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‘ASFALTO. UN ROAD POEM’ DE LUIS CHAVES

 

FOTO

xxxxxEn la vieja billetera moldeada por la nalga, la
fotografía de épocas mejores. Los dos en un parque
de otro país.La foto en la que para siempre ella mi-
rará, no a él, que la abraza, sino al desconocido que
la tomó.

 

 

 

 

ELLA, A LA LUZ DE UNA LINTERNA,
XXXXESCRIBE EN SU DIARIO

julio 12, 11 p.m.

Hoy no encontramos dónde dormir, estamos en el
carro. Hace unas horas llegamos a Peñas Blancas y
preferimos no arriesgarnos a cruzar la frontera; de
hecho, decidimos que de llegar a la frontera sur
tampoco la cruzaríamos, sería arriesgado tontamente.
Se podría decir que dar vueltas es el destino de esta
relación. iUn iperro ique ise imuerde ila icola iy ise ila
arranca.

En la carretera, muertos, conté tres perros, un gato, y
algo que parecía una rata gigante, asquerosa. Dice
que se llaman zorros. Un zorro, estúpida. Así dijo.

julio 13, 5:25 a.m.

Ya amaneció pero sigue dormido. Parece que está
incómodo, pero no resucita. No creo que lo extrañe
mucho, tal vez esa manera suya de dormir con los ojos
entreabiertos, como si estuviera muerto. O despierto.

 

 

 

 

TRES TRIPPING TIGRES

xxxxxWild Thing, The Kinks; Trance Europe Express,
Sr. Coconut remix; del rock clásico a la música
electrónica sin ningún tipo de amortiguamiento, en
seco. La camiseta con la leyenda Fuck Trance, ahora
enfundada en el respaldar del asiento, por el calor.

xxxxxDos pueblos atrás subieron a un caminante
que pedía ride. Ya arrellanado en el asiento trasero,
tiró su carta de presentación: me llamo Dani, soy
dillei y voy para Montezuma, ¿ustedes?

—Lo que faltaba, un tecnodenso.

xxxxxDespués de una risa nerviosa imposible de
disimular, el nuevo pasajero intenta dar pie a lo que
considera xuna xconversación xcivilizada xy xella
interviene para salvar al nuevo pasajero del mal
humor del piloto. Le habla de una amiga suya que
ahora xtambién xes xdj. xLe xbaraja xdatos, xseñas
particulares sin importancia: Mariana, bajita, rubia,
delgada, con anteojos, ahora alrededor de los, me
parece, 31. Pero no le cuenta lo otro que recuerda, lo
otro que cruza su mente mientras le habla al pincha
discos: el apartamento que compartieron por espa-
cio ide isiete imeses ien iTres iRíos, los secretos, los
novios y ropa interior comprada a medias, sus lentes
con marco de carey, la falta de voluntad para dejar
de icomerse ilas iuñas, iel idiario isuyo ique ileía ia
escondidas, en la ducha el jabón rosado con incrus-
taciones de vellos púbicos, el incendio parcial de la
casa que devastó sus libros, ropero y colchón, la
noche en la cama que se salvó del siniestro, la
conversación alargada por una mezcla de miedo y
deseo, la piel erizada y el cabello sobre la cara
como una caricia de agua, las piernas buscándose
como ienredaderas irápidas, iel iroce ide ivellos,
pezones, el beso que cruzaba de la dulzura a la
violencia con la misma facilidad con que luego todo
terminó, la despedida unas semanas después con un
abrazo, iun ibeso iy iunos iojos ique irecrearon ilo
sucedido iaquella inoche, idespedida ique ilas ihizo
llevarse ila imano ia ila ientrepierna, icomo ilo ihacía
ahora, disimuladamente, mientras continuaba dispa-
rando datos prescindibles al dj visiblemente halaga-
do por la atención que le prestaba aquella mujer
hermosa ivuelta ihacia iatrás, iluchando icontra iel
cabello con que el viento insistía en cubrirle la cara,
como una caricia de agua.

xxxxxEl piloto, en apariencia iconcentrado ien ila
música y en la carretera minada por sorpresivos, y
potencialmente fatales, huecos recuerda también a
Mariana, la rubia, bajita, delgada, que nunca pasó
de la insinuación, de monosílabos provocativos al
oído una noche de cervezas y películas, los tres en la
cama, metidos entre las sábanas, acercándose los
pies, especulando siempre acerca de la ubicación
de las manos de los demás, excitado por la sola
especulación. xTodo en pasado, recuerdos, como
video clips extranjeros. Época en que hubo sonrisas
y complicidad donde luego sólo hubo comentarios
sobre el clima, desayunos fríos, recibos de servicios
públicos, rincones que ninguno de los dos se atrevió
nunca más a barrer.

(Él mira por el retrovisor, ella se quita el pelo que el
viento sigue arrojándole a la cara.)

xxxxxDespués de superar lo que no fue otra cosa
que un inicio equivocado, la conversación los lleva a
temas inconexos e indiferentes al paisaje que vuela
al otro lado de las ventanas. Dani, ya en confianza,
ofrece iácidos, ialicias iy ibicicletas, ique ipiloto iy
copiloto aceptan sin pensarlo dos veces.

xxxxxA noventa kilómetros por hora, los grupos de
roca volcánica clavados en las faldas de las colinas
pasan como ejemplares de una extraña vegetación
nómada. Dentro de la cabina, el súbito ambiente de
confianza y camaradería, característico poder de la
droga xcompartida, xlos xobliga xa xla xrisa xy xel
relajamiento. Saltan de un tema a otro, sin preocu-
parse por las brechas de silencios, interrumpen la
risa icon ianécdotas iy ivisiones igeneradas ipor ila
combinación del alucinógeno y la música, ahora el
disco compacto de mezclas de Daniel, mejor conoci-
do como Dani.

xxxxxEl carro brinca pesadamente, un golpe seco.
Especulan: una piedra, un hueco en el asfalto, una
botella vacía.

xxxxxAllá va el automóvil, placa 567103 alterada,
techo icorredizo iabierto, idejando iuna iestela ide
música e imaginación, ocupado por tres personas
que al final del viaje no se verán nunca más. Atrás,
arrollado sobre el asfalto, el cadáver de otra especie
endémica en vías de extinción.

 

 

 

 

FIJACIONES

xxxxxDani, sentado en la ribera, los ve disfrutar de
chapuzones en la poza. La ropa amontonada en una
roca plana, el sol refractado al tocar la superficie del
río, las piedras del fondo erosionadas, lisas, peque-
ñas, plateadas, como peces inmóviles. Pero Dani no
se idetiene ien iesos idetalles, imás iliterarios ique
reales, sino que fija su mirada, como un misil teledi-
rigido, en el torso topless de ella. Qué buenas tetas,
piensa, a la vez que el otro se lanza al río en clavado
bomba desde una rama cercana.

xxxxxQué buenas tetas, sigue pensando Dani, aho-
ra ique iella isale ia isecarse en la piedra plana. Qué
buenas tetas, piensa cuando ella saca la bolsa de pan
cuadrado, iel iabrelatas, ilos ifrascos ide imostaza iy
mayonesa y se prepara un emparedado de atún. Qué
buenas tetas, ahora que ella, detonada de su memoria
por esta actividad tan común en su niñez, le relata
una anécdota familiar.

x
xxxxxCansado xya xde xlos xrepetidos xclavados xde
amateur, iél isale itambién ia isecarse iy ila ive ia iella
todavía xsin xcamiseta. xY xsabe xlo xque xdebe iestar
pensando xel xautostopper. xPorque xél xtambién xlo
piensa. iSe iarma iun isándwich de pan y mostaza, ilo
enrolla xcomo xun xtaco xy, iante iel iescrutinio de sus
acompañantes, xlo xengulle xde iun ibocado y le lanza
una mirada territorial a los dos.

xxxxxDaniel, xun xpoco xturbado, xquiere xlevantarse
pero irecuerda ique ino ies iun ibuen momento. Piensa
decir algo, ipero itambién ipiensa, qué buenas tetas, iy
actúa como si no fuera con él.

xxxxxDespués xde xun xrato, xmientras ilos iotros idos
hacen la digestión itirados ien irocas irespectivas, Dani
sube ia ila irama iy ise ilanza ial irío ipara iluego isalir
sangrando de la planta del pie.

x
xxxxxDe los millones ide ivehículos iautomotores ique
en ieste ipreciso imomento itransitan ipor iel iplaneta
Tierra, uno blanco cruza ila iInteramericana, dirección
sur, iahora isin imás iseñas iparticulares ique iel itecho
corredizo iabierto iy iun ipie ique isale por la ventanilla
trasera, ienfundado ien iun icalcetín ipajizo icon iuna
mancha ide isangre que crece a razón de un milímetro
redondo ipor ihora. iDani, idormido ien iel iasiento ide
atrás, ya no piensa, sueña, qué buenas tetas.

 

 

 

 

LA BUENA VOLUNTAD

xxxxxUnos icuarenta iminutos imás itarde, iDani ise
despedirá ide iellos, xdejándoles xsu xcompacto xde
mezclas, diciéndoles nos vemos, gracias, quedándose
con iotro iformalismo ien ila igarganta ial iver ique iel
automóvil avanza. Pero eso será después, ahora están
detenidos y la situación es la que sigue.

xxxxxIntersección en la Interamericana. Mientras es-
peran el verde del semáforo, se acerca a la ventanilla
del conductor un joven flaco, con camisa de manga
larga, corbata y, como injertado en su mano derecha,
el tarro de rigor para las contribuciones. Ejército de
Salvación. Con su cabeza prácticamente dentro de la
cabina, xsuelta xla xsiempre xininteligible xletanía fde
quienes iviven ide ila ibuena ivoluntad iajena. Ella no
presta atención a las de por sí palabras indescifrables,
sino que observa sus dientes picados y amarillos que
—se figura— ni con cosmética odontológica. Dani, atrás,
emprende iuna ibúsqueda de monedas en los bolsillos
pero igana ila iluz iverde. iLa icaridad ivencida, inueva-
mente, por la tecnología oportuna idel iMinisterio ide
Obras Públicas y Transportes.

 

 

 

 

DESCALZA, YA LEJOS DE LA COSTA

xxxxxConduciendo idescalza, ilas isandalias idebajo
del asiento. Dedos gordos del pie más cortos que los
contiguos. iPara isu imadre, un signo de longevidad.
Para iél, iuna ibuena irazón ipara el chiste. “Parecés
sobrina de los Picapiedra”. Antes, cuando ese comen-
tario era una broma.

 

 

 

 

EN EL RETROVISOR LOS OBJETOS SE VEN
MÁS PEQUEÑOS DE LO QUE REALMENTE SON

xxxxxEn el retrovisor, ojos, cejas y media frente. En
el espejo retrovisor se le ve pensar mientras
conduce. Memorias que pasan igual que los postes
del tendido eléctrico, los portones, las cercas que
dividen los llanos. Recuerdos como mojones, como
mariposas estrelladas en la parrilla del radiador.
memorias de un fin de año en Corcovado, juntos,
mojándose los pies en el Pacífico, el gran Pacífico.
Sentados, cavando con el índice agujeros sucesivos
en la arena; diciéndole, ésta es la casa de un
caricaco; ésta, de un cangrejito; ésta, de una tortuga.
La imagen nítida de la cabeza de ella girando para
replicar: las tortugas no viven en la arena. Luego, la
espuma en retirada, los pelícanos planeando en
hileras perfectas, rozando la pared de agua de las
olas que casi reventaban, y su respuesta después de
una pausa: ésta tortuga sí, porque tiene síndrome de
down y no aprendió a nadar. Y la risa, la risa que en
este momento es solamente uno de esos postes que
cruzan la ventana y se encogen en el mismo
retrovisor donde se le ve decir en voz baja:

— Corcovado blues. Tanto verano, tanto sol, tanto
viento norte, tanta vacación para salir en todas las
fotos con los ojos cerrados.

 

 

 

Chaves, Luis. Asfalto. Un road poem. Cáceres; Ed. Liliputienses, 2012.

 

 

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