el fondo más hondo del infierno más negro,
desde el fondo de todos los que están en el fondo,
los que son tierra sucia que pisáis sin mirarla
cuando vais extasiados por las líricas nubes.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más