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ESTRATEGIAS DEL DESEO

 

ESTRATEGIAS DEL DESEO

Las palabras no pueden decir la verdad
la verdad no es decible
la verdad no es lenguaje hablado
la verdad no es un dicho
la verdad no es un relato
en el diván de un psicoanalista
o en las páginas de un libro.
Considera, pues, todo lo que hemos hablado tú y yo
en noches en vela
en apasionadas tardes de café
London, Astoria, Arlequín
sólo como seducción
en el mismo lugar que las medias
y el liguero de encaje:
estrategias del deseo.

 

 

 

 

HIJOS DEL AZAR

No tenía ganas de subir al avión
pensaba que iba a estrellarse
xxxx(a veces pasan cosas así).

No tenía ganas de estar en esa ciudad
xxxxni en ninguna otra

no tenía ganas de ir a una Feria de Libros
ni de flores ni de autos

me dolía la cabeza

no tenía ganas de leer poemas en público
(no quería declamar).

Pero leí
xxxx—al fondo el ruido del mar y de los barcos—
sólo porque se trataba de un puerto
sólo porque era Barcelona.

Después, en la cama,
jugamos al «como si»…
«Si no hubieras tomado ese avión»
«Si no hubieras leído»
«Si no me hubieras mirado»
«Si no te hubiera mirado»

Ninguna certeza
xxxxninguna certidumbre
xxxx¿el encuentro fortuito?

«Te hubiera encontrado de todos modos —dices—
siempre encuentro lo que busco.»

Ah, las certezas de la juventud:
tenías veinte años menos que yo
y no habías perdido ninguna guerra.

 

 

 

 

CUENTAS CLARAS

No sería raro
que un día cualquiera
—hoy, por ejemplo—
me dijeras la cifra exacta de dinero
que cuesta nuestro amor
en viajes
hoteles
e interminables llamadas telefónicas.
Al fin y al cabo
el dinero todo lo mide
así que si este amor
nos cuesta mucho dinero
será que es amor del bueno
del importante.
Sin embargo
recuerdo:
una vez
en mi juventud
fui feliz compartiendo el único cigarrillo
en un cuarto de pensión
fui feliz haciendo el amor a la intemperie
entre los juncos
fui feliz sin hotel
ni casa ni teléfono
ni lencería de encaje.
Tenía sólo dieciocho años.

 

 

 

 

PANAL

Tu sexo es un panal
donde mil abejas laboriosas
liban una miel que se me queda entre los dedos.

 

 

 

 

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

Descubrir a Dios entre las sábanas
—no en el templo fariseo
ni en la altiva mezquita—
sábanas blancas
sudario del amor que te cubría
manto sagrado
iniciar la bienaventurada ascensión
de tu piel a la eternidad
de tu vientre al círculo celestial
sentir a Dios en tus húmedas cavidades
en el grito vertiginoso
de la jauría de tus vísceras
saber
que Dios está escondido entre las sábanas
sudoroso
consagrando tu sangre menstrual
elevando el cáliz de tu vientre.
Descubrir de pronto que Dios
era una diosa,
última ascesis,
de aquí a la eternidad.

 

 

 

 

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD IV

No he amado las almas, es verdad
sus pequeñas miserias
sus rencores sus venganzas
sus odios su soberbia
en cambio he amado generosamente
algunos cuerpos
mi amor los ha embellecido
más que el maquillaje
mi amor los ha enaltecido
siempre es más fácil amar un seno flácido
un ojo ligeramente estrábico
que el mal carácter
la mezquindad
o el narcisismo
llamado otrosí ego.
No he amado las almas, es verdad,
sus pequeñas miserias
sus rencores sus venganzas
sus odios su soberbia
en cambio
he amado hasta el éxtasis
algunos cuerpos
no necesariamente hermosos.

 

 

 

 

LE SOMMEIL, DE GUSTAVE COURBET

Si el amor fuera una obra de arte
yaceríamos todavía desnudas y dormidas
la pierna sobre el muslo
la cabeza sobre el hombro —nido—
resplandecientes y sensuales
como en Le sommeil de Courbet
cuya belleza contemplamos extasiadas
una tarde, en Barcelona
(«Salimos de una cama para entrar en otra»,
dijiste).

No hubiéramos despertado nunca
ajenas al paso del tiempo
al transcurso de los días y de las noches
en un presente permanente
de tiempo paralizado
y espacio cristalizado.

Quise vivir en el cuadro
quise vivir en el arte
donde no hay fugacidad
ni tránsito.

Pero se trataba sólo de amor
no del cuadro de Courbet
de modo que despertamos
y era el ruido de la ciudad
y era el reclamo de la realidad
los crueles menesteres
—las pequeñeces de las que habló Darío—.

Se trataba sólo de amor
no del cuadro de Courbet
de modo que despertamos
y eran los teléfonos las facturas
los recibos de la luz la lista del mercado
especialmente era lo fútil,
lo frágil, transitorio,
lo banal, lo cotidiano
eran los miedos las enfermedades
las cuentas de los bancos
los aniversarios de los parientes.

Dejamos solas
abandonadas a las bellas durmientes
de Courbet

solas
abandonadas en el museo
en las reproducciones de los libros.

Se trataba sólo de amor
es decir, de lo efímero,
eso que el arte siempre excluye.

 

 

 

 

MALAS JUNTAS

A la hora del lento crepúsculo asesino
escucho jazz como una condenada
se aferra al último cigarrillo.

 

 

 

 

EXTRANJERA

Extranjera en la ciudad
extranjera entre los otros
de noche
me encierro en el bar gay.
Ah, mis hermanos…
el alegre maricón con el pelo verde
que baila sensualmente
mientras se mira en el espejo
cual Narciso teñido
la profesora de ffrancés
vestida de George Sand
con su alumna preferida
(Balthus)
y las parejas siamesas
que han conseguido
eliminar las diferencias.
Pido una copa
todo el mundo baila,
todo el mundo menos yo.
¿Será posible que aquí también
entre falsos pelirrojos
y lesbianas sin pareja
te sientas otra vez una extranjera?

 

 

 

 

ADICCIONES

Cuando me cansaba de un amor
me dedicaba al juego
—casino del parque Rodó, casino de Carrasco
Amélie Les Bains, Sant Pere de Ribes—.
Y perdía el poco dinero que tenía
pero por un rato
—un par de horas cada noche—
recuperaba la excitación que el amor ya no me daba.
Creía que se trataba de una cuestión de sentimientos
pero la psicóloga me dijo:
«adicta a la intensidad».
¿Será posible que haya amado
al dieciséis rojo
tanto como a tu vulva?
¿Es posible que esperar negro el siete
me produzca la misma excitación
que el color de tus bragas?

 

 

 

 

PERFUME

El olor de tu sexo en mis dedos
dura más que el Must de Cartier.

 

 

 

 

BARNANIT V

El camarero del bar donde amo
escribo sueño pienso me aburro
te espero (mi segunda residencia
si fuera una escritora de moda
una tenista o una presentadora de televisión)
el camarero del bar me sonríe
a pesar del calor del verano.
Trabaja demasiado
catorce horas de una mesa a la otra
y el pedido lo más rápido posible
cualquier día se va a deshidratar
y los médicos le darán pastillas de potasio,
no un salario mejor
ni menos horas de trabajo.

El camarero tiene camisa blanca
y pantalón negro
los cabellos cortos
veinticinco años.
Le gustaría irse a dormir
pero los parroquianos de estío en la ciudad
somos pobres, insomnes y muy pesados
comemos bebemos charlamos
está deseando irse
¿para esto se hizo la revolución bolchevique?
¿para esto triunfó el capitalismo?
Catorce horas salvajes
catorce horas sumisas.
«Después me toca limpiar», me dice
con resignación.
No leyó El capital
no sabe posiblemente en qué consiste la plusvalía
pero la genera.
Las mesas están sucias
los residuos del comer
del beber
los servicios también están sucios
cuando se cumplan las catorce horas se irá
mal pagado
mal dormido
convencido de que éste es el único sistema posible.
Es verdad
yo tampoco puedo pagarle con poemas
yo también estoy mal pagada.
Le deseo las buenas noches
me voy a dormir
nuestra jornada de bar ha sido larga
a pesar de que yo sí leí El capital.

 

 

 

 

QUERIDA MAMÁ

¿Cuándo te morirás
para que yo pueda suicidarme
sin sentimiento de culpa?

 

 

 

 

LE DIGO A MI SEXO

Contrólate, serénate, tente quieto, no te desmandes,
no inventes, no sueñes, no finjas, no exageres, no eleves templos
sobre unas pobres piedras, no idealices, no sueñes con el paraíso,
no delires:
al fin y al cabo, todo el mundo tiene uno,
hasta los perros y las ratas.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

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