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CRÓNICAS DE MOTEL

 

Recuerdo cuando intentaba imitar la sonrisa de Burt Lancaster después de haberle visto con Gary Cooper en Veracruz. Durante muchos días estuve practicando en el patio de atrás. Serpenteando por entre las tomateras. Riendo con todos los dientes al desnudo. Riéndome de esa risa. Alzando el labio superior para descubrir los dientes. Después de practicar esa sonrisa durante unos cuantos días intenté utilizarla ante las chicas de la escuela. Ellas no parecían ni enterarse. Forcé mi interpretación hasta que empezaron a producirse extrañas reacciones entre mis compañeros. Miraban fijamente mis dientes, y asomaba a sus ojos una expresión asustada. Ya no me acordaba de lo feos que eran mis dientes. De que uno de ellos lo tenía podrido, de color pardo y montado encima del diente roto que estaba a su lado. De hecho, había llegado a estar convencido de que era poseedor de una hilera de perfectos y perlados dientes como los de Burt Lancaster. Como no quería asustar a nadie, dejé de reír en cuanto me di cuenta de lo que pasaba. Sólo lo hacía cuando estaba solo. Poco después dejé de hacerlo incluso a solas. Volví a mi cara vacía.

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25/4/81

Homestead Valley, Ca.

 

 

 

 

3’30 de la madrugada

¿Es un gallo
o una mujer que grita a lo lejos?

¿está negro el cielo
o a punto de ponerse azul oscuro?

¿Es una habitación de motel
o la casa de alguien?

¿Está mi cuerpo vivo
o muerto?

¿Estoy en Texas
o en Berlín Occidental?

Y de todos modos,
¿qué hora es?

¿hay algún pensamiento
que sea mi aliado?

Rezo pidiendo que se suspenda
todo pensar

Absoluta suspensión
espacio en blanco

quiero ir por la carretera
sin pensar en nada

sólo una vez

No estoy suplicando

No me pongo de rodillas

No estoy en condiciones de pelear

x
9/12/80

Fredericksburg, Texas

 

 

 

 

xxxTim Ford y yo robamos una vez un coche en San Bernardino. Uno de aquellos Austin Healey antiguos, con capota plegable de cuero rojo y llantas de radios. Lo encontramos aparcado con las llaves puestas detrás de un quiosco de Refrescos A and W.
xxxAl principio no queríamos más que dar una vueltecita con él y dejarlo luego al otro extremo del pueblo, pero terminamos dirigiéndonos a México. A Tim se le ocurrió que necesitábamos obtener alguna tarjeta de identidad falsificada para entrar en los bares y comprar cerveza en las tiendas de bebidas alcohólicas sin que se metieran con nosotros y nos echaran. Dijo que conocía a un tipo de Tijuana que falsificaba la fecha de nacimiento en los permisos de conducir, y que lo hacía tan bien que parecía auténtico. Dijo que, además, salía muy barato.
xxxNo recuerdo ningún coche tan divertido de conducir como aquel Austin Healey. Cómo gruñía. Respondía como un animal a cualquier insinuación. Desaceleraba cuando reducías, saltaba maravillosamente de una marcha a otra, volaba en directa…, hacía todo lo que te diera la gana. Tomaba las curvas como una Pantera. Era imposible volcarlo.
xxxÉl y yo asumimos la personalidad de los dueños de coches de este tipo. Nos desabrochamos la camisa y dejamos que el viento nos golpeara en el pecho. Nos pusimos las gafas ahumadas que encontramos en la guantera. (Tenían la montura roja, con unos brillantes en las esquinas.) Adelantamos volando a las mujeres que conducían por la carretera, o nos acercábamos tanto a sus coches que podíamos abrirles la puerta y oírlas gritar. Cuando paramos a comer en un restaurante nos instalamos en un cubículo que estaba junto a la ventana, para poder contemplar el coche desde dentro. La parrilla del radiador. Soñamos que recorríamos Europa con él y empezamos a utilizar palabras de la jerga automovilística como «los boxes» o «el rally» para que nos oyeran los que estaban cerca. Ese Healey nos gustaba tanto como si fuese nuestro.
xxxNos pasamos el día entero en Tijuana esperando a que aquel tipo revelara las fotos que nos sacó para la documentación falsificada. Era un hombrecillo hosco y silencioso que llevaba un manchado jersey gris. Anduvimos errando por toda la ciudad, y pasando por su oficina cada media hora. El hombrecillo abría bruscamente la puerta y nos echaba de allí agitando secamente la mano, como si fuésemos mendigos o algo así. Yo tenía la sensación de que la falsificación de documentos era la menos grave de sus actividades ilegales. Pero al final resultó que había valido la pena esperar tanto tiempo. Los nuevos permisos de conducir eran impecables y soportaron la prueba en la frontera cuando la poli nos pidió que los sacáramos de la cartera.
xxxBebimos ríos de alcohol en San Diego, donde exhibíamos nuestros nuevos permisos ante las narices de los barmans de toda la ciudad. Compramos botellas de vino para el viaje de regreso a casa. No paramos ni para vomitar. Asomábamos la cabeza un poco y subíamos el volumen de la radio.

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11/9/80
San Francisco, Ca.

 

 

 

 

La gente de aquí
se ha convertido
en la gente
que finge ser

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27/7/81
Los Angeles, Ca.

 

 

 

 

A ver si lo entiendo

¿Dices
Que te tortura el no poder escribir
O que
No puedes escribir porque estás torturado?

¿Dices
Que estos tiempos te han convertido en un escéptico
O que
Estos tiempos confirman tu escepticismo?

Mira, voy a decirte una cosa
Preferiría tener que echarles el lazo a las reses
Que hablar de política contigo

Preferiría caer borracho perdido
Debajo de un camión con remolque

Tu desesperación es más aburrida
Que el Merv Griffin Show

Tu gimoteante lloriqueo
Tus grandes soluciones baratas para la delincuencia

Levanta el culo y ponte a cocinar
Haz con tu tiempo
Lo que quieras
Pero no malgastes el mío

x
2/80
Santa Rosa, Ca.

 

 

 

 

Dicen que en días muy calurosos
la mayonesa podría matarte
eso decía mi tía

también me dijo
que nunca saliera de casa sin la cartera
por si me mataban
y había que identificar el cadáver

x
26/4/81
Homestead Valley, Ca.

 

 

 

 

sudan y se llaman «cariño» el uno al otro
contratan adivinas que mienten
enmarcan fotos de los niños a los que han mandado lejos
tutean al viejo camarero negro
contratan orquestas de R & B descafeinadas y les piden que toquen con guitarra acústica
ponen expresiones ceñudas si alguien habla de bañarse desnudo
se confiesan ante todo aquel que quiera escucharles
todos tienen su «más antiguo y querido» amigo
que generalmente es aquel con quien más se han confesado
detestan que les digas «feliz cumpleaños»
les encanta que haga tantísimo tiempo que no te habían visto
inmediatamente se van con el siguiente
su soledad está cubierta de muecas sonrientes
su soledad se ahoga bajo un círculo de «amistades»

x
25/7/81
Hollywood, Ca.

 

 

 

 

xxxLa noche que llegaron a Oaxaca había un apagón. Los vestíbulos de los hoteles estaban iluminados con velas. No quedaban habitaciones libres.
xxxPor fin encontraron un sitio llamado Hotel Nacional, en la parte norte. Las puertas de las habitaciones estaban hechas de barrotes metálicos verticales, como las celdas del cuartelillo de un pueblo de Montana que él había visto cuando pasaba por allí. Cuando subían las escaleras cargados con el equipaje, pudieron ver a través de los barrotes a los ocupantes de las habitaciones. La mayor parte de ellos parecían ruinas humanas y alcohólicos: unos estaban tendidos en el suelo; a otros les colgaba la mitad del cuerpo fuera de los manchadísimos colchones, o estaban desplomados en los rincones, mirando fijamente el piso de cemento.
xxxCerraron apresuradamente la puerta una vez dentro de la habitación, escondieron las maletas debajo de la cama y buscaron angustiadamente el retrete. No había retrete. Sólo un lavabo en una esquina. Por turnos, se encaramaron al fregadero y dejaron que se escurriera de sus cuerpos toda la «Venganza de Moctezuma» que se habían bebido. La situación les movió sorprendentemente a risa, pero pensaron que lo mejor sería no hacer ruido porque los demás, sufriendo cada uno en su celda, podían pensar que estaban riéndose de ellos.
xxxDurante toda la noche, y sin posibilidad de otra solución, estuvieron turnándose: uno de ellos descansaba sobre el colchón mientras el otro se arrastraba hasta el lavabo. A veces uno de ellos vomitaba mientras el otro trataba de contenerse. A veces vomitaban juntos, y eso les hacía reír más incluso, hasta el punto de que temieron asfixiarse con sus propios vómitos.
xxxToda la noche mantuvieron encendida la vela en la ventana. Abajo, en la calle, estallaban petardos. Oían las carreras de los críos. Los gritos de los quetzales desde las palmeras. Los clientes del hotel gemían u gritaban en castellano, sin dirigirse a nadie en especial.
xxxAl cabo de un buen rato dejaron de reír y se quedaron tendidos en el colchón, el uno al lado del otro, mirando el viejo enlucido. Zonas húmedas en los sitios donde las tuberías rezumaban. Les dio la temblequera a ambos. Ninguno de los dos habló. Él pensaba en un garito de juego, Julian’s, de la Calle Catorce. Ella tenía miedo de morirse.

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6/9/80
San Rafael, Ca.

 

 

 

 

xxxRocío en la tapadera del bidón de las basuras. Sorprende a mi mano. Algún sueño en el que estaba metida mi cabeza.
xxxTramposo tiempo. Primera inundación. Falsa Primavera. Y ahora esta helada. Menos mal que no he sembrado ya las judías. Como pensaba hacer.
xxxPor suerte he sacado el pestazo de la casa. Fuera lo que fuese, estaba podrido. Olía a Brécol muerto.
xxxProbablemente los negros lo volcarán por la noche. Menos mal que tenemos perros.
xxxNoche sobrenatural. Sin sirenas. La calle en silencio. Prácticamente sin viento. Buena noche para robar gasolina.
xxxNo, mejor no probar. Demasiado frío. Con un tiempo así, la piel se pega al acero.
xxxHoy llevaba la camiseta de manga corta. ¿No iba en camiseta? ¿No era hoy? De hecho, hoy he salido una vez al aire libre en camiseta.
xxxSobrenatural. Tiempo atómico. Probablemente terremotos. Probablemente significa que ha habido terremotos.
xxxAunque parece que los perros enloquecen. Se ponen a correr en círculos. Vomitan. Señales de éstas.
xxxQuizá ha reventado alguna cosa en la Central. Eso que hay en el núcleo del Reactor. Fisión nuclear o algo así. Fisión o fusión. Algo así. Allí donde se desboca. La una es lo contrario de la otra. No sé cuál es cuál.
xxxA estas alturas ya lo estarían diciendo por la radio. Pero no tengo radio. Lo estarían diciendo por la radio de algún vecino. Y ese vecino me telefonearía. Pero no tengo teléfono. Y no conozco a ningún vecino.
xxxDa igual. Si queréis que os diga la verdad, prefiero no enterarme. Prefiero tomarlo como venga. Y librarme de todo el miedo. Si voy a disolverme, me disuelvo. no importa. Prefiero disolverme en paz.
xxxAunque dicen que no ocurre de repente. Dicen que es bastante lento. Como una tortura. Resirar duele horrores.
xxxMaravillosas ideas. Y sólo había salido a tirar la basura.

x
2/80
Homestead Valley, Ca.

 

 

 

 

¿Por qué pienso
«Este tipo está completamente loco»
Sentado en un bar de pueblo
Vestido con un traje de terciopelo negro, con chaleco
Oliendo a Marica de la Calle Catorce
Con un tic nervioso en unos ojos pardos
En los que casi no se ve la pupila?

¿Por qué pienso
«Este tipo está chiflado»
Cuando pregunta si ha nevado alguna vez en San Francisco
Si Herb Alpert toca a veces música clásica?

¿Por qué pienso
«Este tipo está majara»
Cuando me dice que tiene muchísimo talento
Pero le falta tiempo para desarrollarlo?

¿Por qué pienso
«Este tipo está como una chota»
Cuando coge la jarrita de la leche
Y la llama «Esta vaquita tan mona»?

Sé por qué
Porque no oculta
La desesperada distancia que le separa de la gente

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12/79
San Anselmo, Ca.

 

 

 

 

xxxHabía penetrado profundamente en las treinta y dos hectáreas de pastos que acababan de brotar y la cabeza no paraba. Podía ver a través de las verdes hojas las marcas dejadas por el tractor en su última pasada. Las profundas depresiones de las huellas del ganado en los sitios en donde el suelo estaba embarrado y se lo habían comido todo y sólo quedaba un corto rastrojo amarillo. Más o menos cuando atajaron el incendio. Oía a mi cuerpo que quería irse y tenderse, pero mi cabeza no le hacía caso. Vi que aquí, al aire libre, era mucho más fácil determinar la hora. Todo aquí entendía íntimamente que el sol se estaba yendo. Hasta los balcones lo dejaban para el día siguiente.
xxxSeguí pensando que allá en el establo había alguien que me llamaba. Oía en realidad su voz y me volví a irar. No había nadie.
xxxMe volví hacia la extensión de tierras y me pregunté hasta dónde ir. Exactamente la misma pregunta que me hice antes, cuando nadaba en el océano. ¿A partir de qué lugar empieza a ser peligroso seguir alejándose? Y comprendí que uno se lo pregunta cuando ya empieza a creer que ha ido demasiado lejos.

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18/12/79
Petaluma, Ca.

 

 

 

Shepard, Sam. Crónicas de motel (Trad. Enrique Murillo). Barcelona; Ed. Anagrama, 1989.

 

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