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ESTACIÓN DE SERVICIO

 

ESTACIÓN DE SERVICIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLove, love, my season
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSylvia Plath

xxxxxI

¿Podrías detenerlos?
¿Podrías poseerlos con un golpe de puño,
salvar esa distancia que va desde la escena
—como un flash—
a su existencia válida, a su nombre?
Apresar los fantasmas, la débil línea,
el surco ingrávido que marca tu sentido
de la percepción:
árboles, puertas, letras, trozos de acero,
manchas terrosas, negras, amarillas,
rojos zumbidos, gases, transparencias,
cemento y rayas, signos gigantescos
de un universo escrito para ti,
resuelto en la distancia que palpita
desde la sien al pulso, del muslo a la puntera.

¿Podrías poseerlos?
¿O no son? ¿O están ahí como el que espera verse
incluido algún día en el reparto?
Créditos de una vida que ordena su pasión
desde el espejo, hacedora de suerte y de fracaso.
Embriágate.
Ahora que puedes, hazlo,
porque ahora
no eres tú el que camina, y el que vuela
es alguien más que tú:
ese que habita
el piso superior cada mañana
cuando tu cuerpo espeso y perezoso
arrojó la toalla.

Embriágate
lejos, por fin, de ellos y de ellas.

Una máquina negra que cruza la frontera.

¿Es sólo el viento quien se enciende afuera
o son las alimañas?
(siniestras alimañas con zapatos de goma
que eructan humaredas de olivares corruptos)
¿Qué seres van cercando tu cazadora herida
cuando la voz no puede, como un goteo sordo,
traspasar los arcenes, la grava, las señales;
cuando la luz no acierta, deslumbradora y turbia,
a señalar la puerta, las marcas, las palabras
que una extraña ariadna trazó sobre la espalda
negra y amenazante, del nuevo laberinto?
¿Qué vena roja acecha en las tinieblas?
¿Por qué exponer la vida a los amores bárbaros?
¿Quién está ahí, en esta noche fría como la piel de un arma?
¿Qué viento incendia tu corazón?
¿Por qué exponer la vida a los amores renegados?
¿Quién arrastra tu pecho en esta noche
desamparada y triste como un dolor de infancia?
¿Por qué exponer la vida al amor de la selva?
(al amor de una jungla blanquecina y mugrienta
llena de caries, sangre y excrementos de fruta)
¿Qué aliento guía tu corazón?
¿Quién programó en tus sueños una brújula insana?
¿Es sólo el viento quien se enciende afuera?
¿Qué seres van cercando tu cazadora herida?
¿Por qué exponer…? ¿Quién espera qué de tu aventura?

¿Qué ruido duele?
¿Qué ruido duele?
¿Qué ruido duele?

Además de extranjero quedaste también solo
frente a la noche, frente al viento que incendia con su hielo
las entrañas del Monstruo.

Y una máquina negra cruzaba la frontera.

Acelera la noche a interior con reflejos,
se incendian las ventanas y titila el atrezzo
del oasis aséptico y la sala de espera:
en la mesa dos tazas le recuerdan la hora,
la madalena abierta como una rosa obscena,
los cigarrillos húmedos y el sopor del invierno
acosando cristales, envolviendo la espera
con humaredas ebrias. Y la noche creciente
mientras suena una música enronquecida y agria
como la soledad.
Como un lecho dispuesto
tarde a tarde, a llenarse
de bramidos y agua
contra la soledad.
Como un lecho vacío,
bellamente dispuesto
a luchar con la espera,
y acelera la noche
y la noche se escapa
y no van a llenarlo
y nadie va a rasgarlo…
como la soledad.

Y esa música suena, amarga y misteriosa,
blues de la espera diaria o desesperación,
turbias notas que escapan por un desagüe oscuro,
amargas notas tristes…
Parpadea la luz. Brota de un ojo,
ojo ciego, brillante y armonioso,
ojo enorme
ojo color
ojo rayo
ojo orquesta
ojo loro
ojo sentencia
ojo lujuria
ojo blanco
ojo memez
ojo filosofía
ojo bálsamo
ojo informe
ojo beato
ojo alucinógeno
ojo ciego, ojo de luz que parpadea
e ilumina el sofá, la bata, los ligueros,
y una enorme serpiente clavada entre los muslos
de la mujer que llora y se muerde los pechos.
Ojo que parpadea y murmura,
murmura sin pasión, murmura.

Acelera la noche a interior sin reflejos
mientras tú los acechas.
En la mesa las tazas te recuerdan la hora
y una máquina oscura descansa entre la niebla
una caliente máquina que cruzó la frontera.

x

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNew hampshire – Abril – 1987

 

 

 

Salvador, Álvaro. Estación de servicio. Valencia; Malvarrosa Ed., 1989.

 

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