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LA OSCURA VOZ DEL CISNE

 

LA OSCURA VOZ DEL CISNE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Teresa Núñez

I

Dicen que el cisne xal barruntar su muerte
emite un ruido extraño, indefinible.
Nace de su mudez y se extravía
calcinado en el viento. Como el trueno.

No es reclamo amoroso. No es congoja.
No es cántico ofrecido
al signo inapelable del augurio.

Ni es —menos aún—,
desesperado intento de ser oído.

Es intuición tan sólo. Vislumbre de la ausencia.
De esa absoluta, irreversible
condición de no ser que se aproxima.

Pero eso el cisne
no sabe precisarlo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxSólo siente
la insondable advertencia del abismo
y da su grito al viento como una
llamarada orgullosa transmitiendo
la convicción atávica
de durar en la especie.

 

II

Yo sí sé que mis días, los que fui bordando
puntada tras puntada
en mi tapiz, están palideciendo.
Se difuminan sus colores,
asumen
mansamente el requisito
inexcusable de la ausencia.
Sus líneas se deforman
como huyendo de sí mismas, buscando
nocturnidad, sosiego.
Incluso se apacigua la figura
que siempre tuve de la muerte
y miro,
con cierta complacencia,
la sombra de los árboles filtrando
esa luz imprecisa que dibuja el vacío.
De ella no fluye ya sangre,
sí un agua que se aleja arrastrando
la desazón de los residuos
y deja
ardiendo en mi saliva,
la voluntad, el impulso de gritar
al viento oscuramente,
igual que el cisne en su agonía.

 

 

 

 

IMAGEN

xxxxxxxxxxxxxxx…laboriosamente absorta ante los vientos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLeón Felipe

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis Fernando Muñoz

Me miro en el espejo, me escudriño
en esa imagen confusa que ante mí comparece
solicitada aún por la memoria.

Pero ya nada en ella es como fue.
El tiempo
ha ido trabajando sobre su piel el frío,
la extinción de la luz, la afrenta
inopinada de los días.

Por sus manos gastadas cruzan
prominentes arroyos por donde va la sangre
en busca de la muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn sus ojos
persisten las imágenes
que habitaron el llanto de dos siglos,
las guerras, el derrumbe de los sueños,
el nunca ya posible claror de lo olvidado.

Y sin embargo, cuánta vida
queda detrás, fluyendo hacia el mañana,
atestiguando que ella también estuvo aquí
y a fuerza de dolor fue construyendo
su pálida figura, todavía
xxxxxxxlaboriosamente absorta ante los vientos.

 

 

 

 

RETRATO DE FAMILIA
(Mirando una fotografía tomada de 1932)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonieta y Jordi

Todos decimos algo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn ese espacio
donde el silencio es en sí mismo
una revelación, una conducta,
suena un rumor profundo: el eco
primordial de las palabras.

xxxxx(Aunque parezca extraño
xxxxxlas viejas fotografías
xxxxxnos hablan,
xxxxxnos anuncian incluso
xxxxxlo que va a suceder.)

Nuestras voces —en esta imagen que contemplo—,
percuten contra el muro
donde se apoya la humildad que somos;
se coagulan
en la luz demacrada
que se va apoderando de nosotros.

Hablamos sin duda de un futuro
intuido en el orden de las cosas
que, minuto a minuto, se suceden.

Mi madre, mal vestida y triste,
sostiene entre sus brazos a mi hermana
y dice:
La vida es peligrosa, entra en ella
con sigilo.
xxxxxxxxxxMi padre
pugna por sonreír desde una arista
de sus cuarenta años.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo irá bien, murmura
muy bajito, tal vez para no oírse
y lograr que el oráculo,
constantemente hostil, no oiga tampoco
y Delfos siga siendo una crueldad remota.

Mi hermano anuncia suavemente:
Me marcharé a la guerra
cuatro años después de estos catorce
que traigo aquí conmigo y ya me duelen.
Ocurrirá tan pronto como Tebas
reúna, en dos de sus siete puertas,
a todas las criaturas ofrecidas
a la ferocidad del minotauro.

Mi hermana aún no sabe que está ahí
pero algo en ella,
—o quizá en la ternura de los lazos
que iluminan su pelo—,
promete acompañarme hasta el final,
darme su mano.
xxxxxxxxxxxxxxxY yo,
con mis trenzas deshechas, reclamadas
por los dedos del aire,
mis labios dulces y carnosos,
mis ojos ya tan tristes,
proclamo con firmeza: Soy mujer
y gritaré mi historia al viento.

Los cinco estamos contra el muro
como a la espera
de que alguien grite ¡fuego!

 

 

 

 

GIOCONDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Conchita Garrote

Muchas veces intento alcanzar el prodigio
de sonreír así, como si no sonriera;
latir en el fulgor, apenas insinuado,
del labio en su hermetismo
al igual que si echara esa cortina
que cela el corazón para que nadie
advierta que es únicamente un cántaro
de soledad infinita.

 

 

 

 

EL RAYO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Eduardo Bernabéu Toroba

Es un instante sólo. Es una herida.
Marca en tu anchura, ay aire,
su cicatriz, la deposita
tentacular, efímera,
en la incorporeidad que eres.
Roza tu piel ambigua y te percute.

¿Qué sería de ti
extraviado en el vacío,
ay aire, ay intemperie,
que sería de ti si te cesara
esa enjundia que el rayo comunica
a tu materia informe y clandestina?

¿Qué sería de ti
sin las púas del fuego que señala
la vacuidad donde resides,
invisible contorno de la nada,
cántaro
de esa polifonía
que es tu voz expandiéndose
por la extensión del lienzo que te hace
versión de lo imposible?

¿Qué sería de ti, ay aire,
sin el trago de luz que se desliza
hacia tu sed y se dibuja
fugaz en tu garganta y la traspasa
de líquido fulgor hasta llegarte
a la avidez nunca extinguida?
¿Qué sería de ti sin esa sangre
que súbita te ocupa,
te imbuye su poder, se domicilia
en tu abstracción, te nombra
ocasión inmediata de su trazo
de lacónica furia?

¿Qué sería de ti, ay aire, ay intemperie,
sin la inflamada rúbrica
que al pie del documento certifica
la realidad que es, que eres?

x
¿Y qué sería
de mí, ay soledad, ay sueño,
qué sería de mí, criatura
sin más destino que la muerte,
desvalida, olvidada
en los parajes de la noche,
en las abruptas
cordilleras del llanto,
del desamor?
¿Qué sería de mí, ay soledad, ay sueño,
si de pronto cesara
el grito lacerante del poema?

 

 

 

 

CANCIÓN DE DESPEDIDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ricardo Zamorano

Píntame un cuadro.
Busca en el ritmo de tus colores,
en lo más sabio, en lo más hondo,
el tiempo mío que ya no es mío.
Se llama olvido.

Detén la noche,
su perfil mudo, sus crueles pájaros.
Detén sus alas. Detén el miedo,
el que me busca, el que me cerca.
Se llama augurio.

Detén la rosa
que aún finge aromas entre mis manos.
Detén su argucia. Déjame sólo
el clavo oscuro de la palabra.
Se llama fuego.

Píntame un cuadro.
Un mar al fondo. Temblor de espumas.
La rota efigie de aquellos sueños
(los que tenía cuando soñaba.)
Se llaman llanto.

Pinta un camino.
Detén el frío de los relojes.
Detén su paso. Tengo que irme
y no sé por dónde. Pinta un camino.
Se llama huida.

Pinta señales.
Que no se pierdan mis descalzos.
Mis pies que sangran. Es noche casi.
Pinta un camino que me conduzca
a mi destino.

Se llama nada.

 

 

 

 

PARÁFRASIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxPor favor, por amor, por caridad:
xxxxxxxxxxxxxxxxxque alguien me diga quién soy,
xxxxxxxxxxxxxxxxxsi soy, qué hago yo aquí…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJosé Hierro

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Leyva

Sin favor, sin caridad. Por amor,
tan sólo por amor,
decídmelo.

He querido saberlo muchas veces.
Desde esa arista
de la interrogación; desde esa
baranda de la incertidumbre;
desde ese puente sin farolas
en donde a diario se acentúan
las sombras de mis ojos,
he suplicado y sigo suplicando
que alguien me diga por amor
—tan sólo por amor—,
quién soy, si soy, qué hago yo aquí.
Pregunto
si no seré más que una
suposición, una sospecha, algo
apenas insinuado en la penumbra
equívoca de un sueño.
Por amor, tan sólo por amor,
sin favor, sin caridad,
decídmelo.

 

 

 

SALA DE ESPERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Emma de Salgueiro

Dentro de mí, como en la fría
sala de espera de una estación desierta,
alguien me está llamando.
Pregunto quién es, qué es.
Nadie responde. Nada.

Las vidrieras,
donde la tarde esboza sus figuras,
dejan pasar un sol casi tan frío
como mi desamparo, tan usado
como fue mi amargura.

Se oyen, lejos, campanas ateridas
y un humo muy antiguo se entremete
en la luz de mis ojos.

Alguien insiste en su llamada…
¿Quién es? —pregunto—.
Silencio.

Porque no hay nada. Nadie.

 

 

 

 

URGENCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Pepo Paz

Tengo que darme prisa
no vaya a ser que alguna de esas sombras,
ectoplasmas furiosos que crecen en el tiempo,
me borre las palabras
igual que en las pizarras del colegio
se borran las lecciones del día antes.

Las palabras son gotas
de luz que nos proyectan más allá de nosotros,
enarbolan consignas, se empecinan
en hacernos posibles, darnos forma,
y con frecuencia
lamen la soledad del olvidado
como lamen los perros sus heridas.

Si de repente mis palabras fueran
sólo rastros de tiza en la memoria,
¿qué hacer, de qué manera
imaginarme viva?

No puedo entretenerme.
No vaya a ser que ocurra cuando menos lo espere
y no tenga ya nada que llevarme al poema.

 

 

 

 

DECEPCIONES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Arturo del Villar

El aire siente el roce de unas alas
que han alzado sus plumas y jadean
convulsas.
xxxxxxxxxxAbanico
sin apenas idioma.
Tan sólo el estertor de sus varillas.

Siente también el fuego y la violencia
destruyendo a su paso, minuto tras minuto,
lo que fue inmutable o parecía serlo,
en el ámbito
de mi fe sin fisuras.

Ahora,
cercada por mí misma, sometida
a mi propio dominio,
me pregunto
qué va a ser de mí si alguien,
curioso, imprudente, embebido
en su crueldad, abre el cuaderno
en el que anoto, desde hace tantos años,
creencias, esperanzas, certidumbres…
y cae, volátil, corrompido,
un puñado de polvo.

 

 

 

 

BUSCÁNDOME

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Manuel Rico

Por mí pregunto.

Ni las fotografías, ni la luz implacable
que ronda los espejos, me devuelven
las imágenes múltiples,
superpuestas que fueron sucediéndose,
una y diversa, igual y otra,
sobrellevando el tiempo, la mutación,
la injuria, el desafecto.
Y hasta aquí llegaron.

No sólo me refiero a las distintas
maneras de mostrarme,
de estar en la apariencia, en la figura
que todavía pugna para salir del mármol.

También pregunto
por algo más. Por lo que pocos
supieron advertir.
xxxxxxxxxxxxxxxxPor lo que estaba
emboscado en el pasmo, en el estruendo
de lo abolido.
Debajo de una muerte prematura.
O de un asesinato.

 

 

 

Gatell, Angelina. La oscura voz del cisne. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

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