Inicio > Poesía > DESAPRENDIZAJES

DESAPRENDIZAJES

j-m-caballero-bonald-desaprendizajes

 

SU OSCURIDAD, SU LUZ

Vengo de una tierra que nunca ha sido capaz de atajar los escarnios perpetrados por sus propios moradores. Vilezas e imposturas que se han transmitido como lacras endémicas hasta hoy mismo, en una gradual propagación contaminante. Gente soez que de la religión hace una treta y de la vanagloria un catecismo; gente que enarbola la egolatría a modo de trofeo y gusta de mostrar su condición como sostén de la banalidad. Ninguno de sus lerdos narcisismos concuerda con sus más inequívocos modales, mientras todas sus faramallas remiten al mismo barrizal de fingimientos. El majadero es allí un cofrade eminente, y el badulaque el jefe de la tribu. Los más divulgados atributos de su naturaleza son también los más falibles. Pues ¿qué son sino innobles perifollos los gracejos, los regocijos, las alharacas? La verdadera contrapartida coincide con la índole de los ensimismados, los introvertidos, los melancólicos, únicos pobladores legítimos de esa tierra tan de continuo maltratada. Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

 

 

 

 

OPERA OMNIA

Ese libro que por desgana o convicción no se escribió nunca pertenece a la historia universal de la literatura. Sus innominados nutrientes se hacinan en la fosa común de la inmortalidad. Nunca visibles pero sí latentes, lo tácito concierne a los recóndito, articula un sentido nunca exteriorizado en virtud de su preservación. La síntesis sólo ocasionalmente se opone a lo múltiple, de modo que ese texto no existente propone una lectura que ronda el absoluto. Acaso sea creíble por lo insólita semejante contribución a los trabajos de la inteligencia; acaso sea viable prever cómo el silencio se constriñe hasta hacer fascinante la desmesura de la nada. Pero hay algo empero más poderoso que esa desmesura: la carencia de todo sustentáculo usual, la incorregible privación de aquello que podría haber suplido taxativamente al ornamento del vacío, algo parecido a una contradicción en términos, la luz oscura de los gnósticos. En el puro recinto de la literatura, los temas siempre son superfluos, amén de innecesarios; no atañen para nada a la sustancia generadora de una explicación del mundo que repudia el sostén ilustrativo de la palabra. En ese libro no escrito está implícita la definitoria capacidad iluminadora de quien no lo escribió.

 

 

 

 

TOCA LA MANO EL MUNDO

Las manos contribuyen a mantener la condición universal de los saberes. En la experiencia táctil se articula el dominio absoluto de ese otro conocimiento que engloba las incontables trazas de la realidad. Cada objeto existente ingresa en la multitud de los reconocibles con sólo ser tocado y esa sabiduría viene a constituir una facultad congénita no manifestada sino a través de minuciosos arbitrios intuitivos. El tacto se convierte así en un resorte idóneo para discernir los acopios o las pérdidas, las desventuras o los regocijos. Sólo los ciegos son capaces de captar semejantes retribuciones. Toca la mano el mundo y quien lo hace redescubre el mundo. El cuerpo predilecto o malquerido, el árbol en su edad consecutiva, la oveja o la garduña, la obsidiana o la rascadera, traspasan sus informaciones a la piel omnisciente y allí subsisten con la misma intensidad que esos recuerdos cuya preservación estriba en regresar a sus orígenes. Toda emoción tangible se parece a una herida: convierte en cicatriz su propensión a hurgar en las texturas mistéricas del fondo. Huelga decir que quienes logren la potestad de tocar lo invisible serán un día como dioses.

 

 

 

 

MALDITA FLOR EFÍMERA INCOLORA COMO UNA LÁGRIMA

Como quien vuelve del riguroso mar de Ulises después de haber cruzado el desvío circular de la memoria, así arribó un día a la casa de la playa la portadora del talismán. Venía envuelta en un halo marchito que le otorgaba el don de la ingravidez y la convertía juntamente en ella y su enemiga, en su propia salvadora y en la usuaria de su perdición. Era la pugnaz impartidora del verbo y la amordazada, la que nunca sería llamada por su nombre y la que ya no volvería a surgir del mar en calidad de diosa investida de poderes. Maldita flor acuática embutida en la noche, maldita desposesión de los deseos. Pero ella continuaba transitando a solas por los parajes litorales, acaso regresando desde el tramo final del extravío, mientras todas las puertas se desencajaban de sus goznes y dejaban como una excedencia de vacío en la imperfecta oscuridad. Maldita flor efímera incolora como una lágrima.

 

 

 

 

LLEGAN DESDE EL FUTURO

Llegan desde el futuro edictos deplorables. Todo lo que era puro se ha de volver obsceno. Aquello que alguna vez fue consagrado por el dictamen de la libertad acabará descomponiéndose entre espantosos cautiverios. La lozanía devendrá de repente en un imprecatorio almacén de desperdicios y la decencia que surgió de los estudios nobles será pasto de la villanía de estólidos e iletrados. Nada más repulsivo que negar la llegada de esa tortuosa horda de coetáneos que irán desvalijando los últimos baluartes de la probidad. Vuelve a oírse el tropel irremediable de clérigos, prebostes, patriotas convenientemente adiestrados en la eliminación de discordantes. A nadie se le oculta que los detrimentos de la felicidad avanzan cada noche un poco más por la demarcación de la falacia. La benevolencia de los pocos terminará abatida por las consecutivas restricciones de los muchos. Pero hay algo que en modo alguno podrá ser desalojado de sus indómitas despensas. Devolverá la vida a cada uno, según su obstinación, la facultad de discernir entre uno y otro veredicto. Y esa será como una contraofensiva que habrá de conducir expresamente a la justicia universal.

 

 

 

 

 

HE LEÍDO TODOS LOS LIBROS

En noches de tormenta clamorosa, justo a la hora en que cohabitan los demonios familiares con las criaturas de los bosques, las bibliotecas suelen experimentar una sacudida sísmica no del todo inmoderada. El fenómeno apenas es percibido por quienes gozan de un innato repudio por los fárragos intempestivos. Se instala entonces en las estanterías una subrepticia agitación contaminante y hay un desgaste general aferrado a los anaqueles incluso con cierta propensión demoledora. Chirrían las hojas de los libros como élitros descompensados por el moho; entrechocan unas con otras las tipografías como cuerpos desvencijados; compiten los papeles como náufragos en busca de su tabla. Pero hay algo que supone una eventualidad aún más perturbadora: la ubicación de las palabras en la interioridad de cada libro. ¿Cómo se altera, cómo se verifica la distorsión de los sintagmas, en qué momento se interfieren las significaciones textuales? Nada se opone ya a que esas grafías intercambiables acaben confluyendo en un difuso elenco argumental. Los libros descoyuntan así sus contenidos en los momentos más ineludibles y de esa sola actividad arranca el orden que precede a una nueva instauración del caos. Aquel que lea alguno de esos libros, habrá leído todos los libros.

 

 

 

 

PERNOCTACIONES

He llegado solo o con quien yo más quería a sitios cuyos nombres ardieron, ay, con la decrépita hojarasca de la memoria. Todo ocurría como en el voluble ritual de una arcaica creencia itinerante. No sin recelo entraba en la efímera habitación, veía desde la ventana un cúmulo de calles ateridas por los despojamientos de la interinidad, olía nuevas fragancias transitivas en alféizares, cortinas, almohadas. Y ya se oía de inmediato el llamamiento de la puta noche, sus vacilantes correntías, sus despojos, sus repulsivos légamos, las polícromas luces engañosas, la seducción de los mostradores, los arduos vericuetos urbanos indistintamente anexos al edén y a sus introvertidos albañales. ¿En qué acabaron tantas fortunas, infortunios, flores del mal, buenaventuras? El locuaz mapa de España es rico en pertenencias nominales, esos topónimos sonoros, agrestes, mayestáticos, entre cuyas grafías se han ido acumulando tantas pernoctaciones que han desbordado y mucho sus propios envoltorios. Si lo que permanece lo fundan los poetas, yo he fundado la noche tantas veces como sobreviví a sus hospedajes.

 

 

 

 

DEJEMOS HABLAR AL VIENTO

La ausencia de pronósticos facilita que el viento se desvíe de su ruta por no usados atajos. Es una compulsión intempestiva que persiste hasta alcanzar esa afanosa concurrencia donde la privación de parapetos propicia el vendaval, tristes liturgias que resuenan de pronto a intermitencias despiadadas mientras se aferran vanamente a los muros ingrávidos del aire. Pero ¿en qué incautas premuras de la sensibilidad ocurre verdaderamente la conversación del viento con el viento? Nunca será azaroso que las desapacibles urdimbres invernales circunden sin aviso la casa en que se hospeda el inocente. No hay desacuerdos entre ese lugar y quien lo habita, pues la intemperie o sus irrevocables inclemencias se acomodan sucesivamente a la vida interior del hospedado. Hay que esperar empero a que vuelva a arraigar en la memoria la borrasca veraz de lo vivido. Dejemos hablar al viento.

 

 

 

 

POBLACIÓN DE RECLUSOS

Los cautivos dilapidan sus días sin advertir que el tiempo arrastra sus despojos por unas calles que ya han sido devueltas al desierto del que procedían. Todo está desguazándose entre los sumideros de la libertad, mientras la vida es ya como una extenuante privación que conculca la arcaica ley de los relojes. Se juntan mientras tanto las más torvas texturas de lo negro tratando de acentuar la ejecutoria del hastío. Nombres perdidos, entumecidos rostros, manos furtivas que van oscureciéndose en una incorregible moratoria por todos los espacios habitables. Circula la penuria por las galerías y un estruendo ruin de cerraduras contamina las celdas donde se hacina el infortunio. Que se olviden de ti, olvidarte de ellos, horrible noria vespertina que interminablemente obstruye el circular trayecto de las comunicantes soledades. ¿Eso que repta como un gusano atroz por la solería es acaso la muerte? ¿Esa traza que queda entre las mugrientas llagas de los baldosines es acaso la muerte que así se anuncia para aterrorizar a quienes abominan de la sombra? He aquí las ubres marchitas de la noche, chorreantes venenos que embadurnan los muros de esa tétrica historia carcelaria que protagonizamos entre todos.

 

 

 

 

TODO LO QUE NO PESA SE REÚNE PARA CAER

Ando forcejeando entre miedos indistinguibles y lisérgicas nocturnidades y variantes pobres de la conformidad. Ando bajo la incertidumbre del intruso emplazado en la balanza funeral del tiempo, siento la compulsión de unas discordias que se han ido hacinando debajo de la espera. No tardes en venir, amigo mío, ven a la luz del día. Acuérdate, si es que aún puedes acordarte, de aquel maldito híbrido de espantajo y buitre, aquel zafio enemigo de la felicidad recién llegado del más torvo confín de la estulticia, a cuyo alrededor reptaban esas confusas tretas que envenenan la historia. No te dejes tentar por el olvido, amigo el que yo más quería, ayúdame a abolir lo que la atroz azada de la edad ha ido desencajando de sus goznes o convirtiendo en estorbos de no se sabe qué fragosidades. ¿Podré un día dotar de ingravidez esas palabras que fueron desplomándose como hojas caedizas de la desmemoria? El peso de la vida concierne a esa acumulativa indensidad de todo lo que ha ido amortiguando el poder del vacío. Avisa a los compañeros que aquí estoy esperándolos, o acaso subsistiendo entre un sinnúmero de evocaciones que remiten a una vaga invasión de hojas caducas. Todo lo que no pesa se reúne para caer.

 

 

 

 

AFUERAS DEL EDÉN

Las armas se conservan en una inmensurable espelunca que circunvala el mundo. Desmantelan las frágiles resistencias del mundo, suplantan sus historias, las falsean y expanden, las uncen a una larga concatenación de furias, éxodos, mortandades, estragos. Las armas se atesoran en subsuelos, hoteles de lujo, factorías, salas de juntas, y son en su momento transferidas a las previamente designadas zonas aprovechables, aptas para reactivar las benéficas lacras de la devastación. Brilla en lo lóbrego el horror de las despedazadas inminencias y allí mismo, entre los artefactos que los inicuos dioses evalúan según sus rendimientos, cunde inflexible la atroz premonición de la barbarie, palpitan los escombros que han sido previamente computados en las noches terribles de los asesinos. No importa que el artificiero coincida con el mandatario, no importa que el piadoso sea a la vez el exterminador. Porque ¿pervive algún vestigio, algún despojo primordial de la justicia exonerado de tan desoladoras estrategias, ya cuando el espanto consiste en la conjugación de todos los azotes de la vida? Llueve a torrentes sobre las torturas, la casa del hombre, el hambre de los niños. Y así hasta que las industrias aniquilantes regidas por los grandes depredadores se alían en la sistemática y pavorosa destrucción de las afueras del Edén.

 

 

 

 

RAYA DE LA VIDA

En el trayecto que recorre Max Estrella entre la taberna y el portal de su casa están implícitos todos los caminos alegóricos de la vida. Los fracasos, las pérdidas subsecuentes, las frustraciones, las demasías etílicas, no son más que piedras refractarias contra las que rebota la ofuscación de la pobreza hasta hacerse magnánima. Max Estrella portaba en la mirada el caballeresco estandarte de la razón de la sinrazón y padecía con perseverante impiedad dolencias majestuosas. El alcohol flotaba entre él y don Latino como una bandada de pájaros necrófagos y la vida era una interminable sucesión de hermosuras menoscabadas por la desdicha. Murió porque no tuvo otra opción más dramática para proclamar quién era.

 

 

 

Caballero Bonald, J. M. Desaprendizajes. Barcelona; Ed. Planeta, 2015.

 

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

LOS QUE VIVEN CONMIGO

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

Como no iba diciendo

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más

A %d blogueros les gusta esto: