Inicio > Relato > TRAZOS EN FALSO

TRAZOS EN FALSO

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDormir con las botas puestas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSoñar entre canciones de cuna.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBienvenido al club. Nadie te cura
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn la basura de las horas muertas.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQuique González. La casa de mis padres.

SALDANDO DEUDAS

xxxNo hubo primavera en el noventa y cuatro. Al menos, yo no tengo constancia de ello. Sí del invierno. Duro. Frío. Áspero. Y del verano. Excesivo. Abrasador. Indecente. Fueron días difíciles, puedes jurarlo. Días sin nombre. Sin calendario. Duros de digerir. Imposibles de olvidar. Aquí siguen. A flor de piel. Como el roce de una ortiga. Como labios cuarteados por el viento. Una ventana abierta en noche de tormenta. El eco de unos tacones desmontando el silencio. En el noventa y cuatro hubo invierno. Y verano. De la primavera, ni rastro.
xxxEl hígado de Bukow hizo aguas. Los sesos de Kurt saltaron por los aires. Nixon cruzó la puerta. Johnny Temple se fue por donde había venido. Despedidas. Fin de emisión. No sé muy bien por qué pienso esto. Por qué ahora. Por qué no antes. Será que hace años que no piso las tablas. Que bajé del escenario. Abandoné el plano secuencia. Y empecé a mirar a través del visor. Sentado en tu silla. Con tu chaleco gastado. Observando la escena. Sujetando la red. Apuntando palabras olvidadas. Sí, probablemente ese sea el motivo. Los tiempos han cambiado, viejo. El enano me puso en tu lugar. Y he vuelto a bajar la ventanilla. Al camino de hierbas aplastadas. A la grava bajo los neumáticos. A los días de ruta. A las noches en guardia. A las tardes de menta. A la tierra batida. A todo lo que quedó pendiente. Al maldito tiempo perdido.
xxxEl noventa y cuatro se fue sin primavera. Nos la quitaron de cuajo. Sin anestesia. Ni previo aviso. Con alevosía. Y nocturnidad. No quisimos darnos cuenta. No pudimos, más bien. Costaba creer que todo aquello estuviera sucediendo. Mejor mirar para otro lado. Taponar la herida. Y huir hacia adelante. Más tarde llegaron las lluvias. Las brigadas de limpieza ocultaron el rastro. Lavaron la ropa. Pero no. No fue un sueño. Un mal sueño. Ocurrió de veras. Nos la quitaron. La primavera. Para no devolverla. Acto seguido, ardieron las nubes. Cincuenta grados. El cielo crujía. El asfalto sudaba. Todas las calles quedaron cuesta arriba. Miro el espejo tras la barra. Es cierto. He tomado alguna curva de más. Y bastantes rodeos. Pero aquí estamos. De nuevo. De siempre. En cierto modo, los pasos que no damos también nos enseñan el camino. Eso creo. Y, sí, lo sé. Te debo una. No me olvido, viejo. No pienso hacerlo. Nos ha costado. Pero nunca es tarde. Qué diablos.
xxxCuando el viejo Harvey cerró la puerta, ardieron cientos de mapas. Los del cofre escondido. Los de la isla encantada. Los del árbol que hablaba. Todo perdió sentido. El viejo se largó demasiado pronto. Se fue con lo puesto. Con la maleta vacía. Dejando las ganas en el cajón de abajo. Los sueños sobre la mesilla. Jurando que no era el final. Que, en realidad, no se estaba marchando. Que tarde o temprano regresaría. No sé. No sé muy bien lo que pretendo. Lo que quiero decir con esto. Supongo que le echo de menos. Que me resisto a aceptarlo. Que no acabo de acostumbrarme. Miro alrededor y pienso que sí. Que, en el fondo, el vaso está lleno. Que todo está en su sitio. Hank Rogers apura el trago. Golpea la copa en la barra. Baja del taburete. Se tambalea. Serpentea hasta la salida. Abre la puerta. El frío invade el local. Se diluye. Faltan un par de horas para la cena. Para la víspera de Navidad. Austin recoge botellas vacías. Alza la vista. Sonríe. Él sabe bien de qué va esto. A qué estamos jugando. Lisa sube el volumen. Suena Votolato. Estamos los tres solos. Solos en el bar. Solos en la calle. Solos en el mundo.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHey hey, my my
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxRock and roll can never die.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThere’s more to the picture
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThan meet the eye

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNeil Young. Hey Hey, My My.

HONY TONK MAN

Viernes, tres de julio, seis treinta de la mañana. Justo hace un año que dejé a Eric. Acostado. Durmiendo como un niño. Borracho como una cuba. Fue necesario acompañarlo a casa. Hasta su habitación. Quitarle los zapatos. Meterlo en la cama. ¡Me lo has prometido!, le oí gritar desde el fondo del pasillo. ¡Hasta el verano que viene! ¡Hasta el próximo dos de julio!
xxxHe regresado al hotel rodeado de silencio. La calle desierta. El sonido de mis pisadas. El ruido de los bares retumbando en la sesera. Como un souvenir robado en el país de los canallas. Mañana todo será un enorme lago. Con algún pequeño islote asomando entre la bruma. Pero, ahora mismo, todavía conservo un pedazo de noche. Gran tipo Eric Becher. Coincidimos por primera vez una tarde de verano del noventa y cinco, en Boston. De pesca en una vieja tienda de discos. Los dos habíamos lanzado el sedal hacia un single imposible de Buddy Miller. Tuvimos que echarlo a suertes. A cara o cruz. Gané yo. Charlamos un rato. Y me invitó a acompañarle al antro donde solía tocar. Hoy es dos de julio, dijo. Día de celebrar. Con la perspectiva de los años, veo que le eché bastantes arrestos al entrar en aquel tugurio. Oscuridad. Cigarrillos. Cientos de luciérnagas. Los clientes se escondían tras un rictus de maniquí. Rostros congelados que sólo aspiraban a no tropezar con su sombra camino de la barra. Allí me emborraché con Eric por primera vez. Envueltos en una nube de humo tan densa que respirar se convertía en algo literalmente doloroso. Desde entonces, cada dos de julio, una llamada al alcohol. Una merluza. Siempre el mismo día. No podía ser coincidencia. Tengo que preguntárselo. Eso pensé. Y eso hice. Justo hace un año. Entre vahos de alquitrán y ginebra.
xxxEric era un perdedor. Se jactaba de serlo y aseguraba que ése era su mayor triunfo. Solitario. Aunque estuviera a tu lado, en realidad, nunca acababa de estar contigo.
xxx—Soy un tipo que, con el tiempo, ha aprendido a cometer errores de forma casi perfecta. Autodidacta. No me ha quedado otra, chico. Nada más nacer, tuve que apañármelas yo solo. Cuando llegué, no había nadie en el paritorio. A esa hora, mi madre estaba actuando como corista en un local vacío. No tengo tiempo para tonterías, respondió cuando la llamaron desde el hospital.
xxxVivía de noche. Era de esa clase de gente cuya relación con el sol se reduce a una foto de Hawai en su dormitorio. De los que compran el pan recién sacado del horno al volver a casa y lo comen la noche siguiente, justo después de levantarse. Nunca le conocí pareja.
xxx—Hay dos cosas que un hombre no debe olvidar bajo ningún concepto. Su revólver y el nombre de la mujer con la que intercambia fluidos. No recordar cualquiera de ellas aumenta de forma considerable tus opciones de funeral inminente. Yo nunca he visto dos cepillos juntos en mi cuarto de baño. Mis amantes permanecen el tiempo justo de fingir un orgasmo. La última se largó cuando todavía no había llegado al suelo su ropa interior.
xxxNuestra convención anual la pasábamos escuchando música. Divagando. Consumiendo lo que Martin, el barman, mezclaba con el hielo de nuestros vasos. Nunca me molesté en preguntarle qué era lo que bebíamos. No creo que a un suicida le importe mucho el calibre de la bala con la que piensa reventarse el cerebro. A fin de cuentas, eso era lo que allí hacía todo el mundo. Suicidarse a cámara lenta. Una de esas noches, Eric me habló de cuando pasaron por el club Mick y Keith:
xxx—El rock and roll rezumaba por las paredes, Harvey. Esos dos canallas eran capaces de rasurar el pubis de las muchachas sin necesidad de bajar del escenario. Durante unos minutos, pensé que la guitarra de Keith tenía siete cuerdas. Luego me di cuenta de que era Micky quien pululaba por allí.
xxxDos de julio. Dos del siete. Dos, siete. Un homenaje. Al club de los veintisiete. Unas estrellas que apagaron su luz antes de tiempo. O quizás no. Joplin, Hendrix, Morrison, Jones, Johnson, Cobain.
xxx—Yo ya he cumplido dos rondas de esas. No creo que me quede mucho tiempo extra. Entonces, alguien deberá continuar con todo esto. Martin piensa que estoy sonado. No es ninguna tontería. Tú lo entiendes, ¿verdad? Joder, no es ninguna tontería.
xxxAntes de acostarme, decido hacer un último brindis. Por él. Por ellos. A duras penas me mantengo sobre el taburete. Soy el único cliente en este bar que nunca cierra. Un local con alma en forma circular. Como dice Borroughs, aquí no hay pasado ni futuro. Más que un bar, esto es una sala de espera. Miro a April detrás de la barra y no me parece tan gorda como el año pasado. Me cuenta que fue Miss Camiseta Mojada del noventa y tres en alguna discoteca de costa. Me lo creo. ¿Y por qué no? La verdad es que luce una buena delantera. Estoy cansado. Apuro mi cerveza. Le pregunto (a April) si se viene conmigo al hotel. Se ríe. Tom Petty suena en la gramola y me acuerdo de Eric de nuevo. Claro que lo entiendo, pienso, claro que lo entiendo. Prometido.
xxxEric murió hace un par de semanas. Tenía cincuenta y cuatro. En realidad, lo mandó al otro barrio uno de los matones que frecuentaban el club. Y no es que tuviera excesivo mérito. Sus entrañas estaban tan castigadas que el forense fijó la hora de su muerte diez años antes. Los pulmones y el hígado pesaban bastante más que la caja de madera. Al tipo en cuestión le devolvieron sus dos balas y le pagaron un taxi a casa. Por lo visto, el juez no consideró que fuera delito disparar contra un cadáver.
xxxNadie reclamó su cuerpo. Estaba destinado a compartir lombrices con cientos de desgraciados sin nombre. Yo no podía permitirlo. Le compré una parcela en el cementerio del pueblo. Prometí al reverendo Clayton una donación para reparar el techo de la iglesia. Le di una buena propina a Howard Milton por cavar la fosa. Y Eric tuvo su simulacro de entierro. Unos días más tarde, quise rendirle tributo. Una especie de homenaje. Publiqué una esquela en el Daily City. We’ll always remember you, old rockers never die. En lugar de familiares, puse la alineación de los Pittsburgh Pirates, finalistas de las Series Mundiales en el cincuenta y cuatro.

 

 

 

Tortosa, Javier. Trazos en falso. Murcia; Boria ediciones, 2017.

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más

A %d blogueros les gusta esto: