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SÍNDROME DE TANTO ESPERAR TANTO

 

VIVIR es este triste
exceso de escasez,
esta arbitrariedad desparramada,
estos tantos minutos
charlando y masticando,
tiempo y más tiempo
la sed de más y más,
el síndrome rotundo
de tanto hedor por dentro,
de tanto esperar tanto.

 

 

 

 

ESTAMOS fecundando el bacilo de Koch,
el tigre bengalí de los sueños borgianos,
el sabor de la sed
y el hábito común de la nostalgia.
Hemos sido felices estos años
pero la vida cansa,
entre absurdos deseos
y sonrisas huidizas,
la vida nos derrota
desagüando la música
y el fuego.

También mueren las cosas.
La muerte de por sí es expansiva.
Nada se salva del paso de los años,
el tiempo decepciona
y un vapor de qué hacer
embabosa la atmósfera
y nos daña.

 

 

 

 

NADA nos desvincula de tanta soledad.
Somos la angustia de la sombra sin cuerpo,
la fatiga vital de un animal huyendo,
el volumen de un hábito cuya esencia es morirnos.

Nada queda que ya no sea turbio
y alrededor de cero
jugamos a existir
bajo el flujo imperfecto de la melancolía.

Huyen y vuelven
los lobos del hastío,
ese abejeo meticuloso y frío
de la ansiedad.
Estallan los minutos como pompas monótonas
y el reloj mismo acaba succionando la vida
y yo siento un cuchillo pasar en lo profundo.

Y a medida que vivo
la pasión se desgrana como pétalo a pétalo
y el tiempo se corrompe
y en los ojos, más tristes,
se va vaciando el mundo de ternura
y sin embargo
la vida sigue siendo hermosa y triste
dejando manchas tristes en las manos,
ofreciendo narcóticos extraños
a cambio del dolor con que la pierdo.

 

 

 

 

LA tarde sin piedad
se extiende hasta el abuso
como un pan que imitara
el dominio del mundo.
De nuevo esta abrasión de lo imposible,
de nuevo los timbales de la monotonía,
de nuevo ya no hay miel
y derrapo en la tarde
mi finitud efímera
soportando el fracaso
posarse poco a poco
sobre el casquijo abstracto
del recuerdo.

 

 

 

 

¡BEBED soñadores!
No hay rumbo.
Ha llegado el diluvio,
como arena en la boca
ha llegado el diluvio.

Vivid sin reflexión.
Masticad la ternura
de un tiempo ya caído.
Bebed la inmensa herida
de un mundo ensimismado.
Fingid.
Fingid el silencio
de una estrella que cae
y el amor mismo
imposible y mentira.

¿No veis que ya no queda
más carne en estos huesos?
¿No os duele el cerebro?

Gozad vuestro apetito
de alcohol
de náusea
y semen.
Sujetad con alambre
la tristeza profunda
de una vida que cae.
En las calles sólo hay gente,
pájaros moribundos
y algún triste payaso
y gente
mucha gente.

 

 

 

 

DEBEMOS aceptar esta vida encallada
entre el tiempo y la nada
y algún viernes o martes
emborracharnos educadamente
olvidando despacio
una infancia decrépita,
derrochada y hostil.
Somos el tiempo,
palabras poco a poco
y tiempo mucho tiempo
y todo el desamparo de nuestro porvenir.

 

 

 

 

BESARÍA tus ojos
y dormiría despacio en tu silencio fácil.
Lamería vertiginosamente tu rostro prematuro
tu rostro casi trágico
muchacha turbia que bebes frente a mí
una mezcla marrón de alcohol y soledades.
Pero somos la víctima
y el azar juguetea
en contra de nosotros
en este espacio triste
donde tomamos copas los últimos mohicanos
de un martes de noviembre
donde usamos sin ganas
este lento delito de vivir.

 

 

 

 

LA mañana promete palabras manoseadas,
cócteles derramados cobre un plato con fruta,
ojos abiertos,
una fe que se pudre cada quince minutos,
hélices triturando la solidez del Tiempo,
intrascendencias sucias,
centímetros de alcohol,
un aroma de infartos,
hermosos antibióticos
y frío.

 

 

 

 

INÚTILES mis ojos a solas con las cosas,
inútiles los vínculos,
inútil la presencia cansada del reloj,
inútil el sentido de un perro que me escarba.
Rotundamente llueve
y nada significo parado aquí en el Tiempo.

 

 

 

 

LOS hijos de los obreros
danzan alrededor de una osamenta.
Es hermoso observar
las ganas con que engullen alimentos.
Ellos saben también
que la muerte es sencilla
y está siempre muy cerca.

 

 

 

 

MIENTRAS tristes obreros analizan la Biblia
los atletas se cuidan para morir menos.
Los agentes de bolsa huronean los night-club,
hablan sin énfasis
buscando desolados
heridas carmesí donde acercar sus labios.
Las magnolias se atreven a nacer
y en los décimos pisos
puede escucharse un crepitar de sueños para siempre.

 

 

 

 

EN ciertas ocasiones
uno sale a la calle y no comprende.
La soledad incendia las aceras.
Una pléyade enferma
descorcha un nuevo afán por empezar de nuevo.
Llueve la vida
su herrumbre monosílaba y opaca.
La ciudad es entonces
una especie de obesidad durmiente
en cuyo vientre el hambre se propaga
y a fuerza de coñac
ciertos seres estrenan
música de fagot en sus arterias.

 

 

 

 

QUÉ dolor en la sangre
transportan estos jóvenes desnutridos y pálidos,
rotos bajo la luz sencilla del invierno.
No puede despertarlos la belleza,
el quebranto del tiempo los detuvo aquí mismo
en esta gran ciudad
sin opio
ni palomas,
los condujo a un horario
de cadáveres vivos
y sufren en sus venas
el tropezón tristísimo del asco,
de los bares cerrados,
de las oficinas definitivamente vacías,
del ritmo sucesivo de sus vértigos fijos
y consumen su falsa vocación de la muerte
y el hambre de los cuervos
apostados y quietos debajo de las lámparas.
Fuman la vida,
ejercen mansedad
y otras veces violencia,
aspiran locamente
un perfume global de cielo y agonía.
Intuyen pánico,
sufren la desazón de estar aún vivos
y convierten sus actos
en un mundo sin dioses.

 

 

 

Sánchez Robles, Miguel. Síndrome de tanto esperar tanto. Irun; Fundación social y cultural Kutxa, 1993.

 

¿DÓNDE ANDARÁ LA VIDA?

 

ERA.
xxxEra el júbilo ardiendo en nuestros cuerpos.
La hermosura del mundo como un bálsamo dulce,

xxxxxxxxxxxnombrar con hambre el pan,
nombrar con hambre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxlas antiguas palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy los hechos felices.

 

 

 

 

ERA no detenerse
xxxxxxxxxxxxdispuestos a morir por algo grande
como si el mundo fuera un tigre agradecido
xxxxxxxxxxxxhabitado por ninfas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy metáforas.

Pero las cosas,
xxxxxxxxxxxx¡ah, las cosas!,
derrotan cuando crecen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy se estiran.

 

 

 

 

CON pupilas de plástico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdecoraba relojes
y sus dulces minutos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxduplicaban la vida.

Javier me rompía dientes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy me robaba chicas
cuyas bocas debiese yo besar
xxxxxxxxxxxxcon los ojos brillantes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde versos de Neruda.

 

 

 

 

ÉRAMOS jóvenes
xxxxxxxxxxxxxxy estábamos de paso
xxxxxxxxxxxxxxsuccionando bebidas
xxxxxxxxxxxxxxy un aroma feliz de convicciones.

Hermosos como un ídolo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnos dábamos a un rito
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde alcohol
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de macumba.

(Galopaban intensos
xxxxxxxxxxxxxxxxxlos caballos del ansia)

Y entre tanto desorden
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxun principio de angustia
xxxxxxxxnos hacía envejecer
xxxxxxxxxxxxcomo un golpe de ocaso
y nació la ebriedad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxy una melancolía
que pronto llegó a ser una costumbre.

 

 

 

 

ME gustaba la vida como un vicio.

xxxxxxxTodo el verano volaba la alegría
xxxxxxxy las horas pasaban como un cuento.

xxxxxxHablábamos con énfasis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy góticos y núbiles
xxxxxxxnos echábamos novias
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque luego compartíamos
xxxxxxxxxxxxxxbajo una tensión dulce.

xxxxxAhora miro una foto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la que estamos todos
xxxxxxxparados en la risa
xxxxxxxxxxxxxxxxxde aquel once de julio
xxxxxxxxxxxy me digo a mí mismo:

Me gustaba la vida como un vicio.

 

 

 

 

x¡QUÉ pequeña es la vida!

xxNos amábamos tarde
xxxxxxsin saber qué decirnos
xxxxxxxxxxxy con vino en las ropas.

xxVivimos tantas horas
xxxxperdidas tontamente
xxxxxxque sólo nos quedó
xxxxxxxuna triste resaca
xxxxxxxxxxxxxxxxde arte pop
xxxxxxxxxxxxxxxxy carmín

y un pudor que se pierde

xxxxxxxxxxmatemáticamente.

 

 

 

 

Y a medida que vivo
xxxxxxxxxxxxxxxxxla pasión se desgrana
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo pétalo a pétalo

y el tiempo se corrompe
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxy en los ojos,
xxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxmás tristes,
se va vaciando el mundo de ternura

y sin embargo
xxxxxxxxxla vida sigue siendo hermosa y rara,
dejando manchas lacias en el ánimo,
xxxxxxxxxxxxxxofreciendo propósitos extraños
a cambio del dolor con que la pierdo.

 

 

 

 

NO volverán ya nunca
xxxxel manojo blanquísimo de días
xxxxxxxxxxxde minutos radiantes
xxxxxxxxxxxxxxxxy radiantes palabras.

Ante el espejo,
xxxxxxxxxxxxxhoy,
un catorce de octubre
xxxxxxxxixxxxxxxxxxde fin de siglo XX,
xxxxxxxxxxtoman cuerpo las sombras
xxxxxxxxxxxxxxxdel tiempo y el olvido.

 

 

 

 

SOPORTO estoicamente cómo pasa la vida
xxxxxxxxxixxxxxxxxxy comprendo su trampa.

Nada puede volver
xxxxxxxxxixxxxxxxy mientras tanto sufro
xxxxxxxxixxxxxxxxy la culpa me aprieta,
me aprieta hasta que escupo.

Yo soy el dueño de toda esa incoherencia,
de todo este fracaso
xxxxxxxxxxxxxxxxxxque ni siquiera existe.

Vivo,
xxixxsin dirección alguna
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvivo
e ingiero barbitúricos
xxxxxxxxxxxxxxxcontra la insuficiencia
xxxxxxxxxxxxxxxdesnuda de la vida.

 

 

 

 

SE ha acabado el festín
xxxxxxxxxxxxxxxy un pequeño dolor
a pesar de la música
xxxxxxxxxxxxxxxnos unta de epidemia.

Nos ofrece la vida
xxxxxxxxxxxxxxxsu tendencia de perro,
xxxxxxxxxxxxxxxun barato tic tac,
unas virutas de risa y deporte,
xxxxxxxxxxxxxxxnenúfares cerrándose,
xxxxxxxMozart y coches bomba,
un poco más de sueño
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy de tabaco.

 

 

 

 

LA vida nos derrota
xxxxxxxxxxxxxxxxxdesaguando la música
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el fuego,

x
su seducción se cumple
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy ya no es nada

x
Ahora vemos el mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen pasiva refleja,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo fruta estallada,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo trenes que salen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesde el fondo de un ojo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo un hilo de sed
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxdesde el fondo de un ojo.

x
Se impone el predominio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde una mancha borrosa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconforme caen los años,
xxxxxxxesa mancha que nubla
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlo que no pudo ser,
xxxxxxxxxxaquello que se sueña y nadie vive.

 

 

 

Sánchez Robles, Miguel. ¿Dónde andará la vida? Murcia; Editora Regional de Murcia, 1993.

 

CANCIONES PARA EL DÍA DE DESPUÉS

 

CANCIÓN DE BIENVENIDA

Se levantó y apenas hizo ruido.
Arrastró su maleta hasta la puerta.
Un tropel de caballos negros cercenó
la luz de la mañana.
En esa luz sin alba
no fue capaz de descender al hades
detrás del sueño de una eurídice cualquiera.
Fue un instante. De pronto la ciudad
con sus corceles se hizo dueña
del cielo y del infierno,
y una luz recorrió aquel otro cielo raso
con su fulgor.
xxxxxxxxxxxxxxAún quedaba un rato
antes de que sonasen las alarmas,
y ya no pudo conciliar el sueño.

 

 

 

 

LA BELLEZA DEL MARIDO
(Anne Carson)

De contar nuestra historia,
me dije, debes ser honesto, ser indulgente
en la medida en que esta
también es suya, la mitad que nadie
va a contar, la mitad de cada línea
que ahora duerme en otro cuarto
de otro poema de otro libro.

De hacerlo, dije, inventa un nombre,
una ciudad, escribe en la tercera
persona de los cuentos,
una distancia, dije, que te sea
si no un peso liviano al menos
una carga que puedas soportar,
sé indulgente con ella, dale el aura
de la inocencia, di que al menos
no supo lo que hacía.

 

 

 

 

CARACOLAS

Filtré la arena de la playa entre los dedos
para encontrar los pecios del naufragio,
pequeña caracola rota,
caja de música inservible.

Ya no guardaba la canción del viento,
era la boca desdentada del oráculo.

 

 

 

 

EL MAPA

De pronto tienes que construir un mapa,
doblar la superficie del papel
de tal manera que parezca viejo,
dibujar unas manchas de café,
el trazo de los dedos,
cruces, un punto de partida, extrañas
complicaciones que llamar el tiempo
pasado, el tiempo que vivimos.

Pero un mapa también
debe tener sus puntos cardinales,
no lo olvidas, un punto al menos
al que poder llegar, de noche,
con los ojos cerrados
como quien vuelve a casa.

 

 

 

 

CANCIÓN DE LOS PERROS

Es un lebrel y corre por mi cuerpo.
noche tras noche.
Dentro de mí sus fauces,
el jadeo continuo.

Perro que muerde a quien le ladra,
a quien le tira piedras
por los tejados,
con un anhelo sordo, eco del eco
de su voracidad.

No atienden a la tregua
sus ansias, ni el dogal
doblega su apetito.

Y te ahoga. Con los labios
romos de tanto amar la noche,
no aguarda a las cenizas,
y te ahoga y con qué suplicio.

 

 

 

 

HABITACIÓN DE HOTEL

Imagina un paisaje sórdido,
una calle de extraños ventanales,
de ojos oblicuos.

Piensa en Edward Hopper,
en una luz marina, en una carta.

La esperanza no tiene otras premisas:
nace como una flor,
como una flor se pudre.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL FRÍO

Es como ir sobre un campo
agostando la nieve pura,
hollada apenas por los pies
de quien bajo la luz del alba
se ha levantado entumecido
a por leña.
xxxxxxxxxxxDespacio entra en calor,
los árboles con líneas
como hilos de antracita
dibujan una forma
de soledad aún no conformada.

Mandelstam, dices,
o ese relato en el que el joven Boris Pasternak
visita al moribundo Tolstoi
en el frío de Rusia.

Es algo así, sin forma,
como el olor profundo del café,
una promesa de la luz,
de que será algún día primavera
y de que entre las ramas volverá
a anidar nuevamente
lo que no es decepción,
ni hastío, ni derrota.

 

 

 

 

LAS PALABRAS ERAN EL LÍMITE

En el jardín, aún recuerdas
el día, estaba oscuro, las palabras
eran el límite.
Intentas recordar los nombres.
La luz de la mañana es limpia
pero hace frío.
No encuentras una forma para todo,
nadie podrá decir así pasó,
estas fueron las cosas que pasaron,
ya nunca más,
o al menos nunca más de esta manera.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL OTRO

Mi nombre era otro,
otra mi casa,
otra la forma en que la luz
incidía en mis manos,
la canción, las palabras otras,
otra la melodía, la cadencia,
otro el ritmo, la música,
el tropel de los coches,
la rotación del alba,
otro mi amor,
otro mi cuerpo,
la forma de mi entrega,
otro este yo,
la segunda persona,
la tercera, la cuarta.

 

 

 

¿POR QUÉ ahora volver sobre estas cosas?
¿A quién complace esta canción de párvulos?
¿Este poema, por ejemplo,
por qué escribirlo?
¿Por qué abrir la pequeña caja de tormentas?
¿Quién la mira?
¿Qué entomólogo fija sobre el corcho blanco
las dimensiones del insecto?
¿Qué interés?
¿Quién necesita sobre el tacto amar
la cicatriz, sentir que ya eras otro,
fuerte y bello como un insecto acrisolado?

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

DIARIO DE LAS BESTIAS BLANCAS

 

EL VIEJO MITO DEL AMANECER

Mientras las cosas giran y yo arrugo las sábanas
amanece en algún desierto.
Amanece sólo para las aves
para el innumerable murmullo de sus alas
y el negro de sus ojos,
el reposo de un lago desbordándose.
Aquí en mi apartamento suena el despertador
y en la cocina esperando el café
oigo vaciarse la cisterna de mi vecino.
Cae el torrente de agua, queda inaugurado el día
y el sentido del tiempo,
que pese a todo siempre tiende al círculo.
Me asomo a la ventana.
El aire está vacío y envasado, y lleno
como si se hubieran marchado todos los pájaros.
Las farolas siguen encendidas contra el alba.
Miro mi reloj: en unos minutos
estaré ahí abajo, respirando ese aire,
conduciendo sin ver el horizonte.
Escuchando noticias en la radio.
Dando nombre a los días y número a las horas.

 

 

 

 

PSICOSIS

Bajo la ducha el mundo es un estruendo.
Detrás de la cortina, dentro de los párpados,
sin un solo reflejo ni una sombra,
una inmensa luz negra como el vértigo.
Un estruendo sobre un cuerpo desnudo
con los pies pegados a una tierra de mayor gravedad
y sin embargo cayendo.
Debe haber un cielo intenta pensar y nada
oye, tampoco ninguna música de
ninguna esfera salvo el torrente desatado
también, que no tiene imagen ni está conectado
y no tiene hogar ni descanso salvo el ruido y la furia
y a lo único que podría parecerse pero
tampoco es a un loco huérfano
y el único reflejo sería el de su cuchillo.

 

 

 

 

ROTHKO

Y a pesar de todo aún amamos a los suicidas
que tanto aman a lo otro
y lo pintan en paisajes de nada
que miramos desde un sofá
con ganas, todavía, de llorar
erróneamente, por el yo muerto.
Y a pesar de todo aún nos parecen hermosos los acantilados
en cuyo fondo el mar parece una fotografía a cámara lenta
y dirigimos nuestros coches hacia ellos los fines de semana.
Y a pesar de todo aún sentimos vértigo frente al significado del abismo
cuando no pensamos en nada más,
cuando la tele está apagada y el mundo calla ante nosotros
negro sobre azul.

 

 

 

 

DESAYUNO CON DIAMANTES Y FRESAS SALVAJES

Todas las mujeres que he conocido
añoraban con lágrimas su infancia
y así regaban, por goteo, como Apolo a Dafne,
ese perdido paraíso que por fin empezaba a serlo.
Mientras, yo miraba el televisor.
Hoy, mi pantalla está llena de niños.
Qué película extraña la memoria:
el único argumento es un pronombre.
Ese que está sentado en el patio de una casa
que ya no es la mía debe ser Yo
y no tiene rostro ni extremidades
ni un cuerpo que se tumbe en un sofá.
Tiene una raqueta y tiene un muro
una pared muy alta y amarilla
que siempre devolvía el peso de la pelota.
Nunca he llorado por ese sonido.
Nunca lloré por el eco lejano y cercano
que llenaba el patio a todas horas.
Por eso tengo un paraíso-desierto
y un sofá, un cuerpo, un mando y la distancia,
y por eso, mientras llorabas,
yo miraba la tele
y mi mano, rítmicamente, acariciaba tu pelo
que olía, según los cánones del género,
como el de Audrey Hepburn cantando Moonriver
(desde entonces es el hilo musical
de la sala de espera de un extraño paraíso).

 

 

 

 

TORMENTA

Hoy la tormenta ha pasado sobre la ciudad
buscando los cadáveres de sus hijos.
Las bombillas responden en código morse:
la electricidad también tiene sus raíces.
En el sofá, yo acariciaba mi propio brazo
y veía iluminarse pedazos de una tierra desierta
revelados en mi ventana.
Veía, un solo instante,
el cielo como una inmensa caverna;
solo un instante, sin llegar a ver su fondo
en la breve luz del relámpago.

Mientras subía el volumen de la tele
pensé en la piedad de lo fugaz,
en su generosa manera de mostrarnos y ocultarnos
ese infierno eterno de una sola galería
habitado por este profundo eco
al que alguien convino en llamar silencio.
Y pensé también en la caricia de la forma
en todos los finales de películas,
en todos esos perfectos desenlaces
que nos atan todavía al paraíso
en el que el silencio es solo una pausa en el guión.

 

 

 

 

DESAYUNO CON TIGRETÓN Y PANTERA ROSA

xxxxxxxxxxxPuestos a ser, ¿por qué no una pantera rosa?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDeleuze

Mientras en las demás cadenas el telediario de la mañana
sigue girando hasta hacernos aparecer en él
correctamente vestidos, peinados y despiertos,
en otra cadena la pantera rosa corta el césped de su jardín;
encuentra un pequeño arbusto
le molesta
lo corta
y entonces se cae todo.
Desaparecen el horizonte y la pantera aferrada a sus tijeras,
mirando fijamente a la cámara.
Arriba queda el trozo de arbusto que sostenía al mundo.

Despeinado por la caída y con un zumbido en los oídos
sigo viéndolo:
se hace cada vez más pequeño
sus hojas parecen agitar una despedida.

Empezamos bien el día.
Despierta el tigre que hay en ti.

 

 

 

 

NOT DARK YET

Por otro lado, la palabra Pérdida
sigue estando asociada
a inmensos campos lejanos y crepusculares
de hierba nadando dentro del viento,
fotografiada por Tarkovski.
Aunque lo que hoy le falta y ahora piensa
que le ha faltado siempre,
lo busca con el mando a distancia
o en el ritmo hipnótico de los limpiaparabrisas,
en el sonido del ascensor escuchado desde el sofá
y el anuncio de Audi
con aquella canción en que Bob Dylan
dice que su alma se está convirtiendo en acero.

 

 

 

 

EL DESIERTO ROJO

A veces es la muerte quien ocupa el Pronombre,
el ojo de la cámara.
Como esta tarde mientras volvía a casa
mis zapatos negros, la acera roja
y mi respiración sonaba como cansada
como si hablara con algo oscuro y extrañamente atmosférico.
Aprende a dibujar una serpiente
y escucha el viento entre los coches entre las piernas
entra en el ascensor no mires atrás
cualquier viaje es eterno
y está lleno de bestias blancas, de rostros, de nombres,
de árboles y papeles girando
de fábricas abandonadas y un cielo en blanco y negro
con una densa capa de silencio que nunca se resuelve en lluvia.
Luego el telediario recuerda al mundo
que esta noche se atrasan los relojes
y que hay grandes retenciones en el valle de las sombras.

 

 

 

 

PERSISTENCIA RETINIANA

Ahora salgo del cine.
Ahí estuve a oscuras frente a una inmensa imagen proyectada
desde un mundo inexistente pero todavía pegado a mis ojos
y a los del resto de espectadores que salen a mi lado.
Camino hacia la parada del autobús, miro pasar los coches.
Miro fijamente las caras de las personas con las que me cruzo.
Qué pasaría si un día nuestra retina fuera perfecta
y en la pantalla la fluida sonrisa que Audrey Hepburn dedicaba al infinito
se fragmentara en una serie de fotografías congeladas:
la fría imagen sobre el continuo de la oscuridad,
interrumpida 24 veces/segundo por un rostro inmóvil y gigante.
Icebergs flotando en un mar negro y sin límites.
Quedan tres calles para mi parada.
Acabamos de pasar el Mac Donald’s.
Dentro de poco estaré sobre mi sofá y frente a mi televisor.
Ahora mi rostro está en el vidrio
proyectando débilmente sobre la oscuridad del túnel:
tiembla como si estuviera hecho de agua, de noche.

 

 

 

 

LOCUS AMENUS-BARRIUS SÉSAMUS

Aquí la tarde cae como una araña.
Las chicharras y los ciclomotores intentan entenderse en vano
bajo un viento que arrastra niños, mochilas y gritos.
La programación infantil inyecta su psicosis a través de la tele:
un monstruo azul crea las coordenadas espaciales
ahora está arriba ahora está abajo, arriba, abajo, arriba, abajo.
Un emisor y millones de receptores ante el mismo mensaje,
arriba, abajo, están dentro de la tarde y las meriendas.
El mundo vuelve a nacer cada segundo.
Yo estoy tumbado encima del sofá
y sin embargo cayendo como una pantera rosa.
Yo estoy dentro de la tarde y su música estridente
y llena de alegría, payaso multicolor.
Un monstruo rojo en algún lugar tras los cristales
destruye las coordenadas espaciales:
yo estoy fuera de la tarde y su burbuja
y también estoy dentro de la tarde y sus mensajes
dentro, fuera, dentro, fuera.
Alguien llama a dios con su claxon una y otra vez implorando
en el altar de la Felicidad inaccesible como toda divinidad.
Hay un helicóptero en mi cabeza,
millones de emisores y un solo receptor, yo,
estoy dentro de todos los mensajes
estoy fuera de todos los mensajes
estoy dentro del silencio,
el mensaje de ningún emisor,
el código circular: la sangre dando una vuelta más
en mi sistema circulatorio.

 

 

 

 

VUELTA A CASA

Conduzco de noche de vuelta a la ciudad.
Atravieso la oscuridad, el informe animal inmenso
que habita estos espacios indefinidos entre los núcleos urbanos
y ahora frota sus espaldas contra los faros.
Conduzco como un borracho aunque no he bebido nada.
Pero la noche es densa y ligera como la niebla del alcohol,
y este cansancio de ir a llegar a mi casa y a mis muebles
es un estado de la materia desconocido por la física.
Vengo de ver los acantilados porque ha sido domingo
(ahora ya no es nada) y vengo de ver mi colilla cayendo
como si no pesara,
en un espacio vertical más ligero que el del cenicero
o el que hay entre mi mano y el suelo.
Vengo de los acantilados donde finjo tener un alma como la de las películas.
Y hay coches que me adelantan que también vienen de allí,
y que han fingido un alma como la mía.
Estoy demasiado cansado hasta para poner música.
Lo que hoy escucho es el rozamiento de los neumáticos contra el asfalto
y el continuo impacto del volumen de mi coche contra lo oscuro,
y el cansancio es también una forma de parálisis
provocada por esta música infinita de la materia.

Dentro de veinticinco minutos estaré guardando el coche
en el garaje,
y mientras suba en el ascensor pensaré en el despertador a las siete
y pensaré en mí mismo con un café delante de la tele.
Pero ahora conduzco sin conducir y la oscuridad, estado líquido de la luz,
se cierra sobre sí misma al paso de mi coche y sus débiles faros
y me siento abandonado como un cristal que nada transparenta.
Dentro de veinte minutos estaré entrando en mi apartamento
y seguiré estando apartado como ahora pero más quieto,
de una forma paradójica porque todo seguirá girando,
hasta que llegado cierto punto del giro
la mano contraria a la que sostendrá un café, encenderá la tele.
El telediario del lunes se tomará a sí mismo más en serio
y querrá dar la impresión de que algo empieza.
Como si algo hubiera sido interrumpido,
como si hubiéramos disfrutado de un merecido descanso.

 

 

 

Sánchez Aguilar, Diego. Diario de las bestias blancas. Murcia; Univ. de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2008.

 

DESDE EL VIENTRE DE LA BALLENA

 

xxxxxIV

El mensaje en la botella era mucho
más hermoso que yo con su flotar
cadente y tan lleno de palabras de amor.
Por su culpa intenté dejarme barba
como el náufrago que desde la orilla
confía en ser mecido por las olas
confía en su papel esperanzado
y se duerme dulcemente soñando
su regreso.
El náufrago y su hermosa barba sueñan.
Y yo reconozco que sí, quise tener barba
y fracasé como un libro nunca abierto,
como un recuerdo mal inventado, una música olvidada.
Pero es que aquí dentro el tiempo no pasa
y así es imposible que algo crezca.
Pasaba el mensaje con su botella
y pasan las cosas que quiero ser
desde el vientre de la ballena.
Pasan flotando y cantando alegres
las cosas que van de la vida hacia la muerte
mis ojos las miran y me interrogan
como si yo tuviera
que darles permiso para salir a jugar
camino de la muerte.

Parece mentira que todavía
no me conozcan no sepan ya de memoria
mi cara vacía sin barba alguna
sin culpa alguna de que avergonzarme.
Si al menos tuviera barba o culpaa
seguramente escribiría algún mensaje hermoso
algún día
si al menos tuviera culpa buscaría un espejo
para mostrar la vergüenza a estos ojos.
Y algún día pasarían los días
como pasó el mensaje en la botella
con su amor y su barba
y su muerte mirando el horizonte.

 

 

 

 

xxxxxVI

Pero un día vino alguien de verdad.
Yo estaba flotando o buscando mi cabeza
cuando apareciste justo detrás de tus pasos
como hacen las personas de verdad.
Entonces quise hablar, abrir la boca
sólo para decirte cualquier cosa.
Fue hermoso verte ahí parada donde
tantos días solía yo encontrar pájaros
muertos falsas botellas sin mensaje.
Tuve mi oportunidad antes de que cruzaras
antes de que la esquina volviera a estar vacía.
Pero seamos serios:
desde dónde se puede hablar para decir qué
siendo quién.
Sí, a veces intento abrir la boca
con poca fe, por ver salir algunas palabras;
sólo por verlas decir algo tal vez de algo
que pueda ser yo o cualquier otro pronombre:
tú podría servir, aunque ya no estés.
Seamos serios podría haberte dicho
resignémonos juntos, podría haberte dicho,
a ver cómo me traviesan los coches
estos autobuses llenos de rostros
las palomas también y algunos peces
suavemente pasan por este cuerpo
que mira una esquina ahora vacía,
llena de lo que en el silencio es verdad.

 

 

 

 

xxxxxVII

Si al menos hubiera llovido
una de esas lluvias de asfalto mojado
de farolas amarillas tristeza
en serie, recuerdos de infancia.
Oh, amor mío cogido de mi mano
mi alma de lluvia mi amor tanto habría hablado
y entonces tú habrías cogido esta mano
mientras en la esquina ahora vacía
mi boca se abría y decía Amor Mío.
Si al menos la niebla hubiera envuelto este mundo
yo habría sido un hombre en la niebla y tú me estarías esperando.
Si cualquier fenómeno meteorológico pudiera
eficazmente sustituir al alma.
Oh mi alma de lluvia mi amor tanto hablaría, mi alma de niebla
tendría hasta infancia hasta manos para acariciar las tuyas
para engañar un poco el silencio de esta esquina.

 

 

 

 

xxxxxVIII

Los ascensores transportan lo que me falta de alma.
He encontrado cosas, he recorrido el vientre oscuro
lejanamente escuchando y aquí cerca respirando pero
debería haberlo sabido antes como doblando una esquina oscura
como viendo claramente la escena clave
que contiene luces y un nombre que todo lo resuelve.

Todo el tiempo estuvieron murmurando mis silencios
subiendo y bajando como una marea falsa de lo que soy.
Lo que me falta de día lo descubrí de noche,
mirando mis pies que escuchaban el ascenso y
descenso interminable.

Todo el mundo lo escuchaba menos yo
mis oídos lo escuchaban y yo respiraba demasiado para
oírlos.

Los ascensores eran columnas de verdad y yo estaba
atento a tus mentiras, tus fríos pies, tus pies pequeños,
mi infancia mojada,olvidadas músicas.
Como doblando una esquina oscura,
como un espejo de repente en un pasillo
que no lleva a ninguna parte.

 

 

 

Sánchez Aguilar, Diego. Desde el vientre de la ballena. Murcia; Los cuadernos portátiles, 2001.

 

LIBÉRAME DOMINE

 

AUTODEFENSA

xxxxxxxxxA Pedro Gascón, que me dijo “escríbelo”
xxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxy a Gema, que lo leyó.

Mis guantes mienten;
bajo la lana rosa
son guantes de boxeo.

Con seis años tomé
amargas medicinas
para calmar la rabia
de mis defensas.
Hasta ese punto llego
en mis ataques preventivos.

Pero sabed
que bendigo mi fuerza
y mis ensangrentados puños.

Tenía dieciocho
cuando por vez primera
intentaron violarme,
y veinte la segunda.
No pudieron, pues soy
una pequeña boxeadora
afortunada.

Nunca lo había escrito
por no ser una chica
que escribe violación
o semen
y pretende con ello
ser transgresora.

Hoy escribo ansiolítico,
dolor y semen
porque conozco su sabor.

Hoy ansío un respiro
entre asalto y asalto,
una voz, dentro o fuera
de mí,
que como Humphrey Bogart diga:
“tranquila, preciosa, todo irá bien”.

Y sobre todo,
por favor, sobre todo,
que me lo crea.

 

 

 

 

CAMPOBASSO

Allí pesaba el cielo,
era una sábana ceñida y fría,
yo un animal boqueante.

Aquí la luz es miel untada
y dora todo por igual.
Eres parte de un horizonte
cuya vastedad es la tuya.

Pero una madrugada,
saliendo de aquel bar
me esperaba la nieve,
intentaba lamer
mis muslos.
Y mendigando así mi amor,
callada y blanca, la ciudad
se me ofreció por fin.

 

 

 

 

MECHAS

Estoy sentada
con las piernas abiertas,
la cabeza entre ellas.

La peluquera esponja
mis rizos húmedos,
con delicadeza y ternura.

Sus manos ásperas y largas
son las manos redondas
y suaves de mi madre
peinando mis coletas
para ir al cole.

Recuerdo a Safo
trenzando flores
en el cabello
de su pequeña Cleide.
Y lo que dijo
mi esteticién
cuando posó sus dedos en mis cejas:
“qué poco acostumbradas
a que nos toquen”.

Miro mis uñas rojas,
uñas de gata,
que recorto intentando
que se vuelvan retráctiles
y duelen de tan afiladas.

El miedo, la distancia
con la que nos tocamos.
Sacudo
mi nuca estremecida
por la ternura de la peluquera.

 

 

 

 

BARRO

Hasta la madre
se volvió barro,
un barro acuoso,
frágil y sin cocer.

Y quedé sostenida
por un latido desigual, pequeño.
Polivalente e incierta
como célula madre,
y aún así cada vez más definible.
Con un cuerpo mullido y nuevo,
un cuerpo que jamás pronunciará
un no li me tangere.

Camino ahora
con pies de barro,
desnuda, sólida y pluvial.

 

 

 

 

PÁJARO

xxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxA Lucía Plaza, por sacarme a volar.
xxxxxxxxxxixxxxxxxxxxx“tras el vuelo versátil de sus pájaros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxprecipitados”.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAndrés García Cerdán

Salgo a correr
y todo está cubierto
de una luz ambarina,
impositiva.

Suena curiosamente dulce
Fatboy Slim
en mi mp3,
se sincroniza con los árboles.

Todo parece
adolescente y nuevo,
también mi cuerpo.

Soy
Diana cazadora,
latidos y sudor.

Entonces sé que sí,
que disfrutan los pájaros del vuelo.
Salen del nido
como el que deja
una mano cálida que lo acoge,
precipitándose
a la felicidad del cuerpo.

 

 

 

 

165 PASOS

Ciento sesenta y cinco pasos
sólo ciento sesenta y cinco,
de su casa a la mía.
llevo años
asistiendo a este parto,
pausado, doloroso y deslumbrante,
de mis ojos brotando para verle.

Un día me rozó,
tuve un sueño: dos árboles
creciendo en paralelo,
y caminé hacia él
igual que el que camina
hacia la luz.

Su presencia es ahora
mar subterráneo.
Los demás no lo notan,
pero estoy inundada,
transida de agua
y de calor.

Jamás había
cocido tanto pan,
nunca en mi garganta asombrada
brotó tanto sonido
incomprensible y hermoso,
nunca antes tanta paz.

Y hay un olor
a criatura palpitante,
a las siestas de algunos niños,
a sudor y a frutos salvajes,
que al fin viene de mí.

 

 

 

 

DI ADIÓS AL SUDOR POR ESTRÉS DE NIVEA

Hace meses que huelo a miedo,
ácida, corrosiva.

Nivea puede hacer que cambie,
puede ponerme
una máscara aséptica
de risas rubias
y blancas sábanas.

Nivea sabe
que si salgo a la calle
reconozco por el olor,
como los animales,
a toda una generación.
Somos Hansel y Gretel
perdidos en el bosque.

Nivea sabe
que el mundo es más real,
sucio y oscuro, ahora.
Sabe de mi asustado cuerpo.

Pero no sabe
que me voy a quedar aquí,
muy lejos del decoro,
a levantar mi casa
en este tierra negra
repleta de lombrices.

 

 

 

 

CAPITALISMO

Masa, relleno, masa,
masa, relleno, masa.
Ciento ochenta rollitos
de primavera.

Un día entero de trabajo,
a cuatro con cincuenta euros la hora.
Reservas de rollitos
artesanales
para semanas.

Masa, relleno, masa,
masa, relleno, masa,
ritmo, obsesiones.
Y los versos salvándome,
los poemas que acuden
a mi cabeza,
la palabra árbol,
pájaro, luz, azul.

Otra cadencia,
saber que existe,
respirar hondo
y pasar al siguiente.

 

 

 

Aguilar Almendros, Gracia. Libérame Domine. Valencia; Ed. Pre-textos, 2017.

 

‘ANNE CARSON’, DE ANTONIO AGUILAR RODRÍGUEZ

agosto 10, 2018 1 comentario

 

ANNE CARSON

xxxxxI

Estás leyendo La belleza del marido
de Anne Carson,
y anotas para un libro cosas sueltas,
frases, ideas, por ejemplo:

Su telegrama (al día siguiente) decía
xxxxxxPero no llores por favor
nada más.
Cinco palabras por un dólar.”

O el título del tango séptimo:

PERO iPARA iHONRAR iA iLA iVERDAD iQUE iES
LLANA Y DIVINA Y VIVE ENTRE LOS DIOSES DE-
BEMOS (CON PLATÓN) iINVITAR iA iBAILAR A LA
MENTIRA iQUE iVIVE xALLÍ xABAJO xENTRE xLA
MASA iDE iLOS iSERES iHUMANOS iTRÁGICOS Y
TOSCOS

Aquí has dejado el lápiz,
son tantas las palabras que podrías
subrayar: “La primera.
Hay algo de filo nuevo y ardiente en la primera
infidelidad conyugal.
Taxis para arriba y para abajo.
Lágrimas.
Grietas en la pared que recibe el golpe.
Luces encendidas hasta altas horas de la noche.
No puedo vivir sin ella.
Ella, la palabra que estalla.
Luces todavía encendidas de mañana.

O cuando lees,
casi al final del libro:
Esperando el futuro y a los dioses,
marido y mujer descansaron,
como descansan los jugadores transgrediendo
las reglas del juego,
si fuera un juego, si conocieran las reglas,
xxxxxxy lo era y las conocían“.

 

 

xxxxxII
(Variación sobre el final de un poema de Anne Carson)

Si esto fuera una enfermedad.
Si esto no fuera una enfermedad.
Y lo era.
Y no lo era.
Y estábamos.
Y no estábamos
enfermos.

 

 

 

Aguilar Rodríguez, Antonio. Canciones para el día de después. Madrid; Ed. Huerga & Fierro, 2018.

 

EXTRAÑA COMO ELÉBORO

agosto 8, 2018 2 comentarios

 

ES COMO VOLVER A LOS VIEJOS BARES

Es como volver
a los viejos bares
xxxxxxxque dan a la playa
xxxxxxxal atardecer.

Es eso y no es nada,
y es ocupar una mesa
xxxxxxxhasta la madrugada.

Una vela, unas rosas
o el vacío de la vida.

Perdernos tras las huellas
de la memoria
infiel,
de la nostalgia frágil
xxxxxxxcomo copa vacía.

O recogernos de día,
abrazados y sucios (el amor sin reproches
xxxxxxxde la primera vez).

 

 

 

 

RUINAS, ES TODO CUANTO QUEDA

xxxxxRuinas.
Es todo cuanto queda.

No queda nada y queda todo,
la música de entonces,
la belleza del sueño.

La magia.
(El sonido del agua en el estanque helado.
El fuerte olor a rosas eterno y tan efímero)

La memoria, el silencio.
Tu tristeza, los pájaros que anidan
en los frisos.

xxxxxLa luz en la alta rama
como flecha de fuego,

el oro de los rayos
que atraviesan el musgo,

la serpiente enroscada
bajo la vid sin fruto.

 

 

 

 

NADA QUEDA DE ENTONCES SINO LA MÚSICA, NADA

xxxxxxxNada queda de entonces
sino la música, nada.
Pues la música es nada.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY lo es todo.

Como el deseo.
(Esa última ola que acaricia hueca
y hiere)

xxxxxxxxVerde ya los labios que ha madurado
la música.

Nada queda de entonces
sino la música, nada.
Pues la música es nada
(y lo es todo)

x
Como el deseo, sí.
Esa llama ya extinguida
que veneraba a la diosa.

O las voces de unas jóvenes
que hacen eco
xxxxxxxxxxxxxxxen tu sueño.

xxxxxxxEl fuego,
o el vuelo de unos pájaros
como roja ceniza.

 

 

 

 

TOMÉ LA ÚLTIMA COPA

Tomé la última copa, o la penúltima,
sin querer regresar.

Perdí mi tren, y era el amanecer
su vagón último doblando la ciudad.

 

 

 

 

EL RETRATO DE CÉLINE

Habla francés con acento italiano.
Sus labios guardan un secreto,
tendida bajo los sauces
o la luz de las velas,

en esa extraña pose.

Desnuda así,
sin piernas.

“Devant lui”
En la línea divisoria,
“o atrapados en la inseguridad de una banal
felicidad” dice E.M. Ciorán.

Un antiguo taller de la Volkswagen
lleno de gatos,
los gatos de París.

 

 

 

 

PEQUEÑO HOMENAJE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(a Maruja Mallo)

De espaldas siempre, desnuda,
con su voz amarillenta, enferma,
repitiendo “mon pere”,
leyendo unos poemas,

o alimentando pájaros,
dibujando negros números,
bañándose en si misma,
visceral y sucia.

Maruja no es Maruja,
es Ana Belu,
es Ives de Lux tocando el clarinete
nombrando lo innombrable,
pequeños desajustes,
la rosa de Estambul,
los muslos de Mary,
los viajes de Rimbaud.

 

 

 

 

DIBUJOS AFRICANOS

Como esos dibujos inacabados —dirías—
en las paredes del metro.

Su corazón inmenso chorreando
humedad.

 

 

 

 

DIECINUEVE PERSONAJES AL AZAR

Frida Kahlo tararea el adagio de Albinioni
mientras hace de vientre
y sueña
una cala en el sur

Seifert mira tras la ventana del café
Slávie
Visitará la tumba
de un poeta amigo
y abrirá
una
botella de borgoña
xxxxxxxal atardecer

Marcel Duchamp escribe a Peggy Guggenheim
desde París una carta en blanco con olor
a ámbar y a melissa

Peggy ama el cuadro “La tempestad
de Giorgione

Leonora Carrington tenía un hermoso trasero

Escribo a mi madre una carta desde Cádiz
con una foto
estoy pelado al cero

Cruzo la bahía hacia el Puerto
en busca

de unos versos de Alberti
y de una arboleda

con restos de preservativos y botellas
con mensajes dentro

Leo “Larga carta a Francesca” de Colinas
y “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt

Gustavo Adolfo Bécquer acaricia
los pechos de Elisa

las piernas larguísimas de Elisa
llenas de vello

Baudelaire “Maldito vendedor de nubes”

Friedrich está de espaldas a la cámara

Rembrandt juega con la luz
la manosea
la tira al mar

Janis Joplin se mea de gusto
con un texto de Rimbaud

Hemingway entra en París con los aliados

Pollock pinta “La mujer luna”
Tiene un pez en la boca que gotea

Kandinski ama la niebla
donde todo se disipa

Tiépolo toca el laúd

Roberto Juarroz dibuja en el espejo
la figura de un pájaro

Picasso le hace un corte de mangas
a los nazis

Kisling está de espaldas a la cámara
el pantalón lleno de remiendos

Dylan Thomas bebe al son de un blues
en Scollay Square

brinda por Stravinsky
por la luna
eructa bosteza ríe
tararea un fragmento de Aida

 

 

 

 

EL JOVEN POETA

Se ha dejado un leve bigote alejandrino
que hace reír a su amada.

El joven poeta.

Es joven, vigoroso, aunque se cree muy viejo
y eso hace reír a su amada.

Soledad (o Marta, o Petronila)

Pero ella le quiere, a su modo, distinto,
con la risa a su favor.

Una casa en las nubes
que no pueden pagar,
la tristeza aprendida como un juego
de rol.

 

 

 

Sánchez, Ginés. Extraña como eléboro. Murcia; Ed. Nausícäa, 2003.

 

ESTACIÓN DE SERVICIO

 

ESTACIÓN DE SERVICIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLove, love, my season
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSylvia Plath

xxxxxI

¿Podrías detenerlos?
¿Podrías poseerlos con un golpe de puño,
salvar esa distancia que va desde la escena
—como un flash—
a su existencia válida, a su nombre?
Apresar los fantasmas, la débil línea,
el surco ingrávido que marca tu sentido
de la percepción:
árboles, puertas, letras, trozos de acero,
manchas terrosas, negras, amarillas,
rojos zumbidos, gases, transparencias,
cemento y rayas, signos gigantescos
de un universo escrito para ti,
resuelto en la distancia que palpita
desde la sien al pulso, del muslo a la puntera.

¿Podrías poseerlos?
¿O no son? ¿O están ahí como el que espera verse
incluido algún día en el reparto?
Créditos de una vida que ordena su pasión
desde el espejo, hacedora de suerte y de fracaso.
Embriágate.
Ahora que puedes, hazlo,
porque ahora
no eres tú el que camina, y el que vuela
es alguien más que tú:
ese que habita
el piso superior cada mañana
cuando tu cuerpo espeso y perezoso
arrojó la toalla.

Embriágate
lejos, por fin, de ellos y de ellas.

Una máquina negra que cruza la frontera.

¿Es sólo el viento quien se enciende afuera
o son las alimañas?
(siniestras alimañas con zapatos de goma
que eructan humaredas de olivares corruptos)
¿Qué seres van cercando tu cazadora herida
cuando la voz no puede, como un goteo sordo,
traspasar los arcenes, la grava, las señales;
cuando la luz no acierta, deslumbradora y turbia,
a señalar la puerta, las marcas, las palabras
que una extraña ariadna trazó sobre la espalda
negra y amenazante, del nuevo laberinto?
¿Qué vena roja acecha en las tinieblas?
¿Por qué exponer la vida a los amores bárbaros?
¿Quién está ahí, en esta noche fría como la piel de un arma?
¿Qué viento incendia tu corazón?
¿Por qué exponer la vida a los amores renegados?
¿Quién arrastra tu pecho en esta noche
desamparada y triste como un dolor de infancia?
¿Por qué exponer la vida al amor de la selva?
(al amor de una jungla blanquecina y mugrienta
llena de caries, sangre y excrementos de fruta)
¿Qué aliento guía tu corazón?
¿Quién programó en tus sueños una brújula insana?
¿Es sólo el viento quien se enciende afuera?
¿Qué seres van cercando tu cazadora herida?
¿Por qué exponer…? ¿Quién espera qué de tu aventura?

¿Qué ruido duele?
¿Qué ruido duele?
¿Qué ruido duele?

Además de extranjero quedaste también solo
frente a la noche, frente al viento que incendia con su hielo
las entrañas del Monstruo.

Y una máquina negra cruzaba la frontera.

Acelera la noche a interior con reflejos,
se incendian las ventanas y titila el atrezzo
del oasis aséptico y la sala de espera:
en la mesa dos tazas le recuerdan la hora,
la madalena abierta como una rosa obscena,
los cigarrillos húmedos y el sopor del invierno
acosando cristales, envolviendo la espera
con humaredas ebrias. Y la noche creciente
mientras suena una música enronquecida y agria
como la soledad.
Como un lecho dispuesto
tarde a tarde, a llenarse
de bramidos y agua
contra la soledad.
Como un lecho vacío,
bellamente dispuesto
a luchar con la espera,
y acelera la noche
y la noche se escapa
y no van a llenarlo
y nadie va a rasgarlo…
como la soledad.

Y esa música suena, amarga y misteriosa,
blues de la espera diaria o desesperación,
turbias notas que escapan por un desagüe oscuro,
amargas notas tristes…
Parpadea la luz. Brota de un ojo,
ojo ciego, brillante y armonioso,
ojo enorme
ojo color
ojo rayo
ojo orquesta
ojo loro
ojo sentencia
ojo lujuria
ojo blanco
ojo memez
ojo filosofía
ojo bálsamo
ojo informe
ojo beato
ojo alucinógeno
ojo ciego, ojo de luz que parpadea
e ilumina el sofá, la bata, los ligueros,
y una enorme serpiente clavada entre los muslos
de la mujer que llora y se muerde los pechos.
Ojo que parpadea y murmura,
murmura sin pasión, murmura.

Acelera la noche a interior sin reflejos
mientras tú los acechas.
En la mesa las tazas te recuerdan la hora
y una máquina oscura descansa entre la niebla
una caliente máquina que cruzó la frontera.

x

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNew hampshire – Abril – 1987

 

 

 

Salvador, Álvaro. Estación de servicio. Valencia; Malvarrosa Ed., 1989.

 

PERMANECER

 

PERMANECER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara José, para Cristian,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara Matías, para tantos…

Quedarse parecía
el camino sencillo,
no despertar
en tierras frías
en las que anochece antes,
esperar a que el viento
sople a favor,
continuar al amparo
de la familia
y de lo conocido.
Tener la suerte,
la suerte de permanecer.

Pero también nosotros renunciamos.
Los primos, los amigos,
vuelven en Navidad,
con suerte
puede que en feria.
Las parejas terminan;
continuar es difícil
cuando no puedes aguantarte
ni siquiera a ti mismo.
Si no tienes trabajo,
no tienes voz.

Al pasar la treintena
sientes los óvulos morir
mientras de tus amigas maman niños
con un acento
distinto al tuyo.

Un día fuiste al médico
había un tríptico alertando
de los peligros de la gripe,
y al lado
otro con recomendaciones
para ahuyentar la depresión
(socializar, hacer más ejercicio,
y no tomarte tan en serio
tus posibles problemas),
te lo guardaste.

Decides aguantar ahora
una vez más
y preparar oposiciones.
Si le echas muchas horas
¿tendrás la suerte
de ser una interina
de treinta y cinco?
La suerte,
la suerte
de seguir estudiando
(amigos camareros,
amigos comerciales).
La suerte,
la suerte
de que tu padre te mantenga.

En las afueras miras
los barrios despoblados
y al fin comprendes
que el extranjero también era esto.

 

 

 

Aguilar Almendros, Gracia. Libérame Domine. Valencia; Ed. Pre-textos, 2017.

 

VÍSPERA DE AYER

 

LLEGADA

Por las señales
del farol
más trasnochado.

Gatos siempre negros
nos vigilan,
ojos sin memoria.

Las campanadas
se hacen añicos,
pisamos charcos
de sombra.

 

 

 

 

LUGAR COMÚN

La luna llena
nuestro cuarto, menguante.
Sobran tres versos.

 

 

 

 

BALADA

Acribillado el sueño,
caen a plomo
sus alas
de piedra, intactas.
El espinazo de la noche
rasga el cubo de la basura.
Balas al aire
celebran otra muesca
sobre la lava helada,
la sangre fría, el nácar malva
del alba.

Muy buenos días,
mi malherido amor.

 

 

 

 

MATINAL

En el espejo
tu imagen se recrea
medio desnuda
para que puedas,
creyendo tú que aún duermo,
para que pueda,
creyendo que aún sueño,
creyendo ella que aún creo,
recrearme
nuevamente, recrearte.

 

 

 

 

TAXIDERMIA

He recogido estas palabras
caídas sobre otras hojas,
pisadas sobre otro barro,
insectos atravesados
por las agujas de otros pinos.

Por las oxidadas agujas
de la siempre misma lluvia.

Por el joven aguijón
de otras palabras.

 

 

 

 

YACENTE

Apenas se alza la voz, la duda iofrece isu iveneno, las
palabras inos isepultan, .grabadas .como epitafios por
las esquinas, iredobladas, ide .esta ciudad inexistente.
Aunque el deseo, insistimos, .justifica cualquier verso,
mientras bebidos cerramos los ojos ipara que estallen
viejas luciérnagas.

(Ungidos .con .silencio, .tendidos .sobre .el poema, la
muerte nos recita a viva voz).

 

 

 

 

INTERIOR

Mis manos, sobre la mesa, .se .saben ajenas al propio
cuerpo. Jamás mi rostro .ofrecerá .dato alguno acerca
de rla rconsumación rde reste xinfinito xinstante. xLos
utensilios, .inútiles .y .dispersos, .olvidaron sin más su
primitiva .función, .aletargados .en .el capricho de sus
formas, signos .extraños .esculpidos .por el sueño o la
osadía. La .ventana, .allá .a .mi .espalda, sirve apenas
para renmarcar rvuestra rdesaparición. rEl ipaisaje ino
habrá existido: sobreviven aquellos árboles hundiendo
sus raíces en los anillos .de .otra .memoria. Otros ojos
han acuñado el poema, ya sin remedio.

 

 

 

Salido Vico, Juan. Víspera de ayer. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

‘PÁJAROS’, DE UMBERTO SABA

 

PÁJAROS

La alada
raza que adoro —¡abunda tanto en el mundo!—
de múltiples hábitos y costumbres, ebria de vida,
se despierta y canta.

 

 

 

 

PALOMOS EN LA PLAZA DE CORREOS

Matas con flores rojas hacen
sombra al arriate recién
mullido. En medio pasean unos palomos.

Uno se aparta del grupo y, al ofrecerle
algo, se me acerca halagado.
Titube, se retira, al vuelo
dispuesto siempre, y a la fuga; que del hombre —dice—
me fío y no me fío. (Igual que yo.) Menos dichoso
que él, le cuento con el corazón
en la mano lo que un hombre hizo a otro
en esta misma plaza adonde yo venía ansioso
por felicitar antes que nadie a cierta persona
como bien sé que ella esperaba,
aquí junto a la fuente que resplandece en vago tornasol,
y el sombreado arriate, entre las piedras
florecido de geranios, al que vuelves deprisa,
de mí decepcionado.

Y, con todo, el hombre es un niño triste. Y quien menos se fía
de lo que da, es quien tiene más razón, me parece.

 

 

 

Saba, Umberto. Pájaros (Trad. José Muñoz Millanes). Valencia; Ed. Pre-textos, 1995.

 

MAPAS Y DISFRACES

 

INTENTADLO

Conjugar silencio

 

 

 

 

ANOREXIA

Escribir para encontrar silencio.
Tan desnuda de versos
y tanto ruido en el espejo.

 

 

 

 

MAPA POLÍTICO

Hoy me apetece ser.
Como el día,
me visto de niebla,
renuncio a inventarme.
No naceré en palabras de otros.
No me esforzaré
en matar pronombres.
¿Por qué no yo?

 

 

 

 

DÉJÀ VU

Me visto y me agarras por la cintura
y hueles mi cuello
antes de ponerme la blusa.
Y te sonrío con los ojos
y te muerdo los dedos porque los dos sabemos
que esta escena es repetida,
que hace un tiempo,
en otro cuarto,
tú agarraste otra cintura
y yo mordí otros dedos
y cada cual creía entonces
que no se podía ser más feliz.

 

 

 

 

DUDA

Si ordeno callar
la voz que me dice,
¿cometo suicidio?

 

 

 

 

SIN LLAMAR

Entra en mi cuerpo ordenado,
recorre los cuartos y balcones
proyectados al revés.
Mis salones están llenos de vitrinas,
cristales de tierra y espejos.
Una azotea de conchas de mar
y arena en la boca,
una manta de pasto azul
en el bajo vientre.
Siete pasillos ciegos
llevan a mi nada,
a mi útero asombrado
de tanta soledad.
Camina por él.
Hiérelo, si quieres.
Si quieres, cómetelo
o duérmete en su vacío.

Y no dejes de quebrar
sus pilares a la entrada.

 

 

 

 

CHICAS MALAS I

“Cómo me gustaría
saber fumar
y entornar los ojos”.
Me lo decía ella,
la que destilaba licor de labios
mientras mascaba chicle.

 

 

 

 

CHICAS MALAS II

Me miró
como miran los hombres a las chicas fáciles.
Me invitó a una ginebra.
I’ve got you my under skin.
Lo susurró muy bajito en mi oreja.
Crucé las piernas y me fui.
Tampoco a él le esperaba nadie.

 

 

 

 

AMANTE

Acariciada
por los delicados dedos
de las palabras.
Qué paz.

 

 

 

Ruiz Fleta, Carmen. Mapas y disfraces. Zaragoza; Ed. Comuniter, 2010.

 

LA DENSIDAD DE LOS ESPEJOS

En diciembre del año pasado, la editorial El sastre de Apollinaire publicaba la edición (ampliada y) definitiva de ‘La densidad de los espejos’, de Manuel Rico, que incluye como epílogo el texto que Manuel Vázquez Montalbán publicó el 1 de noviembre de 1997 en el suplemento Babelia del diario El País, en el que se puede leer:
La densidad de los espejos fue premio Juan Ramón Jiménez, uno de los más serios premios de poesía de España y aprece publicado en la colección dirigida por otro poeta, Juan Cobos Wilkins. Premiar este libro representó en su día una ratificación de la poesía desadjetivada en tiempos en que la poesía española pasa por una de sus etapas más ricas e interesantes, pero también más tontas. Entretenida en antologías convertidas en razzias de ausencias, militantes en causas tribales poscómicas, la poesía de vez en cuando tiene que autoconcederse treguas y premiar a un poeta verdadero. Es el caso. Poeta de la memoria más que de la experiencia, aunque toda experiencia pase por el trámite de la estilización subjetiva antes de ser memoria. Rico construye una verdadera narración poética a partir del espejo como interlocutor traidor. «Es la luz enquistada que nos habla de otros» y entre ellos está el uno mismo, esa mismidad que como en los boleros se busca toda una vida y no se encuentra. El espejo como luz de terror que conduce al conocimiento de sí mismo para la muerte, aunque el poeta renuncie a la morbosidad de esa evidencia y reclame del espejo la noción neoplatónica de las dos caras, la una vuelta hacia la representación del paso del tiempo, de la vejez, de la muerte, y la otra hacia la inteligencia, la introspección, la situación entre los otros, la historia.
xxxNo hay memoria personal sin subjetividad, pero no hay memoria personal orientada si no asume la Historia, incluso sin entusiasmo, porque tal vez pasaron los tiempos en que se asumía la Historia con entusiasmo. La Historia…, «…esa región terrible que extendieron los siglos / el fuego del origen, la huella o el estigma en que reconocernos. / Lefevbre, Pirenne, Hobsbawn y tantos otros / arañaron los muros que habían decretado / los propietarios de la muerte», la Historia tal vez aporte como mejor herencia la pulsión de buscar lo imposible para conseguir lo posible. El poeta, que ha comenzado su viaje ante el espejo traidor contándose su historia y que ha abordado la relación entre historia personal e Historia, llega a la asunción de su conciencia, es decir, de su consciencia construida como las esculturas y los poemas vaciando volúmenes, masas verbales, creencias…, «…gestos y palabras que hoy sientes inquilinas». El poeta-personaje que una noche de 1969 abandonó disidente el salón donde su padre contemplaba fascinado la llegada yanqui a la luna termina su relato casi refugiado en una casa de campo que fue el sueño de su padre…, «…custodiando los restos / de un universo roto por otras exigencias».

 

 

Y aquí dejo cuatro poemas del libro.

 

 

AQUEL JUNIO MALDITO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvive en este mundo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcual si fuera la casa de tu padre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNazim Hikmet

Fue una primavera mejor de lo esperado.
Muchos años después, quizá una eternidad
más tarde de tu sueño
—roto, como la juventud, por tiempos de ceniza—,
volvió la claridad: Madrid era una fiesta.
Otra vez era abril y era en mil novecientos
setenta y nueve: yo te supe, padre,
redimido, cercano a la quimera
que fermentó en tu noche de terror y de frío.

Fue un abril diferente sin embargo.
Las esquinas ardían de palabras
ocultas desde antiguo en desvanes en sombra.
Bebiste de su luz. No estabas solo.
Contigo la bebimos los más jóvenes.
Tu mirada de asombro aún puedo contemplarla
en esa latitud, que a la muerte traiciona,
de la fotografía:
la tengo frente a mí.
Es un dolor de piedra contra la madrugada.

Mas huyeron los días de aquella primavera
hasta estancar la luz en un junio maldito.
Fue en la noche, cuando huelen
las madreselvas y los amantes buscan
la oscuridad del descampado, las viejas estaciones solitarias
y el verano prepara su cielo más estricto.

El aire, en un instante, mudó en nieve. Y el abismo
se apropió de tu voz y la hizo suya.
La primera conciencia de la muerte
vino, padre, a traición, a visitarme,
y volvieron el frío y la ceniza,
y viajaste a esa patria
donde las flores muertas nos hablan del vacío.

Han pasado los años, muchos años.
Todavía huelo los algodones
y el aire absorto de la madrugada,
y escucho todavía tu voz quebrada y última, esa voz
que me arrancaba el mundo
que los dos levantamos contra la soledad, contra el silencio
de los días difíciles, que me entregaba
una orfandad adulta tan de pronto,
un desierto de sueños, el llanto seco
frente al absurdo.

Pero hoy, padre, regresas. Sin avisarme, abriendo el toldo
de esta noche penúltima del año,
como si nada hubiera ocurrido entre nosotros, como
si en este tiempo interminable
se hubiera convertido mi orfandad
en un lugar soñado.

 

 

 

 

IMBORRABLE AMOR

Aún recuerdo el humo de la ciudad lejana.
También la habitación donde mis manos
buscaron en tu carne la salvación huidiza
contra el miedo y la hora.
La piel era la tierra
donde aprender las trampas de los amantes,
el refugio en precario
frente al cierzo que en los amaneceres
afilaba las calles, dejaba en las aceras
su noticia de frío y de derrota.
Allí cultivaríamos
la pasión del encuentro para desvanecer
la voz acostumbrada al desamparo.

Habitamos, insomnes, en falsos domicilios,
celebramos los cuerpos, buscamos cavidades
donde aventar la niebla: barrio de San Lorenzo,
allá donde Madrid se disolvía
hacia un norte de trenes fugitivos,
o la hierba agostada en el jardín de julio
al pie de la ventana de aquel piso en Aluche,
custodiados
por un absurdo cristo y el retrato
borroso de la Piaff, o aquel apartamento
en La Esperanza, agonizaban tardes
de tinta y de palabras que, sin remedio, urdían
un final anunciado en lechos desabridos
que olían a tabaco y a sueños sobre todo.

Llevábamos el mundo prendido a nuestra carne.
A tientas descubríamos, en el ardor sin tregua
de la noche, los misterios negados
y sonaba la música, era la voz de arena
de algún juglar herido
por la ofendida luz de Sudamérica,
mordíamos
turbios amaneceres industriales, huelgas
generales, muerte
y desamparo, lluvia, siempre lluvia, ¿por qué
retorna tu piel nueva adherida a la lluvia?

Me sabes todavía a la lana de entonces,
a libros de poetas derrotados,
a aquel silencio turbio
de noche amenazada, a tarde de domingo
interminable.

 

 

 

 

CONTRA CIERTO DESCRÉDITO

Sé que hoy el descrédito, ese oficio
que sutilmente enhebran
críticos eminentes, literatos
largamente instruidos en desmemorias varias,
se cierne sobre un tiempo
que nos hizo de viento mutilado.

Haber nacido en mil
novecientos cincuenta y dos y en un lugar proscrito
de la ciudad olvidadiza, haber tenido
la mirada culpable y un atisbo de ira
cuando sólo en la ira
podían las palabras tener la plenitud que les fue hurtada
puede ser el estigma del que nadie nos salve.

No vuelvas la mirada, no interrogues
a los supervivientes de tu noche, no les dejes
ni siquiera el aroma
que aún conservas de la flor desgajada
de aquella juventud dudosamente joven.

Duerme si puedes. Y, ante todo, olvida.
En la luz de la tarde tiembla
un resplandor muy viejo,
una brizna de mar, y es la llanura
una respiración que nos acoge
y en los árboles ocres se dibuja el otoño.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs fácil
soñar así, engañarte, llegar a la certeza
que este tiempo requiere: no es la claridad muerta
que alza en los vertederos de la ciudad sin nombre
su deslealtad de humo
lo que contemplas. Ni la sombra antigua
de quien camina, y es hueco, y te ignora
porque aprendió a ignorar, a no saberse, a ser ajeno
a la voz donde cuece el desamparo.

Ensaya, cada noche, ante el espejo.
Bebe hasta la embriaguez si no te embriaga
la desmemoria.
xxxxxxxixxxxxxxxOlvida como quien cumple
el pacto nunca escrito con quienes inventaron
el disfraz y la lámpara
de luz ambigua.
En cada amanecer te esperan
para abrazarte, viven
lejos de los desagües, aprendieron
la densidad oscura de una lengua para el engaño,
la falsedad que desde lejos llega
envuelta en una música que sientes apacible.

Tal vez en esa tierra
donde dicen que hay dioses y seres misteriosos
te aguarde, hospitalaria,
la mentira más dulce. Prepara
tu menguado equipaje, aprende
palabras no malditas, entierra
tu inútil debilidad entre las piedras, diles
a tus antepasados que fueron flor equívoca,
innecesaria voz, historia vana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY camina.
Ve hacia el norte sobre todo. Si algo aprendiste
de ese largo sendero que a tu espalda se pierde,
es que en el sur aguardan
las miradas heridas y, a veces, el espanto.

 

 

 

 

AROMAS

xxxxxI

Llega hasta mí un rescoldo,
una brizna de olor, una fragancia
de pronto y no esperada.

Se acrecienta y se extiende
en este territorio donde hilvana
pequeñas reincidencias que son luz y significan:
el pasado se apropia del presente, deja un rastro
como una nebulosa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY allí te atreves
a descubrirte en los aromas.

 

 

xxxxxII

Ese olor algo acre
a madera de cómoda
que alberga oscuridades, flecos
de antiguas colchas, señas, contraseñas,
bolas de naftalina, pañuelos
y jabones, nos habla de la cueva
donde la carne duerme
o vive la pereza, ese tesoro
que en tu cuarto se oculta
es un olor que siempre me acompaña.

 

 

xxxxxIII

Esa fragancia en que respiras
memoria de trigal y de granero,
sin saberlo te ofrece
el amor a una piel no fronteriza,
las tardes descubiertas en la flor de su sexo,
—adolescente todavía y entregado—,
la luz de ese tiempo de cegueras y fiebres,
las siestas clandestinas, los domingos
de un verano que tuvo
noticias de la carne, algo rural entonces,
soñada y perseguida.

 

 

xxxxxIV

Llegan a mí.
xxxxxxxxxxxxCon la traición en ciernes
se elevan propietarios del paisaje
donde se bebe el polvo, el poso oscuro
del presente.
xxxxxxxxxxxxxSu asedio me interroga.

Porque nada es la voz si no se arraiga
en lo que fuera voz en otros años.
Nada la luz si sus destellos
no buscan con pasión casi enfermiza
la raíz de su brillo
en otra luz que no es sino
ella misma con algún año menos.
Nada el alcohol sin la gris referencia
de otras noches por el tiempo empañadas
de una magia imprecisa: la que tiembla
en el dudoso extremo de tu pluma.

 

 

xxxxxV

De todo cuanto fue quedan rescoldos
aún temblando en la tarde.
Renacen de improviso, se revelan
en el caz de un olor, en la mirada
de quien no te conoce, en el diamante
no esperado de la escarcha de enero.

Pongamos otro ejemplo: la quietud
—que es quietud y a la vez desasosiego—
de la huerta bajo las luces últimas
de la tarde de agosto, cuando el aire
carecía de límites y el brillo de lo insólito
se alzaba sobre el pueblo que retuvo
el final de una infancia
inconsciente y efímera,
a todas las infancias parecida.

 

 

xxxxxVI

El humo. Olor a leña ardiendo en el hogar.
O a tabaco de pipa. O a mentol algo triste.
O a puta y escalera, por ejemplo.
O a los cines de invierno
y de sesión continua, por ejemplo.

 

 

xxxxxVII

La hierba muy temprana. Humedecida
en el amanecer. Olor a campo virgen
en los viejos jardines
de la Universitaria: jeans apresurados,
blusones transparentes
de sedas orientales, la carne abotonada
a la altura del pecho, llegan con el olor
de la hierba segada, en la premura
de un empeño aprendido en el tumulto
de una mañana
entre miedo y deseo construida
que en la tarde mudó
la piel en pólvora, en centauros
de caballos muy tristes y uniformes.

 

 

xxxxxVIII

La proximidad de esta barriada
propicia al heroísmo se vislumbra de lejos,
a miles de kilómetros quizá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTan sólo
—y tan poco— se precisa
reconocer en el aire el olor de la lana
humedecida por la lluvia, por ejemplo.
En su entretela, en la urdimbre
de su fragancia asoma
el universo escueto y manejable
de lo que fuera cotidiano,
de lo que no prescribe por ser parte,
andamio o esqueleto de tu vida.

 

 

xxxxxIX

Olores, luces, vínculos, señas
de identidad, pájaros
en cuyas alas permanece
tu huella todavía y donde existes
acaso no completo pero sí perfilado
para el ojo interior que no claudica:
esa lente deforme
que llamamos memoria.

 

 

 

Rico, Manuel. La densidad de los espejos. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2017.

 

LOS DÍAS EXTRAÑOS

 

MEJORES QUE NOSOTROS

Oh muchachas de los años setenta,
os recuerdo esta tarde, mientras miro a quien amo.
Ella fue de las vuestras. Descubría
la luz y los semáforos, las sábanas heladas
y los sábados heridos de filmes imposibles.

Muchachas de blue jeans adictos al pecado
y a los viejos caminos y a músicas indóciles.

Muchachas de habitación estudiante, camisa de franela
xxxy discos de prestado,
de flor muy generosa y de poemas malditos,
de arcillas y cerámicas, de ropas adquiridas
xxxen viejos mercadillos.
Muchachas torturadas, frágiles como la espuma
de las últimas bahías vírgenes del siglo en que nacisteis.
Erais pequeñas patrias donde el amor tenía
un lugar fugitivo y una tarde de lluvia,
virginidades rotas cual dudosas batallas
xxxcon pocos vencedores,
caminatas sin fin por calles que esperaban
la decisión y la vehemencia frente a las ciegas sombras
del pasado.

Muchachas como ella, la mujer a quien amo,
gigantescas anémonas de cine matinal
xxxy parques escondidos
que tuvisteis ternura traicionada, que agotasteis a Freud
buscando lo imposible. Dulces muchachas
xxxa las que amamos mal, a las que casi dictábamos
frases de Whilhelm Reich torpemente aprendidas.

Hoy os recuerdo dulces y entregadas,
generosas y bellas e inmerecidas,
encogidas bajo el poncho o con los pies helados
bajo una manta rústica en un pueblo perdido
detrás de cualquier sábado.

 

 

 

 

ELEGÍA

xxxxxxxxxxxxxxxSe van separando lentamente de la tierra, de esa parte en la
xxxxxxxxxxxxxxxque han vivido, y podemos ver su rendición al silencio.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSiri Hustvedt

A veces, es la muerte quien habla de nosotros.
Hoy he vuelto a los campos, he vuelto a la llanura
que fue de ella, a los campos de nuestros hijos,
de mi tardía adolescencia, llevado por tu muerte,
mujer vencida desde niña, alzada contra la noche
xxxy el silencio y los botones
y las mangas menguadas del abrigo.

Llegamos con agosto ardiendo por los trigos.
El pueblo se acunaba en un letargo de desmemoria.

Vinimos a tu muerte para buscar tu vida
de servidumbre y soledad: fulgía entre las casas
un recuerdo de huertos, delantales, cómodas, vasijas,
retratos sin color, crepúsculos de julio flotando
xxxsobre el campo
como un humo enfriado por sombra y arboleda.

En el aire se oían las voces de los niños:
inapropiados hijos que buscaron la lana
de tu maternidad inútil, mujer crecida en vano,
huérfana de descendencia, hueco para los hijos
forasteros, aturdida conciencia de la verdad negada
xxxpor altares e incienso.

En el aire temblaban la habitación perdida y los tesoros
llegados de viajes no vividos:
xxxceniceros absurdos, piezas
de porcelana, medallas y cadenas, postales, abalorios,
viejas fotografías, caracolas, sedimentos
de unas vidas tocadas sólo un poco, cuando apenas
descubrían el mundo y te llamaban.

En el aire, junto a la iglesia
que apenas recordaba, florecías sobre tu muerte,
regresabas
con las esquirlas de una tarde, quizá agosto de un año
vivo todavía, en que acudimos, caminando,
a los huertos:
reíamos contigo y aprendíamos el misterio del agua
y del mantillo, los secretos que guardan
xxxlas hortalizas,
la luz de los crepúsculos de tu infancia perdida
respirando el olor y el desaliento de un tiempo
xxxde preguerra, de días de carencias y achicoria.

Te han dejado en la tierra. A ti, la nacida en el aire,
la invitada del aire, la llamada a negar
el encierro y las sombras para ser ceniza
que sembrara los cuerpos y volara
por encima del pueblo.

Debiste caer, como una harina mansa,
sobre surco y tejados, debiste acariciar
las calles del lugar, reconciliarte
con el musgo y la hierba, con los trigos
y girasoles, con los chopos vencidos por la tarde
y el río, con los hijos maduros.

Pero estás bajo tierra. Te han dejado en la tierra.

 

 

 

 

ESTACIÓN PERDIDA. EL DIRECTO

Los grajos, los animales
de las noches y de los abandonos:
la estación rota que habitó algún mendigo
y, a veces, la tormenta. El refugio del sexo
y del furtivo tacto, de las traiciones y el desamor.

La he visto esta mañana, en la fotografía
sobre el muro de un bar que apenas visitamos:
estuvimos allí en tiempos casi alegres, antes
de la demolición y del olvido, del dominio
de los murciélagos, de los amores clandestinos
y adolescentes en las noches de fiesta
de los pueblos del valle.

Son ruinas,
sombras de trenes, de muy viejas palabras y de lluvias,
de dependencias donde, a veces,
arribaban viajeros de lugares remotos,
amigos de otros años y buhoneros, caminantes
herederos de un tiempo de hollín y carbonilla
y maderas podridas, borrosas huellas de noches
xxxmuy remotas
y crueles, cuando los prisioneros
quebraban el granito, tendían el metal, alzaban
los travesaños, horadaban los túneles, entregaban
la vida y la memoria y la palabra.

Hoy nada queda de la vieja estación.
Sólo la luz de los alrededores.
Sólo la niebla de los inviernos de la memoria.
Sólo la grava que una tarde remota
se manchó de gasoil. Quizá la imagen
de un talgo en lontananza cruzando algún verano
y un chiquillo que juega a contemplarlo
desde el refugio que la fantasía de las tardes de tedio
construyó tras las rocas entre sueños de cine
y de imposibles.

 

 

 

 

NOTICIA DEL OTOÑO

xxxxxIII

Ha llegado de pronto. Las voces rozan
la extrañeza y la duda porque el aire
baja templado desde las cumbres últimas:
huele al humus que renace entre los helechos,
los viejos bares que colmó el verano
vuelven a la quietud de los anocheceres cortos,
xxxy en los campos
alguien corta la leña contra el viento,
alguien ama tras la pared del cementerio antiguo,
alguien llora las muertes innecesarias
al lado del camino, alguien vuelve
a contarnos historias de fusilados y a temer al relente
de las noches largas.

 

 

xxxxxV

Leer a Auden, cerrar la puerta al aire que atardece,
dejar que las ventanas muestren un patio crepuscular
y traigan de la calle incertidumbres y manchas
xxxde pobreza.
Leer al viejo Steinbeck y respirar el barro
xxxde remotas multitudes
sin amparo.
xxxxxxxxxxxxEscuchar el sonido y las pausas
de lejanos talleres, de artesanos a punto de acabar
xxxla última vasija
en pueblos escondidos donde nadie recuerda
porque duele el recuerdo y hace mucho
que el olvido desteje la razón aprendida, la ilustrada
devoción del abuelo perdido en los cuarenta.

 

 

 

 

EN VIANA DO CASTELO

No es posible, esta noche,
evitar el retorno a otro verano
también en Portugal, cuando los sueños
se hilvanaban con miedo y con un dos caballos
tan frágil como aquellas veladas
donde amantes y dioses convivían.

Hoy la noche, olorosa
a menta y a lavanda, me sorprende
en medio de un jardín cercano al mar
cuando agosto se rinde.

Muere el día en Viana
do Castelo: hemos sido, por horas, paseantes
por sus calles de piedra hasta sabernos
sólo fragilidad, pues nuestro hijo
nos hablaba del tiempo con su sola presencia,
dibujaba la edad en la conciencia, devolvía
nuestros días indóciles,
las mudas sucesivas que fuimos adoptando
xxxhasta llegar a él.

Y a mí volvió la luz de Guarda en el agosto
del año ochenta y nueve, y la vieja piscina
donde ahogamos el tedio, y abajo la ciudad
en cuesta: y tú y yo, repletos
de certezas endebles como la juventud o nuestras manos.

 

 

 

 

EN MÁNCHESTER

En una esquina de la lluvia de Mánchester,
donde ardía diciembre en mercadillos
callejeros y en tenderetes
de tiempos ideales y nieves y abundancia,
tú, caminante que busca rarezas
y azogues oxidados, objetos de unos años difíciles,
descubriste, no lejos
de la catedral de piedra oscurecida, el rincón apacible.

Allí, bajo la lluvia de Mánchester, la habitación
que asomaba a un jardín ocultaba,
en su paz de entresueño,
que en días muy lejanos, en la mesa
que el tiempo ha oscurecido, floreció una tormenta.

Muy cerca de la Chetham’s Library,
evocando el olor y las manchas
del hollín y la grasa, de la fiebre y el hambre,
de la miseria de tantos invisibles,
Carlos Marx, filósofo de la cifra y el torno,
entre antiguos legajos y a salvo de la lluvia,
lentamente fue abriendo
el cegado horizonte de los nunca premiados.

Lo llamó manifiesto. Desde entonces
no ha dejado el fantasma de temblar en las calles
del mundo. Afuera, llueve sin tregua. Y anochece.

 

 

 

 

DE PASO

Llegar a las ciudades
cuando nadie te espera:
un día antes, tal vez algunas horas
de la presentación o la lectura,
quizá de un curso de relato o de poesía.

Ser en ellas ausencia o extrañeza, anonimato
puro: tomar café de incógnito
junto a un ventanal que da al paseo
o en cualquier velador mirando al mar
mientras cruzan la calle anécdotas en fuga,
señales de otras vidas, tentaciones
para tu condición de forastero.

Mujeres que te observan sin saberte,
viejos que siempre acuden
a algún lugar cercano donde venden pan y compañía,
niños que te contemplan en silencio.

Viejas urbes con mar o con gaviotas.
Con paseos extensos que sombrean
hayas centenarias y robles quebradizos,
escaparates, plazas apacibles o callejas
sombrías y asustadas que dan a catedrales
o a parques junto al río.

Existir sin que nadie lo sepa,
en el espacio vacío que entre viaje y lectura
carece de nombre, de lugar en el tiempo de los otros, sólo
vive en tu tiempo
o en el de un camarero que comienza a olvidarte.

 

 

 

 

LETRAHERIDOS

Envejecidos, a veces, los encuentro
en las lecturas: rostros que fueron luz
y casi adolescencia, gesto
de asombro, que ahora lucen
la densidad del tiempo y sus excesos,
sus raíces, sus sombras, su noticia avergonzada
de la vejez.
xxxxxxxxxxxFueron
deslumbramiento y compañía
en los años ochenta del siglo más violento:
nacíamos entonces a las revistas y a la lluvia,
a la noche de las infamias y de las músicas dudosas
de un Madrid recobrado, ávidos de mañana y juventud.
Nacíamos también
al poema impreso, a las novelas, al canto que asomaba,
entre nieblas y destellos, en bares algo rotos,
como extensos refugios de letra interminable.

Rostros que ahora acontecen
como sombras de lo que fueron:
los recuerdo jóvenes e inmutables,
adictos a la noche y al gin-tonic, al sexo sin abrigo,
ebrios de la palabra a descubrir, amigos entusiastas
de un tiempo sólo lúcido
en la distancia y en los temporales
de la juerga y la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYa la edad nos avisa,
somos otros: hemos convivido en jurados extraños
o previsibles, compartido renuncias
en ciudades desconocidas, en lecturas tardías
por viejos ateneos o en flamantes salones
de alguna obra social,
en mesas redondas y en casetas
de ferias donde al libro
se le obliga a salir y a mirar a la gente
que quizá no lo ama.

Hemos sido inquilinos
de noches desatentas y frías madrugadas
constatando la crecida y la bruma que la edad
xxxnos concede,
bebiendo, sin saberlo quizá, la madurez soñada
cuando entonces: nacían los ochenta y el siglo XXI
era tal vez
la almena inalcanzable de quienes comenzábamos.

 

 

 

Rico, Manuel. Los días extraños. Granada; Valparaíso ediciones, 2015.

 

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