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Archive for 11 julio 2017

ORACIÓN LAICA POR PABLO NERUDA

 

ORACIÓN LAICA POR PABLO NERUDA

xxxEra un tema que obsesionaba a Rilke: ino ila Muer-
te, isino icada muerte, la que corresponde a cada uno.
A iti, iPablo, ite ihan irobado ila ituya, la que te tocaba,
la que probablemente habrías deseado, ila que hubiera
hecho sonar iel imás idigno allegro final al acabarse tu
vida militante. iTu ivoz, iaquella voz que estuvo con los
grandes muertos, —capitán de las sílabas del verso— tu
voz, ila imás iamazónica de toda la poesía, se ha desan-
grado a traición, absurdamente, isin ique pudiera verter
su itorrencial icatarata ien iun irebelde y luminoso grito
de libertad.
xxxPero tal vez no sea cierto. A Machado lo asesinó la
tristeza; a ti ¿por qué no pensarlo? la tristeza te habrá
ayudado también suavemente a morir. i¡Curioso cam-
bio de papeles! Tú, que fuiste embajador de Salvador
Allende en París, ihas ivisto iahora, con pocos días de
diferencia, cómo tu amigo te representaba ien ila iem-
bajada, ¿de dónde, Pablo? ¿Ahora dónde están, Stalin-
grado?
xxxVenid a ver la sangre por las calles, ¿lo recuerdas?
Lo dijiste en ocasión parecida. iChacales ique iel icha-
cal rechazaría. Y la sangre de niño corría simplemente
como sangre de niño. iEsa isangre que gustosamente
hubieras enjugado hace unos idías ial precio de que se
derramara la tuya, para que el verso más impuro reso-
nara con todo el prestigio del testimonio. iPero ino te
suicidaron. iHoy, isobre la tierra pongo mi rostro y te
escucho: te escucho, sangre, música, panal agonizan-
te… Panal agonizante. iMiguel. iTambién iMiguel, que
ahora iya iconoce idefinitivamente cuánto no pudiste
hacer, fue un gran estafado por su muerte.
xxx¿Cuál iha isido itu iúltimo ipensamiento, Pablo? iTu
último iodio ilo iconozco. iY itambién itu iúltimo iamor.
Pero itu iúltimo pensamiento, tu último consejo ante el
eterno ¿qué hacer? Puedo escribir los versos más tristes
esta noche. Escribir, por ejemplo…
xxxAmo ia iColombia ibella iy ienlutada. Y Ecuador, co-
ronado por el fuego. iViva iel ipequeño Paraguay herido
y por desnudos héroes resurrecto. iTú, iVenezuela, can-
tas ien iel imapa con todo el cielo azul en movimiento…
¡Qué itristeza, iPablo! iTodo iestá icomo lo encontraste,
hace ya tantos años. iLa iFruit iOil. iLa iAnaconda. iLa
Kennecot. iArauco ireplegó isu ataque verde. ¡Qué tris-
teza! Y cuánta traición.
xxxA ipartir ide iahora ino iestarás con nosotros. Si no
la forma, ique ite iha ihecho itampa, has escogido qui-
iun ibuen imomento: icuando ha pasado ya el fugaz
momento ide iChile. iEs natural que te interesara poco
la vida en esta hora de desesperanza. iQue ihe imuerto
amándote y que me has amado. Y isi ino he combatido
en itu icintura… iPero inos ihaces ifalta, iPablo iNeruda.
De todas maneras, quizá más que nunca, nos haces fal-
ta. ¿Tú puedes calcular, ni hacerte siquiera una remota
idea ide icuántas ipersonas ihabrán tomado conciencia
del mundo en que vive y ila iinjusticia ique lo aplasta a
través de tus versos, leyendo itus ilibros, escuchando a
escondidas tus mejores panfletos, iese igénero literario
que nunca te pareció inferior porque es eficaz, iy la efi-
cacia, para ti, era más importante que la poesía?
xxxPor eso, por eso la pusiste a trabajar como una
lavandera. Porque muy bien sabías que así, elevándola
hasta la altura insigne de ilas icosas icomunes, podrías
(otros podrán) llegar a ver un día ia itoda ila población
del mundo unida, reunida en iel iacto más simple de la
tierra: mordiendo una manzana.

 

 

 

Álvarez, Carlos. Seguiremos sembrando (Antología 1964-2010). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

SEGUIREMOS SEMBRANDO

 

El año pasado publicaba Bartleby editores una antología de poemas de Carlos Álvarez (de quien ya he publicado algunos poemas en el blog: de su ‘Tiempo de siega y otras yerbas‘, y de su ‘Aullido de licántropo‘ -publicado también por Bartleby editores-).

A Carlos Álvarez lo catalogaría José María Balcells como el “paradigma del poeta prisionero desde 1960” (se puede leer en el prólogo), y hasta el final de sus días de cárcel, varios libros jalonan su itinerario poético y la evolución de su propio modo de hacer poesía.
Es Carlos Álvarez un poeta que hizo de la fraternidad un objetivo esencial, y en esa misión se afanó siempre. Pero hay que notar un cambio en el modo de expresar poéticamente su experiencia. Un cambio a partir del libro Aullido de licántropo, que inicia un enfoque más depurado del lenguaje, y que acude con más frecuencia que anteriormente a referentes de la cultura histórica y mitológica, y a expresiones en prosa que sabe adaptar al objetivo poético.
En sus últimos libros fue haciendo aflorar más su experiencia interior y un lenguaje más sereno, más reflexivo, incluso más narrativo (se sigue leyendo en el prólogo), aunque no dejara de mostrar su preocupación por la realidad global del ser humano en su convivencia del pasado, del presente y del futuro.
Y en 1993 llegaría al último de sus libros: Memoria del malentendido, un título que su autor fija como punto final de su obra, treinta años después de su primera publicación.

 

 

Aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

EN EL INTERIOR DE LA BOTELLA

Mira este mapa, amor. Gira la esfera
con tus manos tranquilas donde duermen los besos
penúltimos. Contempla
lo que cuelga en los muros invisibles
de mi cuarto sombrío. No desnudes
tu carne a la caricia sin mirar
más allá de mis ojos donde un sueño naufraga.

No descanses
a mi lado sin antes compartir
un poco de este mar en que me ahogo,
se inunda, zozobramos,
desaparecen sin tocar un mísero
madero tantas vidas. Mira al fondo
la carta marinera, el manuscrito
que encierra el interior de la botella
con su grito de espanto. No me rindas
tu belleza dormida. No te entregues
a mí sin que en tus ojos el reposo
se nuble.

No te entregues, amor, si no es al llanto.
No llores, amor mío, coge un arma.

 

 

 

 

ESTE QUE AQUÍ NO VEIS tras una puerta
de metal convincente y de cerrojo
no menos expresivo y disuasorio,
y que visto a través de los barrotes
de una ventana vuelta hacia sí misma
podría confundirse con la imagen
patética de un preso
que contempla la noche, es, en efecto,
—cual suponéis— un preso… (lamentable
conjunción de factores que permiten
que coincidan el ser y la apariencia
con tanta gravedad a costa mía).

Pero miradme, (o  vedlo, si en un tono
que algún distanciamiento haga posible
preferís la palabra); ya se aparta
de su nocturno observatorio; pone
la luz sobre el papel como si a herirlo
se dispusiera, pues algo en su mano
—y algo muy agresivo— en ella brilla;
finge el gesto que indaga en el recuerdo;
se sacude su entorno; rompe el círculo
del tiempo y el espacio; lentamente
comienza a caminar, y, paso a paso,
se va por esos mundos noche a noche.

 

 

 

 

DE SUR A NORTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Gabriel Celaya

¿Y si ahora, Gabriel, yo te contesto?
Yo, poeta del Sur y decadente
según generalizas. ¿Seriamente
podrías mantener tu antiguo gesto

de nórdico desprecio? Porque en esto
—quizá hermoso y, sin duda, consecuente
donde me encuentro inmerso, no es la riente
pandereta local lo que he dispuesto.

Mis años de prisión son mis jardines.
Y esta huelga de hambre, viejo amigo,
no es un juego, lo juro, tan bucólico.

Mejor la fiesta en paz. No desafines,
que tu verso es más noble. Te lo digo
yo, poeta del Sur y melancólico.

 

 

 

 

MOMENTO DE LUCIDEZ

Me dan miedo las cosas que me acechan.
¿Lo ves? Ya estoy mirando a mis espaldas.
Quise decir: las cosas que aquí tengo.
Y, sin notarlo, un verbo inamistoso
se ha colado a traición para asustarme.
Temor siento a romper con tacto hiriente
—si no sangrar yo mismo a su conjuro—
la caricia que busco. Escurridiza
me parece la sombra de mi estancia,
de mi mundo interior y el que me oprime.
Me da miedo pensarte desde lejos,
desde mi corazón enrarecido.
Preferible
soñar con otra cosa: grandes plazas
abiertas
para la alegre compra mañanera
como si fuera un día de mercado
y en Guernica… No sé lo que me pasa,
porque si evoco el mar sólo un naufragio
me alcanza, y de ese cielo
nada mejor me alumbra: el gesto duro
de una madre escarbando en los escombros,
o una gran soledad que nadie rompe.

Me aterra comprobar que estoy despierto.

 

 

 

Álvarez, Carlos. Seguiremos sembrando (Antología 1964-2010). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

‘LA CAMARERA DEL CINE DORÉ Y OTROS POEMAS’, DE CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE

 

EL AMOR ES UN GÉNERO LITERARIO

He pensado escribirte como si no existiera
aún el feminismo. Como si nuestro tiempo
no fuera el fin de siglo, ni nadie conociese
la igualdad de los sexos, ni causara extrañeza
oír que te dijera que el amor que yo siento
por ti jamás podrías sentirlo tú por nadie.
Tal vez el amor sea sólo literatura
que cambia con el tiempo. Supongo que nosotros
no amamos como Shakespeare, ni Shakespeare como Dante,
ni Dante como Safo, ni Safo como nadie.

 

 

 

 

EL FANTASMA DE UN ÁTOMO DE URANIO
XXEVOCA SU RUPTURA SENTIMENTAL

Tú te alejaste de mí…
y yo arrasé Nagasaky.

 

 

 

 

REFLEXIONES (O CASI) DE UN SKIN-HEAD

Cuando escucho la palabra cultura
la mano se me va hacia la pistola.
En general ante cualquier palabra
la mano se me va hacia la pistola.
Aunque la mayoría de las veces
no tengo que esperar a las palabras.

 

 

 

 

Martínez Aguirre, Carlos. La camarera del cine Doré y otros poemas. Madrid; Ed. Hiperión, 1997.

 

POR UNA INSURRECCIÓN PACÍFICA

 

De vez en cuando paso de los libros que están de moda por eso mismo, porque están de moda. Una vez pasada la fiebre es más sencillo echarles un vistazo y sacar lo que uno pueda considerar provechoso huyendo de la vorágine mediática y sentimental que se crea alrededor de ciertos libros.
Eso acabo de hacer: leerme ‘¡Indignaos!’, y sacar un par de citas que guardaré en la libreta reservada a anotar citas, nombres e ideas, por si alguna vez llegan a formar parte de un poema o, quién sabe, de un relato.
Hablo del libro en cuestión porque el autor, Stéphane Hessel (del que sabemos gracias al epílogo de los editores que abandonó las Naciones Unidas con el flujo de nuevos funcionarios, muchos de los cuales codiciaban un puesto bien remunerado, «aislando a los marginales en busca de ideal», según palabras del propio Hessel), cierra ‘¡Indignaos!’ con un capítulo titulado ‘Por una insurrección pacífica’ del que me gustaría guardarme aquí dos extractos:

 

“El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia delante del «siempre más», en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. Ya es hora de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibrio duradero prevalezcan. Puesto que los más graves riesgos nos amenazan. Y pueden llevar a su término la aventura humana en un planeta que podría volverse inhabitable para el hombre.

(…) ¿Cómo concluir esta llamada a la indignación? Acordándonos una vez más de que, en ocasión de los 60 años del Consejo Nacional de la Resistencia, decíamos, el 8 de marzo de 2004, nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia Libre (1940-1945), que ciertamente «el nazismo ha sido vencido, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y de las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido totalmente y nuestra cólera respecto a la injusticia sigue intacta».
xxxNo, esta amenaza no ha desparecido del todo. De la misma manera, apelemos todavía a «una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos».
xxxA aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto:
xxx«CREAR ES RESISTIR.
xxxRESISTIR ES CREAR.»

 

 

 

Hessel, Stéphane. ¡Indignaos! (trad. Telmo Moreno Lanaspa). Barcelona; Ed. Destino, 2011.

 

DUDH

 

“Después de la Liberación tuve la suerte de participar en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París, en el palacio de Chaillot. (…) No podría olvidar el papel que desempeñó en su elaboración René Cassin, comisario nacional de Justicia y Educación del gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941, que fue premio Nobel de la Paz en 1968. (…) Es a René Cassin a quien debemos el término de derechos «universales» y no «internacionales», como proponían nuestros amigos anglosajones. Porque ésta era la cuestión al salir de la segunda guerra mundial: emanciparse de las amenazas que el totalitarismo ha impuesto a la humanidad. Para ello, es necesario que los Estados miembros de la ONU se comprometan a respetar estos derechos universales. Es una forma de desbaratar el argumento de plena soberanía que un Estado puede hacer valer mientras comete crímenes contra la humanidad en su territorio. Éste fue el caso de Hitler, que se creyó un dueño y señor autorizado a provocar un genocidio.”

 

 

 

Hessel, Stéphane. ¡Indignaos! (trad. Telmo Moreno Lanaspa). Barcelona; Ed. Destino, 2011.

 

NUESTRO DERECHO Y NUESTRO DEBER

 

Hace ya algo más de seis años, en aquel librito que llevaba por título ‘¡Indignaos!’ y que tantos miles de ejemplares vendió, escribía José Luis Sampedro en el prólogo:

“Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. “Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente“, señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad.”

Y, conforme están las cosas, sigo sin tener nada que añadir.

 

IT’S NOT I’M GRUMPY

 

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DE SECRETOS, APRENDIZAJES Y MUDANZAS

 

SECRETO EL OLOR

Secreto el olor
que deja el placer,
flor de un día.
Oscuro el jardín
que arde en su memoria.

¿En qué costilla lo perdí y encendí la llama?

 

 

 

 

LA MUJER QUE YO QUIERO

La mujer que yo quiero
dice sí a desgranarse la ilusión con un ya de carne,
a pensarte con humedad hasta la gotera,
porque amar es pensar, ya lo decía Caeiro,
pero en silencio. Quiere escuchar los pasos del cariño
sin metafísicas: te habla de piel y sangre.

 

 

 

 

MUDANZA

Ya está todo preparado.
En las cajas de cartón,
entre cachivaches y zaleos,
tan organizados,
hay también un aire apretado.
Son las valijas del tiempo antes de ti,
una sombra de la mujer que no te quiso
pero que me hace y se va también contigo
a aprender la ternura con que ahora
doblo y cierro y precinto.
Hay otra mudanza también,
la más frágil, la menos frágil,
que no cambia de buzón, no sabe de calles,
prendas que se ordenan solas en el desorden

—es como un stopmotion de la memoria más blanda,
como si todas las instantáneas del plan que le fue
creciendo a las noches del abrazo se hermanaran
para animar el camino que trazamos en el mapa de
imaginación—.

Feliz desorden este, sin etiquetas
ni línea alguna que separe
lo tuyo de lo mío.
Todo somos nosotros.
Todo es nuestro,
como lo es el camino del que hablamos
y los pies descalzos que se buscan
en lo oscuro contra el frío.
Lo de antes que llamábamos porvenir
está cayendo sobre nosotros
como lo hace la luz:
para que existan las cosas.
Tiene el color que tenía el deseo,
cuando más parecía el truco de los desdichados
que esta magia que nos late.
Lo que nos era
se desnombra para ser otro
o no ser: vamos a otro principio,
nos mudamos al centro del calor.

 

 

 

 

APRENDIZAJE

I

Aprendo de los pájaros:
al final de cada vuelo hay
un calor por nombrar.
Toda jaula aúlla frío.

Aprendo de los árboles:
contigo hago un jardín,
con vosotros, un bosque.
Sola imagino un páramo
para la reflexión o el olvido.

 

 

II

¿Cuántas playas hay que recorrer para reconocer el mar en el mar?
¿Cuántas llamas hay que encender para aprender el fuego?

En nuestras bocas, mientras nos besamos,
bailan los amantes que tuve con las mujeres a las que amaste.

 

 

 

Mazas, Andrea. Mi columna vertebral. Tenerife; Ediciones de Baile del Sol, 2017.

 

‘EL DESAYUNO’, DE LUIS ALBERTO DE CUENCA

 

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

 

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MI COLUMNA VERTEBRAL

 

LO MONO

Capa a capa
el mundo también en mí,
venados de sangre
ahí, en el fondo,
pintados sobre mi roca,
vanguardia a vanguardia
dibujadas las vísceras
hasta el hiperrealismo,
aquí, en la tela radical de la piel,
bajo la careta perfecta del vestido.
¿De qué color llevo hoy los muertos,
de qué marca es la revolución,
en qué espejo sonríe la historia?
Doy cada mañana
todos los pasos del hombre,
levanto las manos, afilo las garras,
mantengo el equilibrio
difícilmente
desde la cueva hasta la silla giratoria.
Pobre mona.
Una caja de herramientas precintada
no arregla nada.

 

 

 

 

VISTAS A UN POEMA

Vivo en una casa con una ventana que da a otra casa con
una ventana con barrotes.

Cuando la persona que vive en la casa de esa ventana con
barrotes idescorre isus icortinas iy iuna hoja de la ventana
con barrotes, anula mi reflejo y veo, entre los barrotes, un
salón partido e inundado de iluz en el que yo podría bailar
y al fondo un balcón.

Solo icuando ila ipersona ique ino ibaila ien iese isalón deja
abierta la ventana con barrotes iy idescorre las cortinas del
balcón del fondo del salón en el que yo podría bailar puedo
decir que mi casa tiene vistas.

Hay idetrás ide iesta iidea iotra idea con vistas a un poema
muy triste.

 

 

 

 

PERO

hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos
pero yo creo que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara,
y leo del modo en que trato de vivir,
con luz y buenas vistas, sin cortinas,
y así también trato de escribir,
como, intuyo, lo hacen mis maestros,
los aventajados peones de la palabra,
que derriban la cuarta pared de la poesía
y dejan abiertas todas las puertas de su casa,
y yo entro en ella para sentirme como en la mía,
y me sirvo de ellos y repito, si es preciso,
sin miramientos,
y allí dentro, mientras suena la música,
paseo por sus líneas tomando nota
de telas, soportes, flores, grifería
y también de los desperfectos
y de las grietas y de la pintura levantada
allí donde ellos pierden el paso y se agota el ritmo,
y dentro, más dentro todavía,
casi al final del pasillo, veo
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs,
que me dan ganas de robar y echar a correr
porque me siento pobre y no como en mi casa
pero hay demasiados testigos y da igual
porque enseguida me doy cuenta de que
sus joyas, sus valiosos cuadros, sus souvenirs
no quedarían bien en mis paredes porque desentonarían
con mis desperfectos, mis grietas, mi pintura levantada,
y entonces sé que llega la hora de irse a la francesa
pero me cuesta alcanzar la salida porque me entretengo
abriendo otras puertas del pasillo como esta,
que yo no quería abrir ahora porque yo solo venía a decir
que la palabra debería ser siempre
una llave, y no un telón o una máscara, pero
hay quien monta una barraca sobre una fosa de adjetivos

 

 

 

 

EL NOMBRE DE LAS COSAS

estamos
tan cosidos al nombre de las cosas
que a veces solo sabemos eso
—el nombre de las cosas—
y aprieta la costura,
tirante el hilo,
y nos ahogamos
de nombres
y solo de nombres
sin cosa ni casa,
de nada

reivindico
el descosido
el agujero ignorado
el roto impecable

 

 

 

 

¿QUIÉN DICE?

Tengo una maraña de voces.
Si no soy sola, ¿quién me dice,
quién habla cuando hablo?
¿Dónde empieza mi garganta?

 

 

HILOS

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
ahí están todas mis verdades:
hilvanadas, no cosidas,
al tiempo que ando cortando,
el traje que visto

 

 

PUNTADA

Soy solo una de las muchas puntadas
del grueso manto que teje el tiempo.

 

 

 

Mazas, Andrea. Mi columna vertebral. Tenerife; Ediciones de Baile del Sol, 2017.

 

KEMI

 

KEMI

xxxxxI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGolfo de Botnia

El agua congelada.
El cielo blanco.
Sé que enfrente está Suecia,
pero no la distingo;
hay mucha niebla.
Me encuentro dentro de una enorme caja.
Ninguna coordenada
fija mi posición.
Tanta blancura ciega.
Me ensordece el silencio.
Hablo y mi voz se adentra
en el inmenso espacio de la nada.
Soy el único objeto.
Mi ropa y piel limitan
con lo desconocido.

 

 

xxxxxII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHotel Palomestari

Bajé a la calle para dirigirme al coche.
Lo tenía aparcado detrás del hotel,
sobre un montón de nieve.
El frío era intenso.
Leves copos bailaban una coreografía de silencio
hasta posarse en mi cazadora térmica.
La ciudad estaba vacía.
Junto a las farolas, en medio de la acera,
montañas de nieve despejaban el camino a los transeúntes
que por el día andaban,
amaban y llevaban sus vidas a cuestas.
Caminaba despacio por un suelo helado, resbaladizo.
Apenas veía.
Los escaparates estaban apagados.
Los letreros de neón parecían payasos inertes,
sin gracia, provistos de trajes negros.
De pronto escuché una música en medio de la nada.
Me paré.
Las notas, leves, procedían de una tienda de zapatos.
Y allí estaba yo,
en la frontera entre Finlandia y Suecia,
escuchando country bajo la nevada.
La extrañeza me apretó el corazón.
¿Qué hacía yo tan lejos?
¿Qué razón justificaba mi presencia a ese lado del mundo?
Si desaparecía, nadie se daría cuenta,
no habría testigos.
La música seguiría sonando,
tan inútil, como entonces.
Llegué al vehículo.
Despejé a patadas la nieve que lo estaba sepultando.
Retiré con los guantes el enchufe
que lo mantenía unido a la corriente
para evitar que el motor se congelara.
Cuando emprendí el regreso me paré en la esquina de la calle.
Sabía por qué me encontraba allí.
La música dejó de constituir un peligro,
una banda sonora que anunciase mi ausencia.
Tú me estabas esperando,
con el cabello húmedo,
en la sauna templada de nuestra habitación.

 

 

 

G. García, Ariadna. La Guerra de Invierno. Madrid; Ed. Hiperión, 2013.

 

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