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‘PUNTOS DE FUGA’, DE LORENZO OLIVÁN

 

MANOS

Miras la palma abierta de tus manos.
¿Qué te dicen? ¿Realmente son tuyas?
¿No te interrogan al interrogarlas?
¿No te miran, extrañas, si las miras?
Mueves, mueven, un poco, tus, sus dedos
haciéndote no sabes qué señales,
como si pretendieran desvelar
sobre ti mismo algún oscuro enigma.
Hay en sus huellas más signos escritos
que en los libros del mundo. Te dan vértigo
sus trazos superpuestos, ese afán
por dar perfil a cosas imprecisas.
Qué tormentas calladas, qué relámpagos
quietos, qué seca lluvia, qué raíces
sin flor, qué blancas piedras, qué mirar
sin hondos ojos, qué simas sin simas.
¿Dónde te llevan? ¿Hacia qué lejano
tiempo de qué principio va tu mente?
¿A quién heriste, asesinaste, amaste
en qué otra piel? ¿De quién sois, manos mías?

 

 

 

 

EL GUARDIÁN DE SÍ MISMO

Escondido en alguno de los ángulos
del pensamiento, oculto en su espesura,
monto guardia en la noche.
Quiero juzgar con nitidez la raya
indefinida que separa siempre
la vigilia del sueño.
Quiero saber qué puerta
mi mente ha de cruzar,
qué sombra irá cayendo o ascendiendo
de lo alto a lo hondo,
de qué porción de mí tendré que desprenderme
y qué porción sabrá
atravesar el leve umbral conmigo.

Hoy el sueño no va a poder venir con guante blanco,
no va a desvalijar mi casa impunemente,
voy a aprender sus artes,
voy a verlo adentrarse silencioso
por la puerta de atrás de la conciencia.

Así que monto guardia
y vigilo, con ojos bien cerrados,
mi interna oscuridad
bajo la noche oscura.

Nada se mueve, sólo el pensamiento,
cansado de las órbitas que lleva
trazadas en el día. ¿De qué parte
de lo negro infinito vendrá el sueño?
¿Dónde, dónde la raya?

El sol de la mañana da en tu rostro.
Náufrago de ti mismo,
levántate ya, Ulises.
¿Qué recuerdas del viaje?
Irónica, la luz, arroja sobre ti
una sonora y muda carcajada.

 

 

 

 

CORRESPONDENCIAS

El viento sabe
que a base de soplar
y soplar fuerte fuera de la casa,
al final siempre acaba
soplando dentro de nosotros mismos.

 

 

 

 

DUELO

Mi corazón es sólo
un puño que no puede nunca abrirse
por mucho que él se esfuerza.

Atrapado en la red
de mis venas igual que un leve pájaro,
él golpea y golpea en mitad de mi sangre
intentando escapar a su destino
de batirse conmigo hasta la muerte.

 

 

 

 

LA HUELLA

Manchado en tinta, el índice
escribió en un impreso reducido
la detallada historia de quién eres.

Tu historia es, a esa luz, muy semejante
a la de las montañas vueltas mapas,
a la del hondo tronco con anillos,
a la del mineral que aguarda, oculto,
y la cifró en tu piel un tiempo ignoto
muy superior al tiempo en el que vives.

Ahí la tienes, borrosa y transparente,
sencilla y, a la vez, indescifrable.

Un dios burlón en ti lee entre líneas.

 

 

 

 

VÉRTIGO

Duermes al borde siempre
del mismo precipicio.

De pronto a veces saltas hacia atrás.

Y aunque por el momento te libras de caer,
no te libras del vértigo.

 

 

 

 

TESEO EN EL LABERINTO

Dentro del aparente
sinsentido de calles
que enmarañan mis pasos indecisos,
permanezco ligado
todavía a la externa realidad
por un fino, invisible, leve hilo.

¿O he de decir, mejor,
que la oscura, huidiza irrealidad
me conduce a su antojo en su guarida,
y envuelve mi destino
con su tela de araña más sutil?

Ariadna, no me obligues
a matar el misterio. Si lo hago
y regreso a tu lado, victorioso,
¿qué quedará de ti?
¿qué quedará de mí?

 

 

 

 

CENTRO

Tocar tu mano y no sentir el hueso
frío que desde dentro ahora la mueve,
sólo la piel caliente, el roce leve
de una carne hecha espíritu, sin peso;
morder luego tus labios, y en el beso
quitarle al cráneo que hay detrás relieve,
y a la nuca dureza, y que la breve
vida parezca eterna en el proceso.
Cerrarte en un paréntesis de brazos
donde no cabe el mundo, ver que rota
mi ser alrededor de tus caderas,
romper con lo exterior todos los lazos,
y entrar en una realidad ignota,
que es sólo un centro en donde no hay afueras.

 

 

 

 

IMAGEN DE TUS MANOS

Hay manos que acarician
y casi casi ven.

Ven y acaríciame y haz que yo sea
la imagen que de mí tienen tus manos.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

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