Inicio > Relato > TEORÍA Y MAMBO DEL AMOR BRUTAL

TEORÍA Y MAMBO DEL AMOR BRUTAL

 

TEORÍA Y MAMBO DEL AMOR BRUTAL

Otro rodeo en nuestro viaje camino de ninguna parte.
Barry Gifford

xxNo entra la luz. Hay cortinas, pero no entra la luz. Cerca de las cortinas está el hombre. De pie. Detrás de las cortinas no hay ventanas, sino una pared de ladrillos sin enlucir. Solamente hay una tenue iluminación artificial que, más que alumbrar, produce sombra. Dicha iluminación consiste en una lámpara de pie que está casi siempre encendida. Solamente unas pocas veces no hay luz eléctrica en la habitación. Este hecho termina por ser agotador para el hombre que, por mucho que quiera imaginar, no sabe por qué sucede, por qué se apaga caprichosamente esa lámpara. Sobre todo se siente así porque, cuando no hay luz, no pasa nada y las cosas no cambian, no son peores. Solo esa oscuridad. No más.

xxLa primera vez que no hubo luz pensó que iba a suceder algo extraño. Sí, entonces imaginó cosas terribles. Entre otras, su muerte. Sintió ganas de cagar pero, al final, no se lo hizo encima aunque pensó sinceramente que no conseguiría aguantarse. En cambio, sí que se meó en los pantalones. Esa fue su reacción al miedo. Para entonces ya había perdido la noción del tiempo que llevaba encerrado en la habitación desde que en algún momento, un día no sabe cuándo ya, se despertó por primera vez aquí. Entonces no tuvo la idea de hacer muescas en la pared con el fin de contar los días que iban pasando. Cuando pensó hacerlo ya estaba totalmente confundido en relación con el paso del tiempo. No obstante, habría sido inútil porque no sabía, a ciencia cierta, cuándo terminaba un día o empezaba otro.

xxDentro de la habitación el hombre no tiene nombre. No le hace falta porque no hay nadie. Cuando le hablan por los altavoces que están situados en las cuatro esquinas de la habitación, lo hacen de usted. Cuando no le hablan y simplemente suenan canciones, los altavoces se convierten en hilo musical. Cuando le hablan, le preguntan cómo está. Él responde o no. A veces la voz, que es siempre la misma, recita poemas incomprensibles. Nada blanca, red subacuática, la pared es un decorado, la ventana, horizonte blanco igual que la nada, bucear actrices, bucear, isla para mujeres o teoría del amor brutal: un hombre se enamora despacio, un hombre se pierde despacio, muere despacio, un, dos tres, mambo, cuatro, cinco seis, cómo puedo verte del revés.
xxEl hombre piensa que la rima final es ridícula.
xxTambién cree que esa voz no desea nada. Solo recita versos incomprensibles, estúpidos. Un, dos, tres. Cuatro, cinco, seis.
xxEl hombre piensa que no quieren nada de él.
xxEllos.
xxSolo que esté aquí, en esta habitación con cortinas detrás de las cuales no hay ventana, sino ladrillos. Le da por pensar que es una broma de mal gusto y se siente como un pollo con la luz encendida que únicamente se dedica a comer, digerir y defecar alimentos. Un día se lo comerán.
xxSí.
xxCome tres veces al día porque le ponen comida tres veces al día. Galletas, sopa de verduras, arroz blanco. En ese orden. A veces, carne, poco hecha. Si le pusieran comida cuatro veces al día, comería cuatro veces al día. No hay duda. Incluso defecaría más.

xxCon frecuencia, sin que él lo haga, se enciende la tele (hay una tele en la habitación) y salen imágenes. Un día apareció un payaso que caminaba por una carretera tenuemente iluminada por farolas. Eso fue el primer día. Luego salió un travesti gordo con voz de niña. El hombre pensó que la película estaba doblada. Sobre todo la voz del travesti gordo. El travesti gordo se daba una paja cuando pasaba el payaso. El payaso se detuvo y miró al travesti. Escuchó sus gemidos de niña y un sonido de explosión. Después la oscuridad nocturna se iluminó y la luz de las farolas fue intermitente. A continuación hubo algo como un amanecer naranja. La cara del payaso, la cara del travesti con voz de niña, el asfalto, el cielo. El payaso tuvo convulsiones. El hombre que observaba el televisor se escondió dentro de un armario y observó las múltiples fotografías de su rostro que hay pegadas con cola en su interior. Luego cerró los ojos y siguió escuchando los gemidos de niña del travesti gordo. Entonces se apagó la tele y, después, se encendió la luz y el hilo musical reprodujo una canción mambo, sin letra, instrumental. Nara-naní-nara-naná. Nara-naní-nara-nanó.

xxLa habitación en la que se encuentra el hombre es de cuatro metros por cuatro. Sería más que suficiente para un pollo que fuera alimentado tres veces al día. Tal vez no sea el caso. En esos cuatro metros por cuatro hay también una ducha y un retrete. La ducha está junto al retrete. Cuando el hombre al que no le hace falta tener nombre se ducha, moja con agua el retrete que no tiene tapadera. Moja también la moqueta negra que cubre el suelo. A consecuencia de ello, la habitación tiene un cierto tufo a humedad. Además: el hombre no dispone de papel higiénico y tiene que limpiarse con el agua de la ducha. Igualmente solo puede beber el agua que sale de allí. Hay humedad y la ventilación de la habitación se soluciona con un extractor de aire que funciona día sí y día no. De este modo el hombre ha segmentado el tiempo. En días con extracción y días sin extracción. No obstante, no está seguro de que el extractor funcione en ciclos de veinticuatro horas.

xxCada cierto tiempo el hombre recibe un paquete de cigarrillos. Fuma cuando el extractor está en funcionamiento y procura que el paquete de cigarrillos le dure un ciclo que incluya extracción y no extracción. Fumar le saca del tedio. El tedio es un sentimiento habitual dentro de la habitación y solamente desaparece cuando fuma o se enciende la televisión. A veces se conecta la tele y aparece una mujer que le habla. La mujer también puede escucharle. La mujer le dice cosas, le pregunta cómo está, qué desea hacer, qué quiere ver. Él responde.

xxLa primera vez que la mujer apareció estaba desnuda. El hombre se acercó a la tele como un rinoceronte hambriento y olisqueó la pantalla. Cuando sucedió aquello, el hombre ya había perdido la cuenta de días sin extracción y días con extracción de aire. Había olvidado el número de paquetes de cigarrillos también. Ya era inútil hacer muescas en la pared contando días, semanas. Lo sabía desde hacía tiempo. Ese día era un rinoceronte delante de la tele porque la mujer estaba desnuda, tumbada sobre una cama. El dormitorio donde se encontraba la mujer era igual al suyo. Paredes forradas con papel que imita la piel de un leopardo y moqueta negra. También estaba el mismo armario con dibujos de flores y enredaderas que hay en su habitación. El interior del armario que está en la habitación del hombre se encuentra cubierto con fotografías de su rostro que él mira con frecuencia, igual que cuando en la tele hubo explosiones y se cobijó allí dentro. Abundan los primeros planos y los planos detalle, algunas imágenes borrosas que desconoce cuándo fueron tomadas. Casi que se queda tonto al mirarlas. La cama que vio el hombre en la habitación de la mujer que aparecía en la tele era de color rosa. La suya es negra. Como la moqueta.

xxHoy el hombre puede ver que la cama de la mujer cuenta con un surtido de cojines del mismo color. Cojines rosa, sin dibujos. Otra semejanza con respecto a la habitación de la mujer es que en la habitación de ésta hay cortinas. Sin embargo, detrás de las cortinas, hay una ventana. Aquí sí. Hoy se puede ver el cielo, un poco, un retazo de nube que se mueve. El hombre le pide a la mujer que le enseñe la ventana pero ella dice que no. Dice que no puede hacerlo por el momento.
xxNo le dejan.
xxEllos.
xxLa mujer dice que está muy caliente y se toca la entrepierna. El hombre se olvida de la ventana y observa el pelo negro de la mujer, el pelo de su entrepierna. Lo compara con el pelo de su cabeza también negro. La mujer no habla más. El hombre se esconde debajo de la cama y escucha los gemidos de la mujer. Se siente como un rinoceronte ahí abajo pero piensa que es mejor así. Recuerda los gemidos de niña del travesti gordo.
xxDespués se apaga la tele, también la luz artificial de la habitación.
xxEl hombre piensa que va a suceder algo extraño, ahora sí, y tiene miedo. Esta vez, por alguna extraña razón, se caga encima y siente la mierda caliente, ahí, abajo.
xxPasan los minutos y no sucede nada.
xxEntonces tiene que hacer el ritual de la ducha y va hacia ella. Sale de debajo de la cama, se mueve a tientas en la oscuridad de la habitación y se quita los pantalones, abre el grifo y el agua salpica la moqueta negra, el retrete. Huele a humedad. Empieza a sonar a través del hilo musical una canción mambo, sin letra, instrumental. Tatarará-tín. Tatarará-dán. Después se va a la cama, se tumba mojado, se masturba para quitarse los nervios, se duerme.

xxAhora el hombre se despierta y la tele está encendida. Solamente se ve el rostro de la mujer. Sus ojos verdes como tréboles. La mujer le dice que le ha visto dormir. Dice que ha sido muy tierno observarlo. Después de estas palabras, el extractor empieza a funcionar y la mujer enciende un cigarro. El hombre enciende otro. La mujer exhala el humo y la tele se apaga. El hombre se queda solo, se levanta y descorre las cortinas mientras fuma. Observa los ladrillos sin enlucir que están detrás de las cortinas. Los acaricia. Pasan los minutos y se enciende la tele. De nuevo. Hay una iguana grande que se come a otra más pequeña. El hombre se pega a la pantalla y mira como la iguana se traga a la otra. Huele la pantalla. La tele se apaga una vez más y el hombre se duerme hasta que el aparato de televisión vuelve a encenderse. Aparecen imágenes de pollos que comen dentro de un criadero, lo hacen nerviosamente, de forma compulsiva. Aparecen también peleas de gallos. Luego un conejo blanco que corre por un paisaje verde, un prado, balas de heno, cielo azul. Después se observan tréboles de cuatro hojas que el viento mueve. Planos detalle. El hombre se acerca a la tele hasta que le entra sueño.

xxCon frecuencia, el hombre escucha ruidos por el pasillo. Se acercan, pasan por delante, se alejan finalmente. En la puerta de la habitación hay una mirilla. A veces, pasan personas vestidas de blanco con mascarilla como de pintor o cirujano.
xxEllos.
xxUn día le pareció ver al travesti gordo. Pasó fugazmente y el hombre pudo escuchar sus gemidos de niña que se alejaban.
xxLos cuerpos que ve a través de la mirilla, por lo general, nunca se detienen. Es poco habitual que se paren y se dejen observar aunque, ocasionalmente, sucede y lo hacen: se quedan quietos y parece que le escrutan, a la vez que se dejan mirar, a través de la puerta cerrada. El hombre supone que estas personas con mascarilla son las personas que le proporcionan la comida y los cigarrillos a través de una pequeña gatera con cerrojo que está en la parte de debajo de la puerta. Siempre que le dejan comida está durmiendo. Cuando se desierta, ve la comida y se lanza sobre ella. Si la comida le da sed o se atraganta, corre a la ducha, abre el grifo y bebe. En ese momento, a veces, puede escuchar la voz que recita poemas: Teoría del amor brutal: un hombre se enamora despacio, un hombre se pierde despacio, muere despacio, un, dos tres, mambo, cuatro, cinco seis, cómo puedo verte del revés.
xxLa rima estúpida otra vez.

xxMuchas veces el hombre pasa horas observando a través de la mirilla. Frente a su puerta hay otra puerta también con mirilla. A veces la de enfrente está iluminada. Otras veces no lo está. Eso quiere decir que, cuando no está iluminada, hay otra persona al otro lado de la puerta, detrás de la mirilla, otra persona que observa lo que sucede en el pasillo. Igual que él. A veces el hombre piensa que la cama rosa está al otro lado de la puerta. La imaginación, cuando el tedio lo permite, es lo único que le queda al hombre que de pie, sobre la moqueta negra, intenta atisbar imágenes fugaces a través de la mirilla.

xxHoy se enciende la tele. Otra vez. Y ahí está la mujer. La mujer que dice hola y el hombre que responde hola. El hombre que, por el momento, solo ve la cara de la mujer. Como cuando estaba fumando. El hombre se detiene en sus ojos verdes como tréboles. Le fascinan. Después la mujer se aparta y el hombre comprueba que se ha teñido el pelo de rubio. La mujer se aleja un poco más. Lleva un vestido negro y empieza a desnudarse. Se baja los tirantes del vestido y se ven sus pechos. Color leche. La mujer pone música y baila. Es un mambo. Dubadubadín-dubadubadá. Otro diferente al de días anteriores. El hombre se acerca a la pantalla de la tele. Como un rinoceronte. Igual. Toca la pantalla y se le eriza el pelo. El vestido de la mujer va cayendo poco a poco mientras baila. Dubadubadín-dubadubadá. Después la mujer se tumba en el suelo y se termina de quitar el vestido y aparece un conejo de colo blanco sobre la moqueta negra. El hombre recuerda el paisaje verde. Un prado, balas de heno, cielo azul y tréboles de cuatro hojas que vio en la televisión. Entonces el conejito se mueve de un lado a otro. La mujer se tumba y se baja las bragas que se quedan en sus tobillos. Tobillos color leche, pies color leche, uñas rojas en los pies. Las bragas son blancas con tréboles de cuatro hojas de color verde. Plano detalle. La mujer le dice al hombre que tiene un regalo para él y le enseña su sexo afeitado. También le dice que le va a enseñar la ventana. La mujer pone al conejito en la ventana, en la repisa. El hombre puede ver el cielo azul, nubes que se mueven por el viento, las ramas de un árbol que se agitan. La mujer está junto a la ventana, junto al conejo. El hombre observa con detenimiento el culo de la mujer y deja de mirar hacia el cielo.
xxEl culo, solo el culo.
xxSolo ve eso.
xxEntonces la puerta de la habitación del hombre se abre y el cuarto se ilumina con una luz que procede del pasillo que tantas veces observa a través de la mirilla. El hombre reparte su atención entre la puerta abierta y la televisión que es una ventana donde se ve el cielo, donde se ve a la mujer, el culo de esa mujer que ahora es una rubia artificial, el conejo que mueve la nariz olisqueándolo todo… La mujer dice que los conejos son animales que siempre van hacia la luz. Incluso cuando por la noche cruzan una carretera y se tropiezan con los faros de un coche que se dirige a toda velocidad hacia ellos. Incluso entonces, dice la mujer, van hacia la luz. Siempre hacia la luz, vuelve a decir. Lo único que este conejo quiere es pasar al otro lado, cruzar la ventana, dice. Se cree que todo es mejor al otro lado, añade la mujer. Entonces parece que el conejo franquea la ventana y se dirige hacia el paisaje de cielo azul, nubes y ramas de árbol.
xxSe cree que allí hay luz, dice ella.
xxMientras escucha sus palabras, la puerta sigue abierta y el hombre decide dejar la habitación y salir al pasillo que está iluminado como si fuera una nada blanca, láctea. La pared es un decorado, la ventana, horizonte blanco igual que la nada, bucear actrices, bucear… Pared, horizonte, bucear actrices… El hombre escucha las palabras que brotan desde los altavoces de la habitación. Al mismo tiempo comprueba como la luz de afuera casi borra las formas del pasillo, las puertas. El hombre camina por el corredor. Al principio es una línea recta y después se convierte en una innumerable sucesión de giros a derecha e izquierda con diferentes bifurcaciones.
xxFinalmente, encuentra una puerta entreabierta y la empuja. El hombre penetra en otra habitación donde siente olor a miel y excrementos. Aquí también hay un conejo que se pega a la pared como asustado y una cama rosa con cojines del mismo color que los que veía en la tele. Sin embargo, no encuentra a la mujer y descorre las cortinas que dan a la ventana. A través de esta, dentro de una superficie que recuerda una pantalla de proyección, observa un cielo inmóvil y azul, nubes paralizadas, ramas de árboles quietas como si alguien hubiera pulsado la tecla de pausa en un reproductor de vídeo. No obstante, el hombre abre la ventana y sale por ella y toca el cielo azul, ese cielo pasivo e inerte como una fotografía muerta. Ahora acaricia las nubes y el panel de madera donde se proyecta cede y se abre ante él. Después se cierra tras sus pasos y el hombre se queda a oscuras y camina a tientas por una especie de corredor que parece que no termina. Llega al final del pasillo y empuja otro panel o una puerta que le impide pasar y que no se abre. Entonces echa todo su peso sobre ella y accede a otro espacio, más pequeño. Una luz tenue que se filtra por algún hueco le permite reconocer las fotografías de su rostro, primeros planos, planos detalle e imágenes borrosas dentro de lo que parece el guardarropa de su habitación. Ahora abre la puerta de doble hoja del armario, mira fijamente sus fotos y entra en el cuarto donde la tele sigue encendida. El aparato emite una imagen que palpita y es blanca. Después de un rato, esa imagen se diluye y deja ver, paulatinamente, el cuerpo blanco del conejo que vio en la otra habitación y que ahora, junto a las braguitas con tréboles de cuatro hojas en plano detalle, tiene manchas de sangre en su boca abierta, una boca petrificada, dura e inmóvil como solamente la tiene un conejo sin vida.

 

 

 

García-Villalba, Alfonso. Esquizorrealismo. Málaga; Ed. e.d.a. libros, 2014.

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

LOS QUE VIVEN CONMIGO

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

Como no iba diciendo

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más

A %d blogueros les gusta esto: