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DESCRIPCIÓN DE UN NAUFRAGIO Y UNA DIÁSPORA

 

De ‘Descripción de un naufragio’

 

xxxxxVI

Ya no aguantamos más el olor a muerto.

 

 

 

 

 

xxxxxXII

No fue nuestra culpa si nacimos en tiempos de penuria.
Tiempos de echarse al mar y navegar.
Zarpar en barcos y remolinos
huir de guerras y tiranos
al péndulo
a la oscilación del mar.
El que llevaba la carta se refugió primero.
Carta mojada, amanecía.
Por algún lado veíamos venir el mar.

 

 

 

 

 

xxxxxXXI

Todo se convierte en un pedirle a Dios
corte las amarras
que nos ataran tanto.

 

 

 

 

 

xxxxxXXIV

Deseo que, en caso de naufragio,
este peregrino sea olvidado,
este amor ignorado,
rosa, rosa de los vientos,
fue una época de difíciles maniobras,
los unos huyeron por el mar,
otros, por las selvas y más allá.

 

 

 

 

 

xxxxxXXXI

—¡Deprisa!
—¡Gira!
—¡Dame.
—Ven.
—Suavemente.
—Lasca, lasca.
—¡Más!
—¡Máááás!
—¡Cambio!
—Hala, templa, singa.
—Ruega.
—Gira la cabeza.
—Tente en pie.
—Dulcemente amarra.
—¡Más!

xxxxxxxxxxxxNadina: xcuando regrese,
xxxxxxxxxiixxxxxxxxxxprometo nadar sobre tus nalgas
xxxxxxxxxiixxxxxxxxxxinfamemente.

 

 

 

 

 

MANUAL DEL MARINERO

Llevados varios días de navegación
y por no tener nada que hacer
estando la mar en calma
los recuerdos vigilantes
por no poder dormir
por llevarte en la memoria
por no poder olvidar la forma de tus pies
el suave movimiento de ancas a estribor
tus sueños iodados
xxxxxxxxxxxxxxxxxpeces voladores
por no perderte en la casa del mar
me puse a hacer
un manual del marinero,
para que todos supieran cómo amarte, en caso de naufragio,
para que todos supieran cómo navegar
en caso de maniobras
y por si acaso
hacer señales
llamar con la o que es roja y amarilla
llamarte con la i
que tiene un círculo negro como un pozo
llamarte desde el rectángulo azul de la ese
suplicarte con el rombo de la efe
o los triángulos de la zeta,
tan ardientes como el follaje de tu pubis.
Llamarte con la i
hacer señales
azar la mano izquierda con la bandera de la ele,
subir ambos brazos para dibujar
—en el relente nocturno—
las dulzuras lúgubres de la u.

 

 

 

 

RELENTE

Humedad que cubre el cuerpo de la mujer,
una vez que la hemos empezado a amar.
A veces tiene la apariencia de un suave sudor,
otras, la de un mar agitado. Navegar
en esas aguas puede ser empresa riesgosa.
Marineros más hábiles que tú perecieron
en esas aguas revueltas, luego de bracear
durante horas y luchar contra la corriente.
En el fondo de ellas hay un cachalote dormido.
No escuches el canto de sus sirenas
varadas en las piernas,
a orillas del mar.
No dejes que su humedad te cubra
conduciéndote al fondo de la red
donde serás sólo un hilo más
un pez atrapado
un lobo infeliz
un marinero desahuciado, lejos del barco,
lejos de la tierra.
Cuídate de esa humedad como de la peste,
cuando asome
xxxxxxxxxxxxxpor los intersticios de un cuerpo que yace.

 

 

 

 

ABATIR

Vencimiento del buque, de la mujer,
por efecto de un viento fuerte, la marea o la corriente.
El buque cae a sotavento,
la mujer de espaldas,
cuyo abatimiento se mide en grados.
Gran cantidad de público se congrega alrededor.
El barco se inclina.
La mujer gime
y a veces goza.

 

 

 

 

ESCORACIÓN

Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele y arde el iodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma, que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esta suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoraciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoraciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

 

 

 

 

AFERRAR

Atarla con mástiles y palos
al borde de la cama.
Sus pies, sus manos,
con cuerdas y con lianas
xxxxxxxxxxxx(dejar que los musgos y los líquenes
xxxxxxxxxxxxcrezcan en sus costados,
xxxxxxxxxxxxque los recién nacidos peces
xxxxxxxxxxxxlaman la piel de sus hombros, sus caderas;
xxxxxxxxxxxxle birlen besos, beban de los poros
xxxxxxxxxxxxabiertos y salados de su piel).
Una vez que está sujeta
en irresistible inmovilidad,
arriarla de golpe,
como una vela;
hacerla bajar
por el mástil mayor,
hacerla deslizar:
la tela de su piel
descendiendo por el palo alto,
la blanda carne iodada
resbalando al pie de la cama.
Y muy lentamente sobre ella arrodillada
dejarse ir
en remolino
hacia la honda cavidad
que hierve en su interior.
Muy lentamente
penetrar allí
apartando la humedad de las olas.
Hacer que el agua
lama sus costados
el costado de sus botas;
dejar
que los musgos y los líquenes
le trepen los muslos y las nalgas.
xxxxxxxxxxxxUna vez arriada,
xxxxxaferrarla al suelo
xxxxxcon palos y con cuerdas
xxxxxpara que no se nos escape.

 

 

 

 

EMPAVESAR

Colocar sobre la mujer todas las banderas.

 

 

 

 

xxxxxXXXVIII

Y el capitán que naufragaba en escuadras imprecisas
vio pasar en síntesis a la historia,
iba en biquini
y los senos destemplados
Eran los jinetes de la reyecía
Era la diáspora de soldados
«Paren las máquinas» gritaba a bordo,
a bordo de la síntesis de la historia,
cuando ya todos habíamos pasado al otro lado.

 

 

 

 

RELACIÓN DE TRIPULANTES QUE PARTICIPARON EN EL NAUFRAGIO

Habiendo quedado solo
en altamar
a la deriva
me vienen a la memoria ardida
como olas a bordo
los nombres de los compañeros muertos / desaparecidos
en travesía de mares y de países
lanzados a la noche
al agua a la intemperie
sin botes y sin remos
sin ropa que vestir
ni comida que comer;
los nombres
de los amigos muertos
de los desaparecidos
de los perseguidos por el huracán
de los acosados por vientos y marismas
de los aprisionados entre dos corrientes
de todos aquellos que emprendieron un viaje
lleno de riesgos y de peligros
iluminados por la fe
conducidos por su buen ánimo
dispuestos a morir o a vencer
y a quienes se tragó el agua devoradora
los hundió una ola gigante
o en los intersticios del mar
todavía padecen la tortura de vivir muriendo
sometidos a la crueldad del naufragio.
Tristán, que tenía un lunar en la cara,
cerca de la frente
y por la noche aullaba en altamar,
por una rubia, fugaz.
Era valiente y trepaba el primero por el palo mayor
para divisar la tierra o al enemigo
y ni siquiera suspiró cuando el mástil
quebrado por un torbellino
cayó sobre él, sepultándolo en el mar,
junto al recuerdo de una mujer rubia, fugaz.
Antonio Sánchez, maestre:
sombrío y taciturno,
huido de su país
y perseguido por los perros;
sabía cantar las canciones de su tierra
y nos contaba su pasado,
historias de prisión y muerte.
Álvaro Donati, marinero, veintiocho años:
dejó los hábitos, tomó el fusil
se echó a la mar, como un deber;
una ola venida desde lejos
lo barrió de borda; fallecido.
Lo acompañaban un santoral
y un manual de armas.
Juan Gómez, estudiante:
tres tiros en la cabeza,
disparados en la noche, a traición,
cuando atravesaba una calle solitaria,
dejó papel y lápiz, una hija a medio hacer.
Pedro Fernández, navegante:
vino a navegación porque su padre fue marino
y había luchado contra los ingleses.
Marco Genovés, famoso físico:
nos enseñaba las secretas leyes
que rigen el movimiento de las cosas.
Daniel Dionisio Méndez, arquitecto y constructor,
conocía los caminos del mar y del morir,
condujo a los compañeros por extraños laberintos
hasta traerlos sanos y salvos a la nave mayor,
protegidos por la oscuridad y la esperanza.
Muerto en servicio.
Rodrigo Torres, oficial de a bordo:
«Mejor morir de pie
que vivir arrodillado», nos dijo,
en el primer momento,
cuando le fuimos presentados.
«Las esperanzas son pocas,
pero ningún buen navegante
debe renunciar por ello»,
las olas lo rodearon,
era un día de tormenta,
murió peleando contra ellas,
maldiciéndolas y dándoles manotazos.
Alonso, el cocinero,
no sabía nadar, no sabía tirar,
tenía lástima de los peces,
pena de las aves:
«Por lo menos me alisto, para cocinar»
fallecido el 27 de junio,
devorado por un enorme tiburón;
y el abogado Marins, desaparecido
misteriosamente, mientras realizaba maniobras de rutina.
A García Morales lo dejamos en un puerto
clandestino, de un mar acogedor, en calma,
estaba enfermo, dolorido,
no quería cejar;
nunca más supimos de él.
xxxxxxxxxTodos los otros nombres aparecen en los diarios.

 

 

 

 

De ‘Diáspora’

 

AFRODITA

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla.
xxY está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

xxxxxxxComo una silla ya vacía.

 

 

 

 

CAUTIVERIO

Ah qué mórbida
te mueves
puma
pugnas
por atravesar
la jaula del jardín
donde te he encerrado
entre espejos fríos
xxxxxxxxxxxxxxxxpara que no te vayas,
xxxxxxxxxxxixxxxxxxpara hacer poesía.

 

 

 

 

YO la amaba
xxxla muraba
xxxla miraba la
xxxxxxxxxxdesde la mezquita
xxxmadura
xxxmorena
xxxmistrala
xxxhúmeda
xxxxxxxxxxy
xxxxxxxxxxxmorborescente

 

 

 

 

SI el lenguaje
este modo austero
de convocarte
xxxxxxxxxen medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
Fuera
xxxxxel modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo

 

 

 

 

TODO estaba previsto
por la tradición
occidental
esa tu rebelión
a los papeles convencionales
la resistencia
a ser tratada como objeto
el objeto
que soy para ti
salvo cuando te escribo
para los demás.
Entonces te objetualizo.

 

 

 

 

PENÉTRAME
occidental y perversa
parodiando a los dioses más diversos:
siglos en prolongada decadencia
permiten, que para el caso,
xxxxxxxcambiemos de papel.

 

 

 

 

MITOLÓGICA estáis
de moradas meretrices
que muerden tu piel
tu fantástica matriz
xxxxx—Penélopes tristes,
xxxxxHelenas desgonzadas—
historias salmodiadas
por magos prostibularios.
Está dicho
es sabido
mal hacen los Homeros,
los Góngoras y Quevedos
a las púberes efebas.

 

 

 

 

AH,
cómo corrijo
los pequeños errores
de las mujeres que inventas
cada día
para mis infidelidades
de amarte siempre.

 

 

 

 

PROYECTOS

Podríamos hacer un niño
y llevarlo al zoo los domingos.
Podríamos esperarlo
a la salida del colegio.
Él iría descubriendo
en la procesión de nubes
toda la prehistoria.
Podríamos cumplir con él los años.

Pero no me gustaría que al llegar a la pubertad
un fascista de mierda le pegara un tiro.

 

 

 

 

DIÁSPORA

Con la túnica larga
que le compraste a un marroquí en Rabat
y ese aire dulce e impaciente
que arrastras por la plaza
las sandalias sobre el polvo
el pelo largo
bajo la túnica nada
si se puede llamar nada a tu cuerpo
quemado por los soles de Rabat
más la pasión que despertaste en un negro en las calles de Cadaqués
que no son calles
sino caminos de piedra
y olímpica te sentaste en el bar hippy
rodeada de tus amigos de túnicas y pelos largos
a beber oporto y fumar hachís
ah qué melena te llovía sobre los hombros esa tarde en Cadaqués
con aquellas ropas que desafiaban las normas
pero eran otras normas
las normas de la diferenciación
de acuerdo
cambiemos un burgués por otro
ah qué túnica arrastrabas sobre las piedras
peregrinación como aquélla
solamente Jesucristo la emprendiera
Nada tenía que hacer en Cadaqués más que mirarte a los ojos
mientras tú viajabas en hachís en camellos casi blancos de largas pestañas
que acariciaban como los ojos de una doncella
sé que te gustan las mujeres
casi tanto como los negros
casi tanto como los indios
casi tanto como te gustan las canciones de Barbara
yo no tenía nada que hacer en Cadaqués
más que seguirte la pista
como un perro entrenado
buscarte
calles empinadas
casas blancas
el sol del Mediterráneo
viejo sol
cálido sol
ah no me mires así
te perdí en Rabat
te busqué en barca
pequeño Cadaqués
las niñas pálidas que fuman hachís y pasean en camellos de largas pestañas
en el maldito bar de hippies
no me dejaron entrar
juré que no tenía cuenta bancaria
es cierto
¿Cómo explicarles el azar?
No tengo auto
no tengo televisor
no tengo accidentes ni crédito bancario
por casualidad
el viento me trajo a Cadaqués
estoy buscando a la niña de la túnica larga
la que paseaba por las calles
como Jesucristo
y va dejando atrás
negros borrachos
amigos muertos
y un roce de sandalias
Tus amigos
no me dejaron entrar al bar
el agua había caído toda la tarde
me preocupé por tu pelo
tu cabello mojado
hay que ser cuidadosa
me desvelo por ti
el campanario dio otro cuarto
¿estarías escondida en el confesionario?
Ah Barbara
no me mortifiques
deja a esa niña en paz
quiero verla caminar por Cadaqués
y tener un estremecimiento de címbalo
vibrar en el aire
como el agudo de un vaso
Ah Mediterráneo
suelta a esa niña
déjala bogar en mi memoria
su fascinación de túnica pálida
el silencio que envuelve su paseo por las plazas
la fricción de sus sandalias
suavemente sobre el polvo
convienen más a mi memoria
que a tu historial de aguas
En Cadaqués un pájaro negro se paseaba
tan negro como un cuervo
tan gris como el reflejo del Mediterráneo en las ventanas
aquella tarde que llovía en Cadaqués
y con paso ligero pero digno
con velocidad y nobleza
—sin dejar caer los tules ni los chales—
como reinas que huyen majestuosamente
las barcas volvían de sus citas
al amarradero de la playa
Y mientras te buscaba
observé que el famoso altar de la iglesia
era un poco recargado
un problema de formas excesivamente hinchadas
un embarazo eterno
algo difícil de largar
Demasiado oro para mí
mientras sólo dos viejas comulgaban
y una pareja de hippies observaban la ceremonia
con delectación no exenta de ironía
—una cultura de rituales—
y maldito sea
¿es que no se te había ocurrido refugiarte en la iglesia
en el altar mayor recargado de oro y púrpura
esa tarde que llovía en Cadaqués,
protegiéndote de la tramontana?
De modo que salí
justo a tiempo para escuchar que desde un lugar
salía una música
salía una música
que te juro que no era Barbara cantando À peine
una música y un cantor que venían de lejos
de un país que tú no conocías y era mi país
el país abandonado en diáspora
el país ocupado por el ejército nacional
una música y un cantor que yo había escuchado en mi infancia
que no fue una dorada infancia en Cadaqués con paseos en barca
—Marcel Proust—
y pesca submarina
y Barbara ya no perseguía a la niña de túnica larga
y tuve frío por primera vez en Cadaqués
y cuando alguien me habló en francés
le contesté hijo de puta
y cuando vi a dos hippies abrazados les grité hijos de puta
y cuando una holandesa me preguntó algo mostrándome un mapa en su delicada mano
le dije hija de puta
y ya no estabas en Cadaqués,
lo juro,
todas las túnicas eran túnicas sucias
y nadie usaba sandalias
y me son indiferentes todas las mujeres
todas las tierras
todos los mares,
Mediterráneo, poca cosa,
Cadaqués, piedra sobre piedra,
tú,
nada más que una niña muy viciosa.

 

 

 

 

EN sus ojos acuosos
hubiera navegado toda la vida
si no fuera
que no tienen orillas.

 

 

 

 

AQUELLOS que alguna vez la amaron
se reúnen cada noche en un aljibe,
conversan, juegan a los dados,
la recuerdan,
escupen improperios por el aire
y están dispuestos a formar un comité
para ayudar a las próximas víctimas.

 

 

 

 

SIEMPRE hay algún tonto dispuesto a amarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo soy ese tonto.

 

 

 

 

DESDE alguna parte
me mira
esa mujer que fuiste
alguna vez lejana
y me pide cosas
me pide memoriales
versos
y perdón por el futuro.

 

 

 

 

PAISAJE CLÁSICO

Cuando las amadas pueblan con palabras cotidianas
el retablo donde solíamos dormir
bueno es ser el escriba de las amadas
y seguir las huellas de sus pies desnudos
humildemente recoger esa gota de miel
que destilan sus labios xxxo la toalla.

 

 

 

 

AQUELLOS paisajes aterciopelados
la alfombra púrpura
los ceniceros de conchas del Caribe
la negra balanceándose a la puerta
sus caderas de lubricidad
el olor de la madera en lupanares rojos
Todo nos hacía suponer que nos encontrábamos en Las Mil y Una Noches
menos los soldados revisando la ciudad.

 

 

 

 

PODRÍA escribir los versos más tristes esta noche,
si los versos solucionaran la cosa.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

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